martes, 26 de septiembre de 2023

Etapa 8 del GR-92, entre Begur y Palamós

 Transparencias entre láminas de agua

 

Dicen que mucho personal visitante de la Costa Brava se ha dejado convencer por las imágenes de tramos concretos de esta etapa del GR 92, entre Begur y Palamós. Siempre, mejor paladeando parte del recorrido por el camino de ronda. Antes el papel satinado o couché, ahora tiktokers, youtubers, instgramers y otras especies generadoras de esos contenidos facilones, planos, de consumo rápido y con el sonido de alguna cuenta bancaria según visitas, todos han ayudado a la difusión de imágenes míticas y repetidas hasta la saciedad. 

Este tramo es de los más afamados del territorio. 

En este nuevo paseo escrito aportaremos, como siempre, otras capas para entender más el entorno y revivir trasfondos de las bellezas icónicas recorridas andando con otras lecturas. A veces siguen  opacas si no se ofrecen otras transparencias, discutibles. Como todo.

 

Interrogantes

¿Cuál es una de las playas más legendarias de la Costa Brava y por qué? ¿Cuál posee uno de los encuadres más fotografiados? ¿Qué es oscuro en medio de la claridad? ¿Cómo hay accesos marítimos con tantas escaleras? ¿En qué quedamos, textiles y/o no textiles? ¿Hay transparencias y opacidades en medio de tanta luz? ¿De verdad se nota la carencia de agua en algunos entornos privados? ¿Personas solitarias en medio de desfiles de modelos andarines en un sube-baja continuo? ¿Tantas vallas para delimitar el poder capitalista de lo privado y ocultarlo aún más?

 

Elecciones

De los tres posibles recorridos propuestos al principio, al final estos quedaron en dos pero, durante el camino, surgió uno nuevo. Reales, al final, tres. Begur-Palamós: 21,21 km por el recorrido oficial del GR 92. Tamariu-Palamós: 17,66 km. LLafranc-Palamós: 12,26 (opción descartada por ausencia de clientela). Un éxito el anular el menor recorrido. Prueba de la positividad y preparación del grupo. Además, un añadido,  la novedad no planificada: Begur-Palamós combinando GR92 y Camí de Ronda: 23 km en ascensiones y descensos continuos. 

El análisis sociológico inicial entre las elecciones del recorrido por el personal presente y las ausencias declaradas ya trazaron perfiles concretos del estado post-veraniego del personal. Veremos cómo evoluciona todo en los meses siguientes.

 

Ellos

Con la que está cayendo, mencionar la palabra ELLOS puede derivar en no se sabe qué. Una palabra casi maldita. No obstante, en aquella zona del extrarradio de  Begur bajaron ellos. Indicadores de direcciones hacia residencial Begur, Aiguablava, Fornells, Esclanyà y Palafrugell. Aparcamiento del supermercado Jodofi. O sea, un reducido grupo de ELLOS que se enfrentaron al recorrido largo. Ellos solos. Ninguna ELLAS quisieron acompañarles.  

En medio de  algunas realidades de la actualidad, centradas en rubiales y hermosos, se hablaba de quienes  se negaban a besar o abrazar nunca más, a bajar la vista en cruces respetando una decente distancia reglamentaria, a medir mucho las palabras y usar el vocabulario políticamente correcto. Con este panorama, ellos iniciaron el tramo entre pinos.

Al saberse en este estado, hubo quien planteó la posibilidad de liberar el inconsciente masculino sobre cualquier tema, explayarse con locuacidad y sin esa censura que frena en el día a día y ha venido para quedarse. Una censura o autocensura más entre tantas otras. No obstante, aquello fue un símbolo y una prueba  de los cambios y evoluciones entre los seniors. Todos adaptados a las demandas de los nuevos tiempos, esó sí, bajo la vigilancia de la tecnología. Alguien incitó a soltar las lenguas más viperinas, planteó temas como para liberarse. 

Ante un intento de hablar como en viejos y casi olvidados tiempos, hubo quien amenazó con grabar las conversaciones con el móvil. De hecho, lo tuvo en la mano y con el dedo a punto. De inmediato, silencio total, no siendo que, además del recochineo general con su posible difusión en las redes, se usara la inteligencia artificial para desnudarnos a todos, por supuesto que ponernos otros cuerpos y asignarnos aspectos juveniles, atléticos y con potencias de todo tipo. Ante esta amenaza, cambio radical de tema: se trató a fondo y de manera seria sobre la próstata: experiencias, tratos y prácticas médicas. Y cómo la cúrcuma le provoca milagros en la próstata de un cura, como si fuera un conejillo o conejazo de indias. A quien se le pasó por la cabeza mencionar otra propuesta, dicen que muy útil, placentera y necesaria, no se atrevió a decirla ante el posible espionaje digital. 

 

Apretando

Para incentivar al personal (ellos), se oían palabras de aliento y que se apretara el paso. El grupo que comenzó en Tamariu no debía estar lejos. En medio, los efectos de las lluvias caídas, de bastante volumen en esta zona. Ramas en el suelo, barro, socavones,  vallas por el suelo, suciedad, recipientes de basura tumbados y excursionistas que se cruzaban, con ciclistas, perros y otras especies. También con anuncios de viviendas y terrenos edificables en venta. ¡Aún quedan! Los carteles con avisos para que, en caso de lluvias torrenciales, el personal se abstenga de aparcar en la riera, fueron muy oportuno. 

Por todo el camino, la plaga de cochinilla diezmaba las chumberas. Convivía con carteles indicadores de un programa de seguimiento y control de la flora invasora en las montañas de Begur.  Mientras un residente descargaba madera para su estufa, a la entrada de Tamariu, la lámina de agua marina del fondo anunciaba el ocio con todos los elementos al uso. Algunos establecimientos, ya cerrados, debían haber hecho su agosto, o no; otros se desperezaban para ofrecerse a quienes los escogieran. 

La composición del imaginario turístico se completaba con un sinfín de boyas a las que había amarradas embarcaciones. Todas, al completo. El paisaje estaba saturado por las propiedades a motor. De lo que se deducía que el ayuntamiento de Palafrugell (al que pertenece Tamariu) aún no había dado la orden de recoger tamaño material acuático. Aguas ocupadas por quienes pueden, en un verano en el que las fuerzas de seguridad pública (de privada hay en todos los rincones y establecimientos, además de cámaras que también te vigilan) tuvieron que ocuparse a fondo aquí. Se publicó que algunos barqueros no hacían caso a casi nada. Multas y apercibimientos para respetar lo más elemental. En redes alguien supuso que los agentes de la autoridad no sabían a quiénes les llamaban la atención o multaban. “Usted no sabe con quién está hablando”. Suponían que era personal pudiente sin miedo a las sanciones o a casi nadie ni nada. He ahí un elemento más para la postal de la actualidad turística y brava. 

El escritor de Llofriu, Josep Pla, dijo que Tamariu “era un paradís recuperable, un esperit lligat a la quintaessència de la llibertat” (muy oportuno; ahí queda, para interpretaciones diversas).  

Por lo demás, submarinismo, turisteo multimodal y olvido de que antes este enclave fue un lugar de pescadores, como muchas otras calas del recorrido. Poco a poco se percibían los primeros olores de los sofritos arroceros, mezclados con el fuerte aroma artificial de los edulcorantes de bollería, horneada en establecimientos cercanos. Son apuestas ya internacionales para provocar a  paladares moldeados por la industria alimentaria.

 

Desniveles

Descalzarse o trepar: he ahí la primera cuestión a pie de agua. Eso solo para dejar atrás la playa de Tamariu. Por allí, un sinfín de calas identificadas y salientes rocosos. Por ejemplo, Cala d’en Roig, Cala Gamarús y, a dos km de Tamariu, cala Pedrosa, lugar de encuentro y desayuno de  los grupos. 

Poco a poco las ascensiones y descensos, continuos a lo largo de la costa, eran frecuentados por personal paseante, quizá buscador de esa cala que de virgen hace tiempo que ya ni se le supone. 

En uno de esos tramos había una persona con un perfil que podía suscitar interrogantes. Sin atreverse a mencionar su supuesto sexo, su soledad intrigaba, con un pino como apoyo de la espalda y un atuendo no repetido en el resto de paseantes. Detrás de sus gafas de sol podía esconder evidencias u oscurecer realidades personales. O nada de lo anterior. Simplemente se debía dejar llevar.

 

Calas

Unos ya comían mientras llegaba el resto a Cala Pedrosa. Los 30 metros de ancho se dibujaban al fondo. Piedras en el suelo, troncos como apoyo y una antigua barraca de pescadores. Las obviedades publicitarias consultadas afirmaban que allí se ofrecían comidas del tipo pescado fresco, arroces y demás “cocinados al aire libre”. Las incógnitas se acumulaban. La primera,  si seguía ofreciendo lo mismo; luego, la logística y demás. O qué significada eso de aire libre. Otra estampa entre lo antiguo y la realidad, con ascenso por una senda en medio de árboles, hasta comprender cómo la lejanía  y la altura dibujaban mejor los perfiles. Más excursionistas acompañaban y hasta ese momento, ningún bañista, ni textil ni no textil. Arriba, el camino transcurría al lado de los campos cultivados. 

El distanciamiento entre grupos alargaba la fila y definía los recorridos pendientes. Aquí nos fijaremos en el camino más largo, entre calas por el GR 92 y sobre todo  por el camí de ronda o sucedáneos.

