martes, 30 de mayo de 2023

Etapa 6 del GR-92, entre Torroella de Montgrí y L'Escala

 Conociendo mis límites

 Piedras: las que quieras y más.

¡Si las piedras hablaran…! y más en esta etapa. 

Esa sustancia mineral, más o menos dura y compacta, casi siempre ha sido un elemento habitual en los recorridos exteriores a pie,  con las que convivir y a las que pisotear si se pretende avanzar por los caminos, senderos, ascensos, descensos  o campo a través. Mientras, a veces las circunstancias del momento obligan a sortear obstáculos y posibilidades no siempre agradables, por ejemplo resbalones, caídas y otros quiebros que te regalan muchas manifestaciones vitales

Inteligencias artificiales y generativas aparte, como con la nuestra más natural de momento no podemos responder  al interrogante ¿y si las piedras hablaran..?, las últimas realidades senderistas sí que aportaron evidencias de que pisarlas sin parar puede tener sus consecuencias. Una es que ellas te ponen a prueba y te descubren. Otra, derivada de la anterior, te provocan conocer tus límites (el titular de esta crónica no es propio, sino fruto de la experiencia personal de un GRMANO que se sometió a la etapa y lo compartió con aprendizajes sobre sus límites. Gracias por el préstamo). 

Sobre el amplio mundo de las piedras, acepciones, frases hechas, sinónimos, antónimos, homónimos, dichos, dobles sentidos, citas, campos semánticos, sentencias y vivencias, más en las próximas líneas, dedicadas a la etapa del GR92 entre Torroella de Montgrí y L’Escala, en sentido contrario al iniciado en Portbou. 

Previsión de recorrido,  kilometraje y tracks: grupo A (20,7 km)   y grupo B (16,32 km). Como a veces pasa en GRMANIA, la ficción puede superar a la realidad.

 

Planificaciones

La idea de una etapa en sentido opuesto al que se llevaba en este GR fue muy acertada  por quienes tan bien lo planifican todo, consultan sus propias piedras filosofales y  las modernas pizarras tecnológicas, cruzan datos y los adaptan a las piernas y edad del personal. En esta ocasión, bastaba  observar el panorama final para ver resultados reales, inicialmente previstos solo para  el grupo B (de Torroella de Montgrí a Cala Mongó) pero que aglutinó también al A en el mismo punto, menos un reducto de intrépidos picapedreros que se lanzaron por delante, a por todas,  y llegaron a cumplir  las previsiones previstas para el A, la playa de Riells, en L’Escala. 

Nadie tiró piedras contra su propio tejado. Prevaleció la prudencia hasta entre las dos parejas descolgadas por delante, una por zonas más adecentadas y otra, más fundamentalista y estricta, siguiendo el track colgado, al borde de precipicios marítimos y vértigos diversos, por sendas muy muy estrechas. Las únicas piedras que se veían eran las paredes de las construcciones turísticas, algún intento de diminuto muro quitamiedos y los patios y balcones que asomaban al vacío marítimo en cada acantilado.  Es la prueba de cómo la especulación y el dinero son más prioritarios que la seguridad de los pocos  caminantes atrevidos. Como para apedrear a especuladores y a quienes firman los permisos correspondientes.

 

Inicios

Antes de acceder a Torroella de Montgrí, se pudo divisar una amplia zona de Catalunya que, aunque haya una inmensa minoría que lo pudiera dudar, ya tenía personalidad antes de ser  puesta de moda por aquella gauche divinerica, minoritaria y catalana, con ganas de mirarse en sus espejos para narcisearen imaginarios estanques sobre la belleza personal y grupal, con masías en l’Empordà y cuentas corrientes donde más rentabilidad generen. Al parecer, ellos , sus cachorros  e imitadores de más alto o bajo postín y pelaje  no abandonan sus feudos,  en casas de pagès centenarias o en otras más modernas. Por ejemplo, en L’Empordà unos meses, otros en la Vall d’Aran, en La Cerdanya o allende los mares. 

También hay espacios donde conviven diversidades ideológicamente muy opuestas, por ejemplo en el pueblo de paso y cruce de carreteras, Verges,  famoso en Semana Santa por su procesión con la Danza de la Muerte, lugar de nacimiento de un conocido y apreciado cantante convertido a político y sitio donde vive un escritor de gran calidad y prestigio, totalmente opuesto a las ideas del anterior. Lluís Llach versus Javier Cercas. Si todos pensáramos igual el mundo sería muy aburrido, o eso dicen. He ahí la variedad y la  riqueza. Más que nada, para evitar vivir en un tontódromo unidireccional.

 

Más piedras.

