jueves, 4 de mayo de 2023

Etapa 5 del GR-92, entre El Cortalet y L'Escala

  

Cuando la primavera te droga los sentidos

 

La naturaleza ofrece la posibilidad de alterar tu estado mental y sensitivo si la traspasas con tus sentidos y te deja huella. Puede drogarte, con o sin efectos secundarios. Pero has de saber que también es capaz de generarte una muy sana adicción.   Y si encima la cuidas, el futuro comienza en el presente. Drogar nuestras capacidades ha estado  a nuestro alcance durante tantos años en general y en el recorrido del GR 92, desde Portbou hasta aquí,  en particular. La perspectiva visual en primavera  aportaba material suficiente como para ratificarlo, que completaremos aquí con términos  asociados a esa formas de abstracción,  a intentar poner palabras a sensaciones y percepciones, un paseo más por otros mundos que están en este, una ampliación  de las presentes realidades, retratadas por gentes con buen ojo y la maquinaria adecuada, apenas sin tiempo para enfoques y encuadres, que exigirían más constancia en la mirada tecnológica. 


 La segunda etapa del GR 92 dentro de los entornos de una de las principales zonas húmedas de Cataluña, els Aiguamolls de l’Empordà,  era un cúmulo de explosiones visuales, auditivas, olfativas y táctiles en medio de un paisaje que despertaba con el canto de los pájaros, el agua dulce y salada (sola o mezclada),  esa vegetación que escondía y mostraba a la vez, el género humano por allí con sus diversas especies y la demostraciones vitales de un personal que cumplía con sus diferentes hojas de ruta. 


Cada uno sintonizó con la frecuencia de sus antenas receptoras para captar las señales de tantos emisores sensoriales como allí coincidían. La adicción podía estar servida si te dejabas llevar, con o sin adulterantes propios del entorno: conversaciones mil, estar más pendientes de enfoques fotográficos rápidos o de los inacabables mensajes del móvil, la atención plena a un animal o a un encuadre, el casi imperceptible ruido de quien se esconde o se muestra. Hasta hubo quien, antes de bajarse del autocar para comenzar la ruta, gritó con asombro: “¡He visto una polla de agua!”. 


Muchos coadyuvantes reforzaban las percepciones o las anulaban para enterarse o no de los inputs que ofrecían los lugares de paso. Aquí la droga del entorno primaveral era un placer. Sus principales enemigos, la prisa y ver solo a través de ópticas diversas una realidad que exigía su disfrute en directo, sin mediaciones y con tranquilidad.


Un cartel anunciaba la recuperación de las condiciones ecológicas necesarias para la recolonización y expansión del “turó europeu”. Paseo delimitado por vallas de madera conducían a visitantes que pretendían observar con espíritu científico. Al personal más especializado y ornitológico se le distinguía por atuendos concretos, conversaciones sesudas y silencios cómplices. Por ejemplo, a pie de lagunas: trípodes, maquinaria y prismáticos de alta resolución Zeiss, en la mano la “Guia d’ocells”, confrontación de visualizaciones con datos, comentarios detallados en voz muy baja sobre  percepciones expertas para verificar nombres y especies, mochilas con el paquete de básicos, protecciones solares y ese espíritu de interpretación  de quienes posaban a distancia, exhibían largos cuellos y delgadas patas, plumajes coloridos o cuerpos pequeños. Debían estar muy acostumbrados a turisteos varios. Uno se imaginaba cuántos retratos podrían haber producido esta fauna  en tantos años si las tornas se cambiaran y esas aves pudieran enfocar a tanto personal como por aquí ha pasado.

  

Un grupo anduvo por las alturas del elevado observatorio instalado en un antiguo silo de arroz,  después de ascender por una escalera de caracol, cuyos escalones eran una muestra de pisadas verdes allí pintadas: terrenos inundados, de nuevo carteles para identificar aves por sus huellas y otros detalles, pequeños pájaros muy atrevidos que se posaban al lado del turista (como si estuvieran colocados para la ocasión), el cielo gris al fondo que marcaba los límites de la playa y dejaba ver la silueta de lagunas más cercanas en una composición de tonalidades oscuras,  más itinerarios literarios, acceso restringido a caballos, informaciones detalladas  sobre estos espacios de agua dulce y sobre playas y arenales costeros, bancos para aliviar los paseos y atención a las sorpresas que surgieran. 

