domingo, 21 de junio de 2009

Etapa 23 del GR1, entre el Noguera Pallaresa i Corçà

Casi nos pasa de todo


Grmanos y Grmanas



La última etapa de la temporada fue “un regalo”. Pocas veces como en esta ocasión GRMANIA se atrevió a tanto y caminó tan poco. No obstante los deportes de aventura estuvieron al alcance de la mano, con o sin ruedas, con o sin agua. Y por poco un grupo hace bajada en caída motorizada. Menos mal que lo que no fueron kilómetros se completaron con suculentas informaciones muy reservadas, continuación de las iniciadas en la etapa anterior. Pasen y lean.

Novedades blancas

Las personas que se quedaron en casa, que fueron muchas, se perdieron grandes descargas de adrenalina y nunca disfrutarán del placer de la incógnita de la busqueda del tiempo perdido por la avería de un carruaje. Las del alba serían cuando el de los anillos nos presenta a su Dulcinea: un vehículo de 50 plazas, de un blanco inmaculado que esconde 11 años de atascos por Madrid y que, en una semana de estancia en Cataluña, se presentó en sociedad dinamitando el motor de arranque. Pero eso se descubrió más tarde. Amplitud aparente, muecas de alegría del conductor y sonrisas de complicidad.

Desvío a la izquierda

La capital de La Noguera, Balaguer, quedó a un lado en medio de campos aún verdes y las típicas fragancias de los animales de la zona. Hubo que girar a la izquierda y aquí empezó uno de los capítulos de la aventura. El embrague avisó con su típico olor a chamusquina que nos iba a dar una alegría. Tanto fijarse en blanco vehículo, en el anillado conductor e ignorar la existencia de esta pieza. Pues no. Me quemo y se acabó. Y en éstas se produce un continuo mete-saca del jefe: velocidad adentro y afuera. Pero no había empuje. O sea, la cosa no avanzaba. Operación repetida hasta la saciedad. Que no. Mientras, la cara del buenhombre se torcía y empezaba a jurar para sus adentros. Ya sin solución aparente, llamó a los mecánicos que tenía en los boxes de Terrassa y le prometieron un vehículo de cortesía. Señaliza bien en varios metros a la redonda, siempre jurando en arameo, y, en lontananza, aparece un coche de las autoridades del uniforme, versión país catalán.
La conversación no se oyó pero alguien se ofreció a traducir las palabras: decía con él les hablaría con esa fluidez y claridad que le caracteriza, con esas aspiraciones de letras y con esa dicción muy respetable, mientras ellos se afanarían en los dictados del conseller Saura: tomarle declaración en la lengua de Pompeu Fabra. O sea, un cruce de lenguas que no evitaría las dos horas de espera. Otra mente muy bien pensante pronosticó que la cosa no pasaria a mayores. Intuyó que a aquellas horas la autoridad ya había reservado un abundante desayuno a la brasa en algún sitio y, por trámites de circulación, no se podía enfriar. Con lo que dejaron a nuestro estimado más solo que la una...y jurando su suerte.

Alivio

El tiempo que sed ebía invertir en la espera se dedicó a buscar un paraje para atender los placeres del estómago. Hasta llegar al lugar hubo quienes cazaron grillos, alguien encontró un ave muerta (el mismo de quien descubrieron después que para su primera comunión le regalaron una boina con pico y tamaño enfado aún le dura). Al lado de unas grandes balas de paja se relajó la espera con botas, manchas de vino en la camiseta y alguien que decía que la nicotina engrasa los ejes de las neuronas. Por eso en la comida y paella final los puros con nostalgias castristas de gran calidad y precio ejercen una gran labor terapéutica entre sus incondicionales.

Plan B

Invertidas dos horas en la espera y en los condumios, en lontananza apareció otra diligencia con el servicio de asistencia mecánica. Traspaso de bolsas y la ruta siguió hacia un supuesto punto de salida. La subida prevista se resolvió sobre ruedas. Por tanto, el camino quedaba expedito para bordear Àger, observar desde dónde dónde se lanza tanto parapente, ver su elevada iglesia e imaginar cómo viviría en este pueblo Gaspar de Portolà, gobernador de California entre 1767 y 1770, y fundador de San Diego y Monterrey.
Como que la dificultad era relativa, la llegada del trozo caminando hasta Âger transcurrió sin problemas, mojada en la parte final. Pero allí estaba la carpa de un cámping. Representó el gran paragüas salvador de la exigua multitud. Al lado, el autocar. Y dudas. Qué hacer. Ideas: acabar aquí la etapa, llegar hasta Corçà al bar habitual, llegar a Corçà e ir a pie a La Pertusa, ir corriendo desde Àger a Corçà.
La solución fue salomónica: el grupo más lanzado fue al trote y el resto en autocar.



A contracorriente


Lo nunca visto. Increíble. Para recordar. Alguien iba dormido al final y, cuando despertó se encontró con un autocar que se adentraba en el estecho de Mont-Rebei. Lo imposible ahí. Carretera estrecha para un vehículo y por allí se desplazaba el autocar. Las ramas dibujaron rayas en la carrocería. Las ruedas traseras pegaban en los lados al tomar una curva. Nadie vino de frente para que hubiera áun más aventura, Y todo por confundir un aparcamiento con otro o por la comodidad de aproximarse al máximo. La Pertusa fue el destino conquistado por algunos mientras el peligro acechaba.
Marcha atrás hasta encontrar un espacio donde dar la vuelta. Autocar en pendiente, al borde del precipicio. Marcha atrás. No entra. El vehículo avanza. Tres espectadores en primera fila. De nuevo. marcha atrás. El autocar, para adelante. Otra vez parada. Vuelta a intentarlo. Ya a un palmo del precipicio. Las caras, de cera. Al tercer intento responde la máquina, las ruedas traseras dejan su traza en la tierra blanda pero se sale. Por poco se puede contar la terrible experiencia. Sin duda, el momento más peligroso e inolvidable para tres personas del grupo. Algo evitable e incomprensible. Como para tener en cuenta. La Pertusa en autocar no vale tamaño peligro.

Segundo capítulo

El dueño del bar de Corçà debió anotar los datos del conductor para sus anales. Alucinaba ante tamaña irresponsabilidad. Pero sirvió las cervezas y, quien no vivió la experiencia, como si ésta no hubiera existido.
Menos mal que la sabiduría no tiene límites y menos en temas sexuales.
Al acabar el ágape, este plumilla fue ampliamente documentado por quien de esto sabe. Se trataba de completar el dossier sobre la salud sexual de personas que se mueven en una franja de edad parecida al público de GRMANIA.

Primer filtro

Si en el capítulo anterior se trató el tema hombres, se ha de hacer honor a la conquista de la igualdad de sexos (y nunca mejor dicho). Pero la publicación del estudio tiene ciertos peligros. Lo más fácil hubiera sido la censura. Como hoy con Internet no se consigue tapar nada (mirad a Berlusconi y sus destapadas velinas), el informe se va a publicar pero con filtros. Aprovechemos Internet para que cada uno lea lo que quiera, avance, se quede, se autocensure. Pero que nadie acuse al mensajero de no haber advertido. (Si quieres y te atreves, pasa aquí abajo al segundo filtro bajo tu responsabilidad)

Al final de todo, amigo o amiga, además de desearte lo mejor hasta la próxima temporada, recuerda lo que decía aquel clásico:

“ La realidad es invisible”

Terrassa, 18 de junio de 2009



Segundo filtro

El sexo, tal cual: una realidad que nos persigue

La tercera juventud de la población cada vez dura más. Pero la edad también hace mella entre las personas adultas. La dureza y consistencia corporal se torna flacidez con impedimentos diversos, mejor o peor disimulados.
Las modas y los personajes famosos provocan a menudo toques de extrema juventud o falsas adolescencias entre franjas de edad con muchos tintes en sus canas. No hace falta recurrir a las “velinas” berlusconianas o a las amazonas gadafianas, ni a los efebos para consuelo de algunos tonsurados o damas aún de buen ver. La realidad nos persigue hasta en esas zonas medias del cuerpo con las que no hace tanto se afirmaba la potencia, la prepotencia o la capacidad de engendrar, procrear y conseguir que haya más placer general o más personal en el redil.
Ante tantos bulos como circulan, mejunges variados para elevar las potencias vía correo electrónico y toques de viagras o cremas diversas, se impone la humildad, hacer una genuflexión ante las autoridades médicas y oír su oráculo para salir de dudas.
Como estos temas, en la niñez, gozaban del interrogante lascivo dado por la calificación moral del momento, ahora quizá haya que cubrirlos también con un velo para no herir adultas sensibilidades. No tanto debido a pensamientos adolescentes sino porque cuesta oír la crudeza de la medicina más contrastada. Por temor, quizá, a sentirse retratados.
Si, llegados a este punto, los esquemas mentales se cree que no digerirán bien las investigaciones médicas, ante el temor a sentir fotografiados los bajos como si de un daguerrotipo se tratara, mejor es dejarlo. Que nadie muestre sus vergüenzas en público. Pero que tampoco nadie se avergüence de la publicación de esa realidad que, con la edad, nos persigue.
Si lo tienes claro, clica y enfréntate al estudio más completo sobre el funcionamiento de la sexualidad en esa franja de la vida en que, más pronto o más tarde, a todos nos pasará por la piedra. Si no lo tienes claro, no avances más, apaga y vámonos,

Tercer filtro

Sexo ni puro ni duro

Para evitar suspicacias, los datos que vienen a continuación están avalados por mentes con muchos sexo dentro. O sea, estudiosos que se han dedicado (en alma seguro que sí, en cuerpo quizá también) a profundizar en los misterios de esas glándulas que manda la cabeza pero que a veces se dejan llevar ellas solas.
Lo que viene a continuación es palabra de Becker, Judith V y Kavoussi y de Richard J. Todos los anteriores se completan con eminencias tales como Talbot, JA, Hales, RE y Youdofsky de The Americab Psychiatric Press (Chicago-USA), quienes, en su “Tratado de Pisquiatría” reflejaron lo que corre por dentro cuando alguien cree que el placer mencionado no tiene trasfondo. Todos ayudados por Kaplan y Sadock, que escribieron otro “Tratado de Psiquiatría”, de William &Wilkins, Baltimore, Maryland (USA).
Con tanta materia gris desplegada en tamañas investigaciones psiquiátricas, este Grmano ha tenido que acudir a su traductor particular para descifrar estos temas. Además de repartir cohibas castristas y desmenuzar placeres gastronómicos, el psiquiatra J. A. se ofreció a poner “en roman paladino” tanto estudio y responder a la eterna pregunta: “ A esta edad, ¿qué me pasa, doctor?”. Para no ser acusado de plagio, este plumilla hace las veces de psiquiatra y paciente y os lo explica así:

“Pues mira, Grmano, el otro día te sorprendí con una estadística que podía causar estragos entre la masculinidad de GRMANIA. Y cuál no sería mi sorpresa que os veo hoy escrutando (palabra que no se relaciona con escroto) palabras, maneras y comportamientos del personal. Aunque somos pocos en esta etapa, parece ser que ya hay serios aspirantes a situarse entre los 8 que nos tocan con la d. e. (no digo la disfunción por temor a que alguien se moleste en sus entrañas: ya los ha habido y se piden disculpas). Y también están fichados los tres presentes en el carruaje que se les aprecian formas muy normales en otros pero ocultas en estos.
Me solicitaste los estudios femeninos. Te dije que eran igual de crudos que los masculinos. Como psiquiatra que soy, creo que hace más daño no ver la realidad que conocerla. Pero, por si acaso, establezcamos el

Cuarto filtro o barrera.

