sábado, 22 de diciembre de 2018

GR3 etapa 14· entre Sant Bartomeu del Grau y La Trona

Selección natural versus inteligencia artificial


Dedicado a las personas convalecientes que no pudieron asistir a la etapa ni a la comida posterior. Salud y muchos ánimos.


La inteligencia natural y artificial suelen ser sistemas de clasificación, de división y ahora de mucho control, que a veces caen en la selección de esa especie llamada la humana. No obstante, aquí prima la igualdad entre el personal, aunque los matices y particularidades de tales términos aplicados a este grupo se verán a continuación.
Personas de allende los territorios  acudieron a la llamada GRMANA en etapas significativas, cercanas al solsticio de invierno. El espíritu de las celebraciones es un buen motivo para preservar la llama de los deseos, con frases hechas y formulismos al parecer imprescindibles para que esta sociedad funcione y se intente creer en ellos, a base de repetirlos año tras año por estas fechas. Voluntad, que  no falte.
La convocatoria concentró a muchas personas devotas de encuentros no casuales pero sí causales. La hermandad, que tampoco  falte para la supervivencia del grupo. Aunque después ya se sabe que como mejor se sobrevive es con la asistencia a cada una de las etapas del curso senderista. 

Dichos

Hablar y escribir tiene sus problemas. Por ejemplo, que alguien se sienta persona aludida por lo que dices, escribes, lo que se intuye que transmites o se entiende como se interpreta (o, para evitar riesgos, aplicarte  el refrán “En boca cerrada no entran moscas”). Entre líneas se entiende peor. A veces te traicionan los hábitos o la educación recibida y dices lo que no quieres o al revés. Comentarios impulsivos, emocionales, que provocan que alguien aclare verdades duras: “En el fondo todos llevamos a un ‘uve-o-x’ (léase partido fascista en alza) dentro y a veces el inconsciente nos traiciona”. Por lo demás, también convivimos con palmeros y voceros, que siguen o seguimos a la voz de su amo. En fin.


Oscuridades

Dicho lo cual, el inicio de la etapa penetró en un mundo casi opaco, imperceptible a las señales, rostros y rastros. La niebla con su efecto mágico y misterioso nubló visiones, jugó a dejar ver para luego no ver y después clarear, gracias al poder de un sol sometido a los condicionantes de la época del año: quería pero no podía. Un paseante del pueblo muy senior, al ser interrogado si en aquella zona a veces se veía el sol en estos meses, alegó que sí aunque parecía estar muy habituado a vivir en sus penumbras. Al final de la etapa  supimos, gracias a  un conductor de autocar nativo, que hay diferencias entre dos tipos de nieblas: la Lluçanesa y la Osonenca. Nosotros transitábamos por espacios fronterizos, con predominio final de la primera, caracterizada por ser más alta y clara. La de Vic es más rastrera y espesa. Quizá sean rivalidades meteorológicas de oscuridades diversas que también liman el carácter. 
Como quien es previsor lo demuestra con hechos, quien intentaba conducir al grupo (ardua tarea) ya sabía que las pérdidas en la niebla pueden ser inquietantes. Por eso llegó provisto de un cencerro. Aparentemente pasaba desapercibido pero daba su toque al menor movimiento y hubiera sido de gran ayuda ante las emergencias, siempre que los audífonos estuvieran bien ajustados y el grado de desperdigamiento no fuera excesivo.


Inteligencias

A la salida de Sant Bartomeu del Grau el gran guía se enfrentó a los datos compartidos en tanta cacharrería digital como llevan hasta los más eximios de los mortales. Quiso desprogramar al personal conduciéndolo por una ruta no marcada en las geolocalizaciones descargadas y compartidas. Tremenda provocación de la inteligencia natural y del olfato de la experiencia a la artificial de los algoritmos a la carta. Llamadas al orden hasta que se reafirmó en su decisión. Pisadas en el barro, giros repentinos con bajadas resbaladizas, manchas diversas, calzado pesado por las capas de barro que se acumulaban, hasta el punto de que la tracción estaba sepultada por elementos líquidos y sólidos, aptos para prever posibles caídas. Y la fila del personal se extendía hasta el infinito y más allá.


