Parece que fue ayer y ya han pasado 17 años. Los senderos de Gran Recorrido (GR) dieron lugar al nacimiento de un colectivo humano llamado GRMANIA: el gusto por andar en grupo.
Los GR son la mejor disculpa para hacer deporte, conocer el territorio, crear amistades, fomentar valores humanos y reconocerse en un grupo abierto a todos.
GRMANIA es la suma de muchas personas que aportan sus conocimientos, habilidades y buenas intenciones (también manías, defectos y algunas otras penalidades muy humanas). Los ejemplos abundan y los 17 años de existencia se basan precisamente en las aportaciones de cada persona y en el respeto a cómo es cada individualidad.
Uno de los ejemplos que verifican la consistencia de GRMANIA es la edición de este libro, en formato digital (y también en papel). Se trata de una recopilación de escritos y fotografías. Por supuesto que en GRMANIA hay más textos y muchas más fotos. En esta ocasión la edición se centró en una obra que tiene como eje peincipal a un grupo que ve la realidad mientras camina: se ríe, se discute, se debate, se explica,se come, se bebe, se descansa y, mientras, se ve el paisaje. En resumen: se vive "haciendo camino al andar" .
En las 250 páginas de "GRMANIA, 17 ANYS" (GRMANIA, 17 AÑOS) encotraréis lo siguiente:
- Prólogo: del coordinador del grupo Josep Hervás (en catalán)
- Epístolas: de Evaristo González (en castellano)
- Poesías: de Pedro Puerma (en castellano)
- Fotografías: de Antonio Gil.
Edición de la obra: María Morales.
Si, mientras lo lees, eres capaz de imaginarte los momentos que hemos vivido y los lugares por donde hemos pasado, ¡lo hemos conseguido!: tú también formas parte de GRMANIA.
Recuerda: Ítaca está dentro de ti.
Gracias por tu complicidad y...BUEN CAMINO.
Pasar de lo superficial al fondo no es fácil. Tener buen fondo cuesta. Pero, tranquilos, aquí no se va a tope ni a fondo. Todo con naturalidad.
domingo, 28 de abril de 2013
martes, 26 de febrero de 2013
Cami de Sant Jaume: de Igualada a La Panadella
En
paralelo al abandono por el progreso
Las
líneas paralelas son habituales en los caminos. Aquellas rutas
iniciales para unir poblaciones, transportar materiales o comunicarse
personas estaban tan bien trazadas que las actuales carreteras las
imitaron. Los ingenieros, en vez de aplicar tantos conocimientos a
discurrir nuevas rutas, fueron a lo práctico. Si antes decidieron
que por allí había que ir, ¿para qué darle más vueltas a la
línea recta? Sólo evitar aquellas curvas obligadas, porque antes se
luchaba para que la carretera pasara por el centro del pueblo: ayer
era vida, hoy es peligro. Los Caminos de Sant Jaume o de Santiago son
un ejemplo de aciertos de quienes trazaban con lo que sabían y
enseñaban a las generaciones con más medios. Aquel camino dio lugar
a una carretera nacional, luego a una vía de tren, a un canal, a una
autovía, autopista. Líneas paralelas que siguen así o que, por
causas artificiales, convergen, se cruzan y se separan para seguir
viéndose, aunque sea de lejos. Paralelismos con otros menesteres de
la vida: juntos sin tocarse, a un lado pero guardando las distancias,
convergentes y unidos, o desunidos sin convergencia interna pero con
sonrisas y falsos abrazos porque los intereses así lo exigen.
Lejos
pero cerca
El
Camí de Sant Jaume atraviesa poblaciones: lo que antes era contacto,
riqueza y ayuda ahora es asfalto, semáforos, viaductos y más
asfalto. Igualada se sitúa muy a la larga en la ruta jacobea. La
naturalidad del trazado acondicionado para uso a motor es una
artificialidad que se pretende evitar porque lo propio sería lo de
antes, que a veces se ha “civilizado”. Hoy en día se podría
considerar como “ponerle puertas al campo”, aunque éste se
abandone a su suerte. A Igualada se acudía a comprar ropa íntima a
buen precio. Y así se hizo en el tramo anterior. Ahora hay quienes
dicen que sus atributos masculinos no encajan lo bien que se esperaba
en el diseño textil. Intimidades al descubierto que habría que
ajustar para evitar roces y enrojecimientos lastimosos, no aptos para
enseñar en privado.
El
inicio del camino fue pasada la población para evitar lo inevitable.
Las líneas paralelas, desde Igualada a La Panadella se podría decir
que están hechas del mismo material aunque de distinto color.
Fines
Etapas
a la carta con el autocar que acerca o aleja el final a gusto de las
fuerzas y condiciones del personal. Que no se diga que nadie sufre
más de la cuenta. Todo controlado. Hasta el calentamiento de
miembros inferiores y articulaciones. Hoy la segunda y tercera edad o
salen a la estampida porque su mente avanza más que sus fuerzas, o
se preparan y previenen el esfuerzo para evitar recaídas,
radiografías, resonancias magnéticas, rehabilitaciones,
acupunturas, masajes, osteópatas, fisioterapeutas, vendajes,
apósitos y demás artes para que el cuerpo aguante. “El éxito
corriendo es un juego de prevención de lesiones”, decía un número
dos en carreras de montaña.
No
extraña ver cuerpos preparándose con artilugios diversos y tampoco
llama la atención quien asiste a la etapa para practicar el sano
deporte de darle a la lengua sin parar. Cada uno a lo suyo y el
paisaje a ambos lados, se vea, se observe, se contemple o se ignore.
Tampoco
llama la atención que a veces asome la palabra muerte en alguna
conversación. Bien sea por oficios relacionados, por nuestro interés
por ignorar la evidencia o porque algún ser querido ya no está, el
fin está ahí. Como pasa en cada etapa del camino. Cuerpos que se
desgastan, jubilaciones laborales, energías aún ahí, proyectos
pero los justos: como para consolarse con las cuatro o cinco cosas
que diariamente se deben apreciar. Qué mejor que acudir a las
artimañas mentales de experimentados corredores de montaña que,
ante varias lesiones seguidas, te ofrecen sus sabios consejos frutos
de las recaídas: “He pasado de gestionar mi cuerpo a gestionar mi
mente” (Anton Krupicka). Quizá lo que de momento no podemos
gestionar es el precio de los entierros: sólo pagarlos, y no el
nuestro. Esperaremos a que algún día llegue el low cost a este
servicio inevitable.
Áreas
Las
urbanizaciones cercanas a Jorba son un símbolo de cómo la vida
placentera también puede sucumbir a ataques de miedo, prevenidos con
varios sistemas de seguridad. Las cámaras, los anuncios
intimidatorios de que allí hay un gran perro (se oiga de verdad o no
exista), las altas vallas o setos convierten en opaca la vida de sus
inquilinos. Pero no inexpugnable. La situación actual parece que a
este personal, entregado a la naturaleza y a la tranquilidad, le
solivianta la existencia. Allí en medio se observa alguna casa de
labranza, abiertas sus puertas como en otros tiempos. Contradicciones
de la existencia. Con y sin miedo.
Jorba
está ahí, ya lejos de la antigua carretera nacional que lo cruzaba.
Apenas algunos ciclistas, coches aparcados y el sonido lejano del
transporte desviado. A hora tan temprana no se percibe ni siquiera el
movimiento de la gente mayor que madruga para comprar la primera
hornada de pan, no siendo que se acabe. El camino sigue y no se
aparta de la vida de la arteria principal. ¿Cómo negar la escasa
vida que puede dar aún aquella circulación que ya va de paso pero
que antes se detenía a conveniencia?
Las
casas de comidas, talleres, establecimientos de todo tipo y las luces
de neón apenas existen. Más allá, un área que es símbolo de la
pujanza agrícola, ganadera e industrial de la zona. Un ejemplo de
interculturalidad, precios baratos y servicio. Guissona ha pasado a
situarse en el mapa por un conglomerado donde conviven personas de
muchas razas y el modelo de cooperativa es un ejemplo. BonÀrea:
supermercado, combustible barato y la oportunidad de comer a muy buen
precio. Otros negocios también son posibles. Innovación a pie de
carretera en unos tiempos en que encarar la realidad es difícil pero
se necesita atrevimiento: “Hay que tener miedo a no asumir la
gestión del conflicto”.
Cruces
Más
allá un rugido extraño sorprende. Por la antigua vía para ir a
Andorra, dirección Copons, dos atractivos bólidos deportivos son
amables. Ralentizan la marcha, dejan pasar a los peregrinos y se dan
cuenta de cómo llaman la atención. Las obras del arte
automovilístico son efímeras pero bellas. Sus propietarios han
pagado por el valor de la emoción y del icono y deben ser
contemplados, admirados y hasta envidiados por el sonido, el perfil
bajo del artilugio, las líneas aerodinámicas, la exclusividad.
Marcas italianas y alemanas, donde la belleza es arte.
Más
allá, siempre al lado de la antigua carretera, una estación de
servicio mítica para quienes han sido habituales a esta ruta.
