sábado, 15 de noviembre de 2008

Etapa 12 del antiguo GR1, entre La Vall D'Ora y la Llosa del Cavall




Sin riesgo no hay aventura



GRMANAS Y GRMANOS


Hay etapas y etapas en GRMANIA. Si bien cada una tiene sus particularidades, la que nos concierne estuvo llena de esas habilidades y competencias que hoy se les ofrece a los directivos de empresa. Además, pagan una fortuna por el paquete completo. Aquí no. Por 20 euros, quien asistió a la última etapa efectuó parecidas prácticas a las que una afamada web ofrece a ejecutivos agresivos en período de desintoxicación laboral: el outdoor training.
Veamos cómo es más rentable ir a un GR que no a una de ésas de “entrenamiento psicológico” bautizadas con el apelativo de “sin riesgo no hay aventura”

Traslados

Es la desconexión total, el cambio de costumbres, el vestirse con nuevos hábitos. Un día a la semana se abandonan las pudorosas vestimentas, tantos ajustes y vestidos que aprietan las carnes. El cuerpo se entrega al placer de la mochila bien repleta, las ropas holgadas y los ademanes poco ortodoxos. Aquéllos olvidan las corbatas y sus “emidio tucci” o similares. Les montan en un transporte diferente al vehículo habitual de aros, con jaguar o muy estrellados en su parrilla frontal. A nosotros, un anillado conductor nos somete a un batido de coco, al crujir de huesos y a ácaros diversos. La aventura ya es sentarse y olvidarse de dónde se apoya uno. Puede que a la larga sea un deporte de riesgo observar cómo en un asiento trasero un agujero parece una caverna, donde se desconocen los habitantes de sus profundidades. Cada etapa se observa cómo la cavidad del tapizado se agranda. Los efectos colaterales en el entorno ya veremos cómo evolucionan. Pero el desgaste, los desgarros y los boquetes se llegarán a convertir en todo un centro de recursos (no pedagógicos). Con estos principios muy consolidados extraña que estos atropos rodantes pasen la ITV, aunque sean un material rodante muy idóneo para poner el cuerpo a tono para la multiaventura.

Jefes

A aquellos ejecutivos les dicen en sus desconexiones aventureras que se olvidarán de los jefes y que trabajarán competencias y habilidades como la comunicación, el trabajo en equipo, la organización, la planificación, la estrategia y el liderazgo. Tanto objetivo sirve para justificar los altos precios de las minutas de la empresa organizadora. En los GR, todo es más barato y encima aderezado con risas, bromas y mucho humor. Ellos dicen olvidar al jefe pero en esta etapa el que manda tomó las riendas y se puso en primera fila nada más empezar a caminar. Sonaba raro verle dando zancadas rápidas para situarse en cabeza. Parecía ir al revés que esos cursos de desintoxicación de alto standing. Como iba por una zona sin marcas, el personal dudaba de su cometido en voz alta, lo que le obligó a proclamar a los cuatro vientos: “¡Voy a empezar a imponerme!” (léase con tono enérgico y voz impostada). Incluso, como su sabiduría abarca ya hasta la lengua árabe, lo remató: “Voy a insultar en moro”. Por tanto, ya se sabe quién manda.

Mejoras humanas

Después se supo que quien manda destapó sus habilidades de liderazgo para conducir al grupo mejor, sin pérdidas. O sea, detrás de sus órdenes estaba trabajando el compañerismo y la buena conducción del grupo hacia el final. Bien orientado el conjunto, él se retiró a sus posiciones habituales. Aquella etapa prometía. La ausencia de marcas, borradas de un GR ya antiguo, se completaba con el laborioso y excelente trabajo de quien pasa muchas horas acariciando al GPS y llenándolo de buenas informaciones. Otra enseñanza aventurera: aprecia el trabajo de todos porque, como se dice en Terrassa: “tothom suma”. El camino ascendía de manera continuada, dibujando los contornos de un hermoso valle surcado por uno de los ríos de aguas más claras del Prepirineo; la vall d'Ora. Aparecían algunos letreros que simulaban ser un juego de pistas o de doble significado: “A Busa per l'escala”. Quien ignoraba el detalle final interpretaba que había escaleras de piedra, con suave subida hasta el final. En muchos momentos quizá la ignorancia bien llevada alivia las sorpresas venideras. Hasta hay quien opina que se vive más feliz entre más ignorante se es.
La subida por la empinada senda dejaba ver el otoño y los desgastes de la roca, cárcavas incluidas. Un buen momento para que alguien descubriera una habilidad que se cotiza al alza: ella decía que impartía clases en las que había visto mejorar a los hombres. Tal cual. Este sexo débil salía fortalecido una vez que le habían llegado hasta el alma tantas enseñanzas de ella. La promoción de tales destrezas causó revuelo y alguien se ofreció a inscribirse en la lista de espera con un objetivo muy noble: quería que al salir de allí las mujeres le miraran, no sólo le vieran. La moza en cuestión sería una buena formadora de ejecutivos agresivos.
Poco a poco la primera prueba se acercaba

Escaleras y brochetas

Por algún sitio tenía que estar Busa. Pronto se despejó la incógnita. Busa estaba allá arriba. Y para llegar había que escalar. Una moza muy rodada por estos parajes se sorprendió al ver cómo el hierro había acondicionado mejor la casi vertical subida. Antes el reto era más aventurero. Ahora se trataba de subir en fila. La adrenalina se disparó ante el ascenso muy pronunciado.
Desde abajo el espectáculo era trasero: sólo se veían posaderas en progresión subida. Comentarios, sucedáneos de gritos, bromas. Era la catarsis que provoca la descarga de las tensiones semanales. Tal deporte de aventura disparó la riqueza cultural de quien sabe de todo. Viendo el panorama sugirió que, si otra vez se presenta una escalera de este tipo, que las mujeres procedan a ataviarse con falda plisada corta y los hombres con falda escocesa, libres los bajos a los balanceos propios de la fuerza de la gravedad. Se imaginaba tamaña escena. Pero pronto subió y asomó su cabeza en la zona alta. Casi nadie sabía cuál era su oculta misión al observar en posición visual de picado la ascensión.
Mientras, tres grmanos por poco se convierten en pincho moruno o brocheta. Un bastón se soltó y bajó disparado por la escalera. Casi quedan engarzados como si de alimento para una barbacoa se tratase. Ya arriba, todos contemplaron el paisaje natural en el que sobresalía un trapo artificial colgado de un mástil, algo que afeaba el balcón natural. Aunque, para quien lo puso, el valor del entorno debía residir en el símbolo.
Cuando la última persona subió, el que miraba hacia abajo en lo alto de la escalera se retiró. Después se supo que no estaba allí para publicitar aún más su cara. Observaba cómo subía el personal y estaba preparado por si alguien quedaba bloqueado por el miedo o el vértigo. Si esto hubiera ocurrido, disponía de un recorrido alternativo para facilitar su subida. Por tanto, he aquí otro de los valores de las salidas ejecutivas en plan multiaventura, gratis en un GR.


Almuerzos y petacas

Después de atravesar un campo lleno de ganado vacuno en el Pla de Busa, tocaba el desayuno. La aventura rural ya se sabe: no hay sillas, posible suelo mojado, no poyetes, piedras puntiagudas, charcos de agua, no mesas ni vasos ni cubiertos. Ambiente ganadero, boñigas diversas, olores a reses. Se formaron dos grupos a ambos lados del camino, separados pro charcos diversos. Las habituales botas estuvieron acompañadas por otra con vino de la Terra Alta. Alguna parece que se prodiga mucho en el chorro y echa tanto que no da tiempo a tragar. Pero no sólo se habló de vino. Un ilustre habló largo y tendido de la leche materna. Sabía tanto que hasta informó de los últimos avances a quien hace tiempo que no toca ni el líquido ni quizá la fuente del líquido. Hablaba de la técnica de la congelación de la leche, citaba la fabricación de yogures y otros preparados lácteos. Como se ve, la ciencia de la teta también avanza. Alguien se movía entre las aguas del camino, atentamente observado por ella. Temía que “se marraneara”: pudiera caer por un resbalón y volviera a casa algo desmejorado en su estética. La cosa no llegó a mayores. Aunque, cuando apareció una petaca llena de licor, hubo muchas degustaciones y más verborrea. El dueño dijo que el líquido del interior era añejo, de calidad. El asegurado éxito del brebaje no eclipsó a la competencia. “El whisky hippy” también se acabó. Y ya van dos petacas. Como dos fueron los cilindrines que se incineraron por sendas personas que aspiraban el humo, fruto de la combustión.
Dicho lo cual, la visita de “ferrero rocher” completó el buen sabor de boca para proseguir la aventura.
Aún quedaba mucho por venir.

Prisiones

A aquellos ejecutivos les aseguran emociones fuertes y les convencen de que volverán diferentes. En los Gr se vuelve de forma emocionada por todo y a precio de saldo. Circular por caminos sin marcas, con reses cornudas y hacia una prisión debe significar una desconexión total con la urbe. Todo se completaba con las vistas de la vall de Lord, de Port del Compte, de la forma de barco del promontorio en que se asienta el santuario de Lord, Sant Llorenç de Morunys,el Cadí, el escondido Pedraforca y la sierra de Guixers. Y eso que no se veían aún las impresionantes jaulas en las que los alemanes crían halcones para vendérselos a los adinerados jeques árabes. En Canalda están, aconpañados de polémica ecologista y de mucho dinero.
Ahora tocaba descubrir.
La prisión del Capolatell impresionó con sus riscos y paredes verticales. Hubo recuerdos para estas barbaridades guerreras, foto de grupo en lo alto y buenos deseos por parte de una señora ajena a GRMANIA que allí estaba. Soñó en alto y le dijo a este escriba que le gustaría pasar unas jornadas allí con buen yantar, buen beber y dejó entender que buen folgar con un aguerrido mozo (aseguro que el sujeto soñado no era éste que teclea). Quizá sería para compensar las miserias de quienes sufrieron la más vil inhumanidad de sus semejantes.



Llanuras y desorientaciones

De vuelta a la zona llana de Busa, el paisaje lo formaba un terreno ondulado con repoblaciones forestales, antiguos establos desocupados con sus inquilinas en los prados de enfrente (sobre una vaca con los cuernos caídos alguien hizo otra lectura: se les habían desatornillado) y una gran masía con la chimenea humeante mientras la señora buscaba más madera en el exterior. Se desconocen los motivos pero la gran abertura del primer piso en forma de arco, orientada al sol poniente, estaba tapada con ladrillos. A saber los motivos a tal atentado a la arquitectura tradicional.
En medio de todo, un letrero ocupó las miradas de una parte del personal. Se quería buscar el rumbo en medio de Busa. Las elucubraciones no parecían tener en cuenta la gran labor de quien tenía muy bien amaestrado el GPS, con muchas horas laborales invertidas a fondo perdido. Se debatía la dirección cuando ésta ya la definía el susodicho aparato y la ilustre moza que ya había hecho el camino. Pero no. La opción fue seguir husmeando casi hasta llegar al Coll d'Arques. Allí se acabó de reconocer que la sabiduría para la orientación no estaba en una pareja de buscadores de setas sino en el mismo grupo. Vuelta atrás y suave descenso por en medio de un impresionante bosque de pino rojo. Espectacular su altiva pose, la limpieza del sotobosque, la suavidad de la pradera y el dulce trotar con placidez hacia el camino de bajada.

