viernes, 29 de mayo de 2026

Etapa 11 del GR 151 - Abat Oliba entre Sant Joan de les Abadesses y Camprodon

El balanceo de las esencias con sorpresa y silencio  al final



Después de casi 30 años del desgaste de bastantes suelas de zapatillas, las esencias iniciales Grmanas han tenido que ir adaptándose a los tiempos y a la evolución de los cuerpos. Nada puede ser igual después de tantos km y años cumplidos. Pareció que la imagen del balanceo y aparente inestabilidad del puente sobre el río Ter desestabilizó las neuronas de mentes estrictas ante las rutas previamente programadas.  Tiempo habrá para  demostrar que esto pudo ser verdad, hasta con SOS incluidos y desde un histórico puente al principio hasta otro al final. 



Memorias


De buena mañana el arte románico de algunos monumentos de Sant Joan de les Abadesses despertaba los sentidos artísticos y conducía a caminantes ávidos de comprar  galletas y fuets al final,  pero había que empezar por  los principios: los márgenes del río Ter. Allí el pont vell de Sant Joan, del año 1138, estropeado por el terremoto de 1428, dinamitado por esa guerra pésimamente llamada Guerra Civil (¿civil?) y reconstruido en 1976, con la bóveda gótica y sus pequeñas arcadas a los lados. También conocido como el pont de Sant Joan, románico, con vistas a la serra Cavallera y con recuerdos de cuando seres humanos GRmanos (¡qué esencias aquellas!)  participaban en la carrera circular  con  subida y bajada al Taga desde esta población, pasando por el Puig Estela: 28 km, más de 2.000 metros de desnivel acumulado, con la altitud máxima en 2040 metros y la mínima en 773. Aún está ahí, cada año, la Taga 2040



Balanceos


La bajada para ver el gorg de Malatosca, cerca del molí de Malatosca,  aportó perspectivas húmedas pero no permitió ver brujas. Se decía que este era un punto de encuentro de brujas y seres mágicos, con leyendas sobre partos y pagos con lentejas que, una vez lanzadas al Ter, alguna se convirtió en oro.


 Aquí podría ser un buen lugar para recapacitar sobre las esencias, antes del balanceo de las neuronas al paso por el puente colgante fluvial calificado como  más espectacular de Catalunya, el “pont penjant Palanca de la Batllia". Pasos casi individuales,  alertas para respetar distancias y movimientos pendulares de la estructura que inestabilizaban interioridades a 60 metros sobre el Ter, con una palanca sobre el único pilar y con dos tramos. Algunos ojos casi en blanco, personal pendiente del movimiento de los tablones, cierto nerviosismo mirando al suelo y a los  tirantes de cables, tensión y expectativas para ver el final y salir de allí. 


Se pensaba que este “batido de coco” debió desequilibrar el GPS interior de los más puristas y estrictos con los recorridos oficiales. Las esencias se adaptaban a la realidad y a la variedad grupal.


Para estabilizar los cuerpos qué mejor que la reposición de fuerzas en la entrada de la antigua colònia Llaudet.


Mientras se disfrutaba con el yantar, había tiempo para ver las construcciones fabriles de enfrente. Una colonia textil formada por la fábrica, casa del director, viviendas de trabajadores, cooperativa de consumo, iglesia,  café y teatro o sala de baile. Más o menos, parecidas construcciones a otras colonias vistas. La colonia textil Llaudet fue construida en 1901 por Joasep Maria Llaudet. 



SOS


A partir de la colonia Llaudet, las esencias se reafirmaron y, con el paso del tiempo, habían madurado y ni los más puristas las respetaban. Hasta el punto de menciones a reconvertidos a GRMANIA y a quienes abandonaron sus antiguas creencias para adaptarse a decisiones más pragmáticas.


Pocas veces tantas líneas paralelas se miraban y discurrían hacia la misma dirección: el río Ter, la carretera, el recorrido original, la vía verde y las sendas por vericuetos  con la sombra primaveral como protección.