 

Vallas

Bajar para volver a subir. Antes, entre piedras a pie de agua, había que descubrir la subida. Arriba, una valla metálica. Una más de tantas como delimitan qué es de quién. O quién es de qué, que también valdría. Todo lleno de barreras como imágenes de poder y de propiedad. Vallas opacas. No permiten que vean pero sí intuir la riqueza y el poderío. Imaginarse el interior desde el exterior. Por todas partes: límites. Fronteras particulares. Inversiones. El paso, blindado por lo propio. Por lo mío. Y más setos por doquier. Muros. Perros y más perros que intentan ahuyentar con sustos inoportunos. Cada vez más. Amenazas para caminantes, miedo en espacios públicos. Y tú sin hacer nada, sin meterte con nadie, pareces un supuesto sospechoso. Luego, cámaras de videovigilancia en calles. Quizá con el aviso: “Por tu seguridad” (eufemismos: más bien por la de ellos). Casi siempre eres sospechoso hasta que no se demuestre la inocencia.  Cuando tenía que ser al revés. El miedo del que tiene hacia el que no tiene. 

Al final, el GR pudo buscarse un hueco para abrirse paso entre lo privado y el bosque. Seguir la línea de la costa era ver los contornos. Construcciones medievales allá arriba. Atisbos de  lugares para festivales musicales veraniegos. Disfrutar entre el mar y las estrellas. Pagando. Pero, sin pasar por caja, también es posible. 

No podían faltar los antiguos faros, aún ahí presentes. Como el próximo en el camino, el de Sant Sebastià. 

 

Aéreos

Desde arriba la perspectiva marina era amplia, casi infinita. Azules inacabables al frente, transparencias imaginadas. Al lado de las calas, continuos avisos de peligro por desprendimientos. Las vistas aéreas de los mapas digitales (Google Maps y similares) ofrecían una costa agredida por mordiscos formados por casas y urbanizaciones. Son intentos de llegar a la costa, de conquistarla por la propiedad privada. 

El blanco de las construcciones frente al verde de los pinos y el azul del mar. Pero, también, láminas privadas de agua en la multitud de piscinas que se apreciaban. Aún sin drones, los google las identifican. Dicen que el agua escasea. Pero aquí no se ve ninguna vacía. Hasta el alcalde de Begur declaró, proclamó, amenazó este verano  con multas por consumo excesivo de agua. Se desconoce qué ocurrió después de tanta agua usada.

Seguimos con el agua. Durante el recorrido, casas y más casas. O casoplones. Como en nuestras ciudades, pueblos, urbanizaciones y similares. ¿Alguien ha visto sus plantas, céspedes y jardines secos por ausencia de riego debido al ahorro por el bien común? Sin embargo, los parques públicos no se pueden regar. Hierba, árboles y vegetación pública: seca. O sea, agua para quien pueda pagarla. Los espacios públicos, bajo mínimos.  Los privados, exuberantes. Mientras, a ahorrar agua con pantanos que languidecen. Parece como si la luz de un faro nos pudiera orientar ante realidades palpables y hasta lamentables. 

Desde 1851 el faro de Sant Sebastià se erigía en un acantilado a 170 metros de altura. Al lado, gentes con atuendos informales disfrutaban de la terraza de un hotel, fruto de la remodelación de un antiguo hostal. Propiedad de quien posee como mínimo un afamado y reconocido establecimiento de restauración  cerca. Evitemos mencionarlo. En ambos, especialidades ampurdanesas y marineras (como no podía ser menos). El placer del disfrute, del relax, de la pausa, del trago largo y consumo lento. También, posible aumento del ácido úrico frente a colesterol. O ambos a la vez. ¡Pero qué bueno está todo!

Son espacios con pasado. Como el poblado ibérico de Sant Sebastià de la Guarda, visitable para conocer a los “indigetes”, tribu a la que pertenecían los habitantes de este lugar ibérico. La llegada de los romanos a Empúries provocó cambios demográficos en esta zona. 

Pronto , bajada a Llafranc. Perfil repetido en una zona de alta presión turística cool, bellezas de postal y disfrute. Puerto deportivo al completo, repetición de boyas llenas con barcas amarradas, paseo marítimo con lo de siempre en un pueblo con historia. Antes, famoso por la producción de vinos. Boyante industria de alfarería. De aquí salían las ánforas para el transporte del vino. Y aquí murió en 2013 el escritor inglés Tom Sharpe. Es el atractivo de una costa que sigue ensimismando a todo tipo de personas. Lugares para el retiro creativo, para turistas placenteros con ganas de interiorizar el entorno o publicar en redes  la evidencia del yo estuve aquí. El poder actual de descubrir algo o que te lo descubran, desear un espacio y planificar su visita,  ya. Lo quiero, lo tengo. 

 

Fuerzas

El espectáculo en la playa de Llafranc estaba servido. La cantidad de  mirones y móviles enfocados verificaba que allí pasaba algo. Según se decía en los mentideros populares, el temporal había provocado el vuelco de una barca. Estaba cerca de la orilla. Una enorme grúa desplegó su brazo para enderezarla y proceder en consecuencia. El espectáculo en el oasis de la placidez congregaba al personal, no sólo a los seniors y jubilados de rigor. Hubo quien aportó una idea retro. Antes, o en países más pobres aún, tanta gente congregada en el entorno unían fuerzas, se ponían de acuerdo,  se mojaban y  aquella barca se ponía derecha bien pronto, gratis y gracias a la solidaridad humana bien entendida. Pero no. Ahora no, por nuestra seguridad. Un ejemplo más del nuevo orden, más legal y sin despeinarse. La grúa, que para eso está. Y quizá la pague el seguro. 

 

Escaleras

El sube-baja por el camino de ronda fue imparable. Escaleras, rampas, sendas, rocas, guijarros, cruces entre personas, todo para llegar hasta la primera línea, imbuirse  del entorno y trasladarse a donde uno quiera. Rincones playeros  textiles, no textiles, mezclas. Llevar o no llevar prendas aquí no parecía un problema. En otros lugares, este verano sí. En momentos en que se afirma que se ha recuperado “el músculo prepandemia”:  en visitas, viajes, colas, aglomeraciones y gastos estivales. En esos accesos a tantos rincones idílicos  abundaban todas las especies humanas. Hasta aquellas que ya se  ven transparentes ante miradas ajenas, que se consideran opacas. 

Quizá también  abundaba la especie de  los llamados “pijos de butxaca esquifida”, traducido en Terrassa por los “quiero y no puedo”. 

 

 

Popularidad

Calella de Palafrugell se asomaba en la lejanía más cercana. Pronto apareció la playa del Canadell, muy concurrida, con antiguos espacios de pescadores, en los bajos de los edificios,  reconvertidos en viviendas estivales. El escritor Josep Pla tenía una casa de veraneo aquí. Decía que una de las mayores delicias era ir, una vez has comido, a tumbarte un par de horas “ a la sombra del vientre de una barca”. La abundancia de “canyes” fue el origen del actual nombre de los 225 metros de la cala. La roca La Trona, atracción para lanzarse al agua.

Cerca, la mítica, inconfundible y televisiva Cala Port Bo, atracción estival del primer sábado de julio. Pañuelos blancos, el meu avi, gentes de alcurnia, famoseo, lustrosas embarcaciones, decoración al uso, escenario en el agua, televisión en directo, imágenes repetidas cada año, ron cremat, entradas pagando y habaneras.  Una zona llena con terrazas ocupadas mientras  andirnes sudorosos  se disponían a subir más escaleras para luego bajar, traspasar los arcos, túneles artificiales diversos para llegar a Sa Foradada, con un  túnel natural que también se puede atravesar por el agua.  Y afamados festivales musicales en los jardines de Cap Roig. Desde 2001, el festival del mismo nombre, con gran prestigio musical. Al aire libre. Cabida: más de dos mil personas. Algún gran banco estaba detrás. Un entorno con el castillo y el jardín botánico que aumentaba el atractivo del espacio.

 

Glamour

Gracias a la presión popular no se ha destruido más paisaje natural. Proyectos que se han detenido. Menos casoplones y piscinas y más conservacionismo para paseantes de todas las economías. La zona de Sa Foradada fue un ejemplo pero hay más. 

El Golfet, Puig del Terme. Pont del Castell y una de las más glamourosas playas de la Costa Brava: platja del Castell. 339 metros de larga, apta para amntes y negacionistas de prendas sobre el cuerpo. Hace 30 años fue salvada por la gente. En 1994 hubo un referéndum bajo la pancarta “Salvem Castell”. Ahora la Generalitat cedió edificios al ayuntamiento. El más conocido, el estudio del pintor barcelonés Josep Maria Sert. 

Se la llamaba “la playa de París” por sus visitantes, lujos, desenfrenos, diversiones, artisteo, películas, élites artísticas, vicios, virtudes. Todo allá por los años de 1920. ¡Si la arena hablara!

 

Encanto

Entre cala o morro del Vedell y Palamós hay 18 calas o playas, muchas accesibles solo desde el mar. Y entre todas las de este recorrido, de donde han salido imágenes icónicas y atractivas para entender (que no justificar) cómo están los espacios, dicen que la cala más icónica, la que regala la foto de postal o el recurso para Instagram o Tiktok  es la de S’Alguer,  con Cap Gros y la pineda de En Gori cerca. Hay encuadres míticos, con todos los ingredientes de atracción máxima. Para contemplarse uno allí, rodeada la presencia por la imaginación. Playa de piedras, fondo rocoso, agua transparente, antiguas casas y barracas  de pescadores del siglo XVI, con puertas de madera pintadas con colores diferentes, barcas que aportan el toque retro y marinero a la postal real. En 2004 los 40 metros de largo fueron  declarados “Bien cultural de interés natural”. Esta cala puede ser una droga muy placentera. Menos mal que a veces pasa desapercibida del gran público.