Quien se la salte, que abra los ojos, discuta, se informe y si encuentra algo mejor.... no siga leyendo.

Pues bien, en estas franjas de edad, tres de cada diez mujeres adultas padecen “fr..g..d.ed”. Para quien no deletree o entienda mejor los términos médicos: “anorgasmia”. Es imposible creer algunas aberraciones de ciertas mentes que traducen esto a lo bestia. Hasta deberían acudir a algún psiquiatra quienes piensen en...... (no, las barbaridades mejor no decirlas....bueno, no censuremos) o sea, quienes interpreten como una tragedia que, si de cada 10 cuatro ni lo intentan y, se supone que de las que lo intentan, de cada 10, tres no lo consiguen, dicen esos depravados mentales: “apaga y vámonos”. Tamaño juicio nunca lo dirían esas eminencias anteriores, las cuales ayudarían siempre a hombres y mujeres a interpretarse.
Claro que, entre la psiquiatría, ya encasillan también a aquellos varones que no se conforman sólo con descubrir tantos hombres diferentes como hay entre los de su especie. Algunos van más allá y se sienten pecadores en el diván del psiquiatra. A menudo se oyen flagelarse ante el experto así: “sólo pensamos en lo mismo y es verdad; somos unos salidos, y es verdad; y somos unos bocazas, y también es verdad”.
Siguiendo con la cruda realidad, aquí se impone el

Quinto filtro o barrera

Dejamos a un lado la singularidad masculina y pasamos a la traducción de los sesudos estudios de arriba, avalados por tratados y cerebrines varias, entre el público femenino, en una muestra de 19 mujeres de edades ya conocidas (todo según americanos made in USA). La estadística es temible, la gran mentira una vez más, qué duda cabe (¡a la hoguera con ella!, y más si no nos gusta): 5,7 mujeres serían fr..g...as ( o sea, 5 de hecho y una que finge muy bien) (¡a la hoguera otra vez!); las autoridades en la materia han profundizado en el deseo sexual inhibido: 7,6 es la cifra, interpretada como que 7 que nada y una que se esfuerza (estas crudas cifras antes no aparecían ni en La Codorniz o el Hermano Lobo, y mira ahora: primero los hombres y después las mujeres, ambos retratados: eso pasará en USA, ¿dónde sino?) Profundizan también en el lesbianismo y ellas y ellos (o sea, los autores USA de los manuales) dicen que son 3,8: tres declaradas y una a punto de declararse.

En resumen
Que no, que no puede ser verdad. Cómo entender que, entre tanta jovialidad, deportividad, actividad, amabilidad, si aplicamos tales baremos, de 38 personas sólo habría 8 que, bueno, se comportarían de otra manera. Pero sólo de momento y hasta que no salga a la luz algún otro estudio en que les haga ser iguales que los demás. Porque, como decía aquel sabio, “la realidad es invisible”.

domingo, 17 de mayo de 2009

Etapa 22 del GR1, entre el Pont de Muntanyana y Corçà






Amplitud de miras por estrecheces naturales


Grmanos y Grmanas

El juego de contrarios siempre ha suscitado fascinación entre propios y extraños. Pasa lo mismo con aparentes incompatibilidades que, luego, son más armónicas de lo que aparentan.
Podríamos preguntarnos si se puede dar a la vez lo estrecho con lo amplio, lo largo con lo corto, lo alto con lo bajo, la rapidez con la lentitud, el perderse con el orientarse, el vivir en pecado o en gracia de...
Lo que es indudable es que entre este personal tan andarín predomina más la amplitud de miras que la estrechez mental.Veamos.

Menos, más amplios

La descoordinación de las subcontrataciones entre empresas de conducción de viajeros hizo posible un hito histórico: desde Cornellà llegó uno de los mejores autocares usados hasta hoy, con dos ejes atrás, 65 asientos y uno de esos conductores que son profesionales de los de verdad. 29 personas allí acomodadas, tan amplias ellas, con un pasillo tan largo que le provocó a un ilustre andarín decir que servía para empezar a calentar el cuerpo, correr a lo largo con ejercicios de abdominales en la parte de atrás. Potencia en el motor, manos expertas, ida y vuelta en un tiempo récord. Sin GPS instalado, de sobra sabía que pararía al lado del único bar abierto a aquellas horas en Pont de Muntanyana, a 535 metros de altitud, un sitio donde abrevan el primer café las almas que son trasladadas a Lourdes. Pero, debido a la afamada lentitud del dueño, parece que esperaban que llegara antes un milagro que un café. Y sin GPS ya había escogido el bar en Corçà para la vuelta, o sabía que su vehículo nos recogería allí donde dijéramos, por muy estrecha que fuera la carretera. También hubo un viaje doble por la carretera de Martorell, con una precisión en las curvas y una destreza dignas de admiración. Los cuerpos se acomodaron en asientos no demasiado cómodos, distancias prudentes y cabezadas muy oportunas.

Puentes colgantes

Llegados al punto de inicio del camino, la bajada del autocar parecía contra-natura. La puerta de atrás era tan ancha que hubo Grmanos que subieron y bajaron varias veces, como si esperaran que les pusieran una alfombra roja. Un lujo de dimensiones. Y un puente hecho en tiempos guerreros que limita dos comunidades autónomas. O sea, se prestaba a ese maquiavélico juego que tantas muertes ha provocado en el mundo, y todo por un trozo de tierra de más o de menos: de aquí para atrás, Aragón; un paso más allá, Catalunya. Fronteras, líneas, rayas, franjas, límites, palmos. Puentes que luego volverían a aparecer para ser movidos a merced de paseantes, un balanceo sobre el precipicio, el vértigo aliviado por los pasamanos, el vacío controlado por la estructura metálica. Aquí, el paso sobre el Noguera Ribagorçana a modo de frontera natural. Allá, más ríos con el principio de la estrechez con el agua al fondo.

Amapolas y otros verdores

La primavera en todo su esplendor con la amapola que tiñe de rojo la monotonía del verde, muy bien alimentado por tanta lluvia. Ahí están, como si se prestaran para esa foto, para ese cuadro impresionista, símbolo también de la levedad de una existencia floral con los días muy contados. El camino sigue al río y muestra uno de esos letreros oficiales que justifican obras, presupuestos o, quizá, comisiones. “Arranjament i millora del camí entre....” decía lo que quedaba de la inscripción oficial. Casualidades de las preocupaciones lingüísticas hicieron que un grupo de Grmanos demostraran su honda preocupación por la lengua. Si la gran María Moliner les hubiera escuchado, ya tendría otra duda resuelta en su famoso diccionario. Demostraban que la palabra “metáfora” era un juego de contrarios que se prestaba a confusión: “met-a-fora”: cómo meter a fuera, se preguntaban. No les cabía en la lógica. O se mete hacia dentro o se saca hacia fuera, insistían. Y todo mientras pasaban por debajo de “millora del camí entre...” (a dintre o a fora). El verde les debía estimular a deconstruir las palabras.

Infiltrados

Asistir pocos no significaba que no hubiera infiltrados. Destacó un ilustre excursionista que, por primera vez, “se bautizaba” en GRMANIA. Pronto cundieron sospechas muy fundadas, al ser éste un destacado directivo de un centro excursionista hermano y amigo. Se pensó que podía ser la voz de su amo, que pasaría informes secretos sobre la forma de entenderse de este personal. Otros creyeron que todo respondía a una estrategia del jefe Grmano. Sospechaban que acudió a él para evitar pérdidas repetidas, lo trajo y lo situó siempre en las primeras posiciones, bien pertrechado con variadas tecnologías, con paso muy firme y rápido, conectado en todo momento con él. Después se supo que ambos se preferían en las guardias para evitar fuegos. Y que el más veterano le escuchaba en sus explicaciones, no sólo hablaba. La valoración final del infiltrado fue excelente, con dotes de paso ligero, muy bien entrenado, con buen humor y gran camaradería. Puede ser el principio de una gran amistad Grmana.


Estrecheces en desfiladeros

El desayuno fue un acopio de fuerzas, con intercambio de lugares destacados en la gastronomía estatal. No cabe duda que el arreglador de la psique domina también esos rincones en que la chistorra es buena, el vino es excelente o las tapas son mejor que el colesterol adjunto. Él, que sabe tanto de los rincones del alma como de los del estómago, más tarde sorprendió a quien lo escuchó con un informe estadístico preocupante. El camino siguió acercándose a la parte estrecha. La fila de andarines era muy alargada. Las ondas de los walkis solicitaban reagruparse, se pedían aclaraciones por dónde discurriría el camino, hasta que la masa turista condujo a todos por el mismo sitio. Por abajo mejor que por arriba, si todos iban por allí...Poco a poco lo esperado llegaba. El río tan abajo, la torre de vigilancia, la ermita, el camino y la primera parada para la foto. Se pisaba territorios bancarios, propiedad de una caja de ahorros. Se dedicaba a invertir en activos no inmobiliarios, al estilo de algunos bancarios estadounidenses. Había comprado todo un desfiladero que servía para atravesar el Montsec, con pendientes de hasta 500 metros. Con un camino cercano al agua construido en 1024, ahora en desuso por la construcción del de uso turístico en 1982. En total son 600 las hectáreas protegidas, con una garganta que hace aún más impresionante al desfiladero.

Piedras

Difícil agruparse para retratarse. El ritmo es tan diverso que cuesta inmortalizarse juntos. Mientras, un grupo regresó a la infancia y empezó calentar el brazo con tiros de ráfagas de piedras para saber quién era capaz de cruzar el río a cantazos. Tal deporte provocó uno de esos debates que encubren un gran poso cultural. Se empezó a profundizar en la posición del brazo, en el empuje que debe llegarle a la piedra, en los diferentes estilos de lanzamiento, en ver quién la mandaba más lejos. De ahí se pasó a tratar a fondo el lanzamiento de la jabalina: posición del cuerpo, sistemas de lanzado, efectos en los animales objetivo. Y se acabó el tema con la jabalina como deporte olímpico. O sea, en un estrecho desfiladero pronto se trazó una mínima aproximación a la historia de la humanidad a partir de una piedra. Mientras, hubo también alguna idea para evitar que un empresario se apuntara a la moda del ERE de turno para su empresa. Decía que se podría resolver si a ese sujeto se le invita a pasear por aquí y, en un paso muy elevado, se le sugiere si se atreve a ello bajo pena de accidente imprevisto.
El estrecho dejaba entrever lo ancho, el vacío, la barandilla protectora, las aguas allá abajo, el otro camino más cercano al río, la cueva en lo alto, las aves rapaces más altas y los buitres expectantes. Más fotos, cada uno al borde de su (no) miedo: encima del asiento, al lado de las rocas, cogidos del pasamanos, pegados al interior de la senda o descubriendo lo que hay abajo por el filo de la navaja.

