lunes, 25 de noviembre de 2019

Etapa entre Sant Joan de les Abadesses y Vidrà

Por el otoño del Ripollès, en clave femenina

Quizá volver a escribir sobre esta etapa tiene poco sentido. Bastaría releer la del 16 de febrero del año en curso  (Felices por volver vivos al punto de partida) pero en sentido inverso. No obstante, los matices, los paisajes y las personas siempre enriquecen los contextos. 

Sinceridades
Anima juntar palabras aquí  para elaborar un simulacro de crónica  cuando unos irreverentes músicos dan nombre al autocar que nos transportó: los Mojinos Escozios. Ahora se tienen que autocensurar.Sus letras van más allá de esa irreverencia para unos, que molestan a públicos bienpensantes que pudieran tener la doble moral a flor de piel. Incluso a progres de movimientos avanzados en lo social y en lo político. Cuanta más información tenemos, a veces menos sabemos o menos somos capaces de relacionar y de contextualizar. O bien, como a menudo ha pasado,  unos han de someter la vista del resto  solo a determinados dictados, sin posibilidades de réplica. Callar para no molestar.
Las sinceridades planteadas en estos escritos, transcritas de comentarios escuchados sobre supuestas ignorancias al papel femenino en GRMANIA hoy se han saldado con creces. Los hechos hasta ahora demuestran igualdad de género, aunque para el diseño de las rutas y para decisiones concretas la masculinidad sobresale, también con sus defectos.  Veamos cómo detrás de  la palabra “alguien” en esta etapa casi siempre se ha de sobreentender una mujer.

En marcha
Es la primera vez que alguien que conduce un autocar tiene una actitud tan abierta ante desconocidos. Sin obviar la búsqueda del camino más corto en plena avenida. El primer grupo fue testigo de una maniobra insólita. Todo para llegar a tiempo y conocer a las nuevas personas que tenía que transportar. Alguien con mucha mundología y don de gentes,  a quien se le pide que también abra la puerta de atrás y responde: “Quiero que todos entréis por delante y así os conozco”. “Ayer aparqué un camión tráiler en Madrid. He venido toda la noche en un autocar, durmiendo. Hoy comienzo el día con este autocar y vuestro grupo. Pondré mi GPS profesional y confiad. Os llevaré al destino”. “Ya te enseñaré algunas fotos de mi vida profesional y privada”. 
La segunda peculiaridad pudo haber acabado en una grave incidencia física. Cerró la puerta del maletero y le pilló la espalda a un ilustre GRmano. Se dio cuenta y todo fueron amabilidades para evitar males mayores. “Si quieres te doy un masaje”. Las circunstancias no dieron lugar a tamaño frote y magreo terapéutico. Al final todo quedó en un susto y en la verificación de la fortaleza del musculado GRmano. Pasó la prueba con nota.

Etnografías
Es la primera vez que en un autocar nos sorprenden con un programa literario de una emisora pública que aquí suena extraña, lejana, de otros tiempos. Ya no se lleva en estos lares. Para gentes del momento sobra, es anticuada, opresora. Como diría McLuhan, “el medio es el mensaje”. Más tarde cambió a otra musical con ritmos más actuales. En fin. El recorrido de ida hacia la salida y el camino de a pie comunicó muchas señales muy válidas para estudios de  etnografía.
Cuando el día clareaba, las señales escritas y visuales por las carreteras y poblaciones de la Catalunya interior  transmitían mensajes concretos, de fácil y obvia lectura e interpretación. Si bien para que haya paz y buen rollo, mejor no hablar de temas concretos, la visualización de la simbología pública era unidireccional y monotemática. 
Había contextos curiosos en frases y anagramas. Algunas destacaban. A la entrada de Ripoll, alguien demostraba en un letrero público su amor por Hong Kong. ¿Por qué sería? Ese sábado un diario digital publicaba la traducción del inglés de un artículo titulado “Mi querido Hong Kong se ha convertido en un campo de batalla”.  Mundos contrapuestos.
Más adelante, otra frase a pie de carretera: “Quant pitjor, millor”. Mientras, en un diario digital en catalán, los empresarios del Ripollès i del Gironès manifestaban su hartazgo por la hongkonizaciónde las vías públicas, fronteras incluidas. De ruta hacia el centro de la población, enfrente de la estación de RENFE, el anuncio de un bar, “Cafetería Esperanza”, con un letrero en varias lenguas, entre ellas el árabe:  motivo para la reflexión. En otras partes de la península habrá textos con mensajes contrarios. Aquí se leen estos. Para pensar en cómo construir concordia, diálogo y soluciones.

