Homenaje a resistencias históricas con finales que fueron principios
El tramo final de los 300 km del sendero GR 151- Abat Oliba (iniciado en el monasterio de Montserrat y acabado cerca de la frontera francesa) significó resistir para conseguir el reto por etapas: con sudores, picores, madrugones, esperas grupales y, a veces, cada uno por su lado casi sin orden ni concierto.
Resistencias
Pero aquí, entre Camprodon y Espinavell por Molló, el recorrido total de más de 16 km. pudo servir también para tomar conciencia de momentos históricos y pensar en las más de 100.000 personas que huyeron a Francia por estos entornos que pisamos, entre enero y principios de febrero de 1939, víctimas de una guerra incivil y de miedos y represiones varias con un futuro de cárcel, muerte y miseria si se quedaban. Si el sendero homologado GR 151 se dedicó en 2018 al Abat Oliba, muchas rutas de la resistencia, del exilio y de los maquis se recogían en carteles por la zona, a menudo ignorados, maltratados o blanqueados con excursiones lúdicas. Eran rutas que pasaban por aquí o cerca, un testimonio humano de huida pero también de la gran solidaridad de las gentes de la zona con quienes se marchaban.
Durante la Segunda Guerra Mundial estos caminos fueron usados al revés por los judíos que huían de la Alemania nazi. En la frontera había quienes los pasaban por puntos sin la vigilancia de los alemanes y del régimen franquista. A todo esto se unieron los grupos armados que se oponían a la instauración del régimen franquista: los maquis.
Años después, los contrabandistas y habitantes del valle se dedicaban a pasar lo que podían y a enriquecerse con el estraperlo.
Rutas señalizadas de abades, de la trashumancia, de exilios y de finales en la frontera francesa que se convirtieron-para quienes no murieron por el camino- en principios vitales. Aquello que nunca debía haber existido estuvo allí, a nuestros pies, con cuerpos quejosos por pasar por tramos llenos de estorbos, árboles cruzados, barro, agua, animales sueltos. Minucias insignificantes comparadas con las penas de la huida hacia el destino incierto del exilio. Un homenaje a estas gentes, imprescindibles para saber dónde estamos y de dónde venimos.
Camprodon, Molló, Prats de Molló, el coll d’Ares, el coll Pregon, Espinavell, La Vajol, La Jonquera, son algunos ejemplos de tantas poblaciones testigos de ignominias varias.
Callejeando
Camprodon, con el archiconocido puente, el museo a su músico Isaac Albéniz (1869-1909), galletas, embutidos, pastelerías y el centro comercial aún despoblado, recibió al pelotón caminante con ciertas incógnitas. Los parroquianos del bar Caliu completaban sus cafés con incógnitas ante la visita de tamaño grupo a aquellas horas. Lo mismo le pasaba a la policía municipal y a algunos séniors madrugadores. Además del museo de la Retirada con la exposición del espacio cultural Cal Marquès, esas calles fueron transitadas por penas, dolor y miedo.
Al otro lado de la población, el Paseo Maristany amplió las casas señoriales de veraneantes y burguesía que ya no cabía en el paseo de la Font Nova. Muchas se usaron en la guerra incivil para reclutar e instruir a milicianos republicanos y refugiados. Hasta el presidente del gobierno de la Segunda República, Juan Negrín, estuvo alojado en una de ellas, por cierto, de un afamado banquero. Curiosidades: hay una finca llamada Borde lo Ter que tiene iglesia dentro y un claustro, ambos trasladados de San Esteban de Gormaz, Soria.
Visualizaciones: después del Pont Nou, la Font de la Cordera, la Font del Ferro, la Font de la Pietat, l'Esglèsia de Santa Cecília, la Font del Pont i l'Esglèsia de la Mare de Déu de les Neus.