Vivencias recordadas con policías autonómicos expectantes y
servicios aptos para aliviar vejigas. Sin pena ni gloria, el
recorrido se podría ignorar si no fuera que es territorio, diseñado
por quien pretendió darle otro uso a una vía ya apenas usada, hoy
muy tranquilo, con una vía diseñada para ciclistas que acoge a
escasos peregrinos. Sorprendente porque no te permite huir del
asfalto. Buscabas árboles, viñas, bosques, y recuerdas tantos
kilómetros conducidos, adelantamientos temerarios, frenazos, hielos,
niebla, radares, lentos camiones, humos, tórridos calores y un fin
aún más allá.
Cruce
a la izquierda y parada a reponer fuerzas. Un buen momento para
confundir unas formas cuadradas depositadas en un campo con colmenas
de abejas, Alguien las vislumbró a lo lejos y creyó que estos
animales perturbarían el ágape. Admirables animales: ¡a imitar!
Cerca del lugar, no muy apartado, un animal más listo de lo que su
nombre da a entender. Es creencia urbana (o leyenda urbana más bien)
que los burros y los cerdos hacen honor a su nombre, cuando quien
procede del campo conoce las contradicciones semánticas y cómo las
supuestas aplicaciones humanas son diferentes a las animales. El
pollino atado largo en un espacio vallado y con las puertas abiertas
no parece estar a gusto en su situación. No es tan tonto.
Pensar
Dicen
que la sinceridad aflora mejor cuando el ambiente es propicio, cuando
la distensión crea momentos de relax y cuando las comidas, las
bebidas y las alegrías liberan esa mordaza mental que funciona como
mecanismo para cohibir y alterar lo menos posible la convivencia. En
un momento de la parada, alguien que sabe mucho de conducir grupos a
excursiones y salidas diversas, viendo la dificultad a veces para
llegar a acuerdos con un personal que no para de aportar ideas, hizo
una reflexión en voz alta de gran valor: “Aquí en este grupo el
problema está en que hay muchas personas que piensan”. De sobra
sabe él lo fácil que es programar y efectuar salidas grupales
cuando sólo piensa uno y los demás obedecen. Pensamos mucho y
también lo podríamos hacer sobre una frase de Stephen Hawking
dedicada a nosotros: “Solo somos una raza avanzada de monos en un
planeta menor”.
Devengos
y memorias
Quizá
el personal haya de rebobinar el disco duro para recordar que el Camí
de Sant Jaume pasa por un terreno lleno de disputas por el trazado de
la autovía. Fueron años de espera y negociaciones, con intereses
ocultos que a veces afloraban. Dos trazados posibles para la
autoridad ministerial. Oposición de intereses de la zona,
convergencias y desuniones con desacuerdos y escasas ganas del bien
común. La Panadella significó algo más en los pocos kilómetros
condenados a la larga y tensa espera. Un ministro de Lleida, famoso
por entronizar la palabra “devengo” en un sesudo y técnico
debate parlamentario sobre temas económicos, sólo encontraba trabas
de todo tipo en sus propuestas para la solución final. Algunos años
después los devengos de la nueva vía repercutieron en todos.
Antes:
disputas, trazados, sospechas ocultas y falta de interés por
acuerdos rápidos. Hoy: los males de la política y de la economía
como símbolo de una parte de la sociedad. Quizá los errores de
quienes mandan son una vergonzosa ampliación de males generalizados
que se dan al lado de cada uno, de formas de actuar extendidas entre
gentes sin escrúpulos: se llamen políticos, economistas o personas
anónimas: amigos, vecinos, familiares o uno mismo que se autoengaña
con la presunta honradez como tapadera.
Análisis
Como
el carácter mediterráneo fabrica más de un experto por persona
sobre cualquier tema que trates, qué mejor que acudir a los de
verdad. El economista y ex director bancario Manuel Puerto recordó
el otro día en el programa “Singulars” de C33 una frase de
Thomas Jefferson, en 1802, que para él ha sido fundamental: “Si el
pueblo permite un día que los bancos privados controlen su moneda,
estos bancos privarán a la gente de cualquier posesión, primero a
través de una inflación, a la cual seguirá una recesión, hasta el
día en que muchos de nuestros hijos se despierten sin casa y sin
techo sobre la tierra que heredaron de sus padres”. Dicho quedó.
Sakura
con almendros
El
paisaje de febrero despuntaba con multitud de almendros en flor.
Árboles precoces que sorprenden muy pronto con falsos anuncios de
primaveras adelantadas. Se engalanan de blanco y se arriesgan a las
heladas que les dejen sin fruto. Pero aportan el embelesamiento de la
incipiente explosión de colores en la primavera que llegará. El
camino por l'Anoia mostraba cantidades de pétalos blancos en los que
se oía el zumbido de abejas que libaban. Aquí no se elevan a
sagrados y tampoco se imita a los japoneses con su pleitesía ante
los cerezos en flor. Otra espiritualidad. Suave olor de pétalos que
caen casi al tocarlos, el orgullo de ser los primeros en florecer, la
semántica de la vida que nace por los ciclos así establecidos.
Igual que esos campos sembrados, donde pequeños tallos verdes tienen
miedo a despuntar por el frío o por ausencia de humedad. Es el
milagro de la vida en paralelo al abandono de carreteras antes muy
transitadas y hoy en reserva por un progreso que se traslada más
allá.
En
alto
Fin
del camino asfaltado a dos colores en zona alta, en La Panadella. Un
lugar de paso, símbolo de tiempos de gran actividad, venido a menos,
igual que tantas casas de postas y mesones que han quedado por el
camino como símbolos de un progreso abandonado. Otras vías más
rápidas se han trazado y la velocidad es el negocio del momento. Del
centro al extrarradio por una autovía inacabada. Un camino de ida y
vuelta con un trozo aún sin planificar: Los Monegros son secos y
quien aspire a seguir con su ritmo veloz, que pague autopista o,
sino, que aguante camiones. Hubo proyectos de enormes casinos.
Fantasmadas que ahora se decantan por el centro.
En
medio de dulces diversos aportados por personas magnánimas, con un
servicio de camareros que ha olvidado la rapidez y el buen servicio
de épocas más masificadas, La Panadella es un punto de inflexión,
un espacio que te abre la mente al antes llamado “el granero de
Cataluña”: la Segarra. Una comarca casi olvidada si no fuera por
áreas de progreso agropecuario y cooperativas multilingües.
Seguiremos
atentos al progreso.
martes, 19 de febrero de 2013
Camí de Sant Jaume, de Montserrat a Igualada
Visiones
descarnadas de intimidades a cubierto
Hubo
un día en que los medios que informan avisaron que se acercaba una
ciclogénesis explosiva. Tamaño término pasó de la impresión a
ser una expresión casi habitual y, por supuesto, tratándose de este
país, al habitual cachondeo ibérico. Pero la amenaza meteorológica
hizo su mella, quizá más que la contundencia de un término extraño
pero explosivo. El miedo cundió y provocó que la etapa del Camí de
Sant Jaume, prevista pàra el sábado anterior, hubiera que
anularse. Una decisión muy acertada que evitó ver la realidad
mojada y posibles afecciones a las vías respiratorias. “No siempre
llueve a gusto de todos” pero cuando se pronostica tanta agua y
luego la pluviometría lo certifica, qué mejor que aplazar la
salida. Algo que para los peregrinos que se trazan una ruta y unos
días para hacerla es un lujo no a su alcance. Para algunas
decisiones, qué mejor que recurrir a expresiones ajenas: “El
camino más corto entre dos puntos es el sentido común”.
El
día de autos amaneció nublado y hasta lluvioso en la ciudad de
origen. Sospechas de pronósticos que pronto se despejaron y la
meteorología lo puso fácil. De Terrassa a Montserrat las nubes
dejaron ver los perfiles de la montaña y la subida abrió los ojos a
un mundo que parecía recién colocado ante las pupilas. La visión
fue acompañada por un repaso a la situación de un país que da
pena. La descarnada realidad no es fruto de la ficción. Quien solo
ve los problemas lejos tiene la oportunidad de observarlos también
aquí, aunque en cada sitio se camuflan con banderas, amores patrios
y desfachatez encubierta por éticas falsas y egoísmo bancario. No
se acuerdan de que los cementerios están llenos de millonarios y,
luego, los sobrinos aparecen en cualquier esquina.
Parajes
En
los aledaños de la ermita de Santa Cecília se bajó un destacamento
inicial para iniciar el camino más largo del recorrido de la etapa.
Pocas veces antes hubo una incursión previa de una avanzadilla
selecta que sigue muy activa, aunque ya la sitúen entre las clases
pasivas. Primero fueron, vieron, sudaron y lo contaron. Las
explicaciones no aportaban detalles como para la deserción en una
montaña tan querida. Pero a la hora de la verdad, ellos no se
unieron al grupo inicial. Las sospechas dieron lugar a especulaciones
diversas entre neuronas incansables. La climatología había lavado
el paisaje y el camino parecía propenso a algún resbalón. El
autocar se fue mientras el personal triscaba por un camino que empezó
con confusiones. El experimentado guía aún parecía no haber
despertado sus reflejos y su orientación eran las dudas. Encontraba
el camino a base de la experimentación de la pérdida. Y dudó en
voz alta: “¿el camino sería descarnado?” Hubo una pronunciada
subida innecesaria, parecía que Sant Jeroni era el más vertical de
los objetivos.
