domingo, 15 de diciembre de 2013

Tercera etapa del GR7: de La Seu d'Urgell a Fórnols del Cadí

Desbandada libertina a este lado de la frontera

Las marcas reales e imaginarias de las fronteras más cercanas han producido un efecto diferente según en el lado en que nos encontremos. Si en la etapa anterior lo libertario predominaba en Andorra como seña de una identidad consolidada desde hace 17 años, ahora lo libertino campó a sus anchas. Quizá esta palabra sea más real que la anterior en muchas ocasiones de la historia de este grupo.

Señales

La meteorología de los primeros días de noviembre no parecía la más repetida en años anteriores. Aquellas heladas que habitualmente por estas fechas enblanquecían los prados de La Cerdanya estaban ausentes, igual que esos colores típicos de plantas que derivan del ocre al desnudo. Vivimos en medio de tantos cambios y alteraciones que la flora y la fauna deben estar desconcertadas. Árboles que pasan del verde al gris en momentos, pistas de esquí sin atisbos de la primera capa de nieve, ni siquiera artificial. En mangas de camisa, ambiente cálido y sin pensar en el porqué de todo. El tiempo es libertino porque alguien lo está haciendo así.
Pasaba lo mismo con el autocar. Nunca hasta hoy se había presentado un vehículo de 15 metros de largo y tres pantallas de televisión, con tres ejes de ruedas, para el transporte de senderistas por un entorno de montaña, con carreteras estrechas, curvas y accesos casi milimetrados. Pues ahí estaba porque fue el que le asignaron al conductor. Nadie lo pidió pero los designios empresariales debían ser así.
¿Y la aproximación al punto de salida? Pues más de lo mismo. Ir desde Terrassa a la Seu d'Urgell por el túnel del Cadí es caer en las garras de la especulación de un túnel que es un atraco muy consentido. Llegar a la ciudad fronteriza con el paraíso fiscal andorrano y del contrabando fue pasearse en dirección contraria por la carretera C14, la gratuita y nacional que nace más abajo del pantano de Oliana. Ida hasta unos kilómetros más allá para retroceder hasta la zona de casa pareadas y muy abanderadas para buscar las primeras marcas. Detrás de carteles alusivos a la feria de Sant Ermengol (donde se compran forfets de esquí de temporada a bajo precio y artesanía comestible) aparecían las señales en los alrededores del olímpico río Segre.

Brotes

El canal olímpico de aguas bravas fue una valiente apuesta para la zona y su ubicación en el deporte internacional. Toda una obra artificial que dicen que es visitada por público con ganas de enfrentarse a los rápidos que en el río normal apenas existen. Muy cerca de allí se veía una grúa de la construcción, ese escaso objeto símbolo de utópicos brotes verdes. Alguien conectó con las grandilocuentes declaraciones de políticos de allá y de aquí y quiso entrever el fin de todo lo malo, como si esa maquinaria fuera la gallina de unos huevos de oro que empobrecieron a muchos excepto a algunos. Allí cerca había ganaderos y labradores que ganaron millones con la venta de prados para apartamentos y no eran ni políticos ni empresarios. La especulación no debe distinguir entre corbatas ni manos encallecidas. El dinero no parece conocer límites.