 

Oscuridades

Entre tanta transparencia, pronto nombres oscuros. Antes, el castillo medieval de Sant Esteve de Mar, del siglo XII, construido sobre un asentamiento romano, que a su vez se erigió encima de otro anterior, ibero. Entre S’Alguer y La Fosca. El museo de la Pesca de Palamós ofrece visitas guiadas. Y justo aquí, en La Fosca, hubo personal que tuvo que descalzarse primero para pasar agua proveniente de un arroyo que desembocaba en el mar. Luego, baño entre oleaje y al lado de la piedra oscura que da nombre a La Fosca y sus 500 metros de playa. Como se comprobó, un espacio más que no ofrecía gratis agua pública, ni en las duchas ni en los lavapiés. Mientras, más confirmación de lo dicho:  las casa privadas de los entornos seguían con una vegetación exuberante y piscinas llenas.  Fue el lugar de unión de quienes venían siguiendo el GR 92 y los intrépidos que se enfrentaron y disfrutaron de la primera línea de la costa. Con todos los enseres en los asientos que rodeaban a unas duchas que no cumplían con su función. Bien.

Cala Tamardia, mirador de Cap Gros, Cala Margarida y otras confirmaban la continuación de espacios para solazarse y verificar que aún hay belleza exterior natural,  sin capas de Inteligencia Artificial, aunque sea adornada por los desperdicios y atentados humanos. 

 

Eventos

Pronto, un puerto deportivo más anunciaba más masificación humana. También había espacio para  pescadores. Tampoco  faltaban los cruceros, tan polémicos ellos por  desplazar tanto personal que rentabiliza tan poco el trasiego de grandes masas humanas por los núcleos urbanos. Se veía Palamós, destino final de la etapa. Tanta embarcación con el apodo de deportiva por todo el litoral convertía la brava costa en una gran concentración de artefactos, por tierra, mar y por las rutas y pasillos aéreos que trasladaban a los anteriores. 

No podían faltar pruebas de que la gran factoría europea de producción y distribución de droga (Catalunya) también usa el mar. Son esos paisajes de la actualidad como si fueran eventos de una representación basada en realidades palpables. Recientes furgonetas llenas de fardos, caídas y abandonadas en playas de Begur, apresamientos de fuerabordas con poderosos motores, negocios, blanqueos de dinero en mansiones, inversiones de clases medias y no tan medias, mafias, extorsiones y hasta homicidios, todo formaba parte también de las idílicas y manidas representaciones icónicas de la marca Costa Brava. Incluyendo la famosa gamba del lugar, a precio de lujo. Para haber de todo,  hasta con recientes denuncias de supuestos delitos de prevaricación municipal aquí, al ocultar el alcalde que circulaba con exceso de velocidad en un coche policial multado. En fin, más cosas de más vida. 

En vez de buscar el autobús y un bar paseando por la zona portuaria, el personal acortó por calles del Palamós interior. Hubo quien echó de menos la realidad más vistosa, abierta al mar, con mástiles y ese olor marino mezclado con los ya elaborados culinarios , salsas marineras y las consabidas gambas (frescas o congeladas de allende los mares). 

El snack bar Catalunya acogió al personal para la comida. Situado enfrente del campo de fútbol del Palamós C.F. Historia del balompié: este equipo pertenece al club decano del fútbol catalán, fundado en 1898. El cartel en la fachada del campo daba fe.

 

Como también de lo que se trata es de transparentar buenos consejos ajenos, qué mejor guía que la escritora Margarite Yourcenar, incluso para estos momentos vitales:

 

"Lo mejor para las turbulencias del espíritu es aprender. Es lo único que jamás se malogra. Puedes envejecer y temblar, anatómicamente hablando; puedes velar en las noches escuchando el desorden de tus venas, puede que te falte tu único amor y puedes perder tu dinero por causa de un monstruo; puedes ver el mundo que te rodea, devastado por locos peligrosos, o saber que tu honor es pisoteado en las cloacas de los espíritus más viles. Sólo se puede hacer una cosa en tales condiciones: aprender". 

"Sources II", Margarite Yourcenar

 

Evaristo

26/9/2023

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 29 de junio de 2023

Etapa 7 del GR-92, entre Torroella de Montgrí y Begur

 Perfiles ópticos por tierra adentro

 

“¿Sabes que tengo pretendientes?”, fue la frase-sorpresa inicial,  escuchada por alguien caminante, nada más empezar la etapa, con el autocar aún en marcha, a pocos metros de un hotel denominado como la ruta que se recorre: hotel GR 92 en Torroella de Montgrí. Es evidente que ni se dice su autoría, perteneciente al grupo,  ni se explica el contexto. En todo caso, enhorabuena por los éxitos.  Y más con una cierta envidia si se compara con la asistencia a la presente  etapa, final de temporada. Pasará a la historia, no por los pretendientes que pudieran haber para asistir, que son muchos en la lista, sino con quienes se apuntaron y acudieron. Nunca tan poco personal participó en la despedida de un curso andarín. Como para pensar y extraer conclusiones. Cifras postpandemia.

Las alarmas volvieron a saltar. Las razones de las ausencias no se preguntan. El muro de las lamentaciones escucha, acoge y comprende. Desde el respeto máximo, se elucubraron supuestos motivos, con la posibilidad de acertar o no. Son tiempos de cambios, edades, lesiones, achaques, recuperaciones, viajes, compromisos, urgencias, propuestas y  prioridades. Puede que vayamos a menos pero vamos, que ya es mucho: siempre que haya un mínimo público. Esta vez, muy mínimo. 

También se habló de subir la cuota de cada salida, no congelada, sino inamovible desde sus orígenes. 

Poca asistencia a una etapa que discurrió entre Torroella de Montgrí y Begur. Con las dos opciones habituales:  etapa A y etapa B. Quizá la solución a este estado de la cuestión  la aporte  el nombre del bar que nos acogió al finalizar la etapa, en Palafrugell. Curioso nombre que aparecerá más adelante. Sin olvidar la actitud de quienes te sirven en algunas barras y terrazas. Todo un positivo ejemplo de gentes venidas de otros territorios. Nos pueden enseñar que la amabilidad y la profesionalidad siguen siendo posibles y compatibles.

Intentaremos definir esos perfiles ópticos del horizonte, de un paisaje que discurría con la vigilancia del castillo de Montgrí allá arriba, después el Montplà, más allá les Medes, playas, la desembocadura del Ter, imaginarios y reales arrozales cercanos a Pals (en proceso de salinización), la llanura agrícola, las antiguas casas bunker de piedra y gentes variopintas en un territorio cool, guay, que se cotiza entre sectores más contemplativos que lo entienden como el Edén para el descanso, el turismo y el “retirarse del mundanal ruido”. Todo cerca de la línea de la costa pero por tierra adentro, por el parc natural dels Aiguamolls de l’Empordày alrededores.

 

Miradas

Si el hotel del inicio animaba y verificaba con su nombre, la iglesia de Torroella asomaba con su torre mientras el camino descendía por el Passeig de Catalunya hasta llegar al río Ter, con el monumento “Torroella als Montgrins 1984” en medio. Más repetición monocorde de símbolos, trapos, pintadas, marcas, en medio de direcciones útiles, clínicas dentales al lado de panaderías y pastelerías (curiosas interrelaciones), museo de la Mediterrània Can Quintana, administraciones de fincas, inmobiliarias y ese letrero publicitario en medio que parecía que entonaba con el conjunto gráfico de luchas casi olvidadas: “Revolucionem…” (aclaración: pertenecía a una compañía telefónica). La mirada etnográfica que enseña, define y retrata. Ahí queda reflejada.

El paisaje humano aún no había despertado, con bares que preparaban las terrazas. Más abajo ya se olía a la madera quemada del asador Bou, muy frecuentado por gentes de la zona, con largas esperas en los momentos centrales de bastantes días. Más allá, al lado de un conocido supermercado, la cara de la persona política más famosa del pueblo estaba serigrafiada en una pared. Protagonista de luchas, ideales, detenciones y supuestas libertades. Al lado, uno de los puentes que más colas provocan en verano. Por debajo, las aguas del Ter se dirigen hacia la desembocadura. 

Familias de patos se entretenían con sus crías pequeñas que nadaban por aguas en las que no volverán a bañarse, en su discurrir a la gola del Ter. El místico y filósofo jónico  Heráclito ya lo expuso en su momento: no nos podemos bañar dos veces en el mismo río; nadie se baña en el río dos veces porque todo cambia en ese río y en el que se baña, nuevas aguas corren siempre sobre ti.  Frases con miradas más amplias gracias a compensaciones de Confucio: “Quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes, deberá acostumbrarse a constantes cambios”. Como esas aguas. Y que no desaparezcan por sequías y cambios climáticos, negados ahora por innombrables que vuelven a cabalgar sobre caballos de los que nunca se han apeado.

Son algunas miradas urbanas antes de acceder a espacios campestres señalizados, paralelos o cercanos al río, con villas medievales históricas, pequeños núcleos con muchas capas de existencias en entornos agrícolas y ganaderos. Hoy el turismo expansivo llega a todas partes. Después de la droga y la prostitución-pornografía, la industria legal más grande del mundo se basa en pasearnos. El turista como unidad de consumo. 