Los miembros y la “miembra

No era un camino muy transitado, excepto por la industria de la madera. El perfume del pino era natural, no como los sucedáneos envasados para envolver el suelo de tu hogar de una fragancia silvestre demasiado artificial. Una aventura el bajar a trote rápido, con los riscos del Capolatell a la derecha. La perspectiva de la roca magnificaba los sufrimientos anteriores y los supuestos placeres imaginados por la señora allá en lo alto.
No había señales, sólo ganas de llegar al autobús.
El GPS perdía los satélites de vez en cuando. Sin marcas, sin artefactos, sin chismes, la bajada podía ser a tumba abierta hacia el pantano de la Llosa del Cavall. El camino no quedaba claro, aunque también aquí se contaba con la experiencia de caminantes que ya habían dejado sus huellas antes. De todas formas, una avanzadilla se adentró por entre zarzas, gatosas y otras especies con pinchos. Pronto se encontraron con una pared vertical. Pero dos miembros fueron muy intrépidos, se jugaron la hipotética y futura pensión de jubilados y dejaron que sus cuerpos se deslizaran hacia abajo. Y, la heroína por el otro lado, fue una destacada “miembra” cuyo sexto sentido no sólo le funciona debajo del agua. Condujo bien al personal, apoyada después por los conocedores del terreno. Todo ello coordinado también con el contacto telefónico. Ese ya casi imprescindible apéndice ttecnológico an bien manejado por ejecutivos agresivos sirvió aquí para componer una escena cierta: el chófer abajo con su teléfono móvil en vivo y en directo. Miraba para arriba y veía humanos moviéndose por doquier. Él le transmitía instrucciones al jefe de la expedición sobre por dónde bajar y cómo conseguir el objetivo final.
Mientras, se corrió la voz de que alguien se había perdido. Multiaventura total. Despliegue de sistemas de seguridad. Los pitos para toques de emergencia salen de su guarida. Señales de alerta. Se oye cierto conato de concierto a pitido limpio. Una moza manifestó en voz alta que ella había metido el pito de un GRmano en la boca, pero que antes lo había lavado bien. La higiene, hasta el final, aunque fuera para motivos tan loables como encontrar al perdido. Al final, sanos y salvos, el útero materno en forma de trasto con motor acogió a quienes sólo tenían ganas de comer, abrevar y sestear. La etapa había acabado pero no las aventuras.

Comidas

Tanta sorpresa en un recorrido sin marcas había consolidado eso que venden a los ejecutivos para desestresarse: hubo confianza para buscar cooperación y complementación entre miembros y “miembras”, lo de delegar responsabilidades se ejerce bastante bien, igual que motivar a los Grmanos y Grmanas en compromisos. Y no hablemos del fomento de la comunicación o de mejorar la reacción de sagacidad en ingenio ante situaciones de presión y cambio. La etapa de hoy era un claro ejemplo.
No obstante, aún quedaba por encontrar un garito de carretera para abrevar. No fue tarea fácil a aquellas tardías horas. El sitio elegido debía poner a prueba la salida hasta el final. El moderno dueño dijo que acogía al grupo pero no dentro. Una caja de cerveza y a comer al lado de la perrera, sentados en unos bancos, en una pared o en el suelo, ante la atenta mirada de un malencarado perro. Era la última prueba del día. Sin riesgo a comer y beber al raso no hay aventura. Las caras fueron diversas: muecas de desencanto por parte de algunos y aceptación de la aventura hasta el final por parte de muchos. Este capítulo debía puntuar demasiado en la nota final. Conformados a la fuerza por las circunstancias, el no hay más remedio se transformó en alegría cuando el bar abrió una zona lateral donde acomodarse mejor. Las cosas cambiaron. Y más que lo harán si las participaciones de la lotería de grupo, normalizada lingüísticamente hablando, van más allá que la simple estética.

Para acabar

El difícil reto llegaba al final. Pocas etapas como ésta, sin necesidad a recurrir a esos lemas de captación de directivos ávidos de emociones fuertes, del tipo de“entrenamiento psicológico en medio de paisajes imponentes y desafiantes”. Los adornos para la desintoxicación carecen de sentido cuando el rodaje de tantos años pateando GR confirman que no hay que pagar tanto para tener casi todo lo necesario a tu alcance.

Y este escriba ya se calla apelando a un proverbio árabe:

“No parlis si el que vols dir
no és més bonic que el silenci”

Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
Terrassa, 13 de noviembre de 2008

domingo, 9 de noviembre de 2008

Etapa 11 del GR1, entre L'Espunyola i la Vall D'Ora




Cuando la impresión es la belleza


GRMANAS Y GRMANOS


Hace tiempo que no pasaba pero ocurrió. Mientras la lista de fijos y provisionales en GRMANIA tiende a aumentar, la presencia y asistencia a esta etapa rozó números desconocidos. Bajo mínimos en un tiempo otoñal, con la belleza rozando los sentidos. Quien tiene sus neuronas al máximo rendimiento (no será este plumilla) tiraba de anales y de disco duro para retroceder en el tiempo y hallar aquella salida. Pero tampoco la recordó. No obstante, las ausencias se perdieron impresiones puntuales muy bien fotografiadas en las retinas individuales. Hacía tiempo que no había tantos colores, tantos matices, tantas continuas subidas y bajadas, tanta perspectiva del Prepirineo por un lado y del Solsonès y el Berguedà por el otro.


La incógnita

Suscitaron muchos comentarios las ausencias. Incluso los hubo que situaron en su GPS mental la posición de quienes físicamente se dedicaban a otros menesteres en aquel uso horario. En tierras asiáticas había una enviada; a otros se les imaginaba delante del espejo, acicalándose a fondo, haciendo filigranas para acertar con el nudo de la corbata para celebraciones de alto copete o colocando la pluma del sombrero en erecta posición; había quienes estaban convalecientes o dedicados a asuntos laborales diversos. Un ilustre indicó que su mujer “estaba pinchada”, motivo por el cual no vino. Él se presentó en el autocar con el perfil de la etapa en papel, tan ennegrecido que impresionaba antes de comenzar. También hubo un grupo no hermético, pero sí reservado, que dedicó bastantes minutos a profundizar en una nueva palabra que aumentaría su diccionario personal. Dicho término vino suscitado por alguna notable ausencia.

Pistas

A lo largo de esta epístola irán apareciendo pistas para descubrir no a la persona pero sí al término conceptual. Si cada etapa es un pozo (de ciencia, de sudores, de técnica, de confusiones o de resbalones) en ésta ese círculo no reservado habló de tal vocablo. Para encontrarlo, las pistas serán palabras subrayadas. ¿Quién lo descubrirá?

Túneles

Como siempre, las tertulias viajeras dependían de la situación de cada sector en el armatoste con motor y ruedas conducido por “el señor de los anillos”. Las antenas recogen ondas pero no descifran todos los mensajes, quizá debido a las interferencias acústicas o a futuras necesidades de sonotones. Donde más ruido se concentra, atrás, se apreciaban más los estados previos a la somnolencia que supuestos discursos inteligibles. La crónica viajera se centraba en tejer una relación entre los gritos y modales educativos de las monitoras de comedores escolares con lo que debe querer decir la educación, versión nueva LOE. También alguien apuntaba una curiosa apreciación educativa. Como su centro escolar estaba al lado de la vía del tren, su equipo estadístico había anotado que una clase es igual al paso de cinco trenes. O sea, la educación física era un ejercicio sonoro: a más traqueteo ferroviario, más silencio y menos sudor. Se desconoce si la empresa lo tenía en esa escuela como infiltrado para verificar la puntualidad del servicio. También era otro motivo de diálogo el trabajo de las máquinas para hacer túneles, como los de la carretera en dirección al inicio de etapa o en los trenes de Terrassa. Claro que hubo para quien la palabra “tuneladora” le remite a otros pensamientos. Máquinas con armazones en espiral que entretuvieron la parte final del recorrido, con el último punto en donde el panadero comenzó a servir hogazas de pan a senderistas amantes de los gustos de antes.

Animales

Nada más empezar, las primeras marcas se vieron muy bien vigiladas. Un perro atado daba vueltas y ladraba con ímpetu. Abrió paso quien aún recuerda malas experiencias con canes pero con un valor evidente. El grupo iba ganando en altura poco a poco. Las lluvias y el ambiente otoñal invitaban al resbalón involuntario. Fue lo que hizo este escriba. Caída escorada y con contundencia. Aún conserva muescas en su pierna y codo. Aquellas piedras parecían tener una baba por encima, disfrazadas de ese verdor sospechoso. Las gomas de los bajos (de las zapatillas) no protegen y se dejan llevar por la humedad.
Otro animal casi nos cerró el paso en mitad del camino. Bien oteado por mentes aficionadas, se debatió su nombre vulgar: salamandra, salamanquesa, dragón. El reptil se salvó por esa mentalidad conservacionista que protege nuestras conciencias más que a los animales. Antes posó para una sesión fotográfica informal.



Hongos

La subida serpenteaba por senderos, caminos más anchos, paso de rieras con agua, charcos y muchas setas. Y si se dan éstas, abundan ellos. A estas alturas, pocos todoterrenos se veían y menos caminantes con el cesto. Este plumilla se atrevió a decir en voz alta que por aquí no llegan ni los abuelos. Palabras mal dichas, pues alguien del grupo matizó: “Por lo menos uno sí ha llegado”. Cierto, aunque él no cogió ningún fruto del bosque. Otros y otras sí que lo hicieron: “cogían, miraban, cazaban o no se enteraban” de las setas. Al lado del camino había alfombras de fredolics, en cualquier sitio aparecía el rovelló (más con gusanos que sin) o alguna llanega muy pringosa. Y también los típicos restos de basuras diversas de boletaires, excusionistas o cazadores antinaturales.

Poyetes

La reagrupación del personal se vio algo entorpecida por estiramientos boletaires. Caminar y buscar no es del todo compatible, con retrasos globales como efecto colateral. Con esperas incluidas, también hubo bolsas repletas y el equipo de transmisiones que se desgañitaba con invitaciones al “agrúpense, por favor”. Esta vez, también se aprendió y mucho. Para demostrar que andar con bastones alivia el cansancio, quien de física sabe mucho acudió a leyes de la termodinámica.
Dicho lo cual, las fuerzas invitaban a la búsqueda de un espacio donde satisfacer algunas necesidades primarias. El entorno era idílico, con los bosques que parecían una paleta de colores, un horizonte amplio lleno de brumas que no desdibujaban los míticos perfiles de La Mola, Montserrat o el Montseny al fondo. Y un presente con explanadas ocupadas por coches, masías dispersas y el camino que asciende. Se cree que sería la subida de las ganas de comer lo que hizo suspirar a una moza por un poyete. Debió dejarlo caer con una entonación tan placentera que las insidias verbales pronto la persiguieron. Los sabuesos de la lengua la invitaban a matizar pero ella quería el poyete. Otra ilustre que iba a su lado le ratificó que el trasero femenino como mejor está es “apoyado en un buen poyete”. Pues... a buscarlo.

Apoyos

En un desnivel del terreno ellas se consolaron. No había lo que buscaban. Pero las vistas eran espléndidas, debajo de una línea eléctrica que se perdía en el horizonte, estableciendo a su paso un cortafuegos artificial. Tanta energía suscitó múltiple terminología a medida que los estómagos pasaban de la formalidad de la comida a la diversidad de los postres. Mientras, ellos hablaban de alguien ausente que buscaba ampliar conocimientos muy terrenales, muy rastreros, con toques ascendentes. Otros imploraban a Murphi cuando decían que no cogían setas porque, si hubiera una venenosa, le tocaría a él. O hubo persona muy versada en ordenadores que comparó la cabellera de su cabeza con una urbanización: una rotonda en medio y dos despejadas entradas a los lados. Bien apoyado estaba el grupo, pues en tres cuartos de hora de condumio aparecieron castañas asadas, variedad de frutos secos, tés y cafés, frutas y esa libación artesana de ella que alguien denomina el “whisqui hippy”. Éxito total.