Incidencias

En un entorno muy natural, con la sierra de La Bastida preparada para recibir al senderista, lejos ya del río Segre y cerca del torrente de Casanovas, la pista ascendía con una casa a la izquierda que aparentaba ser propiedad de alguien con el síndrome de Diógenes. Ya en el sendero, la subida era un calentamiento inicial con sorpresa. Alguien puso un fuerte ritmo al principio aunque después las toses y las fuerzas simbolizaron otras resistencias. La primera cima, el turó del Porredón (1.123 metros), desde la que se divisaba el valle del Segre cubierto de niebla. Llegar hasta aquí caldeó el ambiente y dio lugar a dos encuentros: el primero, un curtido cazador ocupaba su puesto para vigilar al jabalí en una zona muy conocida por él. Cuando se le preguntó por su olfato meteorológico y sus previsiones acerca de si la niebla seguiría todo el día o no, pareció muy seguro en su respuesta: la niebla estará aquí todo el día. Como habitante de la zona, debió tirar del archivo de la experiencia y se creyó infalible. Mientras, alguien encontró un manojo de llaves tirado en el camino. Lo recogió y, ya arriba, su dueño dio fe de su propiedad: llaves de coches y de casas, indispensables para seguir disfrutando de aquello que tantos sudores le costó conseguir. Aquí el olfato no falló. En el caso del cazador oriundo de la zona, sí: la niebla despareció al cabo de un rato.
El hallazgo nos trajo a la memoria el olvido de un antiguo Grmano, ya hace unos años, entre las trementinaires de Tuixent y la ardua labor para convencer al inolvidable chófer Demetrio de que, a la altura del refugio del Coll del Port, tenía que deshacer el camino, reseguir las curvas otra vez y buscar al exmiembro de esa logia.

Enciclopedias

Ya arriba, las vistas venían marcadas por la perspectiva y por una niebla que ocultaba la realidad mientras componía un paisaje sui géneris. Fotos de todo mientras las viandas y bebidas aparecían alrededor. Adjetivos y adornos varios, transformados en píxels y en plasmaciones tecnológicas. Los intereses corporales eran alimenticios y los ansiosos por despejar incógnitas se dirigían a “la enciclopedia” viva. Pertenecía a alguien que presumía de guiar con 16 años a un Molt Honorable President de la Generalitat en su ascensión a la Pica d'Estats, al que conoce a la mitad de Cataluña por su nombre y apellidos y ahora tiene una Fundación que se mueve en el pensamiento imperante y monocorde. La memoria enciclopedista te decía dónde estaba Andorra, la montaña más cercana y aquella del fondo, qué pasó en ese pueblo que se veía a lo lejos cuando una vecina se casó con un guardia civil y se instaló entre vecinos que vivían del contrabando, dónde se ubica el Pic de l'Orri y las antenas de Port Ainé, o el pico Salòria, o el nombre de aquel valle que terminaba en aquel otro. El guía tenía wikilocs en la cabeza, GPS memorizados por pateo de lugares y mapas desplegados en el fondo de sus neuronas.

Desniveles y rocas

Se acabó el variado menú del desayuno que respondía a una globalización que también afecta a la indimentaria: higos turcos, chocolates belgas, cervezas alemanas, mochilas chinas, zapatillas indonesias, ropa de Bangladesh, xibecas en vidrio y estrellas en lata, manzanas francesas, galletas catalanas, jamón andaluz. Al fondo, Andorra.
Una vez saciado el apetito con esos productos casi todos ellos foráneos, incluido quien es fiel al quinto de cerveza en envase de vidrio (propietario a su vez de las citadas llaves), el camino buscaba una amplia pista, no sin antes observar los restos de un vehículo abandonado aquí años ha. Esta chatarra ya hace tiempo que constaba en la documentación digital de la etapa. Alguien, en la memoria de su blog, se preguntaba cómo se podían abandonar aquellos restos metálicos en estos lares. Había observado más y, según sus cábalas, los asociaba a posibles persecuciones a contrabandistas.
El Cadí acompañaba al caminante y parecía que pedía ser tenido en cuenta. Estábamos en sus dominios. La pista rodeaba el Pui de La Bastida. El coll de Creus se escondía detrás del turó de les Forques y el GR lo rodeaba por la derecha. Pronto la pista daba paso a una senda que dejaba ver el espectáculo rocoso que se avecinaba. El Cadí nos ofrecería curiosas formaciones de un variado colorido, sobre todo los tonos ocres. El sendero se estrechaba hasta un rellano donde se consiguió algo difícil en estos tiempos: que los de delante paren y juntar el grupo, aunque sea para la foto de rigor. El ambiente libertino predominaba. Quizá comienza a mandar más la foto que el sentido de agrupación del personal. O bien que el personal sólo se junta para la foto.

