jueves, 24 de mayo de 2007

Etapa del GR92, entre Coll de Can Bordoi y Montcada

Del realismo de un camino exigente a la magia de una reunión gastronómica y literaria

Grmana y GRmano

Tengo una pregunta para usted:

Después de los dos años que se le han dejado para leer (o releer) la primera entrega literaria de GRMANIA, El Quijote, ¿se atrevería usted a enfrentarse con las siguientes líneas de uno de los principios más famosos de una obra maestra de la literatura: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”?
He aquí el realismo mágico en la historia de seis generaciones de los Buendía, del inventor de un remedio para tener buena memoria (la bebida del gitano Melquíades que ya falta nos hace) que trajo a Macondo el imán, la lupa o el hielo. El principio y el fin de un pueblo y esa soledad que, ni de lejos, quiere para GRAMANIA nuestro jefe de personal, el cual proclamó esa máxima que bien podría figurar en el frontispicio de nuestras mentes senderistas: “Amb GRMANIA mai patirem cent anys de soledad”. 30 millones de ejemplares vendidos, publicado en 35 lenguas desde hace 40 años por un autor que ahora tiene 80 y que hace 25 años que recibió el Premio Nobel de Literatura, enfundado en la guayabera de su lugar natal.
Qué le voy a explicar a usted que no demuestre mi pedantería. Par saber más y mucho mejor, consulten con Álvaro Mutis, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Víctor García de la Concha y Claudio Gullén (en la introducción del libro). Y disculpas para quien, cautivador de damas, esperaba el Kamasutra con imágenes creíbles, algo que se deja para prácticas o intentos íntimos. Y una próxima pista, más adelante, que orienta en dónde dicen que se inspiró el autor para comenzar el libro así. Y otra frase de cosecha propia que imita mal al libro y recoge el acto fundacional de GRMANIA. Todo y más, a continuación.

Casi “pleno al quince”
Casi. Por poco no se pasó a los anales de la ocupación total. 36 personas se enfrentaban a esa realidad sólo conocida por unos puntos en el GPS y por unas hojas que trasladan al papel aquello que uno sufrirá en su cuerpo. Una etapa exigente, muy llena de “colls”, que se extendía por un litoral con buenas vistas pero difuminadas por la persistente niebla, que discurría por las crestas de la conurbanización metropolitana y que acababa con la reunión gastronómica y literaria, en un lugar a la sombra y sentados como nuestras posaderas se merecen. Más de 28 km, 960 metros de desnivel y una fortaleza quye ya se entrena para el GR 1.
Nada más empezar, el camino se inició con un amago de subida y el suspiro en voz alta de quien hacía tiempo que no venía y que caminó ayudado por dos bastones: “Ya empezamos a j…” Ése era el aperitivo para el buffet libre que vendría después, un tobogán con abundantes subidas y bajadas y muy variadas sorpresas de tipo sólido, líquido, gaseoso, humano y vegetal.

Sorpresas sólidas
La principal, la orografía de un terreno exigente el cual, de tan sólido que era, dejó huellas e hizo chirriar algunos engranajes de las rodillas y fue causante de agujetas varias el día después. La ventaja es que ya hay operaciones que, si sus resultados son como los de la recién operada del menisco que iba en la primera línea, podemos caminar tranquilos. Sin embargo, hubo una rodilla en especial que se resintió más de la cuenta y, cuando quedaban pocos kilómetros para el final, casi a la sombra del hospital de Can Ruti, se produjo un movimiento de solidaridad encomiable. Nuestro ilustre rapsoda estuvo bien acompañado en el tramo final, todos muy motorizados. Incluso al final se enorgullecían de haber acabado la etapa en un bar “por prescripción facultativa”: fue uno de nuestros médicos el que les “recetó” una cerveza en el bar más próximo, tratamiento que siguieron al pie de la letra. El terreno, por otra parte, tensó los reflejos, al transcurrir parte del camino por tramos encajonados, profundas hendiduras configuradas por el agua y por los neumáticos de aventureros urbanos con motos de cross. También los dólmenes y restos ibéricos mostraron una solidez verificada por el transcurso de los años y aún siguen en pie.

Sorpresas humanas
Además de la compañía habitual del grupo, sin atisbos de soledad, el buen tiempo parecía que animaba al paseo o a hacer ganas de comer moviéndose, o a justificar la mañana de algún modo o vaya usted a saber por qué uno sale de casa y vaga por esos parques naturales o zonas protegidas a aquellas horas del día. Muchas bicicletas de montaña, muchos maillots con mil y una inscripciones, ciclistas vestidos al uso y con ganas de devorar kilómetros. También, por supuesto, esos quads que tanto se venden ahora y los habituales coches que dejan ese rastro de polvo que, cuando se junta con el sudor que discurre por tu cuerpo, produce una extraña mezcla que después tiñe el agua de la ducha de colores variados. Y personas caminando, muchas más que nunca: en la ermita de Sant Mateu, en la Conrería, por Can Ruti y por el poblado ibérico de Montcada. De todos modos, la sorpresa humana más importante fueron esos cuerpos bien curtidos a lo largo de la temporada, con un aguante y ritmo en progresivo aumento, una consecuencia más del espíritu de GRMANIA. Sin embargo, entre el sector femenino suscitó más exclamación de deseo contenido la imagen de un anuncio del torso desnudo de un bello Adonis que decoraba un anuncio en una furgoneta. “Magic Body” decía el lema de tan insinuante imagen, a la que paseaban por una calle detrás del hospital de Badalona.

