viernes 1 de enero de 2010

Cuarta etapa del GR 83, entre Sant Hilari Sacalm y Osor

Resistir para celebrar


Grmanos y Grmanas



“Resistir es vencer”, era la pintada que recibió a un grupo tan variopinto como éste en Sant Hilari Sacalm. Acostumbrados a otras épocas de alto voltaje reivindicativo, la frase tan actualizada debía responder no a cambios políticos sino a preocupaciones ambientales. No querían la línea de muy alta tensión. Por eso había que resistir. Aunque, si de resistencia hablamos, el actual autocar sometió al personal a un frío invernal dentro del habitáculo. Claro que hubo que resistir el aire frío, la ventilación inoportuna, los intentos de calentar el ambiente. Y qué mejor que entretener la mente colectiva con disquisiciones variadas que focalizaran los fríos hacia cuestiones candentes.

En la parte de atrás un grupo se lanzó al ruedo (nunca mejor dicho) de si corridas sí o no. Como que de unas todos estaban de acuerdo se pasó a las otras. Y aquí hubo quienes creyeron que Cataluña es diferente, va un paso más allá y debe prohibir tamaña aberración. Otros estaban en contra de tamaño espectáculo pero estaban en contra también de tantas prohibiciones como cada vez hay. Del ardor dialéctico se pasó a pedir consultas y más consultas, referendums y lo que haga falta. Y más en la zona donde estamos, casi con las urnas aún calientes de independencia. Llegados a este punto, se solicitó también hacer otra consulta sobre si los pájaros domésticos deben estar dentro de la jaula o no. O si los billetes de Félix Millet deben estar dentro de una caja fuerte o se debería abrir y esparcirlos urbi et orbe. También se hubiera podido debatir ese caso que honra a Grmania, quizá de los únicos en esta comunidad autónoma: ese Grmano seguidor de un galáctico y “christiano”club de fútbol que fue un entusiasta organizador de una consulta independentista (para que ganara el sí, por supuesto). Puestos a acoger, que vengan cuantas saharauis quieran. Aquí cabemos todos.

De pie

El camino fue un puro trámite en días previos al invierno. Amplia superficie, sin dificultad. Un paseo tranquilo, calmado, justificable por el estado de la naturaleza y por las celebraciones finales. Mucho personal, un hito en las cifras de afluencia de esta hermandad. Mientras, el infiltrado observador, perteneciente a grupos paralelos muy serios y bien organizados (casi cuadriculados), notaba los movimientos del personal. Su escepticismo era evidente. Como si pensara en a dónde iba esta gente y qué se traían entre manos en momentos anteriores a la Navidad (llamadas ahora “fiestas de invierno” por las máximas autoridades educativas catalanas). Pero este sujeto se debería convencer luego que las apariencias engañan. Y así debió quedar cuando los actos del público comensal le demostraron que, con aparente poco orden pero sí con mucho concierto (buenos maestros/as de juergas tenemos), se articuló una jornada memorable, de las que hacen historia. A pesar de intercambios de impresiones divergentes en regalos y otros temas (necesarios para ver mejor la realidad), el programa de actos siguió un ritmo marcado casi “en ningún sitio”. Anarquía organizada con un sabor muy agradable .

El frío apretaba, la desolación invernal aclaraba el paisaje, al fondo el Canigó nevado, camino despejado, el sol se cotizaba al alza. Paisajes abiertos, tranquilidad, campechanía, relajación, pocos kilómetros, ninguna dificultad, suave subida, bajada hasta el final.

El desayuno también marcó otro hito. Transcurrió de pie, muy poco personal en tierra. Y una parte del suelo era una pura capa de látex usado. Restos de placeres condenados por ligas antiabortistas, puritanos al uso y censores de los buenos momentos de la carne.

Celebraciones

Subida. En la parte de arriba se desechó llegar aún a lo más alto. Para qué. Se iba a lo que se iba, para qué dar rodeos y hacer cundir el camino. Tranquilidad, animales sueltos, perros sujetados para evitar lances, pista forestal plana, relajación general hasta Osor. Un vistazo a la iglesia, autocar y a comer en Ca L'Elisa, en Anglès. Gran ambiente, el personal dio la sensación de satisfacción. Una parte del sector femenino anotó cierta evolución de la lascivia a la gula. Habrá que tenerlo en cuenta. La animación subió de tono, el cava personalizado completó el efecto acumulado de los alcoholes anteriores. El equipo de animación fue excelente (“Todo esto lo hacemos por ellos”, se sinceró el gran animador a la salida). Quien buscó el local se hacía cruces. La promesa previa que casi le juró al dueño para que nos acogiera se hizo añicos. Le había prometido que se cantarían villancicos en catalán. No parece que el Asturias patria querida, el vino de Asunción y el todos queremos más le molestara en absoluto. Hasta no nos cobró los cafés y ofreció repetir de todos los platos. Visto lo cual, se contempla volver en otras ocasiones.

Después de jornadas como ésta y de tantos años pasados en agradable compañía con todos vosotros y vosotras, permitidme cerrar el año con un texto antológico de Mario Benedetti, poeta y escritor uruguayo que murió este año que pronto acaba:

Primero que todo
Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace en menos tiempo de lo esperado.
Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.
Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.
Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo, entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.
Me gusta la gente que al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente; a éstos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no fallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente que trabaja por resultados. Con gente como esa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido.
Mario Benedetti


Terrassa, 23 de diciembre de 2009
Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com

domingo 13 de diciembre de 2009

Tercera etapa del GR83, entre Riells Viabrea y Sant Hilari Sacalm

Si bebes, camina con orientación


Grmanos y GRmanas:

No hay como las cosas bien organizadas y cuando tocan. O sea, que un autocar llegue a la hora se agradece. Y que, cuando pones pie en el destino, un selecto grupo de azafatos y azafatas te reciba a pie de plataforma con gustosos detalles, se agradece aún más. Todo con un orden y una puntualidad que provocó ciertos ánimos algo disolutos al pasar del verlo al degustarlo. Cada vez hay más motivos para celebrar algo, Y también es un detalle que las celebraciones se compartan cada vez más. Una ilustre Grmana quiso compartir la nueva década de forma dulce y tentadora. Como durante el verano una empresa chocolatera dice que no vende sus productos, la anfitriona debió buscar las primeras cosechas del otoño y el personal comprobó cómo la publicidad a veces no engaña: “inconfundible, incomparable: ¿qué haría yo sin él?” (está claro: es su marido). Los bombones bien perfumados por dentro con variados licores, los cafés y las botellas de espirituosos, todo el conjunto creó un ambiente tan agradable y dicharachero que se extendió a lo largo de la etapa. La orientación se resintió. Quizá quienes asuman ser guías del camino debieran pasar por un control previo de la composición de la sangre en vena.

Búsqueda

Una pareja se perdió. Así de claro. Y durante bastante rato. Parece que no habían bebido demasiado. Lo que estaba claro es que hacía tiempo que no se veían. Y se perdieron. Seguían marcas pero debían ser contrarias, porque llegaron al punto de origen. Mientras, las unidades de transmisión no perdieron el contacto con ellos. Al final, esperaban en la plaza de Arbúcies, rodeados por pancartas que anunciaban alguna independencia, mientras grupos de interculturales llenaban el espacio público. La anchura de un camino con árboles de ribera permitió disfrutar de los colores del otoño y pisar las hojas caídas. Alcornoques, encinas, álamos y chopos que irían cambiando a medida que se dejaban los 487 metros de Riells y se llegaba a las cercanías de Sant Climent, a 680 metros, con los restos de una ermita. La altura propiciaba buenas vistas llenas de cortinas de niebla que dibujaban otra realidad de una naturaleza disimulada por este manto meteorológico. Una subida tensó los ánimos, quemó alcoholes y recordó que se había de parar para lo de las fuerzas. Mientras la comida importaba para unos, la búsqueda de los perdidos era fundamental para una minoría. En estas situaciones, las dudas humanitarias asaltan por momentos a algunas mentes. En fin, la bota debe curarlo casi todo.
Tres zonas naturales: Parc Natural del Montnegre.Corredor, parque natural del Montseny y Les Guilleries. Cazadores, buscadores de setas y Grmanas que buscan disimulados lugares para sus quehaceres fisiológicos. Mientras los de la escopeta otean, ellas los vigilan: parece ser que no quieren ser “cazadas” in fraganti.


Plan E

La subida, después del alto en el camino, condujo a un bosque caducifolio que se iba despojando de su vestidura a causa del viento. Las hojas cubrían la carretera y daban trabajo a dos operarios que pulían el asfalto otoñal con maquinaria diversa. Alguien miraba si ambos pertenecían al Plan E, pero no se veía ningún cartel de esos que inundan el Estado y que cada uno vale 1200 euros: “Obra ejecutada por el ayuntamiento de Riells, Plan español para el estímulo de la limpieza continua de las carreteras en otoño”. No, dijeron ser pagados por el ayuntamiento y su cometido debía ser vigilar la caída de hojas y perseguirlas hasta el cubo de la basura. Debían ser más rápidos que el viento. La lustrosa carretera debía ser para facilitar el acceso a un complejo hotelero apto no para todos los públicos. Allí otros seguían abrillantando las carpas, zona de piscina, fuentes y jardines varios. Ceremonias civiles a un lado y lo demás, al otro. Una Grmana dijo haber comido allí y bien. Y aquí, más camino, subida continuada hasta descubrir las primeras casas de Arbúcies.

