martes, 30 de mayo de 2023

Etapa 6 del GR-92, entre Torroella de Montgrí y L'Escala

 Conociendo mis límites

 Piedras: las que quieras y más.

¡Si las piedras hablaran…! y más en esta etapa. 

Esa sustancia mineral, más o menos dura y compacta, casi siempre ha sido un elemento habitual en los recorridos exteriores a pie,  con las que convivir y a las que pisotear si se pretende avanzar por los caminos, senderos, ascensos, descensos  o campo a través. Mientras, a veces las circunstancias del momento obligan a sortear obstáculos y posibilidades no siempre agradables, por ejemplo resbalones, caídas y otros quiebros que te regalan muchas manifestaciones vitales

Inteligencias artificiales y generativas aparte, como con la nuestra más natural de momento no podemos responder  al interrogante ¿y si las piedras hablaran..?, las últimas realidades senderistas sí que aportaron evidencias de que pisarlas sin parar puede tener sus consecuencias. Una es que ellas te ponen a prueba y te descubren. Otra, derivada de la anterior, te provocan conocer tus límites (el titular de esta crónica no es propio, sino fruto de la experiencia personal de un GRMANO que se sometió a la etapa y lo compartió con aprendizajes sobre sus límites. Gracias por el préstamo). 

Sobre el amplio mundo de las piedras, acepciones, frases hechas, sinónimos, antónimos, homónimos, dichos, dobles sentidos, citas, campos semánticos, sentencias y vivencias, más en las próximas líneas, dedicadas a la etapa del GR92 entre Torroella de Montgrí y L’Escala, en sentido contrario al iniciado en Portbou. 

Previsión de recorrido,  kilometraje y tracks: grupo A (20,7 km)   y grupo B (16,32 km). Como a veces pasa en GRMANIA, la ficción puede superar a la realidad.

 

Planificaciones

La idea de una etapa en sentido opuesto al que se llevaba en este GR fue muy acertada  por quienes tan bien lo planifican todo, consultan sus propias piedras filosofales y  las modernas pizarras tecnológicas, cruzan datos y los adaptan a las piernas y edad del personal. En esta ocasión, bastaba  observar el panorama final para ver resultados reales, inicialmente previstos solo para  el grupo B (de Torroella de Montgrí a Cala Mongó) pero que aglutinó también al A en el mismo punto, menos un reducto de intrépidos picapedreros que se lanzaron por delante, a por todas,  y llegaron a cumplir  las previsiones previstas para el A, la playa de Riells, en L’Escala. 

Nadie tiró piedras contra su propio tejado. Prevaleció la prudencia hasta entre las dos parejas descolgadas por delante, una por zonas más adecentadas y otra, más fundamentalista y estricta, siguiendo el track colgado, al borde de precipicios marítimos y vértigos diversos, por sendas muy muy estrechas. Las únicas piedras que se veían eran las paredes de las construcciones turísticas, algún intento de diminuto muro quitamiedos y los patios y balcones que asomaban al vacío marítimo en cada acantilado.  Es la prueba de cómo la especulación y el dinero son más prioritarios que la seguridad de los pocos  caminantes atrevidos. Como para apedrear a especuladores y a quienes firman los permisos correspondientes.

 

Inicios

Antes de acceder a Torroella de Montgrí, se pudo divisar una amplia zona de Catalunya que, aunque haya una inmensa minoría que lo pudiera dudar, ya tenía personalidad antes de ser  puesta de moda por aquella gauche divinerica, minoritaria y catalana, con ganas de mirarse en sus espejos para narcisearen imaginarios estanques sobre la belleza personal y grupal, con masías en l’Empordà y cuentas corrientes donde más rentabilidad generen. Al parecer, ellos , sus cachorros  e imitadores de más alto o bajo postín y pelaje  no abandonan sus feudos,  en casas de pagès centenarias o en otras más modernas. Por ejemplo, en L’Empordà unos meses, otros en la Vall d’Aran, en La Cerdanya o allende los mares. 

También hay espacios donde conviven diversidades ideológicamente muy opuestas, por ejemplo en el pueblo de paso y cruce de carreteras, Verges,  famoso en Semana Santa por su procesión con la Danza de la Muerte, lugar de nacimiento de un conocido y apreciado cantante convertido a político y sitio donde vive un escritor de gran calidad y prestigio, totalmente opuesto a las ideas del anterior. Lluís Llach versus Javier Cercas. Si todos pensáramos igual el mundo sería muy aburrido, o eso dicen. He ahí la variedad y la  riqueza. Más que nada, para evitar vivir en un tontódromo unidireccional.

 

Más piedras.

Acercamientos al punto origen del camino,  con árboles frutales preparados para ser revestidos  con redes oscuras, semejantes a grandes paraguas que se extienden en caso de amenazas de pedrisco u otras  climatologías adversa. Vamos hacia una población con un importante festival de música estival, un estrecho puente sobre el Ter con grandes atascos en verano para quienes acceden desde la carretera de Pals, una sede de la Fundació Vila Casas, casas históricas, el Museu de la Mediterrània, aquel bar de la rotonda donde abrevamos varias veces, la gola del Ter más abajo, L’Estartit al fondo y Les Medes como iconos que marcan espacios de un parque natural submarino. Enfrente de ellas hacia el interior, la cima de Roca Maura. 

Allí, en Torroella de Montgrí, se veía el perfil de los primeros retos, con caminantes delante del col.legi Sant Gabriel (gabrielistas, dice su web y centre concertat amb la Generalitat de Catalunya, afirman en la entrada) junto al cemento de la calle en obras que daba paso a las primeras piedras de un camino que empezaba a enfilarse. 

Primer peñasco con una atalaya arriba, construida también con piedras. Grandes, bien puestas, reconstruidas, con vértigos protegidos por quitamiedos metálicos. ¿A quién le tocó subirlas y colocarlas? Como siempre, unos presumen de resultados, la historia los encumbra y otros sudan y trabajan de forma anónima. O sea, los de siempre. 

Los primeros tramos de subida  de la etapa sirvieron para que una pareja de caminantes departiera como si hubiera tres personas. Un homenaje a  quien la muerte no  hace olvidar su vida a su prole, un símbolo más de esas gentes trabajadoras que construyeron nuestro presente en tiempos de hambre, máximas necesidades y posguerra, remontaron muchas dificultades, supieron querer, cuidar,  decir no y sí cuando lo creían y no no tuvieron tiempo de pensar en desánimos, depresiones, bajas laborales, estados de ansiedad ni recaídas. Como alguien dijo: siempre habrá piedras en nuestro camino, lo importante es no dejar de caminar. 

También, varias placas en los tramos montañosos de subida al castilla o en la cima del Montplà, homenajes a gentes fallecidas, con frases del tipo sempre caminaràs amb nosaltres.Se convierten en piedras de toque, testimonios humanos lapidarios.

¡Si las piedras milenarias  hablaran de tantas historias y de la mochilavital acumulada por cada persona que las ha pisado! A veces se les ve el desgaste por el uso, con los rebordes redondeados, el testimonio del paso humano y anónimo.

La senda entre pedruscos ascendía mientras se calentaban músculos con largo recorrido por delante. Allí, el coll de la la Creu. Se cruzaban algunos deportistas de aquí y de otros países, había quienes se entrenaban con un ritmo envidiable, casi con su rebufo te espantaban. Mientras, en lo alto, el castillo de Montgrí, copiado de los referentes de otros de Tierra Santa, en un entorno con rocas fijas y móviles más o menos desgastadas y otros adelantos de lo que esperaba después. Una fortificación militar construida desde 1294 hasta 1304, a 315 metros de altura, con muros de 13 metros de elevación. Al parecer, este castillo y el de Bellcaire se desafiaban en aquellas épocas. 

 Un buen momento para recordar pensamientos en sentido literal y  figurado, usados hoy por la moda del managament y los manuales de autoayuda: cuantas más piedras encuentre en mi camino, más grande construiré mi castillo. Allí estaba, ya no era inexpugnable al turismo, con entrada gratuita. Escaleras de caracol, barandillas, selfis, panorámicas de 360 grados, perspectivas, vistas de perfiles marítimos, les Medes dibujadas en medio del azul del mar, las calles rectas de la zona central de L’Estartit que desembocaban en la playa y en el puerto deportivo, Y, ante dudas, preguntad a quien le sobra cabeza para la retención de tantos nombres y descripciones de riscos, peñascos,  montañas y demás. 

Desde arriba, también amplia divisoria de las tierras del Ter, el campanario no acabado de la iglesia de Sant Genís en Torroella, cerca nuestro la ermita no visitada de Santa Caterina (al parecer lugar de inspiración para la novela Solitud, de Caterina Albert, o sea, Víctor Català, el de la casa citada al pasar por Cinc Claus, en la etapa anterior). Después del paseo por las historiadas alturas, tocaba bajar a terreno más llano. Antes, momentos para manutenciones reparadoras. 

 

Movimientos

La parada, además de las atenciones a los cuerpos, sirvió para temas con enjundia tratados en algunos cenáculos al aire libre. Hubo quien presumía del cultivo  de un caro  abdomen con materia prima de calidad, había quien volvía a repetir que estamos condenados a la extinción por el bien de la naturaleza, alguien recordaba aquel dicho de que a partir de cierta edad no vale la pena mantener conversaciones serias. O quien pronosticaba que a partir de los 50, si no te duele nada, o estás soñando o estás muerto. Hasta se oyó a quien aseguraba que en estos tiempos solo le sube la tensión y no otras partes, y eso que nadie es de piedra (o, aberraciones  con el lenguaje: se supone que ya nadie pasa a nadie  por la piedra, y no solo en sentido lujurioso. En otros espacios,  hace días, hubo quien se preguntó en voz alta: ¿por cierto, …qué lujo es ese de la lujuria, a estas edades?