 


Desniveles

La altura máxima de esta etapa del GR 92, entre Cortalet y l’Escala, según wikilok, fue de 16 metros. Pero también  la marcó ese ascenso a la torre de observación, dentro del Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empordà, llamada el Observatorio Senillosa. La atalaya ofreció la típica panorámica de 365 grados con muchas pinceladas como para conocer en propio cuerpo los efectos agudos y secundarios de tanta agua dulce y salada y la vida que la circunda. E imaginar qué pasaría si el líquido elemento desaparaciera. A pequeñas o grandes dosis eran estimulantes neuronales con potentes efectos secundarios, incluso con predisposición al abuso positivo si profundizabas en la observación con conocimiento, en el silencio que habla, en la foto que inmortaliza. 


Si por aquí paseara el prestigioso óptico alemán Carl Zeissse enorgullecería de cómo sus instrumentos ópticos de gran calidad estaban presentes entre grupos, ya a aquellas horas, según ellos las mejores para empezar el día con tanto ser vivo que hacía mucho rato había despertado. También llevaban conocimientos visibles, grabadoras de sonidos y charlas muy sesudas sobre flora y fauna, con dosis y sobredosis de especies sobre las que debatían de forma casi imperceptible.  En la anterior etapa quedaron plasmados enlaces a sitios web con nomenclaturas específicas de la naturaleza de este entorno.


Un recorrido por Mas del Matar y el Observatorio Senillosa, desde la playa de Can Comes hacia la de Sant Pere Pescador, rodeando el camping Nàutic Almatà, el Fluvià Náutic y por entre diversos equipamientos motorizados, una zona recordada por quien compite en aguas abiertas contra medusas y temperaturas, con el río Fluvià y sus canales. Si había silencio, los cantos de los pájaros se completaban con la floración de los manzanos “Poma de Girona denominació d’origen”, flores y plantas que enervaban los sentidos y facilitaban ese tierno verde primerizo  que ha de consolidarse aún con tonalidades más oscuras. 


La zona era atractiva también para deportes de vela con viento y para zona de aparcamiento de vehículos diversos. Las orillas, además de las composiciones fotográficas y mentales idílicas con barcas, cañas y aves, las ocupaban pescadores. Alguien se atrevió a despejar incógnitas y le preguntó a uno si aquella masa de agua era dulce o salada: dulce por arriba y salada por abajo, respondió. Pero cuando fue más allá y quiso saber qué peces pescaba y si eran de agua dulce o salada, o de ambas, no se inmutó. Quizá fue muy prudente y no quiso caer en ese dicho o frase hecha que circula desde hace años, seguro que muy injusto: “Mientes más que un pescador”. Algo debe tener ese tipo de pesca de la paciencia, como si fuera una muestra más de atención plena, un mantra, una forma de meditar o posturas distintas de artes orientales. Pero esto ya no fue objeto de más interrogatorios a profesionales deportistas practicantes de la quietud y la concentración. 

 

 

Amenazas

Las pasarelas de madera marcaban los paseos por los humedales y marismas, ofrecían acercamientos a vistas fotogénicas, mostraban canalizaciones naturales y artificiales de agua y te iban conduciendo  a observatorios, a puntos de salida o de intersección,   o hacia la playa. Las dunas estaban allí en proceso de regeneración. Los carteles indicaban que por el GR 92 se llegaría a Sant Pere Pescador per Mig de dos Rius a 4 km, y que la Gola del Fluvià estaba  a 400 metros. A aquellas horas ya había huellas humanas dibujadas en la arena, cubos de basura atados y protegidos con piedras de los fuertes vientos, máquinas, contenedores de barcos, bastantes autocaravanas diseminadas por terrenos cercanos a la desembocadura del Fluvià, dentro de aparcamientos pagando o gratuitos. 


Aquel día, en una emisora de radio, un cómico que emulaba ser rico, ironizaba con mucha socarronería sobre otro humedal y sus polémicas, Doñana, y sobre la propuesta del Gobierno de Aragón de instalar un telesilla por Canal Roya para unir las estaciones de esquí de Astún y Formigal: “A mí lo que me importa es comer buenas fresas con nata y no preservar  esos bichos y plantas con nombres tan raros que queréis conservar en Doñana. Y, cuando llegue el invierno, esquiar con buena nieve. Al fin y al cabo, ¿para qué sirven los Pirineos sino para que los ricos disfrutemos?”. Menos mal que no mencionó estos lugares que estábamos pisando. En el recorrido de esta etapa hace años  hubo varios proyectos de urbanizaciones que se pararon gracias a la lucha opositora de muchas personas y entidades. Algunos restos se pudieron observar, en medio de canalizaciones o cercanas a ruinas muy historiadas. Los vendedores de humo y de ladrillo siempre han abundado. Detrás, la especulación. 


