sábado, 31 de enero de 2009

Etapa 15 del GR1, entre Oriola (Cambrils dels Pirineus) y Oliana




Un sube-baja zigzagueante con retintín




Grmanos y Grmanas


Año nuevo y seguimos pisando otras Catalunyas que deben estar dentro de la otra más grande. Buenas vibraciones hubo cuando las previsiones de afluencia de personal estaban a punto de sobrepasar la capacidad del vehículo “oficial”. Pero no. El nuevo año no consiguió llenarlo. Y eso que las novedades personales acrecientan las fronteras de este grupo. Si acabábamos el año con la acogida de un niño que representará el futuro andarín (o no), ahora lo iniciamos con la entrada de otras personas ya conocidas por muchos. Dimos la bienvenida a la nueva pareja. Y observamos cómo se le iluminaba el rostro a quienes tienen sus raíces en esa gran tierra andaluza. Aún recordaban las historias vividas con quien por primera vez disfrutó del talante de GRMANIA. Cualquier parecido con otros centros oficiales excursionistas es pura coincidencia. También ellos se alegraban de que los nacidos en Fiñana (Almería) probaran otros matices de la vida andante, aunque estos Grmanos estén más habituados a la jarra que a la gralla.

Semblantes

Da gusto comprobar cómo, mientras el boquete de un asiento trasero del simulacro de autocar se consolida, la nueva imagen del conductor sorprende. Nuevo año con un aspecto diferente, tanto para quien va delante como para quienes analizamos las profundidades de los muelles. Todo en medio de senderistas bien alimentados por las tradiciones gastronómicas de ágapes pasados. Pesan los manjares pero qué buenos estaban. Y también pesan las sorpresas de la vida. En alguna zona tocó hablar de filias y fobias, cansancios, nervios, taquicardias, aceleraciones y sobresaturaciones varias. Con este panorama, muchas consultas gratuitas se le agolpan a cardiólogas y psiquiatras mientras caminan. Preocupaciones vitales a las que hay que atender para que no se diezmen las huestes amantes del largo recorrido. Menos mal que el buen humor del mundo del galeno es proverbial. Quizá ahí reside una de las claves de la curación. O también ahí es donde se esconde uno de los motivos por los que acudir a estas caminatas tan naturales.

Variaciones

El recorrido hecho para la aproximación fue el mismo que en etapas anteriores. Solsona, la presa de la Llosa del Cavall, Sant Llorenç dels Morunys, Coll de Jou, la font del Vermell con una inmensa fila de garrafas y la curva en la que bajó el primer turno. Nada más bajar, dos símbolos. A un lado, una botella vacía de cava parecía ser una reminiscencia de descorches festivos pasados. La cuneta ya no olía a alcohol pero simbolizaba los desechos cristalinos de tantos alzamientos (más o menos nacionales). Al otro lado, la nieve. Parecía que aún esperaba aquel manto blanco de diciembre a ser pisado otra vez. Fin de un recorrido y principio de otro. Y la nieve en medio. Helada, resbaladiza, dura pero blanca e inmaculada. Sin huellas de animales. Con huellas atrás fruto del paso del primer destacamento andarín. El manto blanco ahí. El poder de esa naturaleza que puede transformarse en fuertes vientos capaces de desmontar casi un territorio. Qué razón tenía Joan “Pipa”, ese aún en activo pastor de 71 años de Vallfogona del Ripollès, cuando esta semana en LA VANGUARDIA decía: “A la naturaleza no hay quien la gire, y yo soy naturaleza”.
La otra variante de caminantes se trasladó al pueblo de Cambrils, a 1090 metros de altura. Previamente fueron advertidos de que también la naturaleza humana es capaz de fabricar butifarras artesanales, de cocinarlas a la brasa de encina, servirlas en grandes rebanadas de pan y acompañarlas con un porrón de vino. Y actuaron en consecuencia en el restaurante Ca L'Agustí de Cambrils dels Pirineus. Una vez satisfecho el apetito, esperaron a que el resto del personal les acogieran. Pero aún faltaba y el camino bajaba por la nieve, subía para salvar un riachuelo, zigzagueba y parecía querer engañar en las distancias. Llegado el momento, los del primer turno pararon a comer.

Estrenos

Es evidente que el correaje y otros útiles y aparejos para cubrir los cuerpos y transportar enseres se desgastan. Para eso están los regalos de las pasadas fiestas. Y como muestra, quien se presentó de punta en blanco (aunque el atuendo era negro) luciendo un nuevo uniforme. Pero también se pudo apreciar la nueva compra para compartir. Era suave, voluble, manejable, cubierta de piel, con una gran protuberancia que acababa en un orificio por donde fluían los líquidos. Y muy negra. Este detalle atrajo la atención y las manos, así como el tamaño del pitorro, agujero o embocadura. El negro aquí también se puso de moda. La bota gozó de gran éxito y provocó que hasta se contaran chistes con ciertos matices negruzcos. Delante de un paisaje muy abierto, también se habló de otras realidades, digitales algunas. Buena oportunidad para descubrir quién se ha hecho un perfil en Facebook y escuchar el sesudo análisis sociológico de alguien que pasa de lo particular a lo general de esta red social. Asegura que es un buen sitio para intentar vigilar a los hijos. También dice que es un buen rincón digital para encontrarse las múltiples formas humanas para emparejarse o todo lo contrario. Sea cierto o no, los ánimos se caldearon con más botellas que empezaban a descorcharse. Se notaba cierto olor a aniversario femenino. Petacas por un lado, botellas con la afrodisíaca canela por otro, anticipo de celebraciones posteriores. Más bien parece que la bota ha atraído a otros licores. Ya anuncia la apertura de la barra del bar. De seguir así, evolucionará a barra libre. Bienvenido sea todo.

Ziz-zag

El camino fue un continuo acercamiento y alejamiento a la carretera. Las líneas paralelas pronto saltaban una encima de otra. Y hasta se curvaban para ascender por empinados vericuetos. Eso fue lo que ocurrió después del letrero que anunciaba Cambrils. Pasada la font de Can Salas, se descubrió que el camino real no iba por la carretera pero sí convergía más allá en ella. Allí se juntaron hasta un punto en que el zig-zag se convirtió en giro hacia la derecha y arriba. Resbalones en tierras movedizas e inmersión entre espinos de todas clases. Se trataba de seguir el camino antiguo hacia la población, restos de antiguas vías de comunicación que ya se seguían desde tiempo ha. Sudores de todas las clases en el primer tramo para descubrir pronto que, por imperativo legal, se volvería otra vez al asfalto. Hubo quienes demostraron más olfato y se aventuraron a seguir la carretera, con lo que se ahorraron un esfuerzo. El letrero de las salinas de Cambrils y la Ribera Salada indicaba una obligada visita para otra ocasión. Y allí al lado estaba la fonda en la que casi un mes antes se había concelebrado el ágape navideño en agradable compañía. Un momento apropiado para agruparse con quienes aún se regodeaban del desayuno a mesa y mantel.
Por una calle en bajada cubierta de nieve se produjo el descenso, al lado de las antiguas escuelas. Las casas dispersas eran puntos nevados, con invernaderos ya desmontados, un gran polideportivo y algunas humeantes chimeneas perfumaban el ambiente con el humo de la madera recién quemada. Alguien resbaló entre tanta nieve acumulada a los lados . Llegados al puente sobre el río Fred (buen nombre para esta época) la subida se produjo al trote, con vistas a la iglesia de Cambrils y, como atalaya, los restos del castillo más arriba. La postal estaba servida. Fotos, un pequeño trinero de plástico con niños a su alrededor y el camino que ascendía. Una senda llena de nieve Al final, otra vez otra carretera, la de Cambrils a Solsona. La cosa parecía que tenía retintín. Y más cuando toda la etapa se caracterizó por una inmensa fila de personal caminando a su ritmo. Los estiramientos sólo se encogían cuando la prescripción senderista aconsejaba un alto en el camino.

Marcas “marcadas”

Las innumerables vallas de alambre abrían puertas para seguir las marcas. Pero hubo curiosidades dignas de mención. El tramo que permitía ir por tierras fronterizas entre el Solsonès y el alt Urgell era una larga cresta nevada, la serra Seca (a 1290 metros) y llena de montones de todos los tamaños. Parecían corresponder a ganado caballar habituado a circular por allí y dejar sus huellas intestinales. O sea, es un camino muy transitado, con espectaculares vistas hacia dos comarcas llenas de formaciones montañosas de variados perfiles. Sólo había que fijarse y dejarse llevar. Hasta algún animal apuntó mal y dejó una marca adornada con reseca simbología fisiológica. Si el público andante fuera como algunos urbanistas que ocupan segundas residencias en pueblos de l'Empurdà o el Ripollès, podría caer en la absurda tentación de denunciar a estos animales por ensuciar el campo o querer que desaparezca el oficio de granjero. El amenazante mobbing rural pone una pica más en Flandes con ridiculeces variadas. Si ya denuncian a los labradores porque les molestan las esquilas de los animales, o el olor de las granjas, qué decir de tal cantidad de deposiciones alineadas en este camino. Quizá ellos sean de los que huyen del ajetreo urbano pensando en el bucolismo del medio rural. Habrá que atender al habitante de Tavertet, el filósofo Raimon Panikkar cuando dice: “Vivimos en un tiempo en el que se pretende que el rosal crezca rápidamente tirando de sus hojas....La felicidad es inversamente proporcional a la aceleración”. Pues...tranquilos que aquí hay más sentido común y amor a lo auténtico, aunque de “mi..rda” se trate.
Otra cima a la vista y un grupo perdido casi en el infinito. Cada uno a su paso en una fila que dibujaba otro zig-zag. Eran pequeñas figuras en un entorno nevado, dejándose llevar más por el interés de las conversaciones que por adquirir un ritmo algo más dinámico.
De pronto, la carretera a Solsona de nuevo, el anuncio de un mirador y una bajada hacia la perdición: la pérdida y la duda. Hasta que tantos olfatos andantes escudriñaron el entorno, arrugaron el entrecejo, sacaron mapas, siguieron la aguja del GPS, opinaron, husmearon posibles caminos y...al fin, otro antiguo camino de bajada era la ruta a seguir. Bien empedrado, bajo árboles, con señales de mucho tránsito en otras épocas y...una vez más, marcas de ganados varios: caballar y vacuno. En un viaje en el tiempo, estos lugares de tránsito debieron estar llenos de historias y de esfuerzos. Un homenaje a esas anónimas personas que nos dejaron en herencia estos caminos de paso.
Vacas arriba y aisladas masías en medio de bancales a la izquierda del camino de bajada. Y la línea andante que se perdía en zonas muy alejadas de las primeras filas. La nieve ya desapareció a medida que el río Segre se dejaba adivinar, aún muy a lo lejos. También la perspectiva dejaba adivinar por dónde se trazaba la línea imaginaria que conduciría hacia el final de las etapas del GR 1. Mientras, el entretenido trotar daba mucho de sí. La terapia del caminar convertía el suelo en testigo de descargas emocionales, de proyectos futuros, de carcajadas varias y también de clics digitales. Mientras casi todo el grupo esperaba a la retaguardia, alguien del final apuntaba, calibraba, escogía el objetivo a inmortalizar, medía las intensidades de la luz y disfrutaba con fotos paisajísticas de indudable calidad. Todos esperaban el fin de la foto.