Heroínas anónimas

Nunca tendrán un monumento. No saldrán en los diarios. Se las olvidará. No importa. Ella, de Can Callís, es una heroína. Sola, atiende a su padre y a su madre, ambos en silla de ruedas. Y se levanta pronto, atiende tierras y animales, hace vino y pone cara de felicidad. Cuando alguien le habla de la ley de dependencia se ríe. Echa de menos cuando aún tenía más fuerzas. Derrocha vitalidad. No se queja en público. Y cada día hace comidas de las de antes. Parece feliz.
Buena entrada en Arbúcies, el pueblo de las carrocerías de los autocares, con referendums a la vista (“¡son pocos pero hacer un ruido...!” dijo alguien), plaza porticada, cerca el castillo de Montsoriu, con una fuente accionada por un curioso mecanismo. El pueblo donde se fraccionó el grupo, el autocar fue, vino y volvió. Fue el sitio donde los que no siguieron se perdieron un buen trozo en subida con un paisaje de La Selva sublime (“el paisaje es maravilloso si hubiera tiempo para mirarlo”, alegó un Grmano al llegar a Sant Hilari).

Pasar por la piedra

La guía oficial así lo dice. Transcripción. En este recorrido del Gr está la “piedra de Serrallonga”, una piedra plana donde dicen que el famoso y legendario bandido “pasó por la piedra”...¿a quién? Al propietario de una masía. La subida era continua, fuerte, apta para poner a prueba las fuerzas finales de caminantes que echaban de menos antiguas etapas como ésta. Joanet, un núcleo en medio del camino. Los bosques dejaban ver los perfiles de una perspectiva formada por las montañas del Montseny. Cerca, allí al lado, los abetos cultivados para ser vendidos en la próxima feria de Espinelves. Muchos abetos que dieron paso a Can Faustino, un criadero de caballos. Y, después, al castillo d'En Roca, una mansión situada en un promontorio ya dentro de Sant Hilari. El destino final estaba cerca, aunque no para todos.

Recibimientos

Allí se daba la bienvenida con aplausos a los que llegaban por el GR. Mientras un distinguido Grmano te recibía con la habitual jarra de cerveza (¡qué detalle!), había responsables expectantes. La escena era curiosa: en una mesa al sol, el coordinador abría la caja recaudadora, bajo la atenta mirada de una inspectora de Hacienda que hacía tiempo no aparecía por estos lares. Quien llegaba era abordado por el cobrador de la etapa, aunque no hubiera empezado ni a comer. Despojado el interfecto de sus dineros, caía en manos del nuevo lotero, el cual le transmitía ilusiones del tipo ¿y si cae aquí?.
Mientras, una pareja se guiaba por el walki para llegar. “sigue las marcas y llegarás al bar la Báscula”. Consulta sobre si iba bien o no. “No te preocupes, tú sigue adelante”. No aparecía el bar del toldo rojo. Consulta. “Tú sigue, no te preocupes”. La pareja, con rostro preocupado, debía recordar la añorada etapa andorrana por la Vallmadriú. Pasan el pueblo, continúan, preguntan a alguien y dan marcha atrás para encontrar el destino final. Enfado lógico.
No obstante, aun siendo ella víctima de tal confusión, agradecer su invitación a cava. Otro aniversario. Felicidades a ambas. Alegría por la vida que continúa. Podría ser un Viva la Vida cantado por rostros que emocionan (mirad sus caras).
Viva la vida y viva la solidaridad, según el budismo:

“Yo soy uno pero los demás son muchos”

Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com

Terrassa, 28 de noviembre de 2009

sábado 7 de noviembre de 2009

Segunda etapa del GR 83, entre Collsacreu y Riells

Café, copa y aguas...(de La Tordera)


GRmanos y GRmanas:



Nos han convencido de que esta crisis galopante está en nuestras vidas (o nuestras vidas ya estaban en crisis desde antes de estos momentos), pero lo que uno nunca se imaginaba es que una etapa de un GR sirviera para negociar la continuidad de un puesto de trabajo. Así. Tal cual. Llegar tarde dos días un autocar ocasionó algo más que preocupaciones grmanas por la ya casi habitual impuntualidad de empresas subcontratadas.
Esta vez la tardanza derivó en amenazas de despidos. O sea, GRMANIA puede llegar a poner a un trabajador en la calle. (“¡Es que es muy fuerte!” que dirían los modernos jóvenes deslenguados tipo pijo). El conductor fue avisado de que cuando llegara a la empresa tendría la carta de despido. Mientras los comensales levantaban frías jarras de cerveza, hubo quien tuvo que llamar al dueño de Moyano, al jefe de la empresa de autocares, hablar con el conductor, negociar con los tres por separado, pactar para evitar un parado más (y van...). Así es la vida. Ni en las etapas de GR hay descanso. La promesa fue que el incidente no tenía tanta importancia a nivel laboral y que el trabajador seguiría al volante. Se desconoce si “del dicho al hecho hay un trecho”. O no. Tampoco se sabe si el autocar llegará puntual al próximo GR.

Café

Hay Grmanos que cuando cumplen años y encima acaban una maratón saltan en su seno de tanto gozo que cargan con desayunos para calentar motores. La parada primera en boxes fue un despliegue de gustosillas sugerencias para echar al gaznate. Los termos con el café, los bombones y galletas variadas y los “magnos” licores fueron un lujo que se agradece a quien con tanto esfuerzo corrió muchos kilómetros. Los principios del camino pintaban bien. No fueron “las gotas” las que parecían motivar un espejismo a lo lejos. Aquel ser humano con antena era una imagen real. Allí, en la urbanización de Collsacreu, estaba él acompañado de una antena que parecía un pendón y un aparato conectado a esas modernas guías llamadas satélites. Al joven, de pocas palabras, le costó explicar algo a los discípulos que querían aprender. Seguro que, si hubiera probado algo “magno”, su lengua sería más ágil. Dijo estar cartografiando el terreno con tecnología GPS.
Los caminos eran amplios y con buenas vistas. Una vez superada una urbanización a caballo de dos vertientes de la sierra litoral, el mar se dejaba ver por un lado y toda la sierra del Montseny por otro. El otoño y el día soleado y tranquilo predecía que mucha humanidad se movería por los caminos. Los motores de los quads rugían con prisa, para verse parados luego en un restaurante. Aguerridos jóvenes hacían cabriolas con sus bicicletas en fuertes subidas, “sacando pecho” cuando notaban que eran mirados. Los cestos y sus amos perseguían pequeñas castañas o setas de difícil adquisición. Coches aparcados con sujetos de los que sacan el chándal a pasear para estas labores o para ir a comprar el periódico, el pan y el tortell los domingos de guardar. Basura en el bosque de quienes confunden el paisaje con una inmensa papelera. Y en medio, las huestes de GRMANIA seguían andando entre castaños jóvenes que ya se tiñen de amarillo, rojizos frutos del madroño, las erizadas protecciones de las castañas por los suelos y el Turó de l'Home, les Agudes y el Matagalls al fondo. Allí, al lado, pegado en una pared, un significativo cartel que, leído con detenimiento, dice más de lo que pone: “Se ofrece muchacha joven española responsable para limpieza”.

Cruces

La vida discurre por conversaciones variadas. O esa filosofía para entender el fin de las personas, cuando llega la hora de que el acabar es llegar a puerto sin ser un naufragio. El trote por entornos sombríos y tranquilos permite distanciarse de lo cotidiano aunque se hable de ello, reírse de la mediocridad aunque mañana se caiga en ella, encarar nuevos proyectos aunque luego queden aparcados en el baúl de los recuerdos. De eso se trata el caminar en grupo. Y también parar y comer. El lugar elegido casi que aún conservaba huellas de pisadas anteriores. En sus cercanías se cruzaba el GR 5, el GR 92 y el GR 83. Sant Martí de Montnegre gozaba de buena salud, su ermita acogía a comensales distribuidos en círculo y provocaba significativos comentarios. Nuestro rapsoda se preguntaba cómo a menudo las paradas se hacen al lado de construcciones religiosas. Y él mismo completó la duda: “A la sombra de la Santa Madre Iglesia, con el alma cargada de pecados”. Allí volvieron a aparecer los dulces y los licores, las delicias de los postres compartidos, las botas y los botes de cerveza.

Entornos

El Montnegre andando ofrece rincones desconocidos para ese gran público que rodea este parque natural. El olor a humo anuncia aisladas masías que aún perviven habitadas. Otras ya son restos de la arquitectura rural. Asoman cultivos otoñales que esperan su recolección. O, en medio de un camino, el tractor cargado de madera. O esa sierra que quiebra el silencio mientras trocea árboles caídos. Anchos y plácidos caminos sin dificultad que, en un momento dado, desembocan en un turbador ruido muy bien identificado. Al fondo asoma cemento, un gran panel electrónico informativo y vehículos que no paran de pasar en ambas direcciones. Es una autopista, ésa que tantas veces se ha pasado. El camino del norte o del sur. Las habituales señales del GR 83, con flechas y el cartel de “Al Canigó” se han cambiado por la rapidez, por la velocidad. Debajo del puente que cruza esta rápida vía hay concentración de personal para el momento cumbre de la etapa.