 

Aspectos

Las adelfas volteaban sus ramas gracias a la brisa matinal. Sus venenosas flores adornaban la ruta. Con pintadas al lado del río, composiciones lumínicas proyectadas por las vigas de puentes y su paso por debajo de la carretera (una señal limitaba a 1,80 metros la altura subterránea: los chasis humanos, ya encogidos, no ofrecieron resistencia), bicicletas matinales con saludos y buenos propósitos. Todas muy modernas excepto la muy vintage de un señor muy veterano  que parecía ir a trabajar algún huerto. Cerca, Gualta. Antes, señalizaciones hacia el Castell Gala-Dalí, el poblat ibèric d’Ullastret y Girona.  Tres propuestas para disfrutar en entornos culturales, con posibilidades de todo tipo en tierras por donde pasaron pueblos y dejaron sus rastros. Famoso su puente medieval sobre el río Daró, de los siglos XVI y XVII, de 60 metros de largo. En este pueblo, el Daró se junta con el Ter. Ahora pasan y pasean unos de aquí, algunos trabajadores de territorios lejanos, hay quienes se solazan y holgazanean porque pueden.

En Gualta también  se encontraron restos ibéricos, en un pueblo con encanto, mástiles municipales ajenos a legalidades vigentes, un antiguo castillo de los Templarios,  el molino del pueblo al parecer con paredes de esta fortaleza medieval, cosntruido en el siglo XVII por los Condes de Perelada. Se deduce  que todo se relaciona. Memoria histórica de GRMANIA: ¿quién era  la familia propietaria de aquella casa en la costa de Llançà, con tan aguerrido vigilante, en un entorno propiedad privada de gentes que aún no se olvidan de quién las aupó, con grandes ínfulas de poder ascendente hoy, con casino, viñas, músicas, festivales, saraos y poderes más o menos fácticos?  

Propuestas de actividades aquí: por etapas  la ruta dels Indiketes, circular, de 476 km por la dos comarcas de l’Empordà; seguir el rastro del Ter, en una ruta de más de 200 km; o pormenores más domésticos como vigilar el mosquito Tigre. Para culturas, comidas,  ocios y negocios, el espacio cultural Mas Sorrer. Destacan por haber inventado una palabra: “Menjazz”: menjar+jazz. Además, disponen de infraestructuras para públicos concretos y selectos: l’Empordà Golf Club y el Pitch &Putt Gualba. 

Antes de llegar al molino, en el ayuntamiento se difundía un cartel no demasiado creativo, válido para casi todo en esta vida: “Gaudir com sempre, prevenir com mai”. Se supone que cobraron por ello, todo para focalizarlo esta vez en esos dineros ruidosos y quemados bajo el nombre de petardos y similares. 

Más allá, en un pequeño bar, tres mesas en la calle: unos deportistas desayunando en una, lugareños o foráneos en otra y una persona sola en una cercana a las dos anteriores. Mientras humeaba su cigarrillo y tomaba el café, su mirada parecía perdida en pensamientos que acompasaban las volutas del humo que se difuminaban y desaparecían. Quizá sus intereses se centraban en la situación actual, en aquellos lejanos recuerdos de su país africano, en presentes o futuros. Si hubiera habido tiempo, como para pararse a hablar un buen rato con él. Fue el único que respondió al “Bon dia” del caminante. Más allá, tampoco contestó un señor bien planchado y perfumado  que salía de una casa con varios perros. Atento a los canes, no a las personas de paso que lo saludaban. Menos mal que, más adelante, un caballo en un cercado próximo al camino solo quería ser acariciado. Relinchaba para llamar la atención del transeúnte y del fotógrafo.

El decorado unilateral y monotemático llegaba hasta las señales de tráfico. Creatividad, la justa y muy facilona: “STOP repressió”, en amarillo, claro. Mientras, el perfil óptico que asomaba seguía siendo la línea del horizonte de Les Medes y el Castell de Montgrí. Más allá, la cima del camino, Puig La Font Pasquala, a 91 metros de altura, lugar de parada reconstituyente. Un sitio para pergeñar el mar, buscar los arrozales y  situarse en dirección a Fontanilles y Palau-Sator. Próximos destinos.

 

Ópticas

El cromatismo de los campos cultivados, unos ya segados, cosechados; se extendían líneas dibujadas al natural:  las composiciones geométricas de los fardos redondos de paja, los perfiles del gran cactus que definía verticalidades con sus brazos bien conducidos a lo largo de una fachada. Por el carrer Torrent pasaba una máquina de cosechar. Trabajar para vivir. Se cruzó con un todoterreno para el ocio,  allí aparcado. Te hacía soñar con los destinos de las cuatro ruedas motrices: Dream Fontanilles, especialistas en 4x4. Tal cual, en terrenos llanos, con granjas adornadas por las grandes  balas de hierba verde que  forraban con plástico blanco. Colores, perfiles, olores y percepciones que le podrían suscitar al escritor y pensador Ramón de Campoamor la repetición de sus históricos versos: “En este mundo traidor,/ nada es verdad ni mentira/ todo es según el color /del cristal con que se mira”. 

Casas de los siglos XVI y XVII, el paseo por el camino de Llabià, la compra de miel en una apícola afamada del pueblo, o higos confitados, frutas en almíbar, mermeladas. Todo se podría combinar (maridar,  dirían los que saben más) con quesos. Un pueblo con casas rurales, iglesia del siglo X, castillo en ruinas y decoraciones luminosas como las flores de los granados que salpicaban los caminos.  

Por estos lares parece ser que hubo interferencias dialécticas entre dos GRmanos, sin llegar a mayores. Después presumían de sus andanzas deslenguadas. Formaban parte de esos perfiles humanos de quienes se atreven a la espontaneidad, a desatar sus inconscientes, que falta nos hace a veces. Andar tiene sus permisividades. El inconsciente no te traiciona porque es un consciente compartido.

Pronto se presentaban dibujos de pies en el asfalto a la entrada de Palau-Sator, con una iglesia datada en 995, y  una gran torre que llamaban “sa Tor”, sinónimo antiguo de Torre. Ópticas arquitectónicas medievales, con la Torre de las Horas a la entrada. Al final de sus 20 metros se colocó un reloj público, de ahí el nombre. Cerca estaba el Museu Rural del Mas Pou y dos antiguo  bebederos (no, no eran bares). 

El municipio lo formaban núcleos que después se presentarían cerca: Fontclara y Sant Feliu de Boada. A este último pertenece el restaurante en el que había una persona sentada en una mesa exterior, o en plan descanso o esperando, quizá alguna bebida. Era el restaurante Can Bach, con una carta de platos escrita en cinco lenguas. Una apuesta publicitaria en un entorno medieval. Zonas que parecen dormidas en el tiempo, con capas que invitan a descubrir los fondos de las formas.

Más allá, un grupo caminante que se concentró en la primera terraza y aprovechó para finalizar allí la etapa, con un aperitivo envidiado por quienes continuaron caminando. El marco incomparable de Pals parecía ser de un medieval muy cuidado, volcado al turismo, a souvenirs y a ofertas de todo tipo. Los arrozales quedaban eclipsados por visitantes ávidos de selfies, descubrimiento del núcleo medieval, torre románica del siglo XI, muralla, plaza Mayor, Museo de Arqueología, comida y bebida, descanso y consumo. Muchos vehículos con matrículas de otros países, oficinas inmobiliarias y, al fondo, un grupo de jóvenes uniformados que se dirigían en fila a la playa, dispuestos al vivac y a atreverse con las estrellas. A pesar de mezclarnos con ellos, imposible mimetizarnos. Y menos que respondieran a preguntas tópicas sobre a dónde iban. Menos mal los monitores.

 

Arenas

El entorno cambiaba a medida que se subía, ya en dirección al tramo final con llegada a Begur. Entre casas y urbanizaciones casi opacas, la arena era una dificultad añadida al intenso calor. Hubo quienes parecían más diestros por aquel espacio llamado “Camí de les Arenes”. Revivieron sus recientes hazañas turísticas  en desiertos africanos, pasaron por territorios donde la maratón des sables dejó su impronta, en una de las carreras por etapas más duras del mundo. Desde 1986: 250 km por arena, 7 días, 6 etapas. Autosufiencia. Competitiva. Algunos fallecidos. Reglamento exigente. 3.190 euros la inscripción en 2023. 

Con dificultades, arena en los pies, pérdida de tracción y  adherencia, esfuerzos al sol y ganas de acabar, el Poni Park de Begur indicaba que disponían de caballos y que  el final estaba cercano. Verificado después  por el cartel autobombo: “Begur és autèntica”, “Es teu poble”. Si lo dicen las autoridades, pues eso.  Entre sudores, escasez de agua y necesidad de cerveza, alguien revivió viejos tiempos mientras se dirigía al autocar. Se acordó de aquel tanga lucido en grupo en las playas del Garraf, de eso hace años. Elucubró sobre cómo estarían ubicadas las carnes  y los colgajos ahora,  dentro o fuera de tan diminuta tela. 

 

Enseñanzas

La recuperación de fuerzas, en una terraza de Palafrugell, sirvió a quien aceptara el reto para homenajear internamente a personas que trabajan y sirven a los demás. En este caso, en bares sin postín ni reconocimientos publicitarios. Gentes que nos han atendido en L’Escala y aquí. Interculturales, de procedencia allende los mares. Y hay que decirlo: mujeres. Esta vez, con frases inimaginables por estas latitudes, dichas a todos los sexos posibles mientras te atendían: “guapo, guapa, rey, reina, cariño, mi ángel, mi corazón, mi amor”, todo con amplia sonrisa, dedicación y atenciones. Ellas alegraban la vida con su trabajo y actitud de servicio. Las jarras de cerveza tenían más sabor. Estábamos en un bar con nombre muy apto para el grupo: bar VENYVEN. Una denominación que parecía dirigirse a quienes faltaban en la etapa, muchas personas que echábamos de menos. Pretendientes que habían tenido la posibilidad de haber  estado allí presentes. O sea: ¡ven y ven!