Acercamientos al punto origen del camino,  con árboles frutales preparados para ser revestidos  con redes oscuras, semejantes a grandes paraguas que se extienden en caso de amenazas de pedrisco u otras  climatologías adversa. Vamos hacia una población con un importante festival de música estival, un estrecho puente sobre el Ter con grandes atascos en verano para quienes acceden desde la carretera de Pals, una sede de la Fundació Vila Casas, casas históricas, el Museu de la Mediterrània, aquel bar de la rotonda donde abrevamos varias veces, la gola del Ter más abajo, L’Estartit al fondo y Les Medes como iconos que marcan espacios de un parque natural submarino. Enfrente de ellas hacia el interior, la cima de Roca Maura. 

Allí, en Torroella de Montgrí, se veía el perfil de los primeros retos, con caminantes delante del col.legi Sant Gabriel (gabrielistas, dice su web y centre concertat amb la Generalitat de Catalunya, afirman en la entrada) junto al cemento de la calle en obras que daba paso a las primeras piedras de un camino que empezaba a enfilarse. 

Primer peñasco con una atalaya arriba, construida también con piedras. Grandes, bien puestas, reconstruidas, con vértigos protegidos por quitamiedos metálicos. ¿A quién le tocó subirlas y colocarlas? Como siempre, unos presumen de resultados, la historia los encumbra y otros sudan y trabajan de forma anónima. O sea, los de siempre. 

Los primeros tramos de subida  de la etapa sirvieron para que una pareja de caminantes departiera como si hubiera tres personas. Un homenaje a  quien la muerte no  hace olvidar su vida a su prole, un símbolo más de esas gentes trabajadoras que construyeron nuestro presente en tiempos de hambre, máximas necesidades y posguerra, remontaron muchas dificultades, supieron querer, cuidar,  decir no y sí cuando lo creían y no no tuvieron tiempo de pensar en desánimos, depresiones, bajas laborales, estados de ansiedad ni recaídas. Como alguien dijo: siempre habrá piedras en nuestro camino, lo importante es no dejar de caminar

También, varias placas en los tramos montañosos de subida al castilla o en la cima del Montplà, homenajes a gentes fallecidas, con frases del tipo sempre caminaràs amb nosaltres.Se convierten en piedras de toque, testimonios humanos lapidarios.

¡Si las piedras milenarias  hablaran de tantas historias y de la mochilavital acumulada por cada persona que las ha pisado! A veces se les ve el desgaste por el uso, con los rebordes redondeados, el testimonio del paso humano y anónimo.

La senda entre pedruscos ascendía mientras se calentaban músculos con largo recorrido por delante. Allí, el coll de la la Creu. Se cruzaban algunos deportistas de aquí y de otros países, había quienes se entrenaban con un ritmo envidiable, casi con su rebufo te espantaban. Mientras, en lo alto, el castillo de Montgrí, copiado de los referentes de otros de Tierra Santa, en un entorno con rocas fijas y móviles más o menos desgastadas y otros adelantos de lo que esperaba después. Una fortificación militar construida desde 1294 hasta 1304, a 315 metros de altura, con muros de 13 metros de elevación. Al parecer, este castillo y el de Bellcaire se desafiaban en aquellas épocas. 

 Un buen momento para recordar pensamientos en sentido literal y  figurado, usados hoy por la moda del managament y los manuales de autoayuda: cuantas más piedras encuentre en mi camino, más grande construiré mi castillo. Allí estaba, ya no era inexpugnable al turismo, con entrada gratuita. Escaleras de caracol, barandillas, selfis, panorámicas de 360 grados, perspectivas, vistas de perfiles marítimos, les Medes dibujadas en medio del azul del mar, las calles rectas de la zona central de L’Estartit que desembocaban en la playa y en el puerto deportivo, Y, ante dudas, preguntad a quien le sobra cabeza para la retención de tantos nombres y descripciones de riscos, peñascos,  montañas y demás. 

Desde arriba, también amplia divisoria de las tierras del Ter, el campanario no acabado de la iglesia de Sant Genís en Torroella, cerca nuestro la ermita no visitada de Santa Caterina (al parecer lugar de inspiración para la novela Solitud, de Caterina Albert, o sea, Víctor Català, el de la casa citada al pasar por Cinc Claus, en la etapa anterior). Después del paseo por las historiadas alturas, tocaba bajar a terreno más llano. Antes, momentos para manutenciones reparadoras. 

 

Movimientos

La parada, además de las atenciones a los cuerpos, sirvió para temas con enjundia tratados en algunos cenáculos al aire libre. Hubo quien presumía del cultivo  de un caro  abdomen con materia prima de calidad, había quien volvía a repetir que estamos condenados a la extinción por el bien de la naturaleza, alguien recordaba aquel dicho de que a partir de cierta edad no vale la pena mantener conversaciones serias. O quien pronosticaba que a partir de los 50, si no te duele nada, o estás soñando o estás muerto. Hasta se oyó a quien aseguraba que en estos tiempos solo le sube la tensión y no otras partes, y eso que nadie es de piedra (o, aberraciones  con el lenguaje: se supone que ya nadie pasa a nadie  por la piedra, y no solo en sentido lujurioso. En otros espacios,  hace días, hubo quien se preguntó en voz alta: ¿por cierto, …qué lujo es ese de la lujuria, a estas edades?

