martes, 21 de agosto de 2007

París: sabores venidos de todas partes

A menudo la realidad de la calle y la fantasía del celuloide o del folleto en papel couché caminan por sendas `paralelas, que convergen o no en esa riada humana que hoy se denomina comercialmente como Turismo. Qué mejor que París para husmear el sentido de ese trasfondo tan homenajeado por tantos visitantes y por tanta literatura.
Es evidente. El siempre nos quedará París se transforma en el todos hemos estado en la capital de Francia o la estamos pateando ahora. Y, los que aún no han pasado por sus mitos, andan en ello o la tienen en cartera. O sea, la recorren al ritmo que los intereses le marcan. Da mucho de sí. Es sorprendente. No la acabas casi nunca. Hay que volver. Es una grata experiencia. Uno se enamora de tantos amores allí sospechosamente realizados. Uno busca cigüeñas, pero todas debieron partir en un imaginario camino de vuelta con el paquete abdominal incorporado. Alguien intenta recuperar el halo de tanta inspiración y la halla si es capaz de descubrir sus adentros más creativos. Buscar y encontrar, dos caras de una moneda que a veces también puede caer de canto. Ver y sentir, dos formas diferentes de conjugar el verbo Viajar.

Gustos
Un restaurante de la Rue Avron preconizaba una posible cara de una realidad exterior: “Saveurs venues d’ailleurs” Seguro que en su interior las degustaciones debían de ser muy sabrosas. Fuera, su mensaje publicitario podía simbolizar ese París diverso, mestizo, lleno de colorido humano, a simple vista formado por una simbiosis de caras como espejos de gentes de todo el mundo. No, no es un cuatro tenedores ni tampoco el anónimo juez de Michelín lo incluirá en una de sus guías. Pertenece a una de esas calles de las afueras, donde las músicas de los locales denotan a sus dueños, una de esas calles con muchos mundos allí mismo, olores a comidas locales de todos los continentes. Sabores a mentalidades distintas, recuerdos de orígenes ya lejanos, emigraciones generacionales más o menos integradas en esa realidad aparentemente normalizada. Etnias diversas, vestidas al uso, cafetines, tiendas, productos, músicas, bailes, reminiscencias de costumbres nostálgicas. Esos sabores pertenecen a París, a su diversidad, a la última derecha ganadora en las urnas, al torrente humano que enriquece sus calles. Si de lo que se trata es de conocer el mundo por sus gentes, París bien vale una vuelta. Al mundo, claro.

Visiones
Mientras en algunas zonas peninsulares españolas aún parecen recontar los inmigrantes recién llegados, aquí ya hace años que están instalados. Incluso parecen ser de aquí y hacen lo mismo que sus homónimos, los nativos de más allá. París abierta a la francofonía africana, a aquellas colonias o territorios conquistados con las armas o desarmados por la miseria, a aquella grandeza reducida a la nostalgia, a un idioma aún en la cresta de la ola y a una pureza formada por diversas gotas. Ningún color parece alterar el ritmo diario. Una integración trabajada desde hace años, labrada después de quemar etapas de racismo, de huida del diferente, de cambiarse de sitio en el transporte público, de marginación. Sabores diversos para una realidad. Sin embargo, el poliedro tiene más caras, algunas desconocidas para el turista típico. No, en sus ganas de descubrirla ya habrá olvidado los nombres de esos barrios donde dicen que no se atreve a entrar la policía, allá en la zona norte. No debe ser verdad. Como tampoco recordará los coches quemados, las revueltas, las denuncias de abandono al que no es francés de cuarta generación, esas otras realidades de la más dura marginalidad de muchos venidos de otros lugares. Esa diversidad no es turística, parece ocasional. Mejor es comprobar los progresos integradores de las zonas habituales, innegables, muy positivos y simbólicos para esos otros barrios. Claro que, también Disney hace de las suyas en lo de la integración comercial y mundial. Tamaño apósito no queda lejos.

Apariencias
Además de la normalidad integradora, la globalización está presente en todos los lugares. Costumbres que no se exportan porque se dan al mismo tiempo, aparecen y desaparecen; tópicos que se transforman en realidades internacionalmente repetidas; curiosidades para copiar u olvidar, iconos y más iconos. Las imágenes transmitidas como peculiaridades, que son un símbolo de estar varios peldaños por encima, poco a poco pierden intensidad. La limpieza o suciedad, la lectura en transportes públicos, la educación, la amabilidad, el buen gusto, la moda al pie de calle, el suave tono de voz, el estilo, el saber hacer. Casi todo: depende. ¿De qué? De esas costumbres que nos igualan, del enorme poder del iPod que se repite y estandariza los timpanos, de los escaparates que son de las mismas tiendas que están en casi todas las esquinas de la aldea global, de esa moda internacionalizante, del teléfono móvil que hace sonar o vibrar a casi todo, del gusto que depende de quien lo lleve. Pero pesan más las buenas costumbres, la discreción, los suaves modales, las buenas apariencias, la amabilidad. O, por lo menos, son las que más se vieron. También son las que quedan de París. Debe ser lo que parece. Estamos en zonas turísticas: mirando y mirándonos. El Louvre, El Pompidou, la isla de la ciudad, la Villette, museos, arte de aquí o de allá listo para ser consumido en su justa medida. El turismo cansa, de sobran lo saben los bancos hábilmente situados en los centros que muestran las artes. Si ellos hablaran…


Inspiraciones
Aquellos mitos en donde se inspiraron los espíritus de eternos pensadores han dado paso a la evolución temporal, a nuevas tendencias acordes con los tiempos. Los viejos cafés se han adaptado a esta época y también quienes buscan a las musas ya no se conforman con tiempos anteriores. Si ya ha perdido el uso la palabra “café” para la actual denominación de origen del moderno “bistrot” o bar o el Starbooks de turno, también sus inquilinos responden a los actuales patrones. Aunque no todos. El fluir el tiempo debe ser el mismo, no así algunas formas exteriores. En vez de la libreta y el bolígrafo, el Mac portátil asoma sus tapas blancas mientras la versatilidad del diseño de la manzana funciona como memoria de las posibles inspiraciones, estimuladas por ese café negro tan líquido de Paris.
Aún permanecen para uso turístico aquellos históricos lugares, pero adaptados a las actuales comodidades. Las nostalgias temporales funcionan si la cultura, los recuerdos y la imaginación son capaces de reconstruir mentalmente los procesos creativos de aquellos pensadores, existencialistas o no. Aunque, si paseas por las calles con los ojos abiertos, puedes efectuar una aproximación al trasfondo de cualquier paseante, sea de esta ciudad o de cualquier otro núcleo urbano. Y qué mejor incógnita para pasar el tiempo que intentar descubrir quién es quién por sus apariencias.

Perfiles
La verticalidad humana de visitantes y residentes se acompaña de tantas puntas que descuellan en el paisaje urbano. Entre los habituales edificios de acero, hormigón y vidrio cómo no referirse a la verticalidad del edificio que dicen que es el más visitado del planeta, esa torre que Gustave Eiffel dejó para uso turístico e icono urbano. Al parecer, se salvó de muchas amenazas. Ahora su rentabilidad es manifiesta. Allá arriba, aquellos ingenieros tienen su representación histórica y son observados por los miles de turistas que, previo pago de una cantidad más que simbólica, hacen colas abajo para ver Paris desde arriba. El amasijo de hierros no sólo provoca los disparadores de las cámaras digitales. Hay quienes establecen comparaciones con los más contemporáneos y le reconocen su valía. Una atalaya desde la que observar, situar, retratarse y evitar la imposible tentativa al suicidio desde tan arriba, todo tan protegido.
Más verticalidad de allende los mares, más iconos importados y muy rentables, símbolos cinematográficos, puerta de entrada a la fantasía universalizada por las grandes productoras cinematográficas, el celuloide de carne y hueso en un entorno para visitar. Eurodisney /Wall Disney París y su castillo como puerta de entrada, un icono más dentro de un mundo visible que implora a los sueños, a la imaginación de tantas rentables fantasías. Es esa escenografía cuidada hasta el detalle, la realidad del cine que conduce a un incesante flujo de personas que deambulan hasta la siguiente cola de espera. Deprisa a la siguiente atracción, un desfile de suave adrenalina que se consume a pequeñas dosis. Una atracción tachada que se cataloga según el criterio de cada cual. Y, más deprisa, a otra área temática.
Plazas, obeliscos, arcos de triunfos, edificios y árboles, muchos árboles. Una realidad vertical, como la de tantas personas que se mueven por entornos tan elevados.


Polémicas
La historia de la arquitectura heredada parece que se ha visto envuelta por la polémica. Son esos edificios que hoy pasto del turismo con ojo digital y que pertenecen a una herencia con muchos rechazos en su momento. Quizá no haya muchos casos pero éstos representan una parte del todo. ¿Ejemplos? La Torre Eiffel enfureció a muchos parisienses de una época. Algunos de sus actuales descendientes orgullosos están de tener en pie el edificio más visitado por las hordas turísticas. Divisas y también la religión, o la altitud, o las vistas o la propaganda hacen que el Sagrat Coeur sea otro centro de peregrinación de foráneos, con la consiguiente oposición para su construcción en su momento. O, más reciente, lo mismo le ocurrió al Centro Pompidou, polémico y rompedor al enseñar el vientre como fachada y guardar el arte a la vista de quien no pague la entrada. Hoy, la admiración llega hasta el restaurante, una singularidad con restricción del paso a quien no vaya a los menesteres propios del negocio.

Suspiros, sensaciones y sentimientos
La admiración ante los asombrosos edificios, las visiones de una ciudad envolvente, los barrios literarios, el buen gusto del refinamiento culinario francés, el intenso olor a preparados con mantequilla, las mezclas de culturas gastronómicas, los efectos del cruce de los restos de afamados perfumes ya desvanecidos por los efluvios del sudor. Esa chica que espera nerviosa su turno para acceder al ordenador del hotel con Internet gratuito, que llora desconsolada sin que quien la ve pueda animarla en una lengua común que no sea el dolor. Ese conductor de autobús que se preocupa con mimo de que las familias con pequeños a bordo puedan ocupar dos asientos, en el camino hacia el aeropuerto. Esos puntos de información que, con toda la amabilidad posible, se ponen en tu lugar y te facilitan más de lo que les pides. Esas personas que, cuando el vagón del metro está lleno, se levantan de sus asientos situados en la plataforma para que puedan caber más personas de pie. Ese restaurante que muestra la reliquia de un texto original de Rimbaud, enmarcado en un decorado lleno de hojas secas, como señales de aquel París que se fue. Esos paraguas que no paran de abrirse y que funcionan como una maquinaria muy bien engrasada por las circunstancias meteorológicas habituales. Esas flores que sorprenden a quien se separa unos metros de Notre Dame para pasear por en medio de olores, plantas, decorados y naturaleza dentro de uno de los mercados de la flor más afamados de la isla. Aquel mercadillo de todo un poco que concentra a una gran diversidad etnográfica, donde el bolsillo tiene acceso a objetos variopintos de uso habitual, servido por vendedores expertos en el trato directo. O bien, los modelos exclusivos de John Galliano, matices de alta moda para público exclusivo / excluyente. Y el sentimiento de estar siempre vigilado por tantas cámaras instaladas en casi todos los lugares, la privación de la libertad, la ausencia de intimidad, la invitación a la complicidad con una sonrisa porque la grabación siempre está activada. La supuesta sensación de seguridad a cambio de una libertad muy vigilada.

Finales
“Le monde tourne autour de moi”, quizá pueda resumir un imaginario egocentrismo aplicable a tantos París como pueden encontrarse en la realidad, en los mundos imaginarios de las artes, en esa imagen mental con que uno se presenta en una ciudad y que le ha de devolver aumentada y no deformada por tantos espejos cóncavos como pudiera encontrarse. Siempre quedarán el cine, Casablanca, los mitos y las sensaciones preconcebidas. Aunque sean las vividas las más reales. Ese lema, que pertenece a un mensaje publicitario de uno de tantos perfumes que hablan en francés también fuera de su tierra natal, bien le podría servir a cada turista que se cree descubridor más que viajero, persona de paso en un mundo que ve pero que quizá no siente.
Y todo y más en una ciudad crisol de tantos sabores venidos de tantos lugares.

Evaristo

Etapa del GR92, entre Sant Climent de Llobregat i Garraf

Por fin GRMANIA “sale del armario” en el Garraf



Grmanas y GRmanos


De cómo el título de esta epístola es por aclamación popular – de cómo las retinas quedaron deslumbradas por paisajes físicos y destapes humanos en un parque que, también, nos enseñó sus encantos naturales – de cómo fue la evolución de la CORTA a la RECORTA para atrevimientos que pasarán a los “anal-es” de la historia GRmana – de cómo se fue calentando el ambiente hasta la “salida del armario” en los alrededores de Sitges – de cómo transcurrió el primer macrobotellón al lado de la playa.




Nunca hasta hoy un titular de una epístola o gacetilla fue tan democrático, sugerido y sugerente. Las paredes del castillo de Eramprunyà, además de ser testigos de tantas hazañas históricas más o menos ardorosas, también habrán recogido los comentarios que por allí se dijeron mientras corría el vino, se consumían viandas y frutas más o menos simbólicas de algo más. Un titular que pretende dar fe de la historia de la última etapa de la temporada, en la que se echó en falta a distinguidas personas que están en dique seco, refugiadas en los libros o vaya usted a saber qué otros motivos alegan. Dar fe de que el trabajo a la sombra de nuestro orientador de mapas y GPS sirvió para guiarnos hasta nuestro destino final en el pueblo de Garraf. Y animar a quienes convalecen y preparan la próxima temporada, aunque deban consolarse con aquello de que “el descanso también forma parte del entrenamiento”.


