domingo, 12 de febrero de 2012

Camí de Sant Jaume, de Santa Llogaia d'Àlguema a Viladasens


Alta tensión con afectos secundarios




GRmanos y GRmanas



GRMANIA no para. La prueba son la cantidad de correos que quedan en esa notaría virtual que es Internet, donde los actos de homenajes y las comidas previstas provocan cruces de mensajes, propuestas, rutas alternativas, todas convergentes en un buen yantar con buenos brebajes etílicos. La cuestión es no parar, aunque a veces no quede más remedio que pensar en voz alta en la suerte que casi todas las personas de GRMANIA tienen con el tema laboral. Aunque la fiesta de cada uno va por dentro, todo no sería igual si los actuales dramas de más de cinco millones de parados (excluyendo trabajo sumergido y el pillaje habitual de este país) se montaran en nuestro autocar. Sin amargarle el dulce a nadie, y menos transmitiros todas las neuras propias, quizá habría que pensar en la suerte que tenemos de hablar de todo, del ji-ji-ja-ja, cuando casi todos sabemos que cobraremos (“de momento”) al final de mes, que en los domicilios hay comida, que se puede pagar la hipoteca o ya está pagada y que llegar a final de mes “de momento” está asegurado. La realidad es muy cruda entre amplias capas de la población que no tienen ni lo más mínimo, ni saben qué le darán de comer a la familia. Uno a menudo piensa en esto cuando ve nuestro autocar y las caras de felicidad de quienes “de momento” tenemos la vida resuelta y el disfrute es una finalidad muy decente. Pero también en este grupo hay personas (o hijos/hijas) que cobran una miseria por un trabajo muy digno, personas paradas o con pocas perspectivas de futuro, pero que luchan con orgullo y se forman. Va por ellas porque la heroicidad la viven en su propia piel.

En este sin parar, el pasado 21 de enero se afrontó una etapa más por las llanuras de l'Empordà marcadas por el frío propio de la época y por los dilemas que aún crea la línea de alta tensión o MAT. Pintadas antiguas recordaban el tema por las paredes de los pueblos, aunque se desconoce si quien se queda sin luz a menudo está de acuerdo o no. El frío inicial se combatió con procacidades y comentarios diversos, un compendio de imitaciones de varias tertulias televisivas pero sin emolumentos añadidos. No cabe duda que las palabras, los giros lingüísticos y los matices verbales enriquecen conversaciones con diversos sentidos. En esta ocasión, el grupo viajero procedente de tierras australes recordó más tarde algunos americanismos del español dignos de publicación. La cosa dio para reír y descubrir cómo las procacidades del uso demuestran el desuso de otras acepciones. El fútbol da para mucho, con matices derivados de rivalidades ancestrales. Y el caso del crucero italiano encallado suscitó risas y quizá ironías de un pueblo hermano al que nos parecemos tanto en desorden e improvisación sobre la marcha. “La moldava se amoldaba al capitán”: frase precursora de posteriores poesías de quien permanecía “tapado” y descubrió sus creaciones líricas días después. “El capitán cayó desde catorce pisos y se amoldó a un bote salvavidas sin un rasguño”.
Estábamos en el norte pero se miraba el sur: los australes citaban merluzas negras, corderos al espetón, masas heladas que se mueven, perros como llamas, y la “despampanante” Pampa. Menos mal que siempre nos quedan las postales fotográficas del maestro y del discípulo. Las riquezas lingüísticas siguieron.


Corredores desbocados

El inicio en Santa Llogaia d'Àlguema fue tranquilo hasta para los inquietos atletas. Hubo acuerdo de no salir en estampida hasta la recuperación de fuerzas del desayuno. El pacto se cumplió, con una reserva de tanta adrenalina que, después, todo discurrió con cierto libre albedrío. Pronto apareció Borrassà, un pueblo a 73 metros de altura que sorprendió con el curioso nombre de su plaza de entrada: la plaça de la Geometria. Gente mayor que se sorprendía y preguntaba por tamaño grupo a aquellas horas. Campos sin heladas, grises e invernales con granjas de cerdos y siembras de nabos, producto alimenticio animal que originó entre algún miembro (masculino, por supuesto) imaginaciones lingüísticas de supuestas ninfómanas. Delante del sembrado se efectuó una parada con destino a Pontós, a la plaça Sant Martí. Nada de exigencias físicas, más allá del trote habitual.
El río La Muga y sus afluentes acompañan en todo el recorrido. Estamos en zonas con vestigios del siglo VI a. de C e ibéricos, como el de Pontós, con una sola entidad dedicada a la caza, y un curioso nombre, quizá pensando en las víctimas: “Associació de Caça Bon Repòs”. Y, nunca mejor dicho, pausa para el reposo del caminante y la preparación de los atletas. Ya no había quien los contuviera y en este pueblo comenzaron también las tensiones entre quienes no llevaban los puntos del camino en las herramientas digitales. La estampida se preparaba y la primera escaramuza también.
Al amparo de la iglesia del pueblo se procedió al acondicionamiento de fuerzas y de indumentarias. Abajo, en la otra plaza más grande, se recordaba en un pasquín un concurso de poesía, medio tapado por una furgoneta que vendía pescado. Ya mismo los corredores y la corredora iniciaron un camino en dirección contraria. Subida, bajada y subida para preguntarse qué hacemos aquí. Y el recuerdo a otro miembro convaleciente que seguro se hubiera añadido a la pérdida. Los teléfonos móviles ayudaron a deshacer el entuerto, regresar al punto de origen y orientarse.


