viernes, 14 de abril de 2017

MENORCAS desde el Camí de Cavalls: día 1

MENORCAS desde el Camí de Cavalls (del 8 al 12 de abril de 2017)

Menorca son MENORCAS 

Preparativos: Encaje de bolillos

¿Alguien recuerda esta cita?

“Era una isla encantada,
perdida en  medio del mar…”

Antes de que la neurona se desequilibre con tamaño rebobinado, repasen el WhatsApp del grupo participante y relean los versos del “Romance de Menorca”, de Gumersind Riera, enviado por un GRmano días ha, cuando todo estaba en ciernes. O cliquen en el enlace del título anterior.

El Camí de Cavalls o GR 223 con su imagen de marca en forma de  herradura y los 185 km, los preparativos, la organización, la consulta, la coordinación, la estructura de cualquier grupo, todo es un cúmulo de casualidades que deben coincidir, encajar, cabalgar un aspecto sobre otro para que el final sea lo más feliz posible. Tarea no fácil aunque tampoco no difícil. Y menos imposible: a las pruebas nos remitimos. ¿Más de 35 caballeros y caballeras seniors de camino? El mejor paisaje es el humano, con buena predisposición pero con la eficacia de alguien que se esforzó en ajustar el Excel hasta el más mínimo detalle. Nervios manifiestos no le faltaron debido a la persecución de altos niveles de eficacia. Un listón alto. Y la consiguió.

Si algún ignorante y curioso lector o lectora pretende explorar y conocer a fondo  quién es el grupo que está detrás, GRMANIA, no lo descubrirá ni aunque clique en el enlace anterior,  consulte con Dios-GOOGLE o se deje los ojos en su web. Ardua tarea ante el “antes muertos que organizados” o el “más manías y menos GR”. “Cada uno somos cada uno y tenemos nuestras cadaunadas”: esa es la riqueza que parece que une. Quizá sea un buen ejemplo para los sesudos organizadores de Recursos Humanos (RRHH). Hasta se sospecha que alguien, profesional muy planificado y conductor de mesnadas harto disciplinadas y calladas, está a punto de reconvertirse. De hecho ya se le nota que GRMANIA  “le pone”.

Este texto intenta ser abierto y  servir a cualquiera, sea de donde sea, camine o no. Solo se le pide apertura de miras, cierta irreverencia y saber enfrentarse a la realidad desde puntos de vista diversos y críticos. Descubrirá incluso por qué se le aconseja “no ir a Menorca”.





MENORCAS desde el Camí de Cavalls
Dia 1: Desde S’Albufera des  Grau a  Addaia. 8 de abril de 2017.

              Espacios protegidos de todo menos del ¡oh! ¡oh!


Menorca agota pronto los adjetivos calificativos de cualquier diccionario. Evitaremos  su uso en la medida de lo posible porque todos están presentes.  Si vas es porque hay algo que te atrae ante el resto del archipiélago: ¿es cool, diferente? ¿por caminar o reventar? ¿por las más de 50 calas muy publicitadas en anuncios y portadas de discos? ¿por el deporte, el nudismo, la ruralidad, las fotos, los miles de matices de sus aguas, la comida o por contar algo distinto? Puedes añadir otros motivos en posibles comentarios enviados a este blog.

Prolegómenos

El grupo ya había madrugado. Hay especies humanas que presumen de rigor y lo piden, pero después la vida les devuelve la moneda. Un conductor de autocar con prisa, tiempo pautado, que se “pierde” hablando con un pasajero y efectúa una ruta turística involuntaria por uno de los barrios más problemáticos de los alrededores del aeropuerto de Barcelona. Facturación y embarque. El deleite con los efectos de las obligaciones de los controles de seguridad a sufridas aves en vuelo. Pérdida y no recuperación de un cinturón de dos euros. La suerte de que seas tú quien aleatoriamente seas sospechoso de todo y más, como si estuvieran allí los que buscan. Parafernalia necesaria pero con dudas sobre su eficacia más allá de que te señalen, te miren el reloj y hasta las entrañas. Hoy los listos son los otros. Golpean donde menos pensamos.
Una pasajera de la fila de atrás le llama la atención a unos Grmanos de delante. El tono de voz le molesta. No es la primera vez que pasa en estas salidas de primavera. Esta vez se hablaba de nanotecnología y futuro, de mundos próximos, de evolución tecnológica y adaptación humana. Quizá la señora no quería pensar, ensimismada en que aquella máquina voladora la condujera sana y salva a su destino. Su vida estaba en manos de la tecnología de la que se hablaba en tono de voz no autorizado.
Llegada a Maó, recibimiento por personal amigo y casi nativo con dos ensaimadas para comenzar bien el día. Detalles que triunfan y se agradecen. Cafés, amago de reparto de los primeros sobres de ese compuesto con frase tan sugerente: “Polvo para suspensión oral”, las primeras cervezas y continuas visitas a los lavabos, entre otros menesteres, para calzarse rodilleras, fajas y otros apósitos. Despliegue de bastones a modo de extensas lanzas. Recuerde quien lo lea: la faja es una de las protagonistas. ¿Por qué? Un sujeto de los que no se cansan, para quien entre más sufre más placer obtiene, dice que va tullido y necesita de la faja y de los bastones.  Pronto se verá cómo el milagro del Camí de Cavalls funciona mejor que cualquier masaje o Virgen al uso. Apertura de maletas, trasteos varios, cambio de objetos y mochilas ya acondicionadas para iniciar el camino.

