sábado, 22 de septiembre de 2012

Camí de Sant Jaume, de Santa Maria del Corcó a Vic


Milagros, creencias y otras imágenes


Grmanos y Grmanas


INTRODUCCIÓN

GISCLARENY: un lujo a nuestro alcance

Antes de revivir sui géneris la última etapa del camí de Sant Jaume, iniciemos los prolegómenos en las faldas del Pedraforca, donde las pilas se recargaron en un ambiente de religiosidad profunda, con atalayas pronunciadas convertidas, una vez más, en objetivo a conquistar: desde la que está detrás de la casa de convivencias hasta unas más altas y otras menos pronunciadas. De nuevo se revivió el nunca olvidado espíritu de Gisclareny en la Mare de Déu del Roser, una iglesia del siglo XVIII ¡Qué tiempos aquellos en que la vieja residencia de Mosén Cima abrió sus puertas y sus innumerables rincones! La mesa redonda giratoria ayudó a socializar yantares y a reponer fuerzas físicas antes de los trances diversos.
En esta ocasión la nueva residencia abrió las puertas a una legión de acólitos que se congregaron por turnos. Las entradas y salidas eran a la carta, o sea: cada uno cuando quería y podía. 19 cofrades de honda espiritualidad se solazaron en uno de esos rincones donde la soledad y la altura permiten ver el juego de las nieblas, de las brumas y de los contrastes del horizonte en cualquier estación, con tormentas incluidas que añadían esas gotas de bienestar cuando estás bajo un tejado, con gotas diversas y buena conversación.
La estancia, bien equipada, provocó comparaciones con Bruguera. Incomparable el lujo de aquí y las comodidades, ya casi obligatorias para conjugar mejor el alma con el cuerpo en estos tiempos tan modernos donde la mortificación es un asunto personal e intransferible. Una cocina a la última, literas cómodas y buenas vistas. Limpieza, orden y concierto en las estancias, con muchas imágenes religiosas de Papas, vírgenes y otras señales significativas. Mención especial a ese gran cura que dejó inolvidables recuerdos en tanta gente, incluyendo una Grmana de la que fue su confesor particular. Varios cestos de gran tamaño en la subida a la planta primera simbolizaban las buenas recogidas de setas en una zona tan afamada, el alto Berguedà. Calefacción, agua caliente y menudencias varias que ayudron a hacer más agradables esos momentos en los que se está bien.
Por otra parte, minuciosos observadores independientes también anotaron algunos detalles a tener en cuenta. Echaron en falta una picadora de hielo en la cocina y cultivos de hierbas para libaciones con toques etílicos. En las estancias más íntimas, todo en orden, bajo muchas imágenes que vigilaban cualquier tentación carnal, solitaria o en compañía. No obstante, una mente detallista quiso que constara en acta un espacio donde no había ninguna vigilancia gráfica religiosa: el susodicho sujeto lo focalizaba en los momentos íntimos de las abluciones en las duchas (individuales, por supuesto). Propuso poner a media altura un ojo inquisidor que vigilara esos instantes de restregamientos, masajes lubricados con los geles, frotamientos e insistencias que pudieran estar en la frontera de lo libidinoso. Nada debía propiciar tentaciones malsanas. El signo de que todo lo ve el Altísimo sería una buena forma de mantener la mente donde debe estar y preservarla de cualquier tentación del mundo, el demonio y la carne en esos cuerpos tan recios e impolutos.

