jueves, 6 de febrero de 2014

Cuarta y quinta etapas del GR 7: entre Molí de Fórnols y el Hostal del Cap del Pla

Dos en una: del Molí de Fórnols al Hostal del Pla



                        Células a la carta




Diciembre, 2013: del Molí de Fórnols a La Coma i La Pedra

Última etapa del 2013 y primera del 2014 del GR 7 en sentido hacia Castellón.
Saltar montañas es un eufemismo no apto para aplicar a caminantes normales que encuentran la virtud en las rutas habituales, adecuadas para extremidades a caminar a su paso. Entre diciembre y enero se produjeron saltos del Berguedà al Alt Urgell y al Solsonès para iniciar la ruta en el molí de Fornols, si bien el camino oficial se dejó en Fórnols en la etapa anterior. O sea, un pequeño recorte de un tramo para llegar puntuales a la tradicional comida de Navidad, en La Coma y La Pedra (restaurante Nin).

Micciones

Alguien en el grupo ha escuchado de su formadora budista en Tai Chi que “si centras la atención, te olvidas del sufrimiento”. Pero esta proclama no estaba hecha para aplicarla a quien, justamente, por prestar tanta atención sufría en la contención. En medio de un paisaje helado, de camino hacia Saldes, con el Pedraforca asomando en lontananza, hubo que parar para evitar el sufrimiento de quien no se podía contener. La vejiga no aguantaba más y el caminante, aquejado también de una afonía que le contenía sus habituales ganas de hablar, solicitó una parada para aliviar la necesidad. Es ese estado propio de la edad. Dicen los expertos que entre más expulsas, más ganas tienes de hacerlo: “tener ganas de mear, incluso meando”. Las próstatas evolucionan y se desgastan. Pero la parada fue aprovechada también por quienes no tienen próstata pero han de atender a menesteres menores.
Dicho lo cual, se procedió a seguir el camino hacia el coll de Josa y, a la bajada, dejar al primer grupo, como si de una célula se tratara. Del resto, unos siguieron hasta el principio, el Molí de Fórnols, y otros en autocar para recortar aún más el tramo.

Ji ji, ja ja

Una psicóloga social, experta en conductas y grupos humanos y su duración en el tiempo, decía que para evitar problemas en un colectivo más o menos grande lo mejor es no hablar de temas polémicos y sí recurrir a aquello superfluo o a aficiones que unan. ¿Qué les queda si de temas importantes o trascendentes no se puede o no se debe hablar porque las emociones pueden mucho más que las razones? Pues el deporte, la salud, la comida, las enfermedades, los achaques, el chiste fácil, la televisión, el penúltimo whatsapp, recurrir a los tópicos del momento o a obviedades que no alteren el buen rollo. Y, debido a la edad, contar o repetir lo mismo muchas veces: nunca de vez en cuando. 
En este caminar por la existencia, quizá para no complicarte la vida lo mejor es darle a cada uno lo que le gusta y aquí paz y en algún sitio quizá gloria. Pero hay mentes díscolas que no están de acuerdo, aunque  determinados “comisarios” se puedan quedar con tu cara (medio en broma, pero ¿por qué no medio en serio?). Llegado el momento, para no distorsionar, tendrán que callarse y no salirse del redil. De todas formas, el “ji ji, ja ja” es políticamente muy correcto y no deja huellas, ideal para vivir con placidez y citar la socorrida y despreciable frase con la que nunca llegaremos a ninguna parte, conformismo reaccionario y conservador: “Es lo que hay”.

Shake

A menudo de tanto hablar no se ve el bosque, y nunca mejor dicho. Las pérdidas habituales están presentes y los despistes no son por las marcas, tracks y cuanta tecnología usemos. Las mentes se “pierden” en conversaciones cruzadas y a la hora de elegir entre una dirección u otra, ...pues eso. Mientras, en medio del paisaje helado se subía hacia la plaza de Tuixent para reponer fuerzas. La naturaleza invernal permitía las transparencias y la quietud solo se alteraba por el mugido de alguna vaca o por palabras propias o ajenas.
La plaza del pueblo estaba sola, sin más población que un habitante que iba a abrir el museu de les Trementinaires y fue incapaz de responder al saludo del caminante que le dijo “Bon dia”. Con esa actitud, no le ayuda a que vaya rápido a cambiar el tancat per l'obert del museo, pensando que aquel grupo iba a entrar. No era el objetivo pero tampoco lo propiciaba el primer contacto con ese sujeto.
Hubo comentarios sobre habituales problemas entre vecinos negociantes en ese pueblo, pero nadie mencionó la noticia que puede suponer una industria para la comarca: la planta de la bebida japonesa Shake que alguien quiere promover aquí, hasta con plantaciones de arroz a estas alturas. Cafés, dulces, y búsqueda del camino real en un cruce de diferentes rutas en un extremo de la plaza: Gr 7, GR 150, GR 107.3. Dirección hacia abajo, para pasar de nuevo el ríu Mola y enfilar la ruta de subida hacia el coll del Port. Granjas a un lado, un sendero con zarzas y bojs y el esfuerzo del tramo más costoso del camino. La serra del Cadí, la serra del Vert, la estación de esquí nórdico de Tuixent-La Vansa, montañas de Andorra a lo lejos y pronto, cambio de vertiente para ver la estación de esquí de Port del Comte: he ahí el marco incomparable.


Gotas

Muchas gotas de sudor resbalaban por la frente en los tramos ascendentes de la pista. Pérdida de personal, dejado llevar más por sus conversaciones que por las señales. Guía experimentado que baja veloz a buscarlos. Parada arriba con señoras muy prudentes que se cambian con gran decoro y avisos previos a la masculinidad de alrededor. Esperas a los últimos en medio de tupidos bosques de pinos donde, diez años ha, había muchas setas en estos tramos. Ya arriba solo quedaba llegar al coll del Port (1668 metros), entre la serra del Port del Comte y la serra de la Sella. Un paso entre montañas y del Alt Urgell al Solsonès, donde una gota de agua puede ir a la vertiente del Segre-Ebro o Cardener-llobregat. Todas, al final, al mar madre de nuestra cultura. Aunque hoy las mezclas menos mal que existen, les pese a puristas y amantes de falsas razas arias. Pero no sigamos por si lo leyeran “comisarios”.


Comidas

De bajada, el camino se adentra en un barranco que cruza varias veces la zigzagueante carretera que comunica Tuixent y Sant Llorenç dels Morunys, con un cruce hacia el Port del Comte. En medio de falsas casas rurales, de auténticas casas de pagès, por sendas con mucha hoja seca acumulada, el camino se abre y pronto aparece La Coma y una de sus zonas turísticas, les fonts del Cardener. A la entrada, un abuelo mal encarado tiene problemas para responder con amabilidad cuando se le pregunta por la calidad del agua que embotella, de una fuente desplazada de su lugar original. No hay suerte: parece que hoy no se cotizan la amabilidad ni las buenas formas. Deben ser “otras formas” de funcionar.
Visto el turístico y asfaltado espacio de recreo con motivo del nacimiento del río, de bajada aparece un gran grupo de jubilados que deben ir a ver los escasos manantiales, quizá en alguna excursión organizada, de esas de las que solo se recuerda la abundante comida, baile y sorteos. Y las pastillas del día siguiente, recetadas en el ambulatorio de turno.
A la entrada del restaurante Cal Nin, encuentro de todos para participar en el ágape previo a la Navidad: comida, disertaciones, cuentos, cuentas, prosa, versos, canciones, regalos y buen ambiente.

Unos días más tarde, en enero del nuevo año, 2014, partimos de aquí en dirección a otra etapa. Esta vez hacia el hostal del cap del Pla.


Enero, 2014: de La Coma al Hostal del cap del Pla

Riquezas

El principio de cada año es una buena época para hablar de riquezas y de proyectos. Total: ¡hay tantos días por delante! Es como para mirarse de reojo, con ojos ajenos o interpuestos y radiografiarnos para descubrir en qué somos ricos, tal como auguraba el servicio de psiquiatría a la carta: una edad con cuerpos ricos y henchidos de ácido úrico, azúcar, colesterol, hipertensión, dioptrías, kilos, piedras en el riñón, cataratas, desgastes, olvidos, etc. Nunca mejor que estos días para hacer planes: como cada año. Tamaña conversación dio paso a puertas que se abren: salir del armario en esta época en la que los recortes sociales y los que afectan a las libertades parecen imparables. Alguien citó algunos nombres compuestos curiosos, aprovechando esta puesta de largo de las preferencias individuales: soplagaitas, meapilas...
Por su interés y para regocijo de mentes inquietas, he aquí 132 términos recogidos del buceo personal en coleccionistas semánticos y en aportaciones de personas de GRMANIA con cultura rural y de calle. Son curiosidades lingüísticas: el top de insultos compuestos.