¿Y el agua?

Memorable la escena. Un pelotón se dirigió al supermercado más cercano para elegir los componentes del gran botellón colectivo. Iban para que el de la faja no cargara peso. Dentro se produjo un intenso debate sobre marcas, precios, ofertas, promociones y capacidades de los envases. Algún experto en marketing y estudio de mercados hubiera hecho deducciones dirigidas a los sedientos seniors: altura de los lineales, packaging, marca blanca o no, qué marcas recordaban más, aguas catalanas o madrileñas, etc. Al final quien pagó fue el de la faja y el carro evitó que nadie se esforzara más de la cuenta. El agua estaba servida.

Comenzamos en S’Albufera de Es Grau, el único parque natural de Menorca.

Desde las orillas del Camí de Cavalls se intuyen Menorcas. Veamos y caminemos
Una Menorca no recorrida fue la parte del Camí  con más asfalto, aunque el ataque especulativo y cementero existe y fue muy visible. La zona de Maó-Sa Mesquida hasta Es Grau quedó libre de GRMANIA. No conocimos esa otra Mola, la Mola de Maó. Tampoco el pueblo donde se dice que inaugura el primer amanecer de esto que algunos llaman España: Es Castell. No todo es el publicitario “mediterráneamente juntos” de quien está encausado y condenado por múltiples fraudes a Hacienda. Las hormigoneras tienen menos espacio para trabajar pero también configuran los espacios de ensueño.
La albufera es un buen lugar para observar aves, naturaleza encharcada y comenzar a llenar la tarjeta de fotos o el móvil con millones de tomas, la mayoría  similares a las que nos ofrece Google, Flikr, webs y redes sociales. Menorca la publicitamos todos gratis. El turismo provoca más turismo. Hoy cada uno es el mejor tour operador para los otros y gratis: Instagram, Google, Facebook, Trip Advisor y los blogs son  agencias turísticas gratis. El big data hace el resto.
No vayas a esta  Menorca si te aburre la naturaleza, tanta vegetación, agua y espacios protegidos. Mira Internet en tu plasma particular y ponte a salvo. El Camí de Cavalls es más solitario que las playas urbanizadas en la época del “abierto por vacaciones”.  La Gran Bretaña del Brexit inaugura la temporada en mayo.

Pasarelas

El Camí está muy domesticado. No tiene pérdida. Marcas reflectantes bien colocadas hasta para caminantes despistados. Y multitud de inversión en pasarelas de madera, peldaños de troncos, postes con señalización oportuna. Déjate llevar, camina y observa. Ausencia de lindezas como papeleras, máquinas de bebidas, chiringuitos y de restos diversos tirados por el suelo, conservación de los caminos y contorneo de esas calas para las que no hay suficientes adjetivos para su descripción. Mares Caribes y Polinesios al lado de casa. El Camí es luz y también una muestra palpable de la “Menorca de piedra y viento”. Las calas son pasarelas continuas que pueden limpiarte por dentro siempre que te dejes y vayas a eso.
Itinerario a Sa Gola, vegetación halófita propia de suelos con elevada salinidad, canales de conducción de agua  y parece ser que en algún lugar viñedos con denominación de origen.  Detrás de una loma, construcciones blancas con apariencia idílica al lado del paraíso.
El Camí se dirige a la zona más afectada por la Menorca de la tramontana y las lluvias cuando tocan. Vegetación adaptada, pinos doblados por el viento adoptando posturas curiosas, terreno escarpado, torres y restos de las culturas megalíticas tan bien mostradas en estos lares.