Huellas

Nadie sabe la cantidad de huellas que se siguieron. Más imaginarias que reales, se veían pisadas donde no había. Se decía de seguir una vía del tren y ésta no aparecía, se hablaba de dejarla a un lado y uno estaba en el contrario. Perdidos pero riéndose sin parar ante el infortunio momentáneo. Daban señales de una iglesia al fondo pero se veían dos. Una carretera y quedaba lejos. Un camino por donde se adivinaban pisadas, pero con un charco enorme, rematado por un árbol cruzado. Insistencia de que por allí habían pasado. Pero no había vía. Al final, trote cochinero (había granjas) y la carretera nacional como guía. Enormes camiones que pitaban. Con la fama que tienen algunos conductores, debían pensar: “¿Qué hacen cuatro hombres con una mujer corriendo? ¿Qué tiene esta mujer para que hasta cuatro hombres la acompañen a esa velocidad?”
Orientados ya, el destino que se preveía era el de la risa, la chirigota y el cachondeo merecido por salir tan deprisa para llegar tan tarde. Así fuimos recibidos pero en un ambiente de duda ante el paso de un río. Vadearlo descalzos o seguir el camino correcto por el puente. Intrépidos zapadores arrastraban troncos para sortear un paso estrecho pero profundo. Quienes se atrevieron, probaron a ajustar los pies a tanta piedra menuda y a resistir el frío. Risas contenidas, rechinar de dientes, tengo que aguantar el frío, soy capaz, queda poco, ya está pero con los pies helados.
Reagrupación en Bàscara, al lado de la carretera. Sello original en un bar y a seguir. Un pueblo surcado por una carretera nacional que espera sacarla al exterior del municipio. No hubo tiempo para ver más que camiones donde antes paraban las diligencias de ida y vuelta a Francia, sortear un semáforo de paso e ignorar varias iglesias, el parc de la Resclosa o las murallas. Los del atletismo, otra salida en falso y van.... En dirección contraria nada más proseguir. No tienen remedio. Menos mal que la llanura ayudaba y pronto se disfrutó de suaves subidas y bajadas entre barro, charcos y suave brisa que conduciría hasta el final.
En Orriols el público estaba expectante ante aquel personal. El núcleo antiguo te hacía pasar por un arco que dejaba ver al fondo el final. Ya sin dificultades pronto apareció Viladasens, en la comarca del Gironès, con más granjas de cerdos y la carretera de vuelta al lado. Este pueblo, de 200 habitantes, ofrecía zona de instalaciones deportivas a 96 metros de altitud y un bar restaurante que acogió a la avanzadilla. Un señor mayor se asustó cuando se enteró de la expedición caminante procedente de cerca de Figueres. Se preguntó a qué venía eso, con la cantidad de vehículos que hay hoy día. No parecía muy devoto de Sant Jaume.
El restaurante Can Lladó creó muchos afectos. Inicialmente fueron las cervezas de los primeros. Luego, las atenciones de aquel personal de procedencias diversas y el lío que se hacían a la hora de servir. Y también la apertura del reservado para acoger al peregrinaje de GRMANIA. Cuando el grueso del grupo llegó, aquello empezó a caldearse.


Americanismos

Las bebidas y el bienestar estomacal comenzaron a producir los efectos deseados. La lengua dio lugar a profundizar en los matices semánticos de tantas palabras que cambian de significado cuando se usan en América Latina. Los procedentes del sur traían su bagaje cultural, que se completó con mucha verborrea sui géneris. Seguimos con esos afectos al buen gusto verbal, aunque las excepciones malsonantes pudieran ser fruto de la falta de conocimiento de las palabras allá o no tener a mano obras de María Moliner o a Fernando Lázaro Carreter. Un titular de un periódico de Chile, comentada la semana anterior en una radio y también repetida aquí fue el siguiente: “Un coño saca la polla” ( o sea, a un español le toca la lotería). Qué decir de cogidas diversas y de significados peculiares de cacho, cachucha, chingar, chocante, concha, cuca, perra, pendejo, quesillo, tirar o zanahoria (salid de dudas en este Wikcionario)
Pero como no solo de palabras se vive, nuestros caminantes desplazados al cono sur nos sorprendieron con los típicos alfajores Havanna, importados de aquellas tierras. Un detalla con mucho afecto.

Y, para acabar, una opinable frase de esas que multiplican su efecto en Twitter:

Los satisfechos, los felices, no aman; se duermen en la costumbre”

Terrassa, 12 de febrero de 2012





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