132 vocablos

1.Soplanucas 2.Muerdealmuadas 3.Rebozapalillos 4.Escuelgagüindillas 5.Pelavaras 6.Estripacharcos 7.Esgarramantas 8.Tontoviava
9.Bocachancla 10.Morroputa 11.Abrazafarolas 12.Soplapollas
13.Cantamañanas 14.Joputa 15.Cabezabuque 16.Tragaldabas 17.Bebesinsed 18.Zampabollos 19.Bocabuzón 20.Morropato
21.Culoplano 22.Malparido 23.Ocicotopo 24.Mascachapas
25.Caratorta 26.Cabezapony 27.Morrochoto 28.Trepababas 29.Rumiamierdas 30.Follaplantas 31.Husmeabragas
32.Revientaviejas 33.Sinsustancia 34.Matacuras 35.Rebañacucharas
36.Huelebraguetas 37.Pisamostos 38.Bailaferias 39.Saltasurcos
40.Cagatrufas 41.Meapilas 42.Hinchanarices 43.Vendehumos
44.Pechotordo 45.Asustaviejas 46.Nalgasprietas 47.Comeberzas
48.Malfollada 49.Atascaburras 50.Tumbaollas 51.Cagaprisas
52.Pichafria 53.Mamacallos 54.Pintamonas 55.Rabilargo
56.Lameculos 57.Bigotezorra 58.Cabezacanasto 59.Caracono
60.Malababa 61.Tobillocabra 62.Hocicopollo 63.Tripasdehule
64.Ojosapo 65.Bocasable 66.Ansiarota 67.Metomentodo
68.Soplagaitas 69.comestacas 70.Caracaballo 71.Picaflores
72.Abreculos 73.Tiquismiquis 74.Chupacharcos 75.Sorbelefas
76.Caraaborto 77.Tuercebotas 78.Rascaingles 79.Macrocéfalo
80.Robahuchas 81.Correveidile 82.Tragasables 83.Comeflores
84.Malasombra 85.Hartosopas 86.Perroflauta 87.Comebolsas
88.Comesquinas 89.Pavisoso 90.Rompemuelas 91.Robanovios
92.Chupatintas 93.Picapleitos 94.Matasanos 95.Correlindes
96.Cejijunto 97.Pocohombre 98.Donnadie 99.Catacaldos
100.Descocao 101.Quitagustos 102.Estripabarrancos
103.Pelazarzas 104.Cuerpocono 105.Asaltacunas
106.Pagafantas 107.Cuerpoescombro 108.Espuntaberzas 109.Peinabombillas 110.Morrociemo 111.Aburrevacas
112.Peinaovejas 113.Descalzaputas 114.Escachamatas
115.Cierrabares 116.Pinchatrenes 117. Follatabiques. 118. Juntaletras. 119. Tontolaba. 120. Mingafría. 121. Destripaterrones. 122.Soplapollas. 123. Soplagaitas. 124. Meapilas. 125. Rompetechos. 126. Abrazafarolas. 127. Cabezahueca. 128. Ojosdesapo. 129. Dientesdeburro. 130. Pamplinero. 131. Mediohombre. 132. Bocabarbo.



Alegrado el espíritu con tamaños improperios, sin ánimo de molestar a nadie, el recorrido se inició con variadas ofertas, muy a la carta del mejor postor: etapa entera, media etapa, café calentito en Sant LLorenç dels Morunys, visitas culturales. Desde La Coma, el GR 7 se inicia al paso por debajo de la arcada de una casa, para descender hasta el río Cardener que hace poco que nació: un bebé fluvial. Paso primero por La Pedra. Senda en medio de la naturaleza muerta del invierno, recuerdos del ágape navideño en el restaurante de arriba y suave ascenso por un camino, al lado de tuberías que conducen el agua que baja hasta alguna cenral eléctrica. Pronto se pasó por la Font de la Puda, agua sulfurosa, con un profundo olor, buena para el riñón, para esas riquezas llenas de piedras y areniscas en cascada.

Células

Observación de la fuente y planificación de la llegada hasta el próximo pueblo, zona de abrevadero y comedero oficioso de una parte del personal. En el recorrido por una senda con vistas al valle, un pequeño grupo díscolo y libertino la evitó y departieron de problemas divinos y humanos por zona asfaltada. No recortaron metros, al contrario, pero sí desarrollaron el orden del día muy bien documentado. Alegaron despistarse ante tan interesante y continuada conversación. Pronto aparecieron las primeras casas de Sant Llorenç dels Morunys, un pueblo vacacional con encantos naturales montañosos: embalses, la fábrica Knauf, el santuario de Lord, Mola, la serra de Busa, casco medieval bien conservado, cocas para golosos, cámping y una plaza que acogió al personal para el refrigerio.
En un ambiente distendido, alguien con buen cerebro y mejor memoria repasó las células que existen en GRMANIA. Muchas y muy variadas. Descubrió una nueva, relacionada con la ciencia, cuyo último tema que distribuyeron cuestionaba la teoría de la relatividad de Einstein. O sea, el nivel adquiere unos niveles de tanta altura que deja muy abajo a las células ciclistas o caminantes de los miércoles o sábados. Esta célula científica tan selectiva se sorprende de quien, incauto e ingenuo, presume de haber visto Mallorca desde Montserrat o desde La Mola. Al momento, tiran de archivo científico y te dejan caer la respuesta de por qué eso es imposible: “El efecto Fata Morgana, muchacho”. Quedas con ojos abiertos como platos y luego, por la noche, te regalan varias webs para que amplíes tus conocimientos. Y se agradece la deferencia, ya postrado en tu supina ignorancia.
Finalizado el condumio, varias células libertinas se decantaron por humeantes cafés, traspasaron los límites de la plaza y convergieron acodados en barras, donde se abastecieron de enervantes con gotas. Unos decían tirar de petacas, otros de Bourbon, otros de perfumados. Tan plácido fue el ambiente que hubo que ir a buscarlos, mientras en la plaza un grupo parecía extraer conclusiones de la comparativa de los bastones: miran, comparan y si encuentran algo mejor lo debaten: resistencias, calidades, duración, precio. Mientras, una unidad intentaba contactar por walkis con otro grupo que iba delante y, ante la ininteligibilidad de la transmisión se les respondió: “¿habéis soplado”? Se desconoce si antes habían pasado por locales visitados después.

Triperismo

La plaza dio paso a urbanizaciones que limitaban el pueblo, antes de entrar en la senda que conduciría a la ermita de Sant Serni del Grau. Por allí se situaba la fuente dels Enamorats.
Sant Serni (o Sant Sadurní) del Grau, ermita románica del siglo XI, a 1045 metros de altitud, con cementerio lateral y apertura en la fachada para ver un interior vacío. Cruce de caminos apto para confundirse si no fuera porque el guía estaba atento y concentró al personal allí para el ascenso hasta la carretera cercana a Coll de Jou.
Mientras las palabras no paraban de escucharse, el guía enamorado reflexionaba en voz alta sobre el futuro de un grupo con tantas células. Predijo que la evolución conduciría forzosamente a la creación de la célula del “Triperismo”, donde una avanzadilla golosa iría arrastrando al resto. Sobre el logotipo, creyó innecesario encargarlo a ningún estudio de diseño y vaticinó que el símbolo sería “una cansalada viada a la brasa” (panceta de cerdo hecha a la brasa). Por sus dotes de adivino y futurólogo alguien ya pensó en consagrarle como socio de honor.

Energías

Con la vall de Lord a un lado, la serra de Busa a otro y cerca ya del barranco de Vilamala, el entorno era propicio para informar sobre la ruta del último maquis catalán, Ramon Vilà, conocido por el nombre que ahora se le ha dado a la ruta: Caracremada. La ruta es circular, apta para hacerla en cinco días por el Alt Berguedà i Alt Solsonès, salida y llegada en Rasos de Peguera. Estábamos en su terreno y andábamos como siempre: en desbandada. Solo hacía falta mirar el último tramo: quién seguía las marcas y quiénes se abrían en abanico “a su manera”. Todos convergimos en la cerrada curva de una carretera que serpentea y deja ver, a un lado el barranco citado y a lo lejos las grandes jaulas para criar halcones con destinos árabes. Mientras, alguien se apartó del grupo para cargarse de energía con prácticas orientales.

Hostales

Ya arriba, la ruta discurría paralela a la carretera, hecho aprovechado por paseantes de asfalto que prefirieron este medio al más pedregoso y senderista. Poco a poco la ruta se adentraba en bosques de pinos para llegar hasta el Hostal del Vent: dos nombres unidos, poéticos, trasladados a una casa ya abandonada, con las puertas abiertas, inicio de la ruina, allí donde alguien vio hace años al último propietario, que se refería con melancolía a unas paredes llenas de vivencias y que quedarían a merced de muchos vientos y manos.
La vertiente del Solsonès se ampliaba con vistas al pantano de Sant Ponç, Montserrat, Sant Llorenç del Munt y el Montseny. La vía andarina discurría en paralelo a la carretera, un tramo ancho que a veces se transformaba en una senda, rodeado por encinas, con claros de bosque y alguna muy espectacular, sola, en un cruce que algunos senderistas pasaron por alto mientras se solazaban al trote en una distendida conversación. Bajaron mucho pero tuvieron que volver a la senda correcta. Se comenzaba a oír en lontananza las voces de quienes parecían ya estar trasegando cervezas en la zona final. Las piedras levantadas por las patas de las ovejas y por la peculiaridad del terreno ponían en alerta los reflejos pero el final estaba en “el de les torrades amb pa de 3 quilos amb foc de llenya”: el estaurant Cap del Pla, una vieja masía del siglo XVII que parece un oasis reconstituyente al final de una falsa llanura. Un sitio conocido desde hace años, con un fuego espectacular donde el pan de estas dimensiones cabe de sobra y se tuesta pronto. Botellas por doquier, frutos secos, mochilas amontonadas, buena conversación y gran perspectivas a un lado y al otro del lugar. Una zona muy frecuentada por esquiadores, amantes de setas, caminantes, viajeros, turistas, pastores y personas que habitan las diseminadas masías.