Super Alfa

Entre tantas formas de rocas que no parecían ser propias del habitual paisaje del Cadí, se iniciaba la aproximación al Coll de Creus, punto de cambio de vertiente y lugar que exigía sudor y atención a posibles resbalones con el precipicio abajo. Sorprendió la construcción de un puente de madera para salvar una caída de piedras que había desmontado el camino. Fue realizado gracias a la escuela taller de La Seu d'Urgell. Una gran obra práctica, de esas que son fundamentales por su eficacia pero que nunca ganarán ningún premio por que no son originales. Antes de acometer la vertiente sur, el esfuerzo hizo posible ver el Cadí desde la cima, con el pueblo de Adraén a un lado, punto que sirvió para que el que lo sabe todo de la Cataluña pateada explicara que era un buen inicio para encarar las cimas de esta cadena de montañas del Prepirineo. Llegados a este punto se produjo un descubrimiento sólo apto para el pequeño grupo. Allí los oídos más atentos consiguieron descubrir quién es la persona Super Alfa de GRMANIA. Pero descubrir el nombre forma parte del reto de la observación de cada caminante, fijándose en esos pequeños detalles que son las pistas para despejar la incógnita.


Afrodisíacos

Qué mejor que hablar de productos que levanten el ánimo para afrontar lo que vendría después. En el puerto se oyó una conversación digna de los anales de la literatura erótica. Alguien repartía chocolate y hubo quien mencionó un estudio científico norteamericano que relacionaba el consumo de chocolate y el hacer el amor. Se refería a mujeres y el estudio lo firmaban mujeres, las cuales establecían relaciones entre aumento de consumo de los derivados del cacao y menores relaciones sexuales. Inmediatamente una Grmana respondió: “A mí no me gusta el chocolate”. ¿Conclusión?... Mientras, había hombres que lo consumían con gula.

Pérdidas

La bajada por la vertiente sur dejó ver el pueblo de Adraén al este y una gran casa de pagés con animales a la derecha, de esas que aún sobreviven al abandono rural. En medio de frondosos bosques de pinos, se iniciaba la aproximación al punto fatídico, uno más en el largo historial de pérdidas que va a más: el río Bona. Llegar abajo exigía franquearlo y fijarse bien en las marcas. Pero no. Quienes tiraron en otras direcciones se olvidaron de la larga y ancha pista que acabaría en el coll de Bancs. El paso del afluente fluvial del Segre dejaba ver huertos abandonados y pinos que parecían atalayas para dar sombra al caminante sudoroso.

Libertinaje y desbandada

Hubo maridos que perdieron a sus mujeres, grupos que no encontraban el camino y un intrépido guía presto siempre a ir a rescatar a quienes no encontraban el rumbo. Poco a poco aparecieron arriba, a 1395 metros, en el coll de Bancs, todos pero a cuentagotas. Una mirada atrás y al fondo estaba el Coll de Creus, detrás el Tossal Rater y debajo el escondido pueblo de Adraén. El área de coll de Bancs era un cruce de caminos con el Port del Compte y la Serra del Verd al fondo.
Y allí se produjo una de las históricas desbandadas de GRMANIA: el autocar que no llegaba, el camino que no se encontraba, el guía que no aparecía, una familia que debía alucinar con el espectáculo humano, en una mesa reparto de tentempiés, hombres que no sabían dónde buscar a sus mujeres y sólo querían seguir caminando.
Una vez casi todos arriba, se produjo una desbandada digna de foto aérea. Todos andando, buscando y “cada uno a su bola” hasta que hubo orden y concierto, con el autocar ya esperando al grupo B que acababa aquí el recorrido. Los carteles explicativos de coll de Bancs fueron ignorados pero las marcas halladas sirvieron para llegar a Fórnols.