Remates

La ermita de Sant Just, a 760 metros, parecía un anuncio de finales y de principios. Antes, un profundo barranco y una protección. Una valla de madera evitaba posibles resbalones al vacío. Eso es cuidar a la afición. Caminos que se acaban, que vuelven a converger en otra carretera, de Valldan a Oliana, con un asfalto que ya conduce hacia el final de etapa, a una muy transitada carretera que enlaza la plana con Andorra y otras tierras pirenaicas.
La entrada en Oliana, a 460 metros, significó alguna pérdida por despiste y algunas ayudas a otros para que no cayeran en el error. Algunas granjas y una planta de reciclaje de metales mostraban la otra cara de un pueblo de paso, donde pocos se detienen. Allí al lado había una zona de parada eterna por ausencia de vida: la funeraria del pueblo también evidenciaba su razón de ser. Igual que también fue evidente que la buena suerte repartiría dineros entre quienes se conformaron con recuperar lo jugado, en una afortunada administración de lotería llamada “La bona sort”, sobre todo para el sorteo de Reyes.
Una vez en el bar, el ex-bancario y coordinador general puso el fajo de billetes encima de la mesa, lo miró y empezó el reparto. Pero la estrategia estaba muy bien diseñada. Inmediatamente después determinó que dos cobradores pasaran a continuación para cobrar los emolumentos de la excursión. O sea, dio pero recuperó. Y se celebró el aniversario de quien sabe de floras, faunas y otras especies. Otra vez la libidinosa canela y otros brebajes alcohólicos enervaron los ánimos. Todo ello provocado por la sabia compañera, con uno año más de experiencia.
Ya de vuelta, en la zona trasera se asistió a un curso muy intensivo sobre problemas educativos varios, nuevas carreras universitarias, niños hiperactivos y especulaciones sobre si es mejor el Rubifén o el Concentra para tanto exceso de actividad infantil. Hasta que la voz del experto en temas mentales engoló la voz y puso las cosas en su sitio con total autoridad académica. Mucha ciencia y mucho discurrir, buen momento para cerrar este viaje con un proverbio vasco:

“Non gogoa, han zangoa”
(Donde van tus pensamientos, van tus pasos)

Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
Terrassa, 31 de enero de 2009

viernes, 26 de diciembre de 2008

Etapa del GR 14, entre Coll de Jou y Ariola (Cambrils dels Pirineus)





Las sensaciones, en blanco




Grmanos y Grmanas

Venías del frío y te reintegraste al grupo en un paisaje nevado y con algún incidente mecánico. Aquí algunos dirían: es la vida. Si no fuera por tanta gente como había, por los saludos, preocupaciones por el coche averiado y temas organizativos varios, el silencio blanco de la zona quizá te recordaría las sensaciones de tu ambiente original: esas grandes estepas cubiertas de nieve, con los voluminosos gorros, lentitud de movimientos y una naturaleza adaptada a las circunstancias. Pero, ya ves, pronto te acostumbrarás a apreciar las diferencias como una virtud: sean en el paisaje, en la comida, en las cosas y, sobre todo, en las personas. Tú aún eres pequeño pero hoy, aunque no te enteraras, recibiste ya, como mínimo, un piropo. Después te lo explicaré. No sé qué pensarías ante una carretera llena de curvas, un camino con nieve al lado, la amplia perspectiva y un personal con aquel aspecto.
Aprovecho la ocasión para presentarnos, explicarte cómo ha ido la etapa y transmitirte qué es lo que hacemos. Seas muy bienvenido al club.

Cargas

No sé allí, pero aquí cuando llegan estas fechas, el personal carga muchas cajas en el autocar. Por cierto, hoy era un vehículo de lujo. El que viene habitualmente, alguien dice que en Cuba lo considerarían un “autopullman”. A lo mejor en tu país, también. Pues el que viste y en el que volviste es como para lucir en día de fiesta. Y había motivos para cargar tantas cajas: última etapa del año, días señalados, ya una tradición el comer sentados en agradable compañía. Tu familia te lo explicará muy bien. Cuando la gente se lleva bien, todo sale mejor. Hasta en estas fechas que, por prescripción consumista, se aprovechan para mejorar el buen ambiente que ya había. El personal es de buen corazón (si no entiendes la frase, dile a tu madre que te la explique, que de este órgano sabe mucho).

Aspectos

El grupo iba bien pertrechado, con ropa de abrigo. Ya se habían dado avisos para que el frío no causara efectos secundarios en pulmones y nariz. Seguro que para ti esta temperatura es como de verano. Aquí el verano es de riguroso sudor y máxima humedad. Y el invierno actual que, astronómicamente comenzó al día siguiente, ha regalado un manto blanco que brinda nuevas sensaciones al andar. No te extrañes con esos dos que llevan unos gorros rojos. Los sudaron el día antes por el centro de la ciudad. La recorrieron de noche anunciando que también se puede correr por Navidad, mientras las prisas y los pasos parecen ser sólo para comprar o para hacer ganas de comer. En Coll de Jou, a 1455 metros, el paisaje humano se protegía con capas y capas de ropa. Como una gruesa cebolla que, más tarde, se iría desvistiendo.

Caminos

Fue la noche más larga del año. Por eso amaneció ya cuando el autocar se acercaba a Solsona. Un momento como para disfrutar. Detrás del cementerio de esta ciudad aparecieron los primeros tonos rojizos, que iluminaron la gran helada y la nieve a ambos lados de la carretera. Cuando seas mayor, ya te enseñarán a sentir la magia de este momento, el reto que cada día se te presentará: llenarlo hasta que esos colores se repitan al oscurecer. De eso se trata. Y así un día tras otro. Una gratuita sensación que, quizá también algún día, puedas comparar con ese momento en tu país natal. Pasó lo mismo al volver, cuando la penumbra repitió parecidas luces. Todo en un camino tortuoso, con un animal que se cruzó en la vuelta delante del autocar: unos decían que era un zorro, otros una zorra y, alguno, una zorrilla.
La carretera discurría bordeando un gran pantano con bastante agua. Hielo, nieve, agua, niebla y frío. Todo junto en medio de un potente anticiclón que, aquí en la alturas, regala gran visibilidad y mucha perspectiva. Pronto, Sant Llorenç dels Morunys o dels Piteus, a 925 metros, anunciaría una parada rápida. Aquí debía empezar la etapa pero se permitió una licencia a modo de regalo: se perdonaron 500 metros de subida, pero lo que no se dejó para otra ocasión fue recoger una bota olvidada en un bar.

Botas

Ya descubrirás que aquí uno de los usos que tenían las pieles era para crear objetos útiles. En tu país natal los gruesos gorros de piel protegen muy bien la cabeza del frío. Aquí, una aplicación de la piel era para hacer un recipiente que los más listos del lugar definen como: “Cuero pequeño empegado por su parte interior y cosido por sus bordes, que remata en un cuello con brocal de cuerno, madera u otro material, destinado especialmente a contener vino”. Este objeto no se puede perder, pues da calor con esa combinación etílica que el maestro en este arte elabora. Allí da calor a la cabeza y aquí calienta la cabeza y alegra el cuerpo. Matices, diferencias prácticas. Es la diversidad. Pero dentro hay vino. Aún la temperatura de aquí no obliga a llenarla con bebidas de allí, vodka por ejemplo. La bota olvidada fue recuperada. El dueño del bar identificó luego al autocar parado a la puerta con la bota. Para que veas cómo aquí la gente está atenta a lo que hay que estar.

Marcas

Desde este pueblo, la subida al inicio de la etapa permitió contemplar la vall de Lord y el Port del Compte con nieve. Cada curva de la carretera era un giro al paisaje, un cambio de perspectiva que te hacía girar la cabeza y la composición del entorno. Parecían fotogramas distintos que, seguidos, mostraban cómo el blanco natural disfraza al verde, decora las ramas sin hojas, cubre los coches, hace peligrar la estabilidad de los caminantes o acentúa el placer de correr hundiéndose, resbalar sin caer, dejar huellas, jugar a pegar sin dañar, perderse para reencontrarse, sudar en frío.
Coll de Jou es un cruce de caminos con una fuente, un área de esparcimiento al aire libre a un kilómetro, una estación de esquí alpino y otra de fondo cerca y un buen balcón para ver y sentir en blanco. Son esas marcas que el invierno deja en el paisaje para quien quiera verlo.
Imagínate cuando viniste en avión, tú encima de un gran manto de nubes, con los pueblos y campos al fondo, con las siluetas de las montañas apuntando hacia arriba. Pues lo mismo pero sin avión se veía desde aquí. La niebla era una gran capa de algodón que transformaba pueblos en sombrías formas, su humedad cala hasta los huesos pero, desde aquí, era un regalo adivinar qué habría allá abajo. En la carretera A 2 había 80 kilómetros de niebla en dirección Lleida. Más al fondo, esas montañas tan queridas demostraban que estaban allí. Tendrás la oportunidad de pisarlas, de disfrutar de su encanto. Seguro que alguien muy cercano a ti te leerá poesías excelsas sobre ellas, te transmitirá su magia con su voz pausada mientras te hace sentir esos mensajes. Son marcas de la belleza desde arriba. Pero tocaba bajar y buscar el blanco y el rojo: otras marcas también muy prácticas e indispensables para la ruta.

