domingo, 28 de abril de 2013

17 años de GRMANIA en un libro conmemorativo

Parece que fue ayer y ya han pasado 17 años. Los senderos de Gran Recorrido (GR) dieron lugar al nacimiento de un colectivo humano llamado GRMANIA: el gusto por andar en grupo.
Los GR son la mejor disculpa para hacer deporte, conocer el territorio, crear amistades, fomentar valores humanos y reconocerse en un grupo abierto a todos.
GRMANIA es la suma de muchas personas que aportan sus conocimientos, habilidades y buenas intenciones (también manías, defectos y algunas otras penalidades muy humanas). Los ejemplos abundan y los 17 años de existencia se basan precisamente en las aportaciones de cada persona y en el respeto a cómo es cada individualidad.
Uno de los ejemplos que verifican la consistencia de GRMANIA es la edición de este libro, en formato digital (y también en papel). Se trata de una recopilación de escritos y fotografías. Por supuesto que en GRMANIA hay más textos y muchas más fotos. En esta ocasión la edición se centró en una obra que tiene como eje peincipal a un grupo que ve la realidad mientras camina: se ríe, se discute, se debate, se explica,se come, se bebe, se descansa y, mientras, se ve el paisaje. En resumen: se vive "haciendo camino al andar" .
En las 250 páginas de "GRMANIA, 17 ANYS" (GRMANIA, 17 AÑOS) encotraréis lo siguiente:
- Prólogo: del coordinador del grupo Josep Hervás (en catalán)
- Epístolas: de Evaristo González (en castellano)
- Poesías: de Pedro Puerma (en castellano)
- Fotografías: de Antonio Gil.
Edición de la obra: María Morales.
Si, mientras lo lees, eres capaz de imaginarte los momentos que hemos vivido y los lugares por donde hemos pasado, ¡lo hemos conseguido!: tú también formas parte de GRMANIA.
Recuerda: Ítaca está dentro de ti.
 Gracias por tu complicidad y...BUEN CAMINO.


martes, 26 de febrero de 2013

Cami de Sant Jaume: de Igualada a La Panadella




En paralelo al abandono por el progreso


Las líneas paralelas son habituales en los caminos. Aquellas rutas iniciales para unir poblaciones, transportar materiales o comunicarse personas estaban tan bien trazadas que las actuales carreteras las imitaron. Los ingenieros, en vez de aplicar tantos conocimientos a discurrir nuevas rutas, fueron a lo práctico. Si antes decidieron que por allí había que ir, ¿para qué darle más vueltas a la línea recta? Sólo evitar aquellas curvas obligadas, porque antes se luchaba para que la carretera pasara por el centro del pueblo: ayer era vida, hoy es peligro. Los Caminos de Sant Jaume o de Santiago son un ejemplo de aciertos de quienes trazaban con lo que sabían y enseñaban a las generaciones con más medios. Aquel camino dio lugar a una carretera nacional, luego a una vía de tren, a un canal, a una autovía, autopista. Líneas paralelas que siguen así o que, por causas artificiales, convergen, se cruzan y se separan para seguir viéndose, aunque sea de lejos. Paralelismos con otros menesteres de la vida: juntos sin tocarse, a un lado pero guardando las distancias, convergentes y unidos, o desunidos sin convergencia interna pero con sonrisas y falsos abrazos porque los intereses así lo exigen.

Lejos pero cerca

El Camí de Sant Jaume atraviesa poblaciones: lo que antes era contacto, riqueza y ayuda ahora es asfalto, semáforos, viaductos y más asfalto. Igualada se sitúa muy a la larga en la ruta jacobea. La naturalidad del trazado acondicionado para uso a motor es una artificialidad que se pretende evitar porque lo propio sería lo de antes, que a veces se ha “civilizado”. Hoy en día se podría considerar como “ponerle puertas al campo”, aunque éste se abandone a su suerte. A Igualada se acudía a comprar ropa íntima a buen precio. Y así se hizo en el tramo anterior. Ahora hay quienes dicen que sus atributos masculinos no encajan lo bien que se esperaba en el diseño textil. Intimidades al descubierto que habría que ajustar para evitar roces y enrojecimientos lastimosos, no aptos para enseñar en privado.
El inicio del camino fue pasada la población para evitar lo inevitable. Las líneas paralelas, desde Igualada a La Panadella se podría decir que están hechas del mismo material aunque de distinto color.

Fines

Etapas a la carta con el autocar que acerca o aleja el final a gusto de las fuerzas y condiciones del personal. Que no se diga que nadie sufre más de la cuenta. Todo controlado. Hasta el calentamiento de miembros inferiores y articulaciones. Hoy la segunda y tercera edad o salen a la estampida porque su mente avanza más que sus fuerzas, o se preparan y previenen el esfuerzo para evitar recaídas, radiografías, resonancias magnéticas, rehabilitaciones, acupunturas, masajes, osteópatas, fisioterapeutas, vendajes, apósitos y demás artes para que el cuerpo aguante. “El éxito corriendo es un juego de prevención de lesiones”, decía un número dos en carreras de montaña.
No extraña ver cuerpos preparándose con artilugios diversos y tampoco llama la atención quien asiste a la etapa para practicar el sano deporte de darle a la lengua sin parar. Cada uno a lo suyo y el paisaje a ambos lados, se vea, se observe, se contemple o se ignore.
Tampoco llama la atención que a veces asome la palabra muerte en alguna conversación. Bien sea por oficios relacionados, por nuestro interés por ignorar la evidencia o porque algún ser querido ya no está, el fin está ahí. Como pasa en cada etapa del camino. Cuerpos que se desgastan, jubilaciones laborales, energías aún ahí, proyectos pero los justos: como para consolarse con las cuatro o cinco cosas que diariamente se deben apreciar. Qué mejor que acudir a las artimañas mentales de experimentados corredores de montaña que, ante varias lesiones seguidas, te ofrecen sus sabios consejos frutos de las recaídas: “He pasado de gestionar mi cuerpo a gestionar mi mente” (Anton Krupicka). Quizá lo que de momento no podemos gestionar es el precio de los entierros: sólo pagarlos, y no el nuestro. Esperaremos a que algún día llegue el low cost a este servicio inevitable.

Áreas

Las urbanizaciones cercanas a Jorba son un símbolo de cómo la vida placentera también puede sucumbir a ataques de miedo, prevenidos con varios sistemas de seguridad. Las cámaras, los anuncios intimidatorios de que allí hay un gran perro (se oiga de verdad o no exista), las altas vallas o setos convierten en opaca la vida de sus inquilinos. Pero no inexpugnable. La situación actual parece que a este personal, entregado a la naturaleza y a la tranquilidad, le solivianta la existencia. Allí en medio se observa alguna casa de labranza, abiertas sus puertas como en otros tiempos. Contradicciones de la existencia. Con y sin miedo.
Jorba está ahí, ya lejos de la antigua carretera nacional que lo cruzaba. Apenas algunos ciclistas, coches aparcados y el sonido lejano del transporte desviado. A hora tan temprana no se percibe ni siquiera el movimiento de la gente mayor que madruga para comprar la primera hornada de pan, no siendo que se acabe. El camino sigue y no se aparta de la vida de la arteria principal. ¿Cómo negar la escasa vida que puede dar aún aquella circulación que ya va de paso pero que antes se detenía a conveniencia?
Las casas de comidas, talleres, establecimientos de todo tipo y las luces de neón apenas existen. Más allá, un área que es símbolo de la pujanza agrícola, ganadera e industrial de la zona. Un ejemplo de interculturalidad, precios baratos y servicio. Guissona ha pasado a situarse en el mapa por un conglomerado donde conviven personas de muchas razas y el modelo de cooperativa es un ejemplo. BonÀrea: supermercado, combustible barato y la oportunidad de comer a muy buen precio. Otros negocios también son posibles. Innovación a pie de carretera en unos tiempos en que encarar la realidad es difícil pero se necesita atrevimiento: “Hay que tener miedo a no asumir la gestión del conflicto”.