Pasos

Allí al lado había agua. Era un río muy femenino. Era La Tordera, tan suave, tan diferente en su nombre. Así como la autopista se franqueó por debajo, el caudal de agua hubo que cogerlo por en medio. Primero, dudas y búsqueda de puentes. Ni a la izquierda ni a la derecha se oteaba nada parecido. No quedaba más remedio que probar el agua que bajaba del Matagalls y de Les Agudes. Por tanto, manos a los cordones, buena estabilidad, correcta situación de las extremidades y limpieza de zonas muy bajas. Hubo tres velocidades de paso: la exprés, la tranquila y la mecánica. La rápida fue quien no se descalzó y cruzó a gran velocidad. Al parecer, fue debido a que ella ya había dicho que pensaba comprar unas nuevas botas y a éstas las castigó con mojadura integral. El grueso del pelotón fue tranquilo per a velocidad diversa. Las posturas y los equilibrios eran diversos: zapatillas que colgaban del cuello, bastones lanzados como flechas, pantalones arremangados que caían hacia el agua, cuidados con movimientos bruscos, máquinas de fotos expectantes a la caza de posibles y no deseables caídas (casi siempre se ríe uno de lo malo que le pasa a los demás), ella con la mochila de la que pendían “alas” de corcho. Y él varios metros más abajo que seguía buscando un puente.
Mientras el personal observaba cómo los pies habían mejorado de color, nuestro “salvado de las aguas” en una tapa anterior desistió del intento. Quería preservar su organismo de anteriores neumonías almerienses. Evitaba pasar, y eso que la primera fila del otro lado era ocupaba por algunos “paparazis” expectantes. Optó por descalzarse y, como no quedaba más remedio, afrontar el agua con más equilibrio que en otros momentos históricos, no escorarse y salvar el tipo como el resto del personal. Y en ésas estaba cuando acudieron dos vehículos oficiales en su ayuda. Hay tantos y por todos los lados que, en esta ocasión, los dineros del contribuyente se invirtieron en salvar posibles resfriados a uno que cotiza a Hacienda. Por tanto, pasó el agua bien escoltado y en vehículo todo terreno. Se descalzó pero no se mojó. No obstante, las malas lenguas sospechan que, con las nuevas normas de intervención de los equipos de salvamento, quizá le llegue alguna factura por los servicios prestados. Pero, en este caso, no hubo negligencia ni falta de equipación adecuada. Sólo se echó de menos obra pública, o sea, un puente (sin comisiones de por medio).

Copas

Llegados a Riells Viabrea, había que buscar el lugar escogido por el conductor. Desde primera hora de la mañana parece que quiso recompensar al grupo de alguna forma. No se sabe por qué pero acertó a la primera cuando a buena hora anunció que ya nos tenía reservado el bar. Con este detalle hubiera sido suficiente como para salvarle del despido. Por el camino hubo quien cogió prestados kakis de un árbol. Otros, parodiando este buen tiempo que en algunos sitios llaman “el veranillo del membrillo”, vieron un árbol cargado y le ayudaros a liberarse de algunos frutos.
El lugar elegido para la comida era muy apropiado para seguir con temas acuáticos: bar La Piscina, terraza con vistas a esta masa de agua y un hecho sin precedentes muy publicitado por las mozas. Dijeron que por primera vez veían más cola en los lavabos de hombres que de mujeres. Un hecho histórico. Alegaron los sujetos que esperan el turno para la micción que las próstatas tenían ciertas similitudes o actos reflejos. Aunque hubo quien dijo: “Eso es utilizar la ciencia para ocultar el vicio”.
Enormes jarras, abundante cerveza y las copas de cava para celebrar el aniversario de un ilustre Grmano que tuvo este significativo y vituperado detalle. Y el preciado líquido a la temperatura adecuada. Él y su familia siempre han sabido mucho de vinos, aceites, arroces y cavas.
Con un tiempo soleado, la temperatura interna y externa en sus justos grados, preparados para afrontar la noche con el regalo de una hora más, podemos dejar la crónica con un juego de palabras publicitario que nos puede hacer pensar:

“Lo que se ve, es una visión de lo invisible”

Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com

Terrassa, 29 de octubre de 2009

domingo 11 de octubre de 2009

Etapa 1 del GR 83, entre Collsacreu y Mataró

Lujos (in)necesarios con toques chumbos


Grmanos y GRmanas:



Iniciar una nueva temporada senderista es uno de esos lujos necesarios a partir del mes de septiembre. Tras casi tres meses llenos de actividades diversas, el reencuentro pudo haber significado un pleno histórico pero no. Las cifras parecían una declaración de buenas intenciones, como si de un año o curso nuevo se tratara. Algo de eso debió adivinar quien se encarga de los carruajes y... lo nunca visto. Un lujo innecesario. Autocar de dos pisos y 80 plazas. Parecía un autobús de uso turístico, un papa-móvil o uno de esos escenarios para pasear los ídolos pentacampeones. Los más aventureros, los amantes de emociones cercanas al balanceo, los que antes iban al “gallinero” en los cines, quienes querían ver el mundo de forma más amplia: escalera de caracol y arriba. Abajo quedó un personal más sosegado, propenso a tocar temas culturales y de cualquier otra categoría. Por allí se paseó Lisbet Salander, gozó de grandes admiraciones entre quienes devoraron las casi tres mil páginas de su fallecido autor. También estuvo presente la catedral de Vitoria, por aquello de los pilares de la tierra. Aunque también los hubo que, más pegados a la realidad, consultaban el libro del GR 83 y conducían al novel conductor hacia el nuevo destino.

Por tierras diferentes

En Mataró ya se ojearon playas donde lucir abdominales y bronceados con (y mejor sin) marcas del bañador. Una ciudad tan textil para bañistas que dejaron en casa prendas tan escasas de telas como aquellos tangas ya históricos. Pronto los aires del interior venían cargados de perfumes reivindicativos. La carretera adquiría altura mientras las pancartas de nuevos presidentes, las banderas esteladas y las pintadas diversas anunciaban que se iba a tener el honor de atravesar el pueblo que ya muchos sabían colocar en el mapa sin recurrir a Google Maps. Hasta hubo quienes intentaban adivinar cuál era la piedra independentista que causó roturas falangistas. Así como antes estos pueblos servían de protección ante ataques por mar, ahora lo nuevo parece ser que sopla de tierra hacia todos los confines.


A 360 metros

Desde estas alturas se veía un panorama prelitoral con ribetes marinos. La urbanización de Collsacreu fue el inicio de un tranquilo recorrido hacia el preciado baño y la jarra bien fría, servida por un histórico amante de las Harley-Davison al borde del mar. De salida, los ánimos se preparaban para un recorrido no exigente, por pistas y cuesta abajo. Un territorio cercano al santuario del Corredor, la font del Mal Pas, Sant Martí de Mata, Sant Miquel de Mata, Parque Natural del Montnegre-Corredor, el Mataró agrícola, la ermita de Sant Simó y la playa. Pero quienes quisieron bañarse tuvieron que hacer una operación de dos en uno. Presionar una mochila para que quepa el atuendo de baño, envuelto entre el bocadillo, la ensalada,el repuesto de ropa interior (o no), la toalla y demás enseres para retozar honestamente en el agua. Por su aspecto los conoceréis a esos seres que ven una boya en el agua y quieren conquistarla.

Joyas

Los amplios caminos propiciaron una diversidad humana relacionada con la gran urbe de abajo. Era sábado y tocaba deporte. Bicicletas de gran valor, atuendos casi con tejidos inteligentes, multicolores, fibras en cuerpos con ganas de subir. La fiebre deportiva se acompañó con algunos vehículos motorizados que sorteaban al personal como podían. Eso sin faltar vigilantes del Parque de diversos uniformes, pero todos empujados por combustibles fósiles.
Y allí en medio del camino, a menudo aparecía él. Solitario, de tonalidades rosáceas tirando a rojizas, a merced de cualquier neumático o zapatilla. Anunciaba que el otoño estaba allí, que cerca vivía el resto de su familia, que se podía recolectar y comer. Aquel madroño solitario era la joya de la estación meteorológica, tan frágil e ingenuo como para tener que sortear peligros diversos, depositado en medio del camino. Pero él no engañaba. Si lo cogías no te sorprendía con “regalos” envenenados. No era como otros que llegarían más tarde, tan carnosos ellos, tan grandes, tan simbólicos, tan a la mano (nunca mejor dicho). Su pequeñez, esfericidad y suave rugosidad exterior contrastaba con la grandiosidad tan perversa de ese otro fruto tan mediterráneo, tan engatusador, al que “como panal de rica miel” algunos grmanos acudieron y fueron víctimas de sus encantos en forma de espinas finas y frágiles, de 2 a 3 mm de longitud. Días después aún buscan con la lupa y espíritu detectivesco alguno de sus restos, bien en los dedos o en el fondo del paladar. Y qué decir de esos otros frutos, engordados y a punto de caer de los árboles de la denominación Quercus. Una de esas bellotas, al final del camino, flotaba en el mar, solitaria, presta a ser cogida para averiguar qué mano la depositó en el agua. Allí estaba, a merced de esas olas que mecían las carnes pasadas por agua del personal.

Celebraciones

Diversas flechas blancas en el suelo amenizaban el paso con la incógnita de la dirección y el motivo. Parecían inducir a cierta confusión a quienes bajaban con ganas de ambiente marino. Pronto los sentidos y la memoria se pusieron atentos al dato. Al día siguiente pasaría por allí una carrera por el Alzheimer. Seguro que con tantas flechas las pérdidas serían mínimas. En caso contrario, la celebración memorística sería bien hallada. Y si de eventos próximos se trata, hay alguien que ya afila los dientes con próximos viajes australes. Y aunque el motivo sea un casorio atrasado, dice el sujeto que ya no será como antes. A pesar del frío del ambiente exterior, no cree que pase demasiado tiempo en la habitación. Pero eso pertenece a la intimidad.