Emociones

La memoria no acertó a situar en el mapa urbano el lugar al que años ha se iba a comer, el casino al final de la Rambla de Solsona. Los últimos kilómetros del recorrido tipificado debían ser urbanos. Por supuesto que se visitó sin querer la entrada del seminario y de la catedral, la puerta de una insigne pastelería cerrada por vacaciones y se observaron muchas emociones colgadas de los balcones. También, letreros alusivos al pregón y al famoso burro que, por Carnaval, descuelgan del campanario y efectúa sus necesidades menores ante un público ávido de eso: más emociones. En la plaza del Ruc se sube a un burro colgado del cuello mientras el personal entona “A Solsona, bona gent”, con una leyenda curiosa que descifra de dónde viene la tradición y la nueva bebida, llamada “ els Pixats de Ruc”  Una ciudad hoy con sede episcopal, obispo joven y apuesto que no se atreve a opinar de lo que políticamente se ve supercorrecto y única vía (¡cuidado con los comisarios latentes o patentes!). Fotos ante símbolos, y dejemos el tema porque es mejor el ji ji, ja ja.
La práctica vital condujo a la comida en buen ambiente, en un casino que huele a añejo pero con el atractivo de la solera y de las personas. Repartos de dineros de reintegros, cobros de cuotas diversas, degustaciones, bebidas, opciones literarias, postres y camino de vuelta hacia el autocar.

Solsona deja entrever la zona del Prepirineo nevado cercana a la ruta hecha, la llanura, el Miracle, el mundo rural, el eclesiástico, el núcleo comercial, las tradiciones y ese conservadurismo ya habitual, con los añadidos que se quieran poner. Una opción más a gusto de cada uno.

domingo, 15 de diciembre de 2013

¡Ánimo y a seguir luchando!

Dedicado a todas las personas que han de luchar contra una enfermedad. 

Es una medicina imprescindible para conseguir la victoria. 

Y, en especial, dedicado a nuestra compañera GRMANA Sonsoles.

(Para leer el texto hay que clicar encima del título)

" Y yo con aquellos pelos…!"

Tercera etapa del GR7: de La Seu d'Urgell a Fórnols del Cadí

Desbandada libertina a este lado de la frontera

Las marcas reales e imaginarias de las fronteras más cercanas han producido un efecto diferente según en el lado en que nos encontremos. Si en la etapa anterior lo libertario predominaba en Andorra como seña de una identidad consolidada desde hace 17 años, ahora lo libertino campó a sus anchas. Quizá esta palabra sea más real que la anterior en muchas ocasiones de la historia de este grupo.

Señales

La meteorología de los primeros días de noviembre no parecía la más repetida en años anteriores. Aquellas heladas que habitualmente por estas fechas enblanquecían los prados de La Cerdanya estaban ausentes, igual que esos colores típicos de plantas que derivan del ocre al desnudo. Vivimos en medio de tantos cambios y alteraciones que la flora y la fauna deben estar desconcertadas. Árboles que pasan del verde al gris en momentos, pistas de esquí sin atisbos de la primera capa de nieve, ni siquiera artificial. En mangas de camisa, ambiente cálido y sin pensar en el porqué de todo. El tiempo es libertino porque alguien lo está haciendo así.
Pasaba lo mismo con el autocar. Nunca hasta hoy se había presentado un vehículo de 15 metros de largo y tres pantallas de televisión, con tres ejes de ruedas, para el transporte de senderistas por un entorno de montaña, con carreteras estrechas, curvas y accesos casi milimetrados. Pues ahí estaba porque fue el que le asignaron al conductor. Nadie lo pidió pero los designios empresariales debían ser así.
¿Y la aproximación al punto de salida? Pues más de lo mismo. Ir desde Terrassa a la Seu d'Urgell por el túnel del Cadí es caer en las garras de la especulación de un túnel que es un atraco muy consentido. Llegar a la ciudad fronteriza con el paraíso fiscal andorrano y del contrabando fue pasearse en dirección contraria por la carretera C14, la gratuita y nacional que nace más abajo del pantano de Oliana. Ida hasta unos kilómetros más allá para retroceder hasta la zona de casa pareadas y muy abanderadas para buscar las primeras marcas. Detrás de carteles alusivos a la feria de Sant Ermengol (donde se compran forfets de esquí de temporada a bajo precio y artesanía comestible) aparecían las señales en los alrededores del olímpico río Segre.

Brotes

El canal olímpico de aguas bravas fue una valiente apuesta para la zona y su ubicación en el deporte internacional. Toda una obra artificial que dicen que es visitada por público con ganas de enfrentarse a los rápidos que en el río normal apenas existen. Muy cerca de allí se veía una grúa de la construcción, ese escaso objeto símbolo de utópicos brotes verdes. Alguien conectó con las grandilocuentes declaraciones de políticos de allá y de aquí y quiso entrever el fin de todo lo malo, como si esa maquinaria fuera la gallina de unos huevos de oro que empobrecieron a muchos excepto a algunos. Allí cerca había ganaderos y labradores que ganaron millones con la venta de prados para apartamentos y no eran ni políticos ni empresarios. La especulación no debe distinguir entre corbatas ni manos encallecidas. El dinero no parece conocer límites.


Incidencias

En un entorno muy natural, con la sierra de La Bastida preparada para recibir al senderista, lejos ya del río Segre y cerca del torrente de Casanovas, la pista ascendía con una casa a la izquierda que aparentaba ser propiedad de alguien con el síndrome de Diógenes. Ya en el sendero, la subida era un calentamiento inicial con sorpresa. Alguien puso un fuerte ritmo al principio aunque después las toses y las fuerzas simbolizaron otras resistencias. La primera cima, el turó del Porredón (1.123 metros), desde la que se divisaba el valle del Segre cubierto de niebla. Llegar hasta aquí caldeó el ambiente y dio lugar a dos encuentros: el primero, un curtido cazador ocupaba su puesto para vigilar al jabalí en una zona muy conocida por él. Cuando se le preguntó por su olfato meteorológico y sus previsiones acerca de si la niebla seguiría todo el día o no, pareció muy seguro en su respuesta: la niebla estará aquí todo el día. Como habitante de la zona, debió tirar del archivo de la experiencia y se creyó infalible. Mientras, alguien encontró un manojo de llaves tirado en el camino. Lo recogió y, ya arriba, su dueño dio fe de su propiedad: llaves de coches y de casas, indispensables para seguir disfrutando de aquello que tantos sudores le costó conseguir. Aquí el olfato no falló. En el caso del cazador oriundo de la zona, sí: la niebla despareció al cabo de un rato.
El hallazgo nos trajo a la memoria el olvido de un antiguo Grmano, ya hace unos años, entre las trementinaires de Tuixent y la ardua labor para convencer al inolvidable chófer Demetrio de que, a la altura del refugio del Coll del Port, tenía que deshacer el camino, reseguir las curvas otra vez y buscar al exmiembro de esa logia.

Enciclopedias

Ya arriba, las vistas venían marcadas por la perspectiva y por una niebla que ocultaba la realidad mientras componía un paisaje sui géneris. Fotos de todo mientras las viandas y bebidas aparecían alrededor. Adjetivos y adornos varios, transformados en píxels y en plasmaciones tecnológicas. Los intereses corporales eran alimenticios y los ansiosos por despejar incógnitas se dirigían a “la enciclopedia” viva. Pertenecía a alguien que presumía de guiar con 16 años a un Molt Honorable President de la Generalitat en su ascensión a la Pica d'Estats, al que conoce a la mitad de Cataluña por su nombre y apellidos y ahora tiene una Fundación que se mueve en el pensamiento imperante y monocorde. La memoria enciclopedista te decía dónde estaba Andorra, la montaña más cercana y aquella del fondo, qué pasó en ese pueblo que se veía a lo lejos cuando una vecina se casó con un guardia civil y se instaló entre vecinos que vivían del contrabando, dónde se ubica el Pic de l'Orri y las antenas de Port Ainé, o el pico Salòria, o el nombre de aquel valle que terminaba en aquel otro. El guía tenía wikilocs en la cabeza, GPS memorizados por pateo de lugares y mapas desplegados en el fondo de sus neuronas.