Lecciones

La bajada a la otra vertiente de Coll de Jou significó encontrar el recorrido. Con dificultades pero se consiguió. El camino descubrió cómo se puede aprender mientras se camina. Era el torrente de Canalda. Bastantes especies vegetales tenían nombre al lado. Árboles, arbustos y otras hierbas aclaraban su identidad para mentes ignorantes de cómo se nombraba la vida vegetal de la zona. Una buena idea en un sendero que discurría por zonas sombrías, con cascadas de agua, tupidos bosques de pinos y tramos con mucha nieve acumulada. Al fondo, la niebla. Aquí, un buen lugar para cuando tengas que aprender nombres de vegetación autóctona. Piensa que la vall d'Ora, la vall de Lord y la zona de Cambrils eran hasta ahora espacios casi desconocidos para mucha gente del grupo. No obstante, hubo mentes muy observadoras que encontraban parecidos entre las rocas del parque de Sant Llorenç del Munt i la zona de Montserrat con este tipo de materiales. Es que en este grupo hay gente que sabe más de lo que aparenta. Llegada la hora, se deja este tipo de sabiduría a un lado y se imploran las viandas que alimentan el cuerpo.
No estabas pero también podrías haber observado actos de los que se puede aprender mucho. Por ejemplo, como no se contaba con una bota hasta su recuperación en Sant Llorenç dels Morunys, hubo una buena espalda que tiró de una garrafa de vino. Luego, con gran puntería, trasvasó el preciado líquido hasta el interior de la bota, sin derramar nada. Otra lección fue la clase sobre energía nuclear y la especulación en torno a los huertos solares. Quien sabe de esto, cuando seas mayor, seguro que te documenta con los últimos avances. Si se toca el tema del reciclaje, hubo un intercambio de opiniones sobre qué hacer con las mondas de las naranjas. Mientras había quienes defendían que era un material que se podía dejar allí tirado, otros defendían la estética del suelo y manifestaban que tales restos orgánicos tardan en desaparecer. Ya lo ves, como mejor se aprende es con las diferencias. Y te perdiste las clases de cocina. Vino a la etapa quien sabe mucho de esto, da clases y organiza jornadas en los mercados municipales. Pero también hubo quien predicó con el ejemplo. Trajo un excelente dulce de membrillo hecho en su casa. Y no faltaron las risas y bromas en voz alta. O sea, parecido a como tú te presentaste después.

Piropos

Después de una tranquila parada, el tiempo invertido en recorrer apenas ocho kilómetros era excesivo. Esto pasa a menudo. Luego vienen las prisas. Y más hoy, con comida a una hora más o menos aproximada. Pero también se incluyó una variante más: la recogida del autobús a un subgrupo que no pensaba acabar la etapa. Después se vio que nadie la acabó.
El camino era para disfrutar. Seguro que algún día nos explicarás tus recuerdos de la nieve, jugar, hacer bolas, correr, caerse. Pues aquí había eso y más. Quienes caminan y experimentan, probaron a correr por la nieve, a alargar los pasos, a comprobar el efecto de los bastones, a ver qué pasaba si se seguían las marcas de las ruedas de algún vehículo o bien se andaba por el centro o por los laterales. Combatir el frío con sudor. Notar el silencio en el blanco. Oír el ruido de la zapatilla mientras se hunde en la nieve. Deducir posibles propietarios de algunas huellas de animales que por allí debieron pasar. Tener también la mente en blanco y dejarse llevar. Como ves, experimentar en este estado está al alcance de cualquiera que se atreve a salir de casa y penetrar en estos espacios.
Hubo un momento en que se hicieron dos grupos. De forma más o menos desorganizada. Que si unos se quedaban aquí, que si se seguía, que contarse, que agruparse, que si no hay nadie que se entienda. Ya lo verás cuando vayas al cole. Cosas que pasan en los grupos. Pero al final, en el fondo, no pasa nada. Se continuó hasta Sant Martí de Cavallera, a 1230 metros. Una restaurada ermita en una zona llana. Y allí fue cuando te piropearon de forma inconsciente.
Dos personas se subieron a un muro y convocaron a la masa andarina a definirse. Sí, como lo oyes. A que dijeran si seguían a paso ligero o a otro más tranquilo. Y en esto una moza proclamó: “Os organizáis peor que los niños de cuatro años”. Felicidades porque con tu edad sabes más que este personal. Más adelante te explicaré un segundo piropo con toque solidario, pero no para ti. Al final, una imaginaria línea dividió las tendencias de ambos grupos, mientras las jaulas de los halcones de los jeques árabes se situaban detrás. Parecían espacios que pretendían atrapar el aire, redes submarinas al aire libre, monumentos al viento en medio de un altiplano.

Reacciones

En realidad, piensa que cuando alguien en este grupo dice una palabra más alta que la otra es por algo. De los dos grupos originales, uno se comenzó a subdividir y de él salieron algunas subsecciones más. De seguir así, cada persona parecía un grupo. Los “galgos” delanteros se lanzaron al trote. Las distancias aumentaban y también las confusiones. Unos disfrutaban al galope, hasta que se encontraron con una gran subida. Allí creyeron que se reagruparían todos. Pero no. Lo que ocurrió fue que un Grmano sufrió una lipotimia. Fue el paso por el torrente que conduce las aguas del la font del Vermell (excelente agua) y la zona de Montpou, la riera de Odèn. Alguien sacó un energético de taurina, tan fuerte que, antes de llegar al castillo de Odèn, el bajón físico desapareció. Y quien llevaba tamaño milagro tuvo que desenvainar su móvil para obligar a los trotadores del principio a que pararan de una vez. Con aquel tono, quién no iba a hacerlo. Desde esta zona, se observaba a lo lejos la disparidad: unos buscando el camino, otros por lugar incorrecto, alguien preocupado por el estado de quien sufrió la lipotimia, el jefe diciéndole a su familiar del GPS que si no paraba iba a llegar a la Antártida, los walkis echando humo, los móviles situando en el mapa a quienes venían en coche por si tuvieran que auxiliar a alguien, el coordinador de la comida diciéndole a la del restaurante que no se le ocurriera echar el arroz hasta nueva orden, otro móvil anunciando que el coche en el que tú venías se había calentado demasiado. Como ves, aquí el aburrimiento está desterrado. Al final, todos al camino a esperar el paso del autocar.

Celebraciones

Mientras llegaba, desde la carretera la vista confirmaba aquel gran paisaje del principio. Cortinas de niebla dibujaban el fondo de los valles. Pocas casas y muy aisladas. Algunos temas de conversación sobre economías, crisis, bastones y fiestas. También, preocupación por el estado de la avería de tu coche. La solución llegó y, entonces, en aquella orilla antes del túnel, allí apareciste. Risueño, feliz, hablador. Esperabas un taxi para ir hasta el restaurante. Fíjate, el privilegio de que te lleven en taxi mientras al coche lo conducen en grúa.
La fonda significó tu presentación en público. Allí quien te conoce dijo que te estabas adaptando muy bien, sabías nombrar a las bananas, mandarinas y otros alimentos. Se supone que te fijarías en las dos grandes paelleras con arroz. Comerías ese arroz, la carne a la brasa, las patatas del Pirineo y demás alimentos. Y, a los postres, una apreciada Grmana te sorprendería con la celebración en familia de sus próximos cincuenta años. Ella, que estuvo una temporada en La India, donde entre otras enseñanzas, Gandhi dijo: “Sé tú el cambio que quieres para el mundo”. Lo mismo que tú significas ahora para tu familia y para este grupo. Y tú, que después recibiste un regalo de quienes ya te consideran de las nuevas generaciones para la continuidad (o no) de algo que ya tiene doce años de historia.
También en la comida hubo ideas, el segundo piropo. Alguien que piensa mucho en la gente muy necesitada volvió a sugerir (y ya van tres años) que la inversión que se hace en los calendarios de bolsillo era un dinero “tirado”, que se diera a una ONG. Y se cantaron villancicos, aunque al principio parece ser que no fueron seguidos con la intensidad que esperaba una moza, la cual amenazó con cantar rancheras el próximo año. Después, como siempre, la emoción general se plasmó en un potente coro con el entonador de cada año. Gracias a sus bríos y entusiasmo, y a quien de guitarra y de teatro sabe mucho, el éxito fue total.

En fin, conociste a quienes te han acogido y seguirán haciéndolo. Viniste del frío y en un entorno blanco se produjo el encuentro. Seguro que serás feliz aquí. El entorno será tu mejor aliado. Como ése que, con nieve, Jack London describe en su libro “El silencio blanco”:

“ ...la pasividad del silencio blanco. Todo movimiento cesa, el aire se despeja, el cielo se vuelve de latón, el más ligero murmullo parece un sacrilegio, y el hombre se asusta y se intimida ante el sonido de su propia voz”


Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
Terrassa, 24 de dicimbre de 2008

lunes, 8 de diciembre de 2008

Etapa 13 del GR1, entre La Vall D'Ora y Sant Llorenç dels Morunys






GRMANAS Y GRMANOS


Somos humanos. GRMANIA es humana. Por tanto, también se cansa. Prueba de ello fueron los rostros, las renqueantes piernas y las expresiones alusivas al esfuerzo de una etapa que hasta en las bajadas fue dura. Una persona muy humana y con mucho humor dio fe de ello en el último tramo, cuando ya ni el consuelo de acabar impuso un cierto efecto placebo de fin de etapa. El recorrido fue exigente, con un perfil de un Solsonès desconocido en el que ni la población dispersa abundó. Mucha masa forestal, agua y vacas en un entorno que seria calificado por el poeta como de “soledad sonora”.

Caminos

De nuevo las cifras de asistencia jugaron a la baja, con diversidad de motivos que justificaban ausencias varias. Sin embargo, en algunos mentideros causó una extraña sensación un rumor que tuvo un efecto de bola (y nunca mejor dicho). Cierto Grmano al parecer priorizó una partida de billar antes que la asistencia a la etapa. Y alguien puso en marcha el disco duro con la biografía ajena y recordó cómo aquel GRmano fue un número uno en tal especialidad, aunque le pusieran muchas faltas en el instituto por aprender más de la vida en una mesa de billar que en una clase magistral (ya lo ratificó después Joaquín Sabina en una de sus canciones). Aprender como tal es una práctica continua en cada etapa. Aprender y viajar.