Mientras, se consumía lo que se había traído, con reparto de óleosreconstituyentes, aunque quien renunciaba podía recibir como respuesta el tú te lo pierdes. A estas alturas las pérdidas pueden ser mayores que las ganancias. Después, ya de vuelta, en el autocar, se paladearon con el pensamiento deleites embotellados de alta graduación, tostados y bien envejecidos. Elixires y brebajes  muy espirituales. 


Sigamos adelante, en medio de más piedras.

Pronto continuaban las evidencias de que  la orografía y el movimiento continuo de arrastres de tantas piedrecitas se convertían en retos durante la bajada por el GR 92 hacia la otra vertiente del castillo de Montgrí, en dirección a Montplà. O lo supero, o trastabillo, o hago un quiebro, me resbalo, me deslizo o me caigo. Como para tararear la canción de El Rey de Vicente Fernández cuando cantaba aquello de: 

Una piedra en el camino 

me enseñó que mi destino

era rodar y rodar, rodar y rodar, rodar y rodar...


Cómo pongo los pies, dónde clavo los bastones, cómo pisar piedras que se mueven y te mueven, por poco caigo, he resbalado y me he ido al suelo, vigilad que la pendiente y el viento  te tiran hacia delante, menos mal que la piedra no está mojada, bueno ya casi estamos abajo. Hemos acabado este tramo. Al fondo empieza uno nuevo. 

Como para quedar de piedra ante este tortuoso sendero. A ver cómo se presenta su continuación. Coll de Garrigars y  El Montplà, una cima llana de 310 metros de altura (de ahí su nombre), se ve cerca. Segunda montaña del macizo. Lejos, Roca Maura en L’Estartit, fuera del guion previsto, esta última con 225 metros de altitud encima de la población. 

 

Barbuquejo

La sabiduría no ocupa lugar. La fuerte tramontana de aquellos tramos aireó las neuronas y, mientras se sujetaban como se podía los cuerpos para conservar su estado más o menos erguido, alguien que sabe y comparte recordó aquellos tiempos en que amaba mucho a la patria, con ardor y orgullo guerrero. Un aguerrido militar no se puede permitir ir al descubierto,  la cabeza sin el atrezzo adecuado y ordenado. Son prendas obligatorias que no obligan a tener neuronas debajo pero sí marcialidad y amor a raudales a lo que te ordenen. La sabiduría compartida nos aleccionó con un término fundamental si no querías problemas. Cuando el fuerte viento te puede despejar de golpe  la cabeza,  hay que abrocharse muy bien la cinta que sujeta la gorra o el casco por debajo, si es que existe. Su nombre: barbuquejo, barbiquejo, barboquejo o barbijo. Pues eso, el sujeto en cuestión, ya sin la marcialidad que se supone de la que presumía en aquel momento vital, recordó la importancia de sujetarse bien lo que sea para no caerse. Incluida la gorra si se lleva puesta.

La tramontana, las piedras sueltas y la atención plena a todo lo que se movía originaron un gasto energético y preocupaciones para evitar lesiones. La larga hilera de senderistas demostró la administración de las fuerzas personales. Cualquier movimiento debajo de los pies era una sospecha a resolver. Fites, hitos, mojones, marcas, pinturas, todo era fundamental pero lo prioritario era mantenerse en pie y bajar con los mínimos riesgos. 

Mucha piedra pequeña y suelta, sola o acumulada, ramas laterales y cascajos diversos hasta llegar a donde la arena es otra parte de la geología. Allí en el coll de les Sorres, el área de descanso de Les Dunes, cartel, direcciones a la ermita de Santa Caterina con aplec, continuidad del GR y direcciones a poblaciones cercanas, con terreno urbanizado incluido, personal propietario de casas en estado de asueto modelo findey gran depósito de aguas cercano. 

Curiosa la formación de Les Dunes, fruto de las arenas que depositaban los ríos Fluvià, Muga y Ter en el golfo de Roses. Transportadas hasta aquí por la Tramuntana, cuando ríos y terrenos tenían otras disposiciones orográficas, allá por el año 1302. En 1875 empezaron los trabajos de fijación de las dunas, que hasta principios del siglo XX tenían un movimiento continuo. El bosque actual fijó el terreno y la arena. Todo dentro del parque natural del Montgrí. 

Este oasis fue testigo de la operación rescate de quien tuvo la mala pata (nunca mejor dicho) de que las piedras, sueltas y fijas, le pasaran factura. Un taxi, al final del traslado a L’Escala, también  se encargó de la otra factura. Las peripecias personales de momentos con tanta emoción vital y senderista las dejó escritas en Hablando con las paredes, otra vez (título de su blog), en una reciente entrada titulada y enlazada aquí: GRMANIA, una vuelta de tuerca más… (y más gracias).

 

Dispersiones

Desde esta la zona, en Les Dunes,  hubo barra libre para el  desparrame del personal.  Alguien pidió el permiso reglamentario (casi con el valor de  un salvoconducto o visado, para apaciguar las posibles críticas)  a uno de los que mandan, aún sin ser una garganta profunda. División de grupos y grupúsculos por un camino ancho, llano, también con piedras, largo como para enhebrar temas que juntan a personas caminantes o pasa al revés. 

En el primer cruce, esperar a quien venía detrás. Estábamos en la ruta del vent, con explicaciones sobre fauna y flora. Mientras, se cruzaban ciclistas de todo pelaje y turistas con bicicleta alquilada, con la sospecha de no saber previamente dónde se habían metido. Sus cuerpos no aparentaban dominios en quiebros por tanta diversidad accidental. Señales hacia calas idílicas: Cala Pedrosa, Cala Foradada, Cala Ferriol, Cala Formatge, con  especial mención al submarinismo en toda la zona y, sobre todo,  entre Punta Ventosa y Punta del Còrrec Llarg.  Y, por supuesto en el entorno protegido del parque subacuático de Les Medes.

Después, aquí paz y en L’Escala gloria por haber llegado al final. Con más piedras incluidas, acantilados, bunkers y la amplitud de un paisaje litoral  no bien observado cuando lo primero es no caerse, para luego visualizar imágenes idílicas y repetidas. Las fotos de quien sabe captar tantos detalles son una buena oportunidad para apreciar después lo que antes también pasó por delante de tus ojos.  En todo caso, ante tantas dificultades senderistas, mejor  no tropezar dos veces con la misma piedra o evitar  la frase bíblica: el que esté libre de culpa que tire la primera piedra. En todo caso, mejor no caerse, no tirar ni que te tiren. Llegar al final aunque haya quien la hartura del terreno no le haya permitido admirar calas, puntas, pinos, subidas, bajadas, estampas tan lujosas como otras anteriores recorridas desde Portbou.

 

Concentraciones

Entre los grupúsculos de cabeza, subgrupos y opciones: o por el GR 92 o por el camino de ronda previsto, para llegar a Punta Ventosa y construcciones militares de épocas en que la muerte no tenía ningún precio, era el tributo a inhumanidades guerreras, exilios y venganzas. En medio, una zona militar abandonada, base militar del Pla de Bateria, alguna furgoneta para finalidades diversas, selfis en las vallas que delimitaban la zona con el acantilado, personal y vehículos cercanos a dichos búnkeres, de momento no tanto gentío como dicen que se concentraba en los del Carmel de Barcelona. Punta de les Tres Coves, Punta del Còrrec Llarg,  Ventosa, Punta  del Milà, Punta Grossa y descenso hacia Cala Montgó, delimitada en la otra punta por la Puntada de Sota la Torre y  Punta de Trencabraços.

Para la mayoría, pronto se acababan las piedras.

La belleza de Cala Montgó sirvió como punto de concentración de los grupos A y B para montar en autocar. Hubo quien intentaó ver o imaginarse el espectro del socarrón e irónico periodista de un diario de Girona que dice que prefiere exiliarse en Cala Montgó cada verano y no en Waterloo; Albert Soler cultiva una pluma muy afilada y es admirado por gentes que juegan en otras divisiones. 

Los ánimos y los cuerpos pusieron a prueba los límites personales. Hasta se conocieron aún mejor. Por tanto, lo más prudente fue volver en autocar hasta el bar de la otra etapa, el Estribor.  Siempre se han de aprovechar las oportunidades para saber hasta dónde puedo llegar. Otra cosa es el caso que se le haga a los límites olfateados.

Cuatro sujetos díscolos, casi a la deriva por el territorio, sortearon piedras, roquedales, estrechos senderos de vértigo a partir de la torre de la Punta del significativo nombre de Trencabraços (como para habernos matado, se podría repetir) hacia la Punta Grossa. Por allí estaba la Torre Montgó y quizá otras que ya desaparecieron. Se las llamaba también de varias formas:  torres de moros porque eran piratas que provenían del norte de África, y torres de foc i llum por las señales que transmitían. Durante la Guerra Civil daba acceso a búnkers situados debajo. 

En todo caso, hubo dos versiones entre los cuatro caminantes: los dos que sorteaban los tramos peligrosos  por asfalto y los dos más fundamentalistas, estrictos seguidores del track facilitado y publicado por el puesto de mando oficial de GRMANIA. Después, a un lado la cala e Illa Mateua, dicen que con un fondo marino espectacular. Las urbanizaciones turísticas vacías casi todo el año noquearon el sendero, reducido a la mínima expresión, al borde de los precipicios, un tramo afrontado con excesivo valor y prudencia hasta salir a zonas más seguras, abiertas y sin vértigos.  