Desniveles y rocas

Se acabó el variado menú del desayuno que respondía a una globalización que también afecta a la indimentaria: higos turcos, chocolates belgas, cervezas alemanas, mochilas chinas, zapatillas indonesias, ropa de Bangladesh, xibecas en vidrio y estrellas en lata, manzanas francesas, galletas catalanas, jamón andaluz. Al fondo, Andorra.
Una vez saciado el apetito con esos productos casi todos ellos foráneos, incluido quien es fiel al quinto de cerveza en envase de vidrio (propietario a su vez de las citadas llaves), el camino buscaba una amplia pista, no sin antes observar los restos de un vehículo abandonado aquí años ha. Esta chatarra ya hace tiempo que constaba en la documentación digital de la etapa. Alguien, en la memoria de su blog, se preguntaba cómo se podían abandonar aquellos restos metálicos en estos lares. Había observado más y, según sus cábalas, los asociaba a posibles persecuciones a contrabandistas.
El Cadí acompañaba al caminante y parecía que pedía ser tenido en cuenta. Estábamos en sus dominios. La pista rodeaba el Pui de La Bastida. El coll de Creus se escondía detrás del turó de les Forques y el GR lo rodeaba por la derecha. Pronto la pista daba paso a una senda que dejaba ver el espectáculo rocoso que se avecinaba. El Cadí nos ofrecería curiosas formaciones de un variado colorido, sobre todo los tonos ocres. El sendero se estrechaba hasta un rellano donde se consiguió algo difícil en estos tiempos: que los de delante paren y juntar el grupo, aunque sea para la foto de rigor. El ambiente libertino predominaba. Quizá comienza a mandar más la foto que el sentido de agrupación del personal. O bien que el personal sólo se junta para la foto.

Super Alfa

Entre tantas formas de rocas que no parecían ser propias del habitual paisaje del Cadí, se iniciaba la aproximación al Coll de Creus, punto de cambio de vertiente y lugar que exigía sudor y atención a posibles resbalones con el precipicio abajo. Sorprendió la construcción de un puente de madera para salvar una caída de piedras que había desmontado el camino. Fue realizado gracias a la escuela taller de La Seu d'Urgell. Una gran obra práctica, de esas que son fundamentales por su eficacia pero que nunca ganarán ningún premio por que no son originales. Antes de acometer la vertiente sur, el esfuerzo hizo posible ver el Cadí desde la cima, con el pueblo de Adraén a un lado, punto que sirvió para que el que lo sabe todo de la Cataluña pateada explicara que era un buen inicio para encarar las cimas de esta cadena de montañas del Prepirineo. Llegados a este punto se produjo un descubrimiento sólo apto para el pequeño grupo. Allí los oídos más atentos consiguieron descubrir quién es la persona Super Alfa de GRMANIA. Pero descubrir el nombre forma parte del reto de la observación de cada caminante, fijándose en esos pequeños detalles que son las pistas para despejar la incógnita.


Afrodisíacos

Qué mejor que hablar de productos que levanten el ánimo para afrontar lo que vendría después. En el puerto se oyó una conversación digna de los anales de la literatura erótica. Alguien repartía chocolate y hubo quien mencionó un estudio científico norteamericano que relacionaba el consumo de chocolate y el hacer el amor. Se refería a mujeres y el estudio lo firmaban mujeres, las cuales establecían relaciones entre aumento de consumo de los derivados del cacao y menores relaciones sexuales. Inmediatamente una Grmana respondió: “A mí no me gusta el chocolate”. ¿Conclusión?... Mientras, había hombres que lo consumían con gula.

Pérdidas

La bajada por la vertiente sur dejó ver el pueblo de Adraén al este y una gran casa de pagés con animales a la derecha, de esas que aún sobreviven al abandono rural. En medio de frondosos bosques de pinos, se iniciaba la aproximación al punto fatídico, uno más en el largo historial de pérdidas que va a más: el río Bona. Llegar abajo exigía franquearlo y fijarse bien en las marcas. Pero no. Quienes tiraron en otras direcciones se olvidaron de la larga y ancha pista que acabaría en el coll de Bancs. El paso del afluente fluvial del Segre dejaba ver huertos abandonados y pinos que parecían atalayas para dar sombra al caminante sudoroso.

Libertinaje y desbandada

Hubo maridos que perdieron a sus mujeres, grupos que no encontraban el camino y un intrépido guía presto siempre a ir a rescatar a quienes no encontraban el rumbo. Poco a poco aparecieron arriba, a 1395 metros, en el coll de Bancs, todos pero a cuentagotas. Una mirada atrás y al fondo estaba el Coll de Creus, detrás el Tossal Rater y debajo el escondido pueblo de Adraén. El área de coll de Bancs era un cruce de caminos con el Port del Compte y la Serra del Verd al fondo.
Y allí se produjo una de las históricas desbandadas de GRMANIA: el autocar que no llegaba, el camino que no se encontraba, el guía que no aparecía, una familia que debía alucinar con el espectáculo humano, en una mesa reparto de tentempiés, hombres que no sabían dónde buscar a sus mujeres y sólo querían seguir caminando.
Una vez casi todos arriba, se produjo una desbandada digna de foto aérea. Todos andando, buscando y “cada uno a su bola” hasta que hubo orden y concierto, con el autocar ya esperando al grupo B que acababa aquí el recorrido. Los carteles explicativos de coll de Bancs fueron ignorados pero las marcas halladas sirvieron para llegar a Fórnols.

Consignas

En medio de maleza de todo tipo, señal del abandono agrícola y forestal, Fórnols se veía en lontananza, con esos perfiles aptos para fotos, postales, pesebres o álbumes idílicos quizá para todos menos para quienes lo habitan. Decorados urbanos: una barca sin mar, segadoras sin hierba, herramientas del campo colgando de los porches de las cerradas casas. Valles del Cadí, de La Vansa, lugares no tan explotados como La Cerdanya pero que no tienen nada que envidiarle. Sitios de artesanos, de neorrurales, en especial Ossera, con una comunidad de artistas, granjeros y expertos en plantas medicinales. Ya no hay trementinaires pero sí infusiones, homeopatía, medicina alopática, esencias y existencias variadas.
Al llegar a Fórnols se produjeron dos hechos sin precedentes, hubo dos consignas dignas de mencionar. Un pueblo con un solo bar y dos avanzadillas diferentes, enviadas para hallar un abrevadero público con servicio de expendeduría de bebidas y con licencia fiscal, tratando de demostrar que había que ir al bar recomendado por cada grupo cuando en realidad ambos se referían al único bar del pueblo. Una imagen simpática que trastocó los parámetros de una Grmana que había traído a familiares invitados a la etapa. Ante esta situación, reflexionó en voz alta y determinó que nunca traería a nadie más, vista la imagen que se daba. A lo que otro Grmano le respondió que si no los invitaba más ellos se perderían disfrutar a fondo del libertinaje de más de 17 años de GRMANIA con final feliz. Total, Bélgica funcionó muchos años sin presidente y no digamos cómo nos encontramos aquí.
Una vez consensuadas ambas propuestas, no había elección. En ese bar convergía otro grupo excursionista y la dueña se la veía atacada por un nerviosismo extremo. Tanto gentío en un lugar tan tranquilo la sacó de quicio. Y eso que, bien visible, en un pueblo con las habituales esteladas, figuraba un cartel en castellano: “El vivo vive del tonto y el tonto de su trabajo”
“El Paller de Cal Coma” era el sitio donde se iba a proceder a la habitual imagen prenavideña del traspaso de dinero de unas manos a otras por culpa de ese juego en que el Estado se queda con el 20% de los premios mayores, y al que le salió un competidor autonómico con la imagen femenina de una señora gorda, y que ningún grupo feminista se ha atrevido a criticar: ¡tan tierna nuestra tieta! Todos luchan por el dinero de los bolsillos ajenos: lo que se lleva es esquilmar y favorecer el juego, abusar de la solidaridad de la gente común mientras los poderes recortan gastos sociales y engañar con la bondad ajena y la pseudorreligión de la ayuda, cuando la corrupción y la especulación campan a sus anchas.
Ante tanto papel en venta y pecunio de mano en mano, el coordinador propuso “una secuencia”. ¡Buena ocurrencia en tamaño grupo!. La propuesta oficial era: primero la devolución de Gisclareny, luego el cobro del autocar, después la venta de la lotería oficial para acabar con la lumineta y otras loterías privadas. Ya sabe, el libertinaje campó de nuevo a sus anchas.
De vuelta, en la bajada del puerto de Josa de Cadí, un Grmano experto en perseguir amaneceres en La Mola se mareó y hubo que prestarle auxilio humano. Menos mal que el agua de la fuente de Gósol y las bromas funerarias le revitalizaron luego. Se recuperó mejor después cuando las múltiples pantallas del autocar ofrecieron la película con nombre de apellido Grmano: “Troya”. Empezó con una buena pregunta que puede servir para el final de etapa: “¿Tendrán eco nuestros actos con el devenir de los siglos?”


martes, 5 de noviembre de 2013

Segunda etapa del GR7: de Les Escaldes al Punt de Trobada

               ¡Por fin libertarios en Andorra!