Sensatas
caminantes rastrearon los entornos y dieron con el sendero adecuado,
en paralelo a la carretera pero con unas vistas a horizontes lejanos
y nevados. Hubo que encaramarse con la ayuda de una cuerda y con
rústicas escaleras, se contuvieron los posibles resbalones y los
pies jugaron un papel fundamental. El hielo componía etéreos
dibujos en el suelo, adornos momentáneos en las hojas y esas
pequeñas gotas que te refrescan cuando el invierno más bien exige
calor. Los caminos paralelos son parecidos pero no iguales. Seguíamos
uno más alto, con balcones hacia unos Pirineos cargados de reservas
de agua, un paisaje que rezumaba de una combinación de lejanía y
cercanos contornos, recorridos en varias ocasiones. Como decía
Herman Hesse: “la belleza no hace feliz al que la posee sino a
quien puede admirarla”. Creímos en la frase con la práctica.
Parejas
Pronto
las paralelas perdieron sus características geométricas y
convergieron en un punto apto para los placeres de la gula. Las mesas
de Can Maçana sostuvieron viandas, bebidas y golosos postres.
Detalles significativos no faltaron. La diversidad de menús
individuales acabaron en un proceso de socialización. El guía, cada
vez más humano y con dudas, sorprendió con un postre casero
fabricado por manos femeninas. Alguien destapó la placidez de la
vida en pareja, el idilio, esa sonrisa de quien se asegura calor
humano al volver al dulce hogar, ese pensamiento que fluye en el éter
romántico y se olvida de la exactitud del camino, quizá la
incipiente papada símbolo de otras vidas o el inicio del incipiente
abdomen caído. Quien decía esto lo había experimentado y no había
renunciado a ello. La intimidad se enseña lo justo. Como tampoco
nadie desechó el té aromático, el café almeriense, el perfume de
las gotas de alta graduación y otros dulzores de la vida. En pareja
o en solitario, el objetivo podría ser el que relataba Lair
Ribeiro: “la vida no se mide por el número de veces que respiras,
sino por los momentos en los que pierdes el aliento”. Éste podía
ser uno más.
En
marcha
Otra
comarca a la vista. L'Anoia y su capital como objetivo final. De unas
líneas paralelas a otras. Una carretera vital para Cataluña, famosa
por rivalidades diversas transcurriría también paralela a la
continuación del camino. Antes, subida para alcanzar más
perspectivas del territorio y llegar a Sant Pau de la Guàrdia,
urbanizaciones diversas, cruzar la autovía y seguir en paralelo a
esta arteria de asfalto. Un camino propicio para conversaciones
diversas, algunas repetidas, un punto descarnadas porque incidían
otra vez en las artes de las entrepiernas de las cincuenta sombras
de Grey. Con mucha carne al descubierto, las intimidades
transparentaban ardores, placeres y rebuscadas artimañas para
sometimientos diversos, planificados y consentidos. La ropa sobraba y
el descaro acrecentaba el morbo de las situaciones. Pronto la
conversación se nutrió de la buena literatura de Almudena Grandes y
otras autoras que transmitían mejores estéticas con literatura más
cultivada. Quien duda de casi todo aún no ha descubierto las
fronteras de los límites y hasta puede recurrir al histrionismo de
dramaturgos como Fernando Arrabal cuando hace poco decía: “Soy una
instalación de mi caricatura”.
Esqueletos
Atrás
el esbozo del túnel de El Bruc, con nombre sonoro y reminiscencias a
timbales y batallas, adelante la entrada a Castellgalí con un
edificio que podía ser el monumento a los tiempos actuales: sólo la
estructura, sin nada que cubra las intimidades de los especuladores
que lo abandonaron a su suerte. Deudas, impagos, sueños truncados y
hogares imposibles, vidas cercenadas por crisis no pasajeras,
culpables con corbata y camisa blanca, la pomposidad de
declaraciones falsas. Intimidades a cubierto que se convierten en más
opacas cuando se visten de palabras rimbombantes. Más allá,
estrellas: en un bar la del logotipo de una cerveza; encima, otra
estrella con colores patrios. Muchos símbolos colgados de los
balcones, la libertad al aire y el afloramiento de aquel hondo
pensamiento de un amante de independencias varias que se preguntaba
en voz alta: “¿independencia, para hacer qué?”. Estrellas,
marcas, productos que se empiezan a elegir ya más por el lugar de
fabricación que no por el gusto y la calidad. Mientras, pueblos de
paso, con poca vida, el camión como símbolo de modernas
transhumancias, ruido y mercancías con destinos más lejanos.
Telas
Igualada
parecía ahí pero era alargada. Antes, polígonos industriales con
almacenes cerrados, naves en alquiler, camiones parados y nombres de
ropas de toda la vida. Nadie dudaba de dónde son las princesas, los
abanderados, los puntos blancos, los unnos o...buff.
Pues
son del mismo sitio famoso por la industria de la piel. Los cueros y
estar en cueros. La ropa y las intimidades a cubierto. El precio y
las rebajas. Las ofertas y los outlets. La escasa tela con diseños
diversos para que se conviertan en picardías. He ahí el atractivo
de las compras, ya que pasábamos por aquí. Y ahí estábamos.
Antes, un grupo acudió a aliviar la vejiga a una gasolinera. Días
después, nuestro excelso rapsoda nos sorprendió con una acertada
poesía y un verso punzante: “Se mean encima de nuestras cabezas y
nos dicen que llueve”. En el centro de la capital, el personal
parecía retirarse a sus aposentos. Alguien explicaba que en el
balcón del ayuntamiento anunciaban algo sobre una nueva nación de
Europa. Para llegar a más personas, lo tradujeron a varias lenguas.
La que ocupaba el último lugar de la lista era tan desconocida...que
la hablan más de 600 millones de personas.
Después
de pasar por un pequeño homenaje escultórico a las chucherías, el
suave sol del invierno intentaba calentar los cuerpos al sol de una
terraza. Un momento idóneo para reintegrar dineros de loterías por
un lado y, por otro, cobrar esos y algunos más. Aquí, nobleza
obliga. En otros lugares, esta estrategia bancaria se ampara en las
leyes de los mercados. Vivimos entre semánticas diversas donde,
hasta en la ciudad de las telas íntimas, las mayores vergüenzas
pueden hacer que se vean pero se disimulan con palabras confusas e
idealismos muy utópicos.
Quizá
alguna vez, para sobrevivir mejor en este panorama tan descarado,
haya que ansiar el llamado síndrome de Stendhal, esa enfermedad
psicosomática derivada de una sobredosis de belleza y placer.
sábado, 12 de enero de 2013
Camí de Sant Jaume, de Montserrat a Can Massana
Sombras y grados en montañas poliédricas
En
pocas ocasiones coincide el inicio de una etapa de un camino hacia
Santiago de Compostela con una jornada de reflexión previa a un día
electoral con Cataluña como punto central y en un lugar mítico:
Montserrat.
Se
mire como se mire, Santiago de Compostela es un acertado destino para
tantas rutas espirituales que trazan vericuetos diversos. Y sus diseñadores nunca se
olvidarían de enclaves significativos para la imaginería popular,
religiosa, política e ideológica. Reflexionar antes de votar (o no)
en medio de unos riscos usados para tantos fines aporta un valor
añadido, según como se mire. A aquellas horas de la mañana de un
sábado 24 de noviembre, los escasos movimientos físicos de ciertas personas del servicio seguro que nada tenían que ver con las sinergias religiosas
que se debían cocer en las intimidades de capillas, iglesias,
rincones desconocidos y corazones estigmatizados por devociones
diversas.
El negocio montserratino se ponía en marcha: limpieza de espacios, colocación de guardias, peajes despachando tarjetas, bares subiendo persianas y campanas que marcaban las horas. La espiritualidad y las cuentas bancarias nunca han sido incompatibles (al contrario) y menos aquí, con oficinas de dinero en efectivo y de plástico, tiendas de gran conveniencia, puestos callejeros con productos derivados de la leche de vaca (cuando por aquí apenas se ven estos animales), diversidad de accesos mecánicos más o menos camuflados en el medio natural, imaginería religiosa por doquier, rituales muy afamados a horas concretas, museos, editoriales, centros de estudios teológicos y otras atenciones a las necesidades de los visitantes, reales o virtuales. A esas horas, el sol despuntaba y las sombras esperaban el calor de los escasos grados de un día otoñal.
El negocio montserratino se ponía en marcha: limpieza de espacios, colocación de guardias, peajes despachando tarjetas, bares subiendo persianas y campanas que marcaban las horas. La espiritualidad y las cuentas bancarias nunca han sido incompatibles (al contrario) y menos aquí, con oficinas de dinero en efectivo y de plástico, tiendas de gran conveniencia, puestos callejeros con productos derivados de la leche de vaca (cuando por aquí apenas se ven estos animales), diversidad de accesos mecánicos más o menos camuflados en el medio natural, imaginería religiosa por doquier, rituales muy afamados a horas concretas, museos, editoriales, centros de estudios teológicos y otras atenciones a las necesidades de los visitantes, reales o virtuales. A esas horas, el sol despuntaba y las sombras esperaban el calor de los escasos grados de un día otoñal.