Mientras, se consumía lo que se había traído, con reparto de óleosreconstituyentes, aunque quien renunciaba podía recibir como respuesta el tú te lo pierdes. A estas alturas las pérdidas pueden ser mayores que las ganancias. Después, ya de vuelta, en el autocar, se paladearon con el pensamiento deleites embotellados de alta graduación, tostados y bien envejecidos. Elixires y brebajes  muy espirituales. 


Sigamos adelante, en medio de más piedras.

Pronto continuaban las evidencias de que  la orografía y el movimiento continuo de arrastres de tantas piedrecitas se convertían en retos durante la bajada por el GR 92 hacia la otra vertiente del castillo de Montgrí, en dirección a Montplà. O lo supero, o trastabillo, o hago un quiebro, me resbalo, me deslizo o me caigo. Como para tararear la canción de El Rey de Vicente Fernández cuando cantaba aquello de: 

Una piedra en el camino 

me enseñó que mi destino

era rodar y rodar, rodar y rodar, rodar y rodar...


Cómo pongo los pies, dónde clavo los bastones, cómo pisar piedras que se mueven y te mueven, por poco caigo, he resbalado y me he ido al suelo, vigilad que la pendiente y el viento  te tiran hacia delante, menos mal que la piedra no está mojada, bueno ya casi estamos abajo. Hemos acabado este tramo. Al fondo empieza uno nuevo. 

Como para quedar de piedra ante este tortuoso sendero. A ver cómo se presenta su continuación. Coll de Garrigars y  El Montplà, una cima llana de 310 metros de altura (de ahí su nombre), se ve cerca. Segunda montaña del macizo. Lejos, Roca Maura en L’Estartit, fuera del guion previsto, esta última con 225 metros de altitud encima de la población. 

 

Barbuquejo

La sabiduría no ocupa lugar. La fuerte tramontana de aquellos tramos aireó las neuronas y, mientras se sujetaban como se podía los cuerpos para conservar su estado más o menos erguido, alguien que sabe y comparte recordó aquellos tiempos en que amaba mucho a la patria, con ardor y orgullo guerrero. Un aguerrido militar no se puede permitir ir al descubierto,  la cabeza sin el atrezzo adecuado y ordenado. Son prendas obligatorias que no obligan a tener neuronas debajo pero sí marcialidad y amor a raudales a lo que te ordenen. La sabiduría compartida nos aleccionó con un término fundamental si no querías problemas. Cuando el fuerte viento te puede despejar de golpe  la cabeza,  hay que abrocharse muy bien la cinta que sujeta la gorra o el casco por debajo, si es que existe. Su nombre: barbuquejo, barbiquejo, barboquejo o barbijo. Pues eso, el sujeto en cuestión, ya sin la marcialidad que se supone de la que presumía en aquel momento vital, recordó la importancia de sujetarse bien lo que sea para no caerse. Incluida la gorra si se lleva puesta.

La tramontana, las piedras sueltas y la atención plena a todo lo que se movía originaron un gasto energético y preocupaciones para evitar lesiones. La larga hilera de senderistas demostró la administración de las fuerzas personales. Cualquier movimiento debajo de los pies era una sospecha a resolver. Fites, hitos, mojones, marcas, pinturas, todo era fundamental pero lo prioritario era mantenerse en pie y bajar con los mínimos riesgos. 

Mucha piedra pequeña y suelta, sola o acumulada, ramas laterales y cascajos diversos hasta llegar a donde la arena es otra parte de la geología. Allí en el coll de les Sorres, el área de descanso de Les Dunes, cartel, direcciones a la ermita de Santa Caterina con aplec, continuidad del GR y direcciones a poblaciones cercanas, con terreno urbanizado incluido, personal propietario de casas en estado de asueto modelo findey gran depósito de aguas cercano. 

Curiosa la formación de Les Dunes, fruto de las arenas que depositaban los ríos Fluvià, Muga y Ter en el golfo de Roses. Transportadas hasta aquí por la Tramuntana, cuando ríos y terrenos tenían otras disposiciones orográficas, allá por el año 1302. En 1875 empezaron los trabajos de fijación de las dunas, que hasta principios del siglo XX tenían un movimiento continuo. El bosque actual fijó el terreno y la arena. Todo dentro del parque natural del Montgrí. 