En este grupo una avanzadilla salió pero se disgregó en dos subgrupos. Uno por vía verde y pista de bicicletas mientras el otro, muy ortodoxo,  por donde debía. Se bordeó la  carretera, paso por caminos mojados y con algo de barro pero accesibles al resto. Antes, paso por la esclusa Llaudet, al lado de un restaurante de donde salían olores cárnicos a la brasa. La esclusa canalizaba el agua del Ter para usos industriales, por ejemplo la colonia Llaudet. 

Una unidad de dos caminantes por zona de bicicletas (algunos ciclistas mostraban la misma prepotencia ante senderistas que ciertos conductores de coches para con ellos)  con final infeliz, al tener que recular, con puente, cruce de carretera y acceso al camino original donde estaba el resto de intrépidos. 


En escasas ocasiones algunas casas solitarias eran franqueadas por varias vallas móviles en medio del camino. También había pequeños y casi escondidos  hoteles y casas rurales plagados de coches con matrícula francesa en el aparcamiento. 


La unidad de cabecera abría paso, sorteaba fango, por senderos estrechos y pisaba agua pero no tanta. Todo para completar los 19,33 km. Solo algo más de dos km que el resto (17,05 km) del grupo A.  


En ese momento alguien envió un SOS a persona muy allegada y destapó los temores sobre nimiedades que tampoco eran para tanto. Debió querer protecciones seguras pero consiguió inducir al pelotón a apostar por menos riesgos, la vía verde como seguridad general y la consecuente pérdida (una vez más)  de aquella esencia, aquel espíritu con asunción de dificultades para cumplir fielmente con el trazado fijado previamente. 


En estas, el grupo delantero dejó a “un miembro” cumpliendo justamente un cometido fisiológico menor. De entrada se le  perdió la pista al miembro  y  hubo preocupación por si se unía al pelotón que en teoría debía venir detrás. Al final las conexiones humanas fueron fáciles y seguras.  



Puentes


El Ter, la vía verde, la carretera y las poblaciones necesitaban pasos por encima del agua, de ahí más puentes pero ya fijos: de Perella, de la Forcara, de la Sala, de les Llaunes, pont vell de la Rovira, can Peric i Pont del Poble de Camprodon. Varias fuentes también  demostraban la importancia fluvial de esas aguas que confluían y alimentaban caudales principales. 


Alguien atrevido bromeaba con la posibilidad de que por esas aguas nadaran esos ratones canarios citados por ignorancias supinas y caraduras impresentables con intencionalidades insolidarias. 



Condumios


La avanzadilla babeaba entre conversaciones culinarias, provocadas por la visión de un acueducto y cartel indicativo de la Mina de Carbur de La Ral. El acueducto alimentaba pequeñas centrales hidroeléctricas de la zona. La mina estaba en La Ral. El cartel explicativo era explícito: “El carbur, les pedres que fan llum”. La mina funcionó a tope durante el siglo XIX. 


Visto el acueducto  Segovia apareció en la conversación. Si “una batallita” mencionaba el ternasco o cochinillo segoviano de la capital (en Cándido, Duque, José María y otros  templos), otro relato reciente se acompañaba con foto sacando del agua una enorme langosta en Cantabria y otra en Menorca antes de ser devorada.  Y los jugos gástricos se completaban con  otras poblaciones castellanoleonesas famosas por asados muy bien cobrados: Sepúlveda, Sacramenia, Torrecaballeros, Pedraza, Turégano, Riaza, Arévalo, por citar algunas poblaciones más turísticas. Y hasta algún abuelo le dejaba a sus hijos el placer de escoger lugar para el buen yantar familiar, pero quien sacaba la tarjeta de pago al final era él. Menos herencia por haberla digerido antes. 