Paseos chungos

La etapa discurría sin sobresaltos. Tanta monotonía de paisaje mediterráneo necesitaba de algún aliciente juguetón. Las viñas sólo tenían hojas, los interculturales plantaban nuevas cosechas de hortalizas mientras la nativa les miraba, los huertos ya sólo eran ramas que pedían limpieza, tal quietud fue alterada por esas plantas procedentes de América, traídas por los indianos de algunas casas de más abajo, extendidas por Europa. Parecían una tentación al borde del camino, con sus frutos abiertos, excitantes, con finos pelillos casi invisibles. Los más precavidos no se dejaron tentar por la manzana prohibida y pasaron de largo. Seguro que no recordaban que las culturas prehispánicas usaban su jugo para combatir las fiebres, o que las pencas asadas aliviaban dolores. Los higos chumbos, en este caso, fueron más bien chungos.
Los que alargaron la mano se podían dividir en varias subespecies: quienes eran del sur, conocían el procedimiento, protegían la mano, llevaban navaja y degustaban el fruto con sumo cuidado; quienes, siendo del sur, se lanzaron sin protección a la planta para coger de una vez cuantos fueran capaces los cinco dedos; y los que no entendían nada del tema por ser del norte, cogieron uno protegidos por un pañuelo de papel y lo apretaron para que no se cayera.
El degustador con fruición quiso que sus papilas gustativas contactaran al máximo con esos jugos tan medicinales. Vio, tocó, abrió, degustó y se relamió. Pero el supuesto placer se convirtió en dolor. Pronto notó su lengua adornada por graciosos pelillos, clavados en todas partes, difíciles de dejarse ver por mucho que se relamiera o intentara cazarlos a dedo limpio. Porque estos apéndices también se adornaban con tan diminutos piercings. Con tanto sitio al que atender, el hecho se convirtió en broma y se diseñaron posibles estrategias para deshacerse de tan fino aguijones. Que si dar la mano, que si besos íntimos bien restregados, lavados bucales, pinzas con mucha paciencia. Y hasta las musas se debieron dar por aludidas, tanto que pusieron en marcha las mejores y más literarias neuronas. El evento dio lugar a una producción poética de gran calidad.
El otro individuo también degustó el fruto y después vino la penitencia. Por todos los sitios había huellas de pelusa blanca bien clavada. Enfocaba bien las lentes progresivas pero nada. Se las quitaba y menos. Las situaba a la altura de la punta de la nariz y podía cazar algo. Las yemas de los dedos no estaban para teclear letras. Sólo quedaba suspirar por pinzas de precisión y gran paciencia. Ni el agua del mar fue un remedio.
Días después ambos sujetos parece ser que fueron capaces de desprenderse de tan graciosa capa. Recordarán la medicina del higo chumbo con todas sus propiedades.

Playas

Los barrancos, ermitas y campos de cultivo dieron paso al frente marítimo de Mataró. Había sed de playa y de otras cosas. Después del encuentro entre los despistados y los que siguieron las marcas, la playa ofrecía alternativas. O refugiarse en el bar L'Espigó, o bañarse o fotografiarse en el monumento al GR 83. La alternativa fue hacer todo con libre albedrío.
Primero, las fotos delante de aquel monumento al GR 83. No tenía nada que ver con aquel otro que iniciaba el GR 1, los restos del puerto griego en la rada de Sant Martí d'Empúries. Éste, moderno, a merced del viento cargado de arena, hierros que saludaban a quienes empezaban el camino o acogían a quienes lo finalizaban. Fotos, posturas, disparos automáticos, píxels para la posterioridad.
El amante de las Harley Davison recibió al personal en la arena. Mostró sus múltiples tatuajes, su servicio con cervezas bien frías,un aspecto que denotaba mucha historia detrás. En un momento tranquilo dijo ser uno de los cuatro que iniciaron el amor y la estética que estos mitos norteamericanos de dos ruedas imponen. Antes eran los auténticos. Ahora se veía demasiado acompañado por disfrazados de fin de semana que, bajo la apariencia propia del estilo Harley, esconden muchos beneficios económicos a fin de mes. Pero estaba contento porque su bar abría todo el año, ofrecía conciertos de música, congregaba a parroquianos de la tribu motera y, sobre todo, cerraba por las noches. Huía de las sombras para buscar otras.
Quienes se midieron en las olas lucieron morenos estivales, textiles diversos y tabletas abdominales no comparables con la foto del verano. Nadie le hacía sombra a aquel de la foto en Cerdeña, español hasta la médula, fotografiado con una musculatura casi exagerada. Dijo que su secreto era hacer dos mil abdominales diarias, tener entrenador personal y ocupaciones de alto calado y mayores beneficios. Para más señas, sus recuerdos políticos y su profundidad de pensamiento siguen haciendo historia. El personal nadó, encontró la bellota, la cogió, la pasó. Unos llegaron a la boya. Otros se ducharon y lucieron sus prestaciones y “cajas de herramientas” al natural. Al final se reintegraron al amparo del excelente anfitrión, que sacó jarras y jarras exuberantes, allí al lado del mar. Un lujo necesario, apetecible, saludable.

Dicho lo cual, uno podría imaginarse acompañado por ése que pedía perdón a las señoras por no levantarse en la tumba, Groucho Marx. Seguro que en momentos tan chungos llenos de pelillos y, con la genialidad que le caracterizaba, podría repetirnos en voz alta dos consejos que este plumilla se aplica:

“ No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo”
“ Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente”.


Evaristo
Terrassa, 6 de octubre de 2009
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domingo 21 de junio de 2009

Etapa 23 del GR1, entre el Noguera Pallaresa i Corçà

Casi nos pasa de todo


Grmanos y Grmanas



La última etapa de la temporada fue “un regalo”. Pocas veces como en esta ocasión GRMANIA se atrevió a tanto y caminó tan poco. No obstante los deportes de aventura estuvieron al alcance de la mano, con o sin ruedas, con o sin agua. Y por poco un grupo hace bajada en caída motorizada. Menos mal que lo que no fueron kilómetros se completaron con suculentas informaciones muy reservadas, continuación de las iniciadas en la etapa anterior. Pasen y lean.

Novedades blancas

Las personas que se quedaron en casa, que fueron muchas, se perdieron grandes descargas de adrenalina y nunca disfrutarán del placer de la incógnita de la busqueda del tiempo perdido por la avería de un carruaje. Las del alba serían cuando el de los anillos nos presenta a su Dulcinea: un vehículo de 50 plazas, de un blanco inmaculado que esconde 11 años de atascos por Madrid y que, en una semana de estancia en Cataluña, se presentó en sociedad dinamitando el motor de arranque. Pero eso se descubrió más tarde. Amplitud aparente, muecas de alegría del conductor y sonrisas de complicidad.

Desvío a la izquierda

La capital de La Noguera, Balaguer, quedó a un lado en medio de campos aún verdes y las típicas fragancias de los animales de la zona. Hubo que girar a la izquierda y aquí empezó uno de los capítulos de la aventura. El embrague avisó con su típico olor a chamusquina que nos iba a dar una alegría. Tanto fijarse en blanco vehículo, en el anillado conductor e ignorar la existencia de esta pieza. Pues no. Me quemo y se acabó. Y en éstas se produce un continuo mete-saca del jefe: velocidad adentro y afuera. Pero no había empuje. O sea, la cosa no avanzaba. Operación repetida hasta la saciedad. Que no. Mientras, la cara del buenhombre se torcía y empezaba a jurar para sus adentros. Ya sin solución aparente, llamó a los mecánicos que tenía en los boxes de Terrassa y le prometieron un vehículo de cortesía. Señaliza bien en varios metros a la redonda, siempre jurando en arameo, y, en lontananza, aparece un coche de las autoridades del uniforme, versión país catalán.
La conversación no se oyó pero alguien se ofreció a traducir las palabras: decía con él les hablaría con esa fluidez y claridad que le caracteriza, con esas aspiraciones de letras y con esa dicción muy respetable, mientras ellos se afanarían en los dictados del conseller Saura: tomarle declaración en la lengua de Pompeu Fabra. O sea, un cruce de lenguas que no evitaría las dos horas de espera. Otra mente muy bien pensante pronosticó que la cosa no pasaria a mayores. Intuyó que a aquellas horas la autoridad ya había reservado un abundante desayuno a la brasa en algún sitio y, por trámites de circulación, no se podía enfriar. Con lo que dejaron a nuestro estimado más solo que la una...y jurando su suerte.

Alivio

El tiempo que sed ebía invertir en la espera se dedicó a buscar un paraje para atender los placeres del estómago. Hasta llegar al lugar hubo quienes cazaron grillos, alguien encontró un ave muerta (el mismo de quien descubrieron después que para su primera comunión le regalaron una boina con pico y tamaño enfado aún le dura). Al lado de unas grandes balas de paja se relajó la espera con botas, manchas de vino en la camiseta y alguien que decía que la nicotina engrasa los ejes de las neuronas. Por eso en la comida y paella final los puros con nostalgias castristas de gran calidad y precio ejercen una gran labor terapéutica entre sus incondicionales.