Las amapolas teñían de rojo los caminos mientras en un giro el sendero se adentraba por más pasarelas de madera para preservar el medio. En ningún sitio visible se recogía la historia del activismo social  años ha para evitar que en el territorio de esta etapa del GR se construyera una macrourbanización, una marina residencial para 60.000 personas en estos humedales. No se conformaban con la Venecia-Empuriabrava. La lucha continua y constante  consiguió salvar la naturaleza de su principal enemigo: las personas. Activismos contra pasividad.

 

Recesos

En la zona abundaban kartings,  cámpings, parques residenciales y presiones turísticas de todo tipo, en el entorno de Sant Pere Pescador. Espacios acotados con nombres  de Palmeras, Gaviota, Bon Relax, Empúries, Àmfora, Aquarius. Eran reclamos para el asueto legal,  controlado y de pago.


También había áreas de descanso como la que surgió en un tramo del sendero, en el Mas del Joncar. Con señales al camí de les Llúdrigues,   allí quienes gozaban y babeaban con la reciente descendencia familiar agasajaron al personal con remesas azucaradas para que la droga de la glucosa no decaiga. Fue un buen momento para el repaso de sustentadores de salud: estados del chasis, recomendaciones diversas, sesudos enfoques sobre genética y enfermedades, todo para gentes que van acumulando juventudes diversas y aspiran con la práctica a ser personas más allá de ser válidas para los recados y otras prácticas. Fueron momentos de felicitarse por estar vivos, de reencuentros muy deseados y de poner muchas notas de humor a la adversidad. 


El camino seguía sorteando poblaciones, ríos y más zonas del parque natural, en los entornos de la playa de la Devesa y de El Riuet, como más cámpings de nombres muy populares y repetidos que han estado presentes en la cultura del descanso: La Ballena Alegre o Las Dunas.

 

Historias

La entrada a Sant Pere Pescador sirvió para plantear dudas a gentes enciclopédicas  que saben o creen saber casi todo de todo: ¿esa masa de agua  es el río Ter o el Fluvià? Sirvió para demostrar que aprender de la duda o de la confusión aporta más sabiduría. El puente dio continuidad al GR y al parque natural con la desembocadura de los ríos Muga y Fluvià, entre más manzanos en flor, fincas con cultivos de árboles para su venta, camiones llenos de nuevas plantas para su transporte en las inmediaciones de L’Armentera, floridos campos de colza  y gentes jubiladas que se sentían útiles regando huertos o “el trós”. En esta población merece la pena algunas visitas para momentos con más lentitud: la iglesia de Sant Martí;  el molino de agua L’Armentera, del siglo XVIII, muy bien conservado; y la Fira de la Poma en el segundo domingo de octubre: venta, elaboración de zumos naturales y  mojito de manzana.

Una etapa llena de historias diversas en  ambientes sedantes, tranquilizantes, calmantes y hasta anestesiantes. Hipnotismos con supuestos poderes medicinales entre aguas y primaveras en su esplendor. Dejarse llevar por una flor o por el canto de un pájaro es gratis y te narcotiza,  o no.


Una sorpresa histórica obviada y  no paladeada donde se reagrupó el personal: el núcleo llamado Cinc Claus, que pertenece a L’Escala, donde se cruzan el GR 92 y el GR 1. En un lateral del espacio o plaza había un cartel con una estampa histórica y antigua del portal del castillo de Cinc Claus: una escena de labranza, una señora, un carro y las gallinas en medio.   También aseguraba que este espacio antes se conocía como Cent Claus y no como la actual denominación de Cinc Claus. Cinco masías construidas en el siglo XVII, algunas reconstruidas después, dominadas por un castillo, de la familia del caballero Pau.  Rodeaban  la ermita llamada  Santa Reparada (de origen prerrománico, reedificada a principios del siglo XVIII), parece ser que en honor a una chica virgen de 12 años martirizada en Palestina por la persecución de Decio. No quería renunciar al cristianismo, fue degollada y después su alma la vieron salir del cuerpo. Volaba con la forma de una blanca paloma. Todo en medio de gentes que en aquella época vivían del cultivo del arroz en unas tierras inundadas por las aguas del Ter. Los relojes solares llamaban la atención , igual que la torre de defensa del antiguo castillo y la muralla, de la que solo se conservaba el portal. El cartel que había a un lado explicaba el contexto.