Después, sendero muy bien marcado, hacia Les Planasses, zona militar, más bunkers, la Punta del Bol Roig, más Montgrí protegido, continuos avisos de peligro por caídas debido a rocas inestables: si te acercas mucho el desprendido puedes ser tú; cala del Bol Roig, Punta y Cala Salpatxel , Port de la Clota Grossa  , puerto deportivo y de personas  y el pesquero de L’Escala, parafernalias marítimas y turísticas de todo tipo y condición, hasta sortear asfaltos y llegar a la amplia y larga playa de Riells, primer punto final de la etapa. 

El segundo y definitivo cierre del recorrido fue la terraza del bar frecuentado al final de la etapa anterior, el Estribor de L’Escala. 

En medio del buen ambiente habitual, con la comida se consumían líquidos que casi  llegaban al alma antes que al cuerpo. Buen momento de concentración humana como  para cerrar esta crónica y recordar a una de las pintoras mexicanas más admiradas por públicos diversos, con una biografía muy atractiva: 

 

“Quise ahogar mis penas en licor pero las condenadas aprendieron a nadar”

Frida Kahlo

 

Evaristo

30/5/2023

 

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 4 de mayo de 2023

Etapa 5 del GR-92, entre El Cortalet y L'Escala

  

Cuando la primavera te droga los sentidos

 

La naturaleza ofrece la posibilidad de alterar tu estado mental y sensitivo si la traspasas con tus sentidos y te deja huella. Puede drogarte, con o sin efectos secundarios. Pero has de saber que también es capaz de generarte una muy sana adicción.   Y si encima la cuidas, el futuro comienza en el presente. Drogar nuestras capacidades ha estado  a nuestro alcance durante tantos años en general y en el recorrido del GR 92, desde Portbou hasta aquí,  en particular. La perspectiva visual en primavera  aportaba material suficiente como para ratificarlo, que completaremos aquí con términos  asociados a esa formas de abstracción,  a intentar poner palabras a sensaciones y percepciones, un paseo más por otros mundos que están en este, una ampliación  de las presentes realidades, retratadas por gentes con buen ojo y la maquinaria adecuada, apenas sin tiempo para enfoques y encuadres, que exigirían más constancia en la mirada tecnológica. 


 La segunda etapa del GR 92 dentro de los entornos de una de las principales zonas húmedas de Cataluña, els Aiguamolls de l’Empordà,  era un cúmulo de explosiones visuales, auditivas, olfativas y táctiles en medio de un paisaje que despertaba con el canto de los pájaros, el agua dulce y salada (sola o mezclada),  esa vegetación que escondía y mostraba a la vez, el género humano por allí con sus diversas especies y la demostraciones vitales de un personal que cumplía con sus diferentes hojas de ruta. 


Cada uno sintonizó con la frecuencia de sus antenas receptoras para captar las señales de tantos emisores sensoriales como allí coincidían. La adicción podía estar servida si te dejabas llevar, con o sin adulterantes propios del entorno: conversaciones mil, estar más pendientes de enfoques fotográficos rápidos o de los inacabables mensajes del móvil, la atención plena a un animal o a un encuadre, el casi imperceptible ruido de quien se esconde o se muestra. Hasta hubo quien, antes de bajarse del autocar para comenzar la ruta, gritó con asombro: “¡He visto una polla de agua!”. 


Muchos coadyuvantes reforzaban las percepciones o las anulaban para enterarse o no de los inputs que ofrecían los lugares de paso. Aquí la droga del entorno primaveral era un placer. Sus principales enemigos, la prisa y ver solo a través de ópticas diversas una realidad que exigía su disfrute en directo, sin mediaciones y con tranquilidad.


Un cartel anunciaba la recuperación de las condiciones ecológicas necesarias para la recolonización y expansión del “turó europeu”. Paseo delimitado por vallas de madera conducían a visitantes que pretendían observar con espíritu científico. Al personal más especializado y ornitológico se le distinguía por atuendos concretos, conversaciones sesudas y silencios cómplices. Por ejemplo, a pie de lagunas: trípodes, maquinaria y prismáticos de alta resolución Zeiss, en la mano la “Guia d’ocells”, confrontación de visualizaciones con datos, comentarios detallados en voz muy baja sobre  percepciones expertas para verificar nombres y especies, mochilas con el paquete de básicos, protecciones solares y ese espíritu de interpretación  de quienes posaban a distancia, exhibían largos cuellos y delgadas patas, plumajes coloridos o cuerpos pequeños. Debían estar muy acostumbrados a turisteos varios. Uno se imaginaba cuántos retratos podrían haber producido esta fauna  en tantos años si las tornas se cambiaran y esas aves pudieran enfocar a tanto personal como por aquí ha pasado.

  

Un grupo anduvo por las alturas del elevado observatorio instalado en un antiguo silo de arroz,  después de ascender por una escalera de caracol, cuyos escalones eran una muestra de pisadas verdes allí pintadas: terrenos inundados, de nuevo carteles para identificar aves por sus huellas y otros detalles, pequeños pájaros muy atrevidos que se posaban al lado del turista (como si estuvieran colocados para la ocasión), el cielo gris al fondo que marcaba los límites de la playa y dejaba ver la silueta de lagunas más cercanas en una composición de tonalidades oscuras,  más itinerarios literarios, acceso restringido a caballos, informaciones detalladas  sobre estos espacios de agua dulce y sobre playas y arenales costeros, bancos para aliviar los paseos y atención a las sorpresas que surgieran. 

 


Desniveles

La altura máxima de esta etapa del GR 92, entre Cortalet y l’Escala, según wikilok, fue de 16 metros. Pero también  la marcó ese ascenso a la torre de observación, dentro del Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empordà, llamada el Observatorio Senillosa. La atalaya ofreció la típica panorámica de 365 grados con muchas pinceladas como para conocer en propio cuerpo los efectos agudos y secundarios de tanta agua dulce y salada y la vida que la circunda. E imaginar qué pasaría si el líquido elemento desaparaciera. A pequeñas o grandes dosis eran estimulantes neuronales con potentes efectos secundarios, incluso con predisposición al abuso positivo si profundizabas en la observación con conocimiento, en el silencio que habla, en la foto que inmortaliza. 


Si por aquí paseara el prestigioso óptico alemán Carl Zeissse enorgullecería de cómo sus instrumentos ópticos de gran calidad estaban presentes entre grupos, ya a aquellas horas, según ellos las mejores para empezar el día con tanto ser vivo que hacía mucho rato había despertado. También llevaban conocimientos visibles, grabadoras de sonidos y charlas muy sesudas sobre flora y fauna, con dosis y sobredosis de especies sobre las que debatían de forma casi imperceptible.  En la anterior etapa quedaron plasmados enlaces a sitios web con nomenclaturas específicas de la naturaleza de este entorno.


Un recorrido por Mas del Matar y el Observatorio Senillosa, desde la playa de Can Comes hacia la de Sant Pere Pescador, rodeando el camping Nàutic Almatà, el Fluvià Náutic y por entre diversos equipamientos motorizados, una zona recordada por quien compite en aguas abiertas contra medusas y temperaturas, con el río Fluvià y sus canales. Si había silencio, los cantos de los pájaros se completaban con la floración de los manzanos “Poma de Girona denominació d’origen”, flores y plantas que enervaban los sentidos y facilitaban ese tierno verde primerizo  que ha de consolidarse aún con tonalidades más oscuras. 


La zona era atractiva también para deportes de vela con viento y para zona de aparcamiento de vehículos diversos. Las orillas, además de las composiciones fotográficas y mentales idílicas con barcas, cañas y aves, las ocupaban pescadores. Alguien se atrevió a despejar incógnitas y le preguntó a uno si aquella masa de agua era dulce o salada: dulce por arriba y salada por abajo, respondió. Pero cuando fue más allá y quiso saber qué peces pescaba y si eran de agua dulce o salada, o de ambas, no se inmutó. Quizá fue muy prudente y no quiso caer en ese dicho o frase hecha que circula desde hace años, seguro que muy injusto: “Mientes más que un pescador”. Algo debe tener ese tipo de pesca de la paciencia, como si fuera una muestra más de atención plena, un mantra, una forma de meditar o posturas distintas de artes orientales. Pero esto ya no fue objeto de más interrogatorios a profesionales deportistas practicantes de la quietud y la concentración. 

 

 

Amenazas

Las pasarelas de madera marcaban los paseos por los humedales y marismas, ofrecían acercamientos a vistas fotogénicas, mostraban canalizaciones naturales y artificiales de agua y te iban conduciendo  a observatorios, a puntos de salida o de intersección,   o hacia la playa. Las dunas estaban allí en proceso de regeneración. Los carteles indicaban que por el GR 92 se llegaría a Sant Pere Pescador per Mig de dos Rius a 4 km, y que la Gola del Fluvià estaba  a 400 metros. A aquellas horas ya había huellas humanas dibujadas en la arena, cubos de basura atados y protegidos con piedras de los fuertes vientos, máquinas, contenedores de barcos, bastantes autocaravanas diseminadas por terrenos cercanos a la desembocadura del Fluvià, dentro de aparcamientos pagando o gratuitos. 