Entorno

Sorpresa con más ¡oh! ¡oh! Una isla de propiedad privada a la vista. L’Illa de Culoms, cuyo médico propietario parece ser que se relaciona con la ginecología. Una joven y ufana adolescente adelanta a buen ritmo. Sana envidia al ver su fondo físico. Unos metros más allá un GRmano le deja el teléfono para llamar a su familia. Pide que la vengan a buscar. Dolor de estómago y vete tú a saber cómo va la fiesta por dentro. Vuelve por donde vino. Caminar, trotar y hasta correr también es eso.  
Usted está en Cala Tamarells, informa el Ministerio de Medio Ambiente. Y aclara que estamos en senderos litorales y en tránsito en dominio público. Atrás quedaron aquellos tiempos en que se cobraba para degustar espacios al borde del mar. Ecosistemas naturales frágiles y de alto valor ecológico. Y puertas de madera. Muchas. Ponerle puertas al campo por donde pasa el Camí. Hubo quien se embelesó con el chirrido de alguna. Se le pasó por la mente grabar el sonido para oírlo como despertador.
No vayas al Cami de Cavalls si lo único que te gusta es abrir las puertas con tarjeta magnética o claves personales. Aquí son artesanales, con aspecto antiguo y un cerrojo tan bien dispuesto que se puede abrir tanto por un lado como por el otro. El viento las franquea sin dificultad. Como las pasarelas, con señales que prohíben el paso a los ancestrales dueños del Camí, los caballos. Permitido el paso solo para viandantes y bicicletas.  También para ti si te apetece.

Despacio

Las salinas del entorno del parque natural son reductos de trabajos antiguos. Balsas para el agua estancada, hoy aptas para la foto y las aves. Espacios delimitados por ese trabajo de tantas gentes con la piedra seca: rectas y alargadas paredes que dividen los campos, fruto de la ingeniería rural y del esfuerzo mal alimnetado. Despacio fue la palabra nunca oída antes a quien la dijo, veloz senderista esta vez también con bastones y con los nervios a flor de piel:  por las consecuencias del sobreesfuerzo y por responsabilidades diversas. Y todo con final feliz.
No vayas al Camí de Cavalls con un grupo de GRmania que no se adecúe a tu visión del senderismo. Las casi 40 personas se alinearon en A+, A, B+ y B. Y a lo mejor hubo más opciones. Conócete a ti mismo y procede en consecuencia.
Cala Sa Torreta, cala Morella, cala Tortuga y Es Grau, de donde venimos. Arenal de Morella y Favàritx a la vista: cabo y faro con una laguna en la zona de atrás.  Opcional, acercamiento fotográfico al entorno. La realidad: un trozo más allá el autocar de apoyo para rellenar cantimploras y recoger a quien se marcó otras opciones. Una referencia: Autocares Vidal y el conductor Nando. Seguros humanos a todo riesgo. Buena gente como para asumir cambios, opciones a la carta y voluptuosidades diversas.

Espacios y especies

1993: declaración de Menorca como Reserva de la Biosfera por parte de la UNESCO. Nunca se llega a descubrir cómo se traduce esto en la realidad cuando pisas el territorio. ¿Protección, subvenciones, formalismos, burocracia, turismo sostenible? Pisamos ambientes diversos: biodiversidad en las dunas ya asentadas, arenales en zonas húmedas, marismas, lagunas, tamarindos en la laguna de Morella, rocas de más de 300 millones de años en el cap Favàritx. Y llevábamos buen ambiente: risas, bromas, silencios, disparos continuos de cámaras fotográficas, ¡oh! ¡oh!, subidas y bajadas y ojos como platos con las tonalidades del mar, figuras de la costa recortada, vacas  responsables de la denominación de origen Maó, posidonias secas en las playas, el fuerte olor de las medusas muertas y podridas en la orilla, que nos acompañó casi hasta el último día, el camino que produjo ganas de comer.
A la hora de la comida, primera alternativa de quienes íbamos delante: saltar una pared abajo, arriba o rodearla por donde toca. Todo para llegar a la playa, no sin antes contemplar los pilones para que los animales beban el  agua que sale de un pozo. Solaz en la playa para degustar alimentos traídos de casa en avión.