Milagros

Es muy grata una estancia como esta en salidas así con gente tan agradable. Más placentero es ver a ese personal pequeño que es nuestro futuro y que se entienden tan bien con todos. ¡Qué niños y niñas! La interculturalidad es la normalidad. El milagro en este caso es que no hay milagro.
Pero sí que lo hubo si consideramos a dos personas que dudaban hasta de su sombra. Uno de los objetivos propuestos era hollar la cumbre del Pedraforca por la vía de Gósol. Pronto se notaron algunas dudas y enmascaramientos de las auténticas razones con un cierto remoloneo. Quedó claro que un amplio grupo no iría, aunque el acceso hubiera sido posible para todo el personal.
Una persona parecía que arrugaba el entrecejo ante el madrugar tanto, que si podría llover, que si con este estado físico ya no seré capaz, etc. Otra persona llegó quejándose de un fuerte dolor en la rodilla, consecuencia de tantas carreras y otras hazañas. Tampoco confiaba en superar la cumbre. Al final, una mano suponemos divina les condujo hasta la cima. Debió ser la Mare de Déu del Roser.

Nueva vía

Aunque la vía de Gósol es muy transitada, el destacamento de GRMANIA abrió un nuevo camino en la parte final. Quizá se debió a una asignatura pendiente: los discos duros aún recordaban tiempo atrás cuando un apodado Coronel Tapioca pasó a los anales de las rutas apócrifas del Pedraforca. Desde el refugio Lluis Estasen el individuo dijo haberse enfilado al Pollegó superior por una senda desconocida y misteriosa. Aquella hazaña causó sensación y cierta envidia. La apuesta para igualar la epopeya del insigne asesor internacional de tantos presidentes latinoamericanos se consumó ahora.
Hasta la base o enforcadura que separa el Pollegó superior (2506 metros) del inferior (2445 metros) se llegó bien. Mencionar sólo una memorable frase de nuestro coordinador. Preveía las consecuencias de la ruta en su cuerpo y, a esas alturas, pronunció una sentencia con efectos inmediatos: “Se me están cocinando unas buenas agujetas”. Al día siguiente certificó que los pronósticos se cumplieron. Desde allí, en vez de seguir las marcas amarillas del camino original, la expedición tomó otra dirección mientras dos personas acababan de recuperar fuerzas von viandas variadas.
En estas estábamos cuando el coordinador tomó la directa y se puso a grimpar como una lagartija. Sus pies se ajustaban al terreno vertical y ascendía con agilidad. Dijo buscar la vía directa a la cima del Pedraforca. Por momentos la expedición observó la verticalidad continua y la ausencia de huellas de expedicionarios anteriores. Él gateaba sin parar, subía y bajaba como si olisqueara rastros de traks que le condujeran arriba. Aquella ruta parecía virgen, con un buen balcón si uno se giraba. No había señales de que fuera la del Coronel Tapioca. Ya arriba, la orientación guió al grupo hacia el destino final. La nueva ruta conducía en realidad hacia el Calderer (2505 metros). La historia no escrita de la montaña recogerá la hazaña de la nueva vía.

Garrulería variada

La cima del Pedraforca es mítica, política, reivindicativa y, sobre todo, abierta a la inmensidad de lo que le quieras añadir. Poco a poco la masa humana aumentaba. Quien se llevaba todas las miradas era un grupo de jóvenes que articulaban un lenguaje indefinido, a duras penas inteligible, mezcla de algoritmos diversos trufados con sonidos guturales y ahorros de letras. Procedían de barrios de Terrassa, sólo uno mostraba conocimientos básicos del catalán en público pero todos paseaban una enorme bandera estelada. Fotos de rigor se supone que para los anales de las redes sociales y testimonios para lucimiento personal. Visto lo cual, alguien por allí reflexionaba sobre temas diversos mientras hacía un estudio sociológico y político de lo que estaba interiorizando a esas alturas. La libertad a 2506 metros también ondea respetables colores.


Recogimiento y confesiones

De nuevo en Gisclareny, las bebidas y comidas entonaron los ánimos y la calefacción caldeó un ambiente bucólico, en medio de una gran tormenta y la lluvia golpeando los cristales, con los habituales sonidos de rayos y truenos. Espirituosos, infusiones, cafés, dulces y otras ayudas crearon un ambiente relajante y agradable. Antes, un grupo visitó la ermita preferida por Mosén Cima, Sant Miquel de Turbians, un lugar mágico documentado en el siglo X como iglesia románica. En el siglo XVIII fue iglesia parroquial . Otros estaban en Bagà. Después corrieron rumores de sorprendentes confesiones entre iguales, un fenómeno que forma parte de los milagros del lugar. Un sitio ya señalado para volver, gracias a las buenas conexiones con las autoridades eclesiásticas y a las romerías a Montserrat.