* Gisclareny 2013: cambio de menús y de tendencias


¡Qué curioso es acceder a Andorra en autocar muy de mañana y hacerlo de manera solitaria, como si fuera el primer cargamento humano listo para vaciar algunos estantes de los supermercados y “quemar” la banda magnética de la tarjeta de crédito o débito! O huir de ciertos festejos trasnochados para reencontrarse con mínimos descuentos en bienes de consumo habituales. Pues no era ni el momento ni la finalidad de quienes dejaron atrás “punts de trobada” que sí harían su función al volver. En la subida hacia el punto de partida de la segunda etapa del GR 7, en Les Escaldes, se produjo un encuentro publicitario de grandes dimensiones con la Banca Mora y sus argumentos para invertir, mientras un poco más arriba había dos edificaciones con o sin aparente conexión con el mundo financiero: el matadero y el centro penitenciario del país de los Pirineos. Alguien oteaba el horizonte por si encontraba la otra punta de este triángulo vital: el cementerio. Solo se acertaba a ver el hospital Nuestra Señora de Meritxell (más vitalidad) y la punta de la torre de la catedral andorrana del agua: Caldea (limpieza vital). Y, de subida, la delegación de una empresa pesquera gallega cuyo actual presidente es el propietario de una afamada cervecera (DAMM), encausado en un fraude de 74 millones de euros, con una fianza hoy de 1.400 millones impuesta por el juez Ruz. Una de las “estrellas doradas” de la corrupción: de Barcelona, que se codea con lo mejor de cada casa y se autoproclama de los más patriotas.

Inicio

Allí cerca se comenzaron a ver las edificaciones al fondo, la vida abajo en el valle, y más perspectiva habría cuando se inició la subida desde los 1.023 metros hasta los 1.735 en apenas cuatro kilómetros. Con cuatro grados de temperatura entrar en calor llegaría pronto. Curiosa esta vida de caminante, en que se empieza sin calentar en medio de un frondoso bosque de pinos derechos como una vela. A aquellas horas iniciales de la mañana, la progresión del ascenso no facilitaba pruebas de lo que vendría después: esas curvas de nivel que, bien sudadas, obligaban a quitar ropa, a pararse a coger aire y a tener malos pensamientos hacia quien se le ocurrió empezar de esta manera. Pero no había otra alternativa. Había que llegar a la cima del collet de la Palomera. Desde allí se veía el valle de La Valira, el Salòria y, al fondo, el Alt Urgell,

Al sol

La distancia entre la cabeza y la cola fue considerable, acrecentada por un cansancio bien documentado en cada tramo y continuamente retransmitido vía walki con una frase lapidaria: “Esto no se acaba nunca”. El mejor wikiloc, mapa o GPS eran las gotas de sudor que bajaban mientras no se paraba de subir. A aquellas horas y en zona de sombra con buenos desniveles, buscar el sol exigía llegar arriba y triscar por las peñas que comenzaban a dorarse con los primeros rayos. Los que llegaron fueron a por ellos y los encontraron arriba. Los últimos lo disfrutaron más abajo. Galileo podría aportar pruebas evidentes de sus teorías y sería bien entendido, no como en aquellas épocas.
Alguien comentó que una buena forma de terapia en GRMANIA es el escarnio público ante supuestos errores. Que el procedimiento siga con el respeto de siempre. Si tampoco reímos aquí, ¿dónde sino?

Acumulaciones

Las máquinas al final verificarían que los 992 metros de desnivel positivo junto a los 921 de negativo hicieron mella en los espíritus y en los cuerpos. La altura junto con el sudor deben tener propiedades extrañas: el elixir de un GR pirenaico en sus inicios. A 2,5 km por hora: velocidad muy respetable entre público que ve lejos la juventud y cerca otras edades. En estas circunstancias, la rebelión o el motín no tocan aunque a menudo el cerebro produce pensamientos negativos mientras la distancia entre grupos se acrecienta.

Libertarios, no libertinos

He ahí la expresión ratificada a lo largo de tantos años de ponerla en práctica: nuestro principal sello de identidad que alguien tuvo que recordar. En estos tiempos de control, de pensamiento único y de manipulación de nuestros cerebros, menos mal que la socorrida frase de “salimos cuando queremos y llegamos cuando podemos” demuestra que en la entropía el desorden también ayuda al orden. Que la libertad no es libertinaje. Juegos de contrarios que abundan en muchos órdenes de la vida. Y que nadie se rasgue sus vestiduras mentales. A estas edades, que tampoco sean las ropas físicas: la ética por encima de estéticas ya alteradas por los años.

Bordas y lujos

De bajada a niveles más vivibles se pasó por una de esas bordas que aún no se han reconvertido en viviendas de lujo o restaurantes. La puerta, abierta. Una fuente a la entrada. Dentro, evidencias de que las vacas dormían allí. Símbolos de esa Andorra rural que sólo se aprecia si la caminas a estas alturas. Pero, más abajo, esas urbanizaciones que por fuera respetan la estética de la pizarra y la piedra y por dentro responden al lujo y mobiliario del poder económico de sus amos. Trabajadores de diferentes procedencias mantenían aposentos de públicos que bien podrían ser los jefes de Banca Mora. Mientras, la bajada al asfalto era un amago para ascensiones posteriores. Los primeros oasis en curvas del camino simbolizaban la vida que fluye, las aguas que confluyen al final en el río Valira y después en el Segre en La seu d'Urgell.

¿Y el otoño?

Las subidas, bajadas y caminatas por la exuberante vegetación bien regada por la abundante agua no daban señales de que estuviéramos en otoño. No se sabe si es calentamiento global o procesos normales de la naturaleza en esta civilización peculiar. Pero el colorido de la estación más fotografiada del año apenas se percibía. Y eso que el GR recorría longitudinalmente Andorra a 1.300 metros de altura, seguía el tumulto comercial. Del cual apenas se veían los tejados de algunas construcciones que, si eran edificios comerciales, a veces se aprovechaban para aparcamientos. Enfrente, en la otra parte del valle, carreteras y pistas a alturas bien aprovechadas. Se caminaba en paralelo a Santa Coloma, Aixovall, Sant julià de Loria (Naturlandia abajo y la estación de esquí de fondo La Rabassa arriba), Certés, Llumeneres, Aubinyà, Juberri (nombre de connotaciones vascas: Berri significa Nuevo) y el centro comercial El Punt de Trobada en vez del destino natural: La Farga de Moles. Huyendo del comercio pero con fin en el Punto, o sea, en el quid de la cuestión.

Aromas

Ya habían advertido que los campos de tabaco, ya cortado, abundarían por el recorrido. Esa planta que colgaba de las vigas de casas muy bien aireadas. Del verde al marrón hasta marzo, muy venteadas en esas altitudes. Era el tributo a la compensación arancelaria por los permisos para la venta de marcas foráneas que colonizan el territorio y acrecientan las ansias del contrabando: la economía sumergida a base de eludir los impuestos a los Estados que se benefician de drogas legalizadas por ellos mismos. La salud importa pero se ve que no es incompatible con la creciente fiscalidad ni con los bares expeditos de humos diversos. Las máquinas retrataban esas ajadas hojas como recuerdo para algunos del origen de aquellos placenteros aromas: el elixir de una época que ahora se cambia por salud, vitalidad y el aire puro de estas alturas. Las endorfinas como compensación a otras carencias.
Jóvenes labradores recogían enormes calabazas y explicaban el proceso del tabaco. También podrían haber explicado su peculiar reciclaje de los bastones de caminar y de esquiar: les servían para delimitar las fincas de tabaco.
Más allá, granjas de vacas vigiladas por malcarados perros que ahuyentaban al caminante sin salir de su radio de acción. Cerca, enormes fardos de plástico, herméticamente cerrados para que la hierba fermentada acabara bien su proceso. Aun con todo, el penetrante olor traspasaba hasta los primeros resfriados.

Balcones

El GR parecía esculpido en la piedra con tramos aéreos, pasos estrechos y precipicios disimulados con la vegetación de la zona. El sube y baja continuo proponía amplias panorámicas, balcones sin barandilla y piedras trabajadas para favorecer el paso. Era la otra Andorra al alcance de unas zapatillas de montaña pero eso sí: ¡ojo avizor!

Identidades

La avanzadilla inicial no supo hasta el final cómo iba el desperdigado pelotón y el rifirrafe que se produjo a la hora de ejecutar un plan B que bien podría haber sido también el plan A. Algo debió pasar cuando la cara de un formal Grmano pronunció una frase lapidaria: “¡Nunca más!” En “El Punt” hubo un encuentro diverso: los primeros con grandes jarras, los segundos contentos, y los del autocar con división de opiniones e interpretaciones. Algunos enfadados, con atisbos de mandíbula desencajada. Una estrecha carretera hizo estragos en el chófer y pasajeros al pretender hacer efectivo el “de puerta a puerta”. De ahí las caras largas, los bramidos, los bufidos encubiertos y el nunca más de gente muy moderada. Todo junto trajo consigo una excelsa reflexión nocturna en la que se glorificó la base de GRMANIA: el espíritu libertario, el “tans caps, tans barrets”, la sensación de caos aparente que siempre acaba bien. Después de más de 17 años de existencia, esta etapa confirmó las señas de una identidad muy consolidada. Ni walkis al final, ni avanzadillas ni normas, estatutos o similares. La identidad libertaria nos une a estas alturas de la existencia: aunque solo se vea en cada GR. Y esto ocurra en la casi medieval Andorra.