Plan B

Invertidas dos horas en la espera y en los condumios, en lontananza apareció otra diligencia con el servicio de asistencia mecánica. Traspaso de bolsas y la ruta siguió hacia un supuesto punto de salida. La subida prevista se resolvió sobre ruedas. Por tanto, el camino quedaba expedito para bordear Àger, observar desde dónde dónde se lanza tanto parapente, ver su elevada iglesia e imaginar cómo viviría en este pueblo Gaspar de Portolà, gobernador de California entre 1767 y 1770, y fundador de San Diego y Monterrey.
Como que la dificultad era relativa, la llegada del trozo caminando hasta Âger transcurrió sin problemas, mojada en la parte final. Pero allí estaba la carpa de un cámping. Representó el gran paragüas salvador de la exigua multitud. Al lado, el autocar. Y dudas. Qué hacer. Ideas: acabar aquí la etapa, llegar hasta Corçà al bar habitual, llegar a Corçà e ir a pie a La Pertusa, ir corriendo desde Àger a Corçà.
La solución fue salomónica: el grupo más lanzado fue al trote y el resto en autocar.



A contracorriente


Lo nunca visto. Increíble. Para recordar. Alguien iba dormido al final y, cuando despertó se encontró con un autocar que se adentraba en el estecho de Mont-Rebei. Lo imposible ahí. Carretera estrecha para un vehículo y por allí se desplazaba el autocar. Las ramas dibujaron rayas en la carrocería. Las ruedas traseras pegaban en los lados al tomar una curva. Nadie vino de frente para que hubiera áun más aventura, Y todo por confundir un aparcamiento con otro o por la comodidad de aproximarse al máximo. La Pertusa fue el destino conquistado por algunos mientras el peligro acechaba.
Marcha atrás hasta encontrar un espacio donde dar la vuelta. Autocar en pendiente, al borde del precipicio. Marcha atrás. No entra. El vehículo avanza. Tres espectadores en primera fila. De nuevo. marcha atrás. El autocar, para adelante. Otra vez parada. Vuelta a intentarlo. Ya a un palmo del precipicio. Las caras, de cera. Al tercer intento responde la máquina, las ruedas traseras dejan su traza en la tierra blanda pero se sale. Por poco se puede contar la terrible experiencia. Sin duda, el momento más peligroso e inolvidable para tres personas del grupo. Algo evitable e incomprensible. Como para tener en cuenta. La Pertusa en autocar no vale tamaño peligro.

Segundo capítulo

El dueño del bar de Corçà debió anotar los datos del conductor para sus anales. Alucinaba ante tamaña irresponsabilidad. Pero sirvió las cervezas y, quien no vivió la experiencia, como si ésta no hubiera existido.
Menos mal que la sabiduría no tiene límites y menos en temas sexuales.
Al acabar el ágape, este plumilla fue ampliamente documentado por quien de esto sabe. Se trataba de completar el dossier sobre la salud sexual de personas que se mueven en una franja de edad parecida al público de GRMANIA.

Primer filtro

Si en el capítulo anterior se trató el tema hombres, se ha de hacer honor a la conquista de la igualdad de sexos (y nunca mejor dicho). Pero la publicación del estudio tiene ciertos peligros. Lo más fácil hubiera sido la censura. Como hoy con Internet no se consigue tapar nada (mirad a Berlusconi y sus destapadas velinas), el informe se va a publicar pero con filtros. Aprovechemos Internet para que cada uno lea lo que quiera, avance, se quede, se autocensure. Pero que nadie acuse al mensajero de no haber advertido. (Si quieres y te atreves, pasa aquí abajo al segundo filtro bajo tu responsabilidad)

Al final de todo, amigo o amiga, además de desearte lo mejor hasta la próxima temporada, recuerda lo que decía aquel clásico:

“ La realidad es invisible”

Terrassa, 18 de junio de 2009



Segundo filtro

El sexo, tal cual: una realidad que nos persigue

La tercera juventud de la población cada vez dura más. Pero la edad también hace mella entre las personas adultas. La dureza y consistencia corporal se torna flacidez con impedimentos diversos, mejor o peor disimulados.
Las modas y los personajes famosos provocan a menudo toques de extrema juventud o falsas adolescencias entre franjas de edad con muchos tintes en sus canas. No hace falta recurrir a las “velinas” berlusconianas o a las amazonas gadafianas, ni a los efebos para consuelo de algunos tonsurados o damas aún de buen ver. La realidad nos persigue hasta en esas zonas medias del cuerpo con las que no hace tanto se afirmaba la potencia, la prepotencia o la capacidad de engendrar, procrear y conseguir que haya más placer general o más personal en el redil.
Ante tantos bulos como circulan, mejunges variados para elevar las potencias vía correo electrónico y toques de viagras o cremas diversas, se impone la humildad, hacer una genuflexión ante las autoridades médicas y oír su oráculo para salir de dudas.
Como estos temas, en la niñez, gozaban del interrogante lascivo dado por la calificación moral del momento, ahora quizá haya que cubrirlos también con un velo para no herir adultas sensibilidades. No tanto debido a pensamientos adolescentes sino porque cuesta oír la crudeza de la medicina más contrastada. Por temor, quizá, a sentirse retratados.
Si, llegados a este punto, los esquemas mentales se cree que no digerirán bien las investigaciones médicas, ante el temor a sentir fotografiados los bajos como si de un daguerrotipo se tratara, mejor es dejarlo. Que nadie muestre sus vergüenzas en público. Pero que tampoco nadie se avergüence de la publicación de esa realidad que, con la edad, nos persigue.
Si lo tienes claro, clica y enfréntate al estudio más completo sobre el funcionamiento de la sexualidad en esa franja de la vida en que, más pronto o más tarde, a todos nos pasará por la piedra. Si no lo tienes claro, no avances más, apaga y vámonos,

Tercer filtro

Sexo ni puro ni duro

Para evitar suspicacias, los datos que vienen a continuación están avalados por mentes con muchos sexo dentro. O sea, estudiosos que se han dedicado (en alma seguro que sí, en cuerpo quizá también) a profundizar en los misterios de esas glándulas que manda la cabeza pero que a veces se dejan llevar ellas solas.
Lo que viene a continuación es palabra de Becker, Judith V y Kavoussi y de Richard J. Todos los anteriores se completan con eminencias tales como Talbot, JA, Hales, RE y Youdofsky de The Americab Psychiatric Press (Chicago-USA), quienes, en su “Tratado de Pisquiatría” reflejaron lo que corre por dentro cuando alguien cree que el placer mencionado no tiene trasfondo. Todos ayudados por Kaplan y Sadock, que escribieron otro “Tratado de Psiquiatría”, de William &Wilkins, Baltimore, Maryland (USA).
Con tanta materia gris desplegada en tamañas investigaciones psiquiátricas, este Grmano ha tenido que acudir a su traductor particular para descifrar estos temas. Además de repartir cohibas castristas y desmenuzar placeres gastronómicos, el psiquiatra J. A. se ofreció a poner “en roman paladino” tanto estudio y responder a la eterna pregunta: “ A esta edad, ¿qué me pasa, doctor?”. Para no ser acusado de plagio, este plumilla hace las veces de psiquiatra y paciente y os lo explica así:

“Pues mira, Grmano, el otro día te sorprendí con una estadística que podía causar estragos entre la masculinidad de GRMANIA. Y cuál no sería mi sorpresa que os veo hoy escrutando (palabra que no se relaciona con escroto) palabras, maneras y comportamientos del personal. Aunque somos pocos en esta etapa, parece ser que ya hay serios aspirantes a situarse entre los 8 que nos tocan con la d. e. (no digo la disfunción por temor a que alguien se moleste en sus entrañas: ya los ha habido y se piden disculpas). Y también están fichados los tres presentes en el carruaje que se les aprecian formas muy normales en otros pero ocultas en estos.
Me solicitaste los estudios femeninos. Te dije que eran igual de crudos que los masculinos. Como psiquiatra que soy, creo que hace más daño no ver la realidad que conocerla. Pero, por si acaso, establezcamos el

Cuarto filtro o barrera.

Quien se la salte, que abra los ojos, discuta, se informe y si encuentra algo mejor.... no siga leyendo.

Pues bien, en estas franjas de edad, tres de cada diez mujeres adultas padecen “fr..g..d.ed”. Para quien no deletree o entienda mejor los términos médicos: “anorgasmia”. Es imposible creer algunas aberraciones de ciertas mentes que traducen esto a lo bestia. Hasta deberían acudir a algún psiquiatra quienes piensen en...... (no, las barbaridades mejor no decirlas....bueno, no censuremos) o sea, quienes interpreten como una tragedia que, si de cada 10 cuatro ni lo intentan y, se supone que de las que lo intentan, de cada 10, tres no lo consiguen, dicen esos depravados mentales: “apaga y vámonos”. Tamaño juicio nunca lo dirían esas eminencias anteriores, las cuales ayudarían siempre a hombres y mujeres a interpretarse.
Claro que, entre la psiquiatría, ya encasillan también a aquellos varones que no se conforman sólo con descubrir tantos hombres diferentes como hay entre los de su especie. Algunos van más allá y se sienten pecadores en el diván del psiquiatra. A menudo se oyen flagelarse ante el experto así: “sólo pensamos en lo mismo y es verdad; somos unos salidos, y es verdad; y somos unos bocazas, y también es verdad”.
Siguiendo con la cruda realidad, aquí se impone el

Quinto filtro o barrera

Dejamos a un lado la singularidad masculina y pasamos a la traducción de los sesudos estudios de arriba, avalados por tratados y cerebrines varias, entre el público femenino, en una muestra de 19 mujeres de edades ya conocidas (todo según americanos made in USA). La estadística es temible, la gran mentira una vez más, qué duda cabe (¡a la hoguera con ella!, y más si no nos gusta): 5,7 mujeres serían fr..g...as ( o sea, 5 de hecho y una que finge muy bien) (¡a la hoguera otra vez!); las autoridades en la materia han profundizado en el deseo sexual inhibido: 7,6 es la cifra, interpretada como que 7 que nada y una que se esfuerza (estas crudas cifras antes no aparecían ni en La Codorniz o el Hermano Lobo, y mira ahora: primero los hombres y después las mujeres, ambos retratados: eso pasará en USA, ¿dónde sino?) Profundizan también en el lesbianismo y ellas y ellos (o sea, los autores USA de los manuales) dicen que son 3,8: tres declaradas y una a punto de declararse.

