Devociones duras con final feliz
Grmanos y Grmanas
Las devociones hoy son variadas y ya no hay nadie que conduzca a los rebaños por el mismo redil, aunque a veces estas prácticas tan devotas son duras. Caminar es trasladarse pero también abrirse a paisajes diversos, y no sólo físicos. La cultura en fechas marcadas por un día al año tiñen todo de un manto literario desde el primer momento, pero perdura durante el resto de los días, con tanto grueso tomo como uno acapara a modo de despensa literaria para subsistir. Pero también hay oportunidades para prácticas diversas y destapes de (in)conscientes en público.
Los inicios fueron noticiosos. A pie de autocar alguien se presentó con el diario de la ciudad “recién cocinado”, y nunca mejor dicho si se tiene en cuenta que quien lo traía convive con una cocinera docente y practicante. Los principios fueron buenos. El toque cultural del día iría creciendo, aunque no sólo de la letra se vive.
Majestades
Hay quienes tienen tanto libro metido en la cabeza que, cuando hablan, degluten cultura bien digerida. Aquí los ojos del personal se han paseado por muchas páginas, pantallas, pizarras, países y hasta conciencias. El nivel es alto y el lenguaje puede usarse también para jugar a equívocos, frases con tres sentidos, traiciones de las estructuras, insinuar más que decir, o explicar las cosas tal como se te pasan por la cabeza. Pero lo mejor es cazar a alguien por lo que no quiso decir, que es quizá en lo que estaba pensando. La memoria aún funciona bien y quienes caen en la tentación de recordar otros tiempos, pronto huyen del tópico de la nostalgia para decir que eso ahora se llama tener memoria. Por tanto, el mejor sudoku es asistir a un GR. Es aquello de las batallitas de cuando yo estudiaba, de qué hacía con mi adolescencia, o de si aquello era esfuerzo y esto es placer fácil. O, también, hablar de temas actuales: esquizofrenias simples (tal cual), problemas mentales, juventud divino tesoro, o qué había debajo de las sotanas. Y tratar sobre temas duros pero claros. Se detectó en el autocar cierta dama que presumía de probar libaciones diversas con graduaciones etílicas variadas. Ante la extrañeza de su cambio vital (ella que venía del deporte), alguien le preguntó si a su edad ahora se había tirado al vicio. “Yo lo que tenía que hacer era tirarme a un hombre”, fue su sincera respuesta. Devociones que, para consumarlas, necesitan de bastante dureza. Y, en el viaje de vuelta, le puso nombre y apellidos al sujeto en cuestión. Al momento, un hombre versado en medicinas diversas, ante el cuadro clínico que observaba, diagnosticó que lo que se necesitaba era añadirle bastante bromuro al vino de la bota.
Si de lo eclesiástico se trata, este grupo sufrió cierta tomadura de pelo por parte de Sa Majestad. Tan viajera es la afamada figura que, después de acudir a exposiciones varias en Barcelona, ahora no estaba en su sitio. Pasaba la ITV en Valldoreix, chequeo y revisión no anunciada por los lugareños hasta que estás dentro del recinto sagrado y compruebas que, una vez más, te han engañado previo pago de la entrada. Menos mal que la devoción debe ir por dentro, si es que la hay. Nadie te dice nada hasta que apoquinas el pecunio estipulado y luego te encomiendas al Señor y dices para tus adentros: “Perdónalos porque otra vez me han estafado”. Esto no debe tener relación con las anécdotas contadas sobre la educación en seminarios, el mamporro y la humillación. La versión moderna también se trató, con esos magreos, tocamientos y demás profundizaciones de pederastas amparados por algunos de la curia y vilipendiados por la mayoría. Excepciones lamentables. Un gran dibujo allí en medio de una iglesia espectacular, con un nativo que el único arte que demostraba era el cobrar y expedir el papelito del tiquet y poca cosa más. Hasta estos lares y en estos tiempos uno se siente en manos del destino, admirando la gran obra arquitectónica como consuelo final.