Las cerezas del “Jerte catalán”

Una de las ventajas de los GR es que pueblos casi ignorados pasan a la lista de pateados. Sant Climent de Llobregat, a 87 metros sobre el nivel del mar, nos recibió como si fuéramos un destacamento de inmigrantes que iba a recoger las cerezas que ya no existían. Pero algunas sí estaban a la vista de supuestos amigos de lo ajeno. Justo ese fin de semana se celebraba la 31 edición de la Exposición de Cerezas, cestos decorativos que dan fe de una comarca que produce el 33% de las cerezas catalanas, en una superficie de 288 hectáreas. 30 variedades de este libidinoso y placentero fruto, tan usado para diversas e insinuantes artes. Enfilando el pueblo desde la plaça Francesc Macià hacia la salida del Cementerio, con terreno más elevado (como casi siempre son nuestras salidas), se abrían los campos de cerezos. Hubo quienes, casi como aves de rapiña, se imaginaban los árboles llenos del fruto rojo. Nada. Las fincas con alambradas sólo enseñaban los árboles despojados de sus frutos. La resignación inicial se vio compensada por el afán de saborear esa fruta “prestada” que tan bien sabe. Algunos tuvieron suerte y, balanceándose en la tela metálica protectora, alcanzaron algunas ramas espléndidas. La carnosidad, los azúcares en su punto, la insinuación de esa fruta prohibida por ser de otro, la sospecha de si no podía repercutir negativamente en el intestino después, la posibilidad de que el amo te haya visto, todo ello formaba parte del ritual. Un efecto colateral fue que, tan contentos ellos, se olvidaron de las marcas y se perdieron. Varias rieras fueron marcando el territorio: riera de Salom, riera de Sant Llorenç. Después, Can Amat, font del Miracle y la urbanización de Bruguers, la cual anunciaba el santuario de Bruguers. Los de la fruta prohibida tuvieron que llegar hasta aquí por el borde de la carretera, sorteando enormes camiones que iban o venían de una pedrera cercana. Una de tantas como hay por la zona del Garraf.


Un desayuno “picante”

A 235 metros sobre el nivel del mar se encontraba el santuario de Bruguers. Allí se empezó a entrever una constante en toda la etapa: un grupo muy rápido y otro más pausado. Ambos, por supuesto, fueron reencontrándose, tal como marcan las normas. “Els misteris de glòria” rodeaban a esta ermita, un lugar donde ya nuestro experto en “calentamiento global” dejó caer alguna frase sobre la supuesta relación entre pérdidas femeninas en excursiones y bajada de prendas interiores. Y lo decía a la puerta de una ermita que aún conservaba los pétalos de rosas de una ceremonia nupcial muy reciente, quizá lo insinuó pensando en lo perdidos que debían estar a aquellas horas la pareja recién casada.
A continuación, empinada subida hacia el castillo de Eramprunyà, a 438 metros, lugar de gratos recuerdos para quienes, años ha, pasaron por aquí en un mes de noviembre mientras participaban en la Marxa del Garraf.
Cuando unos llegaban otros ya estaban en los postres. Las conversaciones empezaban a caldear el ambiente posterior. La euforia del vino, el calor ambiental y la primavera debieron ser la causa de la posterior hilaridad. Motivos hubo variados. Por ejemplo, ese hombre que acariciaba con los dientes y luego comía un plátano y que alguien lo contemplaba con deleite. O la tertulia en torno a los ingredientes de las paellas: con cigalas para unas, con almejas y conejo para otros. O alguien que habló de una paella gay, o de una pastilla rosa. O nuestro atleta de élite que ofreció la posibilidad de hacer algún tupper-sex, como para dar trabajo al sex-shop que inauguró un corredor en Rubí. O quien se imaginó una tienda de condones enfrente de Correos. Con tal buen ambiente casi nadie sospechaba que el desenlace de la playa de Garraf se iba anunciando y estaba servido.
También hubo tiempo de contemplar la enorme panorámica que se veía, miraras a donde miraras. Incluso Montserrat despuntaba detrás de un montículo, como queriendo no ser visto. El Baix Llobregat y el delta del río del mismo nombre se ofrecían ahí enfrente, con dos pistas: la de agua del canal olímpico de Castelldefels y la que está en construcción del aeropuerto de El Prat. Mientras en una se reflejaba el brillo del agua marina olímpica en su tiempo, en la otra eran los vidrios de los coches los que delimitaban un entorno que anunciaba que los aviones, las ilusiones y los largos destinos nacían o acaban allí.


La competición más disputada por el primer puesto

Antes de llegar a La Morella, donde se encuentra una cruz y el vértice geodésico que anuncia los 595 metros, las primeras líneas fueron testigos de una de las luchas más apasionantes en el camino. La casualidad hizo que un grupo de GRmanos fueran hablando de la supuesta rivalidad de Alonso y Hamilton en la última carrera de Fórmula 1 de Montecarlo. En ésas estábamos cuando, en lontananza, pudimos asistir a la lucha casi encarnizada entre nuestro jefe de personal, que quería defender su merecido primer puesto, contra la velocidad perseguidora que imponía un insigne empresario del ramo de la pintura. “Yo aquí sí pinto algo” debía ir pensando cuando lanzó un veloz ataque. La carrera mantuvo en vilo y en tensión a los espectadores de la segunda fila hasta que las cosas quedaron en su sitio y, tanto a vencedor como a perseguidor, hay que felicitarlos por la emoción y el esfuerzo que le pusieron.
Allá arriba estaba la cruz que lo veía todo; detrás, el parque natural del Garraf i Olérdola; al lado, la última capa del enorme basurero con que se debió rellenar ese gran agujero que a saber qué guarda en su seno. Y, bastante atrás, el grupo que caminaba a su ritmo. Repliegue general, la inmensidad de una vista que a más de uno les hizo ir hasta el infinito y más allá. La costa recortada se extendía hasta donde permitía la bruma. Siguiendo hacia el sur, a aquella hora en Sitges había una reunión de empresarios con el jefe gubernamental de León. Más abajo, en Tarragona, desembarcaban esas personas de países pobres no acogidas por Malta. Y nosotros, desde lo alto, situados a otro nivel. Hasta hubo quien se situó aún más alto y se dejó fotografiar en posición de Cristo a los vientos. De sobra sabía él que, dentro de poco, a nivel de playa también lo retratarían pero enseñando otras partes.


Palmitos y simas en un parque natural con encanto

Ya de bajada por en medio del parque del Garraf, hubo que dejar a un lado la inmensidad del basurero para sortear profundas simas, típicas del paisaje cárstico de la zona. Las 12.376 hectáreas conformaban otro tipo de paisaje, con el palmito y la vegetación baja como característica, cruces de caminos, el mar al fondo y barreras en las carreteras para detener a vehículos que se enfilaban desde Castelldefels por esa mítica subida que algunos ciclistas denominan como “el Angliru catalán”. Al otro lado, Plana Novella y su monasterio budista. Hacia abajo, trotando, llegada al centro de interpretación La Pleta, a 350 metros, una masía modernista situada a la entrada del Parque natural. Dentro, dos encargadas o funcionarias. La primera, servicial y muy atenta, vendía mapas a dos euros. La segunda, funcionaria de la vieja guardia, te regalaba los mapas. Y, más adentro, la exposición permanente titulada “El Garraf, bressol de l’espeleologia a Catalunya”.
Sin parar de bajar por un camino zigzagueante, aún hubo que descubrir otra gran cavidad de fabricación humana: una inmensa pedrera en proceso de vaciado. Quizá acabe como la ampliación del basurero. O no. Con el mar al fondo y el sol encima, los caldeados ánimos ya ansiaban llegar al agua y a las neveras del primer macrobotellón, en Garraf, a 20 metros sobre el nivel del mar. Mientras, se preparaba la atrevida sorpresa de la jornada.



De la CORTA a la RECORTA

Una cuadrilla de ocho atrevidos GRmanos sacó de sus archivos la idea que se fraguó el año pasado durante el baño en la playa de L’Escala, al final de la etapa del GR de junio. Se trataba de sorprender al respetable con un baño en tanga.
Rápidamente se puso en marcha la CORTA (Comisión por la Recuperación del Tanga). Viendo que los paquetes encogen en el agua, nuestro ilustre nadador de élite valoró la posibilidad del que “la tanga más corta” y subtituló a dicha comisión como la RECORTA. Y se produjo el movimiento de búsqueda del tanga adecuado. Dicho nadador dio con los restos de un modelo de majorette de los pasados carnavales de Tenerife. ¿Problema? Era de mujer y las pruebas periciales demostraron que no tenía la suficiente cazoleta delantera como para sostener la paquetería masculina. Desestimado este textil, también se desechó otro modelo con pajarita delantera, traído de Sitges y cuyo precio era inversamente proporcional al tamaño de la muy escasa tela. Al final, el modelo escogido no era excesivamente descocado, era versátil y listo como para lucir los blancos mofletes traseros en toda su amplitud, con una línea de tela que cosquilleaba muy gratamente los interiores. Otro problema colateral fue que nuestro ilustre orientador de GPS estaba en la lista de escogidos pero por causas ya conocidas, no pudo asistir. Hubo que buscar sustituto y no fue tarea fácil. Hasta que nuestro ingenioso GRmano que se estira y descansa en cualquier alto del camino, se decidió a participar y llegó a proclamar que tal descoque pasará a los “Anal-es” de la historia de GRMANIA.
Y allí se presentaron, en una playa que les tributó hasta aplausos por parte de foráneos, en un gesto de atrevimiento nuevo para ponerle más salsa al baño, y para simular qué podría significar eso de “salir del armario” si tanto cuesta a veces participar en una broma así. Bien fotografiados por delante y por detrás, en grupo, en parejas y solos, luego vino el agua fría que puso las cosas en su sitio y calmó los ardores del camino. Bromas aparte, con el tanga puesto se deseaba que nunca nadie deba tener que “salir del armario” para ser como es y vivir como quiera.


El primer macrobotellón

Las neveras destapadas colmaron la sed del personal con multitud de latas, bien frías y variadas, al gusto del consumidor. Los 43 céntimos del precio de compra de una lata en un supermercado se convertían en tres euros al otro lado de la pared que nos ofrecía sombra, de uno de los bares de la zona. El primer macrobotellón demostró, una vez más, la capacidad organizativa del grupo. Prueba de ello fue la intención de repetirlo alguna vez más, siempre que acompañe el buen tiempo y haya que huir de las “clavadas” turísticas.
Con estos ánimos ya se prepara la última experiencia de la temporada. Ésa que simboliza la anual eucaristía en torno al arroz elaborado con la colaboración de todos y todas. Una prueba más que verifica aquello que en cierta ocasión dejó dicho Emerson:

“En cualquier caso, las personas son siempre mejores de lo que parecen”


Evaristo
Terrassa, 5 de junio de 2007
http://afondonatural.blogia.com/

Etapa del GR92, entre Montcada y Santa Creu d’Olorda

Collserola: al fondo, coches; al lado, pájaros y bicicletas


GRmanos y GRmanas,

“No daba un duro por esta etapa”, he ahí una frase dicha en voz alta por una notable GRmana y pensada por más personas. Estábamnos ahí al lado, rodeados por un gentío impresionante, por innumerables edificios y casi casi el “som sis milions” estaban todos allí abajo: en los dos Vallès, Barcelonés, Maresme, Baix Llobregat, Bages, Anoia, etc. Mucho mundo se veía desde este recorrido.
Tal frase fue oída en medio de un frondoso bosque, con flores a ambos lados del camino, robles centenarios, helechos y mucha vegetación. Una postal que, descontextualizada, podría pertenecer a zonas húmedas de sitios situados a mucha distancia. Pero no. Todo estaba allí, soportando humildemente una soledad bien acompañada de bicicletas. Muchas bicicletas que se convertían en un susto cuando aparecían en cualquier curva. Pero sin problemas de convivencia.

En medio del cemento

Allí en medio, debajo de una de tantas autopistas como cuartean Montcada, descargó el autocar a una diezmada tropa de caminantes. 40 plazas para 26 senderistas que anduvieron 25 kilómetros, desde las 7 de la mañana hasta las 13 horas. Sí, historia pura en GRMANIA: la primera etapa que, saliendo en autocar de Terrassa, se empieza a esta temprana hora. Por hitos para nuestro particular libro Guiness que no quede. Más adelante, más récords.
Si de referencias peculiares se trata, más hubo. Por ejemplo, ¿a quién se le ocurre hacerse un chequeo de las ancas andarinas después de la anterior etapa de 29 km? Pues alguien fue a los típicos y profesionales toqueteos y resonancias médicas del tobillo. Y allí salieron los efectos colaterales de los huesos puestos a prueba previamente. Los resultados fueron disparatados. Pero vino a la etapa. Igual que otra GRmana, que acudió rauda y veloz aunque tarde a la cita. Estaba justificada su impuntualidad: tuvo que visitar al Sr. Roca varias veces antes de salir y en su mochila parecían figurar varios rollos higiénicos. O aquella otra GRMANA que manifestó haber quedado “cruixida” después de la anterior etapa, que se ve que progresa muy adecuadamente. También, por supuesto, justificaron su ausencia caminantes que se reponen para empresas posteriores. Desearles buenos arreglos y más ilusión.
Pronto dejamos el cemento para ascender y ver desde arriba lo que habitualmente vemos desde abajo. Una primavera tan lluviosa da muchas agradables sorpresas, algunas a nuestros pies, otras más arriba. El Parc de Collserola es ese pulmón que aún los humos, las diversas poluciones y las otras presiones no le afectan. Esta montaña está llena de sorpresas, tanto mirándola hacia arriba como, en las alturas, entornando la vista hacia la inmensidad del cemento. Muchas fuentes, aunque algunas sólo conservaban el nombre. Otras te regalaban el agua. Curiosos nombres como el de Font de la Mitja Costa.