Valles


Si la etapa ya discurría por valles, había que llegar a El Valle: la Vall de Camprodon. Sant Pau de Segúries era la puerta de entrada, con orígenes en el año 898. Con vía romana que comunicaba Besalú y Francia, bien conservada. Iglesia de Sant Pau Vell, escultura de bienvenida, la Ral, font de la Puda, puente medieval y lugar de paso hacia el fondo del valle. 


Por aquí antes había pateado el grupo B, con salida en un restaurant sin web: Mas Repuntxó, en la carretera C-38, km. 1,5. Tienda de embutidos en el interior, “cassolans” como muchos de los productos de la alimentación industrial, amplio aparcamiento, solo abierto de jueves a domingos. Fácil deducir a qué público se dirige, rodeados de vegetación floral, vacas, patos, flores, granjas de vacas muy a lo lejos (que no le molesten los olores a urbanitas), mucho más arriba la nieve recién caída  y aún algunas cruces en las alturas (no como la ausente y serrada del Aneto, a no confundir con el caldo).


En este  valle, camping Vall de Camprodon, con paso público por el GR, entre Sant Pau de Segúries y Camprodon. Estéticas con alineación de contenedores de colores y modernas casas que por fuera parecían masías antiguas y muy rurales, a tono con el entorno y sus pobladores. Sabor a campo, también “cassolà”. 


Más allá la colònia Estabanell, con estructura parecida a otras, primero con el nombre de Estebanell para seguir con el actual: Estabanell. Un incendio en 1917 en telares y tintes y compra por otra sociedad.


El Gr aportaba la visión trasera de los edificios y  accesos a Camprodon, en una comarca envejecida, con recientes iniciativas bautizadas como curas emocionales sobre ruedas. Se trata de acompañar a séniors que  no tienen ayuda de familiares o personas cuidadoras, para que puedan ir a la peluquería, al mercado o a la farmacia. Son cotidianeidades para dar servicios, aportar autoestima y fomentar que se forma parte de la comunidad. Es una actividad integrada, ya en marcha,  impulsada por una cooperativa, a la espera de subvenciones oficiales.



Gustos


Poco a poco el GR le daba la espalda a la afamada industria galletera del valle (muy diferente a la Gullón de Aguilar de Campoo, Palencia) porque el camino  iba por detrás. Qué lejos queda 1893, año de su fundación por la familia Birba en Camprodon. Ahora es propiedad del conglomerado  Adam Foods (familia Ventura) en un edificio de diseño a pocos kilómetros de donde nació, fabricantes y propietarios  también de algunas marcas conocidas: Cuétara, Artiach, Phoskitos, La Piara, caldos Aneto, trinxats y productos Carlit de Puigcerdà y miel Granja San Francisco. ¿Compromisos en su compra?: mantener la fábrica aquí, repetar la plantilla y preservar las recetas tradicionales desde hace más de 130 años (galletas Birba y Núria). 


La llegada a Camprodon se asoció a turismo, puente histórico con imagen de postal repetida hasta la saciedad, compras y retiradas temporales a los abrevaderos cerveceros. El buen gusto y el placer efímero pudo aglutinar lo anterior, o no. 


La imagen siempre atractiva, el puente nuevo , con un arco  central de 22 metros de amplitud y otros tres más pequeños a ambos lados, una torre de defensa y, aquí, el antiguo portal de Cerdanya porque daba paso obligado a esta comarca. Las aguas del Ter y del Ritort, la Villa de Arriba y la de Abajo. Curiosidades: adopta nombres que parecen antónimos: Pont Nou y Pont Vell.



Retiradas


Antes del condumio final en el lugar habitual de Ripoll (retirada placentera), en algunas calles de Camprodon se señalaba el Museo de la Retirada, cerrado por  reformas y por orden de la Guardia Civil en 2015 (por la detención de quienes lo regentaban al decomisarles  el depósito de armas y explosivos que solo los conservaban para visibilizar horrores inciviles, sin saber que estaban cometiendo un delito) pero abierto aquel día  para la micción y alivio prostático de personas GRmanas. 