Ermitas

Las señales hacia la Plaça Balladora se bifurcaban mientras la ermita de Santa Perpètua se intuía arriba, con una inscripción en una piedra que daba fe de que fue restaurada en 2012 por “voluntaris de la rodalia i el Grup Fem Camí”. Arriba, mientras los condumios preparaban para el resto de una etapa que acabaría con comida servida, se observaba un paisaje natural y humano diverso, con todo el grupo allí concentrado. Una piedra de direcciones y otras pequeñas pintadas y colocadas a modo de enigma para neófitos recién llegados adornaban el lugar. 
Alguien relataba los efectos  del exceso de información cultural en los viajes o los supuestos castigos que recibe quien no hace la correspondiente genuflexión cuando eso es lo que esperan las santidades que en el mundo hubo y hay. Esa persona alegaba estas causas como motivos de derrota y postraciones físicas y psíquicas. Quizá es que en el tiempo que nos queda  nos queremos comer todo el mundo y este ya no nos cabe en la cabeza. Ni con inteligencia natural ni con la artificial.


Selección

La idea inicial al bajar de la ermita era que el grupo A, una vez definido, pasara delante. Como esta ardua tarea no es fácil, se procedió a seguir y, sencillamente, a mirar para atrás a ver cómo se había consumado la división. Ante la dificultad de saber quién iba y a dónde, una mente muy clara se dejó llevar por su sentido común: ambos grupos se definen por selección natural. O sea, que cada persona se sitúe en su lugar en el mundo. 
Para el descenso de la ermita había un PR y un GR. El primero era más recto y rápido. El segundo era el de las marcas blancas y rojas y el del algoritmo. Personas tan programadas y contraprogramadas (todo a la vez y cuando toca) optaron por la seguridad que también depende de las confusiones. O sea, de las inseguridades. 
Aviso de pasos deslizantes pisando piedras encaradas hacia la pendiente y mojadas. Llegada a un arroyo en el sender de Voltregà PRC-49 y señales hacia Sant Martí Xic y el santuari de Els Munts (objetivo imposible esta vez). Y salto con pies planeadores que han de prever qué piedras se mueven y tú hacia dónde te moverías con ellas. Dudas, quizá bastones, la satisfacción por no caer y a seguir subiendo y pisando barro. Siempre había alguien bien situado y con el disparador a punto para dejar testimonio gráfico de quien se pusiera a remojo. 


Apreteu

Desde la salida, quien siempre tiene buenas intenciones y pretende que la velocidad grupal sea más alta que la real, recordó su pretensión más repetida desde hace años: hemos de ir más rápidos, coger más ritmo y elevar la marcha. Merece un homenaje por adelantarse a los tiempos actuales. Quizá sin saberlo ambos, le ayudó a quien todos sabemos para que le fuera fácil inmortalizarse con una palabra adaptada de GRMANIA: “Apreteu” , solo que en nuestra realidad no se pretende jugar a ningún doble juego, las fuerzas son pacíficas y ya limitadas, la sinceridad manda, los únicos palos son los bastones, las barricadas son el barro y las piedras de los caminos, los cascos son los gorros, las vallas son las metálicas para el ganado que pasta (que cerramos al pasar), las botellas y las latas se consumen y no se tiran contra nadie. Además, es real aquella frase que ocupaba la zona más vista de un bar: “Se aceptan controversias”.