Rodeo con atletas
Reflexión
con ánimos para la excursión. Se trataba de rodear la montaña por
una altura intermedia que, al descender, pasaría por las coves
del Salnitre de Collbató, descendería hasta el pueblo, lo
cruzaría dirección al restaurante Vinyanova
para seguir por los entornos de El Bruc hasta acabar en Can Massana.
Una vuelta excursionista no tanto para seguir una ruta concreta hacia
Santiago sino para conocer mejor los entornos poco visitados de la
montaña con vistas al Baix Llobregat i a L'Anoia. Al fin y al cabo,
a menudo la línea recta no es la mejor para conocer más.
El
descenso estuvo lleno de paisajes: un camino serpenteante por donde
ascendían jóvenes atletas que participaban en una maratón poco
conocida, fuera del calendario legal de carreras. Era la IV
marató Pirata de Montserrat con salida y llegada a diferentes
horas a El Bruc. Cuerpos enérgicos, musculosos, hombres y mujeres
acostumbrados a sudores varios. Aquí los grados se vislumbraban con
pruebas evidentes. Camisetas procedentes de otras aventuras de
parecido o superior rango. Olor a sudor, a músculo esculpido por el
uso y abuso, nada de prominencias abdominales, mirada hacia arriba en
un ascenso con un final muy alto.
Dos
aficionadas a actividades diversas al aire libre se quedaron
contemplando a algunos miembros masculinos. Admiración, quizá
libido y también realidad. Se quedaron extasiadas ante sus deseados
cuerpos pero también tocaban con los pies en el suelo: “A nosotras
nos gustan ellos pero haría falta saber si a ellos les gustamos
nosotras”. La magia del realismo. Atrás quedaban las sombras y el
sol iluminaba y daba calor.
De
forma metafórica, algún personal femenino parece que, desde un
tiempo acá, prefiere las sombras porque deben dar más calor. Tiempo
ha, en una jornada de reflexión pseudoespiritual, excursionista y
micológica en enclaves del Berguedà, hubo un intento para convencer
de las bondades espirituales de un prohombre y sacerdote que dejó un
gran legado, una gran obra escrita en tres libros y un ejemplo a
seguir. En aquel momento y en paralelo, ya en el ambiente femenino
circulaban con fruición y placer otros tres libros muy distintos que
causaban furor en esos rincones cerebrales que administran la máquina
del deseo. Tres gruesos volúmenes en papel (o tres PDF) eran
devorados, comentados en voz baja, recomendados, prestados,
aplaudidos y se supone que también objeto de ilusiones a experimentar o de realidades a probar algún día. El título
original se refería a “grados” pero aquí se tradujo como
“sombras”. Y en aquel encuentro a los pies del Pedraforca o aquí
en el entorno de Montserrat, lo religioso y lo erótico seguro que se pueden
entender muy bien: muchas pruebas históricas y muy actuales así lo
confirman. Cuerpos sudorosos que subían a Montserrat, sudores
pseudoliterarios, el deseo de acabar la maratón, el deseo
desenfrenado y animal hasta la extenuación, el placer del esfuerzo,
el esfuerzo para llegar y provocar la duración del placer. Grados y
más grados en un proceso calorífico con la relajación final.
Escaladores
Si
de lo que se trataba era de una excursión inicialmente en bajada,
los atletas que subían a Montserrat eran multidisciplinares: en los
42,195 km de una maratón por montaña había mucho y de todo.
Bajadas y subidas sin parar hasta el punto de llegada que, a su vez,
antes había sido el de salida. Pero otra especie humana y atlética
se acercaba al destino prefijado: las paredes llenas de vías aptas
para practicar la escalada. Escaladores y escaladoras llenos de
cuerdas, arneses, cascos, mochilas e ilusión por subir, ver,
disfrutar y bajar. La montaña de Montserrat como lugar de
entrenamiento para aventuras mayores, como bautismo para neófitos,
como aventura para no llegar a más objetivos que ser capaz de vencer
a la piedra vertical, luchar contra lo escarpado, someter a los dedos
de las manos y pies a la máxima tensión y demostrar que los
objetivos se cumplen. Y también cuerdas, arneses, dedos y otros
enseres figuran en las hazañas descritas por E.L.
James que figurarían en ese lenguaje que algunas mujeres allí
presentes no verbalizan porque no se atreven pero que pasean por el
segundo plano de las palabras. Christian Grey escalaba otros
objetivos y Anastasia Steele participaba como sujeto y víctima de
ese término que ya ha pasado a ser uno de los más citados en los
blogs femeninos: “follar duro”. La serie “Crepúsculo” dio
lugar a muchos relatos que la recreaban de otra manera hasta llegar a
este, especializado en lo que en el argot consideran una recreación
de las prácticas BDSM.
Subir, bajar, escalar, atar, desatar, introducir, sacar, soltar:
marcas deliciosas y el placer del objetivo conseguido.
Asistencias
La
etapa también sufrió contratiempos. Un ilustre poeta tuvo que ser
atendido por una caída fortuita que le dejó marcas en la cara. Son
esos gajes de un oficio en que por más que atiendas a todo, siempre
algo te sorprende. Lo único positivo es que a él le son motivo de inspiración para
creaciones literarias de gran hondura y sensibilidad poética.
Pero la recompensa más primaria llegaba en forma de yantares, bebidas y picoteos diversos. La pausa fue en la entrada de una de las profundidades rocosas más visitadas en las cercanías de Barcelona: las cuevas del Salnitre. Un lugar con buenas vistas y una placa en homenaje a personas fallecidas víctimas de fuegos que se debían haber evitado.
Pero la recompensa más primaria llegaba en forma de yantares, bebidas y picoteos diversos. La pausa fue en la entrada de una de las profundidades rocosas más visitadas en las cercanías de Barcelona: las cuevas del Salnitre. Un lugar con buenas vistas y una placa en homenaje a personas fallecidas víctimas de fuegos que se debían haber evitado.
Siempre
está bien que la suma de las profesiones de caminantes tan diversos
sirva para tocar tantas caras como tiene la vida. Como la mente es
tan compleja, a menudo se notan más las atenciones profesionales del
mundo de la sanidad en curaciones por problemas físicos y eso nos
hace olvidar el gran valor que siempre ha tenido en este grupo la
presencia de profesionales de la psiquiatría.
Cuando
un psiquiatra no puede venir suele aparecer otro ocasional. Alguien
reflexionaba en voz alta sobre este detalle y elucubraba sobre la
salud mental del personal y cómo ésta se pretendía conservar
aunque fuera sin recetas: un ilustre caminante aseguraba que sólo fuma un
buen puro cuando se lo prescribe su psiquiatra, más de uno
reconforta su campo visual y alimenta su sensibilidad con
recreaciones gráficas que aparecen en el móvil del profesional de
la salud, otro sólo besa la pantalla de su móvil si la imagen ha
sido filtrada por los conocedores de las entrañas cerebrales. Incluso los mejores chistes y
las carcajadas más “calientes” tienen su origen en los
chascarrillos de profesionales que saben cuándo se han de decir las
cosas y cómo las mejores recetas son las que no se escriben, se
ríen, se corren y se caminan. Si Christian Grey escuchara esto,
quizá podría alimentar su fuente de inspiración para practicar más
en su sala privada de Seattle. Así, libros calificados como “el
porno de mamá” aún podrían sacar más ediciones y Grey tendría
más candidatas a disfrutar del lujo del dinero y a ser víctimas de
su inestabilidad emocional, producida por una cruel infancia, con las
prácticas de su tía incluidas. La psiquiatría también tendría
mucho que decir en las hazañas de un rico acostumbrado a controlar,
a mandar y a someter. Parece que hasta las más feministas se rinden
a Grey y hasta tienen en buena consideración que el sexo femenino
se abra cada vez más a nuevas vías de exploración con su cuerpo y con sus deseos. Como pasa en el mundo de la escalada, que cada cual
administre su yo con libertad y responsabilidad.
Destinos
Collbató
era un paisaje urbano sin apenas gente, con muchas enseñas de las
que toca poner ahora en los balcones y algunos paseantes en
bicicleta. Cruces de caminos, coches aparcados de amantes de las
alturas verticales y señales que conducen al restaurante Vinyanova.
Un espacio con reminiscencias neorrurales que ahora parece ser
santuario de ágapes familiares cocinados “a la antigua usanza”,
en un entorno con olivos, parque infantil y animales en exposición.
El entorno tiene buenas vistas y el placer gastronómico debe estar
servido dentro.
A
partir de aquí, los destinos del personal se juntan y se separan
según sea la dirección tomada. Los rodeos y la dispersión también
estuvieron presentes. Como casi siempre. Labradores que empezaban a
recoger las aceitunas se trasladaban en tractores, prestos a tender
redes, varear, mover, coger, escoger y juntar la cosecha. Las
direcciones conducían a Can Massana por los alrededores de El Bruc.