Cruces

Más allá un rugido extraño sorprende. Por la antigua vía para ir a Andorra, dirección Copons, dos atractivos bólidos deportivos son amables. Ralentizan la marcha, dejan pasar a los peregrinos y se dan cuenta de cómo llaman la atención. Las obras del arte automovilístico son efímeras pero bellas. Sus propietarios han pagado por el valor de la emoción y del icono y deben ser contemplados, admirados y hasta envidiados por el sonido, el perfil bajo del artilugio, las líneas aerodinámicas, la exclusividad. Marcas italianas y alemanas, donde la belleza es arte.
Más allá, siempre al lado de la antigua carretera, una estación de servicio mítica para quienes han sido habituales a esta ruta. Vivencias recordadas con policías autonómicos expectantes y servicios aptos para aliviar vejigas. Sin pena ni gloria, el recorrido se podría ignorar si no fuera que es territorio, diseñado por quien pretendió darle otro uso a una vía ya apenas usada, hoy muy tranquilo, con una vía diseñada para ciclistas que acoge a escasos peregrinos. Sorprendente porque no te permite huir del asfalto. Buscabas árboles, viñas, bosques, y recuerdas tantos kilómetros conducidos, adelantamientos temerarios, frenazos, hielos, niebla, radares, lentos camiones, humos, tórridos calores y un fin aún más allá.
Cruce a la izquierda y parada a reponer fuerzas. Un buen momento para confundir unas formas cuadradas depositadas en un campo con colmenas de abejas, Alguien las vislumbró a lo lejos y creyó que estos animales perturbarían el ágape. Admirables animales: ¡a imitar! Cerca del lugar, no muy apartado, un animal más listo de lo que su nombre da a entender. Es creencia urbana (o leyenda urbana más bien) que los burros y los cerdos hacen honor a su nombre, cuando quien procede del campo conoce las contradicciones semánticas y cómo las supuestas aplicaciones humanas son diferentes a las animales. El pollino atado largo en un espacio vallado y con las puertas abiertas no parece estar a gusto en su situación. No es tan tonto.

Pensar

Dicen que la sinceridad aflora mejor cuando el ambiente es propicio, cuando la distensión crea momentos de relax y cuando las comidas, las bebidas y las alegrías liberan esa mordaza mental que funciona como mecanismo para cohibir y alterar lo menos posible la convivencia. En un momento de la parada, alguien que sabe mucho de conducir grupos a excursiones y salidas diversas, viendo la dificultad a veces para llegar a acuerdos con un personal que no para de aportar ideas, hizo una reflexión en voz alta de gran valor: “Aquí en este grupo el problema está en que hay muchas personas que piensan”. De sobra sabe él lo fácil que es programar y efectuar salidas grupales cuando sólo piensa uno y los demás obedecen. Pensamos mucho y también lo podríamos hacer sobre una frase de Stephen Hawking dedicada a nosotros: “Solo somos una raza avanzada de monos en un planeta menor”.

Devengos y memorias

Quizá el personal haya de rebobinar el disco duro para recordar que el Camí de Sant Jaume pasa por un terreno lleno de disputas por el trazado de la autovía. Fueron años de espera y negociaciones, con intereses ocultos que a veces afloraban. Dos trazados posibles para la autoridad ministerial. Oposición de intereses de la zona, convergencias y desuniones con desacuerdos y escasas ganas del bien común. La Panadella significó algo más en los pocos kilómetros condenados a la larga y tensa espera. Un ministro de Lleida, famoso por entronizar la palabra “devengo” en un sesudo y técnico debate parlamentario sobre temas económicos, sólo encontraba trabas de todo tipo en sus propuestas para la solución final. Algunos años después los devengos de la nueva vía repercutieron en todos.
Antes: disputas, trazados, sospechas ocultas y falta de interés por acuerdos rápidos. Hoy: los males de la política y de la economía como símbolo de una parte de la sociedad. Quizá los errores de quienes mandan son una vergonzosa ampliación de males generalizados que se dan al lado de cada uno, de formas de actuar extendidas entre gentes sin escrúpulos: se llamen políticos, economistas o personas anónimas: amigos, vecinos, familiares o uno mismo que se autoengaña con la presunta honradez como tapadera.

Análisis

Como el carácter mediterráneo fabrica más de un experto por persona sobre cualquier tema que trates, qué mejor que acudir a los de verdad. El economista y ex director bancario Manuel Puerto recordó el otro día en el programa “Singulars” de C33 una frase de Thomas Jefferson, en 1802, que para él ha sido fundamental: “Si el pueblo permite un día que los bancos privados controlen su moneda, estos bancos privarán a la gente de cualquier posesión, primero a través de una inflación, a la cual seguirá una recesión, hasta el día en que muchos de nuestros hijos se despierten sin casa y sin techo sobre la tierra que heredaron de sus padres”. Dicho quedó.


Sakura con almendros

El paisaje de febrero despuntaba con multitud de almendros en flor. Árboles precoces que sorprenden muy pronto con falsos anuncios de primaveras adelantadas. Se engalanan de blanco y se arriesgan a las heladas que les dejen sin fruto. Pero aportan el embelesamiento de la incipiente explosión de colores en la primavera que llegará. El camino por l'Anoia mostraba cantidades de pétalos blancos en los que se oía el zumbido de abejas que libaban. Aquí no se elevan a sagrados y tampoco se imita a los japoneses con su pleitesía ante los cerezos en flor. Otra espiritualidad. Suave olor de pétalos que caen casi al tocarlos, el orgullo de ser los primeros en florecer, la semántica de la vida que nace por los ciclos así establecidos. Igual que esos campos sembrados, donde pequeños tallos verdes tienen miedo a despuntar por el frío o por ausencia de humedad. Es el milagro de la vida en paralelo al abandono de carreteras antes muy transitadas y hoy en reserva por un progreso que se traslada más allá.

En alto

Fin del camino asfaltado a dos colores en zona alta, en La Panadella. Un lugar de paso, símbolo de tiempos de gran actividad, venido a menos, igual que tantas casas de postas y mesones que han quedado por el camino como símbolos de un progreso abandonado. Otras vías más rápidas se han trazado y la velocidad es el negocio del momento. Del centro al extrarradio por una autovía inacabada. Un camino de ida y vuelta con un trozo aún sin planificar: Los Monegros son secos y quien aspire a seguir con su ritmo veloz, que pague autopista o, sino, que aguante camiones. Hubo proyectos de enormes casinos. Fantasmadas que ahora se decantan por el centro.
En medio de dulces diversos aportados por personas magnánimas, con un servicio de camareros que ha olvidado la rapidez y el buen servicio de épocas más masificadas, La Panadella es un punto de inflexión, un espacio que te abre la mente al antes llamado “el granero de Cataluña”: la Segarra. Una comarca casi olvidada si no fuera por áreas de progreso agropecuario y cooperativas multilingües.
Seguiremos atentos al progreso. 

martes, 19 de febrero de 2013

Camí de Sant Jaume, de Montserrat a Igualada


Visiones descarnadas de intimidades a cubierto

Hubo un día en que los medios que informan avisaron que se acercaba una ciclogénesis explosiva. Tamaño término pasó de la impresión a ser una expresión casi habitual y, por supuesto, tratándose de este país, al habitual cachondeo ibérico. Pero la amenaza meteorológica hizo su mella, quizá más que la contundencia de un término extraño pero explosivo. El miedo cundió y provocó que la etapa del Camí de Sant Jaume, prevista pàra el sábado anterior, hubiera que anularse. Una decisión muy acertada que evitó ver la realidad mojada y posibles afecciones a las vías respiratorias. “No siempre llueve a gusto de todos” pero cuando se pronostica tanta agua y luego la pluviometría lo certifica, qué mejor que aplazar la salida. Algo que para los peregrinos que se trazan una ruta y unos días para hacerla es un lujo no a su alcance. Para algunas decisiones, qué mejor que recurrir a expresiones ajenas: “El camino más corto entre dos puntos es el sentido común”.
El día de autos amaneció nublado y hasta lluvioso en la ciudad de origen. Sospechas de pronósticos que pronto se despejaron y la meteorología lo puso fácil. De Terrassa a Montserrat las nubes dejaron ver los perfiles de la montaña y la subida abrió los ojos a un mundo que parecía recién colocado ante las pupilas. La visión fue acompañada por un repaso a la situación de un país que da pena. La descarnada realidad no es fruto de la ficción. Quien solo ve los problemas lejos tiene la oportunidad de observarlos también aquí, aunque en cada sitio se camuflan con banderas, amores patrios y desfachatez encubierta por éticas falsas y egoísmo bancario. No se acuerdan de que los cementerios están llenos de millonarios y, luego, los sobrinos aparecen en cualquier esquina.