No vayas a Menorca si no sabes decir ¡oh! ¡oh! muy a menudo, si te da igual una vaca que una oveja, si tienes miedo a resbalar cuando sales del asfalto, si solo sabes comer en una mesa o hacer tus necesidades en un lavabo con el pestillo bien asegurado, si no sabes compartir tu justa comida con quien está a tu lado, si los cubitos de hielo son imprescindibles cuando hace calor, si sentarte en el suelo es una incomodidad o si el olor a mar solo lo relacionas con la fritanga, los mejillones al vapor o con una  paella.

Aproximaciones

El paisaje humano es escaso en el Camí de Cavalls. Ciclistas que no avisan cuando se acercan, evitan timbres o señales acústicas y te invitan a apartarte, aparezcan por delante o por detrás.  Grupos de personas jubiladas, prejubiladas o en vías de jubilación que demuestran su bonhomía y  vitalidad.   Una persona solitaria al fondo mientras las suaves subidas y bajadas en medio de floración diversa conducen a Ses Salines d’Addaia, con el aviso de un tramo compartido con vehículos y bicicletas . Campos de  cereales de un verde deslumbrante que despunta con la fuerza primaveral. Y un curioso aviso en las salinas: “El ca: el millor amic de l’home, però no el de les aus” . ¿Y si jugáramos a cambiar el orden de las palabras?
Las salinas como espacios divididos por paredes, con entrada del agua salada y ahora, en el abandono conservacionista, con aves que revolotean y se posicionan para ecuadres fotográficos. Rocas con formas diversas y el agua de la gran laguna cubierta por algas amarillentas.
La inversión en el Camí se muestra una vez más con los escalones artificiales hechos con troncos longitudinales, colocados a medida y en orden. Se desconoce cómo definieron la distancia entre ellos. Cuesta más trabajo seguirlos todos que sortear alguno y alargar la zancada. O caminar al lado sin usarlos.

Finales

El final en Addaia brindó la oportunidad de compartir el tramo con un grupo dicharachero que buscaba con fruición frescos líquidos espumosos en un bar. El grupo A+ les buscó uno en el puerto y allá se dirigieron.
Urbanizaciones encaladas, amplios espacios, ostentaciones diversas, ambiente marino artificial. Donde ya no quedan pescadores, sean bienvenidos los turistas lobos de mar con barca recogida en garaje para hibernar, preparados para llenar calas y componer fotos idílicas para quien cree que la felicidad es esto.
La espera del colectivo caminante propició  estiramientos diversos y planes para ir a reencontrarse con el resto en Fornells. Es pueblo donde personal corrupto goza de apartamentos exclusivos, en el que se elaboraban las preparaciones turísticas con langostas (calderetas) para especies monárquicas que las consumían en sus embarcaciones, donde a veces se paseaban las langostas vivas por los restaurantes para embeleso del turista, mientras las congeladas ya hacían chup chup. La parada final sirvió para comer un grupo al mediodía, cruzarse con una persona líder del proceso independentista catalán, abrevar los últimos en una terraza y, pocos, observar las ruinas de El Castell de Sant Antoni, el origen del pueblo de Fornells. Menorca contabiliza más de 1.600 monumentos y uno es este.
Una vez en el hotel en Ciutadella, la noche es libre y las cenas y las copas también. Este capítulo ya forma parte de la vida privada y de ella no hablaremos aquí.

Si te gusta estar toda la noche de juerga en garitos diversos, consumir pomada o similares hasta la extenuación, estar en forma para madrugar al día siguiente y seguir el Camí de Cavalls, tu mejor camino consiste en acertar con la habitación de tu hotel.  Menorca también es eso. Tú también cabes. Disfruta.