Pronto, parada gastronómica

Bueno, no tan pronto aunque pocas veces antes de las 10 horas se agitan las interioridades y solicitan sólidos condumios. Antes hubo que ganárselos con más subidas, bajadas, ceder el paso a las bicicletas o al revés, ver a deportistas de todas las edades que se entretenían en ascensos y descensos a aquellas horas, que aparecían los mismos en puntos distintos, observar casas con la herrumbre del abandono, algunas cabañas despistadas con sospechosas señales del placer del momento, copas de árboles muy arriba y atalayas conocidas que delatan dónde estamos. El Tibidabo, el cementerio de Collserola o la torre de ídem identifican la zona. Y tanta masa arbórea contrasta con las vistas panorámicas que te permiten ver muchas comarcas con un simple giro del cuello. La vista cabalga de una a otra y la memoria( o lo que queda de ella) juega a ese entretenimiento de identificación de las poblaciones, a distinguir el velódromo de Horta, esa forma tan sospechosa de Jean Nouvel (la torre Agbar), rondas, barrios, el mar, la vida que discurre allá abajo mientras nosotros, aquí arriba, podemos disfrutar con el sonido de los pájaros, con el verde y con el sexto sentido para la captación de la siguiente bicicleta. Con tanta práctica, a comer se ha dicho.

La parada, ya

Como dijo el coordinador general de esta cofradía andarina, otro hito para la historia. Por primera vez GRMANIA es Okupa. El oasis no era un espejismo. En medio del bosque el grupo se detuvo ante unas sillas que pertenecían a Juaco. De plástico, bastante limpias, con mesas a su alrededor, vacías, allí estaban a disposición del grupo. Pertenecían al Asador Can Juaco, se cogieron prestadas para la ocasión y, al final, todo quedó casi mejor que estaba. Tanta inusual comodidad propició que la imaginación formara un paraíso deseado. Como Juaco aún no había abierto, se echaba en falta la cerveza y los cafés, como mínimo. Hubo que conformarse con conversaciones y con las botas. Hablar por hablar. De entra el repaso habitual a casi todos los temas habidos y por haber, mientras el mundo queda arreglado en cada etapa, las elucubraciones formularon una posible pregunta al futuro miembro de GRMANIA, casi ya con sus posaderas en sede parlamentaria o municipal: ¿Qué hay de lo nuestro? Allí se decía que un buen tema podría ser la demanda de un pequeño local para reuniones y eventos varios. Quienes aspiraban a tanto solicitaban que, caso de que lo nuestro algún día fuera real, lo primero en instalar sería un buen grifo con cerveza de barril y jarras del tipo hincha inglés. Debía de ser un espejismo de lo que en aquel momento no teníamos. La realidad es que seguiremos en sede virtual porque tal GRMANO nunca haría esto “por ética y por estética” (Diario de Terrassa dixit).Más bien nos haría “pedagogía de la convivencia” (sin cerveza). Y los okupas desokuparon el lugar, no sin antes dar cuenta de otro hecho para los anales.

El brillo del acero

El acero comienza a brillar. De hecho, ya se ha visto alguna cheira, albaceteña o pallaresa (navaja) pelando fruta. Quien la trae la usa, la guarda y no hace ostentación. No obstante, en esta etapa hubo acero que fue muy enseñado y presumido. Quien lo llevaba lo acariciaba, lo sacaba y certificaba que había sido importado de Argentina. Pero no sólo eso. Ocupaba el primer puesto de la marcha y, cuando veía que alguien quería pasarle, parecía como que daba a entender que buscaba muescas para la empuñadura. Aunque todo quedó en una figura retórica para gracejo general, como no podía ser menos. Y como de la Pampa se trata, nuestro hombre de teatros varios dejó sobre la mesa la voluntaria participación en banquetes carnívoros preparados por nativos. Y como de otras máquinas también se hablaba, nuestro coordinador general informó de que se dispone de unos instrumentos para “cazar al cazador”, o sea, walki talkies que detectan las transmisiones de los tiroteadores de animales y alguna vez también de excursionistas.

Ocupados en caminar

En caminar para establecer otro récord: llegar a las 13 horas al punto de destino. El dilema: o estar o marcharse el autobús, he ahí la cuestión. Y estuvimos con bastante puntualidad. Pero antes pasamos y vimos todo lo posible: la ermita de Sant Iscle de les Freixes, en una finca privada; muchos puntos altos o turons como el de Valdaura, el coll de Maltall o de la Margarola, y desniveles que parecía que sí existían. De los 40 metros de Montcada hasta el Coll de Vinyassa a 480 metros, subidas y bajadas que aumentaban los desniveles acumulados en una etapa por la que no se daba un duro (o algún céntimo de euro, ahora en estos “tiempos modernos”).
Un recorrido que también tocó poblaciones de postín, núcleos residenciales burgueses en Vallvidrera (230 metros) chalets, torres, urbanizaciones, quintas, paradas de ferrocarriles y aires de “rico en la naturaleza pero muy cerca de Barcelona”. Enfrente de la estación, la historia, una casa, un museo y una sede de un parque natural. Un monumento a Jacint Verdaguer en forma de libro con una peana que decía:

“La poesia és un aucell
que fa soviet volades a la terra”
(Jacint Verdaguer)

Y, enfrente, la casa-museo en donde murió el cura nacido en Folgueroles.
Y, cerca, muchos coches oficiales aparcados. Por supuesto, debían ser de funcionarios del Parc de Collserola. De quién, sino. ¿Qué si había subidas? Pues ahí va la del collet de Can Sauró, a 400m.. Más arriba, Turons de Can Pasqual, a 470. Y, más adelante, a las 13 horas, otro récord, el final en Santa Creu d’Olorda, a 380 metros.
Aquí, parada y no fonda. Un buen sitio muy ambientado por olores a la brasa, una ermita y, por allí debe andar la “Pedrera dels Ocells”, y paseantes que debían refocilarse con olores y sabores varios. Nosotros y nosotras, al autocar.
La jornada económica acabó aquí, con paisajes, deporte, lugares abarrotados, otros aún vacíos de edificios y disfrute en una hermosa etapa aquí al lado.

Como decía John Steinbech:

“La gente es también el lugar donde vive”

Terrassa, 9 de mayo de 2007
http://afondonatural.blogia.com

jueves, 24 de mayo de 2007

Etapa del GR92, entre Coll de Can Bordoi y Montcada

Del realismo de un camino exigente a la magia de una reunión gastronómica y literaria

Grmana y GRmano

Tengo una pregunta para usted:

Después de los dos años que se le han dejado para leer (o releer) la primera entrega literaria de GRMANIA, El Quijote, ¿se atrevería usted a enfrentarse con las siguientes líneas de uno de los principios más famosos de una obra maestra de la literatura: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”?
He aquí el realismo mágico en la historia de seis generaciones de los Buendía, del inventor de un remedio para tener buena memoria (la bebida del gitano Melquíades que ya falta nos hace) que trajo a Macondo el imán, la lupa o el hielo. El principio y el fin de un pueblo y esa soledad que, ni de lejos, quiere para GRAMANIA nuestro jefe de personal, el cual proclamó esa máxima que bien podría figurar en el frontispicio de nuestras mentes senderistas: “Amb GRMANIA mai patirem cent anys de soledad”. 30 millones de ejemplares vendidos, publicado en 35 lenguas desde hace 40 años por un autor que ahora tiene 80 y que hace 25 años que recibió el Premio Nobel de Literatura, enfundado en la guayabera de su lugar natal.
Qué le voy a explicar a usted que no demuestre mi pedantería. Par saber más y mucho mejor, consulten con Álvaro Mutis, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Víctor García de la Concha y Claudio Gullén (en la introducción del libro). Y disculpas para quien, cautivador de damas, esperaba el Kamasutra con imágenes creíbles, algo que se deja para prácticas o intentos íntimos. Y una próxima pista, más adelante, que orienta en dónde dicen que se inspiró el autor para comenzar el libro así. Y otra frase de cosecha propia que imita mal al libro y recoge el acto fundacional de GRMANIA. Todo y más, a continuación.

Casi “pleno al quince”
Casi. Por poco no se pasó a los anales de la ocupación total. 36 personas se enfrentaban a esa realidad sólo conocida por unos puntos en el GPS y por unas hojas que trasladan al papel aquello que uno sufrirá en su cuerpo. Una etapa exigente, muy llena de “colls”, que se extendía por un litoral con buenas vistas pero difuminadas por la persistente niebla, que discurría por las crestas de la conurbanización metropolitana y que acababa con la reunión gastronómica y literaria, en un lugar a la sombra y sentados como nuestras posaderas se merecen. Más de 28 km, 960 metros de desnivel y una fortaleza quye ya se entrena para el GR 1.
Nada más empezar, el camino se inició con un amago de subida y el suspiro en voz alta de quien hacía tiempo que no venía y que caminó ayudado por dos bastones: “Ya empezamos a j…” Ése era el aperitivo para el buffet libre que vendría después, un tobogán con abundantes subidas y bajadas y muy variadas sorpresas de tipo sólido, líquido, gaseoso, humano y vegetal.

Sorpresas sólidas
La principal, la orografía de un terreno exigente el cual, de tan sólido que era, dejó huellas e hizo chirriar algunos engranajes de las rodillas y fue causante de agujetas varias el día después. La ventaja es que ya hay operaciones que, si sus resultados son como los de la recién operada del menisco que iba en la primera línea, podemos caminar tranquilos. Sin embargo, hubo una rodilla en especial que se resintió más de la cuenta y, cuando quedaban pocos kilómetros para el final, casi a la sombra del hospital de Can Ruti, se produjo un movimiento de solidaridad encomiable. Nuestro ilustre rapsoda estuvo bien acompañado en el tramo final, todos muy motorizados. Incluso al final se enorgullecían de haber acabado la etapa en un bar “por prescripción facultativa”: fue uno de nuestros médicos el que les “recetó” una cerveza en el bar más próximo, tratamiento que siguieron al pie de la letra. El terreno, por otra parte, tensó los reflejos, al transcurrir parte del camino por tramos encajonados, profundas hendiduras configuradas por el agua y por los neumáticos de aventureros urbanos con motos de cross. También los dólmenes y restos ibéricos mostraron una solidez verificada por el transcurso de los años y aún siguen en pie.

Sorpresas humanas
Además de la compañía habitual del grupo, sin atisbos de soledad, el buen tiempo parecía que animaba al paseo o a hacer ganas de comer moviéndose, o a justificar la mañana de algún modo o vaya usted a saber por qué uno sale de casa y vaga por esos parques naturales o zonas protegidas a aquellas horas del día. Muchas bicicletas de montaña, muchos maillots con mil y una inscripciones, ciclistas vestidos al uso y con ganas de devorar kilómetros. También, por supuesto, esos quads que tanto se venden ahora y los habituales coches que dejan ese rastro de polvo que, cuando se junta con el sudor que discurre por tu cuerpo, produce una extraña mezcla que después tiñe el agua de la ducha de colores variados. Y personas caminando, muchas más que nunca: en la ermita de Sant Mateu, en la Conrería, por Can Ruti y por el poblado ibérico de Montcada. De todos modos, la sorpresa humana más importante fueron esos cuerpos bien curtidos a lo largo de la temporada, con un aguante y ritmo en progresivo aumento, una consecuencia más del espíritu de GRMANIA. Sin embargo, entre el sector femenino suscitó más exclamación de deseo contenido la imagen de un anuncio del torso desnudo de un bello Adonis que decoraba un anuncio en una furgoneta. “Magic Body” decía el lema de tan insinuante imagen, a la que paseaban por una calle detrás del hospital de Badalona.

Sorpresas líquidas
El sofocante calor provocó un creciente consumo de líquidos, muy bien repuestos en oportunas fuentes públicas, colocadas estratégicamente cerca de zonas de ámbito religioso. Por ejemplo esa fuente en la Conrería, dentro de ese recinto que, en otro tiempo, colmó la sed espiritual de dos ilustres GRmanos en su etapa de joven formación. O aquella otra detrás del recinto monacal de Sant Jeroni de Murtra, encima de Badalona. Con aires más laicos, también se veían esos grandes depósitos que acumulan agua para los bomberos, una sana insinuación a bañarse en medio de tanto calor. Y qué decir de líquidos de otros colores como las rieras que eran afluentes del río Besós, ya cerca del final de etapa. Agua de colores y olores diversos, una secuela más de este montaje de civilización en el que vivimos.

Sorpresas gaseosas
Para qué nos vamos a engañar. No es realismo mágico, es la más cruda realidad. Los malos olores, los excrementos, las aguas residuales también van unidas a la vida. Nos guste o no, Montcada te familiariza con los desechos, con el olor que desprenden y aporta un toque de optimismo cuando se ve la depuradora como tabla salvadora de males mayores.