En resumen
Que no, que no puede ser verdad. Cómo entender que, entre tanta jovialidad, deportividad, actividad, amabilidad, si aplicamos tales baremos, de 38 personas sólo habría 8 que, bueno, se comportarían de otra manera. Pero sólo de momento y hasta que no salga a la luz algún otro estudio en que les haga ser iguales que los demás. Porque, como decía aquel sabio, “la realidad es invisible”.

domingo 17 de mayo de 2009

Etapa 22 del GR1, entre el Pont de Muntanyana y Corçà






Amplitud de miras por estrecheces naturales


Grmanos y Grmanas

El juego de contrarios siempre ha suscitado fascinación entre propios y extraños. Pasa lo mismo con aparentes incompatibilidades que, luego, son más armónicas de lo que aparentan.
Podríamos preguntarnos si se puede dar a la vez lo estrecho con lo amplio, lo largo con lo corto, lo alto con lo bajo, la rapidez con la lentitud, el perderse con el orientarse, el vivir en pecado o en gracia de...
Lo que es indudable es que entre este personal tan andarín predomina más la amplitud de miras que la estrechez mental.Veamos.

Menos, más amplios

La descoordinación de las subcontrataciones entre empresas de conducción de viajeros hizo posible un hito histórico: desde Cornellà llegó uno de los mejores autocares usados hasta hoy, con dos ejes atrás, 65 asientos y uno de esos conductores que son profesionales de los de verdad. 29 personas allí acomodadas, tan amplias ellas, con un pasillo tan largo que le provocó a un ilustre andarín decir que servía para empezar a calentar el cuerpo, correr a lo largo con ejercicios de abdominales en la parte de atrás. Potencia en el motor, manos expertas, ida y vuelta en un tiempo récord. Sin GPS instalado, de sobra sabía que pararía al lado del único bar abierto a aquellas horas en Pont de Muntanyana, a 535 metros de altitud, un sitio donde abrevan el primer café las almas que son trasladadas a Lourdes. Pero, debido a la afamada lentitud del dueño, parece que esperaban que llegara antes un milagro que un café. Y sin GPS ya había escogido el bar en Corçà para la vuelta, o sabía que su vehículo nos recogería allí donde dijéramos, por muy estrecha que fuera la carretera. También hubo un viaje doble por la carretera de Martorell, con una precisión en las curvas y una destreza dignas de admiración. Los cuerpos se acomodaron en asientos no demasiado cómodos, distancias prudentes y cabezadas muy oportunas.

Puentes colgantes

Llegados al punto de inicio del camino, la bajada del autocar parecía contra-natura. La puerta de atrás era tan ancha que hubo Grmanos que subieron y bajaron varias veces, como si esperaran que les pusieran una alfombra roja. Un lujo de dimensiones. Y un puente hecho en tiempos guerreros que limita dos comunidades autónomas. O sea, se prestaba a ese maquiavélico juego que tantas muertes ha provocado en el mundo, y todo por un trozo de tierra de más o de menos: de aquí para atrás, Aragón; un paso más allá, Catalunya. Fronteras, líneas, rayas, franjas, límites, palmos. Puentes que luego volverían a aparecer para ser movidos a merced de paseantes, un balanceo sobre el precipicio, el vértigo aliviado por los pasamanos, el vacío controlado por la estructura metálica. Aquí, el paso sobre el Noguera Ribagorçana a modo de frontera natural. Allá, más ríos con el principio de la estrechez con el agua al fondo.

Amapolas y otros verdores

La primavera en todo su esplendor con la amapola que tiñe de rojo la monotonía del verde, muy bien alimentado por tanta lluvia. Ahí están, como si se prestaran para esa foto, para ese cuadro impresionista, símbolo también de la levedad de una existencia floral con los días muy contados. El camino sigue al río y muestra uno de esos letreros oficiales que justifican obras, presupuestos o, quizá, comisiones. “Arranjament i millora del camí entre....” decía lo que quedaba de la inscripción oficial. Casualidades de las preocupaciones lingüísticas hicieron que un grupo de Grmanos demostraran su honda preocupación por la lengua. Si la gran María Moliner les hubiera escuchado, ya tendría otra duda resuelta en su famoso diccionario. Demostraban que la palabra “metáfora” era un juego de contrarios que se prestaba a confusión: “met-a-fora”: cómo meter a fuera, se preguntaban. No les cabía en la lógica. O se mete hacia dentro o se saca hacia fuera, insistían. Y todo mientras pasaban por debajo de “millora del camí entre...” (a dintre o a fora). El verde les debía estimular a deconstruir las palabras.

Infiltrados

Asistir pocos no significaba que no hubiera infiltrados. Destacó un ilustre excursionista que, por primera vez, “se bautizaba” en GRMANIA. Pronto cundieron sospechas muy fundadas, al ser éste un destacado directivo de un centro excursionista hermano y amigo. Se pensó que podía ser la voz de su amo, que pasaría informes secretos sobre la forma de entenderse de este personal. Otros creyeron que todo respondía a una estrategia del jefe Grmano. Sospechaban que acudió a él para evitar pérdidas repetidas, lo trajo y lo situó siempre en las primeras posiciones, bien pertrechado con variadas tecnologías, con paso muy firme y rápido, conectado en todo momento con él. Después se supo que ambos se preferían en las guardias para evitar fuegos. Y que el más veterano le escuchaba en sus explicaciones, no sólo hablaba. La valoración final del infiltrado fue excelente, con dotes de paso ligero, muy bien entrenado, con buen humor y gran camaradería. Puede ser el principio de una gran amistad Grmana.


Estrecheces en desfiladeros

El desayuno fue un acopio de fuerzas, con intercambio de lugares destacados en la gastronomía estatal. No cabe duda que el arreglador de la psique domina también esos rincones en que la chistorra es buena, el vino es excelente o las tapas son mejor que el colesterol adjunto. Él, que sabe tanto de los rincones del alma como de los del estómago, más tarde sorprendió a quien lo escuchó con un informe estadístico preocupante. El camino siguió acercándose a la parte estrecha. La fila de andarines era muy alargada. Las ondas de los walkis solicitaban reagruparse, se pedían aclaraciones por dónde discurriría el camino, hasta que la masa turista condujo a todos por el mismo sitio. Por abajo mejor que por arriba, si todos iban por allí...Poco a poco lo esperado llegaba. El río tan abajo, la torre de vigilancia, la ermita, el camino y la primera parada para la foto. Se pisaba territorios bancarios, propiedad de una caja de ahorros. Se dedicaba a invertir en activos no inmobiliarios, al estilo de algunos bancarios estadounidenses. Había comprado todo un desfiladero que servía para atravesar el Montsec, con pendientes de hasta 500 metros. Con un camino cercano al agua construido en 1024, ahora en desuso por la construcción del de uso turístico en 1982. En total son 600 las hectáreas protegidas, con una garganta que hace aún más impresionante al desfiladero.

Piedras

Difícil agruparse para retratarse. El ritmo es tan diverso que cuesta inmortalizarse juntos. Mientras, un grupo regresó a la infancia y empezó calentar el brazo con tiros de ráfagas de piedras para saber quién era capaz de cruzar el río a cantazos. Tal deporte provocó uno de esos debates que encubren un gran poso cultural. Se empezó a profundizar en la posición del brazo, en el empuje que debe llegarle a la piedra, en los diferentes estilos de lanzamiento, en ver quién la mandaba más lejos. De ahí se pasó a tratar a fondo el lanzamiento de la jabalina: posición del cuerpo, sistemas de lanzado, efectos en los animales objetivo. Y se acabó el tema con la jabalina como deporte olímpico. O sea, en un estrecho desfiladero pronto se trazó una mínima aproximación a la historia de la humanidad a partir de una piedra. Mientras, hubo también alguna idea para evitar que un empresario se apuntara a la moda del ERE de turno para su empresa. Decía que se podría resolver si a ese sujeto se le invita a pasear por aquí y, en un paso muy elevado, se le sugiere si se atreve a ello bajo pena de accidente imprevisto.
El estrecho dejaba entrever lo ancho, el vacío, la barandilla protectora, las aguas allá abajo, el otro camino más cercano al río, la cueva en lo alto, las aves rapaces más altas y los buitres expectantes. Más fotos, cada uno al borde de su (no) miedo: encima del asiento, al lado de las rocas, cogidos del pasamanos, pegados al interior de la senda o descubriendo lo que hay abajo por el filo de la navaja.