Viajes y contrastes

La Vall d'Ora quedó atrás, con el ecomuseo en el que las antiguas escuelas muestran las enseñanzas de las familias que vivieron de este valle, la sierra que aún funciona con agua o el molino que también se mueve con este elemento y todavía hace su función. Hace unos años, en la misma casa vivía una señora muy mayor que enseñaba a los visitantes esa cultura rural fruto de muchas generaciones y que hoy tan pronto se pierde. Contrastes de unos tiempos con otros.
Estancias recientes de una viajera también que dio fe de ello con el testimonio de su experiencia en países lejanos de Asia. El camino ascendía y rodeaba un río y una iglesia. Parecía que lo hubieran diseñado para no molestar al agua ni al silencio del solitario entorno que, desde arriba, empequeñecía una de las construcciones religiosas más importantes del románico del Prepirineo. El camino era la arteria para salir a pie de un valle que ya ocupa un lugar destacado en el recuerdo. Lo mismo que le ocurría a quien rememoraba sus impresiones de aquel país que es más que bombas en hoteles de Bombay o conflictos con Pakistan por Cachemira. A medida que se ascendía hacia el Pont de Llinars, el traslado a un país de tantos contrastes se asemejaba a una balanza en la que pesaba la modernidad y la tradición más ancestral, el tener mucho o sólo algún metro cuadrado en una calle, la paz espiritual más absoluta o las prisas occidentales también allí en Oriente, el no desear con el no hartarse. Muy abajo quedaba el símbolo del románico, cuyo nombre aparece en muchos manuales. Arriba, el balcón de una curva abría el valle y enseñaba la primera perspectiva de lo que faltaba hasta la otra vertiente.

A cubierto

Aquellas vacas y estas vacas. Unas: sagradas, intocables, símbolos religiosos, muy libres. Otras: muy bien alimentadas, muy vigiladas por pastores eléctricos, a merced del precio a la baja del mercado (especulación) y de políticas agrarias europeas variadas.
El camino ascendía en paralelo al nacimiento del Aigua D'Ora. El agua aquí era limpia, de gran pureza, como para beber sin embotellar. Allí, las diarreas se previenen con el consumo del agua envasada. Un producto, por cierto, que cada vez tiene más expertos en contra por la agresión al medio de las plantas envasadoras y por los desechos que ocasiona. Pero esto son lujos de aquí. Allí, el agua turbia también la beben. Y aquí y allí hay que comer.
Y qué mejor sitio que un camping abierto y acogedor, el camping Valldora, a 905 metros de altitud. Previo permiso, el personal aposentó sus reales en un entorno con más comodidades que las habituales. Hubo quienes comieron como si fuera bajo palio: debajo de una carpa, alrededor de una gran rueda central en la que se situó el jefe. Por allí se daban consignas del tipo “tócale mejor el culete”, frase muy expresiva para que la caminante procedente de las antípodas aprendiera los primeros pasos para beber en bota sin dejar rastro en la ropa. La situación de ese sector de comensales era propicio para establecer una rueda alimentaria: pasar productos, compartir y degustar. También esa moda de la petaca, aunque en esta ocasión falló una.
Pronto las comodidades del camping fueron usadas: lavabos civilizados, bar acogedor y, al fondo, una piscina sin agua muy bien ojeda por quienes, encima o debajo, casi se mueven “como peces por el agua” (aunque alguno sólo ha evolucionado de sapo a rana: este escriba).

Hermano roble

Las parcelas del camping quedaban atrás. El camino ascendía entre riachuelos diversos que eran la fuente de alimentación del río. Casas en medio de tanta agua, naturaleza en estado puro con un profundo olor a derivados de granjas porcinas. Casi arriba de este tramo, las escuelas a la derecha. O sea, lo que queda de ellas, cerradas para su cometido por falta de pupilos. La vida aquí es dura, tanto como la ascensión. En subida, respirar hondo esta fragancia anima a acabarla pronto. Pero se asciende, y más que vendrá. A los lados del camino aparecieron ellos: majestuosos, inmensos, de grandes brazos, enérgicos, como para copiar al Grmano que los abrazaba. Se prestaban a ello. Eran los robles que acompañarían hasta el final de casi todas las subidas. Aún no se habían despojado del todo de su vestidura pero sus enormes ramas, su gran tronco hacían volar la imaginación. Muchos años de vida, muchas generaciones de paso, mucha sombra y mucha admiración por su callada presencia, acogedora sin condiciones. Ellos son testigos de muchos soplidos, hondas respiraciones, miradas al fondo o al suelo.

Cerrojos

El camino era un abrir y cerrar puertas, pasos y más pasos, barreras de las que “el que llegue el último, que la cierre”. El perfil era un tobogán, con subidas y bajadas hasta el punto más alto, el cap de Balç, a 1410 metros. Un auténtico balcón hacia ese mar interior de agua dulce que es la Llosa del Cavall, con esa forma de barco al lado de la que sobresale a modo de mástil el santuario de Lord.
De los 1135 metros, descenso hasta los 865, casas a la izquierda y un camino que bordea un prado. Campo a través la mayoría para encontrarse con el correspondiente talud de subida a la ruta oficial. Alguien rodeó por el camino correcto y llegó antes. Pronto la pista asfaltada va tensando las fuerzas en una suave pendiente que amenaza pero sí da. A la izquierda, rocas. A la derecha, un patio hacia el río. Y sube sin parar. Revueltas y más subida. Masas boscosas a ambos lados, las marcas en los pinos de la estrecha carretera, soplidos, caminar mirando o de frente o hacia el asfalto. Y más soplidos y bufidos. Esto no acaba nunca. Andar lento, pensativo. Una etapa dura. 27 km. en total.

Ermitas

Lo típico del Solsonès, las masías y la población muy dispersa se vio acompañado por pequeñas ermitas, algunas aún con cementerio adosado, muy bien situadas en un hermoso y abierto paisaje, como si las personas fallecidas tuvieran para siempre buenas vistas. Es el caso del intermedio de la subida, un descanso para reagruparse y contemplar, a 1160 metros de altura, Sant Martí de la Corriu, casa, ermita y cementerio por detrás, con algunos nichos y un pequeño espacio quizá con muchos restos de tantas gentes que habitaron la zona. Una cruz al viento, a merced de los grandes espacios y de quien, con su imaginación, pensara en sus creencias, en antepasados de la zona, en devociones diversas o bien buscara el encuadre perfecto para la mejor foto. Y una curiosidad: en el año 2004 los Mossos d'Esquadra detuvieron a un vecino de Sant Cugat del Vallès porque había robado la puerta de esta ermita, del siglo XIII, y la había colocado para entrar en su casa
Fin de las subidas
Más arriba, un sendero lleno de espinos y matorrales de los que dejan huella...en las piernas, brazos, etc. Ganar altura implica esfuerzo pero te recompensa con el regalo de la perspectiva. Pronto, la cima con un buen patio: a 1410 metros, el Cap de Balç, con un excelente mirador hacia el valle de Lord y el pantano. También, cómo no, alguna agresión al paisaje debía haber, es la industria del yeso y el vaciado de alguna montaña muy bien aprovechada. Enfrente, la prisión del Capolatell, recuerdos de la anterior etapa. Cansancio, esperas y personas a las que ya les pesan los desniveles y los kilómetros. Pero ya está.
La bajada no es igual a la de la anterior etapa. Quien sabe de GPS, temeroso de posibles sorpresas ajenas a su excelente servicio a la causa, respiró tranquilo cuando vio que todo era más fácil. Buen camino, un sendero entre bosques con otra ermita, Sant Lleïr de Casavella, a 995 metros. Sigue el descenso hasta pasar por un puente sobre el río Cardener y llegar al final de la etapa, a 925 metros: Sant Llorenç de Morunys o dels Piteus. Y los viejos recuerdos de anteriores pasos por aquí. El cruce con el GR7 y con el Camí dels Bons Homes trae a la memoria aquella otra etapa desde aquí hasta el pueblo de las Trementinaires: Tuixent. muchas setas, Demetrio de conductor, frutas y el involuntario olvido de un joven Grmano que ya no nos acompaña.

Parada y fonda

El núcleo antiguo del pueblo, vacío a aquellas horas, acaba en el aparcamiento donde está el autocar, hay un bar y muchos árboles de un rabioso color amarillo: plataneros y moreras que enseñan los últimos matices de un otoño que pronto será un anticipo del invierno. Qué diferente estaba esta plaza una semana después: la nieve lo cubría todo, un paisaje blanco como el de aquella otra etapa entre Tuixent hasta cerca de La Seu d'Urgell. El tiempo pasa, no se detiene.
El abrevadero fue cara al sol, a esos rayos que parece que calientan algo pero que al cabo de unos minutos se apagan y el fresco aire te invita a marchar.
Y eso es lo que se hizo, pensando en el tiempo invertido en la etapa, en el sol del otoño y en otras paradas hechas en este pueblo. Recuerdos que se pueden completar con otros pensamientos como éste:

“Fes que el temps no et persegueixi,
però tampoc no el defugis;
algun dia us trobareu”
Rose Chêne


Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
Terrassa, 2 de dicimbre de 2008

sábado, 15 de noviembre de 2008

Etapa 12 del antiguo GR1, entre La Vall D'Ora y la Llosa del Cavall




Sin riesgo no hay aventura



GRMANAS Y GRMANOS


Hay etapas y etapas en GRMANIA. Si bien cada una tiene sus particularidades, la que nos concierne estuvo llena de esas habilidades y competencias que hoy se les ofrece a los directivos de empresa. Además, pagan una fortuna por el paquete completo. Aquí no. Por 20 euros, quien asistió a la última etapa efectuó parecidas prácticas a las que una afamada web ofrece a ejecutivos agresivos en período de desintoxicación laboral: el outdoor training.
Veamos cómo es más rentable ir a un GR que no a una de ésas de “entrenamiento psicológico” bautizadas con el apelativo de “sin riesgo no hay aventura”

Traslados

Es la desconexión total, el cambio de costumbres, el vestirse con nuevos hábitos. Un día a la semana se abandonan las pudorosas vestimentas, tantos ajustes y vestidos que aprietan las carnes. El cuerpo se entrega al placer de la mochila bien repleta, las ropas holgadas y los ademanes poco ortodoxos. Aquéllos olvidan las corbatas y sus “emidio tucci” o similares. Les montan en un transporte diferente al vehículo habitual de aros, con jaguar o muy estrellados en su parrilla frontal. A nosotros, un anillado conductor nos somete a un batido de coco, al crujir de huesos y a ácaros diversos. La aventura ya es sentarse y olvidarse de dónde se apoya uno. Puede que a la larga sea un deporte de riesgo observar cómo en un asiento trasero un agujero parece una caverna, donde se desconocen los habitantes de sus profundidades. Cada etapa se observa cómo la cavidad del tapizado se agranda. Los efectos colaterales en el entorno ya veremos cómo evolucionan. Pero el desgaste, los desgarros y los boquetes se llegarán a convertir en todo un centro de recursos (no pedagógicos). Con estos principios muy consolidados extraña que estos atropos rodantes pasen la ITV, aunque sean un material rodante muy idóneo para poner el cuerpo a tono para la multiaventura.