El Punto final

Fuera, en la carretera de entrada (o de salida, según se mire) colas de vehículos. El amo de un lujoso coche que se quejaba porque el enganche de la mochila y un bastón de un Grmano le tocaron la impoluta carrocería.  Aglomeración humana dentro del Punt de Trobada. Como si lo regalaran todo. Expendedurías de potingues a los que acudían personas a pedir las marcas de alto standing en oferta permanente. Una señora montó una gran cola por querer aplicársela allí mismo a su hijo y pretender ver ya los efectos. Tan monos ambos. Grmano con una garrafa de alcohol para alquimias etílicas. Cajas de puritos de marca. Los añorados paquetes de azúcar. El chocolate. Y el autocar. Cerca: el punto de salida. Con una duda: ¿lo libertario es sello de calidad, de distinción o significa estar en beta permanente?


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Gisclareny 2013: cambio de menús y de tendencias

Alguien decía que Gisclareny tiene un toque mágico, se mire para donde se mire. Quizá ésta fue la razón por la que Mosen Cima se instaló aquí después de probar otros lugares anteriores. La amplitud del fondo, el Pedraforca, Sant Miquel de Turbians, la soledad y la cambiante meteorología o la magia de un lugar que ya forma parte de nuestra pequeña historia. Pero se avecinan cambios.
En esta ocasión, el acopio de víveres fue eficiente pero el momento vital del consumidor final ya no es el que era. Mucho personal, casi se colgó el cartel de “completo”, toques románticos de Grmanos para que no todo fueran los placeres de la gula pero al final hubo unos excedentes alimentarios que bien hubieran merecido la entrega posterior al Banco de Alimentos. También puede que influyera la semioculta planificación cultural que un sesudo equipo quiso infiltrar en los momentos anteriores o posteriores a la cena conventual del sábado.

Menús

La tentativa inicial a resolver la cena del viernes con preparados diversos e individuales quedó definida gracias a la predisposición de quien tiene tiempo libre, sabe olisquear por los mercados, detectar alimentos de calidad y escoger lo mejor para su público más fiel: butifarra ibérica y chistorra de la mejor calidad, junto con las ensaladas del Capitàn Enciam, decoradas con los agridulces granos de la otoñal granada. El resto de condumios ya estáaban consolidados por la fuerza de las buenas costumbres y las manos de quien sabe batir huevos, hacer tortillas o sorprender con aperitivos con aromas de la nocturna chistorra.

Mesas

En Gisclareny hay dos mesas eucarísticas: la más alargada para estar sentados, disfrutando, pasando platos, viendo, consumiendo y departiendo hasta sobre el informe PISA. Y la más corta en la cocina donde, mientras se prepara el ágape oficial, discurre el pequeño bocado, la tapa, el platillo, el trago corto pero continuado, la bolsa que se abre, el embutido que se trocea, la sorpresa de quien aporta lo inesperado.

Bebidas

En esta ocasión la cerveza quedó en un muy segundo plano. El rey indiscutible fue el vino, con lo que habrá que tomar nota y evitar ser unos lateros en el alto Berguedà: en porrón, en botella, en trago largo o corto, cualquier formato era bien recibido. Pocos restos de botellas olvidadas y mucha apertura. Hasta hubo que enviar un SOS a quien venía más tarde para abastecer a tantos catadores de Somontanos, Riojas o licores artesanales y muy consolidadas Ratafías.

Culturas

En diferentes mentideros corrió el rumor de que dos personas preparaban una oferta cultural para antes o después de la cena del sábado. Querían aportar un toque reflexivo al encuentro y que fuera más allá de lo tradicional. Parece ser que el actual Papa era el inspirador de la propuesta, que se ofrecería de manera voluntaria en un reservado de la casa. La idea maduraba pero la localización temporal no encajó. En realidad, la mesa de la cocina era una dura competencia a aquella otra cultura. Allí se trabajaba a fondo la marca del vino, la denominación de origen del chorizo, el aderezo de las conservas en vinagre, el gracioso toque a los huevos o la forma de revolver aquellas patatas que esperaban el toque definitivo de la maestra de este arte culinario. Al final, parece ser que se optó porque la nueva propuesta fuera por la vía digital, con lo que en un futuro habrá una posibilidad más para pensar en nuestro yo interior.
No obstante, la otra cara de la moneda fue la repetición de la clase magistral sobre astronomía. Allí, con las estrellas como techo y la estelada en un mástil, el público rebobinó los aprendizajes olvidados por quien tanto esfuerzo pone en tamaño empeño año tras año.

Caminos

El día fuerte, el sábado, el equipo A llevó a cabo una ruta por una zona de Cavalls del Vent hasta llegar als Empedrats, para después ascender casi al Coll del Pendís, bajar por el refugio de Sant Jordi (donde explicaban por qué ya no dejan entrar ni las mochilas a las habitaciones), seguir por Els Empedrats y volver a Gisclareny por un sendero de gran recorrido. Quien sabe de tortillas y tiene una mano excelente para manjares diversos diseñó un recorrido exigente, precioso y con fuertes desniveles. Por ella no pasan los años. De los 900 a los 1.400 metros, bajada, subida a 1.600, bajada de nuevo y última subida para bajar a Gisclareny y subir de nuevo hasta El Roser. Más de nueve horas por en medio de bosques llenos de setas, la humedad de las sombras, fuertes subidas, el refugio de Sant Jordi, el agua, las piedras, los senderos camuflados con árboles cortados. Agradable encuentro con los equipos B y C antes de llegar al aula de naturaleza de La Salle (al final de Els Empedrats), mientras manos expertas buscaban y siempre encontraban setas por los alrededores de la casa.
Si la meteorología fue la adecuada, la compañía fue aún mejor. Que los ánimos no decaigan y la tradición siga perpetuándose. La magia de Gisclareny vale la pena.

Evaristo








sábado, 28 de septiembre de 2013

Primera etapa del GR7: de Grau Roig a Les Escaldes (Andorra)


¡Decidido! Contra la claustrofobia, la cima de Els Pessons



El GR7 , primer sendero de Gran Recorrido (GR) que se marcó en eso que es o forma la Península Ibérica para unos y España para otros (escoged, por favor, y aquí “se os verá el plumero”), ya le resulta familiar a GRMANIA. Tiempo ha que se hizo de abajo arriba. Ahora, al revés, o sea, desde Andorra hasta la Comunidad Valenciana (fin en Fredes, Castellón). Un largo recorrido que forma parte del gran sendero europeo E-4 (de Tarifa a Esparta), es decir, una muestra de apertura hacia otras realidades, pasando por varios países y demostrando la inoportunidad de unas fronteras que ponen barreras aún franqueables (hasta hoy) al caminante multicultural (contra la claustrofobia).
Plantearse este GR es elegir pero con la libertad que comportan los condicionantes: si una vez se hizo en dirección norte, la elección es relativa pero existe. No hubo votaciones para la decisión final, aunque quien quiso opinó y quien se calló adoptó la decisión de quienes aportaron sugerencias. Al final ese reducto de “hombres Alfa” (ellos: ¿quiénes son?) parece ser que bendijeron la consumación final.
Pero, antes de la primera etapa, ya se plantearon dos vías para caminantes y sus gustos, ante las dificultades de la alta montaña:
Vía uno: Grau Roig/Les Escades: 18'5 Kms, la dura, desnivel positivo y negativo de 2.500 metros.
Vía dos: Encamp/Llac Engolaster/Vall Madriu/Les Escaldes 9,5 kms y unos 1.000 mts de desnivel positivo y negativo. La blanda, recomendada para la mayoría, incluido quien la recomendó.
¿Habría una tercera vía? Quizá: por ejemplo, acompañar al conductor pero, con las condiciones del vehículo, a ver quién se atrevía.

La partida

Para llegar hay que salir y hacerlo en un artefacto que deshonra a la marca de la estrella que lucía delante puede ser más que una aventura. El ronroneo típico de Mercedes se transformó en paradas inoportunas en cualquier sitio. Y eso que apenas se habían recorrido escasos kilómetros. Alguna mente en la parte trasera sugirió que lo mejor sería elegir: entre ir al aparcamiento de la empresa y cambiar los problemas por soluciones o continuar con una máquina a punto de pararse. Pero la supuesta libertad estaba condicionada por muchas circunstancias. A estas edades las utopías son eso. No, el conductor no volvió sino que se atrevió a encarar la ruta hacia el puerto de montaña más alto del Pirineo: pasar de 200 metros a los 2.408 del puerto de Envalira con semejante carruaje le debió resultar un desafío extremo (con permiso del paisano Jesús Calleja).