sábado, 21 de enero de 2017

GR4 etapa 5: entre Sagàs y Sant Pau de Pinós

Espejismos invernales con interpretaciones diversas


Prolegómenos

Baile de cifras de asistencia para empezar el año. Hasta límites desconocidos y con incógnitas que se despejaron pasada media etapa. Y mira que se sumó, se restó y se repasaron ausencias y presencias. Tremendo el big data grmano. Hasta límites insospechados.
Güasap enfebrecido, y no por gripe. Cuando la temperatura está en mínimos, la luz en máximos y las fiebres tocan techo, los bolsillos se vacían. Quizá no es tanta casualidad que, en esta coyuntura, las autoridades y “la prensa canallesca” conviertan el habitual frío invernal de enero en ola polar, ola siberiana y casi que “le hacen la ola”. Todos en casa, no colapsen urgencias, no queden atrapados en la nieve y, por favor, consuman electricidad para calentar algunas cuentas de resultados. ¿Pobreza energética?
De punta a punta, zancadas de grmanos en parada 1 buscando el último de la lista que no llegaba. Se había comunicado su ausencia al güasap de  los vips y no a quien llevaba la lista. De paso, animemos a las personalidades grmanas sujetas a postraciones diversas y vaya usted a saber qué más. Los echamos en falta.
Ya hace días que acabó el rally París-Dakar (que, por cierto, ni sale de París ni acaba en Dakar) pero en esta ocasión el nuevo y joven conductor parecía emularlo. Demostró que sabe apurar las curvas y pisar el pedal del freno hasta el fondo. En la parte de atrás se dio la orden sotto voce de abrocharse los cinturones, por si acaso.
De noche la del alba sería, y aún oscurecido el firmamento, se llegó al inicio de la etapa, Sagàs. Menos mal que el hábil conductor se confundió y tuvo que retroceder, puede que para dar más tiempo al momento de clarear.

Espejismos

Una parte importante de la etapa bien podría haber estado presidida por ese inolvidable inicio del libro regalado en GRmania, “Cien años de soledad”, del añorado Gabriel García Márquez: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre se lo llevó a conocer el hielo”
Esta vez ha sido hoy,  aquí y por la mañana. Desde el autocar, aún de noche, un reputado GRmano, emulando al coronel,  informó de que en el suelo había nieve. Raudo y veloz, un destacamento husmeó el terreno, pasando el dedo, pisando fuerte, restregando, para cerciorarse de la supuesta nevada. Luego se dijo que no, que  era hielo. Vuelta a patear el terreno para ver si se deslizaban los pies. Nada. El hielo quedaba para más tarde. La siguiente interpretación fue que era tierra endurecida de color claro. En esto que empezó a amanecer y todo quedó en una nueva forma de descubrir el entorno a partir de la técnica pedagógica consistente en crear interés con falsos supuestos para que los pupilos lleguen a la verdad. Sócrates ya fue un maestro. Aquí hay notables discípulos. La materia gris de GRMANIA empezó a trabajar a aquellas horas en medio de un paisaje también gris que nunca nos enseñó el sol. El cómico incidente fue un espejismo, quizá provocado por el repetido anuncio de próximas nevadas. Aquella masía de Sagàs aún no conocía la nieve de 2017.

Cifras

Una vez superada la primera prueba, cundió la búsqueda de la respuesta correcta de otras. ¿Cuántas personas asistíamos a la etapa? No, no era fácil, no  por el hecho de ser pocos sino por el ya citado baile de cifras. Dos mentes se supone que lúcidas entregaron su neurona a descubrir el número final. Y una era el recaudador, por más que evidente interés pecuniario. Se sacaron varias listas, se cotejaron, se memorizó el público asistente y el resultado siempre era diferente. Tampoco se podían contar cabezas por las habituales separaciones. No se sabe por qué pero la primera parada para reagrupar coincidió con un redil metálico con una única salida para contar ganado. Pero no hizo falta usarla para menesteres más humanos. Hacia la mitad de la etapa se descubrió que éramos 25. Sí, 25. Pero trabajo costó y un gran desgaste mental.

Fortificaciones

El camino invernal, con el encanto de la desnudez de los árboles, el incipiente despunte de las nuevas mieses y el barbecho de muchas tierras aradas, descubrió varias masías fortificadas de otras épocas. Horizontes nevados y puntos lejanos conocidos: Les Penyes Altes, Rasos de Peguera, la serra del Cadí, la serra de Catllaràs, Montgrony, el Puigmal, el Sobrepuny, la serra d’Ensija.
Espectaculares viviendas medievales con sus cuadras, cobertizos para aperos,  maquinaria y granjas.  Las ruinas del mas Pallarès, la impresionante masía fortificada de la Cortada (que ya existía en la baja Edad Media, reformada en el siglo XVII, con una torre medieval de planta cuadrada); la masía d’Escrigues, también medieval y reformada; la capilla de Santa Magdalena.