Jefes

A aquellos ejecutivos les dicen en sus desconexiones aventureras que se olvidarán de los jefes y que trabajarán competencias y habilidades como la comunicación, el trabajo en equipo, la organización, la planificación, la estrategia y el liderazgo. Tanto objetivo sirve para justificar los altos precios de las minutas de la empresa organizadora. En los GR, todo es más barato y encima aderezado con risas, bromas y mucho humor. Ellos dicen olvidar al jefe pero en esta etapa el que manda tomó las riendas y se puso en primera fila nada más empezar a caminar. Sonaba raro verle dando zancadas rápidas para situarse en cabeza. Parecía ir al revés que esos cursos de desintoxicación de alto standing. Como iba por una zona sin marcas, el personal dudaba de su cometido en voz alta, lo que le obligó a proclamar a los cuatro vientos: “¡Voy a empezar a imponerme!” (léase con tono enérgico y voz impostada). Incluso, como su sabiduría abarca ya hasta la lengua árabe, lo remató: “Voy a insultar en moro”. Por tanto, ya se sabe quién manda.

Mejoras humanas

Después se supo que quien manda destapó sus habilidades de liderazgo para conducir al grupo mejor, sin pérdidas. O sea, detrás de sus órdenes estaba trabajando el compañerismo y la buena conducción del grupo hacia el final. Bien orientado el conjunto, él se retiró a sus posiciones habituales. Aquella etapa prometía. La ausencia de marcas, borradas de un GR ya antiguo, se completaba con el laborioso y excelente trabajo de quien pasa muchas horas acariciando al GPS y llenándolo de buenas informaciones. Otra enseñanza aventurera: aprecia el trabajo de todos porque, como se dice en Terrassa: “tothom suma”. El camino ascendía de manera continuada, dibujando los contornos de un hermoso valle surcado por uno de los ríos de aguas más claras del Prepirineo; la vall d'Ora. Aparecían algunos letreros que simulaban ser un juego de pistas o de doble significado: “A Busa per l'escala”. Quien ignoraba el detalle final interpretaba que había escaleras de piedra, con suave subida hasta el final. En muchos momentos quizá la ignorancia bien llevada alivia las sorpresas venideras. Hasta hay quien opina que se vive más feliz entre más ignorante se es.
La subida por la empinada senda dejaba ver el otoño y los desgastes de la roca, cárcavas incluidas. Un buen momento para que alguien descubriera una habilidad que se cotiza al alza: ella decía que impartía clases en las que había visto mejorar a los hombres. Tal cual. Este sexo débil salía fortalecido una vez que le habían llegado hasta el alma tantas enseñanzas de ella. La promoción de tales destrezas causó revuelo y alguien se ofreció a inscribirse en la lista de espera con un objetivo muy noble: quería que al salir de allí las mujeres le miraran, no sólo le vieran. La moza en cuestión sería una buena formadora de ejecutivos agresivos.
Poco a poco la primera prueba se acercaba

Escaleras y brochetas

Por algún sitio tenía que estar Busa. Pronto se despejó la incógnita. Busa estaba allá arriba. Y para llegar había que escalar. Una moza muy rodada por estos parajes se sorprendió al ver cómo el hierro había acondicionado mejor la casi vertical subida. Antes el reto era más aventurero. Ahora se trataba de subir en fila. La adrenalina se disparó ante el ascenso muy pronunciado.
Desde abajo el espectáculo era trasero: sólo se veían posaderas en progresión subida. Comentarios, sucedáneos de gritos, bromas. Era la catarsis que provoca la descarga de las tensiones semanales. Tal deporte de aventura disparó la riqueza cultural de quien sabe de todo. Viendo el panorama sugirió que, si otra vez se presenta una escalera de este tipo, que las mujeres procedan a ataviarse con falda plisada corta y los hombres con falda escocesa, libres los bajos a los balanceos propios de la fuerza de la gravedad. Se imaginaba tamaña escena. Pero pronto subió y asomó su cabeza en la zona alta. Casi nadie sabía cuál era su oculta misión al observar en posición visual de picado la ascensión.
Mientras, tres grmanos por poco se convierten en pincho moruno o brocheta. Un bastón se soltó y bajó disparado por la escalera. Casi quedan engarzados como si de alimento para una barbacoa se tratase. Ya arriba, todos contemplaron el paisaje natural en el que sobresalía un trapo artificial colgado de un mástil, algo que afeaba el balcón natural. Aunque, para quien lo puso, el valor del entorno debía residir en el símbolo.
Cuando la última persona subió, el que miraba hacia abajo en lo alto de la escalera se retiró. Después se supo que no estaba allí para publicitar aún más su cara. Observaba cómo subía el personal y estaba preparado por si alguien quedaba bloqueado por el miedo o el vértigo. Si esto hubiera ocurrido, disponía de un recorrido alternativo para facilitar su subida. Por tanto, he aquí otro de los valores de las salidas ejecutivas en plan multiaventura, gratis en un GR.


Almuerzos y petacas

Después de atravesar un campo lleno de ganado vacuno en el Pla de Busa, tocaba el desayuno. La aventura rural ya se sabe: no hay sillas, posible suelo mojado, no poyetes, piedras puntiagudas, charcos de agua, no mesas ni vasos ni cubiertos. Ambiente ganadero, boñigas diversas, olores a reses. Se formaron dos grupos a ambos lados del camino, separados pro charcos diversos. Las habituales botas estuvieron acompañadas por otra con vino de la Terra Alta. Alguna parece que se prodiga mucho en el chorro y echa tanto que no da tiempo a tragar. Pero no sólo se habló de vino. Un ilustre habló largo y tendido de la leche materna. Sabía tanto que hasta informó de los últimos avances a quien hace tiempo que no toca ni el líquido ni quizá la fuente del líquido. Hablaba de la técnica de la congelación de la leche, citaba la fabricación de yogures y otros preparados lácteos. Como se ve, la ciencia de la teta también avanza. Alguien se movía entre las aguas del camino, atentamente observado por ella. Temía que “se marraneara”: pudiera caer por un resbalón y volviera a casa algo desmejorado en su estética. La cosa no llegó a mayores. Aunque, cuando apareció una petaca llena de licor, hubo muchas degustaciones y más verborrea. El dueño dijo que el líquido del interior era añejo, de calidad. El asegurado éxito del brebaje no eclipsó a la competencia. “El whisky hippy” también se acabó. Y ya van dos petacas. Como dos fueron los cilindrines que se incineraron por sendas personas que aspiraban el humo, fruto de la combustión.
Dicho lo cual, la visita de “ferrero rocher” completó el buen sabor de boca para proseguir la aventura.
Aún quedaba mucho por venir.

Prisiones

A aquellos ejecutivos les aseguran emociones fuertes y les convencen de que volverán diferentes. En los Gr se vuelve de forma emocionada por todo y a precio de saldo. Circular por caminos sin marcas, con reses cornudas y hacia una prisión debe significar una desconexión total con la urbe. Todo se completaba con las vistas de la vall de Lord, de Port del Compte, de la forma de barco del promontorio en que se asienta el santuario de Lord, Sant Llorenç de Morunys,el Cadí, el escondido Pedraforca y la sierra de Guixers. Y eso que no se veían aún las impresionantes jaulas en las que los alemanes crían halcones para vendérselos a los adinerados jeques árabes. En Canalda están, aconpañados de polémica ecologista y de mucho dinero.
Ahora tocaba descubrir.
La prisión del Capolatell impresionó con sus riscos y paredes verticales. Hubo recuerdos para estas barbaridades guerreras, foto de grupo en lo alto y buenos deseos por parte de una señora ajena a GRMANIA que allí estaba. Soñó en alto y le dijo a este escriba que le gustaría pasar unas jornadas allí con buen yantar, buen beber y dejó entender que buen folgar con un aguerrido mozo (aseguro que el sujeto soñado no era éste que teclea). Quizá sería para compensar las miserias de quienes sufrieron la más vil inhumanidad de sus semejantes.



Llanuras y desorientaciones

De vuelta a la zona llana de Busa, el paisaje lo formaba un terreno ondulado con repoblaciones forestales, antiguos establos desocupados con sus inquilinas en los prados de enfrente (sobre una vaca con los cuernos caídos alguien hizo otra lectura: se les habían desatornillado) y una gran masía con la chimenea humeante mientras la señora buscaba más madera en el exterior. Se desconocen los motivos pero la gran abertura del primer piso en forma de arco, orientada al sol poniente, estaba tapada con ladrillos. A saber los motivos a tal atentado a la arquitectura tradicional.
En medio de todo, un letrero ocupó las miradas de una parte del personal. Se quería buscar el rumbo en medio de Busa. Las elucubraciones no parecían tener en cuenta la gran labor de quien tenía muy bien amaestrado el GPS, con muchas horas laborales invertidas a fondo perdido. Se debatía la dirección cuando ésta ya la definía el susodicho aparato y la ilustre moza que ya había hecho el camino. Pero no. La opción fue seguir husmeando casi hasta llegar al Coll d'Arques. Allí se acabó de reconocer que la sabiduría para la orientación no estaba en una pareja de buscadores de setas sino en el mismo grupo. Vuelta atrás y suave descenso por en medio de un impresionante bosque de pino rojo. Espectacular su altiva pose, la limpieza del sotobosque, la suavidad de la pradera y el dulce trotar con placidez hacia el camino de bajada.

