Temporales senderistas con efectos al alza
Muchos eventos meteorológicos han debido sucederse entre aquel mundo del trabajo de las apreciadas tornerías del valle del Ges y el de la colonia textil de la Farga de Bebié, llamada “la Colonia de los Suizos”. Aquel proceso industrial para las piezas de la maquinaria textil, allá en la zona de Torelló (inicio de la etapa), y el final en La Farga, primero de hierro, después molino de harina y luego fábrica textil por casualidades de la vida, cuando un estudiante de Vic que aprendía en Wintertur le habló de las posibilidades de su zona al hijo de un industrial de Zúrich. Es una interesante historia empresarial, laboral y humana, todo con una evolución que acabó en el abandono actual, visto en el final de la etapa, en un meandro al lado del río Ter.
Entre el principio y el final de este recorrido por el GR 151, entre Sant Pere de Torelló y la Farga de Bebié, con tres kilometrajes senderistas a escoger, hubo precedentes dignos de fluctuaciones bolsistas , temporales, aplazamientos del día de autos y paisajes abiertos a la naturaleza de un inverno con mucho de casi todo.
Alcismo
¡Quién hubiera pensado que sucedería casi una lucha por la plaza nada más empezar 2026 para la convocatoria de enero!¡Y quién pensaría que eso pasó cuando se incrementó el precio de la cuota, después de tantos años pagando lo mismo! Se subió el estipendio y se llenó el autocar para la etapa suspendida de enero. Hasta se abrió lista de espera. ¿Cómo no haber usado antes esta estrategia comercial, necesaria ahora y quizá también hace tiempo? Es el atractivo de subir el precio, como si hubiera que posicionarse entre las marcas premium senderistas. Si aumenta por algo será: probemos.
El temporal de enero era uno de los ocho temporales del nuevo año y la suspensión y aplazamiento a febrero también comenzó con buenas perspectivas para la caja recaudadora. Otra lista casi a tope pero al movimiento al alza al final le acompañó el efecto dominó: que si lesiones, que si meteorología dudosa, que si barro y otras incidencias carnavalescas o viajeras. Al final, es lo que hay.El alcismo, a la baja. El encanto de degustar a qué sabe el nuevo precio quedó solo en buenas expectativas.
Es que desde el 7 de octubre se han bautizado ya a 16 borrascas: Alice, Benjamin, Claudia, Davide, Emilia, Francis, Goretti, Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, Marta, Nils, Oriana y, ahora, Pedro..
Emblemas
Sant Pere de Torelló sorprendió con algunas de las 17 esculturas que homenajeaban a oficios que fueron una de las principales actividades económicas de la población. Era un museo al aire libre, la Ruta de la Torneria y otros oficios, con puntos del entorno (que se pueden consultar aquí) y una invitación a visitar también el Museu de la Torneria. Toda una mención histórica a oficios fundamentales y al mundo del trabajo. A la salida de la población, dos recorridos des de aquí (el tercero, desde Santa Maria de Besora hasta el final): de 13 y 22 km aproximadamente.
El artista Agustí Pinyol dejó el atractivo de las formas de la naturaleza en dos obras al aire libre: primero en la font del Pinyol y más arriba la font Vidranesa.
Allá en lontananza, el monasterio de Bellmunt, en un entorno con la amplitud que propiciaban las subidas en un invierno muy nevado, árboles despojados de sus hojas y visibilidad con blanquecinas nubes, nieblas y nieve al fondo; piedras húmedas, fuentes con agua, cómo no el inevitable barro, alfombras de hojas secas y a la vez mojadas. Perspectivas desde un sendero que zigzagueaba y ascendía, jugaba a sortear la carretera, se asomaba poco a poco a la cima. Las prótesis de los bastones protegían y aseguraban en la ascensión, en fila y con la gestión personal de las fuerzas entre resoplidos y tensiones.
Había que superar los cuatro escalones antes de la cima: el Pedronet de la Verge de Montserrat, la font de la Vidranesa, el Códol Foradat y l’Alzina Grossa. Allí estaban para contemplarlos aunque se pudieran pasar por alto por tener la vista y las ganas de llegar al fin allá arriba, fotos aparte.
Ascensos
Hubo quienes miraban el atuendo por si perdían algo, quienes se fijaban más en protecciones como gorras y en imaginarse qué cubrían, en apuntar el objetivo a descubrimientos efímeros, quienes repasaban estados en pequeño comité, o se imaginaban castillos en el aire si el autocar se hubiera llenado.
Mientras, el coll del Pedronet, la carena de l’Hostal y el coll del Hostal del Mal Govern (se decía en los papeles históricos: “com un hostal de mala faisó i descuidat” por un hostelero de nombre Mal-Agre). Próxima, la font de la Vidranesa (nada que ver con el pueblo de Vidrà), referenciada como antiguo refugio de contrabandistas y, también después, protección para caminantes, más antigua que el monasterio de Bellmunt. Un remanso para detenerse y descansar, aunque mejor allá arriba con mayor visión del conjunto.