Sorpresas vegetales
La primavera está que se sale. Y no es por esas conversaciones más o menos subidas de tono. Eran muchas las flores, el verde ya fortalecido, los campos en los que despuntaban las primeras amapolas, esas hojas que estrenaban las verdes tonalidades en los árboles que volvían a vestirse. Llamó la atención la repoblación de viñas en la zona de Alella, buena señal de que su fruto transformado se aprecia y se bebe. Al tacto también le sorprendieron la cantidad de plantas, pinchos, zarzas, espinos que nos hacían reverencias a ambos lados de estrechos caminos, nos acariciaban los sentidos y obligaban a dejar una prudente distancia de seguridad, para evitar el efecto latigazo de esas ramas que cimbrea la persona que va delante. También, variados cultivos, algunos de los cuales pusieron a prueba el bagaje de cultura agrícola de la mayoría, y eso que más de uno hemos sido desertores del arado y, quizá allí es de donde nunca debíamos haber salido. “¿Qué planta puede ser ésa? “Para mí son hierbas, hierbajos, plantas o vegetales” (al final alguien precisó que eran habas). De momento no hemos llegado a confundir un campo de trigo con una enorme pradera o con un campo de golf. Menos mal.

Los vericuetos del camino en forma de “colls”
Los pequeños puertos y su altitud evidenciaban el esfuerzo acumulado. El coll inicial a 315 metros nos recibió para presentarnos a Can Bordoi, a la Torrassa del Moro a 413 metros. Otro coll, el de Parpers, 295 metros, después el de Sant Bartomeu a 385, luego Sant Mateu con su ermita a 488. ¿Vais imaginando la curva de nivel y sus oscilaciones? ¿Más colls? El de Font de Cera a 270, el de Galzeran a 410, el de MOntalegre y su Seminario de la Conrería a 295 metros. Aún quedan más pero, a la bajada, ante los caminantes se le mostraba el hospital Germans Trias i Pujol, Can Ruti de Badalona. Precisamente aquí es donde la rodilla de nuestro querido poeta debió oler a hospital y dijo ¡basta! Con el inmediato movimiento de solidaridad hacia el autobús.

11 años atrás
Detrás del centro curativo se iniciaba el espacio protegido del Torrent de l’Amigó . Un buen lugar para descifrar una inspiración y para proponer otra. Del maestro García Márquez sus estudiosos dicen que, para escribir la frase inicial del libro regalado, se inspiró en la siguiente frase que, años antes, escribió Juan Rulfo en su obra maestra “Pedro Páramo”: “El padre Rentaría se acordaría muchos años después de la noche en que la dureza de su cama lo tuvo despierto y después lo obligó a salir”.
En este tramo del camino nuestro coordinador general se fijó en una vieja y desapercibida casa que podría dar lugar a la siguiente frase pirata, imitando a los maestros anteriores: “El coordinador de GRMANIA, tal día como hoy, al paso por la masía Can Barbeta, del año 1683, recordaría que, once años atrás, el grupo dio sus primeros pasos en un lugar de parecido nombre del GR 5, a las afueras de Sitges, llamado Mas d’En Barbeta”.
Los colls y otros monumentos no acabaron aquí. Aún quedaba el monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, en Badalona, el coll de les Ermites y, al fondo allá arriba, los restos ibéricos de un poblado en Montcada. Ya al final, el río Besós, a 32 metros, reagrupó al sector solidario con el poeta, que había tomado la cerveza, con quienes venían deseosos de catar su espuma.
Del encuentro gastronómico y literario, uno sólo puede hablar sólo de oídas. Por lo tanto, mejor callarse.

Aunque sí quiere recordar aquí la frase del escritor Emili Teixidor que publicó el pasado domingo el diario EL PUNT en la portada:

“Llegir dóna valor al temps”

Evaristo
Terrassa, 24 de abril de 2007
http://afondonatural.blogspot.com



domingo, 15 de abril de 2007

Etapa del GR92, entre Vallgorguina y Coll de Bartomeu

Por El Corredor de la diversidad de vistas


GRmanos y GRmanas,


“Era hermosa, alegre, bonita. Daba gusto ver a tantas personas decentes allí congregadas” (repítase este estribillo cinco veces).

Os dice esto un indecente que no estuvo allí (en Madrid días ha) pero sí aquí. Tal cancioncilla “pepera del de la barba” se puede aplicar a una etapa que transcurrió por el Corredor del Montnegre, en medio de mucha decencia personal y más belleza de los entornos naturales, una diversidad de vistas, un paseo por el filo de dos vertientes que enseñan varias comarcas naturales.
La buena forma física del respetable público activo de esta hornada andarina es más que evidente que existe. Su progresión sólo la detiene el tributo de las esporádicas lesiones o las paradas técnicas para el mantenimiento de las piezas que exigen revisión y puesta a punto, o bien una intensa mano de tres en uno. Sólo hay que repasar la hoja de servicios individual para ver que la superación se demuestra en maratones, medias maratones y convocatorias afines. ¿Cómo se explica si no que once representantes de GRMANIA acudieran a la última edición de los Tres Monasterios y llegaran todos y todas en un tiempo más que decente?
Hasta la actividad física no tiene fin y las aficiones o devociones se extienden por bicicletas, políticas municipales, teatros, buceos, futuras expediciones a duras rutas o a montañas de países lejanos, por ejemplo Eslovenia. Un grupo casi incombustible que a veces necesita de algunas paradas técnicas para el engrase de las piezas.
¿Y qué decir de esa tendencia al adelgazamiento general que no para de tener cada vez más acólitos? Sólo hay que ver de perfil al respetable para observar unas líneas más que estilizadas, aun sin llegar al modelo tableta de chocolate abdominal. Todo se copia. El hecho de que el coordinador general siguiera un régimen tan eficaz sentó un precedente con bastantes seguidores, aunque también con honrosas excepciones que confirman la apreciación anterior. Incluso hubo quienes se quedaron con tallas de camisetas inferiores a su envergadura para obligarse a caber en ellas pero sin estallarlas. O sea, manos a la obra.

Vallgorguina

Con esta introducción tan activa y estilizada la etapa se planteaba como una rutina más. Nadie se quejó de los 27 km y los 1.200 metros de desnivel acumulado. Un paseo a modo de entrenamiento para cuerpos lustrosos y bien paseados. Aunque, para paseo de reconocimiento previo del terreno, la salida que nuestro experto en GPS hizo al punto de llegada. Quería dejarlo todo atado y bien atado y, en un momento de relax de las tareas docentes, nos aseguró el retorno. Buen trabajo una vez más.

Sin dolmen

Por esos avatares de los caminos marcados, el famoso dolmen de Vallgorguina quedó para otra ocasión. Un sitio muy historiado en aquelarres, ceremonias mágicas o espectáculos que no se sabe si son sólo eso o hay más. Ir a ver estas piedras tan bien colocadas representaba dar una vuelta no prevista. No obstante, quien no se conforma es porque no quiere. Bien puesto también estaba el romero florecido en una de las casas adosadas del principio de la etapa. Y bien se fijó en el detalle vegetal la botánica del grupo, la cual admiró que esta especie se asemejara a una planta colgante que bajaba por una pared. Pero no todo quedó aquí. El GPS y su domesticador no acertaban a encontrar el río de Vallgorguina que los satélites marcaban como que debía estar allí. Pues no. Estaba más allá porque su sitio era ocupado por unas cuantas nuevas construcciones que le hicieron cambiar su curso natural. Ya veremos si un día se sale de madre a ver qué pasa.
Lo que algunos sí reconocían era ese terreno inicial, por donde transcurre la Marxassa en dirección a Mataró. Qué experiencias aquellas en que en este pueblo te atienden con una opípara comida una vez hechos más de cincuenta km desde Montseny hasta aquí. Y allí estábamos, enfilando la subida inicial. Un desnivel de más de 400 metros que calentaba los cuerpos y ya te enseñaba desde lo alto ese paisaje que regala el estar situado varios metros por encima de los más comunes de los mortales.
La altura mostraba lejanos perfiles de conocidos territorios, muchos de ellos pisados en esas salidas que te enseñan el otro país de este territorio, o la otra cara de la misma moneda. De los 222 metros de Vallgorguina hasta los 632 de El Corredor, un sitio con restaurante que anuncia su proximidad cuando la pituitaria comienza a oler el perfumado aroma de las carnes a la brasa a tan temprana hora. Como animales de Pavlov, parecía que allí estaba el sitio de la primera parada. Y no. Sólo hubo visita de reconocimiento, lectura de algunos platos de la carta por quienes ya planearon visitas gastronómicas posteriores y reconocimiento de un entorno no muy adecuado como para una parada campestre con bocadillos descubiertos.

La parada

El territorio está muy bien parcelado hasta en lugares como éste, preservados aún de las embestidas urbanas ascendentes de las zonas limítrofes. La presión del ladrillo va subiendo. Y la fuerza de la naturaleza en primavera enerva la sabia vegetal y los campos recomponen el verde perdido. Campos de cereales. Cerezos ya con sus frutos formados. Tantos capullos (sin ofender) a punto de convertirse en esa explosión de colores y de los sabores de las posteriores frutas.
Mientras, la zona de ocio de Can Bordoi acogió la cita obligada con los condumios. Pero no a todos. Hubo quien, explosivo él, no atendió a la parada reglamentaria y se proyectó en la lejanía del camino sin fin. Menos mal que la telefonía móvil, además de para hacer presupuestos o para perseguir impagados, le sirvió para reconsiderar su soledad, retroceder hasta la civilización andarina y reconciliarse con el orden establecido (en la II Trobada).

Más Corredor

La etapa estaba llena de subidas y bajadas continuas, diversas vistas de parecidos paisajes pero desde ángulos diferentes, un espacio apto para multitud de esos vehículos que ya forman parte de la aventura. O bien la aventura son sólo ellos. Debe ser el placer del acelerador y de la frenada continua. Desde el Puig de L’Aguilar, de 525 metros, hasta la Torrassa del Moro (413), y de aquí al Coll de Parpers (295). En medio, aspectos pintorescos como esas casas recicladas en casas de colonias, o esa otra masía con sabor añejo, en donde aparecía una anciana mimetizada casi con la suciedad ganadera del entorno entre gallinas, perros y aperos de labranza. Una versión desgraciadamente más moderna de los avatares del camino en estos tiempos era pensar en Pablo, ese joven recordado con flores artificiales y con la foto de la moto que le condujo hasta la eternidad. Corredores (con minúscula) imitados por quienes te echan de los caminos al empujarte con su artilugio de dos o cuatro ruedas y un potente motor.

La felicidad allí al lado

El final se entreveía pero aún no llegaba, y eso que ya se acumulaban 25 km en las piernas. En medio de estas circunstancias, el coll de Parpers fue testigo de cómo quien no se conforma es porque no quiere. Allí, a la sombra de un monumento a todas las víctimas de la Guerra Civil de 1936-1939, un ilustre y reciente miembro del club de los 50 llegó a esta zona limítrofe entre el Maresme y el Vallès Oriental, situada encima del túnel de la carretera entre Granollers y Mataró, y proclamó un sofisma que se podía comprobar en la práctica: “¡Qué poco cuesta ser feliz!” Estaba viendo una gasolinera ya clausurada y, a la sombra, una pareja de felices ancianos jugaba a las cartas en una mesa plegable, ambos sentados en dos modelos de sillas de tijera diferentes. Se les veía pletóricos y muy animados. Igual que al pagés que pasaba por allí. Llevaba su máquina cargada de estiércol, con los restos de un puro en la boca. Tuvo que parar en la subida para reducir la velocidad y llegar a su destino. Transmitía gran humanidad, paz consigo mismo y felicidad. Lo mismo que aquel ciclista que venía de Alicante. Paró en el coll para preguntarle a los últimos del grupo cómo se llegaba a Corró d’Avall, localidad que algunos de los allí presentes era la primera vez que descubrían que se situaba cerca de Granollers. Y también se le veía feliz en su esfuerzo, él, joven y apuesto, con un cuerpo esculpido por la práctica continua de triatlons. Por lo que se ve, ellos eran tan felices como quienes a punto estábamos de llegar al destino final de hoy, pero a pie.

Parada y fonda

La vuelta pasó por la parada técnica en el tradicional bar. La Roca del Vallès recibió a la expedición en un aparcamiento enfrente del cual, milagros de la tiza, se encontraba el instituto del pueblo y, cómo no, en obras de ampliación. Esta zona y esa carretera hacia Vilanova del Vallès y Montornés, al día siguiente algunos GRmanos la volverían a repetir pero no en autocar, sino con las zancadas propias de una media maratón.
En el bar hubo curiosos descubrimientos y aprendizajes muy significativos. Por ejemplo, en un cenáculo, una dama confundió el juego del Teto con el del Tétrix. Un destacado submarinista le explicó que el Teto es lo mismo que el Aconcagua, pero que éste se practica debajo del agua. O las recetas de las patatas a lo pobre, de la técnica del fumet de pescado y otros manjares que invitaron a prácticas culinarias posteriores. Y eso que no estaba nuestra profesora de gastronomía.
Una etapa, por tanto, decente, alegre, hermosa y bonita.