Año 1939, entre finales de enero y principios de febrero por aquí pasaron 100.000 personas que huían de las tropas franquistas, en dirección a Francia por Molló y Prats de Molló. El senderismo ha de ser compatible con el  entrañable recuerdo en esta y en la próxima etapa a estas gentes anónimas, algunas heridas y evacuadas de los hospitales de esta población en dirección a Francia. Más de mil piezas están expuestas en l’Espai Cultural Cal Marqués o Museo de la Retirada. Fotos de André Alis, farmacéutico de Prats de Molló. Objetos que dejaban quienes marchaban, por la prohibición de las autoridades francesas  de pasarlos.

  

La retirada final, después de la comida en Ripoll, se cerró con un momento difícil de conseguir. Cuatro minutos de silencio gracias a la colaboración del grupo. Todo porque dos desvergonzados aprendices de Taichi se atrevieron a superar su ignorancia y ensayar en público para el maratón del día siguiente en Barcelona. A pesar de cierto fallos y descoordinación, se consiguió que una parte del personal supiera a qué decían que no se apuntarían nunca. También se produjo alguna manifestación a favor y, sobre todo, se suscitaron incógnitas, que ya es mucho.


Aprovechando la ocasión, única y quizá irrepetible, palabras de maestros chinos:  en la práctica del Taichi (arte marcial interno)  dicen que el silencio no es ausencia, es poder; en él se escucha el cuerpo, los tendones mandan sobre los músculos, se ordena la respiración y se transforma la energía; buscar quietud dentro del movimiento es el arte supremo del Taichi. Cuanto más lento y silencioso es tu interior, más fluye tu energía vital. 


Qué mejor que citar, para acabar, una de las expresiones más famosas y difíciles de conseguir, una metáfora filosófica sobre la adaptabilidad, la flexibilidad y la resiliencia ante los cambios y problemas de la vida. 


Aquí, a orillas de las aguas del río Ter, recordemos al actor, artista marcial y filósofo Bruce Lee (cuyo nombre de pila era  Lee Jun-Fan) con su frase de apariencia simple pero  muy profunda y repetida, pronunciada por él en una entrevista televisiva en 1971:


“Be water, my friend”



Evaristo

29/05/2026






 









 









 

domingo, 26 de abril de 2026

Etapa 10 del GR 151- Abat Oliba entre la Farga de Bebié y Sant Joan de les Abadesses

 Séniors entre ingenierías varias y primaveras espléndidas



¡Mira que hay expresiones amables, varios sinónimos y hasta términos en inglés para describir a un autocar casi lleno de gentes en la X juventud! “Aquí huele a viejo”: ese fue el pensamiento oído y el olfato captado por alguien al inicio del viaje hacia la etapa del GR 151 - Abat Oliba entre La Farga de Bebié y Sant Joan de les Abadesses (más de 23 km en total). Qué conversaciones se oían, cuáles eran sus temáticas, cómo te agarras  para no caerte cuando avanzas por el pasillo del autocar en marcha, cómo te sientas para evitar el crujido de los huesos, todo y más se escuchó para verificar realidades visibles, con poca simulación empática aunque el sujeto en cuestión también fuera senior, viejo y abuelo. ¡Con lo bien que quedaban las palabras más de moda para nombrar esta etapa vital, y mucho más si eran en inglés: Boomers o generación “baby boom”! Y con los recientes libros que se han publicado para demostrar cómo sus actuales privilegios distorsionan la vida de los jóvenes (¡hay gente malintecncionada, eh! ¿O tendrán razón?) .


La jornada tenía sorpresas culturales e ingenierías de varios tipos: unas palpables a simple vista y otras en sentido figurado. 