Antes, un gran monumento global: l’Alzina Grossa, a la vista los efectos del temporal Gloria (la noche del 20 al 21 de enero 2020) en un árbol centenario con un escrito allí al lado como homenaje a un ser que el pueblo sentía como suyo y con la representación de rendir tributo a sus restos.
Miradas
A 1.246/1.248 metros ves “tu secreto rozando el cielo” según publicidades varias. Donde antes estaba una fortaleza, el Castillo de Sa Raganyada, hoy los ojos contemplan los Pirineos, el Valle del Ges, el Bisaura, la plana de Vic, Pedaforca nevado y demás cimas. Pero también te ven desde el santuari de Bellmunt, excavado en roca. Una cámara de 360 grados en la zona de las antenas captó a quien aliviaba la vejiga., con opción a visualización desde el móvil de la cámara en directo. Sin querer, alguien la censuró momentáneamente con su mano delante, quizá para avisar de tanto ojo digital que se te mete hasta en tus entrañas (un ejemplo es China, este año 2026: 700 millones de cámaras que vigilan a 1.414 millones de habitantes).
Al lado, el ojo físico veía otro perfil: el monolito de la red “Miradors de Descoberta”: una mirada al paisaje y territorio de Osona y del Lluçanès desde el mirador de Bellmunt (para saber cuáles son los seis de la red, más informacion aquí).
Es tierra de castillos, fortificaciones, ermitas, granjas, fuentes, saltos de agua, rieras, puentes, torrentes, industrializaciones de todo tipo, vidas alternativas y posibles efectos de las nieblas en los comportamientos y espíritus.
¡Ojo!
Gentes en bicicleta y otras “máquinas” humanas corriendo en subida completaban un paisaje matinal en el que también había quienes debían buscar un refrigerio en la hospedería. La niebla jugaba a tapar y dejar ver, mientras se entreveían montañas míticas adornadas por un año muy copioso de manto blanco.
De bajada, un gran hayedo con un suelo poblado por sus hojas, posibles resbalones en superficies mojadas, con charcos y piedras a las que les cuesta adaptarse las suelas de las zapatillas. Hasta llegar a un coll con un curioso nombre que pudo pasar desapercibido, como tantos detalles más que hay en cada etapa. ¡Ojo a la historia!
Era el “Coll Hi era massa”: al parecer, en tiempos feudales los subordinados del señor del castell de Besora estaban hartos de su despotismo y decidieron deshacerse de él, matándolo. Cuando el Tribunal preguntó quién lo había hecho, dijeron que el pueblo. ¿Y por qué? porque “hi era de massa”, o sea, “estaba de más”. ¡Si eso se hiciera hoy!… (quizá le tocaría también a este juntaletras por tantas palabras que están de más).
¿Estrictos?
La vigilancia pedestre y el ojo avizor evitó incidencias en medio de un paisaje despejado, entre el GR 151, el GR 3 y otros ramales en dirección a Santa Maria de Besora y los 35 metros del Salt del Mir. Un salto de agua en su máximo esplendor, bien observado por la mayoría excepto por el grupo primero. Por ser estrictos para cumplir el horario fijado, prefirieron ser puntuales en la llegada, tras 2.000 metros de desnivel acumulado en los 22 km recorridos. Pues se despistaron muy mucho. ¡Se olvidaron que estaban en GRMANIA!: casi una hora y media de espera por el resto del grupo a la llegada.
El entorno y aparcamiento del restaurante La Cabanya del Mir dio paso a granjas, al coll de les Pedregoses, font dels Cirerers y al acercamiento a Santa Maria de Besora, con el castillo de Besora arriba y establecimientos hosteleros de paso a lo largo de la carretera. Anuncios de “esmorzar de forquilla”, condumios consistentes y alojamientos rurales. Mientras, más allá, un enorme semental se solazaba en medio de las vacas.
Hubo gentes que aprovecharon para arreglar mundos, hablar de lo divino y humano y recordar que allí también se veía personal enfrascado en templados debates sobre fascismos incluidos. En un momento dado, alguien jugó a la contra y recordó al gran director de cine italiano Pier Paolo Pasolini con su famosa deducción que puede ser aplicada a estos tiempos: “el fascismo de los antifascistas”. Mientras, se hablaba con educación y se interpretaba el imparable aumento de la derecha y extrema derecha, mientras al fondo se veían muchas “montañas nevadas”.
En un momento dado el estricto personal que manda los ES-ALERT interrumpió la soledad para hacerla sonora. Allí, un mensaje más en los móviles, seguro que imprescindible y muy previsor. Alerta por fuertes vientos, aunque allí ni viento ni velocidad. Que no acabemos como lo del lobo, que de tantas veces alertarlo nadie se lo creyó y al final vino y generó una mortandad de ovejas.