Parada

Antes de enfocar la ruta por la riera de Merlès, se produjo la parada para el tentempié. El lugar escogido, la plaza de Santa Maria de Merlès, con la iglesia barroca, el ayuntamiento, un parque con bancos y otros elementos para un vecindario escaso. La familia agraciada con la panera nos obsequió con chacinas de primera clase mientras se consumían alimentos y bebidas y se hablaba. Dos grupos separados, a ritmos diferentes. El situado al lado de la iglesia, junto a la rectoría, se entregó de lleno a revisar a fondo el estado de la educación, con especial incidencia en temas concretos,  bien regados con la bota de vino y argumentados con pasión: grado de productividad e interés del alumnado, aprendizaje ubicuo y comparativas personales con opiniones variopintas. Y arriba, en la torre, un reloj de sol que los escuchaba y les lanzaba un mensaje escrito debajo con cierta advertencia:
“Jo sense sol i tu sense fe
els dos no valem res”
Más allá, en el otro grupo, se vio a un ilustre GRmano pensativo mirando detenidamente al fondo,  a un cubo verde de basura. Parecía no acertar en la interpretación semiótica y semántica más profunda de la frase y del lugar donde estaba escrita: “Això no és Espanya”. Alguien lo abrió para identificar si lo que había dentro ayudaba a entender el conjunto y su relación con el grafiti. Fue incapaz de sacar conclusiones que se puedan publicar aquí. Prefirió embelesarse con el paisaje. Le producía más calma mental.



Riera

La riera de Merlès nos acompañó durante el recorrido, con chopos a ambos lados y diseminados núcleos con casas de pagès y canes expectantes. Nuestra mirada se dirigió a la riera. Tuvimos la ocasión  de contemplar y de recrearnos con el hielo: la superficie con un buen grosor en aquellas zonas con el agua más estancada, las oquedades y los dibujos esculpidos en la roca debido a la erosión del agua, formas geométricas y abstractas en espacios donde antes había fraguas y molinos. Aún se veían restos de las esclusas y una placa que recuerda que hay una central llamada “Molí del Mas”, con una concesión que caduca en 2073. Seguimos su curso medio, con aguas que nacen en la serra de Catllaràs y desembocan en el río Llobregat.
En un determinado punto el grupo abandonó momentáneamente el camino para contemplar un hermoso pero fatídico y siniestro punto: el lugar en el que se ahogaron una niña y un niño el 28 de mayo de 2001. La foto de grupo alrededor del entorno rocoso contó con alguien  que demostró que palpó el hielo. Sostuvo un gran trozo en sus manos a modo de bastón.

Ermitas

La temida subida final, de 300 metros de desnivel,  abrió el horizonte con unas grandes vistas y con ermitas como la de la Mare de Déu de Ginebret, ya en el término de Santa Maria de Pinós, con una gran masía al lado y sus correspondientes perros. Más allá, el anuncio de la presencia del autocar situó a la ermita de Sant Pau de Pinós allí al lado. Los ánimos ya estaban enfocados a otro punto y la incógnita era dónde se parará a comer.

Comida

En Navàs el bar La Trobada acogió al personal en zona reservada situada en un altillo. Un establecimiento del mismo dueño de La Fusta, aquella  marisquería tan frecuentada por mucho personal hace años, ahora desaparecida.
El dueño se decantó por la cerveza en copas, a precio especial, y se alegró de haberle salvado el día. Dijo que el fútbol televisado es la especialidad de la casa, servido en “platos” con forma de grandes pantallas distribuidas por el bar. La tapa más solicitada, los partidos del Barça. Desde la práctica grmana, los tradicionales bizcochos y resto de manjares. Y, en medio, alguien echó en falta su petaca para líquidos de alta graduación. Luego identificó el autor de tamaña fechoría.
Muy pronto, como casi nunca, el personal llegó a Terrassa y  se trasladó a sus hogares, con la primera salida del año consumada.

Ya que citábamos al coronel, creado por García Márquez, cerremos esta crónica con otra referencia a una intervención de este personaje:
 “Así es – suspiró el coronel_. La vida es la mejor cosa  que se ha inventado”