Temas

El arranque fue en cuesta. Las marchas del motor entraban lentamente. Había que afrontar la parte más dura del mapa expuesto en el autocar. Era una pequeña cresta con un camino franqueado por alambre espinoso. Detrás había cuernos. Bosques de altos pinos con matorrales y pradera donde las cornamentas enfocaban hacia abajo. Ellas comían y no mostraban interés por senderistas que comenzaban a sudar. Las vacas sólo dejaban sus grandes huellas en sus defecaciones recientes. La senda subía e invitaba a alguna confusión. La belleza te engullía mientras el almuerzo producía efectos colaterales. El perfil de la cresta enfocaba hacia el valle del Llobregat más abierto. Pero pronto las constantes curvas ascendentes te abrían los ojos a más paisaje, más perspectiva y unas ruinas de lo que debió ser una iglesia, una masía y unas placas solares a modo de toque contemporáneo.
La cabeza del grupo paró, vio, observó, se fotografió y reflexionó. La instantánea digital era un cuadro diverso, formado por las ruinas atrás allá en lo alto y los rostros andarines delante. Pronto la socarronería apareció con juegos de palabras en torno a “ruinas”: “los de la foto somos o no somos una ruina, mucha gente está arruinada con la crisis, pronto estaremos derruidos, acabaremos el GR en un estado ruinoso”. A aquellas alturas también se pensó en qué estaría haciendo quien faltaba por motivos académicos. Nosotros, tan altos y esa persona, tan baja. Muy abajo para ver todo mejor y profundizar en un término con toques placenteros, si bien ese placer no a todos le gusta ni le convence.
Más adelante, un gran balcón natural mostraba mejor lo que la naturaleza ofrece de forma gratuita: vegetación, verdor, visibilidad, vida. Alguien miró al cielo y atinó a identificar supuestos buitres. Ellos volaban tan alto. Deben ser mejores que los que van a ras de tierra. También es donde está el objeto del trabajo de nuestra incógnita ausente.
El camino siguió bordeando pendientes, “tosales”, siguiendo bordes resbaladizos con buenas vistas a una carretera y masías bien protegidas por vehículos de boletaires. Ella aprovechó el tiempo para ofrecer una lección de anatomía. Aseguraba que existe una relación entre el tamaño de la nariz con otros tamaños. Parece ser que fue una de las sesudas conclusiones a las que llegó de su viaje a Turquía. Decía que los de este país disponen de una buena tercera dimensión, de una larga conversación, acorde con su apéndice nasal. Como en todo estudio científico, sólo falta demostrarlo con pruebas prácticas comprobadas in situ. Otra prueba más de que caminar es un continuo aprendizaje. Aunque quien no está aquí sigue el rastro para ver si es verdad o no que la belleza depende de su objeto de estudio.

Finales

La parte final del camino fue una agradable bajada hacia la Vall d’Ora. El tiempo se iba consumiendo y se optó por acortar la etapa. El pont de Llinras estaba al otro lado de la montaña, lo que obligó a nuestro hombre del volante a dar un rodeo para entrar en una zona sin cobertura de telefonía móvil. Allí, al lado del monumento a Guifrè el Pilós, junto al museo de la Vall D’Ora, nuestro experto en GPS y físicas diversas se recuperaba de los gajes del oficio. El personal estaba por tierra esperando. Una avanzadilla buscó las antenas de la letelonía para salir de dudas y contactar con el conductor. Pero pronto llegó con una sonrisa de oreja a oreja. Manifestó que este territorio él ya lo conocía y nos regaló un profundo mensaje al vernos: “Mira que sus lo tengo dissso, habeijj de confiajj mah en mí”.
El encuentro acabó en diversas mesas de un bar de carretera, al sol que más calienta en esta época.
Y también las pistas debían ayudar a descubrir la nueva palabra y el objeto de estudio de ese alguien ausente del GR. La respuesta, incluida en el enlace de la palabra, es la HELICICULTURA. Se trata de la ciencia que estudia un animal rastrero, que deja babas, tiene cuernos o antenas retráctiles, en Lleida son el centro de una fiesta y en la tele recurren a su baba para vender milagros estéticos. Nuestros caracoles son el centro de nuestro descubrimiento y de su estudio.
Llegados hasta aquí, con buen diccionario y conocimientos de idiomas diversos, he aquí una cita en francés de Ralp Waldo Emerson, colocada en una tienda de deportes de Aix-Les-Termes:

“Bien que nous voyagions de par le monde pour trouver la beauté, nous devons l'avoir en nous-mêmes ou nous en la trouverons pas”


Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
Terrassa, 5 de noviembre de 2008

sábado, 4 de octubre de 2008

Décima etapa del GR1, entre Gironella y L'Espunyola







Intensa vida social en un agradable paseo por el Berguedà


GRMANOS Y GRMANAS

Besos, arrumacos, hola, cómo estás, los típicos saludos se produjeron después de varios meses de dispersión por esos mundos tan globalizados en uno. Aparentemente la nocturnidad no dejaba descubrir supuestos cambios físicos. Lo más visible fue alguna barba tipo Che Guevara (de nuevo de moda: Benicio del Toro en pantalla), alguna perilla de perfil romántico, muchos teñidos y bastantes cabellos que debieron quedar a merced del viento (fueran o no por “echar una cana al aire”).
Desempolvados los enseres excursionistas, llenas las mochilas, sólo quedaba estirar la musculatura, acomodarse en el marco incomparable del espacio de cada asiento de aquella antigüedad con ruedas, fiarse de los dedos muy anillados de quien nos conduce y encomendarse al destino.

Globalizados

Aquel final de la otra temporada ahora es el principio de ésta. Gironella, a 450 metros, meta e inicio. Al lado del río Llobregat, a donde vertían las aguas de las fuertes lluvias caídas hace poco. Los charcos por el camino también daban fe de ello. La placidez del recorrido invitaba a la añoranza de aquellos tiempos estivales en que todos invertimos nuestros dineros para ver, fotografiar y contar tantas muestras de que lo que vimos en la web o en la foto de la agencia era verdad. Existía. Somos testigos y lo hemos traído en nuestra memoria digital. Con las aguas del Llobregat cerca, alguien hablaba de la belleza del crucero por el Nilo o por los mares del norte de Europa. Siguiendo el camino hubo quien su porción de agua estuvo en el delta del Ebro. Entre arrozales y barcazas llegó hasta Buda (la punta). Más adelante inquietó saber por qué a aquel guía le faltaba un dedo por culpa del agua (muy bien digerido por las pirañas). O cómo nadie se atrevió por la noche a bajarse de la hamaca para “hacer aguas” o a “cambiarle el agua al canario” en medio de tan espesa vegetación, con sonidos inquietantes. O quien descendió el río Sella en canoa y le hizo aguas, quedándole la barca por montera. Entre charcos y barro también le vino a alguien el recuerdo del camino de Carlos V desde Tornavacas a Yuste, con frescos baños en la Garganta de los Infiernos. Y, ya que de líquidos va el recuerdo, hubo quien denunció en público que lo invitaron a casa de un ilustre caminante y no fueron del todo saciadas sus necesidades cerveceras. Decía que Buda vivió mejor. Pero nada como quien estuvo diez días de submarinismo en medio del Mar Rojo, en la zona donde Moisés dicen que separó las aguas. O de los caminantes hacia Santiago, bien regados con buenos caldos al final de cada etapa, en bici o a pie. O la preocupación que inquietaba a otro ilustre del grupo, pues no sabía para qué utilizarían el edificio con la gota de agua de la Expo de Zaragoza. Claro que, para desfacer el entuerto, pronto le espera una ruta por los paradores de Andalucía. Hasta también se recordó la ausencia del agua: en ese gran desierto en medio de la selva brasileña, en las zonas donde el Nilo no es el maná, en los altos riscos de exigentes rutas pirenaicas con los recipientes vacíos, en los precios a los que cobran el agua al turista asfixiado. En resumen, el mundo tiene aún más forma global en verano mientras los aviones, la paga extra, el pago a plazos e Internet lo permitan.

Dulces paseos otoñales

Las lluvias habían refrescado el ambiente y algunos vegetales reverdecían. Otros aportaban esas frutas que algunos muy rurales tomaban prestadas sin derecho a devolución. El recorrido sorprendía con pintadas reivindicativas de libertades varias, o que los del centro roban. La lluvia aún no las había desdibujado. Estéticamente sorprendían a los pocos caminantes que por allí pasaban. Con el Prepirineo al fondo y charcos al lado, pronto apareció la ermita de Sant Vicenç d'Obiols, de arte románico. Muy bien conservada, con buenas vistas y un recóndito cementerio. Un espacio, éste, que a alguien le recordó el principio de otra actividad deportiva del domingo pasado en Sant Joan de les Abadeses. En aquella ocasión, ciertos intrépidos del pelotón de cola aparcaron al lado del servicio de Pompas Fúnebres del Ripollès. Afortunadamente ni en aquella ocasión ni ahora hizo falta su uso.
Mientras, el dulce paseo discurría entre el bucolismo de los campos que esperaban el otoño real, los animalillos vacunos rebrincaban en sus granjas, los de la cresta cacareaban en el corral formando un rojo pelotón y los patos dibujaban un sinfín de olas en aquel estanque. Y todos los caminantes disfrutaban del reencuentro, con tantas historias acumuladas tras varios meses de no verse. Aunque, bien es verdad que alguna destacada moza ya empezaba la temporada con disquisiciones improcedentes. La atrevida señora quiso calentar el ambiente por Internet con aquello de alargar las etapas. Un sagaz mozo se interrogaba en su respuesta sobre qué había que alargar y, según lo que fuera, se apuntaba a tamaño proceder. A lo que ella, delante de testigos andarines, tuvo el descaro de cierto desaire perdonable: “Yo cuando quiero caminar, llamo a mis amigos y me voy a la montaña”. Mientras, todo el grupo que la acompañaba la seguía...¿haciendo qué? Más adelante se descubrirá realmente qué es lo que le supuraba por una pierna, que usaba para caminar...¿o no?


“No le hagáis un feo al abuelo”

La primera etapa, diseñada para poner los cuerpos a tono, transcurría plácidamente. Y el reloj, también. Sin alteraciones, con la nostalgia del verano en los labios, regodeándose en lo felices que fuimos mientras no teníamos horario fijo. Hasta hubo quien presumió de que lo único que anduvo fue para cubrir la distancia que había entre el aparcamiento del coche y el restaurante de turno. Los esfuerzos del primer día se pagan y qué mejor que coger fuerzas con la primera parada gastronómica.
Se desconocen las fuerzas telúricas que mueven el inconsciente colectivo pero las iglesias y ermitas deben embrujar al personal. La parada se efectuó en una que parecía haber previsto el encuentro. Ya había un espacio cerrado, como si fuera una mesa redonda, y un habitáculo en medio. Lo que quizá fuera un baptisterio en desuso pronto tuvo utilidad. Los bastones allí colocados parecían un cuadro de las lanzas, prestas a entrar en acción por la empuñadura. Pero lo que se puso en marcha fue la parafernalia habitual: botas, bocatas y otras especies. Todo parecía discurrir dentro de los cauces habituales, hasta con cierta tranquilidad sospechosa. Y todo se alegró cuando el abuelo y la abuela enseñaron los trofeos que habían acarreado en la mochila. Los termos con café estimularon un ambiente que pronto pasó a mayores. El preciado y afrodisíaco chocolate Lind se derritió en los paladares, las cajas no paraban de circular. Para despegar el preciado cacao de la lengua, qué mejor que la ayuda de algunos alcoholes como Torres 10 y Chinchón dulce. Con la disculpa de preparar un carajillo, los vasos no paraban de rellenarse y los cerebros pronto se vieron atacados por risas, frases y locuacidades diversas. La temporada empezaba con un suave botellón...¿dónde? Pues a la puerta de una iglesia. Risas, chistes, tertulias, “llena otra vez el vaso, parece que hablas demasiado, come otro bombón y no le hagas un feo al abuelo, tantos años en colegios de curas y monjas y a tu edad narcotizándote cerca de la pila donde a alguno bautizarían....con agua, si Paco viera el fruto de tantos dineros como invirtió en tu educación y ahora esto”. Las botellas circulaban y todos felicitaban tan loable iniciativa. Una sincera felicitación que, más delante, el abuelo le contará a Júlia con pelos y señales. Luego, quizá ella le responda: “¡Venga abuelo, no paras de contar batallas!” Pero seguro que ambos se entenderán mejor que los del anuncio del espetec Casa Tarradellas.