Este oasis fue testigo de la operación rescate de quien tuvo la mala pata (nunca mejor dicho) de que las piedras, sueltas y fijas, le pasaran factura. Un taxi, al final del traslado a L’Escala, también  se encargó de la otra factura. Las peripecias personales de momentos con tanta emoción vital y senderista las dejó escritas en Hablando con las paredes, otra vez (título de su blog), en una reciente entrada titulada y enlazada aquí: GRMANIA, una vuelta de tuerca más… (y más gracias).

 

Dispersiones

Desde esta la zona, en Les Dunes,  hubo barra libre para el  desparrame del personal.  Alguien pidió el permiso reglamentario (casi con el valor de  un salvoconducto o visado, para apaciguar las posibles críticas)  a uno de los que mandan, aún sin ser una garganta profunda. División de grupos y grupúsculos por un camino ancho, llano, también con piedras, largo como para enhebrar temas que juntan a personas caminantes o pasa al revés. 

En el primer cruce, esperar a quien venía detrás. Estábamos en la ruta del vent, con explicaciones sobre fauna y flora. Mientras, se cruzaban ciclistas de todo pelaje y turistas con bicicleta alquilada, con la sospecha de no saber previamente dónde se habían metido. Sus cuerpos no aparentaban dominios en quiebros por tanta diversidad accidental. Señales hacia calas idílicas: Cala Pedrosa, Cala Foradada, Cala Ferriol, Cala Formatge, con  especial mención al submarinismo en toda la zona y, sobre todo,  entre Punta Ventosa y Punta del Còrrec Llarg.  Y, por supuesto en el entorno protegido del parque subacuático de Les Medes.

Después, aquí paz y en L’Escala gloria por haber llegado al final. Con más piedras incluidas, acantilados, bunkers y la amplitud de un paisaje litoral  no bien observado cuando lo primero es no caerse, para luego visualizar imágenes idílicas y repetidas. Las fotos de quien sabe captar tantos detalles son una buena oportunidad para apreciar después lo que antes también pasó por delante de tus ojos.  En todo caso, ante tantas dificultades senderistas, mejor  no tropezar dos veces con la misma piedra o evitar  la frase bíblica: el que esté libre de culpa que tire la primera piedra. En todo caso, mejor no caerse, no tirar ni que te tiren. Llegar al final aunque haya quien la hartura del terreno no le haya permitido admirar calas, puntas, pinos, subidas, bajadas, estampas tan lujosas como otras anteriores recorridas desde Portbou.

 

Concentraciones

Entre los grupúsculos de cabeza, subgrupos y opciones: o por el GR 92 o por el camino de ronda previsto, para llegar a Punta Ventosa y construcciones militares de épocas en que la muerte no tenía ningún precio, era el tributo a inhumanidades guerreras, exilios y venganzas. En medio, una zona militar abandonada, base militar del Pla de Bateria, alguna furgoneta para finalidades diversas, selfis en las vallas que delimitaban la zona con el acantilado, personal y vehículos cercanos a dichos búnkeres, de momento no tanto gentío como dicen que se concentraba en los del Carmel de Barcelona. Punta de les Tres Coves, Punta del Còrrec Llarg,  Ventosa, Punta  del Milà, Punta Grossa y descenso hacia Cala Montgó, delimitada en la otra punta por la Puntada de Sota la Torre y  Punta de Trencabraços.

Para la mayoría, pronto se acababan las piedras.

La belleza de Cala Montgó sirvió como punto de concentración de los grupos A y B para montar en autocar. Hubo quien intentaó ver o imaginarse el espectro del socarrón e irónico periodista de un diario de Girona que dice que prefiere exiliarse en Cala Montgó cada verano y no en Waterloo; Albert Soler cultiva una pluma muy afilada y es admirado por gentes que juegan en otras divisiones. 

Los ánimos y los cuerpos pusieron a prueba los límites personales. Hasta se conocieron aún mejor. Por tanto, lo más prudente fue volver en autocar hasta el bar de la otra etapa, el Estribor.  Siempre se han de aprovechar las oportunidades para saber hasta dónde puedo llegar. Otra cosa es el caso que se le haga a los límites olfateados.

Cuatro sujetos díscolos, casi a la deriva por el territorio, sortearon piedras, roquedales, estrechos senderos de vértigo a partir de la torre de la Punta del significativo nombre de Trencabraços (como para habernos matado, se podría repetir) hacia la Punta Grossa. Por allí estaba la Torre Montgó y quizá otras que ya desaparecieron. Se las llamaba también de varias formas:  torres de moros porque eran piratas que provenían del norte de África, y torres de foc i llum por las señales que transmitían. Durante la Guerra Civil daba acceso a búnkers situados debajo. 

