domingo, 22 de abril de 2012

Camí de Sant Jaume, de Girona a Amer



I que, sóc gran” (Y qué, soy mayor)


Grmanos y Grmanas


A la salida de Girona, cuando se despedía una ciudad emblemática, admirable, bien situada, con reputación de buenas vidas, buenas costumbres y maneras modernas, se empezaba a instalar el populismo de las compras en este país, el eterno espacio para luchar contra las crisis o sobrevivir, el lugar donde se compra en plan barato el sucedáneo de la moda de los escaparates tipo boutique o grandes almacenes, el sitio con productos de procedencia diversa que también marcan tendencia, el bazar con intenso olor a churros y café con leche, donde el verbo de quien vende te incita comprar la moda popular, donde te animan a invertir en tí mismo, donde aún existen los piropos con finalidades comerciales, donde el 3x1 es más habitual que el 1x3. Los tubos y avances de las furgonetas anunciaban el gran mercadillo de los sábados en Girona. Lo ponían fuera de la ciudad, en el Parque de la Devesa, no siendo que afeara el rostro de la bien puntuada urbe. El Camí de Sant Jaume discurría por su ocasional territorio. Y allí, al viento, encima de las cabezas de los caminantes, ondeaba una camiseta con dos estampaciones: el reclamo visual del anverso “I que” se completaba con el reverso “sóc gran” como si pregonara a los cuatro viento que, a pesar de la edad, a pesar de hernias, resfriados, prótesis, operaciones y remedios diversos, por allí iba gente ya entrada en edades. “I que...sóc gran” un enunciado real que retrata con mucha honra a quien ya ha vivido unos cuantos años.


Vías

Atrás quedaba el mercadillo y delante el camino marcado sin pérdidas posibles. Los huertos preconizaban la primavera agrícola de la “gente grande” que buscaban un entretenimiento y una productividad a su tiempo de ocio. Flores en los árboles, tierras labradas y, en el aire, el fuerte olor a esa fábrica de una multinacional suiza, especializada en expresos y nespresos, desayunos diversos, de dudosa reputación en los países donde el precio del café y el caco es un arbitrio empresarial suyo, siempre a la baja... para el bolsillo de quien lo produce, claro.
La Vía Verde era un centro de peregrinación deportiva con muchas bicicletas, grupos bien pertrechados de máquinas y equipaciones de colores chillones que discurrían por donde antes había habido un tren. Vías de ferrocarril que ahora son verdes (eufemismos y polisemias como para pensar: la lengua tiene vida). Se la denominaba “Ruta del Carrilet” pero, como en este país algunos temas sexuales hay quien aún los debe acarrear sin resolver, qué mejor que hacer desaparecer el rabo de la letra “R” para que la originalidad más vulgar quede patente en todo el recorrido.
Antiguas estaciones de tren observaban cómo GRMANIA se disgregaba en varios grupos. Etapas a la carta que respetaban el ritmo y las fuerzas del personal, ahorraban tiempo al final y favorecían volver antes al destino final. En el fondo era un ensayo previo a las etapas del Camino de Santiago de este año en Semana Santa, entre Santo Domingo de la Calzada y Catrojeriz. Un camino ancho, sin dificultades, ideal para quienes se entraban para maratones.
La parada del gran grupo que hacía todo el recorrido, reponedora de fuerzas, sirvió para constatar una denuncia pública de quien se encarga de las botas: últimamente vuelven con más vino de la cuenta. De lo que se pueden efectuar deducciones saludables pero también renuncias a placeres revitalizantes. El comentario provocó que la bota no parara de circular. Y, también, eso es lo que se hizo después: seguir adelante al paso de cada uno. Bescanó (pueblo sinónimo de “Agua”, por donde pasa el Ter, hay acequias de agua y la isla de la Pilastra en el río, de 10 hectáreas y conocida con el nombre de la “devesa del Gegant”), Bonmatí (con un albergue para peregrinos), Anglès, Pladevall, la Cellera de Ter (al pie de la montaña de Puigdefrou, de 843 m.), estación de El Pasteral (con los pantanos de Sau y Susqueda cerca), Amer. Algunos ya eran pueblos conocidos por celebrar ágapes navideños, como Anglès. También, direcciones a pie desconocidas por las fuerzas de seguridad, ante preguntas para buscar la orientación correcta. Otros, como Amer, final de etapa, sorprendían por tener un monasterio del siglo X (en torno al cual se construyó el núcleo urbano) y una de las plazas mayores más grandes de Catalunya, un buen lugar para sentarse en una terraza al sol, ver pasar el tiempo y la vida mientras se descubre el fondo de una jarra de cerveza y se idealiza con la utopía de estar los lunes, los martes, los miércoles ...así, al sol.
Ademas, según cuentan quienes saben, la plaza mayor era el lugar donde se centralizaba un importante mercado y, ahora, cada 16 de agosto, por la fiesta mayor, se baila una sardana única en Catalunya, la Sardana del Alcalde, en forma de espiral abierta y presidida por el edil.
Una vez acabada la etapa, hubo ciertas apreciaciones que nunca se habían visto hasta hoy en un pueblo: en Amer tienen un desfibrilador en la calle, a disposición del público (esperemos que sea de poso uso), muy cercano al hogar de jubilados, Llar de Jubilats Sant MIquel (¿coincidencia?) y a una escultura cuya base es una fuente, el “Monument al Músic, homenatge als músics d'Amer, 8-XI-1975, Josep Bosch i Puy (Piculives), 1937-1998”. Aquí también había una tienda regentada por población oriental, como si fuera una variante más del comercio barato iniciado en los mercadillos.

Músicas

Los casi 27 km recorridos (26,680km según las máquinas), en 5 horas y 30 minutos, a 4,8 km la hora, acabaron en el abundante refrigerio del mediodía y en el camino y siesta de vuelta. Los músicos de Amer quizá se levantarían de sus tumbas si hubieran estado atentos a las melodías y letras con las que el conductor amenizó el viaje. Parecían una versión de hermanamiento autonómico en plan retro, con reflexiones como éstas en sus elaborados libretos: “Quiero beber de tu boca que me hizo renacer”, “Sabor a café es el sabor de tu piel”, “Quiero hacerle el amor al compás de la marea, sabor a café es el sabor de tu ser”, “Tengo que aprender a conformarme con lo que la vida me da”, “Volver a empezar de cero contigo o sin ti en nada estoy aquí”, “..y te diré hasta la muerte guapa, guapa y guapa”. Y otros temas tipo “Cocidito Madrileño”, “La Santa Espina”, “Verdes como el trigo verde”, “Cuando vienes a Madrid”, “La Zarzamora”. Chotis, pasodobles, sardanas y similares preconizaban un necesario y urgente entendimiento entre todos, a pesar de los pesares. Habrá que acudir a estos símbolos inmortales para salir de la crisis...¡con ilusión!


Al fin y al cabo, qué razón tenía la camiseta del mercadillo:
¡I que, sóc gran!”.




Terrassa, 6 de abril de 2012



Evaristo

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