Proceso

El siguiente destino, Sant Martí Xic, a 844 metros de altitud, cerca del Castell de Voltregà, en el término municipal de les Masies de Voltregà. Inscripción sobre la Plana de Vic en una placa dorada con un fragmento de una poesía de Jacint Verdaguer (1875). Altitud extrema en la llanura osonenca, donde las nieblas se disipan y permiten ver más allá. 
De camino al siguiente destino, Santa Llúcia de Sobremunt, con ermita incluida, en el grupo A, el de la selección natural, se observó un fenómeno muy humano que pocas veces había ocurrido. Fue el proceso de convencimiento grupal de cómo aquellos objetivos previstos para finalizar en Els Munts no se podrían cumplir. El ronroneo conversacional fue curioso y en subida. Alguien lanzó la duda de llegar muy tarde al final, de que vamos lentos, sin apretar suficiente, de las dificultades de los caminos embarrados, de si no llegaremos a la hora al restaurante, de que el autocar nos espera, de si los actos previstos retrasarán la vuelta a casa, de si hemos de esperar al grupo B.
Pese a cierta oposición inicial de los apretadores de turno, la sociología conversacional y empática fue calando, hasta conseguir el objetivo deseado y más real. Como se deduce, el apretar y el proceso tienen que ajustarse a la realidad de las personas, de las situaciones  y de objetivos no utópicos. Con lo cual, se consiguió llegar tarde a la comida pero llegar juntos, pese a las discrepancias. ¡Qué lección! Donde haya una celebración con comida y bebida hay una solución. Aunque sea momentánea. 


Ejecución

Que Santa Llúcia nos conserve la vista y la orientación pero esta ermita sirvió para la búsqueda del rumbo correcto con vueltas al entorno. Otro lugar en alto, como su nombre indica. Un lugar muy apto para recordar aquella frase de Miguel de Unamuno: “Saborear el paisaje es uno de los mejores placeres de la vida”.
Adaptados a la realidad de los 17 km de la etapa, acabarlos significó una ardua tarea, con una lucha contra el continuo barro que ponía a prueba el sentido del equilibrio. Las bicicletas de montaña y las motos, tan deportivas ellas, dejaban el terreno poco practicable para senderistas seniors que evitan al máximo lesiones con largas recuperaciones. Pasos, los justos y solo apretando para guardar la posición correcta, que falta nos hace en todos los sentidos.
El punto final fue la mítica carretera de La Trona, nombre popular que tiene la vía que va desde la Gleva a l’Hostal del Vilar, por Sant Boi de Lluçanés, en forma de trona, en el municipio de Orís. Una zona histórica por sus espectaculares etapas de rallys, con recuerdos de aquella pareja del “ trata de arrancarlo, por Dios” (Luis Moya y Carlos Sáinz). Allí departía el conductor del autocar nativo de la zona con el filipino que nos acompañaba.
A partir de aquí, limpieza profunda de bajos (del barro de los pantalones y zapatillas), traslado al autocar, celebraciones prenavideñas, regalos, sorteos, cánticos de villancicos en la sala, muchos cánticos en el autocar (con un grupo reventador que apretaba con canciones caprinas (la cabra, la cabra y más la cabra) ante las religiosas. Lo laico y lo sagrado en perpetua disputa.  En fin, armonía, variedad, jolgorio, buen rollo y el placentero encuentro con aquellas personas que vinieron solo para la comida. Genial confraternización.

Ante los momentos que corren y ante los deseos y las frases hechas que siempre se repiten por estas fechas, donde también abundan las soluciones simples y populistas a problemas muy complejos, me remito a una de las grandes consignas, dicha en esta ocasión por el filósofo y profesor Karl Popper:

“El aumento del conocimiento depende por completo de la existencia del desacuerdo”.

Salud, suerte e ilusión.

Evaristo
22/12/2018 





2 comentarios:

Maria dijo...

Gracias Evaristo por tu espléndida crónica!
Felices Fiestas!
En 2019 más 👍👍

Moisés González Muñoz dijo...

Muy buena crónica. Evatisto.
La cordura se impuso al final, aunque yo creo que el motivo no era llegar tarde sino comer pronto.