Los últimos maratonianos piratas buscaban referencias del final y
los caminantes seguían una senda donde se produjeron batallas y
combates históricos, objeto ahora de nuevas rutas turísticas dentro
del paraje de la montaña sagrada. Bicicletas en confluencias de
rutas y, más allá, el final en Can Maçana. Aglomeración de
vehículos aparcados en un punto de referencia para quienes iniciaban
un camino, buscadores de setas que volvían con los cestos llenos a
condición de que se hubieran arriesgado por zonas de difícil
acceso, la vertiente de varias comarcas como el Bages, l'Anoia y el
Baix Llobregat, policías vigilantes puestos por el país para recaudar por lo que sea, maratonianos que se retiraban sin atreverse a consumar
el fin y excursionistas que se dirigían a reponer fuerzas en el bar
de la estación inicial de Cremallera a Montserrat.
Días
después, visto el calor que producen las sombras, alguien sugirió
que la próxima lectura que se proponga para el grupo sea una novela
de Almudena Grandes que causó elevación de los ánimos en una época en la que el
atrevimiento no estaba reñido con la buena literatura: “Las
Edades de Lulú”. O cualquiera de la colección de "La sonrisa Vertical".
Si los grados no se disipan, habrá que mantener el cuerpo a una temperatura constante, y bien está recurrir a esa gran medicina que es la literatura.
Si los grados no se disipan, habrá que mantener el cuerpo a una temperatura constante, y bien está recurrir a esa gran medicina que es la literatura.
sábado, 17 de noviembre de 2012
Camí de Sant Jaume, de Manresa a Montserrat
Brumas,
nieblas y otras realidades camino a Montserrat
Las
excursiones a menudo son esos tiempos en que uno sale a pasear en
grupo más con un objetivo social que paisajístico. Hablar significa
enfrascarse en temas que no permiten mirar más allá de las
zapatillas y estar pendiente del encadenado de conversaciones con más
o menos sentido. Preguntar, responder, dialogar, reírse, planificar,
pontificar, ironizar, discursos, monólogos, soliloquios, he ahí el
paisaje hablado que se extiende como una bruma por encima de los
árboles y vegetación diversa. Hacer dos cosas a la vez exige
entrenamiento, mente ágil y predisposición para aprovechar tanto el
tiempo que, a veces el cansancio mental de tanta disociación
cognitiva, hace que se pierda el hilo de los temas.
Ir
de Manresa a Montserrat por el Cami de Sant Jaume en noviembre
implica someterse a un tiempo imprevisible. La espesa niebla inicial
evitaba no ver radares de control de velocidad en la carretera, una
depuradora identificada por su olor desde kilómetros atrás. Cerca,
un campo de golf cubierto por una brillante capa de hielo en las
madrugadas invernales. Una gasolinera víctima de los precios baratos
de otras. La catedral y cuevas donde dicen que nacieron fundadores de
instituciones religiosas con gran poder en España. Una carretera
habituada al asfalto ensangrentado por los efectos de variados
accidentes. Manresa y un polígono industrial en lo alto con un
aireado nombre: “Bufalvent”.
Nadie
prevía la densa niebla cuando, en el punto de salida, la publicidad
de un poste recordaba esa palabra tan habitual, temida, apreciada y
soñada: “Seny”. Un término propio de las míticas y hondas
raíces de este pueblo, ahora usado como buque insignia de un anuncio
diferente de un banco. El dinero usa variados trucos para llegar a
ese sentido común (seny) que no parecen ser muy habituales de estos
bancos expertos en desahucios sin escrúpulos. En campaña electoral
los Mesías con brazos abiertos te miraban desde las farolas, con una
mandíbula propia de ejecutivos y políticos sin escrúpulos, con
colores y más colores en trapos, y con una estrella en una bandera
que ningún Photoshop se dejó que la eliminara. Se asemejaba a un
original tanga que tapaba vergüenzas dejando al descubierto el
quiero pero no puedo y sí quiero. Al contrario. Algún pensador tipo
estatua de Rodin definía su iconografía desde lo alto. Otros ponían
rostros e imagen a proyectos diversos. Mensajes de bancos, de
políticos, graffittis, papeles. Palabras, imágenes y temas.
Manresa
por la C-58 y esos profundos olores. Ahora molestan al pasar. Parecen
fruto de una tecnología con indefinición tecnológica, ausencia de
filtros para que el personal no sepa que el comer produce residuos,
estos se han de tratar y el olor apetecible se convierte en su
contrario. Allí, al lado del último tramo del río Cardener antes
de desembocar en el Llobregat, se inició la etapa que tiene como
objetivo el mítico monasterio de Montserrat. El reto santo,
patriótico, excursionista, de paso, turístico, en fin, el objetivo
que cada persona se marque ante una montaña original y mítica. El
murmullo del agua fluvial formaba parte de un paisaje sombrío,
oscuro por una densa niebla que parecía formar parte de las riberas
de ríos, ya habituados a desprender vapor y concentrase humedades
variadas.
Hacia
Castellgalí
Pronto
los cruces asfaltados enfilaron el objetivo hacia Castellgalí por
estrechos senderos húmedos y propensos a descubrir hongos variados.
El otoño deja sus huellas en muestras de setas que nadie ha cogido
porque no son comestibles. Cerca de los Ferrocarriles de la
Generalitat, el camino se enfila para bajar de nuevo y descubrir que
el más allá apenas se percibe. Poco a poco, la bruma inicial se
despeja y los campos arados muestran que la agricultura aún exitse
en esta zona del Bages. Tierra rojiza de al revés, una capa dada la
vuelta para que el invierno proteja esas semillas que pronto han de
germinar. El panorama no queda libre de fábricas, talleres y
anuncios de un próximo poblado. Las charcas y el barro sorteado por
ocasionales ciclistas y avezados excursionistas humedecen un ambiente
caldeado por otras circunstancias. La crisis, las elecciones
autonómicas, los bancos, la próxima huelga general, los
funcionarios, los parados, los que apenas sobreviven son temas
recurrentes en medio de la tranquilidad rural. Incluso menciones a
personas del grupo que parecen haber evolucionado en su singladura
política e ideológica. O amorosa. Cambios no explicados si no se
hablan. Y, a veces, mejor ocultarlos. O miembros de la cofradía
andarina que no vienen y se les disculpa con burdas mentiras cuando
quien pregunta sabe la respuesta y quien habla disimula. Ya queda
dicho que los peligros vienen a veces más de las preguntas que de
las respuestas.
La
plaza de Castellgalí acogió al personal con deseos primarios
insatisfechos. Botas, botes, comidas variadas y postres diversos que
ya comenzaban a anunciar las insaciables Navidades. Alguien esperaba
con un carro de los de supermercado y dos mochilas. Y alguien
interpretó a esta persona como perteneciente a esa inacabable cola
de personas que les falta lo indispensable y ansían ayudas más o
menos oficiales. Se decía que así estamos, que cada vez peor, que
la solidaridad es la única vía cuando el camino nos conduce a la
destrucción del bienestar y a un cambio de sistema, sin hablar que
siempre les toca a los mismos parecer unos “antisistemas”sin
quererlo. Pero no, falsa alarma. No esperaba ayudas. Consumía el
tiempo hasta que le vinieran a buscar para trasladarse a un campo de
fútbol, se supone que con mochilas llenas de equipajes ajenos: no
tenía aspecto de cultivar la forma física. Ante esta realidad, la
reflexión giraría en cómo y porqué interpretamos las señales
humanas según una realidad terrible a la que parece ya nos hemos
acostumbrado. Y no. Esto no debería formar parte del paisaje
habitual. Ni siquiera ser un espejismo o un rastro del futuro.
En
las esperas, la tecnología brinda fugaces estelas de otras
realidades. La memoria digital de la telefonía móvil transporta
todo tipo de discursos semánticos. Ya cualquier tema puede empezar
en el móvil, o bien que él demuestre las hipótesis con pruebas
gráficas. En momentos de asueto siempre hay temas recurrentes: el
género masculino fue radiografiado por una caminanta como poseedor
de una sola neurona cuando alguien recurrió a los manidos temas
sexuales a pie de calle. Quizá sea que o esas etapas ya no volverán,
o se echan de menos o quizá los almendros pronto comiencen a
florecer. O alguien espera encontrar un nuevo “mirlo blanco” (en
versión masculina o femenina).
Sin
nieblas
En
el discurrir de las marcas jacobeas en dirección a Montserrat, las
urbanizaciones con vistas a la montaña sagrada dan sentido económico
al paisaje. Un buen momento para que quienes se relacionan con temas
laborales de estadística o Hacienda enriquezcan la terminología
económica del fraude con “el carrusel de las truchas”. Son esos
movimientos de productos que, en manos expertas, fluyen por las
fronteras y cuya finalidad es el fraude internacional de impuestos,
con pingües beneficios. Estrategias y triquiñuelas de guante blanco
con corbata y traje, con bufetes de abogados detrás y rufianes de
mucha monta a los que sus escrúpulos apenas les imponen limitaciones
que no sean las cuentas bancarias.
El
paisaje se despeja en dirección al término de Marganell, con las
agujas al fondo y más campos labrados por doquier. Pocos paseantes
pero algunos sí. Un grupo de jubilados se dirigen a una jovial
jubilada del grupo para suplicar la consumación de la ruta ante el
monasterio señalado. El de las clases pasivas alegaba su gran fe en
los milagros de la Moreneta, recordaba sus incursiones allá arriba y
animaba a terminar el recorrido. Un camino que pasaría por la
derruida casa donde se fabricaban perfumes artesanales, “La
Fassina”, por la riera de Marganell causante de destrucciones
ocasionales, Sant Cristófor, más rieras y casas aisladas con
árboles de hoja amarilla a punto de caer, más urbanizaciones ya
casi a los pies de Montserrat y una pista asfaltada que condujo al
personal hacia el objetivo final.