Como decía Confucio:
“Cada cosa tiene su belleza pero no todos pueden verla”

Evaristo
Terrassa, 28 de marzo de 2007
http://afondonatural.blogspot.com

martes, 20 de febrero de 2007

Etapa del GR92, entre Tordera y Vallagorguina

Una etapa como las de antes en un parque natural como éste


GRmanos y GRmanas,

Incógnitas iniciales: ¿Qué son las cornicabras? ¿A qué vino la frase de que funcionaba mejor con un toque suave y acariciándole el culo? ¿Cómo se hace un link en una etapa mientras se camina? ¿Qué hacían unos GRmanos dentro de unos lavabos femeninos? ¿Se le avecina un peinado fiscal a GRMANIA?¿Por qué hay gente que a este grupo empieza a denominarlo como JARRAMANÍA? ¿A quién le llama “El azote de GRMANIA”?
………………………………………………………


Como, según el refrán, quien avisa no es traidor, los redundantes mensajes preventivos ya alertaban de que esta etapa no sería como las habituales. Más bien recordaría a las de antes, a aquéllas en que subir y bajar no era precisamente pisar escalones hacia una idílica playa. Los expertos planificadores de perfiles ya habían dibujado una curva algo diferente a anteriores recorridos costeros. No se trata de establecer hipotéticas comparaciones entre dificultades anunciadas y supuestas ausencias justificadas. Pero la relación evidenciaba que faltaban caminantes. Se perdían uno de los mejores recorridos por el Parque natural del Montnegre i El Corredor.

Nuevas visitas

Quienes sí estaban eran nuevos espíritus inquietos que visitaban por primera vez a esta hermandad, el día en que se repartió una pieza del atuendo oficial. Nuestro experto en GPS (aparato que ya solicita urgente modernización con relevo obligatorio) se vio no gratamente sorprendido porque ya no era el más joven del grupo. Una joven promesa, vástago de ayudantes del jefe de personal, le quitó ese pasajero privilegio (“juventud, divino tesoro”). Un joven arquitecto muy viajado acudía a cobijarse en un grupo andarín que destaca por lo que para su profesión no tiene, o sea, no edificio físico y sí sede virtual. Pocos planos de edificios reales nos podría diseñar. Sus viajes por medio mundo parecía que necesitaban redimirse en un largo paseo con esta compañía. Aires jóvenes, cultos y con mucho futuro. Semejaba que tenía que haber recorrido medio mundo para descubrir a estos viajeros a pie de aquí al lado.
Y, alerta, nuestra segunda nueva visita pudiera levantar ciertas sospechas debido a un inocente mensaje que este plumilla difundió por la red con mucha inocencia y nula picardía. Este chico para todo tuvo el atrevimiento de anunciaros que había pagado la estampación de las camisetas con el perdón de cierto tributo a la Hacienda somos todos. ¡Válgame Dios! Tal atrevimiento digital pareció retar a esta noble institución y, si tú no vas a ella, ella viene a ti y lo puede hacer disfrazada de aplicada caminanta. O sea, una persona de la alta inspección central de Hacienda se presentó de incógnito, mientras los más incautos se referían a los volátiles billetes de quinientos euros, los ahorros por no olvidarse de satisfacer algo obligatorio o el último ladrillo contratado. Aviso a navegantes: ¿se avecina un peinado fiscal a los añejos legajos con las cuentas de GRMANIA desde hace más de diez años? Imaginamos a nuestro coordinador general clasificando, sumando y cuadrando cifras, como en sus añorados tiempos de bancario. Menos mal que, a requerimiento de este nervioso recadero, dijo que en esos momentos estaba fuera de servicio. De todas formas, demostró buen hacer, mejor caminar y, por tanto: bienvenida al club.

El inicio

La imagen inicial de esta etapa, como pasa casi siempre que hay invitados, fue de cierto caos. No deja de ser una buena y no estudiada táctica que desmoraliza al principio para, después, enmendarla y perfeccionarlo todo hasta la apoteosis final, es decir, la jarra de cerveza. También hubo nervios cuando el autobús se enfilaba por un camino de tierra. Quien quería sudar veía peligrar sus esforzados deseos porque el vehículo no se detenía y ya la adrenalina se disparaba. Las afueras de Tordera aún muestran campos de cultivo. Ojalá que el monocultivo del cemento no suplante pronto a los vegetales. Porque Tordera sufre la vorágine constructora de quienes no llegan a los precios de la costa y se conforman con sucedáneos en el interior. Encontrar el camino fue a salto de mata, se sortearon obstáculos y hasta hubo quien ya de buena mañana lavó uno de sus pies sin quererlo. Las marcas pronto aparecieron y ya se recuperó la confianza.
Las pistas fueron los caminos habituales en un parque único, cercano y, a la vez, alejado del mundanal ruido. La incursión en el parque del Montnegre produjo esa sensación de estar rodeado por una gran aglomeración humana por casi todas las partes menos por donde tú estás. Representa un privilegio estar en un espacio como éste, con castaños y hayedos desnudos que te recuerdan zonas más alejadas a pesar de estar cerca del mar, desniveles acumulados que hacen mella en las fuerzas si bien rellenan los pulmones y el ánimo de los beneficios del aire libre de los grandes espacios. A un lado el Mar Mediterráneo, al otro el macizo del Montseny y , en medio, poblaciones y grandes urbes. Más cerca de los caminantes, dos aguerridos atletas que ya estaban de vuelta, algunas motos, bastantes bicicletas, cazadores con un fuego encendido allí en medio y muchos de esos vehículos a los que el gobierno quiere prohibir que se salgan del asfalto.

El intermedio

La primera subida fue continuada hasta llegar a Hortsavinyà, a 492 metros. Casas dispersas, una iglesia, un centro de esos que ahora se llaman de “interpretación del medio” y una escuela con placas solares y tecnologías por satélite. Y un espacio con frías mesas que acogían a quienes iban llegando. Pronto el descanso se animó, y más cuando empezaron a circular las dos botas. Hubo quien recibió consejos para convencer a este recipiente de que se le da más gusto al usuario receptor del líquido si sabe tocarle y acariciarle el culo como se merece. La tertulia fue animada y distendida, hasta que la orden de partida nos enfrentó con una realidad que subía y bajaba. Preparaba a un nutrido grupo para empresas posteriores como los Tres Monasterios. Mientras, la vegetación caducifolia dejaba ver a esos almendros que, ya florecidos, se adelantaban a don Isidoro Álvarez cuando su gran almacén nos presagia, un mes antes del evento meteorológico, que ya es primavera en…

La continuación

La ligera subida post-desayuno sorprendió con el coll de Sant Benet, de 550 metros de altura. Un cruce de caminos con un pedestal en el que algunos ciclistas emulaban estatuas. Se hacían fotos adoptando posturas diversas con la bicicleta en el aire. Nuestro coordinador miraba con deleite y sana envidia tal proeza y pronto nos sorprenderá con la digitalización de su cuerpo encima de esas piedras, a modo de escultura viviente. Mientras, la primera línea o avanzadilla se acercaba a Sant Martí de Montnegre, un santuario espiritual y otro gastronómico cerca, situados a 476 metros de altura en medio de las 15.010 hectáreas del Parque Natural de Montnegre i el Corredor. En este punto se produjo una espera del grupo y se comprobó que también los walki talkis necesitan un recambio por un equipo de transmisión más potente. También los recuerdos de algunos andarines identificaron esta zona como el lugar en el que hay un abundante refrigerio durante la Marxassa, con cubitos de hielo, vermú y abundantes aperitivos incluidos. Esos individuos hasta husmeaban por los alrededores por si aún se podía ver (y, mejor tocar) a la chica de Martini. La espera para la unión grupal sirvió para que el experto en GPS colocara una marca en el suelo. Tan metido está en temas tecnológicos que a aquello que antes se hacía, que era marcar con un palo la flecha de la dirección en el suelo, ahora se le llama “link”. “Cosas veredes, amigo Sancho…”
La amplia pista condujo hacia el destino final. Aún quedaban restos de antiguas carboneras a los lados, vegetación mediterránea y un camino muy bien marcado. Invitaba a trotar, a hablar y también a despistarse y perderse. Eso se produjo entre las primeras unidades cuando, llegados a Can Mora no vieron el firo a la izquierda y siguieron adelante. Les hubiera hecho falta otro link en el suelo o más observación de las marcas. Al fondo estaba el destino final, a 222 metros Vallgorgina, un pueblo con rituales de brujería y el dolmen más mediático de Cataluña. Pero no así ese bar que nos acogió.

El final

El experto en otear este tipo de establecimientos públicos nos condujo a un sitio lleno de sorpresas. La principal, un sitio descuidado, con lavabos indecentes y un servicio de barra incalificable. El acomodo fue en zona de sol y de sombra. El autocar tuvo que acercar a este lugar una carga especial: artesanas aceitunas muy bien aliñadas por una pareja de expertos en este arte y la habitual tabla de embutidos preparada por la mujer de… La presentación en sociedad del fruto del olivo dio lugar a una conversación muy técnica sobre clases de aceitunas. Se decía que la allí presente tenía un nombre muy sugerente: cornicabra. Mientras la comida transcurría a la espera de la diligencia del servicio de barra, alguien creyó ver a unos GRmanos dentro del servicio de mujeres. Y lo hacían pendientes del entorno, como si pudieran ser cogidos in fraganti en cualquier momento. Alegaron después que tal operación clandestina era por la carencia de agua en la otra zona de los excusados. Lo que sí corrieron fueron las jarras, esos objetos que destacan en el calendario y que algunos extraños fusionan con nuestra denominación, con lo que crean otro nombre diferente en la forma pero parecido en el fondo: JARRAMANÍA.
A los postres se abrió el mercado de la camiseta marcada, con el reparto esperado y con algún pase de modelos textiles que, unas veces encajaban en los cuerpos y otras no. Como muy dice nuestro estimado Ginés, residente ahora en Lois (León): “¡Cómo se ponen los cuerpos con los años!”
La colecta de la cuota económica se vio incrementada por la espontánea colaboración de unos hermanos checos y eslavos que estaban en la zona de sombra. Debieron quedar tan sorprendidos de un evento tan extraño para ellos que patrocinaron al grupo con cinco euros, a fondo perdido. Por supuesto que es una prueba más de la capacidad de acoger a nuevos y extraños en un grupo sin fronteras.
Como muy bien declaró Alejandro González Iñárruti, director de la película “Babel”: “Mi película no contesta a la pregunta: ‘¿de dónde soy?’ sino más bien a la de: ‘¿a dónde voy?” (…) “Las auténticas fronteras, más que líneas físicas exteriores, están dentro de nosotros, son barreras del mundo de las ideas” (…) “Lo que nos hace felices como seres humanos puede ser muy diferente, pero lo que nos hace desgraciados y vulnerables, más allá de la cultura, la raza, el idioma o el nivel económico, es lo mismo para todos”.

Evaristo
“El azote de GRMANIA”
Terrassa, 14 de febrero de 2007
http://afondonatural.blogspot.com

jueves, 1 de febrero de 2007

Etapa del GR92, entre La Pobla de Montonès y Tarragona

Etapa del GR92, entre La Pobla de Montonès y Tarragona

Una de romanos y muchas de calçots


GRmanos y GRmanas,


El primero, un coche Mercedes. El segundo, un monovolumen usado para transportar a directivos de empresa de ida o vuelta al aeropuerto. El tercero, un autobús de 40 plazas. Parecía una expedición bien organizada y numerosa, con objetivos del más alto nivel. Alto, alto sí que lo era: lo que daba el brazo para levantarlos, descapullarlos, mojarlos y engullirlos.
¿Cargamos? dijo la conductora, expresión que inquietó a usuarias que no entendían el argot de la profesión: cargar y descargar (humanas personas, se entiende). Aún provocó más nuestra transportista cuando nos consultó qué nos parecía si le escuchábamos otra expresión habitual: “¿Hago hoy un servicio?” Aclaró que tenía otro sentido que el grito de guerra de los nocturnos y eróticos alrededores del Nou Camp, por ejemplo.
Ya cargados todos y todas, sin el Mercedes inicial, la dirección concreta era un recorrido preparatorio para justificar los condumios posteriores, sentados a cubierto con cuchillo y tenedor. Una historia de romanos, un santuario y muchas, muchas tejas llenas de calçots.

Hacia abajo

La ruta señalada discurrió paralela a ese pasillo mediterráneo por donde las huestes romanas ya se movieron hace muchos años. Ahora aquella “Via Augusta” ha dado paso a muchas carreteras, viaductos y trenes de baja (la más abundante) o alta velocidad. Las señales de que la voracidad de la civilización no quedará así se comprobaban en las talas longitudinales de vegetación, también paralelas a la antigua vía romana. Al destruir para construir se le llama transformar.
Pero lo nuestro era caminar, sin dejar más huellas que las pisadas. Uno de los caminos después de Altafulla sirvió para comprobar sobre el terreno la temperatura ambiente: en la tierra del suelo los charcos helados así lo demostraban. Los avellanos desnudos y esa vegetación tan típica como el palmito, el algarrobo y algunas viñas se alternaban con los pinares que aún sobreviven a las talas y a los estivales incendios.
La referencia al asfalto era evidente: el tráfico rodado evidenciaba la movilidad continua de la ciudadanía, la libertad de desplazamientos y, para mentes aburridas, entretenerse en imaginarse adónde irá cada vehículo a esa velocidad (se supone que controlada por el carnet por puntos).
Mientras el camino se hace al andar, nos acercamos al primer objetivo cultural programado, ese sitio que es monumento histórico-artístico desde 1931, el Médol. Unos restos romanos cercano a un área de servicio de la red de “Medes”, simbolizada con una palmera. Nada que ver con el obelisco de 16 metros de altura que señala el inicio de la extracción de piedra romana, de donde se dice que sacaron 50.000 metros cúbicos dejando un agujero de más de 200 metros de largo. Se supone que la sangre, el sudor y las lágrimas de tanto esfuerzo perteneció a tantos esclavos que sucumbieron para que hoy todos admiremos el arte romano de Tarragona, sin apenas imaginar a tanta gente anónima que allí pereció “al servicio de…”
Fue una de romanos con prueba pericial incluida. El personal nunca se pudo imaginar la imagen dada a causa de una inoportuna pared que franqueaba el paso. Por la parte de atrás se instaló la “culocracia” (por dónde sino: por atrás), muchos traseros altivos preparados para el impulso. Por delante, foto y clamor popular. Si lo hubieran visto aquellos romanos, el salto no hubiera quedado sólo en eso. Como efectos colaterales, aparte de la instantánea digital, crujido de rodillas y algunos huesos temporalmente desencajados. Menos mal que faltaba poco para el refrigerio a modo de desayuno.