Amarillos
Aquellos colores tan politizados no hace mucho se volvieron a ver con carteles reivindicativos en las escuelas de Camprodon, en dirección salida por el GR 151. Reivindicaciones de muy antiguas quejas, invitación a luchas, huelgas y calidades mil. Estos colores, días antes, también ondearon en las banderas vaticanas con la visita papal. Alguien recordaba que este color está estrictamente asociado a la mala suerte. Se evita en el vestuario de actores y actrices, así como en las decoraciones del escenario teatral. Leyenda con un origen asociado a Molière, que sufrió un colapso enfermizo en el escenario e iba vestido de amarillo.
Las construcciones señoriales y pragmáticas para usos sanitarios y deportivos, el ayuntamiento y el camino paralelo a la carretera de Molló dieron paso al cementerio y a las primeras ortigas, exuberantes y amenazadoras si te las acercabas y te masajeaban. También, a las primera boñigas, suelos con barro por un serpenteante y resbaladizo sendero que exigía atención y aportaba intenso verdor a espacios en su plenitud casi estival.
Estiramientos
El grupo se sometió a estiramientos considerables. No por exigencias musculares sino por distancias entre caminantes. Con el Turó de Pontellí (1326 m) cercano, hubo “campi qui pugui” a la hora del primer refrigerio. Pasará a los anales tamaña dispersión en apenas un kilómetro de camino, mientras se mantenían cónclaves decisorios y secretos. Cada cuerpo buscó su aposento entre tamaña diseminación por el camino: al lado de una casa, en un montículo, por prados, en formato individual o reducido. Eso sí, antes de emprender la ruta se pidieron las autorizaciones correspondientes para seguir estirándose. Tamaña empresa se verificó al final de la etapa, con esperas de más de una hora.
Mientras, algunos jóvenes ganaderos ocupaban las pistas con sus potentes todoterrenos, se paraban a comentar la jugada donde coincidían e ignoraban a caminantes que les saludaban.
Obstáculos
No se sabe si el Abat Oliba “sotaneó" por estos caminos, sorteando las temidas ortigas, driblando ramas y troncos de árboles caídos, evitando resbalones por barros y deposiciones abundantes de animales. Si lo hizo debió estar iluminado por sus ansias fundacionales de monasterios, paso previo para que el jefe de la Iglesia católica pudiera visitar uno de los suyos: el de Montserrat del Abat Oliba, no hace tantos días.
Alguien se imaginaba una pista americana allí, mientras los pantalones cortos dejaban amplios espacios de piel listos para ser “acariciados” por plantas amenazantes, por mosquitos y otros animalillos que suelen convivir con vacas y caballos.
Estampidas
La espantada de un rebaño de vacas que ocupaba el tramo del GR pareció un encierro de San Fermín pero al revés: vacas delante y todo el personal azuzando detrás, como si de una gran cuadrilla se tratase. Comparación pamplonica por tramos en un simulacro imposible: la cuesta de Santo Domingo desembocó en la subida hasta divisar los primeros caballos del llano y, más allá, las vacas, que no morlacos ni bragados; la plaza del Ayuntamiento de Pamplona era donde estaban los rebaños, a ambos lados del camino; empezaba el trote y la espantada asustadiza casi se convirtió en una estampida; en la calle Mercaderes comenzó la velocidad bovina pero sin mansos (aquí sin la famosa curva) y en la calle Estafeta fue donde las vacas espantadas adquirieron velocidad y corrían delante de los senderistas (mozos y mozas en el argot) que las azuzaban para que se apartaran a ambos lados y dejaran paso; por tanto, no hubo posibilidad de coger toro o vaca, lo máximo podría haber sido coger rabo; ellas tampoco pudieron calamochear y menos empitonar; al final dejaron paso los temerosos animales sin necesidad de los pastores protectores con sus varas, se fueron a los lados como si se llegaran al tramo de Telefónica y así evitar el peligroso pasadizo del Callejón, con una estrechez de la senda que desembocó en el amplio camino de Favars (sin el espectáculo con charangas y orquesta central de la concurrida plaza de toros final, ni las conducciones de los dobladores), para entrar andando en la gran plaza sin vacas que fue Molló.