Aquel día, en una emisora de radio, un cómico que emulaba ser rico, ironizaba con mucha socarronería sobre otro humedal y sus polémicas, Doñana, y sobre la propuesta del Gobierno de Aragón de instalar un telesilla por Canal Roya para unir las estaciones de esquí de Astún y Formigal: “A mí lo que me importa es comer buenas fresas con nata y no preservar  esos bichos y plantas con nombres tan raros que queréis conservar en Doñana. Y, cuando llegue el invierno, esquiar con buena nieve. Al fin y al cabo, ¿para qué sirven los Pirineos sino para que los ricos disfrutemos?”. Menos mal que no mencionó estos lugares que estábamos pisando. En el recorrido de esta etapa hace años  hubo varios proyectos de urbanizaciones que se pararon gracias a la lucha opositora de muchas personas y entidades. Algunos restos se pudieron observar, en medio de canalizaciones o cercanas a ruinas muy historiadas. Los vendedores de humo y de ladrillo siempre han abundado. Detrás, la especulación. 


Las amapolas teñían de rojo los caminos mientras en un giro el sendero se adentraba por más pasarelas de madera para preservar el medio. En ningún sitio visible se recogía la historia del activismo social  años ha para evitar que en el territorio de esta etapa del GR se construyera una macrourbanización, una marina residencial para 60.000 personas en estos humedales. No se conformaban con la Venecia-Empuriabrava. La lucha continua y constante  consiguió salvar la naturaleza de su principal enemigo: las personas. Activismos contra pasividad.

 

Recesos

En la zona abundaban kartings,  cámpings, parques residenciales y presiones turísticas de todo tipo, en el entorno de Sant Pere Pescador. Espacios acotados con nombres  de Palmeras, Gaviota, Bon Relax, Empúries, Àmfora, Aquarius. Eran reclamos para el asueto legal,  controlado y de pago.


También había áreas de descanso como la que surgió en un tramo del sendero, en el Mas del Joncar. Con señales al camí de les Llúdrigues,   allí quienes gozaban y babeaban con la reciente descendencia familiar agasajaron al personal con remesas azucaradas para que la droga de la glucosa no decaiga. Fue un buen momento para el repaso de sustentadores de salud: estados del chasis, recomendaciones diversas, sesudos enfoques sobre genética y enfermedades, todo para gentes que van acumulando juventudes diversas y aspiran con la práctica a ser personas más allá de ser válidas para los recados y otras prácticas. Fueron momentos de felicitarse por estar vivos, de reencuentros muy deseados y de poner muchas notas de humor a la adversidad. 


El camino seguía sorteando poblaciones, ríos y más zonas del parque natural, en los entornos de la playa de la Devesa y de El Riuet, como más cámpings de nombres muy populares y repetidos que han estado presentes en la cultura del descanso: La Ballena Alegre o Las Dunas.

 

Historias

La entrada a Sant Pere Pescador sirvió para plantear dudas a gentes enciclopédicas  que saben o creen saber casi todo de todo: ¿esa masa de agua  es el río Ter o el Fluvià? Sirvió para demostrar que aprender de la duda o de la confusión aporta más sabiduría. El puente dio continuidad al GR y al parque natural con la desembocadura de los ríos Muga y Fluvià, entre más manzanos en flor, fincas con cultivos de árboles para su venta, camiones llenos de nuevas plantas para su transporte en las inmediaciones de L’Armentera, floridos campos de colza  y gentes jubiladas que se sentían útiles regando huertos o “el trós”. En esta población merece la pena algunas visitas para momentos con más lentitud: la iglesia de Sant Martí;  el molino de agua L’Armentera, del siglo XVIII, muy bien conservado; y la Fira de la Poma en el segundo domingo de octubre: venta, elaboración de zumos naturales y  mojito de manzana.

Una etapa llena de historias diversas en  ambientes sedantes, tranquilizantes, calmantes y hasta anestesiantes. Hipnotismos con supuestos poderes medicinales entre aguas y primaveras en su esplendor. Dejarse llevar por una flor o por el canto de un pájaro es gratis y te narcotiza,  o no.


Una sorpresa histórica obviada y  no paladeada donde se reagrupó el personal: el núcleo llamado Cinc Claus, que pertenece a L’Escala, donde se cruzan el GR 92 y el GR 1. En un lateral del espacio o plaza había un cartel con una estampa histórica y antigua del portal del castillo de Cinc Claus: una escena de labranza, una señora, un carro y las gallinas en medio.   También aseguraba que este espacio antes se conocía como Cent Claus y no como la actual denominación de Cinc Claus. Cinco masías construidas en el siglo XVII, algunas reconstruidas después, dominadas por un castillo, de la familia del caballero Pau.  Rodeaban  la ermita llamada  Santa Reparada (de origen prerrománico, reedificada a principios del siglo XVIII), parece ser que en honor a una chica virgen de 12 años martirizada en Palestina por la persecución de Decio. No quería renunciar al cristianismo, fue degollada y después su alma la vieron salir del cuerpo. Volaba con la forma de una blanca paloma. Todo en medio de gentes que en aquella época vivían del cultivo del arroz en unas tierras inundadas por las aguas del Ter. Los relojes solares llamaban la atención , igual que la torre de defensa del antiguo castillo y la muralla, de la que solo se conservaba el portal. El cartel que había a un lado explicaba el contexto.


¿Más sorpresas? Aún estaba en pie el puente medieval, el portal de entrada y una torre adosada a una masía. ¡Menos mal el cartel indicativo! Y, sobre placeres actuales, también había la opción del éxtasis y paladeo de condumios que debían dejar huella gustativa y emocional, en el restaurante situado en una de las masías, llamado Mas Concas, con sibaritismos culinarios para bolsillos con posibles bajo la definición de su especialidad: cocina de mercado, sin más concreciones, como si todo no fuera mercado o no estuviera en él. Se dice que esta masía había sido propiedad de la escritora Caterina Albert, conocida por el famoso nombre de Víctor Català.

 

Encarados al tramo final, entrábamos en otras grandes y viejas historias. Sant Martí d’Empúries,  primera capital del condado de Empuries hasta el siglo XI, cuando la capital se trasladó a Castelló d’Empúries, por estar más lejos de la costa y así  poder defenderse mejor de los ataques por mar; lugar lleno de coches, núcleo muy conservado y volcado al turismo de momentos y celebraciones, de romanticismos y éxtasis reales gracias al postureo generado por la droga del relax combinado con la imaginación, con móviles que al final  no sabían a dónde apuntar para inmortalizar tanto en tan poco tiempo. 


Más allá, las famosas y muy visitadas ruinas de Empúries, playas donde desembarcó la antorcha olímpica de las Olimpiadas de Barcelona 1992. En una de ellas, cercana a Sant Martí, GRMANIA comenzó el GR 1 en septiembre de 1987, con una primera etapa al revés, entre Llampaies y Sant Martí d’Empúries, con la correspondiente epístola de este juntaletras que se puede volver a consultar en el presente  titular: Empúries: inicio de historias, de frases y de caminos. Los archivos fotográficos aún muestran juventudes y gentes conocidas que se enfrentaban a este nuevo GR.Huyendo de ruinas, todos vamos acumulando capas de juventud en la historia personal, afrontando una realidad no siempre fácil. Para sobrellevarla, acudamos por ejemplo  a un consejo budista: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”.


Entre  paseos más o menos artificiales al lado de las playas, frecuentados por deportistas, bicicletas, patines, corredores  y practicantes de las llamadas “rutas del colesterol” que abundan por entornos urbanos y rurales, L’Escala estaba a la vista y también se soñaba con otras adicciones más o menos necesarias y algunas espumosas, sean comibles, bebibles o legibles. 


Mientras se conseguía reunir al personal, la terraza del restaurante Estribor sirvió para observar la larga bahía de Roses, recorrida entre dos etapas, atender a algún diálogo de besugos, chascarrillos diversos, enhebrar conversaciones de más o menos calidad y esperar las cervezas de rigor. Como casi siempre pasa, los bares actuales no están preparados para tanto jarreo GRmano. Este tipo de vidrio escasea y, si hay, esta vez sirvió para que quien administra los fondos advirtiera que si hay jarra no hay repeticiones. El servicio al terraceo significó una evolución necesaria y una demostración integradora, con mucha fuerza y energía. Y mucha mucha honradez profesional, al devolver un dinero de la cuenta final que al parecer creía que no tocaba cobrar, aunque no era así.  


Como postre añadido, compartir libros un día antes de Sant Jordi, recibir el gran regalo de una pequeña  rosa de fabricación manual y casera. Complicidades, cultura, comida, bebida, todo con vistas a un mar que recibió a culturas imprescindibles para entendernos hoy y que ahora prefiere acoger en las costas de la Europa acomodada a turistas con tarjetas de crédito  que no a gentes solo con lo puesto que huyen de pobrezas, guerras, violencias y humillaciones, sin apenas futuros a la vista.


Y como de lectura se trata, una droga imprescindible para la vida de muchas personas, he aquí unos versos del poeta austríaco Erich Fried (1921-1988), en una colección de poesía social:

 

Ayer empecé a

aprender a hablar.

Hoy estoy aprendiendo a callar.

Mañana dejaré

de aprender.

 

 

Evaristo

4/5/2023

 

 

 

 

 

 

miércoles, 29 de marzo de 2023

Etapa 4 del GR-92, entre Roses y El Cortalet

 Entre humedales y huellas de civilizaciones varias

 

Ya hacía tiempo que no había tiempo que perder. Una redundante proclama temporal porque todo se agota y el problema es muy grave. Aquí también todo lo que antes subía ahora estaba casi a ras de suelo: solo hace falta ver fotografías o vídeos de los pantanos. La gota, el chorro continuo, el goteo, el riego, la aspersión, el baño, la ducha, la piscina, el baldeo periódico, la excesiva limpieza: toda una supuesta  necesidad según para quién,  que puede que llegue a ser un lujo. 