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LA EPÍSTOLA DE LA ETAPA DEL CAMÍ DE SANT JAUME

De Santa Maria del Corcó a Vic

Nunca mejor dicho: dos poblaciones con muchas reminiscencias históricas. Una por cuestiones antiguas, otra por antiguas y actuales: Santa Maria del Corcó (L'Esquirol: un nombre de broma fácil) y Vic. Aquí los milagros están en el camino y en la primavera que fluye por los poros de muchas pieles y de la tierra. Y también dio señales de su efervescencia en esas imágenes tan poéticas y románticas cuando cualquier detalle se mira con otros ojos, cuando el amor fluye y la pasión crece ante tanta vida que fluye. ¡Ay, el amor! Siempre anima ver gestos, detalles, sonrisas de oreja a oreja, complicidades detallistas y carantoñas diversas. ¡Lo que no haga el amor!
Un buen ambiente con un limitado número de caminantes, caldeado en sus inicios con repasos diversos a la actualidad, arreglos inmediatos de mundos y críticas contumaces a tanto “chorizo” como abunda en estos lares, en una etapa que se mueve entre muchas granjas porcinas para la alimentación de la materia prima de otros embutidos.
De entrada, la seguridad que no pareció haber en la etapa anterior se vio confirmada con la asistencia de nuestro guía de lujo. No obstante, los inicios no estuvieron claros, hubo dudas no habituales en él. Algunos justificaron la situación por estados anímicos muy favorables a la ilusión y al porvenir de color rosa en medio de tanto verdor primaveral. Una tierra de trigo fue pisoteada y hubo que bajar un talud ante la vista del conductor de un todoterreno, que se brindó a indicar señales del autentico camino. Y allí estaba. Se dirigía hacia un destino aún lejano, en medio de muchas masías aisladas, innumerables granjas de porcino y vacuno, los habituales olores tan penetrantes, maquinaria agrícola muy potente y espigas en formación. Unas tierras con espesas nieblas en invierno cuya imagen más estereotipada la difundió el escritor Miquel Lor con la novela “Laura a la ciutat dels Sants”, escrita en 1931 y ambientada en Vic: un retrato pesimista de la zona, la imagen negativa del ambiente rural centrado en el viaje iniciático de Laura hacia su desarrollo personal.


Plazas y fisco

La primera parada recordó el cruce de caminos a la entrada o salida de Roda de Ter. En este lugar, en medio de aguanieve o granizo, ya se produjo otra recuperación de fuerzas. La diseminación por los bancos produjo concentración ante la bota de vino y los regalos de quienes son abuelos por segunda vez. Debía estar previsto el brindar como postre con varias tartas de Santiago en el Camí de Sant Jaume y moscatel. Dulces sabores para desearle lo mejor a abuelos y nietas.
Hubo detalles con buena señalización: se vieron flechas made in GRMANIA en el suelo para evitar pérdidas y sustanciosas conversaciones económicas. El grupo debía saber el estado fiscal de nuestra insignia a ojos de la inspección de Hacienda. Qué mejor que preguntar a una persona experta, que dedicó unos minutos a instruir al ignorante (que no defraudador). La profesional manifestó que a GRMANIA se le consideraría un sujeto pasivo. Y sin retenciones posibles. Estamos salvados con ese superávit que algunos quieren convertir en bonos para contribuir a salvar una puerta de Bankia. Y sobre sujetos pasivos, ya hay personas jubiladas y otras que tachan los días que les quedan siempre que no alarguen la fecha de entrada en la “edad dorada”. Aunque hay quien cree que mal le debe ir a un país si la gente con más experiencia y formación sólo tiene como ilusión pasar a la pasividad laboral.