Sorpresas líquidas
El sofocante calor provocó un creciente consumo de líquidos, muy bien repuestos en oportunas fuentes públicas, colocadas estratégicamente cerca de zonas de ámbito religioso. Por ejemplo esa fuente en la Conrería, dentro de ese recinto que, en otro tiempo, colmó la sed espiritual de dos ilustres GRmanos en su etapa de joven formación. O aquella otra detrás del recinto monacal de Sant Jeroni de Murtra, encima de Badalona. Con aires más laicos, también se veían esos grandes depósitos que acumulan agua para los bomberos, una sana insinuación a bañarse en medio de tanto calor. Y qué decir de líquidos de otros colores como las rieras que eran afluentes del río Besós, ya cerca del final de etapa. Agua de colores y olores diversos, una secuela más de este montaje de civilización en el que vivimos.

Sorpresas gaseosas
Para qué nos vamos a engañar. No es realismo mágico, es la más cruda realidad. Los malos olores, los excrementos, las aguas residuales también van unidas a la vida. Nos guste o no, Montcada te familiariza con los desechos, con el olor que desprenden y aporta un toque de optimismo cuando se ve la depuradora como tabla salvadora de males mayores.

Sorpresas vegetales
La primavera está que se sale. Y no es por esas conversaciones más o menos subidas de tono. Eran muchas las flores, el verde ya fortalecido, los campos en los que despuntaban las primeras amapolas, esas hojas que estrenaban las verdes tonalidades en los árboles que volvían a vestirse. Llamó la atención la repoblación de viñas en la zona de Alella, buena señal de que su fruto transformado se aprecia y se bebe. Al tacto también le sorprendieron la cantidad de plantas, pinchos, zarzas, espinos que nos hacían reverencias a ambos lados de estrechos caminos, nos acariciaban los sentidos y obligaban a dejar una prudente distancia de seguridad, para evitar el efecto latigazo de esas ramas que cimbrea la persona que va delante. También, variados cultivos, algunos de los cuales pusieron a prueba el bagaje de cultura agrícola de la mayoría, y eso que más de uno hemos sido desertores del arado y, quizá allí es de donde nunca debíamos haber salido. “¿Qué planta puede ser ésa? “Para mí son hierbas, hierbajos, plantas o vegetales” (al final alguien precisó que eran habas). De momento no hemos llegado a confundir un campo de trigo con una enorme pradera o con un campo de golf. Menos mal.

Los vericuetos del camino en forma de “colls”
Los pequeños puertos y su altitud evidenciaban el esfuerzo acumulado. El coll inicial a 315 metros nos recibió para presentarnos a Can Bordoi, a la Torrassa del Moro a 413 metros. Otro coll, el de Parpers, 295 metros, después el de Sant Bartomeu a 385, luego Sant Mateu con su ermita a 488. ¿Vais imaginando la curva de nivel y sus oscilaciones? ¿Más colls? El de Font de Cera a 270, el de Galzeran a 410, el de MOntalegre y su Seminario de la Conrería a 295 metros. Aún quedan más pero, a la bajada, ante los caminantes se le mostraba el hospital Germans Trias i Pujol, Can Ruti de Badalona. Precisamente aquí es donde la rodilla de nuestro querido poeta debió oler a hospital y dijo ¡basta! Con el inmediato movimiento de solidaridad hacia el autobús.

11 años atrás
Detrás del centro curativo se iniciaba el espacio protegido del Torrent de l’Amigó . Un buen lugar para descifrar una inspiración y para proponer otra. Del maestro García Márquez sus estudiosos dicen que, para escribir la frase inicial del libro regalado, se inspiró en la siguiente frase que, años antes, escribió Juan Rulfo en su obra maestra “Pedro Páramo”: “El padre Rentaría se acordaría muchos años después de la noche en que la dureza de su cama lo tuvo despierto y después lo obligó a salir”.
En este tramo del camino nuestro coordinador general se fijó en una vieja y desapercibida casa que podría dar lugar a la siguiente frase pirata, imitando a los maestros anteriores: “El coordinador de GRMANIA, tal día como hoy, al paso por la masía Can Barbeta, del año 1683, recordaría que, once años atrás, el grupo dio sus primeros pasos en un lugar de parecido nombre del GR 5, a las afueras de Sitges, llamado Mas d’En Barbeta”.
Los colls y otros monumentos no acabaron aquí. Aún quedaba el monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, en Badalona, el coll de les Ermites y, al fondo allá arriba, los restos ibéricos de un poblado en Montcada. Ya al final, el río Besós, a 32 metros, reagrupó al sector solidario con el poeta, que había tomado la cerveza, con quienes venían deseosos de catar su espuma.
Del encuentro gastronómico y literario, uno sólo puede hablar sólo de oídas. Por lo tanto, mejor callarse.

Aunque sí quiere recordar aquí la frase del escritor Emili Teixidor que publicó el pasado domingo el diario EL PUNT en la portada:

“Llegir dóna valor al temps”

Evaristo
Terrassa, 24 de abril de 2007
http://afondonatural.blogspot.com