Antes de que el agua no salga por el grifo, en esta etapa fuimos a ver mucho agua en el mar Mediterráneo y en els aiguamolls de l’Empordà (y a beber si se terciaba, aunque al acabar el recorrido fuera transformada, con color rubio y  espuma por encima). Ese ritual del agua, esa costumbre instaurada, ese adelanto domesticado por  civilizaciones de gentes como los romanos, árabes – y otras anteriores y posteriores-, con canalizaciones, baños termales y demás (a veces solo para clases pudientes, claro) puede que pronto se acabe y  se nos incluya en los más de dos mil millones de personas que viven en el mundo con la incertidumbre del beber para vivir. 

Para ver agua en épocas de pantanos vacíos, qué mejor que caminar por humedales que aún aguantan (de forma natural o artificial), observar ese gran golfo (¡el natural, eh!) de Roses, intuir cómo a lo lejos algunas aguas se conducen de momento por canales para el recreo turístico - argumentos de venta cuando se construyó la Venecia catalana: Empuriabrava-, hasta notar en la piel los principios de una suave y añorada lluvia con poca continuidad. En medio, aves fijas de las charcas, faunas dentro y fuera del hábitat, otras en tránsito como tantos turistas y vecindario que aterrizan  por estos entornos para finalidades diversas, una entre otras, con fines lúdicos: vivir para beber. 

La etapa 4 del GR 92, grabada por nuestro coordinador de la web, experto en redes y GPS, entre Roses y El Cortalet-Mas del Matà, tuvo varios alicientes: uno, que el recorrido de  menor kilometraje inicial  acabó con más en las piernas de quienes, de entrada, habían elegido la opción de patear menos. ¿El motivo? El de siempre. Este texto se inspira en quienes querían desgastarse más y fueron superados por el otro grupo, el B . Otro aliciente fue que, días después, esta etapa le levantó el ánimo y la socarronería  a observadores externos, por cierto siempre querdidos y admirados. Todo producido por los 15 metros de desnivel positivo, 14 de negativo en los 19,93 km del grupo A. Siempre está bien animar al personal, y más en épocas de “sequías” diversas. Y un tercer elemento: una persona sugirió una idea interesante,  exportada pero no operativa aquí: que en cada grupo se coloque alguien en la cabeza y en la cola. El resto del personal siempre iría en medio. Esto parecía de otra civilización, más operativa y exacta pero de difícil aplicación en gentes avezadas con costumbres muy propias.

 

Neutralidades 

Cuando se habla en tantos foros como abundan (digitales y presenciales), incluso cuando se camina con cualquier grupo, hoy los lenguajes  cambian tanto que, en el proceso de adaptación, se consigue o trastocar y domar las neuronas, o no saber cómo ni qué palabras usar, o entrar en guerras como la de la  RAE y la Fundéu, o hablar en neutro neutro total, tal como se puede deducir desde hace bastante tiempo en estos textos. Ni masculino, ni femenino, ni binario, ni no binario, ni o/a/@/e, ni orgullos ni desolaciones y menos culpabilidades. Cualquier palabra te puede provocar morder el polvo andarín,  por si se interpreta que  induces a amagos diversos. Por tanto, siempre nos quedarán PAM (@Pam_Angela)_y otras personas lejanas o cercanas para seguir aprendiendo o desaprendiendo sobre temas que, mejor, no nombrarlos para evitar consecuencias. Libertades o vigiladas o constreñidas o autocensuradas, también mientras pretendes caminar no en silencio. Menos mal que en la vida siempre quedan los pequeños y muy reducidos mentideros (virtuales y/o presenciales) donde se da rienda suelta a excentricidades diversas e incorrecciones varias, más que nada porque existen y están muy apegadas a una actualidad que es mejor evitar  en público. También por estas marismas, las palabras se las llevaba el viento. 

En amplios territorios  como el Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empordà, libertad total. En sus entornos, con tanta presión turística y monetaria,  altos vuelos o a ras de suelo, en el agua o debajo: ala delta, kitesurf, paddle surf, windsurf, kiteboard, wingFoll, surf, catamarán, ebikes, motos de agua, kayaks,  piraguas, submarinismo, snorkel, neoprenos varios y de diversos grosores. 0 bautizos aéreos en el aeródromo cercano de Empuriabrava, con su “skydrive” referente mundial en saltos: parapente, paracaidismo, simuladores de vuelo, todo bajo los auspicios de un fondo saudí soberano, de Dubái. Incluso con alguna muerte incluida, vaya usted a saber por qué aunque se pueda suponer. 

 

Ambientes

Roses recibe a visitantes con un símbolo a modo de punto de mapa digital (“usted está aquí”) y una gran letra R. El golfo de Roses se presentaba despejado de personal pero no meteorológicamente hablando, con esculturas en el paseo marítimo que aportaban siluetas para  composiciones fotográficas con el mar al fondo, guerreros de bronce, un banco con la inscripción textual y sin tilde: “El campeon”, invitaciones de Don Pancho a comprar tikets para pasear en barco, letrero con el horario de “Beach Club” y prohibiciones ante  restos de una columna al fondo, cerca de la playa, coctelería mediterránea cerrada, primeras canalizaciones de agua hacia el mar, vistas blancas de construcciones que escalaban la montaña cercana a la urbe de Roses. 

Siempre es bueno regalar ideas. Con nubes que parecían sorprendernos con la esperada y ansiada lluvia, despejada la costa de esas aves tan deseadas como el personal turista, de esa trashumancia anual que pronto volverá de sus lugares de origen a este imperio del ladrillo. Ya se les ponía buena cara a los abrevaderos de primera línea, con la operativa del buen brochazo para maquillar la fachada, limpiezas varias y letreros de neón a punto para iluminar la nocturnidad. Estábamos en esa enorme rada que acogió a las civilizaciones anteriores, de paso o estables un tiempo en  la antigua colonia griega de Rhode(hoy preservada en la ciudadela de Roses y con dudas históricas diversas). En la retina quedaban las imágenes de las etapas anteriores, con el Cap de Creus y la costa más brava. Ahora había que conformarse con el cap de Norfeu en una punta y las construcciones turísticas en la otra. En medio, hasta humedades diversas.

Del paseo marítimo hacia el interior no lejano, del agua salada al agua dulce, del asfalto a la pista en un entorno verde, con esos  humedales que impregnaban de vida la lámina de agua. Por caminos amplios, con huertos que reciclaban colchones y somieres a modo de parapeto en la entrada, señalización de rutas cicloturísticas de Vilanova de la Muga a Roses,  viñedos aún dormidos, plafones ya casi ilegibles en proceso de rotura sobre “la ruta dels estanys”, paredes con pintadas originales y restos de bienes ya consumidos o no consumibles, las primeras lagunas: reserva integral, prohibida la caza y pesca, decían los carteles. Había quien limpiaba el coche mientras ensuciaba el entorno, o quien en un mentidero restringido hablaba de que menos mal que ya tenemos la inteligencia artificial. La natural va como va. Y de la memoria…ya ni me acuerdo. Tierras con trágicas historias de viajes al exilio, de sufrimientos y huida hacia la incertidumbre. Que la memoria histórica no se olvide. Antes tragedias, ahora  disfrutes con el turismo. 

ChapGPT en sus diversas ediciones, buscadores que te ayudan a serenar el olvido, obviedades y nuevos lenguajes: ¡estamos en vías de extinción!: afirmación que se escuchaba entre risas mientras se razonaba en serio con pruebas, también se intercalaban notas de humor y se ejemplificaba todo con nuevos formatos humanos,  mentes disformes y otras especies, la mayoría bien o mal documentadas si consultabas el teléfono móvil. PAM también habría llamado al orden a algún personal. Otra civilización puede que esté surgiendo. O no.

 

Diversidades

Las llanuras se merecían una pausa en lugar cercano a la ruta marcada, al lado de los restos de una construcción, ya sin tejado, llena de zarzas, que medio jugaba al escondite con  gentes ciclistas y  personal montado en caballerías (ahora no los veo ahora los veo), bien pertrechado con equipaciones al uso montando cuadros y estructuras metálicas o galopando por el GR 92. Mientras se masticaba y se bebía, la fina lluvia parecía amenazar pero sin protagonismo ni pretensiones. Otros líquidos envasados parecían tener prioridad en la diversidad.  Pasar por encima, para evitar miradas de soslayo o arrugas del entrecejo, a quien le pidió a alguien muy íntimo solo medio plátano. Corramos un tupido velo. 

Emprendida la marcha, primero por asfalto y luego ya por caminos, se entraba en terrenos pantanosos, humedales y riquezas agrícolas en medio de la presión urbana y turística por un lado y el mar por el otro. El revoloteo de aves era una señal premonitoria y ornitológica que acompañaría a caminantes y fotógrafos que se atrevían con esta Cataluña llana, diferente y tan diversa.  Prohibiciones del paso en la zona de “Els Estanys”, arbustos que anunciaban la primavera,  con flores para animar a que el resto de vegetación de hoja caduca saliera del letargo invernal, en esas estampas de grises e incipientes verdes, con la única alteración provocada por los  colores artificiales del atuendo del personal y mochilas de caminantes de paso, por puentes de madera para acceder a la denominación local de estos prados y zonas de pastoreo: les closes.  Por la ruta dels estanys, con cartel que llevaba el membrete   del parque y del  condal ayuntamiento de de la “Comtal vila de Castelló d’Empúries”.  Condes con historias.