Parajes

En los aledaños de la ermita de Santa Cecília se bajó un destacamento inicial para iniciar el camino más largo del recorrido de la etapa. Pocas veces antes hubo una incursión previa de una avanzadilla selecta que sigue muy activa, aunque ya la sitúen entre las clases pasivas. Primero fueron, vieron, sudaron y lo contaron. Las explicaciones no aportaban detalles como para la deserción en una montaña tan querida. Pero a la hora de la verdad, ellos no se unieron al grupo inicial. Las sospechas dieron lugar a especulaciones diversas entre neuronas incansables. La climatología había lavado el paisaje y el camino parecía propenso a algún resbalón. El autocar se fue mientras el personal triscaba por un camino que empezó con confusiones. El experimentado guía aún parecía no haber despertado sus reflejos y su orientación eran las dudas. Encontraba el camino a base de la experimentación de la pérdida. Y dudó en voz alta: “¿el camino sería descarnado?” Hubo una pronunciada subida innecesaria, parecía que Sant Jeroni era el más vertical de los objetivos.
Sensatas caminantes rastrearon los entornos y dieron con el sendero adecuado, en paralelo a la carretera pero con unas vistas a horizontes lejanos y nevados. Hubo que encaramarse con la ayuda de una cuerda y con rústicas escaleras, se contuvieron los posibles resbalones y los pies jugaron un papel fundamental. El hielo componía etéreos dibujos en el suelo, adornos momentáneos en las hojas y esas pequeñas gotas que te refrescan cuando el invierno más bien exige calor. Los caminos paralelos son parecidos pero no iguales. Seguíamos uno más alto, con balcones hacia unos Pirineos cargados de reservas de agua, un paisaje que rezumaba de una combinación de lejanía y cercanos contornos, recorridos en varias ocasiones. Como decía Herman Hesse: “la belleza no hace feliz al que la posee sino a quien puede admirarla”. Creímos en la frase con la práctica.


Parejas

Pronto las paralelas perdieron sus características geométricas y convergieron en un punto apto para los placeres de la gula. Las mesas de Can Maçana sostuvieron viandas, bebidas y golosos postres. Detalles significativos no faltaron. La diversidad de menús individuales acabaron en un proceso de socialización. El guía, cada vez más humano y con dudas, sorprendió con un postre casero fabricado por manos femeninas. Alguien destapó la placidez de la vida en pareja, el idilio, esa sonrisa de quien se asegura calor humano al volver al dulce hogar, ese pensamiento que fluye en el éter romántico y se olvida de la exactitud del camino, quizá la incipiente papada símbolo de otras vidas o el inicio del incipiente abdomen caído. Quien decía esto lo había experimentado y no había renunciado a ello. La intimidad se enseña lo justo. Como tampoco nadie desechó el té aromático, el café almeriense, el perfume de las gotas de alta graduación y otros dulzores de la vida. En pareja o en solitario, el objetivo podría ser el que relataba Lair Ribeiro: “la vida no se mide por el número de veces que respiras, sino por los momentos en los que pierdes el aliento”. Éste podía ser uno más.

En marcha

Otra comarca a la vista. L'Anoia y su capital como objetivo final. De unas líneas paralelas a otras. Una carretera vital para Cataluña, famosa por rivalidades diversas transcurriría también paralela a la continuación del camino. Antes, subida para alcanzar más perspectivas del territorio y llegar a Sant Pau de la Guàrdia, urbanizaciones diversas, cruzar la autovía y seguir en paralelo a esta arteria de asfalto. Un camino propicio para conversaciones diversas, algunas repetidas, un punto descarnadas porque incidían otra vez en las artes de las entrepiernas de las cincuenta sombras de Grey. Con mucha carne al descubierto, las intimidades transparentaban ardores, placeres y rebuscadas artimañas para sometimientos diversos, planificados y consentidos. La ropa sobraba y el descaro acrecentaba el morbo de las situaciones. Pronto la conversación se nutrió de la buena literatura de Almudena Grandes y otras autoras que transmitían mejores estéticas con literatura más cultivada. Quien duda de casi todo aún no ha descubierto las fronteras de los límites y hasta puede recurrir al histrionismo de dramaturgos como Fernando Arrabal cuando hace poco decía: “Soy una instalación de mi caricatura”.

Esqueletos

Atrás el esbozo del túnel de El Bruc, con nombre sonoro y reminiscencias a timbales y batallas, adelante la entrada a Castellgalí con un edificio que podía ser el monumento a los tiempos actuales: sólo la estructura, sin nada que cubra las intimidades de los especuladores que lo abandonaron a su suerte. Deudas, impagos, sueños truncados y hogares imposibles, vidas cercenadas por crisis no pasajeras, culpables con corbata y camisa blanca, la pomposidad de declaraciones falsas. Intimidades a cubierto que se convierten en más opacas cuando se visten de palabras rimbombantes. Más allá, estrellas: en un bar la del logotipo de una cerveza; encima, otra estrella con colores patrios. Muchos símbolos colgados de los balcones, la libertad al aire y el afloramiento de aquel hondo pensamiento de un amante de independencias varias que se preguntaba en voz alta: “¿independencia, para hacer qué?”. Estrellas, marcas, productos que se empiezan a elegir ya más por el lugar de fabricación que no por el gusto y la calidad. Mientras, pueblos de paso, con poca vida, el camión como símbolo de modernas transhumancias, ruido y mercancías con destinos más lejanos.


Telas

Igualada parecía ahí pero era alargada. Antes, polígonos industriales con almacenes cerrados, naves en alquiler, camiones parados y nombres de ropas de toda la vida. Nadie dudaba de dónde son las princesas, los abanderados, los puntos blancos, los unnos o...buff.
Pues son del mismo sitio famoso por la industria de la piel. Los cueros y estar en cueros. La ropa y las intimidades a cubierto. El precio y las rebajas. Las ofertas y los outlets. La escasa tela con diseños diversos para que se conviertan en picardías. He ahí el atractivo de las compras, ya que pasábamos por aquí. Y ahí estábamos. Antes, un grupo acudió a aliviar la vejiga a una gasolinera. Días después, nuestro excelso rapsoda nos sorprendió con una acertada poesía y un verso punzante: “Se mean encima de nuestras cabezas y nos dicen que llueve”. En el centro de la capital, el personal parecía retirarse a sus aposentos. Alguien explicaba que en el balcón del ayuntamiento anunciaban algo sobre una nueva nación de Europa. Para llegar a más personas, lo tradujeron a varias lenguas. La que ocupaba el último lugar de la lista era tan desconocida...que la hablan más de 600 millones de personas.
Después de pasar por un pequeño homenaje escultórico a las chucherías, el suave sol del invierno intentaba calentar los cuerpos al sol de una terraza. Un momento idóneo para reintegrar dineros de loterías por un lado y, por otro, cobrar esos y algunos más. Aquí, nobleza obliga. En otros lugares, esta estrategia bancaria se ampara en las leyes de los mercados. Vivimos entre semánticas diversas donde, hasta en la ciudad de las telas íntimas, las mayores vergüenzas pueden hacer que se vean pero se disimulan con palabras confusas e idealismos muy utópicos.
Quizá alguna vez, para sobrevivir mejor en este panorama tan descarado, haya que ansiar el llamado síndrome de Stendhal, esa enfermedad psicosomática derivada de una sobredosis de belleza y placer.




sábado, 12 de enero de 2013

Camí de Sant Jaume, de Montserrat a Can Massana


Sombras y grados en montañas poliédricas

En pocas ocasiones coincide el inicio de una etapa de un camino hacia Santiago de Compostela con una jornada de reflexión previa a un día electoral con Cataluña como punto central y en un lugar mítico: Montserrat.
Se mire como se mire, Santiago de Compostela es un acertado destino para tantas rutas espirituales que trazan vericuetos diversos. Y sus diseñadores nunca se olvidarían de enclaves significativos para la imaginería popular, religiosa, política e ideológica. Reflexionar antes de votar (o no) en medio de unos riscos usados para tantos fines aporta un valor añadido, según como se mire. A aquellas horas de la mañana de un sábado 24 de noviembre, los escasos movimientos físicos de  ciertas personas del servicio seguro que nada tenían que ver con las sinergias religiosas que se debían cocer en las intimidades de capillas, iglesias, rincones desconocidos y corazones estigmatizados por devociones diversas. 
El negocio montserratino se ponía en marcha: limpieza de espacios, colocación de guardias, peajes despachando tarjetas, bares subiendo persianas y campanas que marcaban las horas. La espiritualidad y las cuentas bancarias nunca han sido incompatibles (al contrario) y menos aquí, con oficinas de dinero en efectivo y de plástico, tiendas de gran conveniencia, puestos callejeros con productos derivados de la leche de vaca (cuando por aquí apenas se ven estos animales), diversidad de accesos mecánicos más o menos camuflados en el medio natural, imaginería religiosa por doquier, rituales muy afamados a horas concretas, museos, editoriales, centros de estudios teológicos y otras atenciones a las necesidades de los visitantes, reales o virtuales. A esas horas, el sol despuntaba y las sombras esperaban el calor de los escasos grados de un día otoñal.