La manada o rebaño de animales se comportaron con sustos elegantes gracias al insistente empuje por detrás de otra manada humana, la de senderistas. No hizo falta sacar a los cabestros para reagrupar y consumar el encierro, Tampoco hubo el broche final con el cohete de cierre, ni tener que ver los toros desde la barrera.
Vecindarios
Llegados a Molló, se notaba en las piernas que su pequeño núcleo se situaba en una cima, con la Font Vella abajo y calles en obras cerca de la iglesia de Santa Cecília. Nueve vecindarios componían el conjunto, con una plaza mayor formada por casas de aire modernista rural, austero. El destino final, Espinavell, es uno de los agregados a Molló, lugar de una de las rutas del exilio por el Coll Pregon.
El tramo final, cercano al río Ritort, ofreció algunas subidas y la vista final del último pueblo que muchos republicanos contemplaron antes de pasar la frontera, con vecinos que les atendieron y espacios donde despeñaban los vehículos en los que algunas personas habían llegado, porque ya no se podía seguir y para evitar que las tropas franquistas los pudieran usar cuando ocuparan todo.
La llegada a Espinavell fue muy extendida, escalonada y propia de la diseminación del personal. Todo con el más puro estilo GRMANIA, consolidado en 30 años. Mientras, caminantes esperaban en Molló y en Espinavell a ser recogidos. Larga espera con el río Ritort cercano.
También por aquí pasaron quienes “Querían la luna y luchaban para que todo el mundo pudiera tenerla”, tal como muestra la web dedicada a los Maquis, una lucha contra la esperanza. Más rutas de memoria histórica en unos entornos que merecen un recuerdo y un homenaje a tanta gente luchadora por la democracia.
La espera al resto del grupo sirvió para degustar bebidas en el único bar abierto en Espinavell, el bar y restaurant Les Planes, al lado de la carretera. Entre ellas el licor de saúco. O leer "Le Monde Diplomatique" y otras publicaciones difíciles de encontrar en espacios públicos y menos en un bar, con un camarero que en su camiseta ponía “acció antifeixita”, con tonos reivindicativos como los de esta otra prenda: “Mi sueño no era ser mantero”.
En la espera hubo tiempo para informarse y departir sobre una de las tradiciones de Espinavell que congrega cada año a más cantidad de visitantes y turistas: la tria de mulats d’Espinavell, a mediados de cada mes de octubre, concretamente el 13, día de Sant Eduard, se reúnen ganaderos y compradores con los animales (yeguas, caballos, mulas, mulos) que se han alimentado en los pastos de montaña durante el verano. Espectáculo que crece.
Finales
La convivencia final discurrió por cuarta vez en el mismo local de Ripoll. Con la celebración final de Antonios y Antonias, propia de un 13 de junio. Ambiente de agradecimiento a estas buenas gentes por sus dulces y bebidas, tonos distendidos, con frentes conversacionales variados, como debe ser.
De acuerdo con las ondas más cercanas a las ya débiles antenas personales: para quienes rememoraban actualidades amarillas, no evitaban opinar y valorar reivindicaciones y posturas diversas. Entre quienes comentaban la reciente visita papal, respeto y atenciones a discursos e interpretaciones, con o sin crítica razonada. Quienes insistían en la importancia de la pasión y el propósito humano por encima de la pura ingeniería y matemática, recordaban la frase de Antoni Gaudí, proyectada por drones en el cielo de Barcelona, cuando el 10 de junio se inauguró la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia: “Primer l’amor, després la tècnica”.
Y entre quienes se preguntaban por el GR de la próxima temporada (30 años de GRMANIA), ¡qué acierto cuando hace pocos días se supo! De nuevo y para acabar, acudamos a Gaudí:
“L’originalitat consisteix en tornar a l’origen”
Evaristo
25/06/2026