Normalidades

Ya en continuo ascenso, los rostros humanos eran variopintos. Un paseo por tipos diversos, con estéticas acordes con la experiencia en salidas por la montaña. Cuerpos variados, pieles blanquecinas, estéticas diversas, objetivos comunes. Recorrer Mont-Rebei, que te esperen al otro lado, presumir de ser capaz de... El camino propició un encuentro multitudinario. Grupos de personas que debían venir muy puestas en Pompeu Fabra salían a la naturaleza, aunque la lengua real los delataba. Venían de excursión, de jolgorio de fin de curso en un centro de esos que “normalizan”. Una alumna del otro lado del charco se mofaba cuando decía que “las normalizaban” . Su nivel de la lengua de Verdaguer era muy aceptable, prueba de que gastarse el presupuesto así debe ser más rentable que hacerlo en embajadas, o en ayudas a lenguas americanas muy minoritarias quedicen que luchan contra el idioma de siempre.
El encuentro lingüístico sirvió para darle a la lengua, saludar a conocidos y estirar aún más el grupo. La continua ascensión acabó cerca del aparcamiento donde llamaba la atención un coche con esquís. Era normal que estuvieran allí. Se preparaban para encararse hacia el Aneto, el destino final de un reto.
El grupo era de Sitges y contaban a quien les interrogó que lo espectacular ocurrió el año pasado en agosto. Lo provocaron ellos. En la iglesia de Sant Sebastià, la más llamativa de la antigua Subur, apareció el mismo coche con la baca llena de esquís en uno de los días más calurosos de agosto. Se arremolinaron más curiosos al lado de los esquís que para ver disimulando tanto taparrabos o no tapa.....de las playas cercanas. Consiguieron que en la liberal Sitges para asombrar a la gente se tenía que recurrir a provocaciones como ésta. Las otras ya son la normalidad. Al final, el grupo dijo que querían que el pueblo se enterara de que iban a conseguir un reto con esquís en un glaciar de los Alpes. Luego, el mismo coche estaba en el bar de Corçà, al lado del autocar.

Parejas

Mientras se juntaba el grupo, la avanzadilla inicial fue a ver la ermita románica de La Pertusa. Y no para dar tres vueltas y conseguir casarse. Ardua tarea con los precipicios que había. Antiguamente debía ser la prueba de fuego para aguantar después con la relación. Amplias vistas de la parte final de un río que pronto se controlaría en el pantano de Canelles. Quizá fue por la tradición de la ermita, el caso es que un Grmano anunció allí que, a pesar de vivir en pareja y con hijos, en noviembre se casaría. E iría de viaje de novios a La Patagonia. Decía que ya estaba asqueado de tanto tiempo viviendo en pecado. Una situación y un viaje que alentó a una ilustre Grmana que en otros tiempos probó los placeres matrimoniales. Como ahora estaba libre de vínculos escritos, dijo que sólo se volvería a casar si alguien le ofreciera un gran viaje de bodas. Pero no dio las vueltas a la ermita. O ese otro Grmano que pronosticó larga vida al contrato matrimonial, sencillamente porque como casi no se ven no se desgastan. Lo que da de sí una ermita. Dicho lo cual, algunos otros varones se detuvieron en apreciar la amplia calidad humana de algunas mujeres que se dirigían al desfiladero. No obstante, comentar que, según sorprendentes estadísticas, hubo tres que sólo miraron a hombres. Todo se aclarará a continuación. Amplitud de miras o de miradas en un paisaje humano carente de estrecheces.

Estudios estadísticos

La comida en Corça sirvió para acabar con las existencias de una marca de cerveza, ésa que nos descubre en su publicidad que en este país los negocios empiezan en una servilleta. Y para cambiar la fisonomía del bar: todas las mesas cambiaron de posición para adaptarse a los nuevos inquilinos, muy sedientos por los esfuerzos y sudores para llegar ya a la parte ancha del recorrido. Todo el ágape transcurrió con esa normalidad habitual en una familia bien avenida hasta que se produjo una revelación que merece la pena reflejar aquí.
Una de las características de esta hermandad es respetar y alabar la profesionalidad del respetable. Y, como ya se entra en esa franja de edad en que lo que diga mi médico va a misa (o a donde sea), cuando quien lo revela es el psiquiatra del grupo, los pabellones auditivos (aun sin sonotones) prestan la máxima atención y se orientan hacia sus palabras. Pues bien, el estudio médico, avalado por las principales autoridades en la materia, dice que entre los hombres de esta franja de edad que forman parte de GRMANIA toca que haya ocho con disfunción eréctil y tres que sean gays. Por tanto, habrá que empezar o a salir del armario o a detectar pruebas para identificar a los que fallan en el levantamiento.
Este plumilla le apeló al psiquiatra a la igualdad de sexos y le solicitó que, para otra ocasión, revele qué dicen las estadísticas sobre el sector femenino en esta edad. Prometió informar sin medias tintas.

Como aquí nunca se descarta nada, ni tampoco se proclama que “de este agua no beberé”, recordemos las palabras de un clásico como Heráclito a modo de conclusión:

“Lo único permanente es el cambio”

Evaristo
Terrassa, 16 de mayo de 2009

http://afondonatural.blogspot.com

domingo, 3 de mayo de 2009

Etapa 21 del GR1, entre el coll de Comiols y Vilanova de Meià






“Os veo igual que hace seis años”


Grmanos y Grmanas



¿Alguien no se sentiría halagado si, a esta edad, una persona procedente de León le regalara los oídos con tamaño piropo? Mirado uno en el espejo interior, proyectada la imagen exterior en un espejo, la frase podría ser muy afortunada. No obstante, lo que parece una cosa puede ser también la contraria. Un piropo a veces encubre esa otra realidad. La incógnita se despejará después.¡Hay tantas incógnitas de que hablar!

Primera incógnita


Y, si de interrogantes hablamos en etapa tan variada, llamó la atención que un pequeño grupo de hombres focalizara sus saludos iniciales en la respuesta correcta a una duda. Mientras llegaba el autocar, debatían sobre diminutas prendas textiles en paisajes humanos muy femeninos. Y llegaban a la conclusión de que podría ser tanga. Aunque hablaban casi en clave, después se supo que los viajeros al cabo de Gata no encontraron estos animales, sean gatos o gatas, pero sí una joven que asomaba su hermosura en lontananza. La distancia no fue un obstáculo insalvable para identificar a aquel ser. Los prismáticos masculinos, los trípodes (¿de tres patas, no?) y los teleobjetivos retrataron la imagen. Después de varios estudios en laboratorios fotográficos especializados en desnudos femeninos, llegaron a la conclusión que no era un animal gatuno sino una joven mujer, libertina y desinhibida ella, una reliquia de la época hippy que se mostraba en tanga a la concurrencia. La primera incógnita, pues, estaba despejada. Ya vendrían más. Y más muestras de aquella generación ad-lib ibicenca.

Segunda incógnita

Se desconoce cómo el coordinador del grupo tiene tanto olfato a la hora de preparar las rutas. En este caso había diseñado tres planes para acceder al coll de Comiols, principio de etapa. Y había trabajado con mil y una coordenadas para alimentar los GPS, junto con su nuevo ayudante de campo en estas tareas tecnológicas. Las dimensiones del autocar le hicieron tirar del plan B, con lo que se pudo acceder sin novedades al coll de Comiols, a 1055 metros de altura.
El camino recorrido por la Segarra parecía un extenso prado. Campos verdes, extensiones de cereales que solían rodear algún montículo en el que, a los lados de alguna fortificación medieval, se erigía un pueblo. Los colores de una primavera lluviosa brindaban un paisaje fresco y espléndido.

Tercera incógnita


El camino discurría por entornos naturales elevados. Al fondo, la nieve del Pirineo. Abajo, Benavent de la Conca. De frente, un camino lleno de posteriores sorpresas. En medio, la coordinación de la fiesta de un Grmano ilustre, el cumpleaños de una Grmana también ilustre y los asuntos literarios relacionados con Sant Jordi. Llegados a un punto se impuso efectuar una primera parada para ingerir víveres. El lugar escogido también era como para pensar. Una zona con casa de colonias llamada “Bon Repós”, una ermita reconstruida y una gran masía llena de animales, muy cuidada y dedicada a una labor fundamental.Se llamaba “Centre de Testatge” de la federació de la vaca bruna dels Pirineus. Estaba declarada por el sello de la Generalitat como lugar donde se cuidaba a unos toros escogidos para que fueran buenos sementales, reposaran para asentar sus glándulas, producir buenos fluidos y cubrir lo mejor posible a sus hembras. Se desconoce si hubo relación entre esta noble dedicación animal y bastantes órdenes durante la posterior comida en una mesa, cuando todos gritaban: “¡a correrse!”.

Cuarta incógnita


Botas, frutos secos, bocadillos, platos variados, varias botas y las ya tradicionales petacas alegraron el reposo. Observación turística de la ermita y a seguir un camino lleno de más sorpresas. Todo iba como de costumbre, las marcas estaban desdibujadas pero se veían, los GPS daban fe del trabajo bien hecho y la mente estaba en el buen final. Sin embargo, el grupo hubo de poner a prueba si estaba preparado para gestionar la adversidad. Es esa nueva ciencia que cultivan algunos escritores que les hace vender libros como rosquillas, en los que escriben sobre lo obvio como si eso fuera extraordinario. Lo de siempre pero con cautivadoras palabras, de forma atractiva.
Y la adversidad llegó. No tanto por el obús observado sino porque un barranco fue la entrada a una estrechez que parecía como si también fuera de miras. Aquello hacía dudar, las marcas se desvanecían, la senda no respondía a un giro concreto. El jefe ya se ponía nervioso. Hasta mandó a algunos emisarios a explorar cuantos senderos se vieran. A otro Grmano le suplicó que se reagrupara. No sabía con quién. Estaba solo. El jefe sospechaba que el sonido de un río podía ser frontera inexpugnable. Temía mojarse. Órdenes y contraórdenes, el walki en una mano, en la otra el GPS, paso ligero, rostro tenso, oteando el horizonte, trazando posibles salidas, comparando al grupo como si fuera un proyecto de clase de primaria de un centro público de barrio. Aquello parecía el acabóse. El barranco se abría. Se pasó el río, ascensión entre matorrales y muchos romeros en flor. Unas casas a lo lejos, campos cultivados. Sensación de pérdida. Ante este panorama, el Grmano desplazado de León observó al personal perdido, recordó momentos similares hace seis años y, con gesto distendido, fue cuando “piropeó” al grupo: “Os veo igual que hace seis años”. Igual de perdidos, sin rumbo fijo. Razón no le faltaba. Más adelante el jefe quiso demostrar que este incidente era una anormalidad en GRMANIA y tiró de estadística: más de 130 salidas en estos años, menos del 2% de pérdidas memorables. Sólo en tres ocasiones: en la Vall Madriu en Andorra; en el Sender de la Pau, en Tarragona y hoy. Por tanto, alarmismos fuera.