En todo caso, hubo dos versiones entre los cuatro caminantes: los dos que sorteaban los tramos peligrosos  por asfalto y los dos más fundamentalistas, estrictos seguidores del track facilitado y publicado por el puesto de mando oficial de GRMANIA. Después, a un lado la cala e Illa Mateua, dicen que con un fondo marino espectacular. Las urbanizaciones turísticas vacías casi todo el año noquearon el sendero, reducido a la mínima expresión, al borde de los precipicios, un tramo afrontado con excesivo valor y prudencia hasta salir a zonas más seguras, abiertas y sin vértigos.  

Después, sendero muy bien marcado, hacia Les Planasses, zona militar, más bunkers, la Punta del Bol Roig, más Montgrí protegido, continuos avisos de peligro por caídas debido a rocas inestables: si te acercas mucho el desprendido puedes ser tú; cala del Bol Roig, Punta y Cala Salpatxel , Port de la Clota Grossa  , puerto deportivo y de personas  y el pesquero de L’Escala, parafernalias marítimas y turísticas de todo tipo y condición, hasta sortear asfaltos y llegar a la amplia y larga playa de Riells, primer punto final de la etapa. 

El segundo y definitivo cierre del recorrido fue la terraza del bar frecuentado al final de la etapa anterior, el Estribor de L’Escala. 

En medio del buen ambiente habitual, con la comida se consumían líquidos que casi  llegaban al alma antes que al cuerpo. Buen momento de concentración humana como  para cerrar esta crónica y recordar a una de las pintoras mexicanas más admiradas por públicos diversos, con una biografía muy atractiva: 

 

“Quise ahogar mis penas en licor pero las condenadas aprendieron a nadar”

Frida Kahlo

 

Evaristo

30/5/2023

 

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 4 de mayo de 2023

Etapa 5 del GR-92, entre El Cortalet y L'Escala

  

Cuando la primavera te droga los sentidos

 

La naturaleza ofrece la posibilidad de alterar tu estado mental y sensitivo si la traspasas con tus sentidos y te deja huella. Puede drogarte, con o sin efectos secundarios. Pero has de saber que también es capaz de generarte una muy sana adicción.   Y si encima la cuidas, el futuro comienza en el presente. Drogar nuestras capacidades ha estado  a nuestro alcance durante tantos años en general y en el recorrido del GR 92, desde Portbou hasta aquí,  en particular. La perspectiva visual en primavera  aportaba material suficiente como para ratificarlo, que completaremos aquí con términos  asociados a esa formas de abstracción,  a intentar poner palabras a sensaciones y percepciones, un paseo más por otros mundos que están en este, una ampliación  de las presentes realidades, retratadas por gentes con buen ojo y la maquinaria adecuada, apenas sin tiempo para enfoques y encuadres, que exigirían más constancia en la mirada tecnológica. 


 La segunda etapa del GR 92 dentro de los entornos de una de las principales zonas húmedas de Cataluña, els Aiguamolls de l’Empordà,  era un cúmulo de explosiones visuales, auditivas, olfativas y táctiles en medio de un paisaje que despertaba con el canto de los pájaros, el agua dulce y salada (sola o mezclada),  esa vegetación que escondía y mostraba a la vez, el género humano por allí con sus diversas especies y la demostraciones vitales de un personal que cumplía con sus diferentes hojas de ruta. 


Cada uno sintonizó con la frecuencia de sus antenas receptoras para captar las señales de tantos emisores sensoriales como allí coincidían. La adicción podía estar servida si te dejabas llevar, con o sin adulterantes propios del entorno: conversaciones mil, estar más pendientes de enfoques fotográficos rápidos o de los inacabables mensajes del móvil, la atención plena a un animal o a un encuadre, el casi imperceptible ruido de quien se esconde o se muestra. Hasta hubo quien, antes de bajarse del autocar para comenzar la ruta, gritó con asombro: “¡He visto una polla de agua!”. 


Muchos coadyuvantes reforzaban las percepciones o las anulaban para enterarse o no de los inputs que ofrecían los lugares de paso. Aquí la droga del entorno primaveral era un placer. Sus principales enemigos, la prisa y ver solo a través de ópticas diversas una realidad que exigía su disfrute en directo, sin mediaciones y con tranquilidad.


Un cartel anunciaba la recuperación de las condiciones ecológicas necesarias para la recolonización y expansión del “turó europeu”. Paseo delimitado por vallas de madera conducían a visitantes que pretendían observar con espíritu científico. Al personal más especializado y ornitológico se le distinguía por atuendos concretos, conversaciones sesudas y silencios cómplices. Por ejemplo, a pie de lagunas: trípodes, maquinaria y prismáticos de alta resolución Zeiss, en la mano la “Guia d’ocells”, confrontación de visualizaciones con datos, comentarios detallados en voz muy baja sobre  percepciones expertas para verificar nombres y especies, mochilas con el paquete de básicos, protecciones solares y ese espíritu de interpretación  de quienes posaban a distancia, exhibían largos cuellos y delgadas patas, plumajes coloridos o cuerpos pequeños. Debían estar muy acostumbrados a turisteos varios. Uno se imaginaba cuántos retratos podrían haber producido esta fauna  en tantos años si las tornas se cambiaran y esas aves pudieran enfocar a tanto personal como por aquí ha pasado.