Para completar la temporada, en momentos en que a punto estaba de decidirse quién sería alcalde  de la ciudad de Barcelona, se compartieron galletas TRIAS. Nunca se nos ocurrirá decirle a nadie la frase del aspirante mal perdedor (con apellido del mismo nombre que las citadas galletas) que poco después proclamó: “Que us bombín a tots”. En castellano también hiere los oídos: “Que os zurzan a todos”.  

 

A modo de despedida, ya hasta la próxima temporada, busquemos ayuda externa.  Acudamos otra vez a lo que dicen que dijo Confucio:

 

No importa cuán lento camines mientras camines

 

 

Evaristo

29/6/2023

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

martes, 30 de mayo de 2023

Etapa 6 del GR-92, entre Torroella de Montgrí y L'Escala

 Conociendo mis límites

 Piedras: las que quieras y más.

¡Si las piedras hablaran…! y más en esta etapa. 

Esa sustancia mineral, más o menos dura y compacta, casi siempre ha sido un elemento habitual en los recorridos exteriores a pie,  con las que convivir y a las que pisotear si se pretende avanzar por los caminos, senderos, ascensos, descensos  o campo a través. Mientras, a veces las circunstancias del momento obligan a sortear obstáculos y posibilidades no siempre agradables, por ejemplo resbalones, caídas y otros quiebros que te regalan muchas manifestaciones vitales

Inteligencias artificiales y generativas aparte, como con la nuestra más natural de momento no podemos responder  al interrogante ¿y si las piedras hablaran..?, las últimas realidades senderistas sí que aportaron evidencias de que pisarlas sin parar puede tener sus consecuencias. Una es que ellas te ponen a prueba y te descubren. Otra, derivada de la anterior, te provocan conocer tus límites (el titular de esta crónica no es propio, sino fruto de la experiencia personal de un GRMANO que se sometió a la etapa y lo compartió con aprendizajes sobre sus límites. Gracias por el préstamo). 

Sobre el amplio mundo de las piedras, acepciones, frases hechas, sinónimos, antónimos, homónimos, dichos, dobles sentidos, citas, campos semánticos, sentencias y vivencias, más en las próximas líneas, dedicadas a la etapa del GR92 entre Torroella de Montgrí y L’Escala, en sentido contrario al iniciado en Portbou. 

Previsión de recorrido,  kilometraje y tracks: grupo A (20,7 km)   y grupo B (16,32 km). Como a veces pasa en GRMANIA, la ficción puede superar a la realidad.

 

Planificaciones

La idea de una etapa en sentido opuesto al que se llevaba en este GR fue muy acertada  por quienes tan bien lo planifican todo, consultan sus propias piedras filosofales y  las modernas pizarras tecnológicas, cruzan datos y los adaptan a las piernas y edad del personal. En esta ocasión, bastaba  observar el panorama final para ver resultados reales, inicialmente previstos solo para  el grupo B (de Torroella de Montgrí a Cala Mongó) pero que aglutinó también al A en el mismo punto, menos un reducto de intrépidos picapedreros que se lanzaron por delante, a por todas,  y llegaron a cumplir  las previsiones previstas para el A, la playa de Riells, en L’Escala. 

Nadie tiró piedras contra su propio tejado. Prevaleció la prudencia hasta entre las dos parejas descolgadas por delante, una por zonas más adecentadas y otra, más fundamentalista y estricta, siguiendo el track colgado, al borde de precipicios marítimos y vértigos diversos, por sendas muy muy estrechas. Las únicas piedras que se veían eran las paredes de las construcciones turísticas, algún intento de diminuto muro quitamiedos y los patios y balcones que asomaban al vacío marítimo en cada acantilado.  Es la prueba de cómo la especulación y el dinero son más prioritarios que la seguridad de los pocos  caminantes atrevidos. Como para apedrear a especuladores y a quienes firman los permisos correspondientes.

 

Inicios

Antes de acceder a Torroella de Montgrí, se pudo divisar una amplia zona de Catalunya que, aunque haya una inmensa minoría que lo pudiera dudar, ya tenía personalidad antes de ser  puesta de moda por aquella gauche divinerica, minoritaria y catalana, con ganas de mirarse en sus espejos para narcisearen imaginarios estanques sobre la belleza personal y grupal, con masías en l’Empordà y cuentas corrientes donde más rentabilidad generen. Al parecer, ellos , sus cachorros  e imitadores de más alto o bajo postín y pelaje  no abandonan sus feudos,  en casas de pagès centenarias o en otras más modernas. Por ejemplo, en L’Empordà unos meses, otros en la Vall d’Aran, en La Cerdanya o allende los mares. 

También hay espacios donde conviven diversidades ideológicamente muy opuestas, por ejemplo en el pueblo de paso y cruce de carreteras, Verges,  famoso en Semana Santa por su procesión con la Danza de la Muerte, lugar de nacimiento de un conocido y apreciado cantante convertido a político y sitio donde vive un escritor de gran calidad y prestigio, totalmente opuesto a las ideas del anterior. Lluís Llach versus Javier Cercas. Si todos pensáramos igual el mundo sería muy aburrido, o eso dicen. He ahí la variedad y la  riqueza. Más que nada, para evitar vivir en un tontódromo unidireccional.

 

Más piedras.

Acercamientos al punto origen del camino,  con árboles frutales preparados para ser revestidos  con redes oscuras, semejantes a grandes paraguas que se extienden en caso de amenazas de pedrisco u otras  climatologías adversa. Vamos hacia una población con un importante festival de música estival, un estrecho puente sobre el Ter con grandes atascos en verano para quienes acceden desde la carretera de Pals, una sede de la Fundació Vila Casas, casas históricas, el Museu de la Mediterrània, aquel bar de la rotonda donde abrevamos varias veces, la gola del Ter más abajo, L’Estartit al fondo y Les Medes como iconos que marcan espacios de un parque natural submarino. Enfrente de ellas hacia el interior, la cima de Roca Maura. 

Allí, en Torroella de Montgrí, se veía el perfil de los primeros retos, con caminantes delante del col.legi Sant Gabriel (gabrielistas, dice su web y centre concertat amb la Generalitat de Catalunya, afirman en la entrada) junto al cemento de la calle en obras que daba paso a las primeras piedras de un camino que empezaba a enfilarse. 

Primer peñasco con una atalaya arriba, construida también con piedras. Grandes, bien puestas, reconstruidas, con vértigos protegidos por quitamiedos metálicos. ¿A quién le tocó subirlas y colocarlas? Como siempre, unos presumen de resultados, la historia los encumbra y otros sudan y trabajan de forma anónima. O sea, los de siempre. 

Los primeros tramos de subida  de la etapa sirvieron para que una pareja de caminantes departiera como si hubiera tres personas. Un homenaje a  quien la muerte no  hace olvidar su vida a su prole, un símbolo más de esas gentes trabajadoras que construyeron nuestro presente en tiempos de hambre, máximas necesidades y posguerra, remontaron muchas dificultades, supieron querer, cuidar,  decir no y sí cuando lo creían y no no tuvieron tiempo de pensar en desánimos, depresiones, bajas laborales, estados de ansiedad ni recaídas. Como alguien dijo: siempre habrá piedras en nuestro camino, lo importante es no dejar de caminar. 

También, varias placas en los tramos montañosos de subida al castilla o en la cima del Montplà, homenajes a gentes fallecidas, con frases del tipo sempre caminaràs amb nosaltres.Se convierten en piedras de toque, testimonios humanos lapidarios.

¡Si las piedras milenarias  hablaran de tantas historias y de la mochilavital acumulada por cada persona que las ha pisado! A veces se les ve el desgaste por el uso, con los rebordes redondeados, el testimonio del paso humano y anónimo.

La senda entre pedruscos ascendía mientras se calentaban músculos con largo recorrido por delante. Allí, el coll de la la Creu. Se cruzaban algunos deportistas de aquí y de otros países, había quienes se entrenaban con un ritmo envidiable, casi con su rebufo te espantaban. Mientras, en lo alto, el castillo de Montgrí, copiado de los referentes de otros de Tierra Santa, en un entorno con rocas fijas y móviles más o menos desgastadas y otros adelantos de lo que esperaba después. Una fortificación militar construida desde 1294 hasta 1304, a 315 metros de altura, con muros de 13 metros de elevación. Al parecer, este castillo y el de Bellcaire se desafiaban en aquellas épocas. 

 Un buen momento para recordar pensamientos en sentido literal y  figurado, usados hoy por la moda del managament y los manuales de autoayuda: cuantas más piedras encuentre en mi camino, más grande construiré mi castillo. Allí estaba, ya no era inexpugnable al turismo, con entrada gratuita. Escaleras de caracol, barandillas, selfis, panorámicas de 360 grados, perspectivas, vistas de perfiles marítimos, les Medes dibujadas en medio del azul del mar, las calles rectas de la zona central de L’Estartit que desembocaban en la playa y en el puerto deportivo, Y, ante dudas, preguntad a quien le sobra cabeza para la retención de tantos nombres y descripciones de riscos, peñascos,  montañas y demás. 

Desde arriba, también amplia divisoria de las tierras del Ter, el campanario no acabado de la iglesia de Sant Genís en Torroella, cerca nuestro la ermita no visitada de Santa Caterina (al parecer lugar de inspiración para la novela Solitud, de Caterina Albert, o sea, Víctor Català, el de la casa citada al pasar por Cinc Claus, en la etapa anterior). Después del paseo por las historiadas alturas, tocaba bajar a terreno más llano. Antes, momentos para manutenciones reparadoras. 