Quinta incógnita

Ya casi fuera del barranco, hubo que bajar por un paso de montaña cuyo suelo estaba formado por pequeñas piedras. Este plumilla, mientras advertía que se tuviera cuidado al pisarlas, iba cayendo al suelo por haber olvidado lo que avisaba.
Ya abajo, una gran pluma relajó el ambiente. La incógnita era saber a quién pertenecía, a quién se le había caído, quién podía tener... La siguiente incógnita fue descubrir la dirección correcta. Para ello se siguió un rumbo equivocado. Mientras, quien entiende de fósiles cargaba bolsas con incrustaciones de animales marinos en piedras. Otros se fotografiaban. Era una pareja que buscaba un encuadre perfecto con multitud de romeros florecidos detrás. Alguien miraba una máquina de segar abandonada. Le recordaba sus tiempos de niño, cuando acompañaba a su familia a segar y recoger espigas.
Trotando sin parar, ya se soñaba con el restaurante del casal de Vilanova de Meià y con una comida aplazada hora y media por los retrasos acumulados: el sabor del conejo perfumado con hierbas silvestres, la ternera quizá hija de aquellos sementales, el Cariñena y las cervezas y los cavas y la compañía. Pero no. Todo el gozo en un pozo. El camino se cortó y la alarma cundió. Una situación adversa que había que solucionar.
Ante esto, saltó la posible e imaginaria noticia. Si esta pérdida se hubiera llevado al extremo, con intervención de fuerzas públicas de rescate, se especulaba cómo aparecería el tema en los medios de comunicación. Ellos ya se creían famosos, el centro de atención mundial, protagonistas del minuto de gloria. La duda estaba en cómo lo contarían los medios de comunicación al día siguiente.
Este plumilla se imagina que hubiera sido el gacetillero que debía cubrir el suceso para su periódico. Propone la siguiente noticia:





Salvados in extremis antes de llegar al canibalismo tecnológico

Indicios de un nuevo efecto del uso de los GPS en momentos extremos

Un equipo de la Unidad Especial de montaña de los Mossos d'Esquadra logró salvar a un grupo de 38 experimentados excursionistas que padecían una enfermedad desconocida hasta ahora: una crisis tecnológica sin precedentes mientras caminaban. El suceso ocurrió cuando la mayoría de los miembros de GRMANIA seguían el GR 1 entre el coll de Comiols i Vilanova de Meià, después de haber caminado unos 16 km en 5 horas y con una meteorología inestable. Las fuerzas de intervención especial los encontraron en pequeños grupos al final de un camino que, de repente, aparecía cortado. La mayoría mostraban ciertas perturbaciones que les dejaban sin capacidad como para tocar teclas,identificar el 112 o saber interpretar el entorno.

Uno de los rescatados declaró a este periódico que todo ocurrió de forma súbita. De pronto, mientras soñaban con la comida y celebración final en un restaurante (algo inusual, pues casi siempre comen bocadillos y similares), la ausencia de camino hizo que desplegaran un gran mapa para orientarse. La mayoría de hombres del grupo lo sostenían e intentaban interpretar cualquier curva de nivel para encontrar la salida correcta. El testigo aún no entiende cómo ese gran grupo, formado por más de 20 titulados universitarios (geógrafos, profesores, historiadores, geólogos, pedagogos, informáticos e ingenieros), con una vasta formación en todos los campos imaginables y con enormes ansias por saber más, sufrieran el llamado “síndrome del GPS”.

Los Mossos dieron cuenta en el atestado que el nivel de equipamiento tecnológico del grupo era casi excesivo: varios GPS, algunos walki talkies, una gran cantidad de teléfonos móviles de última generación, mapas variados, hojas descriptivas del entorno y una persona de memoria prodigiosa con el cerebro lleno de coordenadas y brújulas diversas.

Las autoridades policiales informaron a los expertos en nuevas tecnologías del sorprendente rescate. También describieron escenas casi dantescas que vieron sobre el terreno: un grupo había partido dos avellanas en cuatro partes y se peleaban por el trozo más grande, los bastones de caminar eran usados a modo de espadas para luchar y coger mochilas ajenas con supuestos víveres, otros ya empezaban a repartirse las piezas de los teléfonos móviles para comérselas y subsistir, alguien ya paladeaba la pantalla de un GPS. Un excursionista, casi en estado de enajenación mental, gritaba con todas sus fuerzas que mejor hubiera sido haberse gastado el dinero de los GPS en cañas de cerveza. El que parecía coordinador del grupo estaba en una fase aguda de “delirium tremens”, delirando con grados, minutos y segundos. Con ojos desencajados, muy fuera de sus órbitas, miraba al cielo y, con el dedo amenazador, lanzaba palabrotas contra los cuatro satélites que decía que eran los culpables, mientras rompía el mapa en miles de trozos. Según otro testigo, en realidad lo que el jefe del grupo estaba viendo en el cielo era una bandada de buitres que ya describían círculos amenazadores.

Ante un caso tan extraño, El Departamento de Sanidad se ha reunido con expertos excursionistas e informáticos para analizar un nuevo mal de la sociedad de la información. Por otra parte, algunos médicos se han puesto en contacto con las autoridades mexicanas para descartar que no pudieran ser víctimas de una nueva “fiebre porcina excursionista”, ya que parece ser que han olido muchos purines de las granjas de la zona.

Las 38 personas se encuentran en un estado de descompresión tecnológica antes de ser devueltas a sus familiares.



Sexta incógnita

La cordura se impuso de nuevo. Se reculó hasta el sitio de aquella pluma, el punto iniciático y clave para la orientación. Un pelotón preguntón fue a curiosear a una masía por si alguien les decía dónde estaban. O sea, se volvía a los orígenes, a la pregunta personal, a la tertulia. Un enorme perro les cerró el paso. Al final, los gritos alertaron a los dos payeses de la casa. Habían destapado una colmena. El peligro provenía más de los pequeños animales que del enorme can. Ellos nos situaron en la coordenada correcta. Ni el gran rebaño de cabras franqueó el paso. Poco a poco el final se avecinaba. La incógnita de dónde estaba Vilanova se despejaba. Las marcas en el GPS volvían a su sitio. Situación de normalidad mientras se bajaba hasta el río detrás de nuestro lazarillo: el GPS. Asfalto a la vista. Civilización. Confianza. Condumio. El nombre de la fuente de entrada al pueblo parecía recordar lo que hubo que tener: la fuente de la Paciencia. Llegados aquí, la comida y la fiesta puso las cosas en su sitio. La alegría con el estómago lleno fue desbordante.


La respuesta es la fiesta

El polifacético Grmano, especializado en oficios variados cara al público, se convirtió en una disculpa para asistir al nacimiento de una sección teatral femenina. Personajes femeninos muy bien caracterizados. Hasta había una actriz con atuendos ibicencos, hippis, de aquella moda ad-lib. Nadie confirmó que tuviera relación con el textil ya identificado de aquella moza del Cabo de Gata. Excelente el teatro, con él en medio, con gran dominio de otro arte al que acude en momentos extremos: la improvisación. Poesías dichas por rapsodas consagrados, banderas y dracs de Sant Jordi al son del tintineo, botella en mano, del que mejor cuenta los cuentos; audiovisuales espléndidos. Y el libro y el punto de libro, que no falten. Hasta hubo mención a travesuras de niñas malas. No sería la almeriense, claro.
Las cervezas, los vinos y los cavas dejaron al personal muy preparado para su recogimiento en el autocar. La fiesta continuó. El conductor aguantó estoicamente los cuerpos “cocidos” por brebajes diversos, con muchos politonos y variados ejercicios de abdominales por el exceso de risa. Cánticos y más cánticos que no perturbaron el dulce sueño de quien conoce el valor del descanso. Para completarlo todo, alguien aconsejó al conductor que evitara la carretera de Martorell de vuelta. Y no era por si se podría ver a niñas malas haciendo travesuras en cualquier curva con bosques al lado.
En este ambiente se llegó al final de una jornada inolvidable. Qué mejor que acabarla con una cita de uno de los grupos presentes en algunas conservaciones, Les Luthiers:

“Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe”


Evaristo
Terrassa, 28 de abril de 2009
http://afondonatural.blogspot.com

domingo, 12 de abril de 2009

Etapa 20 del GR1, entre Hostal Roig y el río Noguera Pallaresa







El triunfo del líquido por caminos del cretácico



Grmanos y Grmanas


¿Qué es un GR? Y uno se lo pregunta después de varias ausencias ajenas a la propia voluntad. Presencias y ausencias: de eso se trata la lista de cada etapa. Con variadas historias detrás que justifican el ir o no ir. Ésa es otra cuestión. Los números fluctúan pero el espíritu y los ánimos permanecen.
Los encuentros iniciales al pie del asfalto, de madrugada, suelen ir más allá de los saludos. A menudo, entre espera y espera del autocar o de senderistas, rezagados, se amenizan los minutos con toques más o menos (in)trascendentes. La salud es lo que importa. Sea la propia o la ajena, ya no es un tema recurrente. Es trascendente. Y el estado físico de los familiares, qué duda cabe que también. Y los cambios en las unidades familiares por tu posición en el espacio doméstico, una realidad. Una mente muy reflexiva dejó caer una profunda observación: cómo cada persona va cambiando de sitio en la larga mesa familiar, en especial en las celebraciones. Lo peor, dijo, es cuando te empieza a tocar la presidencia. Ya sabes, otros que la ocuparon ya no están. Y tú, que ahora estás...


El tiempo

Otro recurso muy manido. Los avisos se dieron. El amanecer parecía dar fe de las predicciones hechas por los actuales gurús mediáticos. Nublado, oscuro, amenazante. Se llegó a decir que habría mal tiempo, como si esas previsiones de lluvia no fueran también sinónimo de buen tiempo. Claro que, el recurso meteorológico, en estas etapas de la vida trae a la mente aquella frase tan significativa: “A medida que pasa el tiempo, se mira más el tiempo que hace que no el que pasa”. Miremos el tiempo, el camino y muchos líquidos.


Lejanos inicios

De punta a punta. Ahí está la clave de acabar todo aquello que empieza. Y de iniciar de nuevo los comentarios en torno a las horas de autocar, a las tortuosas carreteras, a las espaldas redobladas en los asientos, a las vértebras crujientes. Es el precio del recorrido, el regalo de lo que se ha hecho, las distancias que se alejan de aquel día en que las ruinas del puerto griego en Sant Martí d'Empúries fueron testigos de un buen principio. La Catalunya central dio paso a las estribaciones del Montsec, con una orografía irregular, llena de pliegues, alineaciones de montañas, el Pirineo nevado al fondo y, aquí delante, lo que se nombraba como un hostal no era más que una cuadra de ovejas.

Subidas

El intenso olor ovino procedía de un gran corral lleno de esos animales de lana, ajenos a los nuevos visitantes y a las dudas lingüísticas de la puerta. Con letras grandes se leía “Hostal Roig”, pero con cambios. Roig también decía Reig, las vocales parecían verificar que o alguien dudaba en las letras o los de la normalización lingüística corrigieron los errores. Una pareja de personas entradas en años pararon su todoterreno y se interesaron por el personal y sus objetivos. Mientras, las ovejas a lo suyo.
El intenso verde de los cereales contrastaba con las hojas secas de los robles, que aún no se habían despojado de su anterior vestido. Mientras, la subida desde la actual posición de 1095 metros estaba delante. Pero estaba bien diseñada: tranquila, con tiempo como para calentar toda la maquinaria. A lo lejos se empezaron a divisar manchas blancas. Los de las dioptrías dudaban de qué se trataba. Hubo quienes se inclinaban por piedras blancas, otros por los restos de una potente granizada. Hasta que se vio que el estado líquido del agua se convirtió en nieve dura, de la que permanece por tiempo. Su composición granulada verificaba que era vieja y ayudaba más a lavar las manos que a enfriarlas. Fue el primer anuncio blanco de posteriores pasos por bastante nieve para la altura del camino y para la época del año.