Claro que, para alivio del gaznate, el restaurante Can Jeroni esperaba al respetable con la cafetera encendida. Ante lo divino siempre hay recursos más humanos y placeres momentáneos que animan. Mientras los modernos inodoros aliviaban las vejigas matinales, el café corría por las venas para enfrentarse a la primera gran subida. Tertulia, relax, agua de la fuente y momentáneo olvido de lo que debía venir. Después de la devoción, la dureza de la primera subida hacia la zona de oración. Parece que seguimos en un entorno litúrgico.
El oratorio
Cierto. La primera subida templó los ánimos y empezó a situar a cada uno en su sitio. El estiramiento del grupo era lógico, con Beget allá abajo en medio de un pequeño valle con paisajes que despertaban del letargo invernal. La primavera hacía intentos para anunciarse en unos caminos del exilio, sendas pisadas por aquellas gentes que tuvieron que huir a la fuerza en aquellas guerras aún no apagadas, con jueces condenados por querer destapar duras realidades y enterrar a los muertos como se lo merecen. Los de siempre siguen “dando guerra”.
Como que la hora de partida era muy temprana, no pareció que el café saciara al personal. Apenas dos kilómetros recorridos y hubo que parar a reponer fuerzas en el coll de Golofreu, a 940 metros, no tanto por orar a Sant Antoni de can França sino para encomendarse a la mástica y a otro santo. Después de los postres sí que hubo oraciones pero a santos profanos. Allí se cumplió con la promesa de traer alcoholes leoneses y, de paso, elevar el nivel cultural y profano del respetable (no todo va a a ser sagrado) invocando todos a Genarín, “santo” protector de esta etapa, junto con el Sant Jordi más literario. Genaro se comportó y, después de recitarle los consabidos versos: “Y siguiendo sus costumbres/que nunca fueron un lujo/bebamos en su memoria/una copina de orujo”, el orujo de dos clases corrió por las venas, como si tuviera un efecto de empuje para las próximas subidas. No obstante, hubo quienes notaron los efectos de tanta celebración, y atribuían a Genarín la causa de no subir bien. Pero subieron y éste podría ser el quinto milagro de tan ilustre y añorado santo leonés, muy “bebido” en la noche del Jueves a Viernes Santo en la capital leonesa.
Fronteras
El grupo se acercaba a uno de los pasos más desgraciados del final de la Guerra Civil española, el coll de Malrem. Ahora un pastor eléctrico te hacía saltar para evitar sentir el suave crepitar de la entrepierna, el cosquilleo en los bajos. Pero entre finales de enero y febrero de 1939, por aquí tuvieron que huir más de 5.000 exiliados. Muchos actos se han celebrado en este lugar a 1.130 metros de altitud, hoy paseado por franceses a la búsqueda de setas primaverales, vacas entregadas a sus quehaceres y excursionistas diversos que ríen para no llorar por tanta ignominia. El recuerdo es para ellos.
La bajada discurrió por el margen izquierdo de la riera. Aguas ya francesas y cruce con nuestros vecinos del norte. En el paisaje humano llamó la atención una moza decorada con los colores de la bandera catalana, sin saber uno de los idiomas de la Catalunya Nord. Detrás venía él con bastante cansancio encima ante el tirón de la joven. El espino albar ponía las tonalidades blancas en medio de prados alpinos, bosques caducifolios de castaños y hayas y tiernos despuntes de hojas de tonos verdosos muy claros.
Pronto La Menere, en el alto Vallespir, a 778 metros de altitud, se presentó como un pequeño núcleo poblado que te recibe con una tienda que copia el nombre del camino del norte, una fuente con agua no tratada que sabe mejor que la de tantos tratos de las ciudades y un lavabo público. Un detalle francés a tener en cuenta, así como el disponer también de una depuradora. Son esas notas diferenciales del territorio hermano. El pueblo quedaba atrás y la subida, delante.
De hecho, la ascensión no paró hasta el final. Sobre el trazado del camino se ocupó nuestro guía. Profundizó en el el discurrir orográfico del recorrido y llegó a la conclusión de que iba por mal sitio. O sea, según este hombre creíble y muy versado en conducir mesnadas andarinas, no tenía sentido dar un gran rodeo para llegar al destino final. Según él, quien lo trazó, no tuvo en cuenta la lógica. Delante lo que había era un espectacular bosque aún desnudo, con multitud de castaños grisáceos que esperaban que la naturaleza les hiciera cobrar vida de nuevo. Y tú allí en medio de tanta altivez, pensando en que ante aquello eres un ser insignificante y no más importante de lo debido.