 

Movimientos

La parada, además de las atenciones a los cuerpos, sirvió para temas con enjundia tratados en algunos cenáculos al aire libre. Hubo quien presumía del cultivo  de un caro  abdomen con materia prima de calidad, había quien volvía a repetir que estamos condenados a la extinción por el bien de la naturaleza, alguien recordaba aquel dicho de que a partir de cierta edad no vale la pena mantener conversaciones serias. O quien pronosticaba que a partir de los 50, si no te duele nada, o estás soñando o estás muerto. Hasta se oyó a quien aseguraba que en estos tiempos solo le sube la tensión y no otras partes, y eso que nadie es de piedra (o, aberraciones  con el lenguaje: se supone que ya nadie pasa a nadie  por la piedra, y no solo en sentido lujurioso. En otros espacios,  hace días, hubo quien se preguntó en voz alta: ¿por cierto, …qué lujo es ese de la lujuria, a estas edades?

Mientras, se consumía lo que se había traído, con reparto de óleosreconstituyentes, aunque quien renunciaba podía recibir como respuesta el tú te lo pierdes. A estas alturas las pérdidas pueden ser mayores que las ganancias. Después, ya de vuelta, en el autocar, se paladearon con el pensamiento deleites embotellados de alta graduación, tostados y bien envejecidos. Elixires y brebajes  muy espirituales. 


Sigamos adelante, en medio de más piedras.

Pronto continuaban las evidencias de que  la orografía y el movimiento continuo de arrastres de tantas piedrecitas se convertían en retos durante la bajada por el GR 92 hacia la otra vertiente del castillo de Montgrí, en dirección a Montplà. O lo supero, o trastabillo, o hago un quiebro, me resbalo, me deslizo o me caigo. Como para tararear la canción de El Rey de Vicente Fernández cuando cantaba aquello de: 

Una piedra en el camino 

me enseñó que mi destino

era rodar y rodar, rodar y rodar, rodar y rodar...


Cómo pongo los pies, dónde clavo los bastones, cómo pisar piedras que se mueven y te mueven, por poco caigo, he resbalado y me he ido al suelo, vigilad que la pendiente y el viento  te tiran hacia delante, menos mal que la piedra no está mojada, bueno ya casi estamos abajo. Hemos acabado este tramo. Al fondo empieza uno nuevo. 

Como para quedar de piedra ante este tortuoso sendero. A ver cómo se presenta su continuación. Coll de Garrigars y  El Montplà, una cima llana de 310 metros de altura (de ahí su nombre), se ve cerca. Segunda montaña del macizo. Lejos, Roca Maura en L’Estartit, fuera del guion previsto, esta última con 225 metros de altitud encima de la población. 

 

Barbuquejo

La sabiduría no ocupa lugar. La fuerte tramontana de aquellos tramos aireó las neuronas y, mientras se sujetaban como se podía los cuerpos para conservar su estado más o menos erguido, alguien que sabe y comparte recordó aquellos tiempos en que amaba mucho a la patria, con ardor y orgullo guerrero. Un aguerrido militar no se puede permitir ir al descubierto,  la cabeza sin el atrezzo adecuado y ordenado. Son prendas obligatorias que no obligan a tener neuronas debajo pero sí marcialidad y amor a raudales a lo que te ordenen. La sabiduría compartida nos aleccionó con un término fundamental si no querías problemas. Cuando el fuerte viento te puede despejar de golpe  la cabeza,  hay que abrocharse muy bien la cinta que sujeta la gorra o el casco por debajo, si es que existe. Su nombre: barbuquejo, barbiquejo, barboquejo o barbijo. Pues eso, el sujeto en cuestión, ya sin la marcialidad que se supone de la que presumía en aquel momento vital, recordó la importancia de sujetarse bien lo que sea para no caerse. Incluida la gorra si se lleva puesta.

La tramontana, las piedras sueltas y la atención plena a todo lo que se movía originaron un gasto energético y preocupaciones para evitar lesiones. La larga hilera de senderistas demostró la administración de las fuerzas personales. Cualquier movimiento debajo de los pies era una sospecha a resolver. Fites, hitos, mojones, marcas, pinturas, todo era fundamental pero lo prioritario era mantenerse en pie y bajar con los mínimos riesgos. 

Mucha piedra pequeña y suelta, sola o acumulada, ramas laterales y cascajos diversos hasta llegar a donde la arena es otra parte de la geología. Allí en el coll de les Sorres, el área de descanso de Les Dunes, cartel, direcciones a la ermita de Santa Caterina con aplec, continuidad del GR y direcciones a poblaciones cercanas, con terreno urbanizado incluido, personal propietario de casas en estado de asueto modelo findey gran depósito de aguas cercano. 

Curiosa la formación de Les Dunes, fruto de las arenas que depositaban los ríos Fluvià, Muga y Ter en el golfo de Roses. Transportadas hasta aquí por la Tramuntana, cuando ríos y terrenos tenían otras disposiciones orográficas, allá por el año 1302. En 1875 empezaron los trabajos de fijación de las dunas, que hasta principios del siglo XX tenían un movimiento continuo. El bosque actual fijó el terreno y la arena. Todo dentro del parque natural del Montgrí. 

Este oasis fue testigo de la operación rescate de quien tuvo la mala pata (nunca mejor dicho) de que las piedras, sueltas y fijas, le pasaran factura. Un taxi, al final del traslado a L’Escala, también  se encargó de la otra factura. Las peripecias personales de momentos con tanta emoción vital y senderista las dejó escritas en Hablando con las paredes, otra vez (título de su blog), en una reciente entrada titulada y enlazada aquí: GRMANIA, una vuelta de tuerca más… (y más gracias).

 

Dispersiones

Desde esta la zona, en Les Dunes,  hubo barra libre para el  desparrame del personal.  Alguien pidió el permiso reglamentario (casi con el valor de  un salvoconducto o visado, para apaciguar las posibles críticas)  a uno de los que mandan, aún sin ser una garganta profunda. División de grupos y grupúsculos por un camino ancho, llano, también con piedras, largo como para enhebrar temas que juntan a personas caminantes o pasa al revés. 

En el primer cruce, esperar a quien venía detrás. Estábamos en la ruta del vent, con explicaciones sobre fauna y flora. Mientras, se cruzaban ciclistas de todo pelaje y turistas con bicicleta alquilada, con la sospecha de no saber previamente dónde se habían metido. Sus cuerpos no aparentaban dominios en quiebros por tanta diversidad accidental. Señales hacia calas idílicas: Cala Pedrosa, Cala Foradada, Cala Ferriol, Cala Formatge, con  especial mención al submarinismo en toda la zona y, sobre todo,  entre Punta Ventosa y Punta del Còrrec Llarg.  Y, por supuesto en el entorno protegido del parque subacuático de Les Medes.

Después, aquí paz y en L’Escala gloria por haber llegado al final. Con más piedras incluidas, acantilados, bunkers y la amplitud de un paisaje litoral  no bien observado cuando lo primero es no caerse, para luego visualizar imágenes idílicas y repetidas. Las fotos de quien sabe captar tantos detalles son una buena oportunidad para apreciar después lo que antes también pasó por delante de tus ojos.  En todo caso, ante tantas dificultades senderistas, mejor  no tropezar dos veces con la misma piedra o evitar  la frase bíblica: el que esté libre de culpa que tire la primera piedra. En todo caso, mejor no caerse, no tirar ni que te tiren. Llegar al final aunque haya quien la hartura del terreno no le haya permitido admirar calas, puntas, pinos, subidas, bajadas, estampas tan lujosas como otras anteriores recorridas desde Portbou.

 

Concentraciones

Entre los grupúsculos de cabeza, subgrupos y opciones: o por el GR 92 o por el camino de ronda previsto, para llegar a Punta Ventosa y construcciones militares de épocas en que la muerte no tenía ningún precio, era el tributo a inhumanidades guerreras, exilios y venganzas. En medio, una zona militar abandonada, base militar del Pla de Bateria, alguna furgoneta para finalidades diversas, selfis en las vallas que delimitaban la zona con el acantilado, personal y vehículos cercanos a dichos búnkeres, de momento no tanto gentío como dicen que se concentraba en los del Carmel de Barcelona. Punta de les Tres Coves, Punta del Còrrec Llarg,  Ventosa, Punta  del Milà, Punta Grossa y descenso hacia Cala Montgó, delimitada en la otra punta por la Puntada de Sota la Torre y  Punta de Trencabraços.

Para la mayoría, pronto se acababan las piedras.

La belleza de Cala Montgó sirvió como punto de concentración de los grupos A y B para montar en autocar. Hubo quien intentaó ver o imaginarse el espectro del socarrón e irónico periodista de un diario de Girona que dice que prefiere exiliarse en Cala Montgó cada verano y no en Waterloo; Albert Soler cultiva una pluma muy afilada y es admirado por gentes que juegan en otras divisiones. 

Los ánimos y los cuerpos pusieron a prueba los límites personales. Hasta se conocieron aún mejor. Por tanto, lo más prudente fue volver en autocar hasta el bar de la otra etapa, el Estribor.  Siempre se han de aprovechar las oportunidades para saber hasta dónde puedo llegar. Otra cosa es el caso que se le haga a los límites olfateados.

Cuatro sujetos díscolos, casi a la deriva por el territorio, sortearon piedras, roquedales, estrechos senderos de vértigo a partir de la torre de la Punta del significativo nombre de Trencabraços (como para habernos matado, se podría repetir) hacia la Punta Grossa. Por allí estaba la Torre Montgó y quizá otras que ya desaparecieron. Se las llamaba también de varias formas:  torres de moros porque eran piratas que provenían del norte de África, y torres de foc i llum por las señales que transmitían. Durante la Guerra Civil daba acceso a búnkers situados debajo. 