Tentempié inicial

Hubo que sortear la autopista para situarnos en un lugar despejado y con sol. Imitando quizá al obelisco de El Médol, los más osados y osadas degustaron sus bocadillos encima de los restos de un promontorio de cemento. Oteaban un panorama gastronómico bastante uniforme y, también aquí, las máquinas trituradoras de antiguos paisajes aplanaban los espacios para más asfalto. En medio, carteles alusivos a El Médol allí, solos, cubiertos de polvo. En uno, patrocinado por nuestra tienda francesa de moda deportiva, se loaban contemporáneos proyectos en el solar de la pedrera romana. Ejemplos: un concierto de música celebrado allí cuando se declaró Patrimonio histórico. Otro, fallido: el President Macià quiso levantar ahí un monumento “Als Catalans Ilustres”, pero todo quedó en la utopía política. Nuestra realidad era un camino con sorpresas.

De subida

Con los cuerpos más o menos acondicionados, el camino iba sorteando más obras, pueblos y subidas. La respuesta del respetable fue la adecuada. Lamentar sólo uno de esos gajes del oficio, como fue la lesión de una cuidadora profesional de nuestra salud. Desearle una buena recuperación y su pronta reincorporación al servicio de guardia de GRMANIA. Lo demás, lo de siempre. La subida, con esos jadeos propios del esfuerzo y hasta con sudor. El rellano urbanizado sirvió como punto de concentración y de permanencia de las responsables de primeros auxilios. Allí esperaban al vehículo de rescate, operación que se convirtió en una aventura llevada a buen puerto gracias al dominio de la orientación de nuestro coordinador general. Ni GPS ni nada. Para llegar a ese punto utilizó instrumentos manuales de oteo. Tuvo que encaramarse a lo más alto de un pino, asombrando a los allí presentes por su banco de recursos en última instancia. Mientras, el resto ya había tomado posesión de un santuario que dio mucho de sí.

Lorito o Loreto a la vista

Nadie podía imaginar que aquellos cuatro helicópteros que ronroneaban en lontananza fueran como un preámbulo de un santuario relacionado con el vuelo. Colocado allí arriba, el primer recibimiento era un monumento que la aviación le dedicaba a esta virgen, su patrona. Encima de aquella loma, bien soleada y mejor aireada, el edificio en sí era atractivo, colocado en una explanada con el mar al fondo, con un polémico movimiento de obras en medio y con un centro religioso italiano.
La larga espera hizo volar la imaginación y el entorno ofrecía algunos atractivos lingüísticos dignos de destacar. La pared de la entrada, cerca de las aspas del avión, recibe al visitante con una frase como si allí hubiera ladrones de bicicletas: “La teva oblidada bici potser la seva millor eina”. Después aclaran que se recogen bicicletas para la Ciudad de los Muchachos de los Padres Rogacionistas en Manila (Filipinas). Más adentro, la pared del centro religioso expone un rótulo con la cara y el nombre del fundador italiano, Aníbal Maria di Francia y una frase del evangelista Lucas: “Preguem l’amo del camp envii obrers a les seves messes” (Lucas 10,2) e iba firmada por las “Hijas del Divino Celo”. Parece ser que esta frase enervó los ánimos y, por aquello de entretenerse, sirvió para curiosos juegos lingüísticos y diversos matices semánticos. Ya dentro del santuario, llamaba la atención algunas incompatibilidades de las nuevas tecnologías (ya viejas): “Para hablar con Dios no necesitas el teléfono móvil. Apágalo, por favor”. Parecían no saber que “La vida es móvil, móvil es…” Ya sabéis para qué no sirve el celular.
Lo que sí sirve para mucho es ese terreno excavado que se veía entre el santuario y el mar. Podía ser como un Médol romano de ahora. Pero no. Era mucho más, uno de los grandes escándalos inmobiliarios de la zona. Se llama “Terres Cavades”, 101 hectáreas previstas para construir 5.000 viviendas y 20.000 personas más en un futuro. Todo ello gracias a complicidades políticas del ayuntamiento de Tarragona con ese ya habitual entramado de constructores. Quizá era aquí a donde esos especuladores enviarían a aquellos obreros que aparecían en la frase del evangelista Lucas. A los amos de esos campos les enseñaban planos en los que siempre pasaba un vial por encima de su casa. Así vendían sus terrenos. Otra Marbella más, muchos más Pacos el Pocero. Y van…

Muchas tejas de calçots

El último monumento programado, otra de romanos, se tuvo que contemplar desde el autocar. No había tiempo y el destino nos esperaba con retraso. El multitudinario recinto ya estaba muy ocupado, quizá no por aquellos jubilados de Lloret y Blanes vistos durante la etapa anterior. O sí. Mesas dispuestas con salsa, babero y guantes de plástico para auscultar los calçots, mojarlos e ingerirlos después. Respecto a la comida, la normal en estos casos. Tejas y tejas de este tipo de cebollas, con la vista hacia arriba para conseguir un encaje perfecto entre la boca y el calçot. De los fallos dio fe el babero, la mesa y el mantel. Mención especial a esas legumbres que el humorista del grupo definió como “las aflojatodo”. En cuanto a la calidad, división de opiniones como en los toros: hubo palmas y ciertos pitos por parte de los paladares más exigentes, los cuales observaron ciertos defectos de forma culinaria. Si se repitiera en otras ocasiones este tipo de reuniones gastronómicas, se sugiere que las personas que se mueven en estos entornos aporten ideas de sitios cuya relación calidad precio entre dentro de un presupuesto ajustado. También estaría muy bien que otras voluntades pudieran gozar del “placer” de coordinar movimientos de masas de este tipo. Y, cómo no, después de la comida hubo seguimiento de algunas piezas musicales por las parejas más atrevidas que se lanzaron al ruedo del baile. Y algunos, desde la mesa, cuchicheando sobre mira quién baila con quién.
Mención especial para Aina, presentada en sociedad en medio de la sala, un encanto para GRMANIA y también para aquella tercera edad que se deleitaba mirándola. Colaboraremos para que tu futuro sea el mejor posible.
Y la despedida con un pensamiento que habla de búsquedas, conocimiento y recorridos. Lo ha escrito Javier García Sánchez en su último libro titulado como la montaña, “K2”:

“Ya no más vías de ataque sino sutiles y prudentes recorridos de búsqueda, pues si aquéllas dan efímeras glorias, éstos reportan el conocimiento certero”


Evaristo
Terrassa, 29 de enero de 2007

jueves, 18 de enero de 2007

Etapa del GR92, entrte Tossa de Mar y Tordera

Los últimos paseos invernales del GR92 por la Costa Brava, bajo los efectos del cambio climático y del INSERSO


GRmanos y GRmanas,


Año Nuevo y otra vez a la acostumbrada tradición de equiparse, madrugar y partir. Pero con los efectos de tanta celebración pegados al cuerpo. Son esos añadidos laterales que cuesta tanto despegarlos de cinturas, dorsos y similares. Y de nuevo el absentismo caminante se dejó notar, con faltas notables de algunas personas que se quedaron postradas mientras hacían volar su imaginación o su móvil para saber por dónde andarían aquéllos, “y yo aquí, triste y cuitado que vivo en esta...”
Pero también hubo quien se quedó sin GR por otras causas y proyectos de vida muy interesantes. Por ejemplo, ella y su mejor regalo navideño, calificado éste de forma cariñosa por su abuelo como “la amarilla”. Un saludo para Aina y, “bienvenida al club”. De países lejanos también hubo visitas notables. Los dominios de GRMANIA se extienden hasta las antípodas. Nueva Zelanda estuvo representada en esta etapa, con lo que se demuestra que la internacionalización es evidente e imparable.

El camino
Las 32 almas allí presentes se movieron por territorios cada vez más cercanos al punto de salida. La habitual carretera dio paso a otros desvíos que poco a poco hacen olvidar la línea de mar, aunque en esta ocasión sí se contó con su presencia. La quietud de la mañana y los últimos estertores de la noche ofrecían un amanecer con un cielo despejado. Las composiciones luminosas provocadas por múltiples reflejos rojizos dibujaban un cielo lleno de efímeras líneas de colores, un cuadro con poco tiempo de vida. Hasta el día siguiente.
En una curva de la sinuosa carretera de la costa, antes de llegar a Tossa de Mar, el personal empezó a moverse por la última etapa de la Costa Brava, la cual desembocaría en donde le asignan el nacimiento a esta abrupta y hermosa línea, Blanes. Una línea extendida que pronto buscó las marcas habituales y empezó a conocer tantas construcciones como uno se pueda imaginar. Más de lo mismo. Pero que no cunda el desánimo: aún quedan huecos por edificar.
Las subidas y bajadas de esta etapa destacaron por multitud de escaleras accesibles para suelas en perfecto estado. Los escalones conducían al fondo de las calas, con desniveles muy considerables y sin la confianza que aporta una barandilla. Las chanclas veraniegas se supone que algún susto habrán dado por estos terrenos tan empinados. Nadie del grupo solicitó los primeros auxilios, señal de que se sabe dónde se pone el pie. Nombres de calas atrevidos como Cala Morisca convivían con otros como Cala Canyelles o Cases de la Llevantina.
A medida que pasaba el tiempo empezaron a aparecer esos seres llamados por algunos “unidades de gasto”, personas de edad bastante adulta que pueden acogerse a baratas vacaciones en temporadas turísticas de vacas flacas. En principio era un continuo goteo de gente que anunciaba dónde estaría el grueso del conjunto. Como ellos ya habrían desayunado, los caminantes allí presentes pararon en un lugar con buenas vistas para satisfacer algunas de sus necesidades básicas.
El sitio era uno de tantos de postal, en un camino de ronda muy urbanizado, quizá pensando en las jubilaciones. En una curva con buenas vistas se produjo la parada para repostar. Unos, dentro de los límites y otros (y otras) fuera, rozando el vértigo dada la caída libre del acantilado. En un ambiente distendido, quien más quien menos miraba abajo y al fondo pero hubo quienes enfocaron las bifocales hacia arriba. ¿Qué había? Una casa de atrevida construcción de la que sobresalía una planta de forma triangular. El hecho de quedar en el aire, casi encima de nuestras cabezas a modo de lejana visera provocó una retahíla de especulaciones que iban más allá del entretenimiento (o de hablar por hablar): se elucubraba con quién la construyó, dónde se pondría el andamio, quién sería el propietario sin vértigo o quién barnizaría aquella madera que se vislumbraba tan arriba. Al lado de esta casa, otra con un balcón con tres cariátides, tres frías observadoras de aspecto gélido que nunca se inmutaban.
Entre tantas especulaciones arquitectónicas, a ras de tierra se produjo un hecho físico con susto y daños colaterales. Dos leoneses probaron la ley de causa-efecto y, sin quererlo, hicieron volar por los aires unas aceitunas artesanales de Aragón gracias al impulso de un buen vino. Aquí se cumplió ese principio de juristas de a pie que dice: “La causa de la causa es causa del mal causado”. Traducido: beber por una bota y bajarla con energía al acabar es capaz de impulsar un recipiente lleno de aceitunas si éste se interpone en el justo momento de la bajada. La desastrosa consecuencia se pudo ver por los suelos. Un hecho fortuito que animará a la propietaria de las aceitunas a traerlas otra vez pero con restricciones de uso según para quién.

Lloret de Mar
“El tiempo que tenemos ya es limitado” fue la primera frase oída a dos jubilados que hacían ganas de comer con un paseo por las afueras de Lloret, por un GR que a su edad desconocían qué era eso. Eran muchos y seguro que más tranquilos que las hordas de jóvenes europeos que llenan este lugar en verano para beber al máximo y tostarse más. Los efectos del INSERSO se dejaban notar en un día espléndido. El público caminaba y observaba esa población flotante que llevaba buen paso y que atravesaba el paseo marítimo con mochilas. Quizá despertaran las envidias entre aquellos GRmanos que cada vez más mencionan la palabra jubilación o ya van tachando los días transcurridos en su calendario mental. Algún día nosotros seremos ellos y otros serán nosotros.
La salida de Lloret condujo al grupo a visitar a una señora al alcance de la mano. El monumento a la Dona Marinera ya estaba ocupado por más jubilados que la miraban a ella, tan espléndida y descocada. Foto de rigor, piruetas para sostenerse al lado de ella y magníficas vistas del entorno mientras las bromas de la tercera o cuarta edad componían un agradable sonido ambiente.