Rodeo con atletas

Reflexión con ánimos para la excursión. Se trataba de rodear la montaña por una altura intermedia que, al descender, pasaría por las coves del Salnitre de Collbató, descendería hasta el pueblo, lo cruzaría dirección al restaurante Vinyanova para seguir por los entornos de El Bruc hasta acabar en Can Massana. Una vuelta excursionista no tanto para seguir una ruta concreta hacia Santiago sino para conocer mejor los entornos poco visitados de la montaña con vistas al Baix Llobregat i a L'Anoia. Al fin y al cabo, a menudo la línea recta no es la mejor para conocer más.
El descenso estuvo lleno de paisajes: un camino serpenteante por donde ascendían jóvenes atletas que participaban en una maratón poco conocida, fuera del calendario legal de carreras. Era la IV marató Pirata de Montserrat con salida y llegada a diferentes horas a El Bruc. Cuerpos enérgicos, musculosos, hombres y mujeres acostumbrados a sudores varios. Aquí los grados se vislumbraban con pruebas evidentes. Camisetas procedentes de otras aventuras de parecido o superior rango. Olor a sudor, a músculo esculpido por el uso y abuso, nada de prominencias abdominales, mirada hacia arriba en un ascenso con un final muy alto.
Dos aficionadas a actividades diversas al aire libre se quedaron contemplando a algunos miembros masculinos. Admiración, quizá libido y también realidad. Se quedaron extasiadas ante sus deseados cuerpos pero también tocaban con los pies en el suelo: “A nosotras nos gustan ellos pero haría falta saber si a ellos les gustamos nosotras”. La magia del realismo. Atrás quedaban las sombras y el sol iluminaba y daba calor.
De forma metafórica, algún personal femenino parece que, desde un tiempo acá, prefiere las sombras porque deben dar más calor. Tiempo ha, en una jornada de reflexión pseudoespiritual, excursionista y micológica en enclaves del Berguedà, hubo un intento para convencer de las bondades espirituales de un prohombre y sacerdote que dejó un gran legado, una gran obra escrita en tres libros y un ejemplo a seguir. En aquel momento y en paralelo, ya en el ambiente femenino circulaban con fruición y placer otros tres libros muy distintos que causaban furor en esos rincones cerebrales que administran la máquina del deseo. Tres gruesos volúmenes en papel (o tres PDF) eran devorados, comentados en voz baja, recomendados, prestados, aplaudidos y se supone que también objeto de ilusiones a experimentar o de realidades a probar algún día. El título original se refería a “grados” pero aquí se tradujo como “sombras”. Y en aquel encuentro a los pies del Pedraforca o aquí en el entorno de Montserrat, lo religioso y lo erótico seguro que se pueden entender muy bien: muchas pruebas históricas y muy actuales así lo confirman. Cuerpos sudorosos que subían a Montserrat, sudores pseudoliterarios, el deseo de acabar la maratón, el deseo desenfrenado y animal hasta la extenuación, el placer del esfuerzo, el esfuerzo para llegar y provocar la duración del placer. Grados y más grados en un proceso calorífico con la relajación final.


Escaladores

Si de lo que se trataba era de una excursión inicialmente en bajada, los atletas que subían a Montserrat eran multidisciplinares: en los 42,195 km de una maratón por montaña había mucho y de todo. Bajadas y subidas sin parar hasta el punto de llegada que, a su vez, antes había sido el de salida. Pero otra especie humana y atlética se acercaba al destino prefijado: las paredes llenas de vías aptas para practicar la escalada. Escaladores y escaladoras llenos de cuerdas, arneses, cascos, mochilas e ilusión por subir, ver, disfrutar y bajar. La montaña de Montserrat como lugar de entrenamiento para aventuras mayores, como bautismo para neófitos, como aventura para no llegar a más objetivos que ser capaz de vencer a la piedra vertical, luchar contra lo escarpado, someter a los dedos de las manos y pies a la máxima tensión y demostrar que los objetivos se cumplen. Y también cuerdas, arneses, dedos y otros enseres figuran en las hazañas descritas por E.L. James que figurarían en ese lenguaje que algunas mujeres allí presentes no verbalizan porque no se atreven pero que pasean por el segundo plano de las palabras. Christian Grey escalaba otros objetivos y Anastasia Steele participaba como sujeto y víctima de ese término que ya ha pasado a ser uno de los más citados en los blogs femeninos: “follar duro”. La serie “Crepúsculo” dio lugar a muchos relatos que la recreaban de otra manera hasta llegar a este, especializado en lo que en el argot consideran una recreación de las prácticas BDSM. Subir, bajar, escalar, atar, desatar, introducir, sacar, soltar: marcas deliciosas y el placer del objetivo conseguido.


Asistencias

La etapa también sufrió contratiempos. Un ilustre poeta tuvo que ser atendido por una caída fortuita que le dejó marcas en la cara. Son esos gajes de un oficio en que por más que atiendas a todo, siempre algo te sorprende. Lo único positivo es que a él le son motivo de inspiración para creaciones literarias de gran hondura y sensibilidad poética. 
Pero la recompensa más primaria llegaba en forma de yantares, bebidas y picoteos diversos. La pausa fue en la entrada de una de las profundidades rocosas más visitadas en las cercanías de Barcelona: las cuevas del Salnitre. Un lugar con buenas vistas y una placa en homenaje a personas fallecidas víctimas de fuegos que se debían haber evitado.
Siempre está bien que la suma de las profesiones de caminantes tan diversos sirva para tocar tantas caras como tiene la vida. Como la mente es tan compleja, a menudo se notan más las atenciones profesionales del mundo de la sanidad en curaciones por problemas físicos y eso nos hace olvidar el gran valor que siempre ha tenido en este grupo la presencia de profesionales de la psiquiatría.
Cuando un psiquiatra no puede venir suele aparecer otro ocasional. Alguien reflexionaba en voz alta sobre este detalle y elucubraba sobre la salud mental del personal y cómo ésta se pretendía conservar aunque fuera sin recetas: un ilustre caminante aseguraba que sólo fuma un buen puro cuando se lo prescribe su psiquiatra, más de uno reconforta su campo visual y alimenta su sensibilidad con recreaciones gráficas que aparecen en el móvil del profesional de la salud, otro sólo besa la pantalla de su móvil si la imagen ha sido filtrada por los conocedores de las entrañas cerebrales. Incluso los mejores chistes y las carcajadas más “calientes” tienen su origen en los chascarrillos de profesionales que saben cuándo se han de decir las cosas y cómo las mejores recetas son las que no se escriben, se ríen, se corren y se caminan. Si Christian Grey escuchara esto, quizá podría alimentar su fuente de inspiración para practicar más en su sala privada de Seattle. Así, libros calificados como “el porno de mamá” aún podrían sacar más ediciones y Grey tendría más candidatas a disfrutar del lujo del dinero y a ser víctimas de su inestabilidad emocional, producida por una cruel infancia, con las prácticas de su tía incluidas. La psiquiatría también tendría mucho que decir en las hazañas de un rico acostumbrado a controlar, a mandar y a someter. Parece que hasta las más feministas se rinden a Grey y hasta tienen en buena consideración que el sexo femenino se abra cada vez más a nuevas vías de exploración con su cuerpo y con sus deseos. Como pasa en el mundo de la escalada, que cada cual administre su yo con libertad y responsabilidad.


Destinos

Collbató era un paisaje urbano sin apenas gente, con muchas enseñas de las que toca poner ahora en los balcones y algunos paseantes en bicicleta. Cruces de caminos, coches aparcados de amantes de las alturas verticales y señales que conducen al restaurante Vinyanova. Un espacio con reminiscencias neorrurales que ahora parece ser santuario de ágapes familiares cocinados “a la antigua usanza”, en un entorno con olivos, parque infantil y animales en exposición. El entorno tiene buenas vistas y el placer gastronómico debe estar servido dentro.
A partir de aquí, los destinos del personal se juntan y se separan según sea la dirección tomada. Los rodeos y la dispersión también estuvieron presentes. Como casi siempre. Labradores que empezaban a recoger las aceitunas se trasladaban en tractores, prestos a tender redes, varear, mover, coger, escoger y juntar la cosecha. Las direcciones conducían a Can Massana por los alrededores de El Bruc. Los últimos maratonianos piratas buscaban referencias del final y los caminantes seguían una senda donde se produjeron batallas y combates históricos, objeto ahora de nuevas rutas turísticas dentro del paraje de la montaña sagrada. Bicicletas en confluencias de rutas y, más allá, el final en Can Maçana. Aglomeración de vehículos aparcados en un punto de referencia para quienes iniciaban un camino, buscadores de setas que volvían con los cestos llenos a condición de que se hubieran arriesgado por zonas de difícil acceso, la vertiente de varias comarcas como el Bages, l'Anoia y el Baix Llobregat, policías vigilantes puestos por el país  para recaudar por lo que sea, maratonianos que se retiraban sin atreverse a consumar el fin y excursionistas que se dirigían a reponer fuerzas en el bar de la estación inicial de Cremallera a Montserrat.
Días después, visto el calor que producen las sombras, alguien sugirió que la próxima lectura que se proponga para el grupo sea una novela de Almudena Grandes que causó elevación de los ánimos en una época en la que el atrevimiento no estaba reñido con la buena literatura: “Las Edades de Lulú”. O cualquiera de la colección de "La sonrisa Vertical". 
Si los grados no se disipan, habrá que mantener el cuerpo a una temperatura constante, y bien está recurrir a esa gran medicina que es la literatura.