Caminos
La llegada a Sant Joan de les Abadesses rememoró salidas deportivas y senderistas. Historias y recuerdos que nos demuestran quiénes fuimos para llegar a lo que somos. Vidas en otoño. Mientras, una calle angosta sirvió para aparcar y bajarse el primer grupo. Quien conducía sació su sed y despejó su mente con bebidas de cola adquiridas allí y cigarrillos varios. Aprovechó para abrir su vida a un extraño. ¡Viva el arco iris! Ante la pregunta de cómo saldría de allí con el autocar, respondió: “Soy profesional de la marcha atrás”. 
Nosotros, adelante. 
Inicio del recorrido por el pueblo, intento  por el margen izquierdo de un arroyo, imposibilidad de saltar, vuelta atrás, camino correcto y subida en medio de un paisaje espectacular de un otoño muy despejado de hojas. La caducidad, muy presente también en la vida.  De los 750 metros iniciales hasta los 1000 metros,  para bajar hasta los 950 de Vallfogona del Ripollès, subida tranquila con puesta a punto por entre una alfombra de hojas húmedas, con piedras y troncos mojados, suelo mullido y resbalones periódicos e inoportunos.  Una constante hasta el final de la etapa. Paisajes muy retratados, fotogénicos, en medio de brumas y, en palabras de una estimada GRmana de la zona, con mullena.La gran nevada del Puigmal se entreveía a lo lejos, más allá de los valles teñidos del rojo de algunos árboles, cortinas de niebla y el gris que todo lo encubre, en una época del año con una luz cenital de baja intensidad. Otros encantos de la naturaleza en otoño.

Esperas
No insistamos más. A pesar de que el mejor guía donde los haya intentaba poner orden en la habitual dispersión, su tarea fue tan ardua que la dejó por imposible. No obstante, las esperas fueron continuas y bastante respetuosas. 
A pesar de la hora, el ritmo se adecuaba a reagrupaciones incluidas y cierta tranquilidad en la marcha. La parada regeneradora debía ser en Vallfogona. Se llegó al pueblo medieval, con las mismas pancartas y estadísticas que la otra vez, reivindicaciones repetidas, solitario por la ausencia de personas (unas 60 en esta época), lugar de nacimiento de quien tan bien nos ha cuidado siempre que pasamos por aquí, con personas longevas, laboriosas y con una vida dura propia de otras épocas. 

Sobres
Pueblo cuidado, casas cerradas, la melancolía de otros esplendores, y la simbología del momento, Los escalones en desnivel de la plaça de la Vila acogieron al personal para el refrigerio. Pocos paseantes descubrían el entorno. Entre el bourbon, el ron, el vino y demás bebidas, alguien recibía masajes con cremas para aliviar tortícolis. Un preludio de otros pequeños achaques, más habituales cada vez. La edad, los kilómetros y las circunstancias nos condicionan.  Eso no fue óbice para que aparecieran sobres estampados para algunas elecciones generales. El membrete “diputats(diputados” parecía una denuncia de corrupción, un acto teatral o para prevenir lo que no había que hacer. Dentro la papeleta era un billete. Recompensas de viajes, devoluciones honradas y legales. Que aprendan nuestros representantes en el Congreso. El espectáculo se completó con quien derramó parte del bourbon por los suelos, mientras sus ojos acrecentaban su visión con dos pares de gafas a la vez. Efectos indeseados por despistes inoportunos. También pertenecen al otoño de la vida. 