Más allá de Lloret
Este territorio era muy conocido por GRmanos que tienen ladrillos aquí en propiedad. Daban fe de su reconocimiento del entorno hasta prediciendo que en un lugar concreto habría muchos gatos de buen ver y mejor alimentar. Allí estaban. Incluso informaba de que a menudo venía a su propiedad a regar un ficus. Pronto las lenguas viperinas especularon con supuestas versiones más lúdicas y ociosas de estos desplazamientos en solitario a lugar con tanto jolgorio.
Más allá, después de los jardines de Santa Clotilde, una moza anunció una cala a la que, en sus tiempos jóvenes, venía a lucir sus tributos sin ningún tipo de paño en el cuerpo. Tal cala ella la denominaba la “Cala Guarrilla”. La cala bautizada con el topónimo de Boadella estaba operativa y hasta demostró que aún acogía a no textiles. La prueba eran las dos personas que, con esta temperatura, se comportaban con total naturalidad y sin paños.
El castell de Sant Joan, a 173 metros de altura, fue un lugar de esos inolvidables por las vistas que ofrece. Desde este punto asomaba a lo lejos el todo Blanes, enfrente todo el mar y, atrás, parte de ese casi todo que ya se había recorrido, por ejemplo con los jardines Marmutra. Un arco muy bien puesto componía una curiosa fotografía que seguro que figurará en muchos archivos de turistas. Después, escaleras y más empinadas escaleras hasta llegar a los 10 metros de altura de Blanes. En medio, algunas casas con diseño de revista de arquitectura o de suplemento dominical. Y, en Blanes, ¿qué había de especial? Pues ellas y ellos, el paseo marítimo lleno de esas edades a las que todos deberíamos llegar en el mejor estado posible.

Hacia Tordera
La parte final fue apta para quienes se entrenaban para marchas posteriores. Terreno llano, con plantas de acelgas y de alcachofas en medio de campos que descansaban hasta el próximo cultivo.
Pronto Tordera apareció y produjo un suspiro de placer para quienes ya le pesaban demasiado los 27 km recorridos en una etapa después de los ágapes navideños. La avanzadilla tuvo trabajo en buscar el único establecimiento del pueblo con sitio para tantos a esas horas. Allí a las afueras, en “Casa Lucas” discurrió la comida a una hora más tardía de lo habitual. Los postres, como siempre, abundantes y con algunos condumios navideños. Se observó a más de una persona que degustaba plátanos. Buen detalle para entrenarse para la próxima etapa con los calçots. Estos vegetales dan mucho de sí y siempre han sido buenos símbolos de tantas sanas y placenteras prácticas.
No todo acabó aquí. Las nuevas camisetas dieron lugar a un descubrimiento de torsos masculinos. Sobre los femeninos, ninguno, aunque una moza, con su habitual desparpajo y gracejo extremeño manifestó que más vale que a una le sobre que no que le haga falta. ¿Qué será?
La primera etapa del año acabó bien, con un final que fue el principio de la nueva y técnica indumentaria que pronto se pondrá en marcha. Quizá esas camisetas puedan ser un símbolo más de cambios y de progresos. De mejoras que hagan mirar adelante y perseguir otras.
Porque, tal como el presidente de Apple, Steve Jobs, dijo la semana pasada en San Francisco, parafraseando a un gran jugador de hockey hielo:

“Yo patino hacia donde va la pelota, no hacia donde ha estado”

Evaristo
Terrassa, 17 de enero de 2007
http://afondonatural.blogspot.com

miércoles, 20 de diciembre de 2006

Etapa del GR92, entre Sant Feliú de Guíxols y Tossa de Mar

Entre nieblas, lomas, comidas, cavas y canciones

GRmanos y GRmanas,

Como tan bien nos recordaba nuestro coordinador, muy atrás queda ya aquella fecha en que Tapiocas coroneles y sus huestes de descamisados ponían una pica en Flandes, o sea, en el mas d’En Barbeta, en aquel añorado 1996, en donde se fraguó una cruzada excursionista que llega hasta nuestros días. Pues sí, todo continuó hasta este pasado sábado, en el que el cierre de la década, bien regada con cava de denominación de origen GRMANIA, demostró que la suma de voluntades y el interés más desinteresado da lugar a curiosas experiencias como ésta.
Si hoy en las mejores escuelas de negocios se estudian con interés fenómenos digitales como los de la Bruixa d’Or, Google, flikr, You Tube, Ebay, Del.icio.us o Barrabés entre otros, quizá un día en las escuelas de relaciones humanas (reales: no digitales) se curiosee sobre este grupo y se mencione como mínimo con una nota al margen que aún es posible confiar en la bondad humana bajo la disculpa de caminar al aire libre. O en hacer realidad el “conditio vocat optimes”, también abierto al segundo lema de nuestro cava: “bibito amice quia vita brevis est”. O, más modernos y mediáticos, en recurrir al “Be water, my friend” que, si estuviera aquí Bruce Lee, no andaría muy desencaminado de nuestro lema andarín y filosofía grupal. Aunque, barriendo para casa, nos podemos conformar con la cita de nuestro mentor principal, que bien pudiera figurar en el frontispicio de nuestros ánimos: “GRMANIA és una SINÈRGIA que genera un ambient humà difícil de trobar en dinàmiques col•lectives”

De camino al inicio

En este final de año vamos al principio del camino. Mucha gente congregada por esas sinergias acuden y casi llenan el autocar más grande del curso. Nuevas caras bien acogidas en su ceremonia de estreno, otras ya conocidas pero que se habían ausentado por esos avatares de la vida. Las más, las habituales. Y también algún retraso de dos mozas a las que se les emparentaba con supuestos gañanes nocturnos. La regla de los trajes largos se confirmaba con la excepción de uno de los miembros fundadores del grupo, que paseaba y presumía de sus canillas bien formadas. El único con pantalón corto en diciembre, él que sigue los consejos y entrenamientos de su instructor particular, destacado miembro de GRMANIA y uno más (ya muchos) de los que casi estamos empadronados en el Club Natació Terrassa por tanto acudir a
él. Poco a poco las paradas recogían a caminantes que se dirigían una vez más por la misma carretera al lugar de autos.
Desde septiembre es la misma. Nos ha enseñado los árboles vestidos, de colores otoñales y ahora desnudos. Nos ha mostrado sus campos amarillentos, después marrones y ahora verdes. El cielo limpio ha dado paso a las nieblas y brumas que dejaban entrever sin ver del todo, que mostraban el paisaje por su poder de insinuación. De las carreteras y zonas turísticas llenas hemos pasado a ese barbecho que hará florecer de nuevo a nuestros necesarios visitantes cuando llegue el buen tiempo. Aquí, ahora, tanta tranquilidad parece una anormalidad, pues lo normal para estas costas parece que es el atiborramiento humano estival. Y ahí estamos las 47 personas en activo, dispuestas a partir desde Sant Feliú de Guíxols hasta Tossa de Mar.

Del inicio al final

El redondo y encendido sol ya comenzaba a despuntar al fondo, allá en la playa de Sant Feliú, con la imagen de una palmera en primer plano que componía la típica postal del desierto, si no fuera porque una grúa se erigía como un impedimento dentro del encuadre. Las palmeras y la vegetación de las afueras del pueblo dejaban al descubierto lo poco que aún queda del entorno rural. Viejas casas que no aguantarán la presión de las rotondas, restos de esa curiosa ingeniería rural como son los depósitos de agua al descubierto, las aspas de esos artilugios metálicos que, volteando al viento, extraerían el agua o molerían los granos. En medio de las cañas del camino, de excrementos de perros y de algún que otro vehículo a motor, allí aparecían las marcas del camino hasta que, en una curva, los hombres de delante condujeron a la tropa a un rumbo equivocado. Al parecer, ellos iban elucubrando con bellas y lozanas Dulcineas y no se dieron cuenta de que el entuerto se debería deshacer volviendo para atrás y enmendando el desliz.
Los caminos costeros parecen un engaño encubierto. Se presentan como si la llanura fuera su razón de ser y después los soplidos y los sudores verifican que las subidas y las bajadas son continuas, que las lomas están ahí. Ni la font de la Guilla fue capaz de saciar la sed. No son tiempos como para regalar agua en estas zonas. Del nivel de cinco metros de la salida, hubo que tensar músculos para llegar al Coll del Vidre, a 380 metros, o al coll de l’Escorpí, de 370, o al coll d’en Barraquer, a 330 metros. La vegetación mediterránea oculta muchas formas de vida, alimañas y también algunas especies pensantes pertrechadas de armas de fuego que, ya por el solo hecho de pasearlas, obligan a uno a ajustarse mejor la tapa de los sesos. Por si acaso. Allí estaban, a la búsqueda de jabalíes y de becadas que eran un objetivo a batir para posibles ágapes navideños. Y, como de alimentos hablamos, parada y fonda al sol, cara al mar en una pendiente que nos hace imaginar allá a lo lejos que ahí debe estar lo que los antiguos llamaban “La bañera de Ulises”: el mar Mediterráneo.
Al ser más los caminantes degustadores de platos varios, también aumentó la oferta de éstos y los bombones, dulces y otras especialidades navideñas asomaron de sus envoltorios, todo ello regado por estimulantes tipo té y café. Por los aires circulaban atrevidos olores de amantes de los placeres con nicotina. Ellos, que destapan envidias por pertenecer aún a la especie que incinera cilindrines y perfuma con los aromas de los caliqueños las conciencias de antiguos fumadores con algunos momentos de debilidad.
La partida siguió su rumbo previsto, sin confusiones, por en medio de masías ya en ruinas como Can Codolar o can Cabanyes de Montagut, denominación que verifica que pasamos por el coll de Montagut, al lado del fotografiado menhir de Can Llach y después otro más, el de Monitor. Cruces y giros, esperas porque el grupo se estira tanto que algunas parejas del final parecen desparecidas en la espesura del bosque. Mientras, amantes de los hongos muestran sus cestos con sus capturas, no muy propias de las temperaturas de antes por estas fechas.
Situados en la cúspide de la etapa, ahora ya sólo queda seguir una curva tras otra y descender hasta la riera de Tossa de Mar, a diez metros sobre el nivel del mar. Las huellas de motos y quads en la pista eran continuas, igual que el sonido de algún aventurero motorizado, o la tierna imagen de ese grupo de niños que, con el pañuelo anudado al cuello, ascendía con bastante fe de “escoltes”, quizá más que la de sus monitoras, risueñas acompañantes que tiraban de guitarras con no demasiada energía sobrante.
Continua curva a la izquierda y a la derecha hasta el final. Antes de llegar al pueblo, demostración también de oficios antiguos agrícolas. Reminiscencias de aquellos “aceituneros altivos…”que ahora, con una caña bien larga, se dedicaban no a varear olivos pero sí los pinos para que les regalaban unos frutos que llevarían a una fábrica cercana. Hasta hubo quienes degustaron algunos piñones gentilmente ofrecidos por un vareador. Cerca, allí al lado, la riera con agua marcaba la dirección del mar. Pero como no se trataba ahora de baños por fuera, había entusiasmo casi infantil por dirigirse a la posada restauradora, más para reposición de líquidos y mojaduras internas que no para contemplar los gnomos del lugar.

Al final, la celebración

La tradición iniciada el año pasado en Vallbona de les Monges se reproducía ahora en la Farga del Gnomo, en la carretera de Lloret a BLanes, un sitio que destacó por sus atenciones y por acoger hasta a nuestras bebidas espumosas propias.
Los actos congregaron a los afectados por aquellas sinergias, tanto a caminantes en activo como a tantos otros y otras que vinieron de allende los mares a la eucaristía de fin de año. Tres filas de mesas preparadas al efecto en las que sentaron sus reales las huestes que hoy conforman aquel germen nacido en el mas d’En Barbeta, en Sitges. No obstante, destacar algunas leonesas ausencias y, también, quien con mucha ilusión estaba volando a tierras chinas para fortalecer a la tercera generación de GRMANIA.
El proceso de desarrollo de los actos que a continuación se relatan fue estudiado con mucho detenimiento por un experto en celebraciones diversas allí presente que, a modo de observador experimentado, comprobó cómo este grupo no se sale de los cánones establecidos en la sociología de la fiesta hispana. Veamos el desarrollo de la secuencia:
1. Llegada a la sala: suspicaces movimientos para colocarse en lugares estratégicos. Ciertas personas tienden a juntarse por diversas afinidades. Llama la atención cómo algunos hombres se arriman a las mismas mujeres que en la comida del año pasado.
2. Saludos a los que llegan, acercamiento de caras para hacer que se besa y saludarse efusivamente porque en realidad hay alegría.
3. Inicio de la comida, observación del ambiente y descorche de los primeros vinos que comienzan a lubricar el pensamiento.
4. Diversos brindis por sectores y risas explosivas en algunas zonas (en este caso en la sección femenina, como casi siempre).
5. Dato original: durante el segundo plato, presentación del cava personalizado y muy bien gestionado por nuestro webmaster. Degustación y apertura de los espumosos catalanes llevando a la práctica el lema de “bibito amice quia vita brevis est” .
6. Una botella tras otra, fueron cayendo las 21 que se consumieron. Los ánimos ya pedían canciones y músicas propias del momento, fiesta, alegría y “xerinola”.
7. Reparto de letrillas y coplillas. Al verlas, este observador sospechó que las había escogido alguien de “Ciutadans pel Canvi”, aunque buscó quién estaba desnudo y con una hoja de parra y no lo encontró. Después supo que venían de León, que un especialista las había seleccionado con algún que otro aire provocador.
8. Empiezan los ritmos, coros y danzas. La pericia y sabiduría de la juerga se pone en marcha. Expertos en rasgar la botella de anís del Mono, en tocar la guitarra, toqueteadores de panderetas, golpeadores de la taza del café con ritmo, palmeadores, bailaores por servillanas, tonadilleros varios, saeteros y espontáneos diversos. Y los coros de acompañamiento.
9. Canciones, villancicos e himnos en varias lenguas y al gusto de todos. Sin discriminaciones posibles. El tono sube y el grupo participante cada vez se hace más numeroso. La sala vocifera con ritmo y llama la atención de un señor que no para de extraer sus conclusiones. ¿Qué pensaba? ¿Por qué miraba tanto?
10. El observador experto en saraos varios pronostica que pronto llegará la etapa llamada “Asturias, patria querida”. No falla en casi ninguna celebración de este estilo. No puede faltar el himno más conocido y aquí tampoco. Clamor popular, voces unidas a coro que escenifican una letra que va más allá que la voz.
11. De Asturias a Navarra. Otro recurso casi imprescindible, “los estudiantes navarros”. Luego, versiones y más versiones en una velada magnífica con participación mayoritaria. Éxito total.
12. Llegada la hora del final, otra cita imprescindible como colofón, “l’hora dels adéus” escenificada como corresponde pero de verdad.