La ruta

Las decisiones del que manipulaba el volante se debían basar en la ignorancia, el atrevimiento o el puro reto. A veces pasa eso: elegimos sin saber y optamos por posibilidades peores que las presentes. O el sentimentalismo puede más que la razón.
La ruta de los buscadores de setas en otoño ya estaba operativa y llena de quienes son voraces en la búsqueda de sitios privilegiados y no compartidos.
El silencio habitual del personal, una vez los saludos y parabienes de rigor después de tanto tiempo sin verse (desde junio) sirvió para acomodarse a las tres horas de carretera y auscultar cómo respondía el motor en cada momento. En el ambiente se acumulaban vivencias estivales y una realidad social condicionada por muchos factores. Y, ante el momento presente, callar es una solución muy respetuosa pero no es irrespetuoso argumentar, aunque no haya entendimiento final: ¡viva la discrepancia!. De lo contrario habrá que disimular y hablar de la meteorología, del bodrio televisivo de turno, de achaques diversos o de cuánto queda para la jubilación (si aún no ha llegado y se espera con ansia: ya veremos cómo discurre y cómo sienta o cuánto dura eso de ser de “las clases pasivas”).

Vidas

Llegado el caso, quien entiende de edades y de cuidados finales (físicos y mentales) se atrevía a sincerarse en voz alta con la realidad de la “edad dorada”: la base de la felicidad diaria es comer y cagar. Cuando hay disfunciones en estos procesos vitales, mal vamos. Una dama se interesó por la otra función, con una comparativa como respuesta del susodicho sujeto: el sexo es como la Coca Cola (agudicen el ingenio e interpreten: vean clases, burbujas, agitaciones, potencia y desgasificación: la chispa de la vida, en su recta final)
Hubo un amago de planteamientos de la actualidad más reales, ahora en el candelero. Ese país innombrable es como el toro de la Vega de Tordesillas: cuántas figuras literarias condenarían el ejemplo o lo extrapolarían a los buenos, a los inmaculados; pero no a quienes tienen toros aquí, cerca de donde acabaremos el GR7, pero a su manera (en secreto: fariseísmo ya en el poder), a quienes sólo informan en sus manipulados medios de ese país (la voz de su amo) con lo más malo de lo malo. Por cierto, el alcalde de Tordesillas  dice que el toro siente dolor pero no sufre. Quizá el alcalde tiene actividad cerebral pero no piensa.  Claro que, hablando del género bovino, mejor fue escuchar a quien en el puerto de Puymorens, a 1.988 metros, vio pastar “entrecots” de altísima calidad.
De alguna neurona muy oportuna surgió ese personaje que tanto necesitaríamos en este momento aquí: nos sometería a una terapia de humor negro y realidades sin colores ni trapos diversos. Groucho Marx, el de frases como ésta: “Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de miseria” (podemos ganar en higiene mental consultando sus aforismos aquí: Gruocho). Clarividencia máxima mientras se observaban los tonos grises del paisaje de alta montaña, preparado para las próximas nevadas. Caminos franceses con cadenas para impedir el paso: a buen sitio vamos para encadenarnos, en un momento en que muchos estamos hartos de tantos yugos mentales que nos impiden ver el bosque. Ansiamos subir als Pessons para despeñar tantos prejuicios, ver el mundo sin fronteras, sin esa claustrofobia opresora y cerrar esas zanjas mentales que hacen daño a todas las edades, incluyendo la infancia manipulada por ambos lados (a eso hoy se llama formación y educación como debe ser: en otras épocas, se denominaba Formación del Espíritu Nacional o FEN. Pronto el diccionario de eufemismos será el único oficial).

El silencio hablador

El ruidoso motor poco a poco enfilaba alturas, pasaba fronteras y llegaba a la cumbre: el puerto de Envalira ofrecía buena visibilidad y una serpenteante carretera de bajada. ¡Qué proeza ser capaces de hollar los 2.408 metros con tamaño monumento para el desguace!
El silencio de la bajada se veía interrumpido por las típicas bromas (de dudoso gusto pero sí de risa, visto el estado de la chatarra y las ganas de vivir del personal) de bajar en punto muerto, que la velocidad se saliera o cómo tendría los frenos. El aparcamiento de Grau Roig recibiría a una parte del grupo con los cinco grados de temperatura a las nueve de la mañana y las próstatas a punto de sucumbir. En medio de la maquinaria de acondicionamiento de las pistas de una de las mejores estaciones de esquí del Pirineo (Grandvalira), había que buscar el camino y evitar pérdidas de otras épocas. Todo el dominio esquiable era una señal del progreso iniciado en 1956 por Francesc Viladomat, un ejemplo de esos andorranos que supieron mirar más allá, crear tiendas de deportes con su apellido y fusionarse con las estaciones de al lado para ampliar valor y estructuras comerciales.
A aquellas horas el silencio solo era interrumpido por algún vehículo y por los intrépidos caminantes, sin mapa, con una localización casi dibujada a mano y GPS con traks correctos. Las dudas iniciales se solventaron pronto y la subida hacia el Llac dels Pessons, a 2.350 metros, consiguió sus objetivos. Allí al lado, uno de los mejores sitios para descansar del esquí, el restaurante ahora cerrado, el primer lago y los amplios horizontes. Parejas de excursionistas franceses vieron al grupo reponiendo fuerzas en una zona donde las marcas habituales del GR aportaban la seguridad no encontrada años ha.
La subida estaba ahí, con el Montmalús (2.782 metros) a la izquierda, el típico lugar para iniciarse en el esquí de montaña, y los recuerdos de antaño de la pendiente tan pronunciada. Esta vez no había pérdida. La senda estaba clara, aunque fue habitual que quien iba delante quisiera atajar por vericuetos sin señales: “Tú tienes mucha táctica pero te falta bastante estrategia”, le recordaba un experimentado caminante al aprendiz de turno. El grupo se estiraba y las distancias aclaraban la situación: escoger una vía u otra condicionaba las fuerzas. Si te confundes y eliges la vía más larga y difícil te arrepentirás, y más si a estas edades no abandonas los continuos entrenamientos. La máquina funciona pero necesita actividad.
Ya arriba, el paisaje era monocorde en la cercanía y amplio en perspectiva: el Aneto y La Maladeta, restos de nieve y la amplitud que ofrecía la perspectiva de Els Pessons (2864 metros). Foto de grupo y el pensamiento de quien ve que los problemas quedan abajo y el mundo es grande. La imagen mental eran los dominios de Grand Valira (¡qué recuerdos de tantas vivencias con esquís!), el blanco de la maquinaria que impulsa los remontes en medio de las pistas, al fondo y a lo lejos las emblemáticas antenas que dan nombre a una pista de esquí (una acabada y la otra abandonada), el dibujo de la carretera hacia el port d'Envalira y esa soledad que puede propiciar estar en contacto con la Mente Universal. Un silencio propicio para que, quien forma parte de esa denominada “mayoría silenciosa”, sopese que se ha de hablar, atreverse a plantear los temas más con racionalidad que con sentimientos, valorar el pensamiento monocorde de un lado y de otro y ver cómo las alturas pueden oxigenar los cada vez más programados cerebros, en unos tiempos de sobreabundancia de información pero poca reflexión.

De bajada

De Els Pessons hacia la entrada del valle declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 2004: la Vall Madriú. Varios lagos y el embalse de l'Illa, con una bomba mecánica que, a esa altura, parecía drenar el pantano para desconocidos fines. El recuerdo de la travesía de Cap del Rec, el refugio de trabajadores acondicionado para caminantes y montañeros y la amplitud del valle abierto que se iría cerrando a medida que bajáramos. Les casas de ganaderos o Bordas, la riqueza del agua, el río cercano que se separa, penetra en el fondo pero vuelve a estar a tu lado más abajo. El valle glaciar en forma de “U” sorprende continuamente e invita a paradas, fotos, pesca de truchas sin muerte, paseos, acampadas, excursiones laterales y a reponer fuerzas con o sin los pies dentro del agua fría.
Hubo personajes curiosos, como el vasco de Donosti que iba solo de refugio en refugio mientras recorría el GR 11. O excursionistas con enormes mochilas, o personal de GRMANIA que se acogió al plan B pero no se salió del guión previsto: cuando el guía les invitó a subir hasta un refugio de más arriba, alguien con mente práctica le hizo ver que nadie le acompañaba. O sea, él siguió su camino y salió al reencuentro con el grupo que bajaba, en el refugio donde estaba el donostiarra. La solaz parada sirvió para refrescarse, descansar y observar cómo la vida pasa en la alta montaña. Mientras, quizá aquejados por el mal de altura o desvaríos propios de la edad, algún grupúsculo muy controlado hablaba de textos fuera del pensamiento único que algunos quieren imponer a esa mayoría silenciosa. Y citaban artículos que quizá hayan leído los talibanes de turno (de un lado y del otro), cuestionables como todo y con la otra corriente de opinión como necesario contraste: autores en el ojo del huracán, que escriben en esa lengua ( o sea, ésta) catalogada por miembros de no sé qué consejo nacional como “lengua muerta”: JavierCercas, Jordi Évole, Mario Vargas Llosa o Risto Mejide (uno y dos).
Mientras, hubo quienes en Twitter decían que su censura fue tal (los algoritmos matemáticos de la red social hacen esto a veces) que tuvieron que esquivarla acudiendo a las gustosas y opinables “croquetas”.