Evaristo
21/1/2017



lunes, 21 de noviembre de 2016

GR4 etapa 3

Gr 4, etapa 3 entre el santuari de Falgars y Borredà

Todo controlado

Bajo la tenue luz azulada del interior del nuevo autocar,  que ya conocimos en la primera etapa, casi en la intimidad de una penumbra propensa para dormir, uno se plantea qué decir de una etapa en la que de nuevo falta el maestro titular de las crónicas. Y llega a la conclusión de que GRMANIA es como un gran iceberg, donde la capa que es pública y que todos  conocen de cada componente es reducida, después de tantos años de salidas. Quizá esa decisión de privacidad individual es una de las esencias de las existencias. Todo está controlado. ¿Seguro?
Sin walkis durante  el camino, todo es más seguro y está más controlado cuando  acuden a la cita dos guías profesionales que se preocupan por detalles importantes que a veces pasan desapercibidos. Lo controlan en segundo plano. Parece que no están pero son. Como las pronunciadas curvas en herradura subiendo hacia Sant Julià de Cerdanyola, con cazadores cazados cuando se preparaban para iniciar las batidas, pueblos fantasma con casas sin tres de los síntomas de la civilización: antena en el tejado, coche y perro. El dicharachero conductor era atrevido, con experiencia y sin temores a caminos desconocidos. “Mientras los señale el GPS, yo llego” decía. Parecía tener seguro el acceso a tamaño vehículo. Su atrevimiento adornado con la locuacidad argentina también estaba controlado.

Inicios
De entrada, subida en medio de bosques que aún conservaban muestras de los colores del otoño, con suelos alfombrados por hojas caducas. Entre más arriba, mejores vistas de las últimas poblaciones del Berguedà abajo y, arriba, las crestas del Puigmal, Bastiments, collada de Toses y el entorno delimitado por La Molina, Masella y el Prepirineo encima del túnel del Cadí. Los 1.696 metros de la altitud máxima sirvieron para el merecido desayuno von vistas espectaculares. Era el coll de Sant Miquel, con buenas vistas de l’Alt Berguedà. Tres cuartos de hora de permanencia allí los primeros, con clases particulares sobre identificación de montañas, sentados en desnivel mientras botas, dulces y similares llenaban más de lo previsto  los depósitos energéticos no del todo gastados aún.
La sierra del Catllaràs la han embellecido con miradores informativos  hacia el Valle del Llobregat y el de Lillet, cartelería diversa, mucha documentación escrita y visual sobre los espacios y las amplias perspectivas, y bastantes marcas de recorridos diversos. Un ejemplo explicativo de tanto control informativo y necesario: Santuari de Falgars, Font de Falgars. Enlace GR 4-2. Camp de l'ermità. Enllaç PR-C 52. Sant Romà de la Clusa. Enlace GR-241. Les Pilones. Castell de l'Areny La Ribera del Castell. Molí del Forat. Sant Sadurní de Rotgers Pla de Rotgers Cal Metó Vila de Borredá. Enlace GR-241.
El suave camino conduce a la iglesia románica de Sant Romà de la Clusa, un espacio donde te imaginas como quieras, un lugar para la meditación, para dejar pasar el tiempo, para el retozar tranquilo o para  la acción con la no acción (una de las leyes del Tao). La perspectiva es otra y el habitual GPS humano te orienta de todo y más.

Hito
Si bien hoy día el oficio más habitual por estos caminos lo dicta el 4x4 o similares motorizaciones, el boletaire, la moto o la bicicleta de montaña, se vivió un hito histórico y único hasta hoy. Un numeroso grupo de caminantes se cruzaron con nosotros y… además…¡no eran de ningún grupo organizado y vivían en Terrassa! Parecían GRMANIA 2, un espejo propio y andarín: grupo entrado en edad, diverso, muy estirado, alegre y parlanchín. Intercambio de saludos entre quienes se conocían de ambos bandos y adelante. Camino al visionado de otro mirador con vidrios en el suelo que transparentan el vértigo, cartelería explicativa y, para quienes quieran conocer el paisaje de otra manera más lúdica, superficies para jugar con motivos de la zona en forma de juegos de mesa. El que no aprende es porque no quiere.

Oficios
De nuevo, novedades. Restos de oficios antiguos. Superficies que recuerdan las pilonas de un artilugio para salvar un fuerte desnivel y bajar la madera. Es el coll de les Pilones. El descenso de troncos en medio del abismo. Hasta que llegó su final. Abajo, muy al fondo, Castell de l’Areny y el autocar que permanecía a la espera.

Interrogantes
Mientras se salvaba el desnivel en medio de un largo y hermoso camino, este plumilla anotó interrogantes curiosos. ¿Quién del grupo trata de usted siempre a alguien? ¿Quién es quién? Y mira que insiste para ponerse en el mismo plano. Pero no hay manera. Todo controlado. ¿O quién corrigió a quién cuando dijo que todos muy amigos y le respondió que aquí, amistades las justas? ¿O, quién se interesó por el estado de la celebración navideña y alguien le respondió que el grupo VIP de güasap lo tiene todo controlado? ¿Quiénes son y quién pregunta? Mientras, alguien bajando rompe un bastón en dos trozos y cae. ¿Será por uso o por abuso?