  

Un grupo anduvo por las alturas del elevado observatorio instalado en un antiguo silo de arroz,  después de ascender por una escalera de caracol, cuyos escalones eran una muestra de pisadas verdes allí pintadas: terrenos inundados, de nuevo carteles para identificar aves por sus huellas y otros detalles, pequeños pájaros muy atrevidos que se posaban al lado del turista (como si estuvieran colocados para la ocasión), el cielo gris al fondo que marcaba los límites de la playa y dejaba ver la silueta de lagunas más cercanas en una composición de tonalidades oscuras,  más itinerarios literarios, acceso restringido a caballos, informaciones detalladas  sobre estos espacios de agua dulce y sobre playas y arenales costeros, bancos para aliviar los paseos y atención a las sorpresas que surgieran. 

 


Desniveles

La altura máxima de esta etapa del GR 92, entre Cortalet y l’Escala, según wikilok, fue de 16 metros. Pero también  la marcó ese ascenso a la torre de observación, dentro del Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empordà, llamada el Observatorio Senillosa. La atalaya ofreció la típica panorámica de 365 grados con muchas pinceladas como para conocer en propio cuerpo los efectos agudos y secundarios de tanta agua dulce y salada y la vida que la circunda. E imaginar qué pasaría si el líquido elemento desaparaciera. A pequeñas o grandes dosis eran estimulantes neuronales con potentes efectos secundarios, incluso con predisposición al abuso positivo si profundizabas en la observación con conocimiento, en el silencio que habla, en la foto que inmortaliza. 


Si por aquí paseara el prestigioso óptico alemán Carl Zeissse enorgullecería de cómo sus instrumentos ópticos de gran calidad estaban presentes entre grupos, ya a aquellas horas, según ellos las mejores para empezar el día con tanto ser vivo que hacía mucho rato había despertado. También llevaban conocimientos visibles, grabadoras de sonidos y charlas muy sesudas sobre flora y fauna, con dosis y sobredosis de especies sobre las que debatían de forma casi imperceptible.  En la anterior etapa quedaron plasmados enlaces a sitios web con nomenclaturas específicas de la naturaleza de este entorno.


Un recorrido por Mas del Matar y el Observatorio Senillosa, desde la playa de Can Comes hacia la de Sant Pere Pescador, rodeando el camping Nàutic Almatà, el Fluvià Náutic y por entre diversos equipamientos motorizados, una zona recordada por quien compite en aguas abiertas contra medusas y temperaturas, con el río Fluvià y sus canales. Si había silencio, los cantos de los pájaros se completaban con la floración de los manzanos “Poma de Girona denominació d’origen”, flores y plantas que enervaban los sentidos y facilitaban ese tierno verde primerizo  que ha de consolidarse aún con tonalidades más oscuras. 


La zona era atractiva también para deportes de vela con viento y para zona de aparcamiento de vehículos diversos. Las orillas, además de las composiciones fotográficas y mentales idílicas con barcas, cañas y aves, las ocupaban pescadores. Alguien se atrevió a despejar incógnitas y le preguntó a uno si aquella masa de agua era dulce o salada: dulce por arriba y salada por abajo, respondió. Pero cuando fue más allá y quiso saber qué peces pescaba y si eran de agua dulce o salada, o de ambas, no se inmutó. Quizá fue muy prudente y no quiso caer en ese dicho o frase hecha que circula desde hace años, seguro que muy injusto: “Mientes más que un pescador”. Algo debe tener ese tipo de pesca de la paciencia, como si fuera una muestra más de atención plena, un mantra, una forma de meditar o posturas distintas de artes orientales. Pero esto ya no fue objeto de más interrogatorios a profesionales deportistas practicantes de la quietud y la concentración. 

 

 

Amenazas

Las pasarelas de madera marcaban los paseos por los humedales y marismas, ofrecían acercamientos a vistas fotogénicas, mostraban canalizaciones naturales y artificiales de agua y te iban conduciendo  a observatorios, a puntos de salida o de intersección,   o hacia la playa. Las dunas estaban allí en proceso de regeneración. Los carteles indicaban que por el GR 92 se llegaría a Sant Pere Pescador per Mig de dos Rius a 4 km, y que la Gola del Fluvià estaba  a 400 metros. A aquellas horas ya había huellas humanas dibujadas en la arena, cubos de basura atados y protegidos con piedras de los fuertes vientos, máquinas, contenedores de barcos, bastantes autocaravanas diseminadas por terrenos cercanos a la desembocadura del Fluvià, dentro de aparcamientos pagando o gratuitos. 