Ya
con el fotográfico perfil montserratino al alcance, el monasterio de
Sant Benet a un lado, se supone que con la mediática monja Teresa
Forcadas allí dentro, el camino se adentró en la zona que da acceso
a una de las mayores concentraciones de mosaicos dedicados a las
santidades vírgenes, el camí dels Degotalls. Una zona víctima de
grandes caídas de piedras, con enormes redes de alambre para
prevenir accidentes. Un acceso a tantas escaladas hacia las alturas
de paredes verticales con vías consagradas (se supone que por la
afluencia de tanta gente y por la Virgen protectora de accidentes).
El fin se acercaba. Las riadas habituales de turistas, visitantes,
deportistas, devotos y peregrinos mostraba la especie humana en
algunas de sus categorías. Puede que la fe mueva montañas pero
también da sentido vital a la espiritualidad, aporta grandes
beneficios económicos y vende territorios atractivos.
Montserrat
no pasa desapercibido. Atrae. Tiene magnetismo. Supone esfuerzo. Es
el principio y fin de proyectos. Se usa a conveniencia de ideales,
intereses y utopías. Sirve para manipular y para sincerarse. Tiene
gran belleza. La altura invita. Bajar es volver. Estar es vivir.
sábado, 22 de septiembre de 2012
Camí de Sant Jaume, de Santa Maria del Corcó a Vic
Milagros,
creencias y otras imágenes
Grmanos
y Grmanas
INTRODUCCIÓN
GISCLARENY:
un lujo a nuestro alcance
Antes
de revivir sui géneris la última etapa del camí de Sant Jaume,
iniciemos los prolegómenos en las faldas del Pedraforca, donde las
pilas se recargaron en un ambiente de religiosidad profunda, con
atalayas pronunciadas convertidas, una vez más, en objetivo a
conquistar: desde la que está detrás de la casa de convivencias
hasta unas más altas y otras menos pronunciadas. De nuevo se revivió
el nunca olvidado espíritu de Gisclareny en la Mare de Déu del
Roser, una iglesia del siglo XVIII ¡Qué tiempos aquellos en que la
vieja residencia de Mosén Cima abrió sus puertas y sus innumerables
rincones! La mesa redonda giratoria ayudó a socializar yantares y a
reponer fuerzas físicas antes de los trances diversos.
En
esta ocasión la nueva residencia abrió las puertas a una legión de
acólitos que se congregaron por turnos. Las entradas y salidas eran
a la carta, o sea: cada uno cuando quería y podía. 19 cofrades de
honda espiritualidad se solazaron en uno de esos rincones donde la
soledad y la altura permiten ver el juego de las nieblas, de las
brumas y de los contrastes del horizonte en cualquier estación, con
tormentas incluidas que añadían esas gotas de bienestar cuando
estás bajo un tejado, con gotas diversas y buena conversación.
La
estancia, bien equipada, provocó comparaciones con Bruguera.
Incomparable el lujo de aquí y las comodidades, ya casi obligatorias
para conjugar mejor el alma con el cuerpo en estos tiempos tan
modernos donde la mortificación es un asunto personal e
intransferible. Una cocina a la última, literas cómodas y buenas
vistas. Limpieza, orden y concierto en las estancias, con muchas
imágenes religiosas de Papas, vírgenes y otras señales
significativas. Mención especial a ese gran cura que dejó
inolvidables recuerdos en tanta gente, incluyendo una Grmana de la
que fue su confesor particular. Varios cestos de gran tamaño en la
subida a la planta primera simbolizaban las buenas recogidas de setas
en una zona tan afamada, el alto Berguedà. Calefacción, agua
caliente y menudencias varias que ayudron a hacer más agradables
esos momentos en los que se está bien.
Por
otra parte, minuciosos observadores independientes también
anotaron algunos detalles a tener en cuenta. Echaron en falta una
picadora de hielo en la cocina y cultivos de hierbas para libaciones
con toques etílicos. En las estancias más íntimas, todo en orden,
bajo muchas imágenes que vigilaban cualquier tentación carnal,
solitaria o en compañía. No obstante, una mente detallista quiso
que constara en acta un espacio donde no había ninguna vigilancia
gráfica religiosa: el susodicho sujeto lo focalizaba en los momentos
íntimos de las abluciones en las duchas (individuales, por
supuesto). Propuso poner a media altura un ojo inquisidor que
vigilara esos instantes de restregamientos, masajes lubricados con
los geles, frotamientos e insistencias que pudieran estar en la
frontera de lo libidinoso. Nada debía propiciar tentaciones
malsanas. El signo de que todo lo ve el Altísimo sería una buena
forma de mantener la mente donde debe estar y preservarla de
cualquier tentación del mundo, el demonio y la carne en esos
cuerpos tan recios e impolutos.
Milagros
Es
muy grata una estancia como esta en salidas así con gente tan
agradable. Más placentero es ver a ese personal pequeño que es
nuestro futuro y que se entienden tan bien con todos. ¡Qué niños y
niñas! La interculturalidad es la normalidad. El milagro en este
caso es que no hay milagro.
Pero
sí que lo hubo si consideramos a dos personas que dudaban hasta de
su sombra. Uno de los objetivos propuestos era hollar la cumbre del
Pedraforca por la vía de Gósol. Pronto se notaron algunas dudas y
enmascaramientos de las auténticas razones con un cierto remoloneo.
Quedó claro que un amplio grupo no iría, aunque el acceso hubiera
sido posible para todo el personal.
Una
persona parecía que arrugaba el entrecejo ante el madrugar tanto,
que si podría llover, que si con este estado físico ya no seré
capaz, etc. Otra persona llegó quejándose de un fuerte dolor en la
rodilla, consecuencia de tantas carreras y otras hazañas. Tampoco
confiaba en superar la cumbre. Al final, una mano suponemos divina
les condujo hasta la cima. Debió ser la Mare de Déu del Roser.
Nueva
vía
Aunque
la vía de Gósol es muy transitada, el destacamento de GRMANIA abrió
un nuevo camino en la parte final. Quizá se debió a una asignatura
pendiente: los discos duros aún recordaban tiempo atrás cuando un
apodado Coronel Tapioca pasó a los anales de las rutas apócrifas
del Pedraforca. Desde el refugio Lluis Estasen el individuo dijo
haberse enfilado al Pollegó superior por una senda desconocida y
misteriosa. Aquella hazaña causó sensación y cierta envidia. La
apuesta para igualar la epopeya del insigne asesor internacional de
tantos presidentes latinoamericanos se consumó ahora.
Hasta
la base o enforcadura que separa el Pollegó superior (2506 metros)
del inferior (2445 metros) se llegó bien. Mencionar sólo una
memorable frase de nuestro coordinador. Preveía las consecuencias de
la ruta en su cuerpo y, a esas alturas, pronunció una sentencia con
efectos inmediatos: “Se me están cocinando unas buenas agujetas”.
Al día siguiente certificó que los pronósticos se cumplieron.
Desde allí, en vez de seguir las marcas amarillas del camino
original, la expedición tomó otra dirección mientras dos personas
acababan de recuperar fuerzas von viandas variadas.
En
estas estábamos cuando el coordinador tomó la directa y se puso a
grimpar como una lagartija. Sus pies se ajustaban al terreno vertical
y ascendía con agilidad. Dijo buscar la vía directa a la cima del
Pedraforca. Por momentos la expedición observó la verticalidad
continua y la ausencia de huellas de expedicionarios anteriores. Él
gateaba sin parar, subía y bajaba como si olisqueara rastros de
traks que le condujeran arriba. Aquella ruta parecía virgen, con un
buen balcón si uno se giraba. No había señales de que fuera la del
Coronel Tapioca. Ya arriba, la orientación guió al grupo hacia el
destino final. La nueva ruta conducía en realidad hacia el Calderer
(2505 metros). La historia no escrita de la montaña recogerá la
hazaña de la nueva vía.
Garrulería
variada
La
cima del Pedraforca es mítica, política, reivindicativa y, sobre
todo, abierta a la inmensidad de lo que le quieras añadir. Poco a
poco la masa humana aumentaba. Quien se llevaba todas las miradas era
un grupo de jóvenes que articulaban un lenguaje indefinido, a duras
penas inteligible, mezcla de algoritmos diversos trufados con sonidos
guturales y ahorros de letras. Procedían de barrios de Terrassa,
sólo uno mostraba conocimientos básicos del catalán en público
pero todos paseaban una enorme bandera estelada. Fotos de rigor se
supone que para los anales de las redes sociales y testimonios para
lucimiento personal. Visto lo cual, alguien por allí reflexionaba
sobre temas diversos mientras hacía un estudio sociológico y
político de lo que estaba interiorizando a esas alturas. La libertad
a 2506 metros también ondea respetables colores.