sábado, 17 de noviembre de 2012

Camí de Sant Jaume, de Manresa a Montserrat


Brumas, nieblas y otras realidades camino a Montserrat

Las excursiones a menudo son esos tiempos en que uno sale a pasear en grupo más con un objetivo social que paisajístico. Hablar significa enfrascarse en temas que no permiten mirar más allá de las zapatillas y estar pendiente del encadenado de conversaciones con más o menos sentido. Preguntar, responder, dialogar, reírse, planificar, pontificar, ironizar, discursos, monólogos, soliloquios, he ahí el paisaje hablado que se extiende como una bruma por encima de los árboles y vegetación diversa. Hacer dos cosas a la vez exige entrenamiento, mente ágil y predisposición para aprovechar tanto el tiempo que, a veces el cansancio mental de tanta disociación cognitiva, hace que se pierda el hilo de los temas.

Ir de Manresa a Montserrat por el Cami de Sant Jaume en noviembre implica someterse a un tiempo imprevisible. La espesa niebla inicial evitaba no ver radares de control de velocidad en la carretera, una depuradora identificada por su olor desde kilómetros atrás. Cerca, un campo de golf cubierto por una brillante capa de hielo en las madrugadas invernales. Una gasolinera víctima de los precios baratos de otras. La catedral y cuevas donde dicen que nacieron fundadores de instituciones religiosas con gran poder en España. Una carretera habituada al asfalto ensangrentado por los efectos de variados accidentes. Manresa y un polígono industrial en lo alto con un aireado nombre: “Bufalvent”.

Nadie prevía la densa niebla cuando, en el punto de salida, la publicidad de un poste recordaba esa palabra tan habitual, temida, apreciada y soñada: “Seny”. Un término propio de las míticas y hondas raíces de este pueblo, ahora usado como buque insignia de un anuncio diferente de un banco. El dinero usa variados trucos para llegar a ese sentido común (seny) que no parecen ser muy habituales de estos bancos expertos en desahucios sin escrúpulos. En campaña electoral los Mesías con brazos abiertos te miraban desde las farolas, con una mandíbula propia de ejecutivos y políticos sin escrúpulos, con colores y más colores en trapos, y con una estrella en una bandera que ningún Photoshop se dejó que la eliminara. Se asemejaba a un original tanga que tapaba vergüenzas dejando al descubierto el quiero pero no puedo y sí quiero. Al contrario. Algún pensador tipo estatua de Rodin definía su iconografía desde lo alto. Otros ponían rostros e imagen a proyectos diversos. Mensajes de bancos, de políticos, graffittis, papeles. Palabras, imágenes y temas.

Manresa por la C-58 y esos profundos olores. Ahora molestan al pasar. Parecen fruto de una tecnología con indefinición tecnológica, ausencia de filtros para que el personal no sepa que el comer produce residuos, estos se han de tratar y el olor apetecible se convierte en su contrario. Allí, al lado del último tramo del río Cardener antes de desembocar en el Llobregat, se inició la etapa que tiene como objetivo el mítico monasterio de Montserrat. El reto santo, patriótico, excursionista, de paso, turístico, en fin, el objetivo que cada persona se marque ante una montaña original y mítica. El murmullo del agua fluvial formaba parte de un paisaje sombrío, oscuro por una densa niebla que parecía formar parte de las riberas de ríos, ya habituados a desprender vapor y concentrase humedades variadas.

Hacia Castellgalí

Pronto los cruces asfaltados enfilaron el objetivo hacia Castellgalí por estrechos senderos húmedos y propensos a descubrir hongos variados. El otoño deja sus huellas en muestras de setas que nadie ha cogido porque no son comestibles. Cerca de los Ferrocarriles de la Generalitat, el camino se enfila para bajar de nuevo y descubrir que el más allá apenas se percibe. Poco a poco, la bruma inicial se despeja y los campos arados muestran que la agricultura aún exitse en esta zona del Bages. Tierra rojiza de al revés, una capa dada la vuelta para que el invierno proteja esas semillas que pronto han de germinar. El panorama no queda libre de fábricas, talleres y anuncios de un próximo poblado. Las charcas y el barro sorteado por ocasionales ciclistas y avezados excursionistas humedecen un ambiente caldeado por otras circunstancias. La crisis, las elecciones autonómicas, los bancos, la próxima huelga general, los funcionarios, los parados, los que apenas sobreviven son temas recurrentes en medio de la tranquilidad rural. Incluso menciones a personas del grupo que parecen haber evolucionado en su singladura política e ideológica. O amorosa. Cambios no explicados si no se hablan. Y, a veces, mejor ocultarlos. O miembros de la cofradía andarina que no vienen y se les disculpa con burdas mentiras cuando quien pregunta sabe la respuesta y quien habla disimula. Ya queda dicho que los peligros vienen a veces más de las preguntas que de las respuestas.

La plaza de Castellgalí acogió al personal con deseos primarios insatisfechos. Botas, botes, comidas variadas y postres diversos que ya comenzaban a anunciar las insaciables Navidades. Alguien esperaba con un carro de los de supermercado y dos mochilas. Y alguien interpretó a esta persona como perteneciente a esa inacabable cola de personas que les falta lo indispensable y ansían ayudas más o menos oficiales. Se decía que así estamos, que cada vez peor, que la solidaridad es la única vía cuando el camino nos conduce a la destrucción del bienestar y a un cambio de sistema, sin hablar que siempre les toca a los mismos parecer unos “antisistemas”sin quererlo. Pero no, falsa alarma. No esperaba ayudas. Consumía el tiempo hasta que le vinieran a buscar para trasladarse a un campo de fútbol, se supone que con mochilas llenas de equipajes ajenos: no tenía aspecto de cultivar la forma física. Ante esta realidad, la reflexión giraría en cómo y porqué interpretamos las señales humanas según una realidad terrible a la que parece ya nos hemos acostumbrado. Y no. Esto no debería formar parte del paisaje habitual. Ni siquiera ser un espejismo o un rastro del futuro.

En las esperas, la tecnología brinda fugaces estelas de otras realidades. La memoria digital de la telefonía móvil transporta todo tipo de discursos semánticos. Ya cualquier tema puede empezar en el móvil, o bien que él demuestre las hipótesis con pruebas gráficas. En momentos de asueto siempre hay temas recurrentes: el género masculino fue radiografiado por una caminanta como poseedor de una sola neurona cuando alguien recurrió a los manidos temas sexuales a pie de calle. Quizá sea que o esas etapas ya no volverán, o se echan de menos o quizá los almendros pronto comiencen a florecer. O alguien espera encontrar un nuevo “mirlo blanco” (en versión masculina o femenina).

Sin nieblas

En el discurrir de las marcas jacobeas en dirección a Montserrat, las urbanizaciones con vistas a la montaña sagrada dan sentido económico al paisaje. Un buen momento para que quienes se relacionan con temas laborales de estadística o Hacienda enriquezcan la terminología económica del fraude con “el carrusel de las truchas”. Son esos movimientos de productos que, en manos expertas, fluyen por las fronteras y cuya finalidad es el fraude internacional de impuestos, con pingües beneficios. Estrategias y triquiñuelas de guante blanco con corbata y traje, con bufetes de abogados detrás y rufianes de mucha monta a los que sus escrúpulos apenas les imponen limitaciones que no sean las cuentas bancarias.
El paisaje se despeja en dirección al término de Marganell, con las agujas al fondo y más campos labrados por doquier. Pocos paseantes pero algunos sí. Un grupo de jubilados se dirigen a una jovial jubilada del grupo para suplicar la consumación de la ruta ante el monasterio señalado. El de las clases pasivas alegaba su gran fe en los milagros de la Moreneta, recordaba sus incursiones allá arriba y animaba a terminar el recorrido. Un camino que pasaría por la derruida casa donde se fabricaban perfumes artesanales, “La Fassina”, por la riera de Marganell causante de destrucciones ocasionales, Sant Cristófor, más rieras y casas aisladas con árboles de hoja amarilla a punto de caer, más urbanizaciones ya casi a los pies de Montserrat y una pista asfaltada que condujo al personal hacia el objetivo final.