Normalidades

Ya en continuo ascenso, los rostros humanos eran variopintos. Un paseo por tipos diversos, con estéticas acordes con la experiencia en salidas por la montaña. Cuerpos variados, pieles blanquecinas, estéticas diversas, objetivos comunes. Recorrer Mont-Rebei, que te esperen al otro lado, presumir de ser capaz de... El camino propició un encuentro multitudinario. Grupos de personas que debían venir muy puestas en Pompeu Fabra salían a la naturaleza, aunque la lengua real los delataba. Venían de excursión, de jolgorio de fin de curso en un centro de esos que “normalizan”. Una alumna del otro lado del charco se mofaba cuando decía que “las normalizaban” . Su nivel de la lengua de Verdaguer era muy aceptable, prueba de que gastarse el presupuesto así debe ser más rentable que hacerlo en embajadas, o en ayudas a lenguas americanas muy minoritarias quedicen que luchan contra el idioma de siempre.
El encuentro lingüístico sirvió para darle a la lengua, saludar a conocidos y estirar aún más el grupo. La continua ascensión acabó cerca del aparcamiento donde llamaba la atención un coche con esquís. Era normal que estuvieran allí. Se preparaban para encararse hacia el Aneto, el destino final de un reto.
El grupo era de Sitges y contaban a quien les interrogó que lo espectacular ocurrió el año pasado en agosto. Lo provocaron ellos. En la iglesia de Sant Sebastià, la más llamativa de la antigua Subur, apareció el mismo coche con la baca llena de esquís en uno de los días más calurosos de agosto. Se arremolinaron más curiosos al lado de los esquís que para ver disimulando tanto taparrabos o no tapa.....de las playas cercanas. Consiguieron que en la liberal Sitges para asombrar a la gente se tenía que recurrir a provocaciones como ésta. Las otras ya son la normalidad. Al final, el grupo dijo que querían que el pueblo se enterara de que iban a conseguir un reto con esquís en un glaciar de los Alpes. Luego, el mismo coche estaba en el bar de Corçà, al lado del autocar.

Parejas

Mientras se juntaba el grupo, la avanzadilla inicial fue a ver la ermita románica de La Pertusa. Y no para dar tres vueltas y conseguir casarse. Ardua tarea con los precipicios que había. Antiguamente debía ser la prueba de fuego para aguantar después con la relación. Amplias vistas de la parte final de un río que pronto se controlaría en el pantano de Canelles. Quizá fue por la tradición de la ermita, el caso es que un Grmano anunció allí que, a pesar de vivir en pareja y con hijos, en noviembre se casaría. E iría de viaje de novios a La Patagonia. Decía que ya estaba asqueado de tanto tiempo viviendo en pecado. Una situación y un viaje que alentó a una ilustre Grmana que en otros tiempos probó los placeres matrimoniales. Como ahora estaba libre de vínculos escritos, dijo que sólo se volvería a casar si alguien le ofreciera un gran viaje de bodas. Pero no dio las vueltas a la ermita. O ese otro Grmano que pronosticó larga vida al contrato matrimonial, sencillamente porque como casi no se ven no se desgastan. Lo que da de sí una ermita. Dicho lo cual, algunos otros varones se detuvieron en apreciar la amplia calidad humana de algunas mujeres que se dirigían al desfiladero. No obstante, comentar que, según sorprendentes estadísticas, hubo tres que sólo miraron a hombres. Todo se aclarará a continuación. Amplitud de miras o de miradas en un paisaje humano carente de estrecheces.

Estudios estadísticos

La comida en Corça sirvió para acabar con las existencias de una marca de cerveza, ésa que nos descubre en su publicidad que en este país los negocios empiezan en una servilleta. Y para cambiar la fisonomía del bar: todas las mesas cambiaron de posición para adaptarse a los nuevos inquilinos, muy sedientos por los esfuerzos y sudores para llegar ya a la parte ancha del recorrido. Todo el ágape transcurrió con esa normalidad habitual en una familia bien avenida hasta que se produjo una revelación que merece la pena reflejar aquí.
Una de las características de esta hermandad es respetar y alabar la profesionalidad del respetable. Y, como ya se entra en esa franja de edad en que lo que diga mi médico va a misa (o a donde sea), cuando quien lo revela es el psiquiatra del grupo, los pabellones auditivos (aun sin sonotones) prestan la máxima atención y se orientan hacia sus palabras. Pues bien, el estudio médico, avalado por las principales autoridades en la materia, dice que entre los hombres de esta franja de edad que forman parte de GRMANIA toca que haya ocho con disfunción eréctil y tres que sean gays. Por tanto, habrá que empezar o a salir del armario o a detectar pruebas para identificar a los que fallan en el levantamiento.
Este plumilla le apeló al psiquiatra a la igualdad de sexos y le solicitó que, para otra ocasión, revele qué dicen las estadísticas sobre el sector femenino en esta edad. Prometió informar sin medias tintas.

Como aquí nunca se descarta nada, ni tampoco se proclama que “de este agua no beberé”, recordemos las palabras de un clásico como Heráclito a modo de conclusión:

“Lo único permanente es el cambio”

Evaristo
Terrassa, 16 de mayo de 2009

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domingo 3 de mayo de 2009

Etapa 21 del GR1, entre el coll de Comiols y Vilanova de Meià






“Os veo igual que hace seis años”


Grmanos y Grmanas



¿Alguien no se sentiría halagado si, a esta edad, una persona procedente de León le regalara los oídos con tamaño piropo? Mirado uno en el espejo interior, proyectada la imagen exterior en un espejo, la frase podría ser muy afortunada. No obstante, lo que parece una cosa puede ser también la contraria. Un piropo a veces encubre esa otra realidad. La incógnita se despejará después.¡Hay tantas incógnitas de que hablar!

Primera incógnita


Y, si de interrogantes hablamos en etapa tan variada, llamó la atención que un pequeño grupo de hombres focalizara sus saludos iniciales en la respuesta correcta a una duda. Mientras llegaba el autocar, debatían sobre diminutas prendas textiles en paisajes humanos muy femeninos. Y llegaban a la conclusión de que podría ser tanga. Aunque hablaban casi en clave, después se supo que los viajeros al cabo de Gata no encontraron estos animales, sean gatos o gatas, pero sí una joven que asomaba su hermosura en lontananza. La distancia no fue un obstáculo insalvable para identificar a aquel ser. Los prismáticos masculinos, los trípodes (¿de tres patas, no?) y los teleobjetivos retrataron la imagen. Después de varios estudios en laboratorios fotográficos especializados en desnudos femeninos, llegaron a la conclusión que no era un animal gatuno sino una joven mujer, libertina y desinhibida ella, una reliquia de la época hippy que se mostraba en tanga a la concurrencia. La primera incógnita, pues, estaba despejada. Ya vendrían más. Y más muestras de aquella generación ad-lib ibicenca.

Segunda incógnita

Se desconoce cómo el coordinador del grupo tiene tanto olfato a la hora de preparar las rutas. En este caso había diseñado tres planes para acceder al coll de Comiols, principio de etapa. Y había trabajado con mil y una coordenadas para alimentar los GPS, junto con su nuevo ayudante de campo en estas tareas tecnológicas. Las dimensiones del autocar le hicieron tirar del plan B, con lo que se pudo acceder sin novedades al coll de Comiols, a 1055 metros de altura.
El camino recorrido por la Segarra parecía un extenso prado. Campos verdes, extensiones de cereales que solían rodear algún montículo en el que, a los lados de alguna fortificación medieval, se erigía un pueblo. Los colores de una primavera lluviosa brindaban un paisaje fresco y espléndido.

Tercera incógnita


El camino discurría por entornos naturales elevados. Al fondo, la nieve del Pirineo. Abajo, Benavent de la Conca. De frente, un camino lleno de posteriores sorpresas. En medio, la coordinación de la fiesta de un Grmano ilustre, el cumpleaños de una Grmana también ilustre y los asuntos literarios relacionados con Sant Jordi. Llegados a un punto se impuso efectuar una primera parada para ingerir víveres. El lugar escogido también era como para pensar. Una zona con casa de colonias llamada “Bon Repós”, una ermita reconstruida y una gran masía llena de animales, muy cuidada y dedicada a una labor fundamental.Se llamaba “Centre de Testatge” de la federació de la vaca bruna dels Pirineus. Estaba declarada por el sello de la Generalitat como lugar donde se cuidaba a unos toros escogidos para que fueran buenos sementales, reposaran para asentar sus glándulas, producir buenos fluidos y cubrir lo mejor posible a sus hembras. Se desconoce si hubo relación entre esta noble dedicación animal y bastantes órdenes durante la posterior comida en una mesa, cuando todos gritaban: “¡a correrse!”.