Los miembros y la “miembra”

No era un camino muy transitado, excepto por la industria de la madera. El perfume del pino era natural, no como los sucedáneos envasados para envolver el suelo de tu hogar de una fragancia silvestre demasiado artificial. Una aventura el bajar a trote rápido, con los riscos del Capolatell a la derecha. La perspectiva de la roca magnificaba los sufrimientos anteriores y los supuestos placeres imaginados por la señora allá en lo alto.
No había señales, sólo ganas de llegar al autobús.
El GPS perdía los satélites de vez en cuando. Sin marcas, sin artefactos, sin chismes, la bajada podía ser a tumba abierta hacia el pantano de la Llosa del Cavall. El camino no quedaba claro, aunque también aquí se contaba con la experiencia de caminantes que ya habían dejado sus huellas antes. De todas formas, una avanzadilla se adentró por entre zarzas, gatosas y otras especies con pinchos. Pronto se encontraron con una pared vertical. Pero dos miembros fueron muy intrépidos, se jugaron la hipotética y futura pensión de jubilados y dejaron que sus cuerpos se deslizaran hacia abajo. Y, la heroína por el otro lado, fue una destacada “miembra” cuyo sexto sentido no sólo le funciona debajo del agua. Condujo bien al personal, apoyada después por los conocedores del terreno. Todo ello coordinado también con el contacto telefónico. Ese ya casi imprescindible apéndice ttecnológico an bien manejado por ejecutivos agresivos sirvió aquí para componer una escena cierta: el chófer abajo con su teléfono móvil en vivo y en directo. Miraba para arriba y veía humanos moviéndose por doquier. Él le transmitía instrucciones al jefe de la expedición sobre por dónde bajar y cómo conseguir el objetivo final.
Mientras, se corrió la voz de que alguien se había perdido. Multiaventura total. Despliegue de sistemas de seguridad. Los pitos para toques de emergencia salen de su guarida. Señales de alerta. Se oye cierto conato de concierto a pitido limpio. Una moza manifestó en voz alta que ella había metido el pito de un GRmano en la boca, pero que antes lo había lavado bien. La higiene, hasta el final, aunque fuera para motivos tan loables como encontrar al perdido. Al final, sanos y salvos, el útero materno en forma de trasto con motor acogió a quienes sólo tenían ganas de comer, abrevar y sestear. La etapa había acabado pero no las aventuras.

Comidas

Tanta sorpresa en un recorrido sin marcas había consolidado eso que venden a los ejecutivos para desestresarse: hubo confianza para buscar cooperación y complementación entre miembros y “miembras”, lo de delegar responsabilidades se ejerce bastante bien, igual que motivar a los Grmanos y Grmanas en compromisos. Y no hablemos del fomento de la comunicación o de mejorar la reacción de sagacidad en ingenio ante situaciones de presión y cambio. La etapa de hoy era un claro ejemplo.
No obstante, aún quedaba por encontrar un garito de carretera para abrevar. No fue tarea fácil a aquellas tardías horas. El sitio elegido debía poner a prueba la salida hasta el final. El moderno dueño dijo que acogía al grupo pero no dentro. Una caja de cerveza y a comer al lado de la perrera, sentados en unos bancos, en una pared o en el suelo, ante la atenta mirada de un malencarado perro. Era la última prueba del día. Sin riesgo a comer y beber al raso no hay aventura. Las caras fueron diversas: muecas de desencanto por parte de algunos y aceptación de la aventura hasta el final por parte de muchos. Este capítulo debía puntuar demasiado en la nota final. Conformados a la fuerza por las circunstancias, el no hay más remedio se transformó en alegría cuando el bar abrió una zona lateral donde acomodarse mejor. Las cosas cambiaron. Y más que lo harán si las participaciones de la lotería de grupo, normalizada lingüísticamente hablando, van más allá que la simple estética.

Para acabar

El difícil reto llegaba al final. Pocas etapas como ésta, sin necesidad a recurrir a esos lemas de captación de directivos ávidos de emociones fuertes, del tipo de“entrenamiento psicológico en medio de paisajes imponentes y desafiantes”. Los adornos para la desintoxicación carecen de sentido cuando el rodaje de tantos años pateando GR confirman que no hay que pagar tanto para tener casi todo lo necesario a tu alcance.

Y este escriba ya se calla apelando a un proverbio árabe:

“No parlis si el que vols dir
no és més bonic que el silenci”

Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
Terrassa, 13 de noviembre de 2008

domingo, 9 de noviembre de 2008

Etapa 11 del GR1, entre L'Espunyola i la Vall D'Ora




Cuando la impresión es la belleza


GRMANAS Y GRMANOS


Hace tiempo que no pasaba pero ocurrió. Mientras la lista de fijos y provisionales en GRMANIA tiende a aumentar, la presencia y asistencia a esta etapa rozó números desconocidos. Bajo mínimos en un tiempo otoñal, con la belleza rozando los sentidos. Quien tiene sus neuronas al máximo rendimiento (no será este plumilla) tiraba de anales y de disco duro para retroceder en el tiempo y hallar aquella salida. Pero tampoco la recordó. No obstante, las ausencias se perdieron impresiones puntuales muy bien fotografiadas en las retinas individuales. Hacía tiempo que no había tantos colores, tantos matices, tantas continuas subidas y bajadas, tanta perspectiva del Prepirineo por un lado y del Solsonès y el Berguedà por el otro.


La incógnita

Suscitaron muchos comentarios las ausencias. Incluso los hubo que situaron en su GPS mental la posición de quienes físicamente se dedicaban a otros menesteres en aquel uso horario. En tierras asiáticas había una enviada; a otros se les imaginaba delante del espejo, acicalándose a fondo, haciendo filigranas para acertar con el nudo de la corbata para celebraciones de alto copete o colocando la pluma del sombrero en erecta posición; había quienes estaban convalecientes o dedicados a asuntos laborales diversos. Un ilustre indicó que su mujer “estaba pinchada”, motivo por el cual no vino. Él se presentó en el autocar con el perfil de la etapa en papel, tan ennegrecido que impresionaba antes de comenzar. También hubo un grupo no hermético, pero sí reservado, que dedicó bastantes minutos a profundizar en una nueva palabra que aumentaría su diccionario personal. Dicho término vino suscitado por alguna notable ausencia.

Pistas

A lo largo de esta epístola irán apareciendo pistas para descubrir no a la persona pero sí al término conceptual. Si cada etapa es un pozo (de ciencia, de sudores, de técnica, de confusiones o de resbalones) en ésta ese círculo no reservado habló de tal vocablo. Para encontrarlo, las pistas serán palabras subrayadas. ¿Quién lo descubrirá?

Túneles

Como siempre, las tertulias viajeras dependían de la situación de cada sector en el armatoste con motor y ruedas conducido por “el señor de los anillos”. Las antenas recogen ondas pero no descifran todos los mensajes, quizá debido a las interferencias acústicas o a futuras necesidades de sonotones. Donde más ruido se concentra, atrás, se apreciaban más los estados previos a la somnolencia que supuestos discursos inteligibles. La crónica viajera se centraba en tejer una relación entre los gritos y modales educativos de las monitoras de comedores escolares con lo que debe querer decir la educación, versión nueva LOE. También alguien apuntaba una curiosa apreciación educativa. Como su centro escolar estaba al lado de la vía del tren, su equipo estadístico había anotado que una clase es igual al paso de cinco trenes. O sea, la educación física era un ejercicio sonoro: a más traqueteo ferroviario, más silencio y menos sudor. Se desconoce si la empresa lo tenía en esa escuela como infiltrado para verificar la puntualidad del servicio. También era otro motivo de diálogo el trabajo de las máquinas para hacer túneles, como los de la carretera en dirección al inicio de etapa o en los trenes de Terrassa. Claro que hubo para quien la palabra “tuneladora” le remite a otros pensamientos. Máquinas con armazones en espiral que entretuvieron la parte final del recorrido, con el último punto en donde el panadero comenzó a servir hogazas de pan a senderistas amantes de los gustos de antes.

Animales

Nada más empezar, las primeras marcas se vieron muy bien vigiladas. Un perro atado daba vueltas y ladraba con ímpetu. Abrió paso quien aún recuerda malas experiencias con canes pero con un valor evidente. El grupo iba ganando en altura poco a poco. Las lluvias y el ambiente otoñal invitaban al resbalón involuntario. Fue lo que hizo este escriba. Caída escorada y con contundencia. Aún conserva muescas en su pierna y codo. Aquellas piedras parecían tener una baba por encima, disfrazadas de ese verdor sospechoso. Las gomas de los bajos (de las zapatillas) no protegen y se dejan llevar por la humedad.
Otro animal casi nos cerró el paso en mitad del camino. Bien oteado por mentes aficionadas, se debatió su nombre vulgar: salamandra, salamanquesa, dragón. El reptil se salvó por esa mentalidad conservacionista que protege nuestras conciencias más que a los animales. Antes posó para una sesión fotográfica informal.



Hongos

La subida serpenteaba por senderos, caminos más anchos, paso de rieras con agua, charcos y muchas setas. Y si se dan éstas, abundan ellos. A estas alturas, pocos todoterrenos se veían y menos caminantes con el cesto. Este plumilla se atrevió a decir en voz alta que por aquí no llegan ni los abuelos. Palabras mal dichas, pues alguien del grupo matizó: “Por lo menos uno sí ha llegado”. Cierto, aunque él no cogió ningún fruto del bosque. Otros y otras sí que lo hicieron: “cogían, miraban, cazaban o no se enteraban” de las setas. Al lado del camino había alfombras de fredolics, en cualquier sitio aparecía el rovelló (más con gusanos que sin) o alguna llanega muy pringosa. Y también los típicos restos de basuras diversas de boletaires, excusionistas o cazadores antinaturales.

Poyetes

La reagrupación del personal se vio algo entorpecida por estiramientos boletaires. Caminar y buscar no es del todo compatible, con retrasos globales como efecto colateral. Con esperas incluidas, también hubo bolsas repletas y el equipo de transmisiones que se desgañitaba con invitaciones al “agrúpense, por favor”. Esta vez, también se aprendió y mucho. Para demostrar que andar con bastones alivia el cansancio, quien de física sabe mucho acudió a leyes de la termodinámica.
Dicho lo cual, las fuerzas invitaban a la búsqueda de un espacio donde satisfacer algunas necesidades primarias. El entorno era idílico, con los bosques que parecían una paleta de colores, un horizonte amplio lleno de brumas que no desdibujaban los míticos perfiles de La Mola, Montserrat o el Montseny al fondo. Y un presente con explanadas ocupadas por coches, masías dispersas y el camino que asciende. Se cree que sería la subida de las ganas de comer lo que hizo suspirar a una moza por un poyete. Debió dejarlo caer con una entonación tan placentera que las insidias verbales pronto la persiguieron. Los sabuesos de la lengua la invitaban a matizar pero ella quería el poyete. Otra ilustre que iba a su lado le ratificó que el trasero femenino como mejor está es “apoyado en un buen poyete”. Pues... a buscarlo.