Aquel día, en una emisora de radio, un cómico que emulaba ser rico, ironizaba con mucha socarronería sobre otro humedal y sus polémicas, Doñana, y sobre la propuesta del Gobierno de Aragón de instalar un telesilla por Canal Roya para unir las estaciones de esquí de Astún y Formigal: “A mí lo que me importa es comer buenas fresas con nata y no preservar  esos bichos y plantas con nombres tan raros que queréis conservar en Doñana. Y, cuando llegue el invierno, esquiar con buena nieve. Al fin y al cabo, ¿para qué sirven los Pirineos sino para que los ricos disfrutemos?”. Menos mal que no mencionó estos lugares que estábamos pisando. En el recorrido de esta etapa hace años  hubo varios proyectos de urbanizaciones que se pararon gracias a la lucha opositora de muchas personas y entidades. Algunos restos se pudieron observar, en medio de canalizaciones o cercanas a ruinas muy historiadas. Los vendedores de humo y de ladrillo siempre han abundado. Detrás, la especulación. 


Las amapolas teñían de rojo los caminos mientras en un giro el sendero se adentraba por más pasarelas de madera para preservar el medio. En ningún sitio visible se recogía la historia del activismo social  años ha para evitar que en el territorio de esta etapa del GR se construyera una macrourbanización, una marina residencial para 60.000 personas en estos humedales. No se conformaban con la Venecia-Empuriabrava. La lucha continua y constante  consiguió salvar la naturaleza de su principal enemigo: las personas. Activismos contra pasividad.

 

Recesos

En la zona abundaban kartings,  cámpings, parques residenciales y presiones turísticas de todo tipo, en el entorno de Sant Pere Pescador. Espacios acotados con nombres  de Palmeras, Gaviota, Bon Relax, Empúries, Àmfora, Aquarius. Eran reclamos para el asueto legal,  controlado y de pago.


También había áreas de descanso como la que surgió en un tramo del sendero, en el Mas del Joncar. Con señales al camí de les Llúdrigues,   allí quienes gozaban y babeaban con la reciente descendencia familiar agasajaron al personal con remesas azucaradas para que la droga de la glucosa no decaiga. Fue un buen momento para el repaso de sustentadores de salud: estados del chasis, recomendaciones diversas, sesudos enfoques sobre genética y enfermedades, todo para gentes que van acumulando juventudes diversas y aspiran con la práctica a ser personas más allá de ser válidas para los recados y otras prácticas. Fueron momentos de felicitarse por estar vivos, de reencuentros muy deseados y de poner muchas notas de humor a la adversidad. 


El camino seguía sorteando poblaciones, ríos y más zonas del parque natural, en los entornos de la playa de la Devesa y de El Riuet, como más cámpings de nombres muy populares y repetidos que han estado presentes en la cultura del descanso: La Ballena Alegre o Las Dunas.

 

Historias

La entrada a Sant Pere Pescador sirvió para plantear dudas a gentes enciclopédicas  que saben o creen saber casi todo de todo: ¿esa masa de agua  es el río Ter o el Fluvià? Sirvió para demostrar que aprender de la duda o de la confusión aporta más sabiduría. El puente dio continuidad al GR y al parque natural con la desembocadura de los ríos Muga y Fluvià, entre más manzanos en flor, fincas con cultivos de árboles para su venta, camiones llenos de nuevas plantas para su transporte en las inmediaciones de L’Armentera, floridos campos de colza  y gentes jubiladas que se sentían útiles regando huertos o “el trós”. En esta población merece la pena algunas visitas para momentos con más lentitud: la iglesia de Sant Martí;  el molino de agua L’Armentera, del siglo XVIII, muy bien conservado; y la Fira de la Poma en el segundo domingo de octubre: venta, elaboración de zumos naturales y  mojito de manzana.

Una etapa llena de historias diversas en  ambientes sedantes, tranquilizantes, calmantes y hasta anestesiantes. Hipnotismos con supuestos poderes medicinales entre aguas y primaveras en su esplendor. Dejarse llevar por una flor o por el canto de un pájaro es gratis y te narcotiza,  o no.