Decisiones
No puede haber más alabanzas para la GRmana que decidió ser disruptiva y  no seguir el GR3 (ya caminado en febrero) sino el Torrent de la Masica. Aquel puente demostró un cambio trascendental en la etapa. Mentes aferradas al blanco y al rojo no lo tenían claro, de entrada. Luego se demostró que la decisión fue placentera y de gran belleza.  Un recorrido inicial por bosques de ribera, con subida hacia espacios que impresionaron por su espectacularidad: Font de la Tosca, Teuleria del Pinatar, Era de batre d’en Paixana, Torrent bauma del Boer, Gorga de Dalt, Gorga de Baix, Saltant de la Costa Llastanosa,  un torrente que hipnotizó al grupo y a los objetivos fotográficos (¡qué fotos se compartieron después!). Ligera subida, zizagueos por superficies deslizantes, pisadas inestables y aproximaciones a cascadas de agua de alturas diversas. ¡Qué gran decisión! Alguien aprovechó el momento para lanzar la gran proclama, oportuna y muy real: “Esto lo disfrutamos gracias a la sensibilidad femenina” .
Más arriba, un cartel muy bien conservado explicaba las sierras de Milany-Santa Magdalena–Puigsacalm-Bellmunt. Hubo ojos que detectaron que ya hay lenguas que algunos consideran de poco uso práctico aquí. Un letrero informativo en tres lenguas, no incluida la que algunos pretenden extinguir por falta de visibilidad, que no de presencia. ¡Para los que somos!

Disfrute
La ascensión por el torrente fue un acopio de sensaciones, entre el regalo de los hayedos que nos brindaban sus hojas secas a modo de alfombra, el agua, la descubierta de las marcas lila o calabaza, la perspectiva de los desniveles y la ascensión a la zona próxima al Castell de Milany. 
Del agua a la niebla para volver al cielo despejado del destino final, con el trastabilleo propio de apoyos pedestres, los troncos y las piedras como incógnitas, la ascensión dificultosa y el descenso con propensión a caídas. Ciertos riesgos que ocasionaron una torcedura dolorosa, si bien las consecuencias fueron menores, con el alivio de la ayuda de un  vehículo todoterreno para bajar a quien sufría pero seguía. También en el autocar de vuelta hubo mareos varios, por cansancio acumulado o por ritmos inapropiados en las pausas para la comida. O por las edades del personal. 
El fin tuvo lugar en el bar de la otra vez, Els Caçadors, en Vidrà, no sin antes rendir pleitesía al roble de la entrada y observar el angosto paso de la carretera entre dos edificios. Para quien conducía no le supuso ninguna dificultad. 
El grupo último en llegar y primero en camninar también disfrutó de comidas y bebidas, loterías y luminetas, agasajos de alguien que entró en la década de los sesenta (muy bien llevados los años) y sometió al personal a dos pruebas distintas: elegir entre dos tipos de polvorones y entre dos bebidas: Pedro Ximenez o Ratafía. Todo fue consumido sin miramientos ni escrúpulos, fuera el origen que fuera.

Cerremos el texto también en clave femenina, con el pensamiento de la activista polaca  y filósofa Rosa Luxemburgo

Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.


 Evaristo
25/11/2019




2 comentarios:

Fina dijo...

Muy detallada Evaristo, aunque yo no hice ese bonito recorrido
Gracias también por aludir a los postres

Moisés González Muñoz dijo...

Muy buena crónica, Evaristo.
Tanto y tan buen detalle, hace que me apene el no haber podido asistir a la etapa y perderme la inigualable belleza del paisaje y vuestra inmejorable compañía.