Encrucijadas y anacardos

El camino discurría entre suaves lomas con las estribaciones del Prepirineo al fondo, el santuario de Queralt, campos en diversos estados dentro del calendario agrícola, casas derruidas por el abandono, granjas y ermitas como la de Santa Maria d'Avià, a 685 metros. Un GR con bifurcaciones sin pérdidas, con pintadas reivindicativas a merced de pocos lectores y con sorpresas.
La placidez del recorrido dejó mucho tiempo libre para hablar, fotografiar, escuchar, compartir, fijarse y hasta hacer equilibrios en el aire. Aquella moza díscola con la persona que se esfuerza en diseñar los recorridos observó que por su pierna supuraba algún líquido raro. Como que el camino le sabía a poco, debió entregarse tanto a las libaciones etílicas que restos de algún destilado le recorrían la pierna, mientras la sin hueso no paraba de trabajar. Pronto se puso a tono, volvió a cierta compostura y siguió hacia adelante por barrizales diversos y charcos a discreción.
Más adelante, otra alerta preocupó a los servicios médicos femeninos. Un buen mozo parece ser que iba pensando en la “castanha caju” y, no sabe por qué, pero casi demostró lo que era un tirabuzón en vivo y en directo. Trastabilló, tropezó, giró y las consecuencias de tan desgraciada caída eran evidentes. Entre las frutas tropicales con que obsequiaron al grupo la pareja de intrépidos aventureros (en español, la palabra anterior es Anacardo), quizá los vapores de carajillos anteriores y alguna raíz o piedra puesta a modo de estorbo, el susto puso en alerta al grupo. Y se produjo un curioso efecto, una novedad: una mano femenina muy diestra frotaba al caído hasta en la tetilla izquierda (¿sería por ser ella experta en cardiología?), él insistía en que tenía más muescas en otros lugares, como en la cara o pierna. Todo fueron atenciones en tierra y, en especial, al reiniciar el camino. El efecto pasará a los anales de GRMANIA: ya en pie, él inicia el camino y casi toda la representación femenina del grupo andarín lo rodea mientras asciende una pequeña cuesta. Parecían querer llevarlo en volandas. Con tantas atenciones de género, se le desea que las próximas caídas a tierra no sean por accidentes.

El hombre

Los kilómetros llegaban a su fin aunque hubo ciertas dificultades que superar. Los resbalones provocaron salirse del camino oficial y triscar por márgenes varios, aguantar alambres protectoras al pasar y mancharse los bajos (de los pantalones). También hubo quien, en anteriores salidas estivales, se quejaba a sus compañeras de camino que ya no tenía tantas fuerzas, que ella ya no era ni su sombra, que tiempos pasados fueron mejores. Batallas que se fueron al traste cuando se puso la primera de la fila y se dejó llevar por algún hombre que ahora está en progresión muy ascendente. Las compañeras, desde atrás, veían cómo ella sí era como antes, sólo que en esta ocasión el estímulo del paso ligero no sólo estaba en el camino.
Otro hombre destacó en la ruta. Un tractor llevaba un remolque con buenos trozos de madera para calefacciones, chimeneas, parrillas y asados. En el pescante iba un señor entrado en años luciendo el moreno y desnudo torso. Detalles que no le pasaron desapercibidos al profesional del chiste en el grupo. De ello dan fe las palabras que le lanzó a aquel sujeto: “¿Qué bien vas ahí arriba tomando el sol, eh? ¡Con esa leña ya harás buenas barbacoas!”.

El pan

Cerca del final, la casa dels Quatre Vents, a 775 metros, parecía una atalaya que estaba a merced de los fuertes aires de la zona. Unos canes atados en las esquinas mostraban su cara menos amable, aunque el dueño decía que todo era imagen. Las vacas le hacían compañía al dueño, un hombre mayor que se recuperaba de fuertes sesiones de quimioterapia y veía su futuro con optimismo. No obstante, el presente era una casa por donde han pasado muchas generaciones y una higuera que brindaba sus granates y maduros frutos. Esta vez hubo que pedir permiso y disfrutar de las delicias de unos higos que sabían a regalo natural (de hecho, eran gratuitos). Aunque no todo eran momentos dulces. A un atleta en constante progresión le sorprendió “la caricia” de una avispa y le dejó un desagradable recuerdo. Más adelante, ya a la entrada de L'Espunyola, el olor a pan recién hecho formaba parte de esa técnica publicitaria que ahora cada vez está más de moda. Es el marketing sensorial, un moderno truco empresarial basado en lo de toda la vida: los buenos olores de los alimentos recién hechos se expanden urbi et orbe y animan a los sentidos más primarios a soñar con esos manjares. O sea, a conprarlos. Pius daba nombre a aquel horno que recibía al consumidor con una gran masera al fondo, grandes hogazas de pan cerca y dos señoras que se vieron sorprendidas por la avalancha humana, ávida de recordar los sabores de antes hechos ahora. Quien sabe de productos autóctonos, experta en flora, fauna y hongos, sorprendió al público ignorante con la compra de una especie de pan rallado típico de la zona. Ella decía que era excelente para la sopa de pescado. O sea, un secreto que no desveló hasta el momento de montar en el autocar.

Cal Curro

Como el dulce paseo dio para mucho, sobró tiempo para recordar aquellos momentos en que este bar del Pont de Vilomara llenaba las mesas de enormes jarras de cerveza. Esta vez fueron más pequeñas pero muchas. Bebida y comida. Porque, como dijo una vez el padre del presidente de la empresa Ford y después de Chrysler, Lee Iacocca: “En tiempos de crisis, la última cosa que deja de hacer la gente es comer”.
No se sabe los motivos pero se formaron dos grupos de comensales. ¿Quizá la gente más fashion estaba fuera y el resto dentro? Todos, bien regados por líquidos. Y, los de dentro como mínimo, degustaron detalles gastronómicos con que nos obsequiaron los visitantes de Brasil. Pero los de fuera sorprendieron al respetable con un detalle al cuello. Siguiendo con el moderno márketing, ahora también se puede colaborar en la esponsorización de una nueva barca tipo llaüt a cambio de un pañuelo amarillo. Y, además, con el honor de que tu nombre figure inscrito en una zona del exterior de la barca, bien visible.
Ya de vuelta, en el autocar, siguió el reparto: una postal de recuerdo de la fiesta de Sant Llorenç a la Mola, del pasado 10 de agosto, y un cartel anunciador de la Romería. Todo dado en medio de una sesuda conversación previa al breve conato de siesta. Se debatía acaloradamente sobre las predicciones catastrofistas del sabio Stephen Hawking. Un intercambio de ideas que apenas dio paso al momentáneo descanso.
El viaje de vuelta fue breve, significó el final de la primera etapa, un feliz encuentro que también puede ser propicio para terminarlo con un pensamiento:

“El secret de la felicitat
no rau a fer sempre el que es vol fer;
sinó a estimar sempre el que es fa”
Leon Tolstoi



Evaristo
Terrassa, 3 de octubre de 2008
http://afondonatural.blogspot.com

Novena etapa del GR1, entre el Molí d’en Vilalta y Gironella

¿Agua?, sólo en los pies



GRmanas y GRmanos:

Sobre ecuaciones de muchas incógnitas – Sobre aguas y lavados de bajos – A cerca de pastoras muy bucólicas - Micciones muy protegidas – Comidas con buen clima.


El sábado amaneció con el suelo mojado, lo cual podía parecer un pronóstico de lo que se avecinaba en una jornada que pretendía adentrarse “en el ojo del huracán”. O sea, decían que llovería allí y el destino final era ése.
Las bambalinas de cada etapa sólo están al alcance de ciertos comités de personas con trabajo extra. En esta ocasión la pulverización de las neuronas se agudizó con la famosa ecuación del tiempo. Una prueba matemática de muchas variables que nuestro coordinador creó a base de mucho insomnio consultando el oráculo de la Agencia estatal de Meteorología. El cometido de estos gabinetes de consulta es variado, depende de cada circunstancia. Algún día habría que publicar las historias ocultas que implican la coordinación de este grupo humano. En esta ocasión, alguien no recordó los elementos del gabinete de crisis, nombrados en la última asamblea, y abogó por una reunión consultiva y urgente de dicho comité. En vez de eso, se formó en la sombra digital “un sanedrín”. Los mensajes se sucedieron sin parar. Se trataba de ir más allá que las nubes, interpretar la quintaesencia del Meteosat, adivinar si llovería o no cuando los tantos por ciento fluctuaban pero no desvariaban. Al final, las ganas de volver al tajo andarín pudieron más que los pronósticos y el tiempo puso el resto. No llovió en general, aunque agua hubo y, por cierto, muy higiénica

Gotas y remos

Aquellas gotas iniciales sobre el asfalto no quedaron ahí. Las humedades matinales también limpiaron el parabrisas del carruaje con motor. Y la prevención del personal hizo que algunas mochilas apenas podían cerrarse por tanto recambio junto. No obstante, el detalle que levantó más sospechas fue ver a nuestra submarinista de élite con una mochila especial, por si acaso. Porque, si de lo que se trataba era que llevaba el neopreno, su olfato acuático podía causar estragos en el resto. Pareció que no le hizo falta. Ahora bien, los gurús del sanedrín arrugaron el entrecejo cuando aquellas gotas en el autobús podían avivar la polémica entre ir o no ir, quedarse o cambiar de planes: ser o no ser caminantes aquel día, esa era la cuestión. Y fue la claridad, el amago del falso sol en días con nubes amenazadoras, las circunstancias para caminar con la espada de Damocles encima.
Como el tema era propicio, qué mejor que hablar del remo. Ella decía que se presentaba a la etapa cansada por remar la noche anterior. Al ser preguntada si lo había hecho en seco o en mojado, aclaró su nueva apuesta con un tipo de remo largo, duro, consistente pero pesado. Dice preferirlos de fibra tipo kevlar. Ha empezado a competir en un tipo de embarcación antigua, el iagout, en Lloret de Mar, pero sólo remaban mujeres.
Días después, fuentes bien informadas aseguran que en algún sector se continúa hablando de agua pero marina. Al parecer, dos Grmanos hombres se están introduciendo de forma sibilina en el mundo de la náutica. La primera sesión de navegación marina la acaban de recibir. Se supone que ya no confunden un cabo con una cuerda. No se sabe si sus miras pueden estar en la inversión, a corto o a largo plazo, en algún tipo de embarcación que los distinga del resto de los mortales de mochila.

Aguas dulces

De entrada, la zona inicial del molí d’en Vilalta debió estar muy bien buscada por quien molía. Agua por todas partes que desaguaba en la riera de Merlés. A 500 metros sobre el nivel del mar, la frondosidad de esta primavera era la antítesis de los lamentos por la sequía de no tantos días atrás, con cañería incluida. Era una muestra de cómo las preocupaciones temporales evolucionan. Mientras, los charcos se sucedían, la riera Regatell parecía un río y algunos caños de las fuentes no daban abasto. Tanto verdor de golpe impactaba, miraras a donde miraras. Nuestra experta en botánica no daba abasto a identificar flores. O a invitar a degustar algunas de pétalos azulados que ella comía en su más tierna infancia. Y, a decir verdad, eran gustosas.