Se necesitaban más conocimientos de flora y fauna para no caer en las obviedades de quien si no consulta no sabe. Era un lujo pasear con el cielo encapotado por la segunda zona húmedamás importante de Cataluña, después del delta del Ebro, en la que el 80% del territorio de este parque  es privado. En todo caso, estos terrenos llenos de ciénagas que antes rodeaban al macizo de Montgrí perviven a pesar de tanta presión. Convivir con la tierra, el agua, las gentes y la naturaleza no es fácil. Siempre han revoloteado muchos intereses, nunca mejor dicho en zonas con tantas aves. De todo tipo y condición. 

 

Interioridades

Adentrarse en  las interioridades aportaba la observación de cultivos que han ido evolucionando con la aparición del regadío (canales y acequias visibles) como cereales de invierno, alfalfa, campos aún sin sembrar, viñedos, pastos, maíz, algunos árboles frutales (“la poma de Girona”, denominación de origen) y el arroz, un cultivo recuperado aquí y abundante en otras zonas cercanas, por ejemplo Pals. 

La estampa del estrecho camino entre brumas y ramas decoradas con el blanco doble (de las recién estrenadas flores y la pintura acompañante del rojo del GR, árboles cortados o caídos y cierres de campos a ambos lados, todo quedaba mejor dibujado con las personas que se perdían por el fondo, con paradas como intermedios para quitarse ropas, atender a necesidades y otras actividades domésticas.

Terrenos delimitados por divisorias de propiedades, granjas en activo o cerradas, labradores que conducían grandes máquinas mientras atendían al móvil  sin miedo a uniformes,  ramas de árboles de ribera que se habían cortado hace poco, las mencionadas acequias y canales que alimentaban la agricultura y también sostenían las señales del GR. Insistencia en el  acondicionamiento de más rutas para bicicletas,  grandes masías con mucha maquinaria y modernas granjas, con piscinas rudimentarias. Terrenos con muchos cañizales y carteles con invitaciones a turismos sostenibles y culturales.

Y allí en medio, alguien con una motosierra cargaba la furgoneta con los troncos cortados. “¿Son de usted?” se le preguntó en medio de una curiosa conversación para acercarse a su trabajo, o sea, “pegar la hebra”. La respuesta fue contundente y compartida: “sí, y de usted también lo son”. Para aclarar que aquellos árboles que vivían al lado del canal los pagábamos todos con nuestros impuestos, él los cortó y se los llevaba. Según su opinión, lo mismo podíamos hacer los demás. La risa de despedida era pura incógnita.

En la distancia el grupo se alargaba con una diversidad de campos que rompía con la monotonía de terrenos llanos y privados. Aves, caballos que al parecer tenían su origen en la Camarga francesa, libélulas, algunos mosquitos de los que no te permiten el aburrimiento, nuevas señales de tráfico que alertan del paso de aves con sus polluelos, mansiones en medio  como la del Cortal d’en Fages, masías con los tejados teñidos del blanco de las palomas y muchos motivos como para pasar viendo, mirando y, sobre todo, observando. Una operación que a menudo se debilita o ignora por tantas conversaciones cruzadas y atenciones diversas. A veces nos enfocamos  hacia el final sin apenas  captar el medio.  Menos mal esas instantáneas captadas por los buenos ojos de quienes fotografían con técnica dominada y depurada. 

 

Enfoques

Terrenos propicios para la fotografía del detalle, tal como se observó después en las capturas compartidas por alguien experto en la calidad y en  la sofisticación del detalle, como si fuera un naturalista experimentado. La fotogenia del entorno invitaba a retratar para llevar instantes ,con la ventaja de que el original permanecía en su sitio a disposición de caminantes y ornitólogos. La desembocadura de los ríos  Muga y Fluvià alimentaban el conjunto, aportando el agua de l’Alt Empordà y la Garrotxa, ese Pirineo Oriental ya escaso de nieve en estas fechas. 

En Castelló d’Empúries, el Ecomuseu-Farinera mostraba el proceso del trigo en estas zonas hasta convertirse en harina,  en un edifcicio del siglo XIX, con una curiosidad: la obtención por primera vez de la harina blanca que conocemos fue gracias a un sistema austrohúngaro. Pertenece a la red de museos que capitanea el mNATEC de Terrassa.  Alguien captó la lejana imagen de la basílica de Santa María, de Castelló d’Empúries. Nunca consiguió el título de catedral, algo que intentaron muchas veces los condes d’Empúries. Por sus dimensiones y estructura podría serlo. A partir de una iglesia románica, el actual edificio es gótico. Más curiosidades: campanario con decoración gótica pero de composición románica. Antes, para las gentes de la zona  ésta era una población importante, con poder. Por eso le decían: “Castelló vila major, tot són jutges i notaris”.  ¿Origen? Se convirtió en la capital medieval de l’Empordà debido a los continuos ataques  desde el mar contra Sant Martí d’Empúries. Castelló, una población insurgente, siempre en contra de la unión a la Corona de Aragón. Y hasta aquí se puede escribir.


Reciclajes

En un cruce de esta urbe fue el momento en que se descubrió que quienes debían estar delante aún no habían llegado. Llamadas a cónyuges y cierto nerviosismo muy localizado. El momento se aprovechó para enfocar bien y  aprender sobre reciclaje. Unos contenedores con un sistema moderno de cierre sirvieron para hablar de novedades en otros países: peso de basuras, análisis, pagos en proporción, inspecciones varias, etc. Hubo quien demostró su escrupuloso y necesario reciclado selectivo:  dijo que en su casa tenía hasta seis contenedores distintos. En esta población solo se veían alineados cinco. Todo un ejemplo para el planeta. Mientras, alguien con mundología decía que en un gran conjunto de países se conformaban con sobrevivir y con  lo más básico. Aún les quedaban años para optar al necesario reciclaje cuando se pudieran permitir el lujo de tener lo imprescindible aunque fuera envasado, en entornos llenos de basuras ajenas y diversas, algunas montañas con los móviles y tecnologías que desechamos, toneladas de nuestros plásticos o barcos sobrantes  que se han de desballestar, en medio de aguas lúgubres. Por cierto, también por estos canales más próximos se veían desechos de plásticos diversos.

Para un enfoque más sabio, o sea, para saber más que quien escribe, he aquí algunos enlaces entre tantas webs como hay: guía para distinguir 50 pájaros del parque; 108 pájaros de los parques naturales de l’Empordà; prados, parcelas,  animales y vegetación; la vida en lagunas y marismas de agua dulce; más vida en zonas saladas, etc. 

 

Miradores

Los manzanos alineados por medio de un entramado de postes, alambres y redes para proteger del pedrisco, aún con frutas de la última cosecha  abandonadas en el suelo, parecían altivos en medio de entornos aún desnudos de hoja y vegetación; las nuevas plantaciones en ciernes; los viñedos y la superficie lacustre eran sobrevolados por especies identificadas por el personal experto. Quienes sabían, quienes practicaban el creciente turismo ornitológico se deleitaban con las cerca de trescientas especies diferentes, muchas  de ellas eligen esta ruta migratoria cuando la fuerte tramontana dificulta el paso por el Pirineo. Los treinta puntos de observación de este parque se prestaban al aprendizaje y al disfrute: aves, anfibios, reptiles, avifauna que hiberna, reside o nidifica, crustáceos, peces, insectos, anfibios, reptiles, o la nutria que demuestra que el río Fluvià es uno de los más limpios de Cataluña (eso dicen). Había especies humanas con enormes y se supone que pesados teleobjetivos, forrados con tela de camuflaje para mimetizarse más con el terreno. El parque se merecía su tiempo, constancia, documentación y disfrute. De esto andábamos ya escasos. 

 

La práctica de la mirada voyeur a las aves exigía silencio dentro de las casetas-vigía, no molestar a quienes enfocaban ojos, cámaras y visores a un ser vivo que era protagonista y quizá se lo creyera, de tanto ser mirado. Había atuendos también muy propios para sentarse en un puesto de observación. Hubo quien dijo que mejor marcharse. Si los pájaros observan los pertrechos de mochileros sudados, con bastones en lugar de teleobjetivos, que desentonan con los atuendos de las especies humanas visitantes a las que se han acostumbrado y no se callan nunca, ahuecan el ala y  el tiempo está perdido para todos. Lo mejor, la búsqueda de la salida, no sin antes la excursión a lavabos situados en lugares escondidos….¡hasta de la humanidad más necesitada! Tanta agua, la circulación entre espacios lacustres y tanta observación de especies y lugares únicos debió producir sus efectos. Había rutas literarias y poéticas, carteles interesantes que explican rastros o señales de 10 animales del parque para su identificación. Abundantes nidos de cigüeñas

De camino al autocar destacaba el observatorio del Mas del Matar (o Matà), al parecer unos antiguos silos para el arroz, hoy inmejorables atalayas para una amplia contemplación del parque.

Mientras, en un mentidero muy reducido de personal se comentaban temas muy graves  de actualidad, como el aumento de agresiones sexuales con menores como protagonistas: causas, hechos, efectos y prevención. O el elevado porcentaje de violaciones de mujeres en encuentros concertados vía Tinder. O la pornografía ya en la más “tierna” infancia. Mientras se profundizaba en estos temas, al fondo, en el agua, un pájaro macho sometía a una hembra con violencia y graznidos, a saber para qué finalidades. Fueron momentos de tensión, dada la enorme gravedad de los delitos humanos que tenían enfrascado al personal. Solo hubiera faltado que PAM hubiera contemplado la escena y hubiera interpretado como posible violencia de género aquel supuesto apareamiento de ambas aves. 