Poemas

La monotonía del camino se vio alterada por plantas transformadoras de áridos, un restaurante camuflado con paredes cubiertas por hiedras, labradores y ganaderos a sus labores, alfombras de pelusa de los chopos, algunos ciclistas y poco más. Roda de Ter es, entre otras cosas, su puente sobre el río, fábricas textiles abandonadas, la Mare de Déu del Sòl del Pont, la pequeña iglesia donde rezaba Miquel Martí i Pol y los recuerdos de los versos de este inolvidable poeta. En la puerta eclesial estaba el anciano sacristán, amigo del poeta y de su hermano. Arengaba al caminante pontificando sobre que hay tres cosas invisibles en que hay que creer: el oxígeno, el cielo y Dios. ¡Palabra de sacristán! Pronto, la casa donde nació Martí i Pol. Una Grmana que iba de punta en blanco (pantalones de ese color ) aprovechó la puerta de la casa para sus menesteres con las botas, en un momento en que alguna cámara fotográfica perseguía la imagen de donde nació el poeta.

Taller de comunicación

Hubo otro momento sin duda memorable en al etapa. Quizá debido a las hormonas primaverales y a la pelusa de tanto árbol, unos sujetos se lanzaron a diseccionar algo que ocurre: imaginemos un acto público, conferencia o jornada en que hay ponentes que cobran sus buenos emolumentos, a veces a base de cansar al público con añejas y repetidas presentaciones. En un momento dado la organización del acto necesita a un ponente, moderador o figurante para completar el elenco. Según el grupo de caminantes expertos, suelen tener una lista de becarios de diferentes sexos, buenas personas inocentonas, gente que valen igual “para un roto como para un descosido”. Pero la diferencia es que no cobran. Estas almas cándidas prestan sus servicios para salvar la situación. Y aquí vino la disertación: ¿cómo hacer para que estas gentes de buena voluntad las tachen de la lista y nunca más la organización pueda recurrir a ellas? Fue tal el cúmulo de argumentos y tan contundentes que se evitan reproducir aquí: certeros, directos, descarnados, al grano, atacando a las interioridades, poniendo toda la carne en el asador. Quien se encuentre en esta situación, que recurra a la próxima edición del “Taller Disuasorio de Comunicación gratis”.

Razas

Con las ideas tan claras, otra foto de rigor en lo alto de un puente teñido del blanco de los chopos y, al fondo, Vic. Aquella “Ciutat dels Sants” hoy es un crisol de culturas, y más en un sábado con el popular mercado en la plaza principal. Una población variopinta con la que se han hecho experiencias educativas pioneras pero también donde ha calado el racismo más detestable. Beber agua en una fuente es encontrar inscripciones contra la segregación al lado de una Plataforma innombrable. Museos griegos, la Iglesia catedral, el entorno cultural Abat Oliba, palacio episcopal, el concierto de Mishima, un bar llamado La Terra que te recibía con la inscripción “un equip, un país, una terra” y las contradicciones de tantas pintadas que se resumían en el titular del diario gratuito “Osona”, que repartían en la Oficina de Atenció Ciutadana: “La manifestació contra el racisme divideix Vic”. Lo dicho.
Y ya que estamos en tierras de Martí i Pol, qué mejor que recordar los versos que hay en la puerta de su casa de Roda de Ter:

Visc en un poble petit,
en un país petit
i, tanmateix, vull que quedi ben clar
que això que escric ho escric per a tothom,
i que per a mi és com si el món sencer
girés entorn de l'eix dels meus poemes”
(Vivo en un pueblo pequeño, / en un país pequeño / y, también, quiero que quede bien claro / que esto que escribo lo escribo para todos, / y que para mí es como si el mundo entero / girara en torno al eje de mis poemas)

Terrassa, 3 de junio de 2012

Evaristo

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