Lavado de bajos

Ni los perfiles de la maquinaria digital GPS ni los mapas a la vieja usanza (en papel) detectaron con tiempo que tanta agua daría lugar a ejercicios diversos si es que se quería proseguir el camino. Los oteadores que iban en avanzadilla luego se percataron de que la primera dificultad orográfica más bien era hidráulica. Una riera se interfería en el camino a modo de reto. Iba con agua suficiente como para hacer trabajar las neuronas. El paso era obligado y los caminos posibles sólo daban una opción: cruzarla. Hubo intentos de instalar supuestos pasos con maderas de la zona. Pero como que no. Por tanto, no quedaba más remedio. Había que dejar al aire las zonas más bajas del cuerpo y enfriarlas. Fue un buen motivo como para componer otra cara de GRMANIA: que si me tengo que sentar para quitarme el atuendo, que si resbalo, no salpiques, el agua está fría, a ver si te caes como aquella vez le pasó a…, mira por dónde y no he traído toalla, por fin un día me lavo los pies, ahora con qué me seco. O bien, pensamientos futuros por si otra riera obligaría a lavarse otros bajos que están un poco más altos. Por primera vez, todo el personal tuvo que enseñar los pies en agua dulce. Y quizá fuera por el tono del agua fría de aquel momento, o porque las varices bombearon mejor la sangre, el caso es que esta etapa se acabó más pronto de lo planeado.

Bucolismo

Tanto verde, tanto pasto, tanta explosión ardorosa de la primavera tardía desembocó en un alto en el camino para saciar alguno de los apetitos. Parada digestiva que también sirvió para coordinar la comida de hermandad que cierra la temporada. Y para buscar a una pareja de expertos cocineros que pretendían guardar su secreto de maestros en el arte del rancho para colectivos. Pronto nos mostrarán sus habilidades culinarias.
De nuevo en ruta, con las botas casi vaciadas y cierta alegría corporal por la recuperación de las calorías perdidas con pasos honrosos por frescas rieras, alguien del grupo trasero revivió en voz alta sus más tiernos deseos de la infancia. Al paso por un corral de ovejas, ella no pudo menos que proclamar en voz alta que una de sus ilusiones profesionales hubiera sido ser pastora. Y las miraba con esa ilusión de la más tierna infancia. Dentro, el pastor casi a punto de jubilarse quizá le hubiera cedido de buen gusto la cacha, los perros y el caliqueño si se lo hubiera propuesto en serio.


Búsqueda

El Lluçanès debe guardar sus mejores secretos al aire libre. Puede que estas circunstancias meteorológicas y primaverales brindaban una ocasión única para contemplar una alfombra tan verde, tapizada por el colorido de las amapolas y otras especies. La diseminación de las pocas casas daba aún más protagonismo a unos campos que pronto cambiarían de tonalidad. Al fondo, siempre estaba la referencia del prePirineo y cerca, un pequeño pueblo famoso por tener uno de los mejores restaurantes de la zona, Sagàs, a 740 metros. Pero el GR fue directo a la iglesia de Sant Andreu de Sagàs, situada en un promontorio con unas escaleras que invitaban a la típica foto de grupo. Era románica, con panel explicativo fuera y porche con diversos carteles que anunciaban o buscaban: quien quisiera ir a misa tenía sus horarios; si en la zona había matrimonios en potencia para el 2008, allí los preparaban; quien quisiera ir a Lourdes en el 41 peregrinaje, allí le informaban; y también anunciaban que las vocaciones nativas eran responsabilidad de todos. Era una iglesia románica con mucho contenido.

Sonidos

La quietud y tranquilidad de la etapa se veía alterada por algún tractor o por la alegría dicharachera de los pájaros que parecían mantener discusiones inacabables en las ramas. Es la primavera, hermano. La perspectiva del paisaje poco a poco dibujaba la perspectiva de las montañas que hay encima de Berga. Altitudes con el monasterio de Queralt en medio y con el recuerdo de muchos sudores de algunos componentes de GRMANIA no hacía tanto tiempo atrás. Carreteras que se van abriendo por en medio del paisaje a modo de dentelladas al terreno. Movimientos de tierras para hacer balsas, construir puentes y asfaltar la rapidez en movimiento. Y ruido, mucho sonido de tubo de escape en la lejanía. Olván, a 555 metros, tenía enfrente una pista de entrenamiento para motos de trial. Enormes desniveles afrontados a todo gas, con motores que empujan con rapidez. Casi enfrente, algunos recuerdan otras muy pronunciadas subidas y bajadas a Rasos de Peguera, empujados sólo por las justas fuerzas del fuelle humano.

Micciones

Uno de esos que se dedican a hacer estudios de cualquier ocurrencia dice que cuando hay agua que corre se excitan algunos esfínteres corporales. Por eso al lado de las fuentes es habitual que haya un letrero con la prohibición de juntar aguas menores con las emergentes naturales, estén o no analizadas por el laboratorio de Oliver Rodés. En cada etapa es habitual la diseminación del personal para menesteres muy íntimos. Pero lo que no es normal es que alguien detenga la marcha de todo un grupo sólo porque un ilustre atleta avanza unos pasos y se regodea pareciendo hacer de la necesidad virtud. Mentes que van más allá sugerían otras habilidades manuales. Pero en estos casos siempre hay una voz que sitúa las habladurías en su sitio: una cosa es la necesidad y otra la diversión. Después de esto, prosiguió la marcha.

Climas

El final se acercaba, aunque para llegar había que sortear pasos asfaltados con curvas muy pronunciadas, falta de marcas por movimientos de tierras y atisbar para comprobar que las primeras casas de Gironella eran aquéllas que se veían en lontananza. La llegada tenía un objetivo importante, la búsqueda del casal La Llar. Allí ya habían preparado las mesas quienes acortaron la etapa con el autocar.
El local daba seguridad, no tanto por el sitio sino por ser la primera vez que uno come con una ambulancia medicalizada al lado y a punto. Se supone que nada tenía que ver con que este sitio fuera frecuentado por terceras y cuartas edades, refugiadas allí también por un anuncio en la puerta: “local climatizado”. Debía estar oculta esta maquinaria porque sólo se veía un espacio tipo almacén, con antiguallas como máquinas de coser, instrumentos de gimnasia inoperantes y sillas modelo posguerra. Pero la ambulancia estaba enfrente. Y, en una esquina de la sala, había una cartelera que en nada se parecía a la de la iglesia de Sagàs. Aquí la tercera juventud iba más a lo terrenal y a lo práctico: la cena de Navidad, vacaciones del Inserso en Mallorca, taller de manualidades, viajes culturales.
Los comensales se entregaron a los placeres digestivos entre risas, bromas y anécdotas curiosas. Mientras los espontáneos que tan eficazmente se transforman en camareros atendían las demandas del personal, los diversos temas que se tocan dan que pensar. Una facultad ésta que le sirvió a nuestro filósofo para enseñar con un ejemplo extraído de uno de sus brillantes discípulos, el cual, ante la invitación que una vez le hizo para que pusiera en práctica la facultad de pensar, le respondió: “¿Y eso cómo se hace?”.

Y, para cerrar pensando, aquella otra cita de Basilio Martín Patino quien, en su libro “La seducción del caos”, escribió:

“Nada sigue siendo tan engañoso como las evidencias”


Evaristo
Terrassa, 10 de junio de 2008
http://afondonatural.blogspot.com

domingo, 7 de septiembre de 2008

“Carros de Foc”: es la vida



Esta gran aventura que es la vida dicen que está llena de otras aventuras. Por lo que se ve, todos somos aventureros a diario, aunque a veces nuestro principal reto sea cruzar un semáforo sin que te pille un coche o pasarlo apurando el color ámbar al máximo sin que te intercepte el policía de turno. Aventurarse también es llegar a fin de mes con o sin crisis, buscar un piso a salvo de los ahora deprimidos tiburones de la especulación, entender al hijo o hija adolescente, saber qué hacer con el familiar enfermo o viejo, encontrar entusiasmo en la rutina vital diaria o animar a quien lo necesita cuando quien más lo demanda puede ser el que vende optimismo.

Pero, además, y no siempre con mayor valor, existe el otro encuentro con realidades a las que quieres conquistar, vencer o probar a qué saben. Mientras, te sometes a un largo ritual con entusiasmo y con esos interrogantes que no despejarás hasta el final. Llegado el verano, cumplidos ciertos años o planteados determinados objetivos, uno se echa hacia adelante y pregunta al resto de miembros acompañantes la misma cuestión: y...nosotros, ¿por qué no?
Un grupo de cinco personas en medio de algunos cientos se entrega a la conquista de la camiseta roja, prueba de haber acabado “Carros de Foc” en menos de 24 horas (más de 56 km y 9.200 metros de desnivel acumulado en la alta montaña del Pirineo, entre 2.000 y 2.800 metros de altura). Casi a la misma hora, en los Alpes, la Ultra Trail Montblanc. más de 160 km en menos de 48 horas, con 19.000 metros de desnivel acumulado. También, un gentío a la conquista del Mont Blanc durante todo el verano. Y antes, mucho antes, grupos de montañeros en el Nanga Parbat o en el K-2. ¿Cómo acabará todo?

“Carros de Foc”

En estos tiempos en que la fragilidad de la sociedad aumenta a medida que crece el desarrollo, los retos también tienen cabida. Enfrentarse a circunstancias extremas, probarse para ver hasta dónde se es capaz de llegar, saber qué significa el máximo esfuerzo, sufrir, sudar, estar en el filo del riesgo, ser algo inconsciente: acciones para momentos de ocio que nunca se aceptarían en la jornada laboral impuesta por un superior. Pero acciones muy bien envueltas por ese lema del gran ciclista Carlos Sastre: “ilusión, respeto, sacrificio”.
La montaña es un símbolo más de un lugar en donde la verticalidad apunta bien alto, donde parece que la altura selecciona a la especie humana que por ella trepa, donde abundan unos valores muy marcados por las circunstancias, un sitio con tan grandes atractivos como para sentir muy adentro el valor de la conquista de lo aparentemente inútil.
¿Qué es Carros de Foc? Además de una película con música de Vangelis, los “Carros” son muchas montañas y muy altas, varias comarcas catalanas del Pirineo enlazadas por una ruta iniciada por los guardas de algunos refugios, grandes espacios de belleza exultante con innumerables lagos, bloques de piedra, muchos embalses y demasiadas estrellas si la meteorología es propicia. En este entorno se sitúa una aventura. Un camino muy duro pero hermoso, situado entre dos mil y tres mil metros de altura, con dificultades externas e internas. Someterse a su recorrido implica enfrentarse a un entorno cautivador, a muchas dificultades orográficas, a piedras y desniveles, a imprevistos peligrosos. Pero también exige una mirada hacia tu interior para descubrir por qué lo haces, si tu mente es capaz de aguantar el recorrido, si tus ánimos no harán desfallecer tu cuerpo, si tu compañía servirá para ayudar al resto, si las dudas o las confusiones echarán al traste las ilusiones iniciales. Y también aparecen las horas de entrenamiento previas, las renuncias a tantas propuestas veraniegas, las consultas a tantas fuentes informativas, las incógnitas hacia lo que sucederá. Todo esto es “Carros de Foc”, en la modalidad abierta a varios días pero sobre todo en la de veinticuatro horas: 55 km. en alta montaña, en medio de 9.200 metros de desnivel para hacer en un límite de tiempo. Sin embargo, más que esto es la alternativa del mismo último fin de semana de agosto: la Ultramaratón del Montblanc.