De regreso, Empuriabrava deleitó al personal con una terraza inicial y después refugio en el interior, dada la temperatura. En la calle Pompeu Fabra se situaba el bar The Loft. Bar Tapas&Lounge-Coctelería. Si el filólogo Pompeu Fabra i Poch, el menor de doce hermanos,  conocido como el “seny ordenador de la llengua catalana”, levantara la cabeza y viera el uso o desuso de su estimada lengua, tanto en los rótulos como en los interiores, deduciría pronto que Empuriabrava se movía en   otras civilizaciones. 

 En estos contextos mundanos tan variopintos e interesantes,  seamos tolerantes hasta con quienes difunden, repiten y viralizan citas por las redes sociales, atribuidas a grandes autores y en las que alguno como el que suscribe puede verse beneficiado, en la categoría de los libres de ofensas, claro. Siempre habrá voces  aclaradoras de estos entuertos ante supuestas afirmaciones que nunca se dijeron. Hasta famosos y controvertidos personajes televisivos repitieron la frase en público. En todo caso, el mensaje ahí queda, por si acaso: 

 

“La tolerancia alcanzará tal nivel que a la gente inteligente se le prohibirá pensar para no ofender a los imbéciles”. 

Dovstoyevski 

 

Evaristo

29/3/2023

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 3 de marzo de 2023

Etapa 3 del GR-92, entre Cadaqués i Roses

  

Sin adjetivos por la costa

 

Los primeros tramos recorridos del GR 92 o camino del Mediterráneo, entre Portbou y Roses, desde el primer momento  consumieron todos los adjetivos  posibles para describir la visualización del territorio al alcance de los ojos y de los pies. Si ya no quedaba casi ninguno por utilizar, la actual etapa entre Cadaqués y Roses exigió un rebobinado del diccionario para poder efectuar una aproximación comunicativa de la película,  o más bien documental. No, no había más adjetivos. El silencio era el mejor aditivo para interiorizar paisajes y perfiles de este litoral mediterráneo,   sin manifestaciones evidentes. Los contornos del Cap de Creus regalaban caminos de lujo, un saliente costero al que se le podría referir aquella frase que el poeta chileno Pablo Neruda dijo sobre la Antártida: Allí termina todo y no termina: allí comienza todo.  ¡Qué lujo de naturaleza al borde del mar! ¡Qué transiciones hacia ladrillos residenciales y qué efectos en la costa! (y más en quien vendió terrenos, construyó y vendió al mejor postor). 

 

Misceláneas

De entrada, hubo llamadas al orden en la primera parada del autocar. El silencio urbano en los entornos era perturbado por quien a aquellas horas tan madrugadoras ya afilaba la garganta y su voz debía resonar en los tímpanos del vecindario que se supone que dormía. Mientras el hablar en voz alta se está perdiendo (también por educación y privacidad) excepto en algunas profesiones, en momentos de enfado, en espectáculos o debido a la efusividad por motivos diversos, se impone el mensaje de voz en el móvil, el miedo juvenil a mantener una conversación en directo (presencial o virtual) y ese encerrarse en uno mismo con el cerebro sometido a auriculares diversos. O al choque con cualquiera por la calle por estar pendientes de los modernos grilletes que nos aprisionan todo el día y que solo se mueven con nosotros, llamados teléfonos móviles, relojes inteligentes y demás cachivaches.

Una etapa de 21 km, el carnaval de por medio, los condicionantes físicos personales y los viajes diversos ocasionaron una merma de personal. Alguien decía que cuando trabajaba tenía la ilusión de que llegara el sábado con convocatoria de etapa de GR para dejarlo todo y acudir. Hoy con la jubilación las prioridades parece que ya son otras y a veces el GR desescala en la parrilla de prioridades. También es verdad que existe la conciencia tan realista de que, jubilados,  ya no seremos capaces de leerlo todo, llevar a cabo tantos planes previstos para la jubilación, recorrer varios mundos a la vez ni ser ubicuos, o andar por todos los senderos.

Mientras, explicaciones de cómo queda la ingeniería financiera por si Hacienda nos pisara los talones, disertaciones sobre el bótox, los dulces granadinos llamados Piononos,  los beneficios del trabajo de  la energía primordial con el kundalini, gentes que recorren municipios a pie sin parar y esos consejos de quien cada día ha de salir de casa para recargar las baterías mientras ve amanecer. Otros se inclinan por los atardeceres y, en medio de ambas posibilidades, discurre el día a día.

El amanecer se presentaba en el recorrido. La luz, la línea de sol, campos helados y árboles transparentes que dejaban traspasar el horizonte. Chopos y manzanos denominación de origen Girona o Empordà. Mientras,  el transporte por carretera era casi la única compañía rodante. 

 

Aproximaciones

En el recorrido, el puerto de los millones de fotos, Port Alguer de Cadaqués, por detrás de la playa de Llané hacia un camino antiguo a cala Jóncols. Subida hasta el collado cercano al Puig d’en Manyana, a 250 metros de altura, el punto más elevado de la etapa. Más arriba la central de comunicaciones del Pení, a 607 metros, la cima del parque natural del Cap de Creus. Contornos bien dibujados de la bahía, indicadores de caminos. Restos de construcciones antiguas, algunas rehabilitadas que llamaban la atención, como el Mas d’en Baltre, con restos de corrales, dos piedras de molino a la vista y todo construido con piedra seca. Situación,  a 210 metros de altura, cerca del barranco del Torrent Bo. Allí estaba una construcción llamada La Barraca, aún en pie, el principio de otros accidentes geográficos en entornos únicos. Dentro del Parc Natural del Cap de Creus: cap de Norfeu, calas sinfín y los cruces de caminos mostraban áreas industriales en los alrededores de Figueres, con la nueva macroestructura de Amazon (y el cierre conflictivo de Martorelles), almacenes y polígonos que iban ocupando los campos de cultivo. 

Más allá, Castelló d’Empúries y alrededores. Almacenes, muchas náuticas y otras curiosidades para servir a la Venecia catalana, Empuriabrava. La urbanización, que es la marina residencial más importante de Europa, con 24 km de canales navegables. Y, ¿qué se cuece dentro? Historia: marqueses, empresarios que en 1964 invadieron marismas y entornos naturales para llevar a cabo su proyecto en 1967,  inspirado en Florida, a imitación de Venecia. Gran éxito de ventas en Alemania, playa, colegio, instituto, biblioteca, aeródromo y periódicas noticias en las páginas de sucesos. 

“Hola Roses” es el letrero de bienvenida a esta población, en una línea continuista de ladrillo para todo tipo de finalidades. Hasta que la carretera de acceso a Cadaqués se enfila entre olivos, recuperación de viñas, casas encaladas y palmeras que recuerdan algunos pasados turbios. ¿Cuáles? 

Alguien recordó el contenido y el impacto del programa de “Sense Ficció” de  TV3 (14/2/2023) titulado “Negrers. La Catalunya esclavista” (enlace incluido). En 55 minutos se resumía una realidad, repetida en otras zonas del Estado, pero aquí potenciada por la concentración burguesa de quienes construyeron espacios de alto prestigio con sangre esclava. Negreros, indianos, empresarios y demás personal. El GR 92 recorre o pasa cerca de muchos espacios manchados por aquella sangre, zonas costeras o aledañas. 

Por tanto y hasta ahora, en este GR ha habido más memoria histórica: artistas de todo tipo, faranduleros, huida de republicanos por efecto del franquismo, búnkeres no visitados como en La Falconera, maquis, guerrilleros, personajes históricos, negreros e indianos. 

En medio de estos contextos, Cadaqués se asomaba de nuevo, con el glamour, la magia, la belleza de postal de las imágenes matinales, los perfiles costeros, los nombres de establecimientos  con acepciones a épocas y personas, aquella escultura humana desnuda en la terraza, los históricos bares Boia y Marítim (citados en la crónica de la anterior etapa) a pie de playa. 

Aún sin adjetivos por la costa.

Queda dicho en las líneas anteriores que el  GR 92 ascendía y el paisaje ganaba perspectiva mientras los cuerpos tomaban temperatura, las ropas sobraban y la supuesta fila no era tal sino una extensión de personal que adaptaba los músculos a las fuerzas y al terreno. Asomaban los primeros paseantes de perros, bicicletas y gentes que entrenaban duro por perfiles exigentes. 

Poco a poco, hora del reloj estomacal para efectuar la primera parada en el coll de la Cruilla. Allí hubo que guiar con seguridad y aplomo a personas de otras nacionalidades, saludar a fondistas sudorosos que bajaban a tope, grupos de ciclistas que seguían la amplia pista y todo pensando en la cuestión:   comer o no comer. 

El receso sirvió para liberar la mente mientras el apetito se saciaba. En esta etapa estuvieron muy presentes algunos elementos que, aun repetidos, nunca pasan desapercibidos. Cafés, tés, libaciones de alta graduación y la incorporación de éxito esta temporada: los roscos de fabricación casera de un muy culinario grmano. En su obrador casero amasa harinas a las que incorpora también toques personales, fórmulas  que crean cierta adicción. La prueba es que siempre vuelve con la caja vacía. Una oportunidad que sirve para que parejas y seres aparentemente solitarios proclamen en público  que vienen a las etapas a comerse un rosco. 