Una sorpresa histórica obviada y  no paladeada donde se reagrupó el personal: el núcleo llamado Cinc Claus, que pertenece a L’Escala, donde se cruzan el GR 92 y el GR 1. En un lateral del espacio o plaza había un cartel con una estampa histórica y antigua del portal del castillo de Cinc Claus: una escena de labranza, una señora, un carro y las gallinas en medio.   También aseguraba que este espacio antes se conocía como Cent Claus y no como la actual denominación de Cinc Claus. Cinco masías construidas en el siglo XVII, algunas reconstruidas después, dominadas por un castillo, de la familia del caballero Pau.  Rodeaban  la ermita llamada  Santa Reparada (de origen prerrománico, reedificada a principios del siglo XVIII), parece ser que en honor a una chica virgen de 12 años martirizada en Palestina por la persecución de Decio. No quería renunciar al cristianismo, fue degollada y después su alma la vieron salir del cuerpo. Volaba con la forma de una blanca paloma. Todo en medio de gentes que en aquella época vivían del cultivo del arroz en unas tierras inundadas por las aguas del Ter. Los relojes solares llamaban la atención , igual que la torre de defensa del antiguo castillo y la muralla, de la que solo se conservaba el portal. El cartel que había a un lado explicaba el contexto.


¿Más sorpresas? Aún estaba en pie el puente medieval, el portal de entrada y una torre adosada a una masía. ¡Menos mal el cartel indicativo! Y, sobre placeres actuales, también había la opción del éxtasis y paladeo de condumios que debían dejar huella gustativa y emocional, en el restaurante situado en una de las masías, llamado Mas Concas, con sibaritismos culinarios para bolsillos con posibles bajo la definición de su especialidad: cocina de mercado, sin más concreciones, como si todo no fuera mercado o no estuviera en él. Se dice que esta masía había sido propiedad de la escritora Caterina Albert, conocida por el famoso nombre de Víctor Català.

 

Encarados al tramo final, entrábamos en otras grandes y viejas historias. Sant Martí d’Empúries,  primera capital del condado de Empuries hasta el siglo XI, cuando la capital se trasladó a Castelló d’Empúries, por estar más lejos de la costa y así  poder defenderse mejor de los ataques por mar; lugar lleno de coches, núcleo muy conservado y volcado al turismo de momentos y celebraciones, de romanticismos y éxtasis reales gracias al postureo generado por la droga del relax combinado con la imaginación, con móviles que al final  no sabían a dónde apuntar para inmortalizar tanto en tan poco tiempo. 


Más allá, las famosas y muy visitadas ruinas de Empúries, playas donde desembarcó la antorcha olímpica de las Olimpiadas de Barcelona 1992. En una de ellas, cercana a Sant Martí, GRMANIA comenzó el GR 1 en septiembre de 1987, con una primera etapa al revés, entre Llampaies y Sant Martí d’Empúries, con la correspondiente epístola de este juntaletras que se puede volver a consultar en el presente  titular: Empúries: inicio de historias, de frases y de caminos. Los archivos fotográficos aún muestran juventudes y gentes conocidas que se enfrentaban a este nuevo GR.Huyendo de ruinas, todos vamos acumulando capas de juventud en la historia personal, afrontando una realidad no siempre fácil. Para sobrellevarla, acudamos por ejemplo  a un consejo budista: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”.


Entre  paseos más o menos artificiales al lado de las playas, frecuentados por deportistas, bicicletas, patines, corredores  y practicantes de las llamadas “rutas del colesterol” que abundan por entornos urbanos y rurales, L’Escala estaba a la vista y también se soñaba con otras adicciones más o menos necesarias y algunas espumosas, sean comibles, bebibles o legibles. 


Mientras se conseguía reunir al personal, la terraza del restaurante Estribor sirvió para observar la larga bahía de Roses, recorrida entre dos etapas, atender a algún diálogo de besugos, chascarrillos diversos, enhebrar conversaciones de más o menos calidad y esperar las cervezas de rigor. Como casi siempre pasa, los bares actuales no están preparados para tanto jarreo GRmano. Este tipo de vidrio escasea y, si hay, esta vez sirvió para que quien administra los fondos advirtiera que si hay jarra no hay repeticiones. El servicio al terraceo significó una evolución necesaria y una demostración integradora, con mucha fuerza y energía. Y mucha mucha honradez profesional, al devolver un dinero de la cuenta final que al parecer creía que no tocaba cobrar, aunque no era así.  


Como postre añadido, compartir libros un día antes de Sant Jordi, recibir el gran regalo de una pequeña  rosa de fabricación manual y casera. Complicidades, cultura, comida, bebida, todo con vistas a un mar que recibió a culturas imprescindibles para entendernos hoy y que ahora prefiere acoger en las costas de la Europa acomodada a turistas con tarjetas de crédito  que no a gentes solo con lo puesto que huyen de pobrezas, guerras, violencias y humillaciones, sin apenas futuros a la vista.


Y como de lectura se trata, una droga imprescindible para la vida de muchas personas, he aquí unos versos del poeta austríaco Erich Fried (1921-1988), en una colección de poesía social:

 

Ayer empecé a

aprender a hablar.

Hoy estoy aprendiendo a callar.

Mañana dejaré

de aprender.

 

 

Evaristo

4/5/2023