Líquidos contra sólidos

Las primeras unidades se independizaron tanto del grupo que tuvieron que retroceder si querían comer con todos. La ausencia de los habituales equipos de transmisión demostraron lo imprescindibles que son. En un recodo se oían las gargantas y se intuía que pronto se aliviarían. Las comidas bajan mejor si son empujadas por brebajes que ayudan a darle un poco más de “vida” al cerebro. En esta etapa se vio cómo gana terreno el líquido frente al sólido. La memoria histórica dirá dónde quedaron aquellas alegrías de tantos chocolates y golosinas. La evolución actual camina veloz hacia las petacas, las botellas y las botas. No hace falta más que observar el entorno. Se impone el líquido. De una bota a dos, de una petaca a dos. Sin incluir ocasionales botellas y, se supone, disimuladas gotas diluidas en mejunjes varios. Es la evolución. La última petaca vino de San Petesburgo. Lenin acompañó en la comida, junto con más simbología de aquellos añejos imperios. Por contra, la otra petaca no quedó callada. Demostró que era de Cuba. O sea, ambas, primas hermanas. Lo que dio lugar a trasiegos varios y a invocar comparaciones entre el capitalismo y el comunismo. Cualquier objeto es bueno para tanto derroche de sabiduría entre trago y trago.

Signos

La subida continuó hasta los 1500 metros. La nieve iba recogiendo las fugaces huellas de caminantes que probaban a no resbalarse, a escudriñar dónde poner el pie o clavar el bastón sin males mayores. Enfrente, plegamientos rocosos, el embalse de Tarradets y el río Noguera Pallaresa, un signo que podía orientar por dónde se situaría el final de la etapa. Pero, antes había sorpresas.
La Portella Blanca, a 1410 metros, significaba bajada por un paso angosto. No, la broma de las cuerdas dejó descansar el vértigo. El camino zigzagueante dejó ver al fondo un conjunto de casas derruidas y una iglesia. Alguien dejó olvidada una azada en un punto del camino. Una señal para interpretar, pues el trabajo estaba en la iglesia y la herramienta allá arriba. Pronto los cuádriceps indicaron que estaban en forma pero con ganas de un cierto respiro.
La iglesia de Rúbies concentró muchas señales. Al lado del ábside el grupo procedió a sacar la ropa protectora de la lluvia que empezaba a caer. Pero dentro de aquel recinto religioso la realidad era variada. Un enorme garrafón estaba delante de la puerta. El supuesto líquido de su interior se había evaporado. El interior era un canto al disfrute. Junto al pantocrátor había colchones y otros restos de procederes diversos. Alguien discutía sobre si eran somieres o colchones. En vez de oficios religiosos ahora debían hacer otros oficios dentro. Fuera, las casas caídas, las señales de tantas historias vitales y esfuerzos a merced del paso del tiempo. Una vez más, es el tiempo que pasa.
La modernidad también tuvo cabida aquí. Dos eran dos quienes observaban el atuendo impermeable del personal. Y clasificaban a los hombres en “fashion” y primarios. Se permitían el lujo de ver y no verse. Y decir en el autocar que, además de algunos bichos, también les gustaban los hombres. Pasen, vean y escuchen...

Restos

La despedida de Rúbies fue en direcciones contrarias: dos grupos por distinto sitio. Convergieron en la bajada hasta el final. Sendas que se adaptaban al nivel del personal, por una superficie mojada y propensa a los efectos colaterales del resbalón.
Quizá uno no se daba cuenta del valor del lugar. Muchos restos de construcciones daban fe de lo poblado que estaba el contorno. A medida que se aproximaba la pedrera de Meià, a 885 metros, los pies entraban en terreno muy historiado. Un lugar con piedras de gran valor, excavadas a principios del siglo XX y transportadas con mulas y burros. Un terreno que figura en los mejores manuales del cretácico, unos restos que se ven en los mejores museos del mundo. La pedrera de Meià ha dado lugar a sesudas investigaciones con títulos como éstos: “Peces elasmobranquios de las calizas litográficas”, “Crustáceos decápodos lacustres de las calizas litográficas del cretáceo inferior en Rúbies”, “Sobre una pluma menna del yacimiento ecocretácico de la pedrera de Meià”, “Dinosaurios de la conca de Tremp”. Un lugar para especialistas en nuestros primeros tiempos mientras uno luchaba por no caerse y terminar la etapa cuanto antes mejor.

El río

Más líquido. El río anunciaba el final del recorrido. Agua por arriba, pegada al cuerpo, y por abajo. Era el Noguera Pallaresa y una carretera nueva. El peregrinaje había acabado, aunque ahora venía otro para encontrar un bar acogedor.
Estábamos en una de las zonas de Catalunya en que hace más calor en verano, con más fósiles, con mucho parapente. Pero apenas sin bares que acojan a GRMANIA en la comarca de La Noguera.
Hasta que hubo uno que recibió al gran grupo. Entre tanta lluvia fuera, se necesitaban líquidos dentro. Allí los hubo. Y también se hizo realidad aquello de comerse un rosco. Varias cajas se distribuyeron por las mesas. Alguien descubrió que, entre otros aditivos, tenían uno llamado “Impulsor”. A esas horas y con aquella química alimentaria, hubo fuerzas como para volver al autocar y seguir de vuelta a Terrassa.
La bruma y la lluvia nos filtró la imagen de un paisaje impresionante. Fue otra forma de ver una realidad mojada por unos suelos cargados de historia.

Con tanto atractivo sólido y líquido, qué mejor que recordar al añorado humorista Jaume Perich con una de sus citas más célebres:

“El alcohol es malo, pero el agua es aún peor: ¡te mata si no la bebes!”




Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
Terrassa,1 de abril de 2009

sábado, 31 de enero de 2009

Etapa 15 del GR1, entre Oriola (Cambrils dels Pirineus) y Oliana




Un sube-baja zigzagueante con retintín




Grmanos y Grmanas


Año nuevo y seguimos pisando otras Catalunyas que deben estar dentro de la otra más grande. Buenas vibraciones hubo cuando las previsiones de afluencia de personal estaban a punto de sobrepasar la capacidad del vehículo “oficial”. Pero no. El nuevo año no consiguió llenarlo. Y eso que las novedades personales acrecientan las fronteras de este grupo. Si acabábamos el año con la acogida de un niño que representará el futuro andarín (o no), ahora lo iniciamos con la entrada de otras personas ya conocidas por muchos. Dimos la bienvenida a la nueva pareja. Y observamos cómo se le iluminaba el rostro a quienes tienen sus raíces en esa gran tierra andaluza. Aún recordaban las historias vividas con quien por primera vez disfrutó del talante de GRMANIA. Cualquier parecido con otros centros oficiales excursionistas es pura coincidencia. También ellos se alegraban de que los nacidos en Fiñana (Almería) probaran otros matices de la vida andante, aunque estos Grmanos estén más habituados a la jarra que a la gralla.

Semblantes

Da gusto comprobar cómo, mientras el boquete de un asiento trasero del simulacro de autocar se consolida, la nueva imagen del conductor sorprende. Nuevo año con un aspecto diferente, tanto para quien va delante como para quienes analizamos las profundidades de los muelles. Todo en medio de senderistas bien alimentados por las tradiciones gastronómicas de ágapes pasados. Pesan los manjares pero qué buenos estaban. Y también pesan las sorpresas de la vida. En alguna zona tocó hablar de filias y fobias, cansancios, nervios, taquicardias, aceleraciones y sobresaturaciones varias. Con este panorama, muchas consultas gratuitas se le agolpan a cardiólogas y psiquiatras mientras caminan. Preocupaciones vitales a las que hay que atender para que no se diezmen las huestes amantes del largo recorrido. Menos mal que el buen humor del mundo del galeno es proverbial. Quizá ahí reside una de las claves de la curación. O también ahí es donde se esconde uno de los motivos por los que acudir a estas caminatas tan naturales.

Variaciones

El recorrido hecho para la aproximación fue el mismo que en etapas anteriores. Solsona, la presa de la Llosa del Cavall, Sant Llorenç dels Morunys, Coll de Jou, la font del Vermell con una inmensa fila de garrafas y la curva en la que bajó el primer turno. Nada más bajar, dos símbolos. A un lado, una botella vacía de cava parecía ser una reminiscencia de descorches festivos pasados. La cuneta ya no olía a alcohol pero simbolizaba los desechos cristalinos de tantos alzamientos (más o menos nacionales). Al otro lado, la nieve. Parecía que aún esperaba aquel manto blanco de diciembre a ser pisado otra vez. Fin de un recorrido y principio de otro. Y la nieve en medio. Helada, resbaladiza, dura pero blanca e inmaculada. Sin huellas de animales. Con huellas atrás fruto del paso del primer destacamento andarín. El manto blanco ahí. El poder de esa naturaleza que puede transformarse en fuertes vientos capaces de desmontar casi un territorio. Qué razón tenía Joan “Pipa”, ese aún en activo pastor de 71 años de Vallfogona del Ripollès, cuando esta semana en LA VANGUARDIA decía: “A la naturaleza no hay quien la gire, y yo soy naturaleza”.
La otra variante de caminantes se trasladó al pueblo de Cambrils, a 1090 metros de altura. Previamente fueron advertidos de que también la naturaleza humana es capaz de fabricar butifarras artesanales, de cocinarlas a la brasa de encina, servirlas en grandes rebanadas de pan y acompañarlas con un porrón de vino. Y actuaron en consecuencia en el restaurante Ca L'Agustí de Cambrils dels Pirineus. Una vez satisfecho el apetito, esperaron a que el resto del personal les acogieran. Pero aún faltaba y el camino bajaba por la nieve, subía para salvar un riachuelo, zigzagueba y parecía querer engañar en las distancias. Llegado el momento, los del primer turno pararon a comer.

Estrenos

Es evidente que el correaje y otros útiles y aparejos para cubrir los cuerpos y transportar enseres se desgastan. Para eso están los regalos de las pasadas fiestas. Y como muestra, quien se presentó de punta en blanco (aunque el atuendo era negro) luciendo un nuevo uniforme. Pero también se pudo apreciar la nueva compra para compartir. Era suave, voluble, manejable, cubierta de piel, con una gran protuberancia que acababa en un orificio por donde fluían los líquidos. Y muy negra. Este detalle atrajo la atención y las manos, así como el tamaño del pitorro, agujero o embocadura. El negro aquí también se puso de moda. La bota gozó de gran éxito y provocó que hasta se contaran chistes con ciertos matices negruzcos. Delante de un paisaje muy abierto, también se habló de otras realidades, digitales algunas. Buena oportunidad para descubrir quién se ha hecho un perfil en Facebook y escuchar el sesudo análisis sociológico de alguien que pasa de lo particular a lo general de esta red social. Asegura que es un buen sitio para intentar vigilar a los hijos. También dice que es un buen rincón digital para encontrarse las múltiples formas humanas para emparejarse o todo lo contrario. Sea cierto o no, los ánimos se caldearon con más botellas que empezaban a descorcharse. Se notaba cierto olor a aniversario femenino. Petacas por un lado, botellas con la afrodisíaca canela por otro, anticipo de celebraciones posteriores. Más bien parece que la bota ha atraído a otros licores. Ya anuncia la apertura de la barra del bar. De seguir así, evolucionará a barra libre. Bienvenido sea todo.