Antes, en el autocar, la ingeniería de los números: hubo comprobaciones en varios excels  telefónicos para concretar cuántas personas éramos. Costó llegar a la coincidencia de los números. Repasos por nombres, apellidos, cuenta de cabezas (todas: con pelo, sin pelo, con muchos tintes, con mascarilla, etc). Una vez hechas las comprobaciones, bajas descontadas, todo a punto para empezar.


Caminemos.



Aguas


El río Ter fue el compañero y protagonista durante el recorrido (para saber más sobre el Ter: coneix la ruta del Ter).

El deshielo de tanta nieve caída durante el intenso invierno le infería espectacularidad. Del mundo laboral ya casi desaparecido del todo del punto de partida,   La Farga de Bebié (explicado en otras crónicas anteriores, fundada por el suizo Edmund Bebié en 1899)) hubo una transición hacia el paisaje primaveral de la ribera, con antiguas obras de ingeniería hidráulica para conducir el agua, encauzarla hacia fábricas, embalsarla, captarla o moverla con turbinas hacia finalidades diversas. Esas aguas, que nacen a 2.400 metros en Ulldeter, con 208 km de recorrido , es el más largo y caudaloso de las cuencas internas catalanas. Algunos le llaman “el grifo” de Cataluña, por su importancia en el abastecimiento de agua: da de beber a 9 de cada 10 hogares catalanes, o sea, a más de 6 millones de personas. Aquí, en Osona, la energía hidráulica  ha sido trascendental en la industria textil. 



Leyendas


No olvidemos  afamados pantanos ni leyendas que novelizan su nacimiento. Como esta: “Un verano muy seco, un viejo llamó a la puerta de una cabaña de pastor para pedir agua. El pastor, en vez de guardársela para él, aunque buena falta le hacía, se la dio con gusto, aunque le había hecho falta ir a muy lejos a buscarla. En recompensa a este acto altruista, el recién llegado le dio una botella de agua inagotable.


Un día, el pastor perdió la botella en medio de una tartera y, como no ha dejado nunca de brotar, este es el origen de las fuentes donde el Ter nace”. 

La Gola del Ter y, cerca, les Illes Medes, son el testimonio de su desembocadura en el Mediterráneo. 




Vías


El río se acompañaba de las vías del ferrocarril durante varios tramos. Aquí RENFE haciendo de las suyas.  Al final del recorrido entero, por vía verde sin vía:  la ruta del Ferro, vía verde que ahora discurría  por una antigua vía que conducía carbón y hierro desde las montañas de Ogassa para su transporte hacia industrias y al puerto de Barcelona. Puentes antiguos y modernos durante el recorrido, túneles para traspasar vías y carreteras, eran formas facilitadoras del paso.


Subida inicial para “calentar motores”  y, luego,  el Mas de Sant Moí. Al lado, aneja,  la ermita de Sant Moí (también llamada Esglesiola de Sant Moí, dedicada a este ermitaño), también  personaje del folklore catalán, todo en el término de Santa Maria de Besora. Construcción prerrománica, del final del siglo X, también con una leyenda, documentada por una autoridad experta: Joan Amades. Tanto el Mas como la ermita formaban parte del Castell de Montesquiu y del parque natural del mismo nombre, al lado de la etapa anterior. hasta seguir las rieras de Vallfogona y la de Laers, con las tiernas hojas que estrenaban un verde recién nacido, muestras de tantos árboles tumbados por meteorologías adversas y longevidad, con muchas visiones de tanta nieve aún presente en las montañas al fondo y ese contraste entre las riberas y las alturas, con lo que supone para las rodillas y demás articulaciones humanas, incluidos chasquidos y ajustes de arreglos varios. El entorno iba entre la sierra dels Bufadors y la de Sovellers. El paso y vadeo de la riera y la posterior subida (la segunda ya) hasta el collet de Ripoll  obligó a planificar bien las pisadas, básico para iniciar el ascenso posterior, con la musculatura ya en forma. Llegada al coll de Maranyic, buen lugar para refrigerio grupal y para ir a buscar de nuevo el río Ter para reseguirlo. 