Cuarta incógnita


Botas, frutos secos, bocadillos, platos variados, varias botas y las ya tradicionales petacas alegraron el reposo. Observación turística de la ermita y a seguir un camino lleno de más sorpresas. Todo iba como de costumbre, las marcas estaban desdibujadas pero se veían, los GPS daban fe del trabajo bien hecho y la mente estaba en el buen final. Sin embargo, el grupo hubo de poner a prueba si estaba preparado para gestionar la adversidad. Es esa nueva ciencia que cultivan algunos escritores que les hace vender libros como rosquillas, en los que escriben sobre lo obvio como si eso fuera extraordinario. Lo de siempre pero con cautivadoras palabras, de forma atractiva.
Y la adversidad llegó. No tanto por el obús observado sino porque un barranco fue la entrada a una estrechez que parecía como si también fuera de miras. Aquello hacía dudar, las marcas se desvanecían, la senda no respondía a un giro concreto. El jefe ya se ponía nervioso. Hasta mandó a algunos emisarios a explorar cuantos senderos se vieran. A otro Grmano le suplicó que se reagrupara. No sabía con quién. Estaba solo. El jefe sospechaba que el sonido de un río podía ser frontera inexpugnable. Temía mojarse. Órdenes y contraórdenes, el walki en una mano, en la otra el GPS, paso ligero, rostro tenso, oteando el horizonte, trazando posibles salidas, comparando al grupo como si fuera un proyecto de clase de primaria de un centro público de barrio. Aquello parecía el acabóse. El barranco se abría. Se pasó el río, ascensión entre matorrales y muchos romeros en flor. Unas casas a lo lejos, campos cultivados. Sensación de pérdida. Ante este panorama, el Grmano desplazado de León observó al personal perdido, recordó momentos similares hace seis años y, con gesto distendido, fue cuando “piropeó” al grupo: “Os veo igual que hace seis años”. Igual de perdidos, sin rumbo fijo. Razón no le faltaba. Más adelante el jefe quiso demostrar que este incidente era una anormalidad en GRMANIA y tiró de estadística: más de 130 salidas en estos años, menos del 2% de pérdidas memorables. Sólo en tres ocasiones: en la Vall Madriu en Andorra; en el Sender de la Pau, en Tarragona y hoy. Por tanto, alarmismos fuera.

Quinta incógnita

Ya casi fuera del barranco, hubo que bajar por un paso de montaña cuyo suelo estaba formado por pequeñas piedras. Este plumilla, mientras advertía que se tuviera cuidado al pisarlas, iba cayendo al suelo por haber olvidado lo que avisaba.
Ya abajo, una gran pluma relajó el ambiente. La incógnita era saber a quién pertenecía, a quién se le había caído, quién podía tener... La siguiente incógnita fue descubrir la dirección correcta. Para ello se siguió un rumbo equivocado. Mientras, quien entiende de fósiles cargaba bolsas con incrustaciones de animales marinos en piedras. Otros se fotografiaban. Era una pareja que buscaba un encuadre perfecto con multitud de romeros florecidos detrás. Alguien miraba una máquina de segar abandonada. Le recordaba sus tiempos de niño, cuando acompañaba a su familia a segar y recoger espigas.
Trotando sin parar, ya se soñaba con el restaurante del casal de Vilanova de Meià y con una comida aplazada hora y media por los retrasos acumulados: el sabor del conejo perfumado con hierbas silvestres, la ternera quizá hija de aquellos sementales, el Cariñena y las cervezas y los cavas y la compañía. Pero no. Todo el gozo en un pozo. El camino se cortó y la alarma cundió. Una situación adversa que había que solucionar.
Ante esto, saltó la posible e imaginaria noticia. Si esta pérdida se hubiera llevado al extremo, con intervención de fuerzas públicas de rescate, se especulaba cómo aparecería el tema en los medios de comunicación. Ellos ya se creían famosos, el centro de atención mundial, protagonistas del minuto de gloria. La duda estaba en cómo lo contarían los medios de comunicación al día siguiente.
Este plumilla se imagina que hubiera sido el gacetillero que debía cubrir el suceso para su periódico. Propone la siguiente noticia:





Salvados in extremis antes de llegar al canibalismo tecnológico

Indicios de un nuevo efecto del uso de los GPS en momentos extremos

Un equipo de la Unidad Especial de montaña de los Mossos d'Esquadra logró salvar a un grupo de 38 experimentados excursionistas que padecían una enfermedad desconocida hasta ahora: una crisis tecnológica sin precedentes mientras caminaban. El suceso ocurrió cuando la mayoría de los miembros de GRMANIA seguían el GR 1 entre el coll de Comiols i Vilanova de Meià, después de haber caminado unos 16 km en 5 horas y con una meteorología inestable. Las fuerzas de intervención especial los encontraron en pequeños grupos al final de un camino que, de repente, aparecía cortado. La mayoría mostraban ciertas perturbaciones que les dejaban sin capacidad como para tocar teclas,identificar el 112 o saber interpretar el entorno.

Uno de los rescatados declaró a este periódico que todo ocurrió de forma súbita. De pronto, mientras soñaban con la comida y celebración final en un restaurante (algo inusual, pues casi siempre comen bocadillos y similares), la ausencia de camino hizo que desplegaran un gran mapa para orientarse. La mayoría de hombres del grupo lo sostenían e intentaban interpretar cualquier curva de nivel para encontrar la salida correcta. El testigo aún no entiende cómo ese gran grupo, formado por más de 20 titulados universitarios (geógrafos, profesores, historiadores, geólogos, pedagogos, informáticos e ingenieros), con una vasta formación en todos los campos imaginables y con enormes ansias por saber más, sufrieran el llamado “síndrome del GPS”.

Los Mossos dieron cuenta en el atestado que el nivel de equipamiento tecnológico del grupo era casi excesivo: varios GPS, algunos walki talkies, una gran cantidad de teléfonos móviles de última generación, mapas variados, hojas descriptivas del entorno y una persona de memoria prodigiosa con el cerebro lleno de coordenadas y brújulas diversas.

Las autoridades policiales informaron a los expertos en nuevas tecnologías del sorprendente rescate. También describieron escenas casi dantescas que vieron sobre el terreno: un grupo había partido dos avellanas en cuatro partes y se peleaban por el trozo más grande, los bastones de caminar eran usados a modo de espadas para luchar y coger mochilas ajenas con supuestos víveres, otros ya empezaban a repartirse las piezas de los teléfonos móviles para comérselas y subsistir, alguien ya paladeaba la pantalla de un GPS. Un excursionista, casi en estado de enajenación mental, gritaba con todas sus fuerzas que mejor hubiera sido haberse gastado el dinero de los GPS en cañas de cerveza. El que parecía coordinador del grupo estaba en una fase aguda de “delirium tremens”, delirando con grados, minutos y segundos. Con ojos desencajados, muy fuera de sus órbitas, miraba al cielo y, con el dedo amenazador, lanzaba palabrotas contra los cuatro satélites que decía que eran los culpables, mientras rompía el mapa en miles de trozos. Según otro testigo, en realidad lo que el jefe del grupo estaba viendo en el cielo era una bandada de buitres que ya describían círculos amenazadores.

Ante un caso tan extraño, El Departamento de Sanidad se ha reunido con expertos excursionistas e informáticos para analizar un nuevo mal de la sociedad de la información. Por otra parte, algunos médicos se han puesto en contacto con las autoridades mexicanas para descartar que no pudieran ser víctimas de una nueva “fiebre porcina excursionista”, ya que parece ser que han olido muchos purines de las granjas de la zona.

Las 38 personas se encuentran en un estado de descompresión tecnológica antes de ser devueltas a sus familiares.



Sexta incógnita

La cordura se impuso de nuevo. Se reculó hasta el sitio de aquella pluma, el punto iniciático y clave para la orientación. Un pelotón preguntón fue a curiosear a una masía por si alguien les decía dónde estaban. O sea, se volvía a los orígenes, a la pregunta personal, a la tertulia. Un enorme perro les cerró el paso. Al final, los gritos alertaron a los dos payeses de la casa. Habían destapado una colmena. El peligro provenía más de los pequeños animales que del enorme can. Ellos nos situaron en la coordenada correcta. Ni el gran rebaño de cabras franqueó el paso. Poco a poco el final se avecinaba. La incógnita de dónde estaba Vilanova se despejaba. Las marcas en el GPS volvían a su sitio. Situación de normalidad mientras se bajaba hasta el río detrás de nuestro lazarillo: el GPS. Asfalto a la vista. Civilización. Confianza. Condumio. El nombre de la fuente de entrada al pueblo parecía recordar lo que hubo que tener: la fuente de la Paciencia. Llegados aquí, la comida y la fiesta puso las cosas en su sitio. La alegría con el estómago lleno fue desbordante.


La respuesta es la fiesta

El polifacético Grmano, especializado en oficios variados cara al público, se convirtió en una disculpa para asistir al nacimiento de una sección teatral femenina. Personajes femeninos muy bien caracterizados. Hasta había una actriz con atuendos ibicencos, hippis, de aquella moda ad-lib. Nadie confirmó que tuviera relación con el textil ya identificado de aquella moza del Cabo de Gata. Excelente el teatro, con él en medio, con gran dominio de otro arte al que acude en momentos extremos: la improvisación. Poesías dichas por rapsodas consagrados, banderas y dracs de Sant Jordi al son del tintineo, botella en mano, del que mejor cuenta los cuentos; audiovisuales espléndidos. Y el libro y el punto de libro, que no falten. Hasta hubo mención a travesuras de niñas malas. No sería la almeriense, claro.
Las cervezas, los vinos y los cavas dejaron al personal muy preparado para su recogimiento en el autocar. La fiesta continuó. El conductor aguantó estoicamente los cuerpos “cocidos” por brebajes diversos, con muchos politonos y variados ejercicios de abdominales por el exceso de risa. Cánticos y más cánticos que no perturbaron el dulce sueño de quien conoce el valor del descanso. Para completarlo todo, alguien aconsejó al conductor que evitara la carretera de Martorell de vuelta. Y no era por si se podría ver a niñas malas haciendo travesuras en cualquier curva con bosques al lado.
En este ambiente se llegó al final de una jornada inolvidable. Qué mejor que acabarla con una cita de uno de los grupos presentes en algunas conservaciones, Les Luthiers:

“Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe”


Evaristo
Terrassa, 28 de abril de 2009
http://afondonatural.blogspot.com