Ziz-zag

El camino fue un continuo acercamiento y alejamiento a la carretera. Las líneas paralelas pronto saltaban una encima de otra. Y hasta se curvaban para ascender por empinados vericuetos. Eso fue lo que ocurrió después del letrero que anunciaba Cambrils. Pasada la font de Can Salas, se descubrió que el camino real no iba por la carretera pero sí convergía más allá en ella. Allí se juntaron hasta un punto en que el zig-zag se convirtió en giro hacia la derecha y arriba. Resbalones en tierras movedizas e inmersión entre espinos de todas clases. Se trataba de seguir el camino antiguo hacia la población, restos de antiguas vías de comunicación que ya se seguían desde tiempo ha. Sudores de todas las clases en el primer tramo para descubrir pronto que, por imperativo legal, se volvería otra vez al asfalto. Hubo quienes demostraron más olfato y se aventuraron a seguir la carretera, con lo que se ahorraron un esfuerzo. El letrero de las salinas de Cambrils y la Ribera Salada indicaba una obligada visita para otra ocasión. Y allí al lado estaba la fonda en la que casi un mes antes se había concelebrado el ágape navideño en agradable compañía. Un momento apropiado para agruparse con quienes aún se regodeaban del desayuno a mesa y mantel.
Por una calle en bajada cubierta de nieve se produjo el descenso, al lado de las antiguas escuelas. Las casas dispersas eran puntos nevados, con invernaderos ya desmontados, un gran polideportivo y algunas humeantes chimeneas perfumaban el ambiente con el humo de la madera recién quemada. Alguien resbaló entre tanta nieve acumulada a los lados . Llegados al puente sobre el río Fred (buen nombre para esta época) la subida se produjo al trote, con vistas a la iglesia de Cambrils y, como atalaya, los restos del castillo más arriba. La postal estaba servida. Fotos, un pequeño trinero de plástico con niños a su alrededor y el camino que ascendía. Una senda llena de nieve Al final, otra vez otra carretera, la de Cambrils a Solsona. La cosa parecía que tenía retintín. Y más cuando toda la etapa se caracterizó por una inmensa fila de personal caminando a su ritmo. Los estiramientos sólo se encogían cuando la prescripción senderista aconsejaba un alto en el camino.

Marcas “marcadas”

Las innumerables vallas de alambre abrían puertas para seguir las marcas. Pero hubo curiosidades dignas de mención. El tramo que permitía ir por tierras fronterizas entre el Solsonès y el alt Urgell era una larga cresta nevada, la serra Seca (a 1290 metros) y llena de montones de todos los tamaños. Parecían corresponder a ganado caballar habituado a circular por allí y dejar sus huellas intestinales. O sea, es un camino muy transitado, con espectaculares vistas hacia dos comarcas llenas de formaciones montañosas de variados perfiles. Sólo había que fijarse y dejarse llevar. Hasta algún animal apuntó mal y dejó una marca adornada con reseca simbología fisiológica. Si el público andante fuera como algunos urbanistas que ocupan segundas residencias en pueblos de l'Empurdà o el Ripollès, podría caer en la absurda tentación de denunciar a estos animales por ensuciar el campo o querer que desaparezca el oficio de granjero. El amenazante mobbing rural pone una pica más en Flandes con ridiculeces variadas. Si ya denuncian a los labradores porque les molestan las esquilas de los animales, o el olor de las granjas, qué decir de tal cantidad de deposiciones alineadas en este camino. Quizá ellos sean de los que huyen del ajetreo urbano pensando en el bucolismo del medio rural. Habrá que atender al habitante de Tavertet, el filósofo Raimon Panikkar cuando dice: “Vivimos en un tiempo en el que se pretende que el rosal crezca rápidamente tirando de sus hojas....La felicidad es inversamente proporcional a la aceleración”. Pues...tranquilos que aquí hay más sentido común y amor a lo auténtico, aunque de “mi..rda” se trate.
Otra cima a la vista y un grupo perdido casi en el infinito. Cada uno a su paso en una fila que dibujaba otro zig-zag. Eran pequeñas figuras en un entorno nevado, dejándose llevar más por el interés de las conversaciones que por adquirir un ritmo algo más dinámico.
De pronto, la carretera a Solsona de nuevo, el anuncio de un mirador y una bajada hacia la perdición: la pérdida y la duda. Hasta que tantos olfatos andantes escudriñaron el entorno, arrugaron el entrecejo, sacaron mapas, siguieron la aguja del GPS, opinaron, husmearon posibles caminos y...al fin, otro antiguo camino de bajada era la ruta a seguir. Bien empedrado, bajo árboles, con señales de mucho tránsito en otras épocas y...una vez más, marcas de ganados varios: caballar y vacuno. En un viaje en el tiempo, estos lugares de tránsito debieron estar llenos de historias y de esfuerzos. Un homenaje a esas anónimas personas que nos dejaron en herencia estos caminos de paso.
Vacas arriba y aisladas masías en medio de bancales a la izquierda del camino de bajada. Y la línea andante que se perdía en zonas muy alejadas de las primeras filas. La nieve ya desapareció a medida que el río Segre se dejaba adivinar, aún muy a lo lejos. También la perspectiva dejaba adivinar por dónde se trazaba la línea imaginaria que conduciría hacia el final de las etapas del GR 1. Mientras, el entretenido trotar daba mucho de sí. La terapia del caminar convertía el suelo en testigo de descargas emocionales, de proyectos futuros, de carcajadas varias y también de clics digitales. Mientras casi todo el grupo esperaba a la retaguardia, alguien del final apuntaba, calibraba, escogía el objetivo a inmortalizar, medía las intensidades de la luz y disfrutaba con fotos paisajísticas de indudable calidad. Todos esperaban el fin de la foto.

Remates

La ermita de Sant Just, a 760 metros, parecía un anuncio de finales y de principios. Antes, un profundo barranco y una protección. Una valla de madera evitaba posibles resbalones al vacío. Eso es cuidar a la afición. Caminos que se acaban, que vuelven a converger en otra carretera, de Valldan a Oliana, con un asfalto que ya conduce hacia el final de etapa, a una muy transitada carretera que enlaza la plana con Andorra y otras tierras pirenaicas.
La entrada en Oliana, a 460 metros, significó alguna pérdida por despiste y algunas ayudas a otros para que no cayeran en el error. Algunas granjas y una planta de reciclaje de metales mostraban la otra cara de un pueblo de paso, donde pocos se detienen. Allí al lado había una zona de parada eterna por ausencia de vida: la funeraria del pueblo también evidenciaba su razón de ser. Igual que también fue evidente que la buena suerte repartiría dineros entre quienes se conformaron con recuperar lo jugado, en una afortunada administración de lotería llamada “La bona sort”, sobre todo para el sorteo de Reyes.
Una vez en el bar, el ex-bancario y coordinador general puso el fajo de billetes encima de la mesa, lo miró y empezó el reparto. Pero la estrategia estaba muy bien diseñada. Inmediatamente después determinó que dos cobradores pasaran a continuación para cobrar los emolumentos de la excursión. O sea, dio pero recuperó. Y se celebró el aniversario de quien sabe de floras, faunas y otras especies. Otra vez la libidinosa canela y otros brebajes alcohólicos enervaron los ánimos. Todo ello provocado por la sabia compañera, con uno año más de experiencia.
Ya de vuelta, en la zona trasera se asistió a un curso muy intensivo sobre problemas educativos varios, nuevas carreras universitarias, niños hiperactivos y especulaciones sobre si es mejor el Rubifén o el Concentra para tanto exceso de actividad infantil. Hasta que la voz del experto en temas mentales engoló la voz y puso las cosas en su sitio con total autoridad académica. Mucha ciencia y mucho discurrir, buen momento para cerrar este viaje con un proverbio vasco:

“Non gogoa, han zangoa”
(Donde van tus pensamientos, van tus pasos)

Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
Terrassa, 31 de enero de 2009

viernes, 26 de diciembre de 2008

Etapa del GR 14, entre Coll de Jou y Ariola (Cambrils dels Pirineus)





Las sensaciones, en blanco




Grmanos y Grmanas

Venías del frío y te reintegraste al grupo en un paisaje nevado y con algún incidente mecánico. Aquí algunos dirían: es la vida. Si no fuera por tanta gente como había, por los saludos, preocupaciones por el coche averiado y temas organizativos varios, el silencio blanco de la zona quizá te recordaría las sensaciones de tu ambiente original: esas grandes estepas cubiertas de nieve, con los voluminosos gorros, lentitud de movimientos y una naturaleza adaptada a las circunstancias. Pero, ya ves, pronto te acostumbrarás a apreciar las diferencias como una virtud: sean en el paisaje, en la comida, en las cosas y, sobre todo, en las personas. Tú aún eres pequeño pero hoy, aunque no te enteraras, recibiste ya, como mínimo, un piropo. Después te lo explicaré. No sé qué pensarías ante una carretera llena de curvas, un camino con nieve al lado, la amplia perspectiva y un personal con aquel aspecto.
Aprovecho la ocasión para presentarnos, explicarte cómo ha ido la etapa y transmitirte qué es lo que hacemos. Seas muy bienvenido al club.

Cargas

No sé allí, pero aquí cuando llegan estas fechas, el personal carga muchas cajas en el autocar. Por cierto, hoy era un vehículo de lujo. El que viene habitualmente, alguien dice que en Cuba lo considerarían un “autopullman”. A lo mejor en tu país, también. Pues el que viste y en el que volviste es como para lucir en día de fiesta. Y había motivos para cargar tantas cajas: última etapa del año, días señalados, ya una tradición el comer sentados en agradable compañía. Tu familia te lo explicará muy bien. Cuando la gente se lleva bien, todo sale mejor. Hasta en estas fechas que, por prescripción consumista, se aprovechan para mejorar el buen ambiente que ya había. El personal es de buen corazón (si no entiendes la frase, dile a tu madre que te la explique, que de este órgano sabe mucho).

Aspectos

El grupo iba bien pertrechado, con ropa de abrigo. Ya se habían dado avisos para que el frío no causara efectos secundarios en pulmones y nariz. Seguro que para ti esta temperatura es como de verano. Aquí el verano es de riguroso sudor y máxima humedad. Y el invierno actual que, astronómicamente comenzó al día siguiente, ha regalado un manto blanco que brinda nuevas sensaciones al andar. No te extrañes con esos dos que llevan unos gorros rojos. Los sudaron el día antes por el centro de la ciudad. La recorrieron de noche anunciando que también se puede correr por Navidad, mientras las prisas y los pasos parecen ser sólo para comprar o para hacer ganas de comer. En Coll de Jou, a 1455 metros, el paisaje humano se protegía con capas y capas de ropa. Como una gruesa cebolla que, más tarde, se iría desvistiendo.

Caminos

Fue la noche más larga del año. Por eso amaneció ya cuando el autocar se acercaba a Solsona. Un momento como para disfrutar. Detrás del cementerio de esta ciudad aparecieron los primeros tonos rojizos, que iluminaron la gran helada y la nieve a ambos lados de la carretera. Cuando seas mayor, ya te enseñarán a sentir la magia de este momento, el reto que cada día se te presentará: llenarlo hasta que esos colores se repitan al oscurecer. De eso se trata. Y así un día tras otro. Una gratuita sensación que, quizá también algún día, puedas comparar con ese momento en tu país natal. Pasó lo mismo al volver, cuando la penumbra repitió parecidas luces. Todo en un camino tortuoso, con un animal que se cruzó en la vuelta delante del autocar: unos decían que era un zorro, otros una zorra y, alguno, una zorrilla.
La carretera discurría bordeando un gran pantano con bastante agua. Hielo, nieve, agua, niebla y frío. Todo junto en medio de un potente anticiclón que, aquí en la alturas, regala gran visibilidad y mucha perspectiva. Pronto, Sant Llorenç dels Morunys o dels Piteus, a 925 metros, anunciaría una parada rápida. Aquí debía empezar la etapa pero se permitió una licencia a modo de regalo: se perdonaron 500 metros de subida, pero lo que no se dejó para otra ocasión fue recoger una bota olvidada en un bar.