Colonias


Agua para el trabajo, para mover y dar vida a esta comarca desde hace años. Si La Farga de Bebié fue un buen ejemplo, la Colònia Santa Maria , de finales del siglo XIX, era otro y cercano en la ruta, previo paso por la font de la Tosca. El ruido de algunas actividades industriales fue una buena presentación de vida laboral aún. Esta colonia estaba situada entre el río, la línea de RENFE, la carretera C-17 (antigua N-152) y un camino vecinal. 


Si se observaba a un lado y otro de la carretera había viviendas para obreros, fábrica, residencia para trabajadores de fuera, iglesia, jardines, oficinas y…casa del director. ¿Curiosidades? También se llama Colònia del Roig o de la SAPHIL, que la compró en 1920. Una empresa de Terrassa, aquí. Más: las niñas tenían una escuela. De la de los niños no hay reseñas. 


Como se sabe, el paternalismo industrial fue la fórmula que el patrón y propietario escogía en sus colònies como  remedio a la conflictividad laboral y a las demandas obreras.  



Ella


La ingeniería fluvial demostraba las obras de conducción del agua para las colonias, molinos y fargas en el Ter en su máxima amplitud. Por ejemplo la esclusa de La Corba, construcción para el aprovechamiento hidráulico construida por la empresa SAPHIL entre 1932 y 1934 Las actuaciones del Consorci del Ter acercaban el río a la ciudadanía y explicaban la flora y la fauna con carteles, sendas y señalizaciones, en un camino por la baga del Solà, la Masia Terrades, el camí de Sant Antoni y ya la población. 


La vida urbana daba señales (en especial al lado de la depuradora de Ripoll) y conducía al personal a la capital, Ripoll, entre paseantes, animales domésticos, vacas y la parte de atrás de edificios varios. Más allá, la construcción del arquitecto que también dejó su firma aquí. El puente peatonal de la Devesa de Calatrava era inconfundible. Uno más entre los 32 puentes que, según Wikipedia,  Santiago Calatrava ha construido hasta hoy.  (La obra duró cinco años, de 1990 a 1995. ¿Curiosidad? Antes de su inauguración oficial,  la gente de Ripoll ya pasaba. Un puente que, entre otras aportaciones, permitió que las personas minusválidas pudieran usarlo, ya que había otros accesos anteriores que no lo permitían.


Las construcciones y materiales  ferroviarios dieron paso al casco histórico, con los edificios conocidos y la importancia en la historia de Cataluña. Pero también un sábado se veía el ambiente humano. 


A pesar de Ella (al principio hubo quienes decían: “No aguantará ni seis meses”), se observaba diversidad cultural, amabilidad en un mercadillo sabatino  en el que se ganaban la vida las personas habituales de estos menesteres, diversidad, mezclas, respeto. La ingeniería municipal debía ser una y la vida ciudadana otra, mediatizada por Ella, en una población en que Ella ganaba en las elecciones pero pocas personas reconocen en público que la votaron. Era una apuesta muy en alza, con estrategias de marketing digital de primera línea y con recompensas de otros partidos, por ejemplo para aprobar los presupuestos. 


Hubo quien dejó sus ojos y su dulce apetito en la observación de una  coca de crema de un escaparate pastelero. Pero se tuvo que conformar con llevar su imagen, que no su sabor. También el mundo del dulce aquí sabe mucho de ingenierías con obradores.


En el centro más histórico, alguien  observaba a un  grupo visitante que buscaba a una persona para prestarle el móvil y que hiciera una foto de grupo. Al lado había un vehículo parado con dos ocupantes. Para entender el contexto, es inevitable especificar que eran sudafricanos. Uno salió, se  entendía que mostraba ademanes que podían significar (o no)  ofrecerse y a alguien del grupo de la foto se le oyó decir: “No le dejéis el móvil que se lo puede llevar”. Al final la foto la tomó un joven de allí que llevaba un trípode para alguna cámara. ¿Traición del inconsciente, todos actuaríamos igual, fue uno más de los efectos colaterales de Ella? ¿Y tú qué harías?