Apoyos

En un desnivel del terreno ellas se consolaron. No había lo que buscaban. Pero las vistas eran espléndidas, debajo de una línea eléctrica que se perdía en el horizonte, estableciendo a su paso un cortafuegos artificial. Tanta energía suscitó múltiple terminología a medida que los estómagos pasaban de la formalidad de la comida a la diversidad de los postres. Mientras, ellos hablaban de alguien ausente que buscaba ampliar conocimientos muy terrenales, muy rastreros, con toques ascendentes. Otros imploraban a Murphi cuando decían que no cogían setas porque, si hubiera una venenosa, le tocaría a él. O hubo persona muy versada en ordenadores que comparó la cabellera de su cabeza con una urbanización: una rotonda en medio y dos despejadas entradas a los lados. Bien apoyado estaba el grupo, pues en tres cuartos de hora de condumio aparecieron castañas asadas, variedad de frutos secos, tés y cafés, frutas y esa libación artesana de ella que alguien denomina el “whisqui hippy”. Éxito total.

Temas

El arranque fue en cuesta. Las marchas del motor entraban lentamente. Había que afrontar la parte más dura del mapa expuesto en el autocar. Era una pequeña cresta con un camino franqueado por alambre espinoso. Detrás había cuernos. Bosques de altos pinos con matorrales y pradera donde las cornamentas enfocaban hacia abajo. Ellas comían y no mostraban interés por senderistas que comenzaban a sudar. Las vacas sólo dejaban sus grandes huellas en sus defecaciones recientes. La senda subía e invitaba a alguna confusión. La belleza te engullía mientras el almuerzo producía efectos colaterales. El perfil de la cresta enfocaba hacia el valle del Llobregat más abierto. Pero pronto las constantes curvas ascendentes te abrían los ojos a más paisaje, más perspectiva y unas ruinas de lo que debió ser una iglesia, una masía y unas placas solares a modo de toque contemporáneo.
La cabeza del grupo paró, vio, observó, se fotografió y reflexionó. La instantánea digital era un cuadro diverso, formado por las ruinas atrás allá en lo alto y los rostros andarines delante. Pronto la socarronería apareció con juegos de palabras en torno a “ruinas”: “los de la foto somos o no somos una ruina, mucha gente está arruinada con la crisis, pronto estaremos derruidos, acabaremos el GR en un estado ruinoso”. A aquellas alturas también se pensó en qué estaría haciendo quien faltaba por motivos académicos. Nosotros, tan altos y esa persona, tan baja. Muy abajo para ver todo mejor y profundizar en un término con toques placenteros, si bien ese placer no a todos le gusta ni le convence.
Más adelante, un gran balcón natural mostraba mejor lo que la naturaleza ofrece de forma gratuita: vegetación, verdor, visibilidad, vida. Alguien miró al cielo y atinó a identificar supuestos buitres. Ellos volaban tan alto. Deben ser mejores que los que van a ras de tierra. También es donde está el objeto del trabajo de nuestra incógnita ausente.
El camino siguió bordeando pendientes, “tosales”, siguiendo bordes resbaladizos con buenas vistas a una carretera y masías bien protegidas por vehículos de boletaires. Ella aprovechó el tiempo para ofrecer una lección de anatomía. Aseguraba que existe una relación entre el tamaño de la nariz con otros tamaños. Parece ser que fue una de las sesudas conclusiones a las que llegó de su viaje a Turquía. Decía que los de este país disponen de una buena tercera dimensión, de una larga conversación, acorde con su apéndice nasal. Como en todo estudio científico, sólo falta demostrarlo con pruebas prácticas comprobadas in situ. Otra prueba más de que caminar es un continuo aprendizaje. Aunque quien no está aquí sigue el rastro para ver si es verdad o no que la belleza depende de su objeto de estudio.

Finales

La parte final del camino fue una agradable bajada hacia la Vall d’Ora. El tiempo se iba consumiendo y se optó por acortar la etapa. El pont de Llinras estaba al otro lado de la montaña, lo que obligó a nuestro hombre del volante a dar un rodeo para entrar en una zona sin cobertura de telefonía móvil. Allí, al lado del monumento a Guifrè el Pilós, junto al museo de la Vall D’Ora, nuestro experto en GPS y físicas diversas se recuperaba de los gajes del oficio. El personal estaba por tierra esperando. Una avanzadilla buscó las antenas de la letelonía para salir de dudas y contactar con el conductor. Pero pronto llegó con una sonrisa de oreja a oreja. Manifestó que este territorio él ya lo conocía y nos regaló un profundo mensaje al vernos: “Mira que sus lo tengo dissso, habeijj de confiajj mah en mí”.
El encuentro acabó en diversas mesas de un bar de carretera, al sol que más calienta en esta época.
Y también las pistas debían ayudar a descubrir la nueva palabra y el objeto de estudio de ese alguien ausente del GR. La respuesta, incluida en el enlace de la palabra, es la HELICICULTURA. Se trata de la ciencia que estudia un animal rastrero, que deja babas, tiene cuernos o antenas retráctiles, en Lleida son el centro de una fiesta y en la tele recurren a su baba para vender milagros estéticos. Nuestros caracoles son el centro de nuestro descubrimiento y de su estudio.
Llegados hasta aquí, con buen diccionario y conocimientos de idiomas diversos, he aquí una cita en francés de Ralp Waldo Emerson, colocada en una tienda de deportes de Aix-Les-Termes:

“Bien que nous voyagions de par le monde pour trouver la beauté, nous devons l'avoir en nous-mêmes ou nous en la trouverons pas”


Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
Terrassa, 5 de noviembre de 2008

sábado, 4 de octubre de 2008

Décima etapa del GR1, entre Gironella y L'Espunyola







Intensa vida social en un agradable paseo por el Berguedà


GRMANOS Y GRMANAS

Besos, arrumacos, hola, cómo estás, los típicos saludos se produjeron después de varios meses de dispersión por esos mundos tan globalizados en uno. Aparentemente la nocturnidad no dejaba descubrir supuestos cambios físicos. Lo más visible fue alguna barba tipo Che Guevara (de nuevo de moda: Benicio del Toro en pantalla), alguna perilla de perfil romántico, muchos teñidos y bastantes cabellos que debieron quedar a merced del viento (fueran o no por “echar una cana al aire”).
Desempolvados los enseres excursionistas, llenas las mochilas, sólo quedaba estirar la musculatura, acomodarse en el marco incomparable del espacio de cada asiento de aquella antigüedad con ruedas, fiarse de los dedos muy anillados de quien nos conduce y encomendarse al destino.

Globalizados

Aquel final de la otra temporada ahora es el principio de ésta. Gironella, a 450 metros, meta e inicio. Al lado del río Llobregat, a donde vertían las aguas de las fuertes lluvias caídas hace poco. Los charcos por el camino también daban fe de ello. La placidez del recorrido invitaba a la añoranza de aquellos tiempos estivales en que todos invertimos nuestros dineros para ver, fotografiar y contar tantas muestras de que lo que vimos en la web o en la foto de la agencia era verdad. Existía. Somos testigos y lo hemos traído en nuestra memoria digital. Con las aguas del Llobregat cerca, alguien hablaba de la belleza del crucero por el Nilo o por los mares del norte de Europa. Siguiendo el camino hubo quien su porción de agua estuvo en el delta del Ebro. Entre arrozales y barcazas llegó hasta Buda (la punta). Más adelante inquietó saber por qué a aquel guía le faltaba un dedo por culpa del agua (muy bien digerido por las pirañas). O cómo nadie se atrevió por la noche a bajarse de la hamaca para “hacer aguas” o a “cambiarle el agua al canario” en medio de tan espesa vegetación, con sonidos inquietantes. O quien descendió el río Sella en canoa y le hizo aguas, quedándole la barca por montera. Entre charcos y barro también le vino a alguien el recuerdo del camino de Carlos V desde Tornavacas a Yuste, con frescos baños en la Garganta de los Infiernos. Y, ya que de líquidos va el recuerdo, hubo quien denunció en público que lo invitaron a casa de un ilustre caminante y no fueron del todo saciadas sus necesidades cerveceras. Decía que Buda vivió mejor. Pero nada como quien estuvo diez días de submarinismo en medio del Mar Rojo, en la zona donde Moisés dicen que separó las aguas. O de los caminantes hacia Santiago, bien regados con buenos caldos al final de cada etapa, en bici o a pie. O la preocupación que inquietaba a otro ilustre del grupo, pues no sabía para qué utilizarían el edificio con la gota de agua de la Expo de Zaragoza. Claro que, para desfacer el entuerto, pronto le espera una ruta por los paradores de Andalucía. Hasta también se recordó la ausencia del agua: en ese gran desierto en medio de la selva brasileña, en las zonas donde el Nilo no es el maná, en los altos riscos de exigentes rutas pirenaicas con los recipientes vacíos, en los precios a los que cobran el agua al turista asfixiado. En resumen, el mundo tiene aún más forma global en verano mientras los aviones, la paga extra, el pago a plazos e Internet lo permitan.

Dulces paseos otoñales

Las lluvias habían refrescado el ambiente y algunos vegetales reverdecían. Otros aportaban esas frutas que algunos muy rurales tomaban prestadas sin derecho a devolución. El recorrido sorprendía con pintadas reivindicativas de libertades varias, o que los del centro roban. La lluvia aún no las había desdibujado. Estéticamente sorprendían a los pocos caminantes que por allí pasaban. Con el Prepirineo al fondo y charcos al lado, pronto apareció la ermita de Sant Vicenç d'Obiols, de arte románico. Muy bien conservada, con buenas vistas y un recóndito cementerio. Un espacio, éste, que a alguien le recordó el principio de otra actividad deportiva del domingo pasado en Sant Joan de les Abadeses. En aquella ocasión, ciertos intrépidos del pelotón de cola aparcaron al lado del servicio de Pompas Fúnebres del Ripollès. Afortunadamente ni en aquella ocasión ni ahora hizo falta su uso.
Mientras, el dulce paseo discurría entre el bucolismo de los campos que esperaban el otoño real, los animalillos vacunos rebrincaban en sus granjas, los de la cresta cacareaban en el corral formando un rojo pelotón y los patos dibujaban un sinfín de olas en aquel estanque. Y todos los caminantes disfrutaban del reencuentro, con tantas historias acumuladas tras varios meses de no verse. Aunque, bien es verdad que alguna destacada moza ya empezaba la temporada con disquisiciones improcedentes. La atrevida señora quiso calentar el ambiente por Internet con aquello de alargar las etapas. Un sagaz mozo se interrogaba en su respuesta sobre qué había que alargar y, según lo que fuera, se apuntaba a tamaño proceder. A lo que ella, delante de testigos andarines, tuvo el descaro de cierto desaire perdonable: “Yo cuando quiero caminar, llamo a mis amigos y me voy a la montaña”. Mientras, todo el grupo que la acompañaba la seguía...¿haciendo qué? Más adelante se descubrirá realmente qué es lo que le supuraba por una pierna, que usaba para caminar...¿o no?