Recogimiento
y confesiones
De
nuevo en Gisclareny, las bebidas y comidas entonaron los ánimos y la
calefacción caldeó un ambiente bucólico, en medio de una gran
tormenta y la lluvia golpeando los cristales, con los habituales
sonidos de rayos y truenos. Espirituosos, infusiones, cafés, dulces
y otras ayudas crearon un ambiente relajante y agradable. Antes, un
grupo visitó la ermita preferida por Mosén Cima, Sant Miquel de
Turbians, un lugar mágico documentado en el siglo X como iglesia
románica. En el siglo XVIII fue iglesia parroquial . Otros estaban
en Bagà. Después corrieron rumores de sorprendentes confesiones
entre iguales, un fenómeno que forma parte de los milagros del
lugar. Un sitio ya señalado para volver, gracias a las buenas
conexiones con las autoridades eclesiásticas y a las romerías a
Montserrat.
….............................................
LA
EPÍSTOLA DE LA ETAPA DEL CAMÍ DE SANT JAUME
De
Santa Maria del Corcó a Vic
Nunca
mejor dicho: dos poblaciones con muchas reminiscencias históricas.
Una por cuestiones antiguas, otra por antiguas y actuales: Santa
Maria del Corcó (L'Esquirol: un nombre de broma fácil) y Vic. Aquí
los milagros están en el camino y en la primavera que fluye por los
poros de muchas pieles y de la tierra. Y también dio señales de su
efervescencia en esas imágenes tan poéticas y románticas cuando
cualquier detalle se mira con otros ojos, cuando el amor fluye y la
pasión crece ante tanta vida que fluye. ¡Ay, el amor! Siempre anima
ver gestos, detalles, sonrisas de oreja a oreja, complicidades
detallistas y carantoñas diversas. ¡Lo que no haga el amor!
Un
buen ambiente con un limitado número de caminantes, caldeado en sus
inicios con repasos diversos a la actualidad, arreglos inmediatos de
mundos y críticas contumaces a tanto “chorizo” como abunda en
estos lares, en una etapa que se mueve entre muchas granjas
porcinas para la alimentación de la materia prima de otros
embutidos.
De
entrada, la seguridad que no pareció haber en la etapa anterior se
vio confirmada con la asistencia de nuestro guía de lujo. No
obstante, los inicios no estuvieron claros, hubo dudas no habituales
en él. Algunos justificaron la situación por estados anímicos muy
favorables a la ilusión y al porvenir de color rosa en medio de
tanto verdor primaveral. Una tierra de trigo fue pisoteada y hubo que
bajar un talud ante la vista del conductor de un todoterreno, que se
brindó a indicar señales del autentico camino. Y allí estaba. Se
dirigía hacia un destino aún lejano, en medio de muchas masías
aisladas, innumerables granjas de porcino y vacuno, los habituales
olores tan penetrantes, maquinaria agrícola muy potente y espigas en
formación. Unas tierras con espesas nieblas en invierno cuya imagen
más estereotipada la difundió el escritor Miquel Lor con la novela
“Laura a la ciutat dels Sants”, escrita en 1931 y ambientada en
Vic: un retrato pesimista de la zona, la imagen negativa del ambiente
rural centrado en el viaje iniciático de Laura hacia su desarrollo
personal.
Plazas
y fisco
La
primera parada recordó el cruce de caminos a la entrada o salida de
Roda de Ter. En este lugar, en medio de aguanieve o granizo, ya se
produjo otra recuperación de fuerzas. La diseminación por los
bancos produjo concentración ante la bota de vino y los regalos de
quienes son abuelos por segunda vez. Debía estar previsto el brindar
como postre con varias tartas de Santiago en el Camí de Sant Jaume y
moscatel. Dulces sabores para desearle lo mejor a abuelos y nietas.
Hubo
detalles con buena señalización: se vieron flechas made in GRMANIA
en el suelo para evitar pérdidas y sustanciosas conversaciones
económicas. El grupo debía saber el estado fiscal de nuestra
insignia a ojos de la inspección de Hacienda. Qué mejor que
preguntar a una persona experta, que dedicó unos minutos a instruir
al ignorante (que no defraudador). La profesional manifestó que a
GRMANIA se le consideraría un sujeto pasivo. Y sin retenciones
posibles. Estamos salvados con ese superávit que algunos quieren
convertir en bonos para contribuir a salvar una puerta de Bankia. Y
sobre sujetos pasivos, ya hay personas jubiladas y otras que tachan
los días que les quedan siempre que no alarguen la fecha de entrada
en la “edad dorada”. Aunque hay quien cree que mal le debe ir a
un país si la gente con más experiencia y formación sólo tiene
como ilusión pasar a la pasividad laboral.
Poemas
La
monotonía del camino se vio alterada por plantas transformadoras de
áridos, un restaurante camuflado con paredes cubiertas por hiedras,
labradores y ganaderos a sus labores, alfombras de pelusa de los
chopos, algunos ciclistas y poco más. Roda de Ter es, entre otras
cosas, su puente sobre el río, fábricas textiles abandonadas, la
Mare de Déu del Sòl del Pont, la pequeña iglesia donde rezaba
Miquel Martí i Pol y los recuerdos de los versos de este inolvidable
poeta. En la puerta eclesial estaba el anciano sacristán, amigo del
poeta y de su hermano. Arengaba al caminante pontificando sobre que
hay tres cosas invisibles en que hay que creer: el oxígeno, el cielo
y Dios. ¡Palabra de sacristán! Pronto, la casa donde nació Martí
i Pol. Una Grmana que iba de punta en blanco (pantalones de ese color
) aprovechó la puerta de la casa para sus menesteres con las botas,
en un momento en que alguna cámara fotográfica perseguía la imagen
de donde nació el poeta.
Taller
de comunicación
Hubo
otro momento sin duda memorable en al etapa. Quizá debido a las
hormonas primaverales y a la pelusa de tanto árbol, unos sujetos se
lanzaron a diseccionar algo que ocurre: imaginemos un acto público,
conferencia o jornada en que hay ponentes que cobran sus buenos
emolumentos, a veces a base de cansar al público con añejas y
repetidas presentaciones. En un momento dado la organización del
acto necesita a un ponente, moderador o figurante para completar el
elenco. Según el grupo de caminantes expertos, suelen tener una
lista de becarios de diferentes sexos, buenas personas inocentonas,
gente que valen igual “para un roto como para un descosido”. Pero
la diferencia es que no cobran. Estas almas cándidas prestan sus
servicios para salvar la situación. Y aquí vino la disertación:
¿cómo hacer para que estas gentes de buena voluntad las tachen de
la lista y nunca más la organización pueda recurrir a ellas? Fue
tal el cúmulo de argumentos y tan contundentes que se evitan
reproducir aquí: certeros, directos, descarnados, al grano, atacando
a las interioridades, poniendo toda la carne en el asador. Quien se
encuentre en esta situación, que recurra a la próxima edición del
“Taller Disuasorio de Comunicación gratis”.
Razas
Con
las ideas tan claras, otra foto de rigor en lo alto de un puente
teñido del blanco de los chopos y, al fondo, Vic. Aquella “Ciutat
dels Sants” hoy es un crisol de culturas, y más en un sábado con
el popular mercado en la plaza principal. Una población variopinta
con la que se han hecho experiencias educativas pioneras pero también
donde ha calado el racismo más detestable. Beber agua en una fuente
es encontrar inscripciones contra la segregación al lado de una
Plataforma innombrable. Museos griegos, la Iglesia catedral, el
entorno cultural Abat Oliba, palacio episcopal, el concierto de
Mishima, un bar llamado La Terra que te recibía con la inscripción
“un equip, un país, una terra” y las contradicciones de tantas
pintadas que se resumían en el titular del diario gratuito “Osona”,
que repartían en la Oficina de Atenció Ciutadana: “La
manifestació contra el racisme divideix Vic”. Lo dicho.
Y
ya que estamos en tierras de Martí i Pol, qué mejor que recordar
los versos que hay en la puerta de su casa de Roda de Ter:
“Visc
en un poble petit,
en
un país petit
i,
tanmateix, vull que quedi ben clar
que
això que escric ho escric per a tothom,
i
que per a mi és com si el món sencer
girés
entorn de l'eix dels meus poemes”
(Vivo
en un pueblo pequeño, / en un país pequeño / y, también, quiero
que quede bien claro / que esto que escribo lo escribo para todos, /
y que para mí es como si el mundo entero / girara en torno al eje de
mis poemas)
Terrassa,
3 de junio de 2012
Evaristo
martes, 1 de mayo de 2012
Camí de Sant Jaume, de Amer a Sant Esteve d'en Bas
Balcones
primaverales con sorpresas
Grmanos
y Grmanas
Una
multitud sobre ruedas: la primera sorpresa de la jornada. Lo nunca
visto. El apoteosis. El rasgarse las vestiduras si se echa la vista
atrás. El ignorado número 30 (¿qué de qué?). La riada humana.
Alguien con las neuronas aún bien lustrosas dijo que se iba a
cambiar de parada inicial: de la dos a la uno. El sujeto alegaba que
ya se empezaban a dar codazos para subir los primeros en la segunda
parada. Pronto harán falta los “empujadores” oficiales del metro
de Tokio. También se observaban veteranas parejas relegadas a filas
posteriores por estar ocupado su puesto de toda la vida. ¿Dónde
queda la simbiosis trasero-asiento, anatómicamente hablando?