Ya con el fotográfico perfil montserratino al alcance, el monasterio de Sant Benet a un lado, se supone que con la mediática monja Teresa Forcadas allí dentro, el camino se adentró en la zona que da acceso a una de las mayores concentraciones de mosaicos dedicados a las santidades vírgenes, el camí dels Degotalls. Una zona víctima de grandes caídas de piedras, con enormes redes de alambre para prevenir accidentes. Un acceso a tantas escaladas hacia las alturas de paredes verticales con vías consagradas (se supone que por la afluencia de tanta gente y por la Virgen protectora de accidentes). El fin se acercaba. Las riadas habituales de turistas, visitantes, deportistas, devotos y peregrinos mostraba la especie humana en algunas de sus categorías. Puede que la fe mueva montañas pero también da sentido vital a la espiritualidad, aporta grandes beneficios económicos y vende territorios atractivos.

Montserrat no pasa desapercibido. Atrae. Tiene magnetismo. Supone esfuerzo. Es el principio y fin de proyectos. Se usa a conveniencia de ideales, intereses y utopías. Sirve para manipular y para sincerarse. Tiene gran belleza. La altura invita. Bajar es volver. Estar es vivir.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Camí de Sant Jaume, de Santa Maria del Corcó a Vic


Milagros, creencias y otras imágenes


Grmanos y Grmanas


INTRODUCCIÓN

GISCLARENY: un lujo a nuestro alcance

Antes de revivir sui géneris la última etapa del camí de Sant Jaume, iniciemos los prolegómenos en las faldas del Pedraforca, donde las pilas se recargaron en un ambiente de religiosidad profunda, con atalayas pronunciadas convertidas, una vez más, en objetivo a conquistar: desde la que está detrás de la casa de convivencias hasta unas más altas y otras menos pronunciadas. De nuevo se revivió el nunca olvidado espíritu de Gisclareny en la Mare de Déu del Roser, una iglesia del siglo XVIII ¡Qué tiempos aquellos en que la vieja residencia de Mosén Cima abrió sus puertas y sus innumerables rincones! La mesa redonda giratoria ayudó a socializar yantares y a reponer fuerzas físicas antes de los trances diversos.
En esta ocasión la nueva residencia abrió las puertas a una legión de acólitos que se congregaron por turnos. Las entradas y salidas eran a la carta, o sea: cada uno cuando quería y podía. 19 cofrades de honda espiritualidad se solazaron en uno de esos rincones donde la soledad y la altura permiten ver el juego de las nieblas, de las brumas y de los contrastes del horizonte en cualquier estación, con tormentas incluidas que añadían esas gotas de bienestar cuando estás bajo un tejado, con gotas diversas y buena conversación.
La estancia, bien equipada, provocó comparaciones con Bruguera. Incomparable el lujo de aquí y las comodidades, ya casi obligatorias para conjugar mejor el alma con el cuerpo en estos tiempos tan modernos donde la mortificación es un asunto personal e intransferible. Una cocina a la última, literas cómodas y buenas vistas. Limpieza, orden y concierto en las estancias, con muchas imágenes religiosas de Papas, vírgenes y otras señales significativas. Mención especial a ese gran cura que dejó inolvidables recuerdos en tanta gente, incluyendo una Grmana de la que fue su confesor particular. Varios cestos de gran tamaño en la subida a la planta primera simbolizaban las buenas recogidas de setas en una zona tan afamada, el alto Berguedà. Calefacción, agua caliente y menudencias varias que ayudron a hacer más agradables esos momentos en los que se está bien.
Por otra parte, minuciosos observadores independientes también anotaron algunos detalles a tener en cuenta. Echaron en falta una picadora de hielo en la cocina y cultivos de hierbas para libaciones con toques etílicos. En las estancias más íntimas, todo en orden, bajo muchas imágenes que vigilaban cualquier tentación carnal, solitaria o en compañía. No obstante, una mente detallista quiso que constara en acta un espacio donde no había ninguna vigilancia gráfica religiosa: el susodicho sujeto lo focalizaba en los momentos íntimos de las abluciones en las duchas (individuales, por supuesto). Propuso poner a media altura un ojo inquisidor que vigilara esos instantes de restregamientos, masajes lubricados con los geles, frotamientos e insistencias que pudieran estar en la frontera de lo libidinoso. Nada debía propiciar tentaciones malsanas. El signo de que todo lo ve el Altísimo sería una buena forma de mantener la mente donde debe estar y preservarla de cualquier tentación del mundo, el demonio y la carne en esos cuerpos tan recios e impolutos.

Milagros

Es muy grata una estancia como esta en salidas así con gente tan agradable. Más placentero es ver a ese personal pequeño que es nuestro futuro y que se entienden tan bien con todos. ¡Qué niños y niñas! La interculturalidad es la normalidad. El milagro en este caso es que no hay milagro.
Pero sí que lo hubo si consideramos a dos personas que dudaban hasta de su sombra. Uno de los objetivos propuestos era hollar la cumbre del Pedraforca por la vía de Gósol. Pronto se notaron algunas dudas y enmascaramientos de las auténticas razones con un cierto remoloneo. Quedó claro que un amplio grupo no iría, aunque el acceso hubiera sido posible para todo el personal.
Una persona parecía que arrugaba el entrecejo ante el madrugar tanto, que si podría llover, que si con este estado físico ya no seré capaz, etc. Otra persona llegó quejándose de un fuerte dolor en la rodilla, consecuencia de tantas carreras y otras hazañas. Tampoco confiaba en superar la cumbre. Al final, una mano suponemos divina les condujo hasta la cima. Debió ser la Mare de Déu del Roser.

Nueva vía

Aunque la vía de Gósol es muy transitada, el destacamento de GRMANIA abrió un nuevo camino en la parte final. Quizá se debió a una asignatura pendiente: los discos duros aún recordaban tiempo atrás cuando un apodado Coronel Tapioca pasó a los anales de las rutas apócrifas del Pedraforca. Desde el refugio Lluis Estasen el individuo dijo haberse enfilado al Pollegó superior por una senda desconocida y misteriosa. Aquella hazaña causó sensación y cierta envidia. La apuesta para igualar la epopeya del insigne asesor internacional de tantos presidentes latinoamericanos se consumó ahora.
Hasta la base o enforcadura que separa el Pollegó superior (2506 metros) del inferior (2445 metros) se llegó bien. Mencionar sólo una memorable frase de nuestro coordinador. Preveía las consecuencias de la ruta en su cuerpo y, a esas alturas, pronunció una sentencia con efectos inmediatos: “Se me están cocinando unas buenas agujetas”. Al día siguiente certificó que los pronósticos se cumplieron. Desde allí, en vez de seguir las marcas amarillas del camino original, la expedición tomó otra dirección mientras dos personas acababan de recuperar fuerzas von viandas variadas.
En estas estábamos cuando el coordinador tomó la directa y se puso a grimpar como una lagartija. Sus pies se ajustaban al terreno vertical y ascendía con agilidad. Dijo buscar la vía directa a la cima del Pedraforca. Por momentos la expedición observó la verticalidad continua y la ausencia de huellas de expedicionarios anteriores. Él gateaba sin parar, subía y bajaba como si olisqueara rastros de traks que le condujeran arriba. Aquella ruta parecía virgen, con un buen balcón si uno se giraba. No había señales de que fuera la del Coronel Tapioca. Ya arriba, la orientación guió al grupo hacia el destino final. La nueva ruta conducía en realidad hacia el Calderer (2505 metros). La historia no escrita de la montaña recogerá la hazaña de la nueva vía.

Garrulería variada

La cima del Pedraforca es mítica, política, reivindicativa y, sobre todo, abierta a la inmensidad de lo que le quieras añadir. Poco a poco la masa humana aumentaba. Quien se llevaba todas las miradas era un grupo de jóvenes que articulaban un lenguaje indefinido, a duras penas inteligible, mezcla de algoritmos diversos trufados con sonidos guturales y ahorros de letras. Procedían de barrios de Terrassa, sólo uno mostraba conocimientos básicos del catalán en público pero todos paseaban una enorme bandera estelada. Fotos de rigor se supone que para los anales de las redes sociales y testimonios para lucimiento personal. Visto lo cual, alguien por allí reflexionaba sobre temas diversos mientras hacía un estudio sociológico y político de lo que estaba interiorizando a esas alturas. La libertad a 2506 metros también ondea respetables colores.


Recogimiento y confesiones

De nuevo en Gisclareny, las bebidas y comidas entonaron los ánimos y la calefacción caldeó un ambiente bucólico, en medio de una gran tormenta y la lluvia golpeando los cristales, con los habituales sonidos de rayos y truenos. Espirituosos, infusiones, cafés, dulces y otras ayudas crearon un ambiente relajante y agradable. Antes, un grupo visitó la ermita preferida por Mosén Cima, Sant Miquel de Turbians, un lugar mágico documentado en el siglo X como iglesia románica. En el siglo XVIII fue iglesia parroquial . Otros estaban en Bagà. Después corrieron rumores de sorprendentes confesiones entre iguales, un fenómeno que forma parte de los milagros del lugar. Un sitio ya señalado para volver, gracias a las buenas conexiones con las autoridades eclesiásticas y a las romerías a Montserrat.