Inicios

Dice el folleto informativo de la organización que “Carros” nació fruto de la osadía de los guardas de algunos refugios de este Pirineo. Querían completar una travesía a pie que uniera sus albergues, situados en las comarcas del Pallars Sobirà, Pallars Jussà, Alta Ribagorça i Val d'Aran. El valor se le supone a tan intrépidos y aguerridos personajes. El mismo que deben tener quienes año tras año acuden a la cita con una ruta exigente, llena de riesgos pero también abierta a descubrir qué haces tú allí, cómo reacciona tu organismo a tamaño esfuerzo, cómo se dilatan tus pupilas con esos paisajes, qué hace tu seguridad vital en un entorno sin cobertura de telefonía móvil, cuál ha sido el nivel de aciertos a la hora de elegir el equipamiento y material, cómo te comportarás en caso de tener que ayudar a alguien, qué sensaciones tendrás si la acabas en menos de veinticuatro horas, cómo asumirás hacerla pero pasando unos minutos del tiempo estipulado, o qué pensarás si no te queda más remedio que retirarte. Y qué contarás después para justificar que no pudiste. Qué aprenderás de las causas de tal impotencia. Cómo explicar que “Carros de Foc” fue más fuerte que tú.
- Iniciar es preparar: entrenamiento, prendas que ponerse, gente con la que ir, mochila, agua, productos artificiales para ayudar en determinados momentos, pensamientos de autoayuda, refugio donde dormir, mirar al cielo o a Internet para consultar los modernos oráculos meteorológicos.
- Preparar es empezar: trazar la ruta de aproximación, organizar el recorrido, prever los tiempos de paso y lanzarse a consumar la obra. Preparar es mirar a tu entorno, saber por qué has escogido a las personas que te acompañan, escrutar sus valores, saber en qué son más fuertes que tú, conocer sus puntos débiles que se convertirán en tu objetivo de ayuda. Preparar es leer. Por ejemplo, el artículo "Guerreros del hielo", publicado en National Geographic en enero 2008. Es el relato del intento de conquista del Nanga Parbat, a 8.126 metros, la montaña desnuda, el 12 de enero de 2007 con un frío indescriptible en la cordillera del Karakorum, Pakistán. El 14 de enero acabó la expedición. Zaluski y Jawien se tuvieron que retirar cerca de la cumbre, dos alpinistas que son un símbolo de la mayor especialidad de Polonia en montaña: la conquista de montañas de ocho mil metros en invierno.
- Leer es pensar: en que el éxito y el fracaso son dos posibilidades paralelas, en que estar allí y atreverse ya es una victoria, en conocer otras vidas aún más audaces que sobresalen entre la rutina, la monotonía, el sedentarismo y la repetición constante de los mismos actos en que se guía la vida de muchos mortales.
- Pensar es descubrir y escuchar: la amabilidad y atenciones del guarda del refugio de Amitges, Valentí; la humildad y el espíritu de ayuda de Kiko Soler, un número uno que siempre se pone a tu altura;las explicaciones y buena conversación de uno de los mejores escaladores del mundo, Toni Arbonés; la altivez y el orgullo de algún joven número uno mundial que en aquel momento destacaba en el trail del Montblanc, víctima sin duda de una crisis de éxito juvenil; las conversaciones que giran en torno al mundo de las montañas; los consejos que te dan quienes tienen más experiencia; el buen ambiente que se crea a 2.380 metros de altura; el equipo de cada uno y por qué lleva eso y no otra cosa; la sinceridad de quien es derrotado por segunda vez; la fortaleza y valor de las mujeres; las diferentes formas de ver la montaña entre gentes venidas de rincones diferentes; la capacidad de entenderse y de demostrar valores humanos en un espacio tan reducido. Porque, aunque dicen allá abajo que las pequeñas dimensiones crean agresividad, aquí arriba éstas se convierten en un agradable refugio que actúa como muro separador de los grandes espacios de puertas afuera.
Escuchar es aprender para empezar a caminar: ver cómo alguien hace estiramientos, observar con prismáticos la evolución de un grupo de chicas escaladoras colgadas de una pared vertical enfrente, descubrir qué dirá aquel cartel que pintan para dar la bienvenida al que menos tiempo había hecho, fijarse en la forma de protegerse los pies de gente experimentada, adivinar la razón que tendrán tantos pies diferentes para elegir entre tantas marcas distintas de calzado deportivo, imaginar por qué hay quien lleva bastones y quien no, penetrar en el cuerpo de los que pasan el control para comprobar si es verdad que dicen estar muy cansados o no tanto, hablar de ETA con un vasco de Durango y condenar todas las violencias en todas sus formas.
Caminar es conocer: pasar por un sitio es pisar un terreno con un pasado, un presente y un futuro. El parque nacional de Aigüestortes, con sus indudables atractivos naturales; una comarca con un futuro incierto. Constructoras que estuvieron al acecho, hicieron y ahora han han parado para ver qué pasa; la despoblación, ya desde hace tiempo; las intrigas políticas entre personas que pretenden dirigir los destinos de estos lugares; estaciones de esquí compradas, vendidas y ahora en manos del poder autonómico, con antiguas ansias constructoras como telón de fondo; el monocultivo del esquí bajo el cambio climático y bajo el poder de la estación más grande (Baqueira Beret), de la que está más de moda, de la más aristocrática y real, de un pulpo que ya extiende sus tentáculos más allá de la Val d'Arán, de la oposición de grupos ecologistas y ya se introduce en estas zonas. El pez grande que se come a las otras más pequeñas (Espot, Portainé); suspensiones de pagos, créditos oficiales salvadores quizá con supuestos intereses personales ocultos. Al parecer, aquí pasa lo mismo que allá abajo.



El camino

Los cinco se ponen en marcha a las tres de la madrugada, acompañados de muchos y anónimos frontales que se unen por la hora. Sin luna arriba, la luz es demasiado artificial y la orientación, a base de hitos de piedra y de GPS. Paso ligero, dudas , intuiciones, marcas de GR, refugios, subidas, bajadas, piedras, vacas, sellos en el forfait, el amanecer, la luz que destaca las formas, el naranja reflejado en los lagos, la foto de grupo, el pie que se cuela otra vez en un agujero, el sudor continuo en medio del frescor matinal. De pronto, se ve la velocidad de una silueta humanas muy acelerada. Un practicante de esquí extremo y actual escalador sorprende por cómo combina los bastones con la rapidez de piernas, sorteo de piedras y cuerpo hacia adelante. En doce horas acabó. Mientras, los cinco siguen, aceleran el paso y se sitúan a los pies del maligno, la altura máxima, el Contraix. El muro. La frontera. El gran esfuerzo. Los bloques de granito. La cascada a la derecha. La confusión hacia Colomers a la izquierda. El cartel aclarador, un poco más adelante. Recto y arriba. Mucho sudor. Gran consumo de agua. Empinadas y tortuosas piedras. Cuidado, alguna se mueve y amenaza la integridad física del de abajo. Los cinco se confunden de camino, enmiendan, gastan energías físicas y confianza moral, llegan a la gran cima a más de 2.780 metros, bajan controlando pisadas, sobrecargas musculares, posibles lesiones y el tiempo que les queda. Una ecuación que pronto será despejada. Un tiempo que se consume más pronto de lo previsto. Las posibilidades de entrar dentro del tiempo marcado se acortan. Uno de los cinco sigue veloz y seguro hacia abajo. Está muy entrenado. Sabe pisar con más seguridad Es más joven. Es mejor. Ahora va a por todas y seguirá adelante hasta acabar “Carros” en menos de 24 horas. Igual que muchos otros.

El final

Pero también los hay que el tiempo gastado les aconseja ser prudentes, dejar el resto de la empresa para otra ocasión, asumir lo hecho como un logro muy positivo y pasar a formar parte del pelotón que abandona. 18 horas por alta montaña es otro éxito que no te da acceso a ninguna camiseta conmemorativa. Un tiempo que pasa factura en la musculación, en los objetivos y también en los mensajes. Recuperación física. Una retirada que enseña. La respuesta a quien te obligue a decir que dejarlo no es sinónimo de renunciar para siempre. El repaso al provecho de tantas horas dedicadas a entrenamiento físico y mental. Pero no. No es una derrota. El Nanga Parbat sigue ahí para los polacos. El Montblanc ya no está para quienes perecieron este verano. Tampoco el K 2 existe para quienes su sepultura es de blanco inmaculado. Pero para los cuatro sí que permanece “Carros de Foc” en un mapa y en la memoria. No se sabe si habrá otro intento o no. Algunos ya copian de los polacos y en su interior quieren volver a la carga.
De todo se aprende allá arriba. Aquel esfuerzo les obligó a sudar mucho. Y alguien recordó en su interior de nuevo a Begoña, la maestra responsable del aula de la naturaleza de Cuevas, en Asturias. Esa encantadora mujer, amante de travesías por las montañas de Picos de Europa que este verano se le sinceró con un pensamiento: “Los mejores amigos los he hecho sudando”.
Pero el sudor sólo se evapora. Suele ir acompañado de algo más, de eso que los grandes montañeros y escaladores dicen que tiene el medio en el que se mueven. Aunque mueran este verano en el intento y se abandone su búsqueda, su mensaje es recordado mientras transitas por esta aventura humana que es la vida. Por ejemplo a Pavle Kozjek , el único alpinista que se atrevió a denunciar la matanza de niñas chinas en Nangpa La por parte del ejército chino y de la que fue testigo.
A quienes no fuimos capaces de acabar Carros de Foc en menos de 24 horas, nos consuela saber que otras oportunidades habrá y que el pensamiento de este hombre es más importante que una aventura:

“Mi opinión es que el alpinismo, sin Ética ni Humanidad, no es nada. Estas dos cosas son esenciales y son las que hacen del alpinismo algo diferente. No hay ningún valor en buscar la cima olvidándote de todo lo que hay alrededor tuyo.”



Evaristo
Terrassa, 7 de septiembre de 2008

domingo, 24 de agosto de 2008

Ribadesella: descensos en el tiempo

Los símbolos de diferentes épocas a menudo se plasman en realidades comprobables, aunque las distancias temporales sean evidentes. Un pueblo costero como Ribadesella, antiguo enclave ballenero, importante puerto en el siglo XVIII, ahora se adorna con figuras pasteleras de princesas periodistas, ofrece una gran concentración humana con la disculpa de seguir un evento deportivo, como el descenso del Sella, y también permite ver restos paleolíticos del magdaleniense.
La puerta de entrada a la cueva de Tito Bustillo, en Ribadesella a 6 de agosto de 2008, muestra dos realidades bien diferentes. Fuera, ya hay aparcadas varias autocaravanas, desplegadas muchas tiendas de campaña y decenas de jóvenes se aprovisionan de muchas botellas. Tres días antes del descenso del Sella, el ambiente exterior es el habitual por estas fechas. Traspasada la puerta, el paleolítico superior asoma al fondo de la enorme cavidad que, previa reserva de entrada, enseñan con excelentes explicaciones. 0,60 céntimos es el precio para los adultos, en contra de los 20 euros de quienes montan su tienda en lugares habilitados al efecto.
Al parecer, los primeros habitantes de estas tierras se refugiaron en cavidades cercanas al mar. Aunque éste no estaba tan cercano como ahora, el ambiente era ideal para vivir en aquellos años, con bosques al lado y alimentos al alcance de la mano. Los de hoy también se concentran cerca del agua, el sustento más o menos lo tienen asegurado y los líquidos también. Aquéllos se supone que bebían agua. Éstos, lo que les echen pero que sean derivados de la manzana, de la cebada o de las uvas. Ambos se han juntado para convivir, defenderse, poner en práctica sus creencias o divertirse. Pero los de ahora se arriman tantos en tan poco espacio que los roces dan mucho de sí, los desequilibrios corporales a altas horas son habituales y casi no queda sitio ni para cierta intimidad a la hora de nesidades corporales ineludibles.