¿Trasero o culo? De esta parte corporal hablaremos más tarde.
Balcones
La
vía verde de por sí es una hendidura (término que leeréis otra
vez más tarde) aún abierta para dejar que los 54km de antigua vía
ferroviaria sirvan para el ocio. De Olot, a 440 metros de altura,
hasta Girona, a 70 metros, el desnivel sorprende y aguza los
sentidos...por si acaso. En la etapa del día de autos hubo que
enfrentarse a la máxima altura de la ruta, el Coll d'en Bas, a 600
metros sobre el nivel del mar. Un buen balcón para cambiar de
perspectiva y observar la inmensidad del valle d'en Bas, llamado “La
Suiza de Cataluña” (naturalmente hablando).
Salir
de Amer significó desperezarse, hacer los rituales calentamientos,
ver restos de estaciones y muchos carteles informativos. Una ruta
llena de paneles que, si la gran mayoría de caminantes apenas ven,
los ciclistas ni se enteran. Mientras las piernas del primer turno se
ponían a sus menesteres, el paisaje primaveral dejaba ver los pocos
vestigios de viviendas, algunas de las cuales adornaban su bucolismo
con animales rumiantes. Otras se erigían como símbolos de las
nuevas tendencias arquitectónicas. En medio de la inmensidad
aparecía una construcción parecida a las que optan a premios, que
contrastaba con la de enfrente: la habitual de los campesinos de
toda la vida. Una tenía carteles de videovigilancia, mención a
alarmas conectadas no se sabe a dónde y con un muy peligroso perro.
La otra parecía invitar a su visita: todo abierto, el perro ni se
inmutaba, el payés a la puerta con un carretillo de comida para los
animales. Cara de felicidad y con ganas de hablar. Contrasentidos del
derecho a la propiedad.
Otra
sorpresa la motivó el área de recreo que había antes de llegar a
Les Planes d'Hostoles. Una estructura enorme de madera resguardaba
mesas para el solaz reposo de caminantes que han de reponer fuerzas.
Lavabos cerrados pero abiertos, un abrevadero y un columpio, donde un
insigne atleta parecía revivir la infancia y se bamboleaba con
salero y ritmo. De una mochila surgió uno de los manjares menos
esperados y más sorprendentes, traído expresamente del lugar de
origen: anacardos picantes de Sri Lanka. Pero, por contra, una de
nuestras caminantes más ausente no encontró las gotas enervantes de
alguna petaca caritativa.
Timbres
El
silencio de estos parajes es uno de los grandes placeres. Escucharlo
con intensidad te puede hacer entrar en conflicto contigo mismo si te
tienes poca capacidad de aguante. Hoy los auriculares y demás
tecnologías te evitan el a veces cansino oficio de pensar. El hablar
sin parar con el grupo con el que vas puede ser un buen aliciente
para la amistad en medio de tanto verdor.
Pero
este camino, en dirección contraria (de bajada hacia Girona), puede
ser también un peligro para los caminantes. Quién lo iba a decir
que la ecológica bicicleta pudiera salir disparada hacia un
transeúnte sólo por tres motivos: la velocidad inapropiada, el
despiste del ciclista o bien la ausencia de un timbre. Sí, ese
objeto que existe y debería ser contundente para avisar. Pues no.
Ningún sonido en el campo. No molestar. El caminante y el ciclista
están condenados a cederse el paso. De una forma o de otra.
Les
Planes d'Hostoles es cruce de otras rutas de caminantes. Un enorme
arco en la vía indica que el antiguo tren perdía altura aquí. Un
pueblo que nació en torno a la iglesia de Sant Cristòfol, aunque la
original la llenaron de bombas y la hicieron estallar durante la
Guerra (in) Civil. Un pueblo con las el castillo d'Hostoles, del
siglo XI. El pueblo también goza de edificio de atención a la salud
(no sabemos cómo quedará de recortado ahora). De aquí al
siguiente, por un camino tranquilo. Sant Feliu de Pallarols pronto
quedó atrás, sin mencionar una de sus sorpresas: la figura del
“Pescalluna” en una de sus orillas. Una de esas leyendas en torno
a alguien que se queda prendado por la belleza de la luna y decide ir
a pescarla. En este pueblo llaman “Pescalluna”a quien presume de
grandes sueños e ilusiones. Otra sorpresa de la población es una
ermita que debe ser muy visitada: la Mare de Déu de la Font de la
Salut (con tantas carencias y problemas, seguro que no le faltarán
visitas). Quizá sirva como ejemplo de esta figura de leyenda la
realidad de un cartel: “Sector d'activitats econòmiques Pla de
Llongafollia”, Sant Feliú de Pallarols”: no había signos de
ninguna actividad económica.
Culos
y monedas
Desde
Sant Feliú hasta Sant Esteve, aparte de verificar que los nombres de
las santidades siguen presentes por todos los sitios, hubo que
enfrentarse a la más importante subida de la Ruta del Carrilet. El
Coll d'En Bas representaba un esfuerzo para los ciclistas que venían
en dirección contraria, algunos retorciéndose encima de las
bicicletas mientras otros no acababan con la comodidad que conceden
tantos piñones para esforzarse lo justo. O echar el pie a tierra y
arriba nos vemos.
Mientras
el esfuerzo ajeno llamaba la atención más que el propio, alguien
dio a conocer la metodología adecuada para reforzar glúteos y zonas
próximas. ¿La herramienta? Pon una moneda en la hendidura que
separa las posaderas, trasero, culo, nalgas, ano, pandero, pompis, y
sostenla con energía mientras caminas, a ser posible con bastones
del modelo Nordicwalking. Aviso: en la hendidura, no en otras
aperturas. Camina con energía, aligera el paso, sé veloz pero que
nunca se te deslice la moneda ni se te caiga. Toda esa zona
cambiará, los bajos adquirirán un alto valor añadido, con buena
turgencia y tu tono muscular te dará un toque de distinción entre
sexos iguales, complementarios u opuestos. Esta nueva metodología no
precisa ni cuál debe ser el tamaño de la moneda ni a qué altura
ponerla, ni qué hacer con ella después de su uso para tales
menesteres.
Mientras
la lección metodológica y competencial avanzaba, alguien con
bastones más normales, de los de antes, adelantó al grupo de la
teoría sobre la moneda. Pero pronto se apercibió que aquella pareja
masculina usaban un instrumental distinto, más fino y juguetón, con
movimientos acompasados y balanceantes, con artes variados que les
permitían caminar con mucho salero y toques corporales diversos.
Allí mismo recibieron la correspondiente lección.
Cultura
y médicos con memoria
Al
bajar el Coll d'En Bas, una nueva casa con amplios balcones mostró
el centro de todas las miradas. No era el nuevo túnel que discurría
por sus entrañas sino la perspectiva de la Suiza de Cataluña,
antiguo vizcondado de Bas. Más abajo, viejas estaciones con terrazas
que reconfortaban a trialeros bien pertrechados, encajonamientos en
medio de la naturaleza y, pronto, Sant Esteve d'en Bas. Un pueblo que
nació en torno a la iglesia de Sant Esteve, en el siglo XII, el
punto de encuentro final entre los grupos variados de caminantes. Los
primeros se les veía desorientados porque no encontraban ningún
abrevadero donde echar algo al gaznate. Callejuelas, callejones,
pasos entre calles que asoman a uno de los valles con el encanto de
la variedad de olores y colores a lo largo del año.
Allí
donde se esperaba a quienes venían al final, enfrente había una de
esas sorpresas que suelen pasar desapercibidas: una casa humilde con
una placa y este texto: “ Seu natal de la Fundació
Moret i Marguí: memòries i llegats”. Allí
nació uno de aquellos médicos preocupados por recoger las memorias,
los legados y el material genético con el fin de guardarlo en un
archivo, Jordi Moret i Marguí. Una de sus frases preferidas era: “
Quien sólo sabe medicina, ni tan solo medicina sabe” (frase que se
puede aplicar a lo que se quiera).
Más
abajo, otras culturas en un centro con ese título y traslado a Olot,
donde se procedió a calmar la parte más corporal antes de recibir
las ofrendas del día de Sant Jordi: una rosa para todos los públicos
y también un libro que pretende acercarnos a una historia policíaca
,escrita por un gran autor teatral: “El juez y su verdugo”, de
Friedrich Dürrenmatt, un insigne suizo, que vivó entre 1921 y 1990,
y cuya casa es objeto de visita bajo el nombre “Centro Dürrenmatt”
en Neuchâtel.
Antes
de acabar con tantas sopresas por un camino primaveral, en una etapa
llana pero abierta a ser descubierta por el punto de vista personal
de cada caminante,un recuerdo a la memoria del médico Moret i
Marguí con una de sus frases:
«Atrafegats
per la materialitat del viure quotidià, oblidem sovint, dins el
patrimoni de la història, els valors morals i els sacrificis dels
nostres avantpassats»
("Ajetreados por el materialismo de la vida cotidiana, a menudo olvidamos, dentro del patrimonio de la historia, los valores morales y los sacrificios de nuestros antepasados")
Terrassa,
1 de mayo de 2012
Evaristo
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