Botas

Ya descubrirás que aquí uno de los usos que tenían las pieles era para crear objetos útiles. En tu país natal los gruesos gorros de piel protegen muy bien la cabeza del frío. Aquí, una aplicación de la piel era para hacer un recipiente que los más listos del lugar definen como: “Cuero pequeño empegado por su parte interior y cosido por sus bordes, que remata en un cuello con brocal de cuerno, madera u otro material, destinado especialmente a contener vino”. Este objeto no se puede perder, pues da calor con esa combinación etílica que el maestro en este arte elabora. Allí da calor a la cabeza y aquí calienta la cabeza y alegra el cuerpo. Matices, diferencias prácticas. Es la diversidad. Pero dentro hay vino. Aún la temperatura de aquí no obliga a llenarla con bebidas de allí, vodka por ejemplo. La bota olvidada fue recuperada. El dueño del bar identificó luego al autocar parado a la puerta con la bota. Para que veas cómo aquí la gente está atenta a lo que hay que estar.

Marcas

Desde este pueblo, la subida al inicio de la etapa permitió contemplar la vall de Lord y el Port del Compte con nieve. Cada curva de la carretera era un giro al paisaje, un cambio de perspectiva que te hacía girar la cabeza y la composición del entorno. Parecían fotogramas distintos que, seguidos, mostraban cómo el blanco natural disfraza al verde, decora las ramas sin hojas, cubre los coches, hace peligrar la estabilidad de los caminantes o acentúa el placer de correr hundiéndose, resbalar sin caer, dejar huellas, jugar a pegar sin dañar, perderse para reencontrarse, sudar en frío.
Coll de Jou es un cruce de caminos con una fuente, un área de esparcimiento al aire libre a un kilómetro, una estación de esquí alpino y otra de fondo cerca y un buen balcón para ver y sentir en blanco. Son esas marcas que el invierno deja en el paisaje para quien quiera verlo.
Imagínate cuando viniste en avión, tú encima de un gran manto de nubes, con los pueblos y campos al fondo, con las siluetas de las montañas apuntando hacia arriba. Pues lo mismo pero sin avión se veía desde aquí. La niebla era una gran capa de algodón que transformaba pueblos en sombrías formas, su humedad cala hasta los huesos pero, desde aquí, era un regalo adivinar qué habría allá abajo. En la carretera A 2 había 80 kilómetros de niebla en dirección Lleida. Más al fondo, esas montañas tan queridas demostraban que estaban allí. Tendrás la oportunidad de pisarlas, de disfrutar de su encanto. Seguro que alguien muy cercano a ti te leerá poesías excelsas sobre ellas, te transmitirá su magia con su voz pausada mientras te hace sentir esos mensajes. Son marcas de la belleza desde arriba. Pero tocaba bajar y buscar el blanco y el rojo: otras marcas también muy prácticas e indispensables para la ruta.

Lecciones

La bajada a la otra vertiente de Coll de Jou significó encontrar el recorrido. Con dificultades pero se consiguió. El camino descubrió cómo se puede aprender mientras se camina. Era el torrente de Canalda. Bastantes especies vegetales tenían nombre al lado. Árboles, arbustos y otras hierbas aclaraban su identidad para mentes ignorantes de cómo se nombraba la vida vegetal de la zona. Una buena idea en un sendero que discurría por zonas sombrías, con cascadas de agua, tupidos bosques de pinos y tramos con mucha nieve acumulada. Al fondo, la niebla. Aquí, un buen lugar para cuando tengas que aprender nombres de vegetación autóctona. Piensa que la vall d'Ora, la vall de Lord y la zona de Cambrils eran hasta ahora espacios casi desconocidos para mucha gente del grupo. No obstante, hubo mentes muy observadoras que encontraban parecidos entre las rocas del parque de Sant Llorenç del Munt i la zona de Montserrat con este tipo de materiales. Es que en este grupo hay gente que sabe más de lo que aparenta. Llegada la hora, se deja este tipo de sabiduría a un lado y se imploran las viandas que alimentan el cuerpo.
No estabas pero también podrías haber observado actos de los que se puede aprender mucho. Por ejemplo, como no se contaba con una bota hasta su recuperación en Sant Llorenç dels Morunys, hubo una buena espalda que tiró de una garrafa de vino. Luego, con gran puntería, trasvasó el preciado líquido hasta el interior de la bota, sin derramar nada. Otra lección fue la clase sobre energía nuclear y la especulación en torno a los huertos solares. Quien sabe de esto, cuando seas mayor, seguro que te documenta con los últimos avances. Si se toca el tema del reciclaje, hubo un intercambio de opiniones sobre qué hacer con las mondas de las naranjas. Mientras había quienes defendían que era un material que se podía dejar allí tirado, otros defendían la estética del suelo y manifestaban que tales restos orgánicos tardan en desaparecer. Ya lo ves, como mejor se aprende es con las diferencias. Y te perdiste las clases de cocina. Vino a la etapa quien sabe mucho de esto, da clases y organiza jornadas en los mercados municipales. Pero también hubo quien predicó con el ejemplo. Trajo un excelente dulce de membrillo hecho en su casa. Y no faltaron las risas y bromas en voz alta. O sea, parecido a como tú te presentaste después.

Piropos

Después de una tranquila parada, el tiempo invertido en recorrer apenas ocho kilómetros era excesivo. Esto pasa a menudo. Luego vienen las prisas. Y más hoy, con comida a una hora más o menos aproximada. Pero también se incluyó una variante más: la recogida del autobús a un subgrupo que no pensaba acabar la etapa. Después se vio que nadie la acabó.
El camino era para disfrutar. Seguro que algún día nos explicarás tus recuerdos de la nieve, jugar, hacer bolas, correr, caerse. Pues aquí había eso y más. Quienes caminan y experimentan, probaron a correr por la nieve, a alargar los pasos, a comprobar el efecto de los bastones, a ver qué pasaba si se seguían las marcas de las ruedas de algún vehículo o bien se andaba por el centro o por los laterales. Combatir el frío con sudor. Notar el silencio en el blanco. Oír el ruido de la zapatilla mientras se hunde en la nieve. Deducir posibles propietarios de algunas huellas de animales que por allí debieron pasar. Tener también la mente en blanco y dejarse llevar. Como ves, experimentar en este estado está al alcance de cualquiera que se atreve a salir de casa y penetrar en estos espacios.
Hubo un momento en que se hicieron dos grupos. De forma más o menos desorganizada. Que si unos se quedaban aquí, que si se seguía, que contarse, que agruparse, que si no hay nadie que se entienda. Ya lo verás cuando vayas al cole. Cosas que pasan en los grupos. Pero al final, en el fondo, no pasa nada. Se continuó hasta Sant Martí de Cavallera, a 1230 metros. Una restaurada ermita en una zona llana. Y allí fue cuando te piropearon de forma inconsciente.
Dos personas se subieron a un muro y convocaron a la masa andarina a definirse. Sí, como lo oyes. A que dijeran si seguían a paso ligero o a otro más tranquilo. Y en esto una moza proclamó: “Os organizáis peor que los niños de cuatro años”. Felicidades porque con tu edad sabes más que este personal. Más adelante te explicaré un segundo piropo con toque solidario, pero no para ti. Al final, una imaginaria línea dividió las tendencias de ambos grupos, mientras las jaulas de los halcones de los jeques árabes se situaban detrás. Parecían espacios que pretendían atrapar el aire, redes submarinas al aire libre, monumentos al viento en medio de un altiplano.

Reacciones

En realidad, piensa que cuando alguien en este grupo dice una palabra más alta que la otra es por algo. De los dos grupos originales, uno se comenzó a subdividir y de él salieron algunas subsecciones más. De seguir así, cada persona parecía un grupo. Los “galgos” delanteros se lanzaron al trote. Las distancias aumentaban y también las confusiones. Unos disfrutaban al galope, hasta que se encontraron con una gran subida. Allí creyeron que se reagruparían todos. Pero no. Lo que ocurrió fue que un Grmano sufrió una lipotimia. Fue el paso por el torrente que conduce las aguas del la font del Vermell (excelente agua) y la zona de Montpou, la riera de Odèn. Alguien sacó un energético de taurina, tan fuerte que, antes de llegar al castillo de Odèn, el bajón físico desapareció. Y quien llevaba tamaño milagro tuvo que desenvainar su móvil para obligar a los trotadores del principio a que pararan de una vez. Con aquel tono, quién no iba a hacerlo. Desde esta zona, se observaba a lo lejos la disparidad: unos buscando el camino, otros por lugar incorrecto, alguien preocupado por el estado de quien sufrió la lipotimia, el jefe diciéndole a su familiar del GPS que si no paraba iba a llegar a la Antártida, los walkis echando humo, los móviles situando en el mapa a quienes venían en coche por si tuvieran que auxiliar a alguien, el coordinador de la comida diciéndole a la del restaurante que no se le ocurriera echar el arroz hasta nueva orden, otro móvil anunciando que el coche en el que tú venías se había calentado demasiado. Como ves, aquí el aburrimiento está desterrado. Al final, todos al camino a esperar el paso del autocar.

Celebraciones

Mientras llegaba, desde la carretera la vista confirmaba aquel gran paisaje del principio. Cortinas de niebla dibujaban el fondo de los valles. Pocas casas y muy aisladas. Algunos temas de conversación sobre economías, crisis, bastones y fiestas. También, preocupación por el estado de la avería de tu coche. La solución llegó y, entonces, en aquella orilla antes del túnel, allí apareciste. Risueño, feliz, hablador. Esperabas un taxi para ir hasta el restaurante. Fíjate, el privilegio de que te lleven en taxi mientras al coche lo conducen en grúa.
La fonda significó tu presentación en público. Allí quien te conoce dijo que te estabas adaptando muy bien, sabías nombrar a las bananas, mandarinas y otros alimentos. Se supone que te fijarías en las dos grandes paelleras con arroz. Comerías ese arroz, la carne a la brasa, las patatas del Pirineo y demás alimentos. Y, a los postres, una apreciada Grmana te sorprendería con la celebración en familia de sus próximos cincuenta años. Ella, que estuvo una temporada en La India, donde entre otras enseñanzas, Gandhi dijo: “Sé tú el cambio que quieres para el mundo”. Lo mismo que tú significas ahora para tu familia y para este grupo. Y tú, que después recibiste un regalo de quienes ya te consideran de las nuevas generaciones para la continuidad (o no) de algo que ya tiene doce años de historia.
También en la comida hubo ideas, el segundo piropo. Alguien que piensa mucho en la gente muy necesitada volvió a sugerir (y ya van tres años) que la inversión que se hace en los calendarios de bolsillo era un dinero “tirado”, que se diera a una ONG. Y se cantaron villancicos, aunque al principio parece ser que no fueron seguidos con la intensidad que esperaba una moza, la cual amenazó con cantar rancheras el próximo año. Después, como siempre, la emoción general se plasmó en un potente coro con el entonador de cada año. Gracias a sus bríos y entusiasmo, y a quien de guitarra y de teatro sabe mucho, el éxito fue total.