 

Contrastes

La bajada hacia cala Jóncols obligó a atender a un camino tortuoso entre olivos, pequeñas construcciones estivales de difícil acceso e incógnitas sobre si habría gente allá abajo o no. Pronto alguien escuchó a un perro, antigua señal que indicaba que tendría que haber alguien propietario del can. Hoy a menudo en algunos contextos es al revés: ves una persona y piensas en uno o más perros, pasas al lado de ella, la saludas y a veces no te responde porque está más pendiente del animal que de las personas con quienes se cruza. Algunas otras veces, por supuesto que no es así. 

En otros ambientes, a partir de la palabra perro, poner el cuerpo a tope se llama  Perreo: con connotaciones, aproximaciones, embestidas y lenguajes a veces ignorados por el #Metoo, si bien la penúltima consideración del movimiento se centra en particularidades corporales producidas  en los gimnasios: el #GymCreep. Con el posterior empoderamiento en las redes sociales.

Más: una furgoneta que parecía  habilitada como estancia temporal ocupada por una supuesta pareja (alguien metaforizó sobre si también estaban comiendo roscos), un señor mayor cerca de la playa, otros paseantes contemplativos con la vista perdida en la inmensidad. Y una lancha fuera borda con dos enormes motores reposaba resguardada del sol, a la sombra de unos árboles. En un letrero alegaba que era un taxi. Dejémoslo ahí. Cerca, una caseta de pescadores y, diseminadas entre árboles, más construcciones. El perfil de la cala y sus aguas turquesas era una repetición más de un regalo natural al alcance de cualquiera que camine.

Dicotomías habladas mientras se caminaba: barcos de uno o de más motores; taxis marítimos  o transportes de mercancías diversas; yates, lanchas, lauts, zodiacs; viajar en Cercanías Renfe (con la riqueza de la diversidad humana, estudiantil y obrera, de todo tipo y condición; o viajar en ferros de la Generalitat, población aparentemente bien planchada,  refinada, aseada, bien vestida y mejor acicalada, salvo excepciones), estar en la playa en arena o en tumbona, comer en mesas de primera línea de mar con mantel de hilo o en rocas mojándose los pies; crema solar de primeras marcas o de marca blanca; aguas cristalinas o pringadas por aceites de todo tipo y plásticos diversos; gritos o silencios. En la Costa Brava también cabe de todo. Hasta continuos avisos de cortes de senderos por desprendimientos de rocas u otros peligros. O el agua que le devuelve a la playa la gran cantidad de plásticos y otros objetos contaminantes tirados por humanos. 

 

Órdenes

Subida en dirección a más calas mientras Roses aún quedaba lejos.  Entornos del  cap de Norfeu , restos del Castell de Norfeu, cala de Calitjàs, Punta de la Ferrera y una de las frases del día. Una incógnita más, de difícil respuesta en GRMANIA. 

Mientras se agrupaba el personal, allá arriba, el sector de la cabecera arrancó hacia abajo sin previo aviso. Un cerebro bien amueblado se interrogó en voz alta: ¿Quién dio la orden de salir? Es uno de los mayores y más repetidos interrogantes de este colectivo, antes y ahora. Quién da órdenes y quién las cumple. Claro que alguien puede decir: mejor, sin órdenes también se sobrevive aunque se practiquen otros formatos de existencia. Seamos sinceros: el desorden también guarda cierto orden. A las pruebas nos remitimos.

 

Gastronomía

En estos caminos, algunas conversaciones abrían el apetito, quizá porque en lontananza uno se imaginaba los pasados del restaurante creado por Ferran Adrià, El Bulli, en Cala Montjoi. A aquella hora del mediodía se comentaba que ahora era difícil comer unos buenos calamares a la romana o una croquetas como las de antes. Se mencionó una de las recetas más famosas para los citados calamares, la afamada de la madre de los hermanos Roca de Girona (los de El Celler de Can Roca), explicada con detalle por un hermano Roca a Miquel López Iturriaga, de El Comidista (enlace a video de Youtube aquí o en formato texto). Las experiencias personales de quienes cultivaban el paladar se pasearon por otras mesas que obligaban a meses de espera para acceder a la reserva previa, como la de Nando Jubany en Calldetenes, Àbac, Diverxo, Via Véneto. Sabores y gustos Premium aptos para una inmensa minoría.

Cala Montjoi también se recorrió, el Bulli nos dio la espalda con sus puertas cerradas pero preparadas ya para convertirse en un centro donde guardar su legado y reflexionar sobre innovación y gastronomía, según su web actual: elBulli1846.  Se supone que no todo será mística, también habrá mástica entre deconstrucciones, grandes platos con poco y selecto contenido, nitrógenos humeantes y otras propuestas de eso que llaman comer por los sentidos o entrar en el mundo de las experiencias (aunque se salga con o sin hambre y la VISA ardiendo). 

 

Vistas

Nunca hasta hoy GRMANIA había comido en primera línea de mar. Literalmente: con los pies en el agua y el horizonte más allá. Ni el Bulli se acordó de este mundo experiencial. En la cala Canyelles Grosses, gracias a un comercio abierto que subió la persiana a medio bajar cuando se apercibió que venía un grupo sediento, hubo acopio de bebidas espumosas para que acompañaran a las viandas encima de las rocas, casi dentro del agua. Allí se compartió al aire libre. Hubo quien tuvo tiempo de publicitar una acertada reflexión para comprobar después de comer: se nota quién ha consumido una cerveza, quién dos, quién ayuda a vaciar las diversas petacas, quién se come un rosco y quién practica la abstemia. Dicho lo cual, quien volvió a ofrecer los roscos que quedaban ocasionó una escena significativa. Una dama envolvió los dos últimos roscos, los puso a buen recaudo y, ya en el paseo de Roses, se los ofreció a un caballero, con señales públicas de aprecio mutuo. ¿Qué más queremos en GRMANIA? 

Después de la comida, un reducido e intrépido grupo echaba de menos el acceso a la propiedad privada tipo la de los Mateu. En la primera ocasión que tuvieron, triscaron por espacios de urbanizaciones privadas, saltaron vallas y acabaron en el camino de ronda por donde discurría el GR 92. Debían ser también los efectos de las bebidas.

Más allá, el paisaje dio un giro inesperado aunque previsible: de la brava costa se pasó a la concentración de construcciones en toda la bahía de Roses. Primer letrero que anunciaba apartamentos: casacaliente, con una web para deshacer posibles entuertos. Más allá, polivalente letrero en una tienda dedicada a la pesca: liquidación por jubilación.  Poco a poco el chip mental se adaptó a tanta construcción y también a la rúa de Carnaval. Antes, la platja dels Palangrers y el puerto de Roses.  El largo paseo ya se preparaba para confirmar la fama carnavalera de Roses. Bares llenos y muchos franceses por doquier.

Mientras la gente cogía sitio sentada, el personal grmano desfilaba por en medio como si de una comparsa se tratara, a la búsqueda del autocar. Eso sí, austeridad consumista al máximo en beneficio del fondo común.  Había que salir del centro y dejar paso a las comparsas, disfraces, perreo, salseo, palmeo y plumeo de carnaval. 

Y atentos a las modernas censuras en algunos lugares, en tiempos de libertad y diversión:  prohibiciones de letras concretas, cuidado con algunos términos lingüísticos, posturas, composturas, no siendo que se hieran sensibilidades muy a flor de piel.  ¡Todo esto hoy… hasta en Carnaval!

Roses ya estaba enel embrujo  de las celebraciones, una población con Ciutadella, safareigs, fortificación renacentista situada a la entrada, por la carretera de Figueres, que encierra un yacimiento arqueológico con los restos de la ciudad griega de Rhode y de otras épocas posteriores; con el monasterio y el núcleo urbano, medieval; y con el Castell de la Trinitat, un ejemplo de fortaleza de costa, de mediados del siglo XVI que protegía a la ciudad. Con la nieve al fondo, el marco fotográfico fue aprovechado por ojos expertos en enfocar y transmitir la belleza del entorno. 

 

Dicen

Dicen que un nuevo término causa furor porque se ve en las evidencias del personal. Citado por este plumilla en otro lugar, los Viejóvenes (además del título de una obra de teatro popular) son esa generación que llega a la jubilación y se encarga de rejuvenecer la vejez, siempre que el chasis y su contenido  aguanten. Más activos, más deportistas, más preparados, agendas más llenas, mejor operados, con más titanios y otras piezas de recambio, muy enérgicos, bien nutridos, con muchos suplementos y llenos de vida.  

No obstante, hay otras personas que lo tienen también muy claro y a sus 80 años dicen reflexiones de vida, obligan a pensar,  son lúcidas, saben situarse y convivir con su realidad. He aquí algunas perlas que la escritora y periodista Maruja Torres le regaló a Jordi Évole y a los telespectadores el pasado domingo 26 de febrero en el programa “Lo de Évole” en la Sexta TV:

-      Eres tan joven en tu vejez como lo fuiste en tu adolescencia, porque todo te sucede por primera vez. Cada día es nuevo.

-      Las adicciones son buenas compañías pero malas amas.

-      Ser viejo no es un insulto, es un logro.

-      El único amor que dura es la amistad.

Parafraseando a la gran y admirada Maruja, comparto la razón de sus textos y de estas líneas de cada etapa, escritas y compartidas durante tantos años: 

 

Lo peor es el olvido

(Maruja Torres)

 

Evaristo

3/3/2023