Al lado, campeonato de ajedrez al exterior con población solo local.  Eran paisajes urbanos extrapolables, con o sin Ella. Dicen que  hay muchas Ellas y Ellos (a veces en algunos momentos también pueden estar dentro de Nosotros).  Después de estrujar la media neurona que aún le queda a este juntaletras, con derecho a confundirse, al salir de Ripoll, ya en la lejanía, se percibían e imaginaban otros contextos reales, algunos como para aplicar aquella frase: “¡Cuerpo a tierra que vienen los nuestros!”.



Rutas


La zona del ferrocarril historiado en Ripoll permitió ver la antigua estación del tren. Llamaba la atención por su evocación al arte románico, a imitación de otros edificios de la población, con torres parecidas a las del monasterio de Ripoll. Cerca, una locomotora 1006 de los años 20 que se usaba para superar los tramos desde aquí hasta Puigcerdà. Y no lejos, el inicio o fin de la Ruta del Ferro i del Carbó, hoy bautizada como Via Verda del Ferro i del Carbó. Hay mucha información histórica al respecto sobre los 18 km y sus usos del hierro para las fargues y del carbón de Ogassa, desnivel entre el 1 y el 3%, con zonas para servicios turísticos y para todos los públicos. 


En un punto concreto, el GR 151 se desvió de la vía verde para acercarse al centro de Sant Joan de les Abadesses. Antes, el puente de Can Guetes, la esclusa  de Can Volant, la Font Nova, el pont de Rodonella. El paso por alguna masía originó un no demasiado amable encuentro con dos grandes perros muy ladradores. “Tranquilos, pasad que ya han desayunado”, reconfortó el dueño, que apareció después de haber superado la prueba. Tierras agrícola, carretillos con flores, finca de La Roca con rótulos que prohibía el paso por ser finca particular, zonas húmedas para poner a prueba zapatillas que acabaron mojadas y entrada a Sant Joan, con su patrimonio, monasterios y demás.



Literaturas


La celebración anticipada del 23 de abril, al final de la comida grupal  con viandas propias en Ripoll, contó con una buena organización y con la  lectura participativa de textos  o fragmentos escritos por personas del grupo y  autoras externas: narrativa, poesía y teatro como postres literarios para rematar la jornada. 

Ya que estábamos en el Ter, existe la ruta literaria por el Ter. A través de ella  se puede comprobar la relación entre los autores y el río, todo desde la mirada de los escritores, con textos la mayoría en catalán, otros en latín, castellano, francés e inglés. Algunos autores mencionados en la ruta: Santiago Rusiñol, Miquel Martí i Pol, Josep Pla, Jacint Verdaguer y Joan Margarit. 


Días después del 23 de abril, con miles de libros vendidos y millones de euros en las cajas registradoras, ¿nadie  lee libros en público? Diversas personas verificaban que apenas se veían personas lectoras de libros en papel en los trenes de las dos líneas entre Terrassa y Barcelona. Debían dejar la práctica  para sus momentos de lectura voraz en privado, ¿no?


En algunos mentideros y con voz muy baja se mencionaban las palabras de ese escritor provocativo y mordaz que describía al santo Jordi como “maltratador de animales y seguramente no sabía leer. No tiene nada que ver con los libros. No es el patrono de los escritores. Ha aprovechado la fecha y se ha metido ahí”. La discrepancia también puede estar ahí, con opiniones y crucifixiones para todos los gustos. 


Séniors, finalicemos con aperturas del pensamiento y respetos a la diversidad de opiniones. Para quienes busquen la normalidad, les podría servir la frase que un psiquiatra de Nueva Zelanda llevaba en su camiseta:


“De cerca nadie es normal”



Evaristo

26/04/2026