Consignas

En medio de maleza de todo tipo, señal del abandono agrícola y forestal, Fórnols se veía en lontananza, con esos perfiles aptos para fotos, postales, pesebres o álbumes idílicos quizá para todos menos para quienes lo habitan. Decorados urbanos: una barca sin mar, segadoras sin hierba, herramientas del campo colgando de los porches de las cerradas casas. Valles del Cadí, de La Vansa, lugares no tan explotados como La Cerdanya pero que no tienen nada que envidiarle. Sitios de artesanos, de neorrurales, en especial Ossera, con una comunidad de artistas, granjeros y expertos en plantas medicinales. Ya no hay trementinaires pero sí infusiones, homeopatía, medicina alopática, esencias y existencias variadas.
Al llegar a Fórnols se produjeron dos hechos sin precedentes, hubo dos consignas dignas de mencionar. Un pueblo con un solo bar y dos avanzadillas diferentes, enviadas para hallar un abrevadero público con servicio de expendeduría de bebidas y con licencia fiscal, tratando de demostrar que había que ir al bar recomendado por cada grupo cuando en realidad ambos se referían al único bar del pueblo. Una imagen simpática que trastocó los parámetros de una Grmana que había traído a familiares invitados a la etapa. Ante esta situación, reflexionó en voz alta y determinó que nunca traería a nadie más, vista la imagen que se daba. A lo que otro Grmano le respondió que si no los invitaba más ellos se perderían disfrutar a fondo del libertinaje de más de 17 años de GRMANIA con final feliz. Total, Bélgica funcionó muchos años sin presidente y no digamos cómo nos encontramos aquí.
Una vez consensuadas ambas propuestas, no había elección. En ese bar convergía otro grupo excursionista y la dueña se la veía atacada por un nerviosismo extremo. Tanto gentío en un lugar tan tranquilo la sacó de quicio. Y eso que, bien visible, en un pueblo con las habituales esteladas, figuraba un cartel en castellano: “El vivo vive del tonto y el tonto de su trabajo”
El Paller de Cal Coma” era el sitio donde se iba a proceder a la habitual imagen prenavideña del traspaso de dinero de unas manos a otras por culpa de ese juego en que el Estado se queda con el 20% de los premios mayores, y al que le salió un competidor autonómico con la imagen femenina de una señora gorda, y que ningún grupo feminista se ha atrevido a criticar: ¡tan tierna nuestra tieta! Todos luchan por el dinero de los bolsillos ajenos: lo que se lleva es esquilmar y favorecer el juego, abusar de la solidaridad de la gente común mientras los poderes recortan gastos sociales y engañar con la bondad ajena y la pseudorreligión de la ayuda, cuando la corrupción y la especulación campan a sus anchas.
Ante tanto papel en venta y pecunio de mano en mano, el coordinador propuso “una secuencia”. ¡Buena ocurrencia en tamaño grupo!. La propuesta oficial era: primero la devolución de Gisclareny, luego el cobro del autocar, después la venta de la lotería oficial para acabar con la lumineta y otras loterías privadas. Ya sabe, el libertinaje campó de nuevo a sus anchas.
De vuelta, en la bajada del puerto de Josa de Cadí, un Grmano experto en perseguir amaneceres en La Mola se mareó y hubo que prestarle auxilio humano. Menos mal que el agua de la fuente de Gósol y las bromas funerarias le revitalizaron luego. Se recuperó mejor después cuando las múltiples pantallas del autocar ofrecieron la película con nombre de apellido Grmano: “Troya”. Empezó con una buena pregunta que puede servir para el final de etapa: “¿Tendrán eco nuestros actos con el devenir de los siglos?”


1 comentario:

Moisés González Muñoz dijo...

Gracias por tu amena y enriquecedora crónica.