Mientras el numeroso grupo se retiraba, se procedía a abrir el mercado del cava, con una continua circulación de dineros y números para abreviar el reparto final. En medio de la vorágine, alguien se aproximó a aquel señor observador que, instalado en una mesa con dos señoras, no había parado de interesarse por GRMANIA, de oír las canciones y de acercarse a escucharlas. Las tres personas anónimas se expresaron. Les llamó la atención el acto, la fraternidad y saber algo más de quiénes éramos, cuál era nuestra historia y qué hacíamos. Después aprovecharon el momento para transmitir a todo el grupo su admiración por quienes hoy aún son capaces de llevar a cabo empresas como ésta.
Entre comidas, cavas, fiestas y alegría el nuevo año ya será el número once. Un año más de sinergias, de optimismo y de ese milagro que nació hace diez años. El mismo que, con esta frase, transmite Albert Figueras en su libro “Optimizar la vida”:

“Vivimos rodeados de milagros que a menudo, absortos en nosotros mismos, no reconocemos. Milagros que nacen de la ternura, la esperanza, el coraje y el optimismo”.

Feliz año 11

Evaristo (ayatolá de la fe senderista)
Terrassa, 20 de diciembre de 2006
http://afondonatural.blogspot.com

domingo, 17 de diciembre de 2006

Roma: una tentación sin pecado

Desde el primer piso de la estación ferroviaria romana de Termini se puede observar una multitud de personas que se mueven sin cesar hacia su destino (o, por lo menos, hacia alguna dirección). Desde la plaza del Vaticano, un voluminoso gentío observa el centro religioso cristiano, entra o sale del Vaticano o, simplemente, contempla el lugar testigo de tantos acontecimientos tan importantes para la historia de la humanidad. Un país en otro país, un enorme gentío que se traslada de un lugar a otro, donde las creencias religiosas parecen convivir, como un símbolo más de lo que debería ocurrir en todos los lugares.
Desde los restos arqueológicos de los diferentes foros romanos, en pleno centro histórico de Roma, también una gran multitud revive pasados acontecimientos, tantos cambios provocados por esos pueblos que por aquí han pasado. Al pie de las ruinas dejadas por Trajano, Augusto, César y tantos más, el turismo de masas pasea sus conocimientos históricos como si de un viaje en el tiempo se tratara en una ciudad que es la suma de tantas glorias, derrotas, asesinatos, barbaridades humanas y glorificaciones espirituales.
Desde las salas de los dos aeropuertos también se deduce que, después del aterrizaje, la gente se lanzará a descubrir los tópicos anunciados en la propaganda turística y vivirá esas aventuras o anécdotas que suscita cualquier viaje y que son la base para poner una nota diferencial a la hora de contarlo.
Son cuatro lugares entre otros muchos en los que el cruce de públicos diversos en la actual Roma simbolizan historias pasadas en una ciudad plagada de pueblos y culturas, de piedras sueltas, de monumentos que se asientan sobre otros anteriores y de esos lenguajes y símbolos explícitos u ocultos que ayudan a interpretar y entender a esta urbe. Una ciudad muy distinta a aquella original asentada en la zona delimitada por el Capitolio, Quirinal, Viminal, Esquilino, Celio, Aventino y Palatino. Las siete legendarias colinas que acogieron a tantos Rómulos y Remos amamantados por una realidad que debían construir.
La Roma eterna se presenta a cada turista como una ciudad mediterránea que ofrece lo que tiene, llena de personas acostumbradas a convivir con visitantes de todas las partes del mundo. Visitas continuas que confieren muchas mentalidades al centro de la ciudad, volcado al turismo como fuente continua de ingresos y de pensamientos, o de formas de entender la vida, abierto a guiar a paseantes desorientados, sea cual sea su origen o lengua de uso.
Roma se te ofrece en los tres estados de la materia y es una ciudad capaz de complacer cualquier objetivo que te propongas, aunque sólo sea mental. Hace tantos siglos que se fundó, ha acumulado tantos estados de ánimo que te puede mostrar siempre ese rincón que tu imaginación se había formado previamente, hacer realidad la más almibarada versión del mejor folleto turístico. Incluso hasta te puede hacer creer que aquellos dos niños y la loba simbolizan a tantos visitantes que alimentan sus ansias viajeras en este lugar.
La tentación de la Roma sólida está formada por esos edificios que aparecen en cualquier esquina. Iglesias conocidas y muy visitadas como, por supuesto, el entorno del Vaticano; Santa Maria Maggiore, con esa leyenda de la nieve en agosto; San Pietro in Vincoli y su Moisés de Miguel Ángel; la de Santa Maria in Trastevere; las diferentes capas de la magnífica iglesia de San Clemente, excelente iglesia descubierta al turismo en las excavaciones del subsuelo; la cripta Balbi. También la solidez romana, cómo no, se ve en tantos restos de aquellos romanos que construyeron, destruyeron, hicieron de nuevo y, ahora, reconstruyen o limpian tantos edificios, en muchas ocasiones aprovechados por pueblos posteriores. Piedras recicladas para muchas construcciones, columnas paganas que acabaron en iglesias o casas particulares, obeliscos traídos de lejanas tierras coronados por santos en vez de por sus titulares, estatuas, anfiteatros, esculturas en posturas diversas, plazas y más plazas en las que a un antiguo mercado se le asoma, altivo, cualquier ostentoso edificio oficial. Tanta y tan sólida arquitectura, aunque haya alguna en tierra, en lista de espera para su restauración o a punto de caer. La admiración para los responsables de conservación de edificios en una ciudad donde, si encima del suelo es visible tal cantidad, en el subsuelo las capas aún no descubiertas deben reservarse para asombros posteriores.
Pero la solidez romana es visible también en otras manifestaciones más mundanas que cualquier persona viajera puede necesitar. Tantas piedras colocadas allí permiten también sólidos placeres con otras bases muy gustosas. Por ejemplo, las diversas formas que le dan a la harina hasta convertirla en pastas de diversas formas, bases de pizzas que luego se llenarán de variados ingredientes, y otras comidas que atienden también las necesidades de tantas nacionalidades que son las que confirman la eternidad de esta ciudad.
Roma también es líquida. Una tentación muy placentera que se acrecienta en esos veranos mediterráneos en que el calor obliga a buscar alivio en bebidas diversas. La frescura de las esculturas que degluten agua invita a mojarse por dentro. Y Roma cuida los detalles acuáticos con el regalo de mucha agua fresca en multitud de fuentes que esperan en cualquier esquina, sencillos ingenios curvados en forma de nariz con un agujero para que el agua se convierta en una muy funcional forma de beber. O esas compañeras de los viajes ciudadanos, las botellas de agua envasada. Agua y vino. Además de usarse para las ceremonias religiosas, Italia brinda con buenos vinos blancos y tintos, refrescos y aperitivos originales que sirven para homenajear al dios Baco mientras sus efluvios te conceden el bienestar buscado. Agua, vino y café. La merecida fama de este brebaje adquiere en Italia los límites de la perfección. Más concentrado al estilo italiano, espresso, más largo al gusto americano, capuccinos, caffelatte, en forma de granizado, todos confirman el poder estimulante de una fama ganada a cada sorbo.
Agua, café y los helados. Cómo no probar tantos gustos y tan bien elaborados. Ese placer que se derrite mientras te pone en contacto con originales y creativos sabores. En cualquier lado los conos y tarrinas te acercan a nuevas sensaciones y agradables combinaciones sugeridas por dicharacheros dependientes, que simbolizan esa forma de saber hacer y saber estar propia de la gente romana. Claro que, hablando de vacaciones estivales y del calor, el asfalto adquiere casi también un estado líquido en algunas horas del día. Pasos de cebra desdibujados o no repintados, el tráfico que parece obedecer a unas normas muy particulares, el movimiento continuo en un flujo rápido de peatones y vehículos. Es una forma de funcionar distinta, mediterránea, cercana a tantos países que conforman la llamada por los antiguos “La bañera de Ulises”.
Roma en estado gaseoso, la tentación de introducirse en una atmósfera caliente, en los olores que ofrece una gran ciudad, mezcla de los habituales fluidos corporales en época de calor, de los más selectos perfumes, de la humedad de los subterráneos de algunos edificios, de ambientadores universales en recintos cerrados, del incienso de algunas iglesias y de aromas de las más variadas comidas de locales típicos romanos y de otras nacionalidades. Roma es un híbrido de culturas pasadas y actuales en la que predomina la influencia de la religión, el poder de tantos Papas como si fueran sucesores de imperios pasados. Infinidad de iglesias, imágenes religiosas por doquier junto a otras paganas. El turismo admira y retrata las huellas del poder civil y eclesiástico aunque, bien mirado, la sociedad civil romana parece haberse adaptado a todas las tendencias y, siempre, abierta a acoger a sus visitantes. Y, como gran consuelo aéreo estival, el aire acondicionado.
Las tentaciones conviven con las proclamas religiosas, aquella dolce vita debe ser tan real como las sofisticadas marcas de Via de Condotti y otros aledaños de la Plaza de España, o tantos uniformes religiosos que se ven, o toda clase de policías de una capital de Estado (con otro incluido dentro), y personas sin techo que piden por las calles. Los contrastes existen, como en cualquier lado.
Los diferentes planos de Roma parecen diferentes estratos de una imaginaria pirámide que se pierde en tiempos remotos. El subsuelo, no hace falta decirlo, debe estar tan escondido que será difícil llegar al primero que dejó aquí sus huellas. Debajo de la actual ciudad deben entreverse capas y más capas de otras formas de entender la vida. Fosos, cementerios, catacumbas que, si se nos dejan mostrar, es por su resistencia a las barbaridades posteriores o por quedar cubiertos por la tierra protectora. De eso saben mucho tantos emperadores, Papas, monjes, mártires e invasores que por aquí pasaron. Difícil tarea la de una ciudad que no es capaz de mostrar todas sus entrañas por exceso de materia prima.
El suelo romano concentra aquellos tres estados de la materia y rutas, paseos, propuestas de todo tipo y a gusto de cada bolsillo. Un paseo por el corazón de Roma. Un paseo entre romanos, judíos y cristianos. Un paseo entre Papas y príncipes. Un paseo por los misterios medievales y los tesoros del Renacimiento. Un paseo por el Trastevere y por la isola Tiberina. Un paseo por cafés, por parques, por las calles de moda y de la moda, por la noche romana. ¿Más paseos, más ideas? ¡Adelante!
Qué decir de las gentes que cualquier viajero puede contemplar en Roma. Tú te sientes en medio de un público diverso, en continuo movimiento. Se mueve la población nativa en una ciudad rápida, llena de esa prisa que a veces da la sensación de rozar un caos controlado por hábitos parecidos y por ese sexto sentido de la rutina costumbrista. Las motos son uno de los símbolos de esta urbe. Abundan y conviven con automovilistas y peatones. La telefonía móvil sorprende por su enorme penetración. ¿Qué se dirán todo el tiempo? Cualquier momento es bueno para mostrar el último diseño (italiano o no) y para comunicarse con esa cadencia sonora, tan pegadiza y atractiva. El tono de las conversaciones parece desconocer cualquier exceso sonoro señal de enfado. Tampoco para el turismo, ávido de verlo todo en el tiempo asignado, con mapas y otros artilugios digitales. Es uno de los grandes motores de la ciudad. Gentes muy diversas caben aquí, también mucha población flotante que no está aquí sólo por sus encantos sino para sobrevivir. Todos forman una mezcla de vestidos, comidas, olores y aspectos que simbolizan el mestizaje que se impone. Hábitos, uniformes, ropa de marca, culto al cuerpo, amor por el diseño y cuidado del detalle, el encanto de las formas y de la estética conviven con personas sin techo, con etnias diversas y con la forma de ser de cada uno.
Son algunos atractivos de un entorno del que uno se marcha con la intención de volver. Y no es un eufemismo al uso ni hace falta ninguna genialidad publicitaria para convencernos. Otros han pasado por aquí desde hace tantos años que algo habrán dejado. Pero no nos llevaremos nada en nuestro camino de vuelta a casa. Porque...volveremos.
Tal como proclamaba el eslogan de una valla publicitaria de una calle romana: “Una tentación sin pecado”. No, no era un mensaje religioso ni turístico. Era comercial o, quizá, transmitía esa emoción subliminal que provoca la vuelta a esta ciudad.
Ciao, Roma.