“No le hagáis un feo al abuelo”

La primera etapa, diseñada para poner los cuerpos a tono, transcurría plácidamente. Y el reloj, también. Sin alteraciones, con la nostalgia del verano en los labios, regodeándose en lo felices que fuimos mientras no teníamos horario fijo. Hasta hubo quien presumió de que lo único que anduvo fue para cubrir la distancia que había entre el aparcamiento del coche y el restaurante de turno. Los esfuerzos del primer día se pagan y qué mejor que coger fuerzas con la primera parada gastronómica.
Se desconocen las fuerzas telúricas que mueven el inconsciente colectivo pero las iglesias y ermitas deben embrujar al personal. La parada se efectuó en una que parecía haber previsto el encuentro. Ya había un espacio cerrado, como si fuera una mesa redonda, y un habitáculo en medio. Lo que quizá fuera un baptisterio en desuso pronto tuvo utilidad. Los bastones allí colocados parecían un cuadro de las lanzas, prestas a entrar en acción por la empuñadura. Pero lo que se puso en marcha fue la parafernalia habitual: botas, bocatas y otras especies. Todo parecía discurrir dentro de los cauces habituales, hasta con cierta tranquilidad sospechosa. Y todo se alegró cuando el abuelo y la abuela enseñaron los trofeos que habían acarreado en la mochila. Los termos con café estimularon un ambiente que pronto pasó a mayores. El preciado y afrodisíaco chocolate Lind se derritió en los paladares, las cajas no paraban de circular. Para despegar el preciado cacao de la lengua, qué mejor que la ayuda de algunos alcoholes como Torres 10 y Chinchón dulce. Con la disculpa de preparar un carajillo, los vasos no paraban de rellenarse y los cerebros pronto se vieron atacados por risas, frases y locuacidades diversas. La temporada empezaba con un suave botellón...¿dónde? Pues a la puerta de una iglesia. Risas, chistes, tertulias, “llena otra vez el vaso, parece que hablas demasiado, come otro bombón y no le hagas un feo al abuelo, tantos años en colegios de curas y monjas y a tu edad narcotizándote cerca de la pila donde a alguno bautizarían....con agua, si Paco viera el fruto de tantos dineros como invirtió en tu educación y ahora esto”. Las botellas circulaban y todos felicitaban tan loable iniciativa. Una sincera felicitación que, más delante, el abuelo le contará a Júlia con pelos y señales. Luego, quizá ella le responda: “¡Venga abuelo, no paras de contar batallas!” Pero seguro que ambos se entenderán mejor que los del anuncio del espetec Casa Tarradellas.

Encrucijadas y anacardos

El camino discurría entre suaves lomas con las estribaciones del Prepirineo al fondo, el santuario de Queralt, campos en diversos estados dentro del calendario agrícola, casas derruidas por el abandono, granjas y ermitas como la de Santa Maria d'Avià, a 685 metros. Un GR con bifurcaciones sin pérdidas, con pintadas reivindicativas a merced de pocos lectores y con sorpresas.
La placidez del recorrido dejó mucho tiempo libre para hablar, fotografiar, escuchar, compartir, fijarse y hasta hacer equilibrios en el aire. Aquella moza díscola con la persona que se esfuerza en diseñar los recorridos observó que por su pierna supuraba algún líquido raro. Como que el camino le sabía a poco, debió entregarse tanto a las libaciones etílicas que restos de algún destilado le recorrían la pierna, mientras la sin hueso no paraba de trabajar. Pronto se puso a tono, volvió a cierta compostura y siguió hacia adelante por barrizales diversos y charcos a discreción.
Más adelante, otra alerta preocupó a los servicios médicos femeninos. Un buen mozo parece ser que iba pensando en la “castanha caju” y, no sabe por qué, pero casi demostró lo que era un tirabuzón en vivo y en directo. Trastabilló, tropezó, giró y las consecuencias de tan desgraciada caída eran evidentes. Entre las frutas tropicales con que obsequiaron al grupo la pareja de intrépidos aventureros (en español, la palabra anterior es Anacardo), quizá los vapores de carajillos anteriores y alguna raíz o piedra puesta a modo de estorbo, el susto puso en alerta al grupo. Y se produjo un curioso efecto, una novedad: una mano femenina muy diestra frotaba al caído hasta en la tetilla izquierda (¿sería por ser ella experta en cardiología?), él insistía en que tenía más muescas en otros lugares, como en la cara o pierna. Todo fueron atenciones en tierra y, en especial, al reiniciar el camino. El efecto pasará a los anales de GRMANIA: ya en pie, él inicia el camino y casi toda la representación femenina del grupo andarín lo rodea mientras asciende una pequeña cuesta. Parecían querer llevarlo en volandas. Con tantas atenciones de género, se le desea que las próximas caídas a tierra no sean por accidentes.

El hombre

Los kilómetros llegaban a su fin aunque hubo ciertas dificultades que superar. Los resbalones provocaron salirse del camino oficial y triscar por márgenes varios, aguantar alambres protectoras al pasar y mancharse los bajos (de los pantalones). También hubo quien, en anteriores salidas estivales, se quejaba a sus compañeras de camino que ya no tenía tantas fuerzas, que ella ya no era ni su sombra, que tiempos pasados fueron mejores. Batallas que se fueron al traste cuando se puso la primera de la fila y se dejó llevar por algún hombre que ahora está en progresión muy ascendente. Las compañeras, desde atrás, veían cómo ella sí era como antes, sólo que en esta ocasión el estímulo del paso ligero no sólo estaba en el camino.
Otro hombre destacó en la ruta. Un tractor llevaba un remolque con buenos trozos de madera para calefacciones, chimeneas, parrillas y asados. En el pescante iba un señor entrado en años luciendo el moreno y desnudo torso. Detalles que no le pasaron desapercibidos al profesional del chiste en el grupo. De ello dan fe las palabras que le lanzó a aquel sujeto: “¿Qué bien vas ahí arriba tomando el sol, eh? ¡Con esa leña ya harás buenas barbacoas!”.

El pan

Cerca del final, la casa dels Quatre Vents, a 775 metros, parecía una atalaya que estaba a merced de los fuertes aires de la zona. Unos canes atados en las esquinas mostraban su cara menos amable, aunque el dueño decía que todo era imagen. Las vacas le hacían compañía al dueño, un hombre mayor que se recuperaba de fuertes sesiones de quimioterapia y veía su futuro con optimismo. No obstante, el presente era una casa por donde han pasado muchas generaciones y una higuera que brindaba sus granates y maduros frutos. Esta vez hubo que pedir permiso y disfrutar de las delicias de unos higos que sabían a regalo natural (de hecho, eran gratuitos). Aunque no todo eran momentos dulces. A un atleta en constante progresión le sorprendió “la caricia” de una avispa y le dejó un desagradable recuerdo. Más adelante, ya a la entrada de L'Espunyola, el olor a pan recién hecho formaba parte de esa técnica publicitaria que ahora cada vez está más de moda. Es el marketing sensorial, un moderno truco empresarial basado en lo de toda la vida: los buenos olores de los alimentos recién hechos se expanden urbi et orbe y animan a los sentidos más primarios a soñar con esos manjares. O sea, a conprarlos. Pius daba nombre a aquel horno que recibía al consumidor con una gran masera al fondo, grandes hogazas de pan cerca y dos señoras que se vieron sorprendidas por la avalancha humana, ávida de recordar los sabores de antes hechos ahora. Quien sabe de productos autóctonos, experta en flora, fauna y hongos, sorprendió al público ignorante con la compra de una especie de pan rallado típico de la zona. Ella decía que era excelente para la sopa de pescado. O sea, un secreto que no desveló hasta el momento de montar en el autocar.

Cal Curro

Como el dulce paseo dio para mucho, sobró tiempo para recordar aquellos momentos en que este bar del Pont de Vilomara llenaba las mesas de enormes jarras de cerveza. Esta vez fueron más pequeñas pero muchas. Bebida y comida. Porque, como dijo una vez el padre del presidente de la empresa Ford y después de Chrysler, Lee Iacocca: “En tiempos de crisis, la última cosa que deja de hacer la gente es comer”.
No se sabe los motivos pero se formaron dos grupos de comensales. ¿Quizá la gente más fashion estaba fuera y el resto dentro? Todos, bien regados por líquidos. Y, los de dentro como mínimo, degustaron detalles gastronómicos con que nos obsequiaron los visitantes de Brasil. Pero los de fuera sorprendieron al respetable con un detalle al cuello. Siguiendo con el moderno márketing, ahora también se puede colaborar en la esponsorización de una nueva barca tipo llaüt a cambio de un pañuelo amarillo. Y, además, con el honor de que tu nombre figure inscrito en una zona del exterior de la barca, bien visible.
Ya de vuelta, en el autocar, siguió el reparto: una postal de recuerdo de la fiesta de Sant Llorenç a la Mola, del pasado 10 de agosto, y un cartel anunciador de la Romería. Todo dado en medio de una sesuda conversación previa al breve conato de siesta. Se debatía acaloradamente sobre las predicciones catastrofistas del sabio Stephen Hawking. Un intercambio de ideas que apenas dio paso al momentáneo descanso.
El viaje de vuelta fue breve, significó el final de la primera etapa, un feliz encuentro que también puede ser propicio para terminarlo con un pensamiento:

“El secret de la felicitat
no rau a fer sempre el que es vol fer;
sinó a estimar sempre el que es fa”
Leon Tolstoi



Evaristo
Terrassa, 3 de octubre de 2008
http://afondonatural.blogspot.com