En todo caso, hubo dos versiones entre los cuatro caminantes: los dos que sorteaban los tramos peligrosos  por asfalto y los dos más fundamentalistas, estrictos seguidores del track facilitado y publicado por el puesto de mando oficial de GRMANIA. Después, a un lado la cala e Illa Mateua, dicen que con un fondo marino espectacular. Las urbanizaciones turísticas vacías casi todo el año noquearon el sendero, reducido a la mínima expresión, al borde de los precipicios, un tramo afrontado con excesivo valor y prudencia hasta salir a zonas más seguras, abiertas y sin vértigos.  

Después, sendero muy bien marcado, hacia Les Planasses, zona militar, más bunkers, la Punta del Bol Roig, más Montgrí protegido, continuos avisos de peligro por caídas debido a rocas inestables: si te acercas mucho el desprendido puedes ser tú; cala del Bol Roig, Punta y Cala Salpatxel , Port de la Clota Grossa  , puerto deportivo y de personas  y el pesquero de L’Escala, parafernalias marítimas y turísticas de todo tipo y condición, hasta sortear asfaltos y llegar a la amplia y larga playa de Riells, primer punto final de la etapa. 

El segundo y definitivo cierre del recorrido fue la terraza del bar frecuentado al final de la etapa anterior, el Estribor de L’Escala. 

En medio del buen ambiente habitual, con la comida se consumían líquidos que casi  llegaban al alma antes que al cuerpo. Buen momento de concentración humana como  para cerrar esta crónica y recordar a una de las pintoras mexicanas más admiradas por públicos diversos, con una biografía muy atractiva: 

 

“Quise ahogar mis penas en licor pero las condenadas aprendieron a nadar”

Frida Kahlo

 

Evaristo

30/5/2023

 

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 4 de mayo de 2023

Etapa 5 del GR-92, entre El Cortalet y L'Escala

  

Cuando la primavera te droga los sentidos

 

La naturaleza ofrece la posibilidad de alterar tu estado mental y sensitivo si la traspasas con tus sentidos y te deja huella. Puede drogarte, con o sin efectos secundarios. Pero has de saber que también es capaz de generarte una muy sana adicción.   Y si encima la cuidas, el futuro comienza en el presente. Drogar nuestras capacidades ha estado  a nuestro alcance durante tantos años en general y en el recorrido del GR 92, desde Portbou hasta aquí,  en particular. La perspectiva visual en primavera  aportaba material suficiente como para ratificarlo, que completaremos aquí con términos  asociados a esa formas de abstracción,  a intentar poner palabras a sensaciones y percepciones, un paseo más por otros mundos que están en este, una ampliación  de las presentes realidades, retratadas por gentes con buen ojo y la maquinaria adecuada, apenas sin tiempo para enfoques y encuadres, que exigirían más constancia en la mirada tecnológica. 


 La segunda etapa del GR 92 dentro de los entornos de una de las principales zonas húmedas de Cataluña, els Aiguamolls de l’Empordà,  era un cúmulo de explosiones visuales, auditivas, olfativas y táctiles en medio de un paisaje que despertaba con el canto de los pájaros, el agua dulce y salada (sola o mezclada),  esa vegetación que escondía y mostraba a la vez, el género humano por allí con sus diversas especies y la demostraciones vitales de un personal que cumplía con sus diferentes hojas de ruta. 


Cada uno sintonizó con la frecuencia de sus antenas receptoras para captar las señales de tantos emisores sensoriales como allí coincidían. La adicción podía estar servida si te dejabas llevar, con o sin adulterantes propios del entorno: conversaciones mil, estar más pendientes de enfoques fotográficos rápidos o de los inacabables mensajes del móvil, la atención plena a un animal o a un encuadre, el casi imperceptible ruido de quien se esconde o se muestra. Hasta hubo quien, antes de bajarse del autocar para comenzar la ruta, gritó con asombro: “¡He visto una polla de agua!”. 


Muchos coadyuvantes reforzaban las percepciones o las anulaban para enterarse o no de los inputs que ofrecían los lugares de paso. Aquí la droga del entorno primaveral era un placer. Sus principales enemigos, la prisa y ver solo a través de ópticas diversas una realidad que exigía su disfrute en directo, sin mediaciones y con tranquilidad.


Un cartel anunciaba la recuperación de las condiciones ecológicas necesarias para la recolonización y expansión del “turó europeu”. Paseo delimitado por vallas de madera conducían a visitantes que pretendían observar con espíritu científico. Al personal más especializado y ornitológico se le distinguía por atuendos concretos, conversaciones sesudas y silencios cómplices. Por ejemplo, a pie de lagunas: trípodes, maquinaria y prismáticos de alta resolución Zeiss, en la mano la “Guia d’ocells”, confrontación de visualizaciones con datos, comentarios detallados en voz muy baja sobre  percepciones expertas para verificar nombres y especies, mochilas con el paquete de básicos, protecciones solares y ese espíritu de interpretación  de quienes posaban a distancia, exhibían largos cuellos y delgadas patas, plumajes coloridos o cuerpos pequeños. Debían estar muy acostumbrados a turisteos varios. Uno se imaginaba cuántos retratos podrían haber producido esta fauna  en tantos años si las tornas se cambiaran y esas aves pudieran enfocar a tanto personal como por aquí ha pasado.

  

Un grupo anduvo por las alturas del elevado observatorio instalado en un antiguo silo de arroz,  después de ascender por una escalera de caracol, cuyos escalones eran una muestra de pisadas verdes allí pintadas: terrenos inundados, de nuevo carteles para identificar aves por sus huellas y otros detalles, pequeños pájaros muy atrevidos que se posaban al lado del turista (como si estuvieran colocados para la ocasión), el cielo gris al fondo que marcaba los límites de la playa y dejaba ver la silueta de lagunas más cercanas en una composición de tonalidades oscuras,  más itinerarios literarios, acceso restringido a caballos, informaciones detalladas  sobre estos espacios de agua dulce y sobre playas y arenales costeros, bancos para aliviar los paseos y atención a las sorpresas que surgieran. 

 


Desniveles

La altura máxima de esta etapa del GR 92, entre Cortalet y l’Escala, según wikilok, fue de 16 metros. Pero también  la marcó ese ascenso a la torre de observación, dentro del Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empordà, llamada el Observatorio Senillosa. La atalaya ofreció la típica panorámica de 365 grados con muchas pinceladas como para conocer en propio cuerpo los efectos agudos y secundarios de tanta agua dulce y salada y la vida que la circunda. E imaginar qué pasaría si el líquido elemento desaparaciera. A pequeñas o grandes dosis eran estimulantes neuronales con potentes efectos secundarios, incluso con predisposición al abuso positivo si profundizabas en la observación con conocimiento, en el silencio que habla, en la foto que inmortaliza. 


Si por aquí paseara el prestigioso óptico alemán Carl Zeissse enorgullecería de cómo sus instrumentos ópticos de gran calidad estaban presentes entre grupos, ya a aquellas horas, según ellos las mejores para empezar el día con tanto ser vivo que hacía mucho rato había despertado. También llevaban conocimientos visibles, grabadoras de sonidos y charlas muy sesudas sobre flora y fauna, con dosis y sobredosis de especies sobre las que debatían de forma casi imperceptible.  En la anterior etapa quedaron plasmados enlaces a sitios web con nomenclaturas específicas de la naturaleza de este entorno.


Un recorrido por Mas del Matar y el Observatorio Senillosa, desde la playa de Can Comes hacia la de Sant Pere Pescador, rodeando el camping Nàutic Almatà, el Fluvià Náutic y por entre diversos equipamientos motorizados, una zona recordada por quien compite en aguas abiertas contra medusas y temperaturas, con el río Fluvià y sus canales. Si había silencio, los cantos de los pájaros se completaban con la floración de los manzanos “Poma de Girona denominació d’origen”, flores y plantas que enervaban los sentidos y facilitaban ese tierno verde primerizo  que ha de consolidarse aún con tonalidades más oscuras. 


La zona era atractiva también para deportes de vela con viento y para zona de aparcamiento de vehículos diversos. Las orillas, además de las composiciones fotográficas y mentales idílicas con barcas, cañas y aves, las ocupaban pescadores. Alguien se atrevió a despejar incógnitas y le preguntó a uno si aquella masa de agua era dulce o salada: dulce por arriba y salada por abajo, respondió. Pero cuando fue más allá y quiso saber qué peces pescaba y si eran de agua dulce o salada, o de ambas, no se inmutó. Quizá fue muy prudente y no quiso caer en ese dicho o frase hecha que circula desde hace años, seguro que muy injusto: “Mientes más que un pescador”. Algo debe tener ese tipo de pesca de la paciencia, como si fuera una muestra más de atención plena, un mantra, una forma de meditar o posturas distintas de artes orientales. Pero esto ya no fue objeto de más interrogatorios a profesionales deportistas practicantes de la quietud y la concentración. 

 

 

Amenazas

Las pasarelas de madera marcaban los paseos por los humedales y marismas, ofrecían acercamientos a vistas fotogénicas, mostraban canalizaciones naturales y artificiales de agua y te iban conduciendo  a observatorios, a puntos de salida o de intersección,   o hacia la playa. Las dunas estaban allí en proceso de regeneración. Los carteles indicaban que por el GR 92 se llegaría a Sant Pere Pescador per Mig de dos Rius a 4 km, y que la Gola del Fluvià estaba  a 400 metros. A aquellas horas ya había huellas humanas dibujadas en la arena, cubos de basura atados y protegidos con piedras de los fuertes vientos, máquinas, contenedores de barcos, bastantes autocaravanas diseminadas por terrenos cercanos a la desembocadura del Fluvià, dentro de aparcamientos pagando o gratuitos. 