En fin, conociste a quienes te han acogido y seguirán haciéndolo. Viniste del frío y en un entorno blanco se produjo el encuentro. Seguro que serás feliz aquí. El entorno será tu mejor aliado. Como ése que, con nieve, Jack London describe en su libro “El silencio blanco”:

“ ...la pasividad del silencio blanco. Todo movimiento cesa, el aire se despeja, el cielo se vuelve de latón, el más ligero murmullo parece un sacrilegio, y el hombre se asusta y se intimida ante el sonido de su propia voz”


Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
Terrassa, 24 de dicimbre de 2008

lunes, 8 de diciembre de 2008

Etapa 13 del GR1, entre La Vall D'Ora y Sant Llorenç dels Morunys






GRMANAS Y GRMANOS


Somos humanos. GRMANIA es humana. Por tanto, también se cansa. Prueba de ello fueron los rostros, las renqueantes piernas y las expresiones alusivas al esfuerzo de una etapa que hasta en las bajadas fue dura. Una persona muy humana y con mucho humor dio fe de ello en el último tramo, cuando ya ni el consuelo de acabar impuso un cierto efecto placebo de fin de etapa. El recorrido fue exigente, con un perfil de un Solsonès desconocido en el que ni la población dispersa abundó. Mucha masa forestal, agua y vacas en un entorno que seria calificado por el poeta como de “soledad sonora”.

Caminos

De nuevo las cifras de asistencia jugaron a la baja, con diversidad de motivos que justificaban ausencias varias. Sin embargo, en algunos mentideros causó una extraña sensación un rumor que tuvo un efecto de bola (y nunca mejor dicho). Cierto Grmano al parecer priorizó una partida de billar antes que la asistencia a la etapa. Y alguien puso en marcha el disco duro con la biografía ajena y recordó cómo aquel GRmano fue un número uno en tal especialidad, aunque le pusieran muchas faltas en el instituto por aprender más de la vida en una mesa de billar que en una clase magistral (ya lo ratificó después Joaquín Sabina en una de sus canciones). Aprender como tal es una práctica continua en cada etapa. Aprender y viajar.

Viajes y contrastes

La Vall d'Ora quedó atrás, con el ecomuseo en el que las antiguas escuelas muestran las enseñanzas de las familias que vivieron de este valle, la sierra que aún funciona con agua o el molino que también se mueve con este elemento y todavía hace su función. Hace unos años, en la misma casa vivía una señora muy mayor que enseñaba a los visitantes esa cultura rural fruto de muchas generaciones y que hoy tan pronto se pierde. Contrastes de unos tiempos con otros.
Estancias recientes de una viajera también que dio fe de ello con el testimonio de su experiencia en países lejanos de Asia. El camino ascendía y rodeaba un río y una iglesia. Parecía que lo hubieran diseñado para no molestar al agua ni al silencio del solitario entorno que, desde arriba, empequeñecía una de las construcciones religiosas más importantes del románico del Prepirineo. El camino era la arteria para salir a pie de un valle que ya ocupa un lugar destacado en el recuerdo. Lo mismo que le ocurría a quien rememoraba sus impresiones de aquel país que es más que bombas en hoteles de Bombay o conflictos con Pakistan por Cachemira. A medida que se ascendía hacia el Pont de Llinars, el traslado a un país de tantos contrastes se asemejaba a una balanza en la que pesaba la modernidad y la tradición más ancestral, el tener mucho o sólo algún metro cuadrado en una calle, la paz espiritual más absoluta o las prisas occidentales también allí en Oriente, el no desear con el no hartarse. Muy abajo quedaba el símbolo del románico, cuyo nombre aparece en muchos manuales. Arriba, el balcón de una curva abría el valle y enseñaba la primera perspectiva de lo que faltaba hasta la otra vertiente.

A cubierto

Aquellas vacas y estas vacas. Unas: sagradas, intocables, símbolos religiosos, muy libres. Otras: muy bien alimentadas, muy vigiladas por pastores eléctricos, a merced del precio a la baja del mercado (especulación) y de políticas agrarias europeas variadas.
El camino ascendía en paralelo al nacimiento del Aigua D'Ora. El agua aquí era limpia, de gran pureza, como para beber sin embotellar. Allí, las diarreas se previenen con el consumo del agua envasada. Un producto, por cierto, que cada vez tiene más expertos en contra por la agresión al medio de las plantas envasadoras y por los desechos que ocasiona. Pero esto son lujos de aquí. Allí, el agua turbia también la beben. Y aquí y allí hay que comer.
Y qué mejor sitio que un camping abierto y acogedor, el camping Valldora, a 905 metros de altitud. Previo permiso, el personal aposentó sus reales en un entorno con más comodidades que las habituales. Hubo quienes comieron como si fuera bajo palio: debajo de una carpa, alrededor de una gran rueda central en la que se situó el jefe. Por allí se daban consignas del tipo “tócale mejor el culete”, frase muy expresiva para que la caminante procedente de las antípodas aprendiera los primeros pasos para beber en bota sin dejar rastro en la ropa. La situación de ese sector de comensales era propicio para establecer una rueda alimentaria: pasar productos, compartir y degustar. También esa moda de la petaca, aunque en esta ocasión falló una.
Pronto las comodidades del camping fueron usadas: lavabos civilizados, bar acogedor y, al fondo, una piscina sin agua muy bien ojeda por quienes, encima o debajo, casi se mueven “como peces por el agua” (aunque alguno sólo ha evolucionado de sapo a rana: este escriba).

Hermano roble

Las parcelas del camping quedaban atrás. El camino ascendía entre riachuelos diversos que eran la fuente de alimentación del río. Casas en medio de tanta agua, naturaleza en estado puro con un profundo olor a derivados de granjas porcinas. Casi arriba de este tramo, las escuelas a la derecha. O sea, lo que queda de ellas, cerradas para su cometido por falta de pupilos. La vida aquí es dura, tanto como la ascensión. En subida, respirar hondo esta fragancia anima a acabarla pronto. Pero se asciende, y más que vendrá. A los lados del camino aparecieron ellos: majestuosos, inmensos, de grandes brazos, enérgicos, como para copiar al Grmano que los abrazaba. Se prestaban a ello. Eran los robles que acompañarían hasta el final de casi todas las subidas. Aún no se habían despojado del todo de su vestidura pero sus enormes ramas, su gran tronco hacían volar la imaginación. Muchos años de vida, muchas generaciones de paso, mucha sombra y mucha admiración por su callada presencia, acogedora sin condiciones. Ellos son testigos de muchos soplidos, hondas respiraciones, miradas al fondo o al suelo.

Cerrojos

El camino era un abrir y cerrar puertas, pasos y más pasos, barreras de las que “el que llegue el último, que la cierre”. El perfil era un tobogán, con subidas y bajadas hasta el punto más alto, el cap de Balç, a 1410 metros. Un auténtico balcón hacia ese mar interior de agua dulce que es la Llosa del Cavall, con esa forma de barco al lado de la que sobresale a modo de mástil el santuario de Lord.
De los 1135 metros, descenso hasta los 865, casas a la izquierda y un camino que bordea un prado. Campo a través la mayoría para encontrarse con el correspondiente talud de subida a la ruta oficial. Alguien rodeó por el camino correcto y llegó antes. Pronto la pista asfaltada va tensando las fuerzas en una suave pendiente que amenaza pero sí da. A la izquierda, rocas. A la derecha, un patio hacia el río. Y sube sin parar. Revueltas y más subida. Masas boscosas a ambos lados, las marcas en los pinos de la estrecha carretera, soplidos, caminar mirando o de frente o hacia el asfalto. Y más soplidos y bufidos. Esto no acaba nunca. Andar lento, pensativo. Una etapa dura. 27 km. en total.

Ermitas

Lo típico del Solsonès, las masías y la población muy dispersa se vio acompañado por pequeñas ermitas, algunas aún con cementerio adosado, muy bien situadas en un hermoso y abierto paisaje, como si las personas fallecidas tuvieran para siempre buenas vistas. Es el caso del intermedio de la subida, un descanso para reagruparse y contemplar, a 1160 metros de altura, Sant Martí de la Corriu, casa, ermita y cementerio por detrás, con algunos nichos y un pequeño espacio quizá con muchos restos de tantas gentes que habitaron la zona. Una cruz al viento, a merced de los grandes espacios y de quien, con su imaginación, pensara en sus creencias, en antepasados de la zona, en devociones diversas o bien buscara el encuadre perfecto para la mejor foto. Y una curiosidad: en el año 2004 los Mossos d'Esquadra detuvieron a un vecino de Sant Cugat del Vallès porque había robado la puerta de esta ermita, del siglo XIII, y la había colocado para entrar en su casa
Fin de las subidas
Más arriba, un sendero lleno de espinos y matorrales de los que dejan huella...en las piernas, brazos, etc. Ganar altura implica esfuerzo pero te recompensa con el regalo de la perspectiva. Pronto, la cima con un buen patio: a 1410 metros, el Cap de Balç, con un excelente mirador hacia el valle de Lord y el pantano. También, cómo no, alguna agresión al paisaje debía haber, es la industria del yeso y el vaciado de alguna montaña muy bien aprovechada. Enfrente, la prisión del Capolatell, recuerdos de la anterior etapa. Cansancio, esperas y personas a las que ya les pesan los desniveles y los kilómetros. Pero ya está.
La bajada no es igual a la de la anterior etapa. Quien sabe de GPS, temeroso de posibles sorpresas ajenas a su excelente servicio a la causa, respiró tranquilo cuando vio que todo era más fácil. Buen camino, un sendero entre bosques con otra ermita, Sant Lleïr de Casavella, a 995 metros. Sigue el descenso hasta pasar por un puente sobre el río Cardener y llegar al final de la etapa, a 925 metros: Sant Llorenç de Morunys o dels Piteus. Y los viejos recuerdos de anteriores pasos por aquí. El cruce con el GR7 y con el Camí dels Bons Homes trae a la memoria aquella otra etapa desde aquí hasta el pueblo de las Trementinaires: Tuixent. muchas setas, Demetrio de conductor, frutas y el involuntario olvido de un joven Grmano que ya no nos acompaña.

Parada y fonda

El núcleo antiguo del pueblo, vacío a aquellas horas, acaba en el aparcamiento donde está el autocar, hay un bar y muchos árboles de un rabioso color amarillo: plataneros y moreras que enseñan los últimos matices de un otoño que pronto será un anticipo del invierno. Qué diferente estaba esta plaza una semana después: la nieve lo cubría todo, un paisaje blanco como el de aquella otra etapa entre Tuixent hasta cerca de La Seu d'Urgell. El tiempo pasa, no se detiene.
El abrevadero fue cara al sol, a esos rayos que parece que calientan algo pero que al cabo de unos minutos se apagan y el fresco aire te invita a marchar.
Y eso es lo que se hizo, pensando en el tiempo invertido en la etapa, en el sol del otoño y en otras paradas hechas en este pueblo. Recuerdos que se pueden completar con otros pensamientos como éste:

“Fes que el temps no et persegueixi,
però tampoc no el defugis;
algun dia us trobareu”
Rose Chêne


Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
Terrassa, 2 de dicimbre de 2008