Concentraciones seguras
Un pueblo de 7.000 habitantes recibe 300.000 más sólo para tres días. Como se ve, pocas declaraciones de interés turístico internacional reciben tantos devotos. Muchos menos fueron los sujetos que ocuparon estas tierras años ha. Allí sí que había sitio, tanto en el exterior como dentro de una cueva tan inmensa como la de Tito Bustillo. El mar estaba lejos, no así ahora el agua dulce, salada o embotellada. No deja de ser un lujo el establecerse por unos días en una zona ocupada hace tantos años, muy densamente poblada en estas fechas de principios de cada agosto.
Las medidas de seguridad de la zona final del descenso del Sella comienzan a acordonar el territorio desde una semana antes. La organización del evento y el resto de autoridades competentes en el tema deben tenerlo todo muy bien preparado para intentar la ardua tarea de acomodar a tanto gentío de mochila, nevera y tienda de campaña. Los chalecos reflectantes distribuidos por la organización comienzan a aparecer casi al mismo tiempo que las primeras tiendas se instalan en la zona. Uniformes también los hay en la cueva, donde te conducen profesionales de una visita muy bien preparada. La realidad es que entre cámaras de vigilancia y atuendos oficiales parecen querer dar seguridad a casi todo. Por ejemplo, en los aledaños de Ribadesella los jóvenes asistentes que vienen en cuatro ruedas pueden padecer aleatorios controles de seguridad. Los del benemérito cuerpo los someten a inspecciones a la entrada, se supone que a la búsqueda de sustancias, rayas, pastillas, negocios y otros derivados. También a la entrada de la cueva las amenazas se anuncian. Además de los grados de temperatura de su interior, quien se encarga de guíar avisa de prohibiciones varias. En esta vida de órdenes a menudo el NO va por delante, como si no supieran que es más amable avisar con invitaciones redactdas con un lenguaje más cercano, positivo y convincente. La guía previene de posibles delitos si alguien quiere ocupar su memoria digital con imágenes del interior. E implora a acudir también al benemérito cuerpo con el supuesto infractor. A la salida, si alguien quiere llevarse alguna postal o copia digital de las pinturas, imposible conseguirlas en la cueva. Aún no ha llegado hasta aquí el agobio de la tienda con el recuerdo artesano made in China. En el pueblo se encontrarán, dicen.

Grutas
La visita a la cueva significa un viaje en el tiempo, vencer la imaginaria claustrofobia y dejarte guiar. Aunque la entrada peatonal no coincide con la real de aquellas gentes, el nuevo mundo es oscuro para el neófito pero bien estudiado para que comprenda algo de la vida de aquellas personas. Igual que si, con nocturnidad y alevosía, alguien abre la puerta de lona de una tienda de campaña cercana y observa la composición del conjunto. Asegura la guía que los muy antiguos se guardaban allí para refugiarse, hacer rituales, vivir o protegerse. Los muy modernos lo hacen sólo para atender necesidades muy básicas, el resto del tiempo transcurre en el exterior, entre la diversidad de gentes que al final se entienden. El recorrido por los mundos antiguos anuncia sitios con pinturas que no se enseñan. Por ejemplo, El Camarín de las Vulvas. No cabe en ese sitio grupo tan grande para contenidos tan delicados. Claro que en las tiendas de campaña de todo hay y con mucho gozo. En aquellas cavidades había zonas ocultas que guardaban intimidades que nadie explicó a qué se debían. Hoy las intimidades pertenecn a sus propietarios y se enseñan a quien se quiere.

Gotas
La belleza y monumentalidad de la cueva no sólo se debe a las pinturas originales del paleolítico. Durante el recorrido, en un momento dado, la explosión de estalactitas y estalagmitas cautiva la vista. En algunas zonas su espectacularidad dilata las pupilas y propicia que la guía explicara su formación caliza. Gotas y gotas de agua conducidas a través de los tiempos, pinceladas de pinturas de animales más allá, salas, túneles, cavidades verticales u horizontales, lugares por donde descendieron los primeros espeleólogos, entre ellos el homenajeado por su muerte prematura en Picos de Europa con el nombre de la cueva. Gotas y más gotas mezcladas con hielo en concentraciones allá fuera, ajenas a estas historias de debajo tierra. El agua es capaz de deleitar con estas formaciones, de sorprender con el rumor de un río subterráneo que se oye allí, de concentrar a la masa humana con la disculpa del descenso del río Sella, de enervar los ánimos con destilados varios, de enfriar bebidas y hasta de higienizar los cuerpos sometidos a jolgorios diversos.

Cuevas
A Tito Bustillo ya la están clonando. Un simulacro de cueva se prepara allí al lado. Las visitas, el aire humano y el estado de las pinturas animan no a cerrarla pero sí a reproducirla. Cerca habrá una estructura parecida pero diferente. Sin cerrar la original, se acogerán las visitas en otro ambiente más artificial. Hasta ya hay simulaciones en tres dimensiones que recrean aquellos ambientes prehistóricos con auténtica exactitud. Todo sea porque desaparezca esa capa blanca observada encima de algunas recreaciones pictóricas. Seguro que la herencia de aquellas gentes se preservará mejor. Mientras esto ocurre, vale la pena reservar y visitar la original. La calidad de las explicaciones del personal es muy elevada para turistas interesados en aprender más de primera mano.
No será por falta de cavidades en una zona llena de lugares en donde han quedado huellas pictóricas del paso humano. Pero también Cuevas se puede escribir con mayúscula en medio de una frase. Responde a un lugar único y cercano. Un pequeño pueblo donde el ambiente rural aún existe. Donde las vacas y los hórreos son de verdad y hasta se pueden ver cultivos como el limonero, el naranjo o los kiwis. Para apreciar este paisaje, antes de entrar en el pueblo hay que pasar en coche por dentro de la Cuevona del Agua. Imaginación hecha realidad: una cueva de 300 metros, dentro de la cual transcurre una carretera, iluminada parcialmente para apreciar las estalactitats y estalagmitas. Si el conjunto impresiona, más aún llama la atención cuando se desconoce y uno penetra con el coche dentro del conjunto por primera vez. Parece una ficción, una aventura gratuita con un final desconocido. Y gratis.
Más allá aparece el pueblo de Cuevas del Agua. Muchos hórreos, vacas propiedad de un joven soltero con más amor a la vida rural que aparente interés por casarse y un albergue que también es aula de naturaleza. Acercarse a las antiguas escuelas reconvertidas es una experiencia llena de detalles. Cuidado con ellos. Entre más pequeños, más interesantes. En primer lugar, llama la atención la entrada al albergue. La primera incógnita es saber quién está detrás de un entorno en el que se recibe al visitante con una sorprendente frase enmarcada al lado de la puerta: "La esencia del ser es la alegría". Luego, el interés se acrecienta cuando entras y ves el amor por enseñar naturaleza plasmada en una sala llena de lecciones en la pared. Plafones preparados para interpretar el medio natural, amor y delicadeza en el olor, libros apropiados para el objetivo, mobiliario adecuado y una gran persona detrás de todo: Begoña. Una maestra de Madrid que quedó tan enamorada de Asturias y de este lugar que lo ha convertido en uno de sus motivos de vida. Ella, la que incita con su ejemplo a una continua alegría, que atiende al visitante como en los mejores museos, ella encanta la estancia, a pesar de que la vida no siempre le ha sonreído como se merece. Pero fortaleza no le falta. Ojalá. Cuevas también es ella y su trabajo para que los alumnos que visiten su aula de la naturaleza conozcan la ruta de los molinos, la Cuevona en todos sus detalles, los hórreos con el nombre de su propietario y, sobre todo, la amabilidad de enseñar algo que lo vives y te apasiona. Y una frase de Begoña dedicada a aventureros, montañeros, senderistas y otras especies amantes de los grandes espacios: "Las mejores amistades las hice sudando".

Semióticas
Los descensos temporales sitúan al visitante entre los 14.900 años de los ancestros que dejaron sus marcas en Tito Bustillo hasta los contemporáneos que vienen a disfrutar el 72 descenso internacional del río Sella. Dos franjas de tiempo separadas por unos metros de asfalto que exigen ir con los ojos muy abiertos para interpretar el medio. Sobre aquellos años la guía asegura que aún no se han depejado muchas de las incógnitas que se plantean los expertos sobre las pinturas de caballos, vulvas o ciervos. A qué obedecían estas representaciones, qué estado emocional transmitían, en qué circunstancias. Incógnitas distintas a las señales que en estos días se pueden ver en los espacios cercanos al Sella, propensas también a interpretaciones: montones de basura que quedan en el lugar, ausencia de conflictos y buena convivencia entre tanta gente, estados de enajenación mental momentánea inducidos por sustancias diversas, aspectos externos variopintos, diversiones nocturnas, mucho deporte de piraguas y canoas en las aguas del Sella, marcas de todo tipo que responden a algo.
Un habitante del pueblo de Cuevas había reflexionado mucho después de asistir a más de cuarenta descensos por un río muy cercano a su domicilio. Su mente, habituada a un ambiente rural concreto, anotaba ciertas reflexiones sociológicas sobre el evento de gran valor. El lugareño alababa la condición humana. Tanta gente reunida en un espacio de diversión tan reducido apenas provocaba incidentes. Decía que las veces que las fuerzas del orden quisieron ejercer como tales, provocaron lo contrario. Afirmaba que para las gentes de la zona resulta una expolosión de población tan grande que el evento se justifica una vez al año. Y eso a pesar de que queda muy lejos el espíritu inicial no competitivo del primer palista que descendió el río, allá por 1929, Dionisio de la Huerta. Persona recordada cada año con rituales establecidos en cada edición. No se olvidaba del grado de conocimiento de la zona que ha dado este descenso internacional del Sella, con negocios rotundos para algunos, y con el efecto visual que crea en verano un río plagado de unas 2.000 canoas diarias con modernos aventureros que pagan 20 euros por bajar los 16 km del río remando.

Un pueblo, una cueva, un río, un deporte y una fiesta. Gentes diversas que se aventuran a participar y consumir su tiempo vital como creen mejor. Son esas manifestaciones de la vida que, dentro de miles de años, quizá alguien estudie para descifrar qué relación pudo haber entre una canoa, una botella de sidra, un molino, una vulva, un hórreo y otras señales de una fiesta. Pero de eso se ocuparán otros más tarde.

domingo, 4 de mayo de 2008

Octava etapa del GR1, entre Alpens y el Molí d’en Vilalta

Patrimonio cultural al aire libre primaveral




GRmanas y GRmanos:

Una duda: ¿veinte centímetros o veinte segundos? – Sobre trotadores con feromonas sueltas – acerca de lecciones en torno al color verde – sobre la sabiduría de un letrado guía – sobre Quico y Kiki.



La primavera, la cultura y comer sentados debajo de un tejado ya son elementos aglutinadores que se han pasado a la categoría de tradición cuando toca. Ya son tres los años en que el destacamento andarín se sorprende a sí mismo con títulos literarios, gastronomía puesta en mesa y las diversas manifestaciones de una primavera que ya hace un mes que está aquí.
Y allí estábamos, en los puntos de salida, con autocar más grande de la cuenta y también con más asientos vacíos de los previstos. No obstante, podíamos haber sido más pero las circunstancias también cuentan y restan.