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LA EPÍSTOLA DE LA ETAPA DEL CAMÍ DE SANT JAUME

De Santa Maria del Corcó a Vic

Nunca mejor dicho: dos poblaciones con muchas reminiscencias históricas. Una por cuestiones antiguas, otra por antiguas y actuales: Santa Maria del Corcó (L'Esquirol: un nombre de broma fácil) y Vic. Aquí los milagros están en el camino y en la primavera que fluye por los poros de muchas pieles y de la tierra. Y también dio señales de su efervescencia en esas imágenes tan poéticas y románticas cuando cualquier detalle se mira con otros ojos, cuando el amor fluye y la pasión crece ante tanta vida que fluye. ¡Ay, el amor! Siempre anima ver gestos, detalles, sonrisas de oreja a oreja, complicidades detallistas y carantoñas diversas. ¡Lo que no haga el amor!
Un buen ambiente con un limitado número de caminantes, caldeado en sus inicios con repasos diversos a la actualidad, arreglos inmediatos de mundos y críticas contumaces a tanto “chorizo” como abunda en estos lares, en una etapa que se mueve entre muchas granjas porcinas para la alimentación de la materia prima de otros embutidos.
De entrada, la seguridad que no pareció haber en la etapa anterior se vio confirmada con la asistencia de nuestro guía de lujo. No obstante, los inicios no estuvieron claros, hubo dudas no habituales en él. Algunos justificaron la situación por estados anímicos muy favorables a la ilusión y al porvenir de color rosa en medio de tanto verdor primaveral. Una tierra de trigo fue pisoteada y hubo que bajar un talud ante la vista del conductor de un todoterreno, que se brindó a indicar señales del autentico camino. Y allí estaba. Se dirigía hacia un destino aún lejano, en medio de muchas masías aisladas, innumerables granjas de porcino y vacuno, los habituales olores tan penetrantes, maquinaria agrícola muy potente y espigas en formación. Unas tierras con espesas nieblas en invierno cuya imagen más estereotipada la difundió el escritor Miquel Lor con la novela “Laura a la ciutat dels Sants”, escrita en 1931 y ambientada en Vic: un retrato pesimista de la zona, la imagen negativa del ambiente rural centrado en el viaje iniciático de Laura hacia su desarrollo personal.


Plazas y fisco

La primera parada recordó el cruce de caminos a la entrada o salida de Roda de Ter. En este lugar, en medio de aguanieve o granizo, ya se produjo otra recuperación de fuerzas. La diseminación por los bancos produjo concentración ante la bota de vino y los regalos de quienes son abuelos por segunda vez. Debía estar previsto el brindar como postre con varias tartas de Santiago en el Camí de Sant Jaume y moscatel. Dulces sabores para desearle lo mejor a abuelos y nietas.
Hubo detalles con buena señalización: se vieron flechas made in GRMANIA en el suelo para evitar pérdidas y sustanciosas conversaciones económicas. El grupo debía saber el estado fiscal de nuestra insignia a ojos de la inspección de Hacienda. Qué mejor que preguntar a una persona experta, que dedicó unos minutos a instruir al ignorante (que no defraudador). La profesional manifestó que a GRMANIA se le consideraría un sujeto pasivo. Y sin retenciones posibles. Estamos salvados con ese superávit que algunos quieren convertir en bonos para contribuir a salvar una puerta de Bankia. Y sobre sujetos pasivos, ya hay personas jubiladas y otras que tachan los días que les quedan siempre que no alarguen la fecha de entrada en la “edad dorada”. Aunque hay quien cree que mal le debe ir a un país si la gente con más experiencia y formación sólo tiene como ilusión pasar a la pasividad laboral.

Poemas

La monotonía del camino se vio alterada por plantas transformadoras de áridos, un restaurante camuflado con paredes cubiertas por hiedras, labradores y ganaderos a sus labores, alfombras de pelusa de los chopos, algunos ciclistas y poco más. Roda de Ter es, entre otras cosas, su puente sobre el río, fábricas textiles abandonadas, la Mare de Déu del Sòl del Pont, la pequeña iglesia donde rezaba Miquel Martí i Pol y los recuerdos de los versos de este inolvidable poeta. En la puerta eclesial estaba el anciano sacristán, amigo del poeta y de su hermano. Arengaba al caminante pontificando sobre que hay tres cosas invisibles en que hay que creer: el oxígeno, el cielo y Dios. ¡Palabra de sacristán! Pronto, la casa donde nació Martí i Pol. Una Grmana que iba de punta en blanco (pantalones de ese color ) aprovechó la puerta de la casa para sus menesteres con las botas, en un momento en que alguna cámara fotográfica perseguía la imagen de donde nació el poeta.

Taller de comunicación

Hubo otro momento sin duda memorable en al etapa. Quizá debido a las hormonas primaverales y a la pelusa de tanto árbol, unos sujetos se lanzaron a diseccionar algo que ocurre: imaginemos un acto público, conferencia o jornada en que hay ponentes que cobran sus buenos emolumentos, a veces a base de cansar al público con añejas y repetidas presentaciones. En un momento dado la organización del acto necesita a un ponente, moderador o figurante para completar el elenco. Según el grupo de caminantes expertos, suelen tener una lista de becarios de diferentes sexos, buenas personas inocentonas, gente que valen igual “para un roto como para un descosido”. Pero la diferencia es que no cobran. Estas almas cándidas prestan sus servicios para salvar la situación. Y aquí vino la disertación: ¿cómo hacer para que estas gentes de buena voluntad las tachen de la lista y nunca más la organización pueda recurrir a ellas? Fue tal el cúmulo de argumentos y tan contundentes que se evitan reproducir aquí: certeros, directos, descarnados, al grano, atacando a las interioridades, poniendo toda la carne en el asador. Quien se encuentre en esta situación, que recurra a la próxima edición del “Taller Disuasorio de Comunicación gratis”.

Razas

Con las ideas tan claras, otra foto de rigor en lo alto de un puente teñido del blanco de los chopos y, al fondo, Vic. Aquella “Ciutat dels Sants” hoy es un crisol de culturas, y más en un sábado con el popular mercado en la plaza principal. Una población variopinta con la que se han hecho experiencias educativas pioneras pero también donde ha calado el racismo más detestable. Beber agua en una fuente es encontrar inscripciones contra la segregación al lado de una Plataforma innombrable. Museos griegos, la Iglesia catedral, el entorno cultural Abat Oliba, palacio episcopal, el concierto de Mishima, un bar llamado La Terra que te recibía con la inscripción “un equip, un país, una terra” y las contradicciones de tantas pintadas que se resumían en el titular del diario gratuito “Osona”, que repartían en la Oficina de Atenció Ciutadana: “La manifestació contra el racisme divideix Vic”. Lo dicho.
Y ya que estamos en tierras de Martí i Pol, qué mejor que recordar los versos que hay en la puerta de su casa de Roda de Ter:

“Visc en un poble petit,
en un país petit
i, tanmateix, vull que quedi ben clar
que això que escric ho escric per a tothom,
i que per a mi és com si el món sencer
girés entorn de l'eix dels meus poemes”
(Vivo en un pueblo pequeño, / en un país pequeño / y, también, quiero que quede bien claro / que esto que escribo lo escribo para todos, / y que para mí es como si el mundo entero / girara en torno al eje de mis poemas)

Terrassa, 3 de junio de 2012

Evaristo

martes, 1 de mayo de 2012

Camí de Sant Jaume, de Amer a Sant Esteve d'en Bas



Balcones primaverales con sorpresas


Grmanos y Grmanas


Una multitud sobre ruedas: la primera sorpresa de la jornada. Lo nunca visto. El apoteosis. El rasgarse las vestiduras si se echa la vista atrás. El ignorado número 30 (¿qué de qué?). La riada humana. Alguien con las neuronas aún bien lustrosas dijo que se iba a cambiar de parada inicial: de la dos a la uno. El sujeto alegaba que ya se empezaban a dar codazos para subir los primeros en la segunda parada. Pronto harán falta los “empujadores” oficiales del metro de Tokio. También se observaban veteranas parejas relegadas a filas posteriores por estar ocupado su puesto de toda la vida. ¿Dónde queda la simbiosis trasero-asiento, anatómicamente hablando? ¿Trasero o culo? De esta parte corporal hablaremos más tarde.