Núcleos
Castell de l’Areny ahí enfrente. Imágenes antiguas ahora recuperadas de la famosa casa de colonias. Cuatro casas en torno a la iglesia de Sant Vicenç. Un núcleo con orígenes en Carlomagno. Bellezas solitarias de postal en medio del otoño. Solo falta el olor a humo y a carne a la brasa o similares a la hora de “l’esmorzar de forquilla”. Parte del grupo sigue y se interna por un frondoso bosque amarillento aún. Subida de cuadro impresionista hasta una pista con otra sorpresa única hasta hoy. Suave ascensión al inicio, con un final más fuerte. Y oportunidad para que alguien corrigiera a alguien de que no es lo mismo “marrada” que “atajo”. Siempre aprendiendo. En beta permanente.

Compañía
¿Quién nos iba a decir que esos animales que llegan hasta las lujosas torres urbanas a mendigar basuras, fueran compañeros de viaje? Esos que se refugian en parques naturales donde saben que serán poco molestados, que se atreven a levantar lujosos campos de golf, que asustan en carreteras y motivan a grupos de cazadores para ocupar su tiempo libre, en esta ocasión una cría se convirtió en animal de compañía. El inicial rayón hoy convertido en jabato husmeó los pies del personal GRmano, comió frutas y se dejó retratar durante un largo recorrido hasta la ermita de Sant Sadurní de Rotgers, edificio románico iniciada su construcción  en 888. La oportunidad sirvió para que una docta persona encontrara parecidos de esta compañía tan animal con el llamado Síndrome de Lorenz.
Allí al lado retrocedió mientras un grupo de cultas personas reconocía el edificio y sus alrededores. De inmediato un coche se acercó y el joven conductor rápidamente ofreció sus servicios de guía del lugar, previo pago del estipendio acordado. Como se ve, animales y personas, cada uno vamos a lo nuestro. Nadie aparenta perder el tiempo.

Finales
Todo controlado por los guías. En los cruces de caminos o en lugares propensos a la confusión siempre está él atento para ayudar a tomar la dirección correcta. Enfilando ya los últimos kilómetros, en un grupo se entabló toda una lección de zoología, en un medio propenso, antes con jabalíes y ahora con el ganado vacuno y mular. El avistamiento de tres equinos sirvió para profundizar en los nombres de los cruces resultantes entre caballo, yegua, burro y burra. Un erudito nos dejó sorprendidos y boquiabiertos con la palabra “Bordegàs”. ¡Qué nivel caminando! Mientras, las señales anunciaban el cercano final en Borredà, a 854 metros de altura. De los 1.700 del desayuno hasta aquí: buenos desniveles acumulados en positivo y negativo. Una de las mejores etapas y en pleno otoño. ¿Qué más pedir? El bucolismo solitario de fin de semana, la riqueza cromática dentro de los jardines y en los bosques. Como de colores se trataba, ya en el pueblo se oyó a alguien decir que el color azul de las matrículas de los vehículos que veía por estos pagos es de muy mala calidad, poco consistente. No se sabe por qué pero la “E” de “Europa” desaparece. Ingenuo él.
En el bar del final, habilitado un reducido espacio para comer en dos turnos, con la advertencia de que cuando comenzase el partido del Barça había que dejar el lugar expedito, hubo que comer deprisa y degustar los postres variados de fabricación artesana a cargo de buenas manos. Entre la barra, la zona de restaurante y el garito para GRMANIA, aún hubo espacio para instalar la expendeduría de la tradicional lotería de Navidad, la oficial y las otras. ¡Qué trasiego en medio del personal del local! Fuimos la nota de color del día en Borredà, sin tiempo para ver la iglesia de Santa María o la plaza mayor.
Como aquí todo está controlado siempre, el autocar esperaba con un alegre conductor, sin impaciencia y con sus explicaciones  sobre las semejanzas entre las montañas de Rosario, su tierra natal argentina, y estos sublimes paisajes del Berguedà.
Y como homenaje al citado Konrad Lorenz, acabemos con una de sus mejores frases, útil también para GRMANIA: “No nos tomamos el humor suficientemente en serio”.

Evaristo
21/11/2016