20 segundos

La sociología del espacio del autocar ha alcanzado tal nivel de estabilidad que pronto habrá que personalizar los cabezales de cada asiento con el nombre de quien lo usa. Junto a la hoja Excel de reservas quizá en un futuro habrá que adjuntar los asientos sin dueño consolidado, y también los intocables.
Atrás, sin embargo, la ley es un cierto desorden tanto en contenidos como en continentes. Para empezar el orden del día, primer tema, carreras. Se consiguió adormecer a nuestro hombre experto en calentamientos globales, el cual se situó atrás pero debió echar de menos tener al lado a alguna de aquellas personas que tan bien le acompañarían después en la mesa redonda de la comida.
Pronto se empezó a oír el número 20, el cual era objeto de veneración por parte de dos atletas. No discutían de si el tema era sobre longitudes de 20 cm, se encomendaban al Champion Chip y a Internet para pasarle por la cara del contrario que los 20 segundos de diferencia en la cursa dels Bombers justificaban la temporada. Y mira que pasa rápida esta fracción temporal, pero en el ego personal da mucho de sí. Alguien que pasa de los cincuenta se crecía ante quien aún presume de estar aún en la cuarentena y no es maratoniano.

Blanco al fondo, verde al lado

La claridad del día mostró uno de los primeros matices de esta primavera: el autocar parecía que avanzaba al encuentro de la nieve. Al fondo, el Pirineo Oriental resplandecía con su blanca luz, un decorado que se complementaba con el verdor de los cereales de secano, las primeras amapolas, el estreno de las hojas recién salidas y ese alimento líquido en forma de agua que empujaba a todo hacia la explosión final. Es la primavera, aunque aún los robles no se han atrevido a cubrirse con su nuevo ropaje. Dicho lo cual, hubo oportunidad durante todo el camino para ver, sentir, escuchar y pisar ese patrimonio natural que también es cultura viva.
El Lluçanés, a caballo de muchos sitios, parece una extensión de terreno puesta allí para girar la cabeza en todas las direcciones. La panorámica es como si la zona central de Cataluña girara en torno a ti. Y tú ahí en medio, en la altiplanicie que te brinda muchas posibilidades. De hecho la historia se repite: ha habido muchos lugares por donde GRMANIA ha pasado en que la sensación de infinito es evidente, ver los mismos sitios desde otro punto de vista.

Tradiciones

El patrimonio cultural de esta subcomarca quedó patente antes de bajar del autocar. En una masía nadie se escondía de matar un cerdo a la vista de los transeúntes y viandantes. Una tradición que parece un atentado pero que siempre ha sido lo más natural en el campo. Los matarifes rendían culto a una de las enseñanzas más ancestrales propias de la economía de autosuficiencia. Animales, muchos y sueltos en campos delimitados por pastores eléctricos. Quitar cierres metálicos para pasar, cuidar de las descargas eléctricas, o tentar a la suerte y probar la misma excitación que sintió en sus partes más nobles quien en la anterior etapa probó tal bocado. Las vacas, los toros y toda suerte de caballería ayudaban a entender cómo sería la vida por estas tierras años ha. Y todo con esas masías que responden al típico estereotipo arquitectónico de estas construcciones. Casi ninguna deshabitada, un símbolo de una vida que se repite.

Momentos

El camino propicia tantas actitudes y tantos temas como personas que se junten. Si un oído multiusos y panorámico pudiera recoger hasta el último cuchicheo de cada grupo que se hace y se deshace, sería como para plasmar una generación de conocimiento, o sea, una wikipedia andante. Y amenizada con mucha risa. O con temas más serios. Como el paso de la vida, como aprovechar el momento, como las enseñanzas de aquellos africanos que cada día se reían porque a lo mejor ése era el último de su existencia. Como lo fácil que es que en un segundo te cambie tu existencia. O sea, con ejemplos prácticos: se entiende, por tanto, que aquellos veinte segundos representaran la justificación de una temporada atlética para quien alardea de su proeza.

Al trote

Por una superficie que se mueve entre los 600 y los 800 metros de altitud, con un camino apto para carreras varias, tardaron mucho en salir al trote ligero tres hombres y una mujer. Alegaron entrenarse sin mochila, estirar músculos que no aguantan tanta tranquilidad de la marcha. Se fueron pero se encontraron, antes de parar en el ruso-catalán, con la horma de su sombrero. O sea, el grupo casi giraba en torno a ella y parecía que iban dejando rastros de feromonas delimitadoras del territorio masculino. Pero se encontraron con aquel rebaño de ganado vacuno. Uno del grupo recordó aquel otro encuentro con un toro de lidia allá por els Ports en el GR 7. Y observaron cómo aquellos animales se comportaban casi de forma parecida: toros y vacas, feromonas, territorio, actividad, presumir ante la feminidad. Aunque una cosa era diferente: Lluçà, su monasterio y el guía eran placeres para degustar a sorbos por seres humanos.

El medio y el mensaje

La supuesta altura máxima del terreno dejaba ver al fondo un terreno dado al cultivo de cereales Atrás, Alpens estaba a 860 m, ahora Lluçà a 755. El camino no ofrecía dificultad pero sí vistosidad. Las imágenes de una primavera revitalizada por las últimas lluvias eran espléndidas y muy completas. Junto a alguna masía abandonada, con evidentes restos de oficios y vida en sus entornos, había campos verdes, con matices muy intensos de un color que luego fue explicado muy bien por expertos en tintes textiles. Hasta en algún tramo el camino obligaba a pasar por sembrados de cereales, donde las marcas del paso parecían atentados a la verticalidad conjunta natural del conjunto. Los matices del color no necesitaban de la paleta artificial del Photosop para resaltar una radiante realidad. El olor intenso a pino, el gorjeo de tantos pájaros que parecían estar felices mientras construían su nido. El apareamiento o la alegría de la nueva vida, con el verde cerca y la nieve al fondo. Aquella blanca luminosidad se veía acrecentada por el azul del cielo y ese verde tan cercano. Es un regalo de abril, un mes que intensifica los colores recién nacidos después del letargo invernal. Aquí el medio transmitía muchos mensajes, sólo había que oírlos e interpretarlos.
En la parte más alta del camino, el Coll nord del Castell (a 810 m), una masía con las puertas abiertas, muchas balas de paja, una explanada y, a la izquierda, un letrero: “Lluçà: deixeu el cotxe a descansar i aneu a caminar” Dicho y hecho. El horizonte cercano se componía de los restos de un castillo a la izquierda y un monasterio al fondo, con la línea de la nieve más allá. Un próximo cruce orientaba en cómo llegar al castillo. Cerca, una cruz de término, un gran árbol con sombra y un banco de piedra, con una superficie incrustada con rayas. Uno se podía imaginar cuántas generaciones habrían honrado a aquella cruz y se habrían sentado en aquel banco, a la sombra del majestuoso árbol. Tres símbolos de paso y de una cultura ya antigua. Pronto, la joya: Santa Maria de Lluçà.

El medio es el mensaje

En ésas estábamos cuando McLuhan iba a aparecer encarnado en un ferviente devoto del arte románico del monasterio de Lluçà. Mientras unos llegaban, otros habían detenido su galope en un abrevadero con barra y cerveza. Allí estaba una maravilla del arte y su encantador artificial. Él era catalán viajado a Rusia con billete temporal de vuelta yu parada y fonda en esta obra de arte. Recibía al viajero con demasiado silencio contenido. O sea, su verborrea y ganas de explicar quedaban al alcance del oído presto a escuchar. Claro que él se dirigía al turista con tiempo, no al andarín de paso. Los tesoros le habían embelesado. Para confirmar la belleza de aquel arte, repetía que un equipo de la tele había estado hace poco grabando allí. Sí, la tele. Las cámaras parecían serle de gran valor, el ojo digital verificaba la importancia que percataba el ojo real. Y McLuhan contento con el guía. Como si tanto arte necesitara de la pequeña pantalla para justificar su excelencia.
Hubo sospechas de que un sitio de tanta belleza dejara medio petrificados a tantos amantes del arte como por allí pasaban. El misticismo del lugar, la penumbra del espacio religioso, tanto pantocrátor y el efecto narcotizante de un aroma a tanta cultura religiosa allí dentro, el conjunto levantó sospechas. El grupo se podía estirar, y no por atender a los encantos restauradores de los dos jóvenes de La Primitiva, nombre de la casa de comidas situada enfrente del monasterio. Es la cultura, amigo. Un sitio como para volver y degustar los placeres del buen yantar.

El mensaje de los colores

Una amplia y larga pista parecía alejarse y acercarse al monasterio de Lluçà como si de un juego se tratara. Era el Coll de Plana, a 805 metros, con buenas panorámicas sobre el Lluçanés, Osona, Pirineo Oriental, Montseny, Collsacabra, Sant Llorenç del Munt y Montserrat Era un largo rodeo que servía para alejarse de una parte de la riera de Merlés pero sin dejar de jugar al escondite con el centro religioso.
Al final, para asegurarse de que estábamos todos los que éramos, hubo una parada técnica muy educativa. Son esos momentos en que alguien se sienta, come, bebe, descansa, ríe, se limpia el sudor. O imparte a los ignorantes toda una lección en torno al color verde. Como delante tenía suficiente materia prima, empezó a diferenciar el verde oliva del verde pistacho y del militar. Y usó ejemplos allí presentes para que la lección se entendiera. Tanta pedagogía sirvió también para humanizar otros colores con dos ejemplos muy sencillos. Dos personas que se conocían por andar pero no se identificaban por el nombre, aprovecharon el hecho de hablar de colores para poner encima del verde paisaje dos más en femenino: Blanca y Rosa.

La gastronomía como paisaje

El camino poco a poco tocaba a su fin. Grandes embalses artificiales y antiguos molinos en la riera de Merlès (el Molí d’en Vilalta, a 500 m) ya abandonados dejaban entrever que la tan preciada agua existía. Y también una carretera y un autocar.
El traslado al centro del ágape sirvió para alegrar al personal y para entrar en ambiente. Alguien, cándido él, confundió el nombre del lugar, “Cal Quico” con “Can Kiki”. Quien de esto entiende bastante, comenzó a calentar el ambiente. La traición del inconsciente motivó chanzas de elevado contenido erótico. Pero no pensaba él la que le esperaba en el restaurante.
El lugar era excelente; el rincón, digno de quienes allí comíamos; y la materia prima motivó que ya se programaran varias caminatas más, pero todas con punto de destino en este lugar.
La distribución de comensales hizo que, mira qué casualidad, el que domina muy bien los temas femeninos, quedara solo en una mesa redonda con acreditadas representantes de ese sector. Y, claro, su teatral gracia les alegró la comida. Igual que a todos la invitación a cava de quien celebra su onomástica el 23 de abril.
Pero uno de los platos fuertes de la comida era de papel. Un libro como símbolo, con tantos significados, un punto de libro personalizado, el excelente trabajo de quienes se preocuparon por todo y la oportuna puesta en escena de la ceremonia de entrega, a cargo de quien sabe contar cuentos y declamar en público. Un acto ya institucionalizado que luego debe continuar con la lectura de la “Antologia Poètica” del gran Miquel Martí i Pol.
El poeta nos brindó un trabajo digno de ser paladeado a pequeños sorbos. Y con sus palabras de la página 209 nos quedamos en esta etapa llena de patrimonio cultural y también literario:

“Aquest camí, com tots, acabarà
en un estimball clar, sense paraules,
ni desitjos, ni vent. L’ombra benigna
d’algun ocell em farà companyia,
perquè el record no sigui una feixuga
disbauxa de claror, i en tindré prou
amb no dir res per sentir el fosc embruix
del buit immens que tot ho purifica”


Evaristo
Terrassa, 26 de abril de 2008
http://afondonatural,blogspot.com