Balcones

La vía verde de por sí es una hendidura (término que leeréis otra vez más tarde) aún abierta para dejar que los 54km de antigua vía ferroviaria sirvan para el ocio. De Olot, a 440 metros de altura, hasta Girona, a 70 metros, el desnivel sorprende y aguza los sentidos...por si acaso. En la etapa del día de autos hubo que enfrentarse a la máxima altura de la ruta, el Coll d'en Bas, a 600 metros sobre el nivel del mar. Un buen balcón para cambiar de perspectiva y observar la inmensidad del valle d'en Bas, llamado “La Suiza de Cataluña” (naturalmente hablando).

Salir de Amer significó desperezarse, hacer los rituales calentamientos, ver restos de estaciones y muchos carteles informativos. Una ruta llena de paneles que, si la gran mayoría de caminantes apenas ven, los ciclistas ni se enteran. Mientras las piernas del primer turno se ponían a sus menesteres, el paisaje primaveral dejaba ver los pocos vestigios de viviendas, algunas de las cuales adornaban su bucolismo con animales rumiantes. Otras se erigían como símbolos de las nuevas tendencias arquitectónicas. En medio de la inmensidad aparecía una construcción parecida a las que optan a premios, que contrastaba con la de enfrente: la habitual de los campesinos de toda la vida. Una tenía carteles de videovigilancia, mención a alarmas conectadas no se sabe a dónde y con un muy peligroso perro. La otra parecía invitar a su visita: todo abierto, el perro ni se inmutaba, el payés a la puerta con un carretillo de comida para los animales. Cara de felicidad y con ganas de hablar. Contrasentidos del derecho a la propiedad.

Otra sorpresa la motivó el área de recreo que había antes de llegar a Les Planes d'Hostoles. Una estructura enorme de madera resguardaba mesas para el solaz reposo de caminantes que han de reponer fuerzas. Lavabos cerrados pero abiertos, un abrevadero y un columpio, donde un insigne atleta parecía revivir la infancia y se bamboleaba con salero y ritmo. De una mochila surgió uno de los manjares menos esperados y más sorprendentes, traído expresamente del lugar de origen: anacardos picantes de Sri Lanka. Pero, por contra, una de nuestras caminantes más ausente no encontró las gotas enervantes de alguna petaca caritativa.

Timbres

El silencio de estos parajes es uno de los grandes placeres. Escucharlo con intensidad te puede hacer entrar en conflicto contigo mismo si te tienes poca capacidad de aguante. Hoy los auriculares y demás tecnologías te evitan el a veces cansino oficio de pensar. El hablar sin parar con el grupo con el que vas puede ser un buen aliciente para la amistad en medio de tanto verdor.
Pero este camino, en dirección contraria (de bajada hacia Girona), puede ser también un peligro para los caminantes. Quién lo iba a decir que la ecológica bicicleta pudiera salir disparada hacia un transeúnte sólo por tres motivos: la velocidad inapropiada, el despiste del ciclista o bien la ausencia de un timbre. Sí, ese objeto que existe y debería ser contundente para avisar. Pues no. Ningún sonido en el campo. No molestar. El caminante y el ciclista están condenados a cederse el paso. De una forma o de otra.

Les Planes d'Hostoles es cruce de otras rutas de caminantes. Un enorme arco en la vía indica que el antiguo tren perdía altura aquí. Un pueblo que nació en torno a la iglesia de Sant Cristòfol, aunque la original la llenaron de bombas y la hicieron estallar durante la Guerra (in) Civil. Un pueblo con las el castillo d'Hostoles, del siglo XI. El pueblo también goza de edificio de atención a la salud (no sabemos cómo quedará de recortado ahora). De aquí al siguiente, por un camino tranquilo. Sant Feliu de Pallarols pronto quedó atrás, sin mencionar una de sus sorpresas: la figura del “Pescalluna” en una de sus orillas. Una de esas leyendas en torno a alguien que se queda prendado por la belleza de la luna y decide ir a pescarla. En este pueblo llaman “Pescalluna”a quien presume de grandes sueños e ilusiones. Otra sorpresa de la población es una ermita que debe ser muy visitada: la Mare de Déu de la Font de la Salut (con tantas carencias y problemas, seguro que no le faltarán visitas). Quizá sirva como ejemplo de esta figura de leyenda la realidad de un cartel: “Sector d'activitats econòmiques Pla de Llongafollia”, Sant Feliú de Pallarols”: no había signos de ninguna actividad económica.


Culos y monedas

Desde Sant Feliú hasta Sant Esteve, aparte de verificar que los nombres de las santidades siguen presentes por todos los sitios, hubo que enfrentarse a la más importante subida de la Ruta del Carrilet. El Coll d'En Bas representaba un esfuerzo para los ciclistas que venían en dirección contraria, algunos retorciéndose encima de las bicicletas mientras otros no acababan con la comodidad que conceden tantos piñones para esforzarse lo justo. O echar el pie a tierra y arriba nos vemos.
Mientras el esfuerzo ajeno llamaba la atención más que el propio, alguien dio a conocer la metodología adecuada para reforzar glúteos y zonas próximas. ¿La herramienta? Pon una moneda en la hendidura que separa las posaderas, trasero, culo, nalgas, ano, pandero, pompis, y sostenla con energía mientras caminas, a ser posible con bastones del modelo Nordicwalking. Aviso: en la hendidura, no en otras aperturas. Camina con energía, aligera el paso, sé veloz pero que nunca se te deslice la moneda ni se te caiga. Toda esa zona cambiará, los bajos adquirirán un alto valor añadido, con buena turgencia y tu tono muscular te dará un toque de distinción entre sexos iguales, complementarios u opuestos. Esta nueva metodología no precisa ni cuál debe ser el tamaño de la moneda ni a qué altura ponerla, ni qué hacer con ella después de su uso para tales menesteres.
Mientras la lección metodológica y competencial avanzaba, alguien con bastones más normales, de los de antes, adelantó al grupo de la teoría sobre la moneda. Pero pronto se apercibió que aquella pareja masculina usaban un instrumental distinto, más fino y juguetón, con movimientos acompasados y balanceantes, con artes variados que les permitían caminar con mucho salero y toques corporales diversos. Allí mismo recibieron la correspondiente lección.

Cultura y médicos con memoria

Al bajar el Coll d'En Bas, una nueva casa con amplios balcones mostró el centro de todas las miradas. No era el nuevo túnel que discurría por sus entrañas sino la perspectiva de la Suiza de Cataluña, antiguo vizcondado de Bas. Más abajo, viejas estaciones con terrazas que reconfortaban a trialeros bien pertrechados, encajonamientos en medio de la naturaleza y, pronto, Sant Esteve d'en Bas. Un pueblo que nació en torno a la iglesia de Sant Esteve, en el siglo XII, el punto de encuentro final entre los grupos variados de caminantes. Los primeros se les veía desorientados porque no encontraban ningún abrevadero donde echar algo al gaznate. Callejuelas, callejones, pasos entre calles que asoman a uno de los valles con el encanto de la variedad de olores y colores a lo largo del año.

Allí donde se esperaba a quienes venían al final, enfrente había una de esas sorpresas que suelen pasar desapercibidas: una casa humilde con una placa y este texto: “ Seu natal de la Fundació Moret i Marguí: memòries i llegats”. Allí nació uno de aquellos médicos preocupados por recoger las memorias, los legados y el material genético con el fin de guardarlo en un archivo, Jordi Moret i Marguí. Una de sus frases preferidas era: “ Quien sólo sabe medicina, ni tan solo medicina sabe” (frase que se puede aplicar a lo que se quiera).

Más abajo, otras culturas en un centro con ese título y traslado a Olot, donde se procedió a calmar la parte más corporal antes de recibir las ofrendas del día de Sant Jordi: una rosa para todos los públicos y también un libro que pretende acercarnos a una historia policíaca ,escrita por un gran autor teatral: “El juez y su verdugo”, de Friedrich Dürrenmatt, un insigne suizo, que vivó entre 1921 y 1990, y cuya casa es objeto de visita bajo el nombre “Centro Dürrenmatt” en Neuchâtel.

Antes de acabar con tantas sopresas por un camino primaveral, en una etapa llana pero abierta a ser descubierta por el punto de vista personal de cada caminante,un recuerdo a la memoria del médico Moret i Marguí con una de sus frases:

«Atrafegats per la materialitat del viure quotidià, oblidem sovint, dins el patrimoni de la història, els valors morals i els sacrificis dels nostres avantpassats»

("Ajetreados por el materialismo de la vida cotidiana, a menudo olvidamos, dentro del patrimonio de la historia, los valores morales y los sacrificios de nuestros antepasados")

Terrassa, 1 de mayo de 2012



Evaristo