Aquel día, en una emisora de radio, un cómico que emulaba ser rico, ironizaba con mucha socarronería sobre otro humedal y sus polémicas, Doñana, y sobre la propuesta del Gobierno de Aragón de instalar un telesilla por Canal Roya para unir las estaciones de esquí de Astún y Formigal: “A mí lo que me importa es comer buenas fresas con nata y no preservar  esos bichos y plantas con nombres tan raros que queréis conservar en Doñana. Y, cuando llegue el invierno, esquiar con buena nieve. Al fin y al cabo, ¿para qué sirven los Pirineos sino para que los ricos disfrutemos?”. Menos mal que no mencionó estos lugares que estábamos pisando. En el recorrido de esta etapa hace años  hubo varios proyectos de urbanizaciones que se pararon gracias a la lucha opositora de muchas personas y entidades. Algunos restos se pudieron observar, en medio de canalizaciones o cercanas a ruinas muy historiadas. Los vendedores de humo y de ladrillo siempre han abundado. Detrás, la especulación. 


Las amapolas teñían de rojo los caminos mientras en un giro el sendero se adentraba por más pasarelas de madera para preservar el medio. En ningún sitio visible se recogía la historia del activismo social  años ha para evitar que en el territorio de esta etapa del GR se construyera una macrourbanización, una marina residencial para 60.000 personas en estos humedales. No se conformaban con la Venecia-Empuriabrava. La lucha continua y constante  consiguió salvar la naturaleza de su principal enemigo: las personas. Activismos contra pasividad.

 

Recesos

En la zona abundaban kartings,  cámpings, parques residenciales y presiones turísticas de todo tipo, en el entorno de Sant Pere Pescador. Espacios acotados con nombres  de Palmeras, Gaviota, Bon Relax, Empúries, Àmfora, Aquarius. Eran reclamos para el asueto legal,  controlado y de pago.


También había áreas de descanso como la que surgió en un tramo del sendero, en el Mas del Joncar. Con señales al camí de les Llúdrigues,   allí quienes gozaban y babeaban con la reciente descendencia familiar agasajaron al personal con remesas azucaradas para que la droga de la glucosa no decaiga. Fue un buen momento para el repaso de sustentadores de salud: estados del chasis, recomendaciones diversas, sesudos enfoques sobre genética y enfermedades, todo para gentes que van acumulando juventudes diversas y aspiran con la práctica a ser personas más allá de ser válidas para los recados y otras prácticas. Fueron momentos de felicitarse por estar vivos, de reencuentros muy deseados y de poner muchas notas de humor a la adversidad. 


El camino seguía sorteando poblaciones, ríos y más zonas del parque natural, en los entornos de la playa de la Devesa y de El Riuet, como más cámpings de nombres muy populares y repetidos que han estado presentes en la cultura del descanso: La Ballena Alegre o Las Dunas.

 

Historias

La entrada a Sant Pere Pescador sirvió para plantear dudas a gentes enciclopédicas  que saben o creen saber casi todo de todo: ¿esa masa de agua  es el río Ter o el Fluvià? Sirvió para demostrar que aprender de la duda o de la confusión aporta más sabiduría. El puente dio continuidad al GR y al parque natural con la desembocadura de los ríos Muga y Fluvià, entre más manzanos en flor, fincas con cultivos de árboles para su venta, camiones llenos de nuevas plantas para su transporte en las inmediaciones de L’Armentera, floridos campos de colza  y gentes jubiladas que se sentían útiles regando huertos o “el trós”. En esta población merece la pena algunas visitas para momentos con más lentitud: la iglesia de Sant Martí;  el molino de agua L’Armentera, del siglo XVIII, muy bien conservado; y la Fira de la Poma en el segundo domingo de octubre: venta, elaboración de zumos naturales y  mojito de manzana.

Una etapa llena de historias diversas en  ambientes sedantes, tranquilizantes, calmantes y hasta anestesiantes. Hipnotismos con supuestos poderes medicinales entre aguas y primaveras en su esplendor. Dejarse llevar por una flor o por el canto de un pájaro es gratis y te narcotiza,  o no.


Una sorpresa histórica obviada y  no paladeada donde se reagrupó el personal: el núcleo llamado Cinc Claus, que pertenece a L’Escala, donde se cruzan el GR 92 y el GR 1. En un lateral del espacio o plaza había un cartel con una estampa histórica y antigua del portal del castillo de Cinc Claus: una escena de labranza, una señora, un carro y las gallinas en medio.   También aseguraba que este espacio antes se conocía como Cent Claus y no como la actual denominación de Cinc Claus. Cinco masías construidas en el siglo XVII, algunas reconstruidas después, dominadas por un castillo, de la familia del caballero Pau.  Rodeaban  la ermita llamada  Santa Reparada (de origen prerrománico, reedificada a principios del siglo XVIII), parece ser que en honor a una chica virgen de 12 años martirizada en Palestina por la persecución de Decio. No quería renunciar al cristianismo, fue degollada y después su alma la vieron salir del cuerpo. Volaba con la forma de una blanca paloma. Todo en medio de gentes que en aquella época vivían del cultivo del arroz en unas tierras inundadas por las aguas del Ter. Los relojes solares llamaban la atención , igual que la torre de defensa del antiguo castillo y la muralla, de la que solo se conservaba el portal. El cartel que había a un lado explicaba el contexto.


¿Más sorpresas? Aún estaba en pie el puente medieval, el portal de entrada y una torre adosada a una masía. ¡Menos mal el cartel indicativo! Y, sobre placeres actuales, también había la opción del éxtasis y paladeo de condumios que debían dejar huella gustativa y emocional, en el restaurante situado en una de las masías, llamado Mas Concas, con sibaritismos culinarios para bolsillos con posibles bajo la definición de su especialidad: cocina de mercado, sin más concreciones, como si todo no fuera mercado o no estuviera en él. Se dice que esta masía había sido propiedad de la escritora Caterina Albert, conocida por el famoso nombre de Víctor Català.

 

Encarados al tramo final, entrábamos en otras grandes y viejas historias. Sant Martí d’Empúries,  primera capital del condado de Empuries hasta el siglo XI, cuando la capital se trasladó a Castelló d’Empúries, por estar más lejos de la costa y así  poder defenderse mejor de los ataques por mar; lugar lleno de coches, núcleo muy conservado y volcado al turismo de momentos y celebraciones, de romanticismos y éxtasis reales gracias al postureo generado por la droga del relax combinado con la imaginación, con móviles que al final  no sabían a dónde apuntar para inmortalizar tanto en tan poco tiempo. 


Más allá, las famosas y muy visitadas ruinas de Empúries, playas donde desembarcó la antorcha olímpica de las Olimpiadas de Barcelona 1992. En una de ellas, cercana a Sant Martí, GRMANIA comenzó el GR 1 en septiembre de 1987, con una primera etapa al revés, entre Llampaies y Sant Martí d’Empúries, con la correspondiente epístola de este juntaletras que se puede volver a consultar en el presente  titular: Empúries: inicio de historias, de frases y de caminos. Los archivos fotográficos aún muestran juventudes y gentes conocidas que se enfrentaban a este nuevo GR.Huyendo de ruinas, todos vamos acumulando capas de juventud en la historia personal, afrontando una realidad no siempre fácil. Para sobrellevarla, acudamos por ejemplo  a un consejo budista: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”.


Entre  paseos más o menos artificiales al lado de las playas, frecuentados por deportistas, bicicletas, patines, corredores  y practicantes de las llamadas “rutas del colesterol” que abundan por entornos urbanos y rurales, L’Escala estaba a la vista y también se soñaba con otras adicciones más o menos necesarias y algunas espumosas, sean comibles, bebibles o legibles. 


Mientras se conseguía reunir al personal, la terraza del restaurante Estribor sirvió para observar la larga bahía de Roses, recorrida entre dos etapas, atender a algún diálogo de besugos, chascarrillos diversos, enhebrar conversaciones de más o menos calidad y esperar las cervezas de rigor. Como casi siempre pasa, los bares actuales no están preparados para tanto jarreo GRmano. Este tipo de vidrio escasea y, si hay, esta vez sirvió para que quien administra los fondos advirtiera que si hay jarra no hay repeticiones. El servicio al terraceo significó una evolución necesaria y una demostración integradora, con mucha fuerza y energía. Y mucha mucha honradez profesional, al devolver un dinero de la cuenta final que al parecer creía que no tocaba cobrar, aunque no era así.  


Como postre añadido, compartir libros un día antes de Sant Jordi, recibir el gran regalo de una pequeña  rosa de fabricación manual y casera. Complicidades, cultura, comida, bebida, todo con vistas a un mar que recibió a culturas imprescindibles para entendernos hoy y que ahora prefiere acoger en las costas de la Europa acomodada a turistas con tarjetas de crédito  que no a gentes solo con lo puesto que huyen de pobrezas, guerras, violencias y humillaciones, sin apenas futuros a la vista.


Y como de lectura se trata, una droga imprescindible para la vida de muchas personas, he aquí unos versos del poeta austríaco Erich Fried (1921-1988), en una colección de poesía social:

 

Ayer empecé a

aprender a hablar.

Hoy estoy aprendiendo a callar.

Mañana dejaré

de aprender.

 

 

Evaristo

4/5/2023