Decisiones

Ya con energía en el cuerpo, el camino se encajonaba, perturbado el silencio por helicópteros que transportaban objetos sin parar. Quien hablaba se refería al comentario anterior sobre una multa que un radar le puso a alguien, no hace mucho, en una carretera de su entorno. Y el tema encadenó comentarios diversos: nadie nos ha consultado sobre si queremos radares o no, ni dónde colocarlos; o sobre si se debe destrozar la sanidad y la educación públicas; ni si los corruptos deben pasearse por los centros de poder político y económico; o qué hacer con tantas personas malnutridas y con quienes han hecho que esto pase, a pesar de que las autoridades de buen ver niegan las evidencias. Quizá deberíamos pedir ser libres para todo: con la sorpresa de que pensábamos que ya éramos libres desde hace años y ahora alguien descubre que aún no.
Decidimos seguir y acabar en Encamp, al lado de una gasolinera de bandera de empresa conocida, cerca de esa torre en forma de iglesia dedicada a la limpieza y al acondicionamiento corporal: Caldea. Había un autocar pero no era el esperado. Grupo disperso, la hora que aprieta por temas de tacógrafo y normativa de tráfico que tampoco nos han consultado, cruce de una carretera por una zona peligrosa y reencuentro final.
Los penúltimos abrevaban cerveza en una terraza de la vacía Andorra, una imagen muy alejada de la de otros tiempos. Alguien buscaba desesperadamente comprar una lata en cualquier sitio. Pero el deseo no se hizo realidad: nadie le vendió en Andorra la deseada cerveza envasada. Mientras, se oyeron bromas (o no) sobre si habrá que invadir pronto este país pirenaico, si habrá que copiar su modelo, o firmar pactos o utopías al uso mientras se contemplaban las sedes de bancos en un paraíso fiscal sin sindicatos para la defensa de los trabajdores, con algunos implicados en mafias diversas dentro del poder que decide una sola vía, apellidos de rancias familias que lo controlan todo y estructuras casi feudales que dependen de un obispo y de un presidente, ambos extranjeros. También se citó esa idea tan brillante de pedir ayuda a las tropas francesas: estrategia militar de altísimo nivel intelectual. ¿Este será el modelo con el que sueñan?

Al final, mientras el sueño acortaba el camino, no hubo problemas para llegar a tiempo al punto de destino. Una primera etapa agitada por circunstancias diversas pero con final feliz.
Y, para reforzar lo bueno de la humanidad (contra la cerrazón de miras: no a la claustrofobia), os recomiendo ver este vídeo: toda una lección. Dar es comunicar. (noticia El Periódico: para entender el vídeo).

Evaristo





domingo, 9 de junio de 2013

GR 7: con su permiso, volveremos a recorrerlo después de 10 años pero al revés


LOA AL GR 7

Nuestro coordinador general me ha propuesto que tire de disco duro y presente el GR7 a partir de las vivencias de hace diez años. ¿Cómo negarse a las órdenes de tu inmediato superior en los tiempos en que estamos? La mejor puesta en sociedad del GR es que después de tantos años queremos volver a hacerlo. ¡Qué ganas de patear de nuevo la ruta que, aun naciendo en Esparta y acabando en Tarifa, nosotros la repetimos desde Andorra! O sea, podemos comprar un cartón de tabaco en El Punt de Trobada, aromatizarlo en Rasquera y llevarlo hasta Tarifa, que es donde el GR acaba. Y de allí bajarlo al moro y reconvertirlo con otras hierbas.
Loar y glosar el GR7 puede ser tan largo como el recorrido hasta nuestro destino final en Fredes, en Castellón. Pero lo acortaremos. Un sendero que fue el primero que se marcó en todo el Estado, en 1974. Como que tampoco hace falta convencer a un público senderista muy seguro del reto, bien está enumerar posibilidades históricas como punto de partida a otras vivencias que tendremos a partir de septiembre.
Por aquello de llevar la contraria, iremos desde donde lo dejamos a donde lo empezamos. Teníamos más cabellos, más potencias y quizá más proyectos pero en un momento en que algunos nos extasiábamos con la Andorra menos visitada por las hordas consumistas. Los campos de tabaco, con sus enormes hojas, fueron ese manto que cubrió la más memorable de las etapas vividas hasta ahora, por su crudeza y belleza de alta montaña. Hacerla justifica el reto. Grau Roig fue el origen de una gran aventura, triscando por pendientes pronunciadas, con piedras que te caían de quien pisaba más arriba. Parecíamos hollar els Pessons cuando nuestra famosa desorientación nos llevó a alturas no buscadas. Sudor, altitud y cansancio con vistas a la estación de esquí de Pas de la Casa Grau Roig. Allá arriba hubo intrépidos del agua fría que refrigeraron sus partes a temperatura cortante a principios de septiembre. No se sabe por qué pero de aquella pareja nunca más se supo como caminante en el grupo. Y por poco le perdemos la pista a quien por culpa de unas setas ahuecó el ala. Desorientados, con amenazas de tormenta eléctrica, menos mal que un pastor hizo entrar en razón a un grupo tan estudiado y quijotesco. Aquella etapa por la zona alta de la Vall Madríu descubrió más el valle como un lugar para sufrir que no sus riquezas como patrimonio de la humanidad. Nunca olvidaremos la cara desencajada de una Grmana aquí presente que por poco se me tira a la yugular.
Y qué decir de las andanzas por Tuixent, donde seguíamos disfrutando de un conductor al que más vale no ponerle adjetivos. Allí olvidamos a un Grmano, quizá seducido por los ungüentos de los ancestros de las históricas trementinaires. Otro individuo más ya sin rastro de él. Pero también Tuixent pasó a la historia por caminar con nieve hasta la cintura en algunos tramos. Memorable experiencia. De las que no se olvidan.
Por el Solsonès visitamos Sant Llorenç de Morunys , subimos el primer Coll de Jou, y entramos en el cementerio modernista de Olius, nos perfumamos con el olor a santidad en el santurio de El Miracle pero el olfato predominante por el camino salía de las granjas de cerdos. Y nos hicimos una foto en el monolito del centro de Catalunya, en Pinós, en medio de niebla y humedades diversas.
La Catalunya central nos permitió ver las obras de l'eix transversal en Sant Pere Sallavinera. La semana pasada seguía con conos y un solo carril por sentido porque la empresa constructora reconoció haberlo hecho mal. ¿Os suena a algo? Para no alargar el relato, damos un salto y nos detenemos en terreno de Tarragona: Mont-Ral, Arbolí, subida al segundo Colldejou, (solo que este se escribe todo junto), la serra de Llaberia, Tivissa, la Rasquera del derecho a decidir sobre la marihuana, Benifallet. Allí hubo dos protagonistas, el viento y esos animales casi innombrables en toda Catalunya menos en Tarragona: los toros. En la zona de Els Ports de Beseit el viento casi nos levantaba y no lo hizo porque casi todos en aquella época ya empezábamos a desarrollar la musculatura abdominal. Y, por si fuera poco, en momentos de cansancio esos toros que pastaban se te quedaban mirando en tono desafiante. Uno hasta intentó embestir a un Grmano. El senderista dice que nunca volvió a correr tanto y tan veloz como aquel día. Y otro Grmano, también ausente del grupo, se entregó a un astado y, de tan cansado como estaba, se dirigío a él y le dijo: “Yo no puedo correr, haz conmigo lo que quieras pero rápido”. El toro se apiadó del desarmado caminante.
Las tierras cercanas al río Ebro nos recordaron batallas y guerras civiles. Alguien llevó hasta una bandera republicana, enseña con la que nos fotografiamos y cantamos lo que ya os imagináis. Aquel bar de Paüls tenía algunas bombas como decoración y pista para lo que nunca debería volver a ocurrir. Pero de lo que no nos salvamos fue de la enorme cantidad de agua que cayó cuando cruzamos el Ebro. Era época de mandarinas y seguro que en Mallorca debieron llegar algunas flotando. Bueno, otras alimentaron a los Grmanos que las tomaron prestadas de aquellos campos tan bien decorados. Poco a poco nos acercábamos al punto que puede ser principio y final, Fredes. Llegar hasta allí fue largo pero valió la pena.

El GR 7 está ahí, los recuerdos anteriores forman parte del recorrido y de alguna variante que también hicimos. ¿Qué pasará en septiembre? Lo mejor es que, diez años después, nos volvemos a atrever con un largo sendero, con subidas y bajadas, madrugones y buenas siestas de regreso en el autocar. La aventura está ahí. Sírvanse ustedes. Hay barra libre. Pero no dejen de consumir el GR7. A partir de septiembre.