Espacios
De la sequía al exceso. Balsas de riego llenas, charcas por doquier, fuentes y saltos a rebosar, zapatillas mojadas y el camino restante, al frente. Poco a poco, el espacio natural protegido de Montesquiu (500 hectáreas) asomaba al fondo, con referentes históricos que retrotraen a la Edad Media, en la red de parques naturales de la Diputación de Barcelona. Una torre de vigilancia evolucionó a un castillo en el siglo XIII
Quien dominaba era evidente, el castillo de Montesquiu, de 1285. Hoy visitable, centro de convenciones, albergue, con itinerarios señalizados, rutas y áreas para aparcar vehículos y cuerpos humanos. Por allí discurrieron raudos senderistas entre paseantes tranquilos y personal disfrutón, con el serpenteante río Ter abajo.
Este avistamiento provocó ilusiones de fin de etapa a quienes venían de Sant Pere de Torelló, con la carretera C-17 a la vista y la vía del tren que apenas funcionaba, o sea, RENFE. Pero no. La suave bajada dio paso al remate con una prolongada subida camino de les Planeses, puente de la riera de la Solana y fuente de Les Planeses, escondida en un margen del camino, con agua, situada en un antiguo cámping del castillo de Montesquiu. Robles, pinos y bojs la protegían.
La Farga de Bebié se percibía cercana. Antes, paso entre edificios habitados por gentes diversas, con un coche de marca sueca adornado con colorido rosa, reclamos y anuncio de otras formas de vida. Un minicafé y una persona invitaban a entrar, entre otras personas que acarreaban utensilios, en un paisaje que parecía alternativo a la normativa habitual.
Esperas
Al espacio La Farga le precedía la estación de ADIF. Después, una iglesia y esa colonia apodadada “fantasma”, la de “Los Suizos”, abierta en 1895 y cerrada en 2008. El suizo Edmund Bebié la fundó entre Montesquiu y Les Llosses. El meandro del Ter donde se construyó aportaba agua al molino Rocafiguera y a un conglomerado fabril en el que llegaron a trabajar 1.000 personas (más información aquí).
Allí, al borde de la carretera, el grupo que esperaba compartió observaciones y vivencias mundanas. Además de citar otra vez a Pasolini por el tema en cuestión, mencionar los preocupantes efectos en la opinión pública de la Ventana de Overton (nada que ver con ventanas fotografiadas por el camino), y analizar el mundo del derecho y del revés. Se escucharon tendencias: aumento de jóvenes muy preparados que prefieren más el trabajo autónomo que el sueldo y horario fijos en empresas. O la imparable tendencia de la humanización de los animales domésticos, -casi en un proceso que también se podría leer a la contra-, o ese placer de quienes, gentes emperifolladas o no, disfrutan de la percepción al tacto de los calientes excrementos de perros y perras (cuando se recogen), incluso con tertulias en parques para retrotraerse y compartir alimentación, cuidados, costumbres y gozos y sombras de las mascotas, o quejarse de las abultadas facturas veterinarias. O de la apertura de espacios de Instagram para mostrar habilidades del género gatuno de casa.
Por no extenderse en otros temas habituales y muy muy recurrentes (son como hablar del tiempo en los ascensores): las enfermedades, posibles intercambios de nombres y tratamientos de la clase médica y sobre los penúltimos viajes (muchos séniors siempre piensan en el siguiente). El mundo pasaba por allí al lado mientras autocares venidos de todas partes dejaban los escasos viajeros que no podían usar RENFE y debían trasladarse por carretera (una factura final que pagaremos todos, claro).
MAP-CAT
Ripoll acogió (sí, cierto, a pesar de los pesares de la mandamás municipal) al personal senderista en un edificio singular: el CAT Can Guetes de Ripoll, en un espacio reservado y acondicionado al efecto como si de una convención senderista se tratara y que debía cotizar al alza. Por allí empieza o acaba la “ruta del ferro i del carbó", por Sant Joan de les Abadesses hasta Ogassa. Es el km 0 de las Vías Verdes de los Pirineos. O sea, también es un buen punto de encuentro.
Estábamos en un espacio con personas dentro de un proyecto de formación e inserción laboral de la Fundació MAP, con algunas frases que es de muy suponer que puede “presuntamente” asumir también la mediática alcaldesa: “Tota persona te dret a una vida plena amb els suports que necessiti per fer-ho” o “La inclusió com a motor de canvi, per transformar i crear una societat justa, igualitària i solidària”.
GRMANIA contribuyó a la causa con su estancia, que también sirvió para felicitar cumpleaños muy endulzados artesanalmente y a dulces abuelos con su segunda criatura.
Llegados a este punto, esta y todas las etapas en los casi 30 años de GRMANIA han tenido sus buenos momentos. En el fondo, a muchas vivencias de cada persona a lo largo de su existencia se les podría aplicar alguna de las dos frases siguientes, o ambas o ninguna:
“La felicidad es un recuerdo”
atribuida a Albert Camus.
O esta otra:
“La felicidad es sencillamente buena salud y mala memoria”
Albert Schweitzer, médico y filósofo.
Evaristo
24/02/2026
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