¿Más sorpresas? Aún estaba en pie el puente medieval, el portal de entrada y una torre adosada a una masía. ¡Menos mal el cartel indicativo! Y, sobre placeres actuales, también había la opción del éxtasis y paladeo de condumios que debían dejar huella gustativa y emocional, en el restaurante situado en una de las masías, llamado Mas Concas, con sibaritismos culinarios para bolsillos con posibles bajo la definición de su especialidad: cocina de mercado, sin más concreciones, como si todo no fuera mercado o no estuviera en él. Se dice que esta masía había sido propiedad de la escritora Caterina Albert, conocida por el famoso nombre de Víctor Català.

 

Encarados al tramo final, entrábamos en otras grandes y viejas historias. Sant Martí d’Empúries,  primera capital del condado de Empuries hasta el siglo XI, cuando la capital se trasladó a Castelló d’Empúries, por estar más lejos de la costa y así  poder defenderse mejor de los ataques por mar; lugar lleno de coches, núcleo muy conservado y volcado al turismo de momentos y celebraciones, de romanticismos y éxtasis reales gracias al postureo generado por la droga del relax combinado con la imaginación, con móviles que al final  no sabían a dónde apuntar para inmortalizar tanto en tan poco tiempo. 


Más allá, las famosas y muy visitadas ruinas de Empúries, playas donde desembarcó la antorcha olímpica de las Olimpiadas de Barcelona 1992. En una de ellas, cercana a Sant Martí, GRMANIA comenzó el GR 1 en septiembre de 1987, con una primera etapa al revés, entre Llampaies y Sant Martí d’Empúries, con la correspondiente epístola de este juntaletras que se puede volver a consultar en el presente  titular: Empúries: inicio de historias, de frases y de caminos. Los archivos fotográficos aún muestran juventudes y gentes conocidas que se enfrentaban a este nuevo GR.Huyendo de ruinas, todos vamos acumulando capas de juventud en la historia personal, afrontando una realidad no siempre fácil. Para sobrellevarla, acudamos por ejemplo  a un consejo budista: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”.


Entre  paseos más o menos artificiales al lado de las playas, frecuentados por deportistas, bicicletas, patines, corredores  y practicantes de las llamadas “rutas del colesterol” que abundan por entornos urbanos y rurales, L’Escala estaba a la vista y también se soñaba con otras adicciones más o menos necesarias y algunas espumosas, sean comibles, bebibles o legibles. 


Mientras se conseguía reunir al personal, la terraza del restaurante Estribor sirvió para observar la larga bahía de Roses, recorrida entre dos etapas, atender a algún diálogo de besugos, chascarrillos diversos, enhebrar conversaciones de más o menos calidad y esperar las cervezas de rigor. Como casi siempre pasa, los bares actuales no están preparados para tanto jarreo GRmano. Este tipo de vidrio escasea y, si hay, esta vez sirvió para que quien administra los fondos advirtiera que si hay jarra no hay repeticiones. El servicio al terraceo significó una evolución necesaria y una demostración integradora, con mucha fuerza y energía. Y mucha mucha honradez profesional, al devolver un dinero de la cuenta final que al parecer creía que no tocaba cobrar, aunque no era así.  


Como postre añadido, compartir libros un día antes de Sant Jordi, recibir el gran regalo de una pequeña  rosa de fabricación manual y casera. Complicidades, cultura, comida, bebida, todo con vistas a un mar que recibió a culturas imprescindibles para entendernos hoy y que ahora prefiere acoger en las costas de la Europa acomodada a turistas con tarjetas de crédito  que no a gentes solo con lo puesto que huyen de pobrezas, guerras, violencias y humillaciones, sin apenas futuros a la vista.


Y como de lectura se trata, una droga imprescindible para la vida de muchas personas, he aquí unos versos del poeta austríaco Erich Fried (1921-1988), en una colección de poesía social:

 

Ayer empecé a

aprender a hablar.

Hoy estoy aprendiendo a callar.

Mañana dejaré

de aprender.

 

 

Evaristo

4/5/2023

 

 

 

 

 

 

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