Milagros
El final de una parte de la subida sirvió para reposar, esperar al grupo y situarse en un lugar muy cercano a Notre Dame du Corral, enclave religioso. Quizá fuera por estar al lado de un nuevo oratorio o por influencia de San Genarín, pero allí mismo se produjo algo parecido a un milagro tecnológico. Un Grmano que llevaba un walki-talki, lo tenia en la parte baja del el bolsillo, ésa que casi roza otras partes, y de pronto se le puso a vibrar. Notaba cierto cosquilleo extraño muy cercano a sus entrañas erógenas y vio que no había apéndices humanos al lado, ni propios ni extraños. Aquello no era normal, la función de vibrador se desconocía. La antena del aparato, de cierta dureza, también se agitaba con fruición, igual que el resto de la máquina. Tamaña excitación tuvo que ser cortada de cuajo a base de desmontar la fuente de alimentación, faena que costó bastante. Se desconocen los porqués pero ahí queda el consuelo con la máquina.
Col de la Guilla y el final
La fuerte subida, cercana a una casa, desembocó en el coll de la Guilla, a 1.194 metros de altitud, un lugar donde antes decían que se veían caballos salvajes y hoy se ve la amplitud de un paisaje abierto, una carretera serpenteante y el autocar que esperaba para la consumación de la jornada en un restaurante de Espinavell.
Coll d'Ares nos introdujo en el valle de Camprodon y nos condujo al pequeño pueblo donde el restaurante Les Planes nos esperaba, con una señora muy versada en servir embutidos y platillos propios de la zona. Buenos manjares para el apetito provocado por tantas subidas.
Y allí discurrió la otra parte del día, la alimentación del cerebro que provocará una mejor mente y un gran corazón. Antes, unos versos muy bien recitados por quien sabe mucho de competencias lingüísticas y habilidades lectoras. Después, quien tiene su corazón colmado de gozos recurrió a una obra literaria muy bien aconsejada. Al parecer, ya se la había leído antes. Se le notaba en la claridad mental de sus palabras y en las continuas apelaciones a tratar bien el corazón. Últimamente él es un experto. Día y noche. Un gran libro que, de la mano de Valentí Fuster y Luis Rojas Marcos, nos ayudará en el arte de mejorar. Y una copa de cava que hay que agradecer a quien el día anterior celebró su santo, en honor a libros y a rosas. Un final feliz.
Como no podía ser menos, ante tanta literatura, recordemos las palabras de Franz Kafka para finalizar:
“Un libro tiene que ser el hacha que rompa nuestra mar congelada”
Evaristo
Terrassa, 1 de mayo de 2010
Pasar de lo superficial al fondo no es fácil. Tener buen fondo cuesta. Pero, tranquilos, aquí no se va a tope ni a fondo. Todo con naturalidad.
sábado, 1 de mayo de 2010
Séptima etapa del GR 83, entre Olot y Beget
¿Para qué sirven las polainas y los chupitos en la nieve?
Grmanos y GRmanas
Memorable etapa, de las que permanecen en la retina. Se le pueden poner muchos adjetivos a un paisaje con la nieve como protagonista, lleno de matices, de gradaciones, sin asomo de primavera más que en algunas mentes en el camino de vuelta, el invierno en los árboles, el frío llevadero con sudores incluidos. Y con la inexperiencia a los mandos de un vehículo que apenas se sabía por dónde se dirigía al destino final. Quien ponía Baget en el GPS ni lo detectaba. Tampoco le sonaba el nombre bien escrito, él que se autotitulaba como experto en viajes internacionales. Vueltas y más vueltas para ir y para volver, quizá con la intención de observar los efectos de la gran nevada en los postes “políticamente correctos” según la empresa, pero partidos y sin electricidad por la amplia Girona.
La gran nevada provocó esa historia oculta que hay detrás de cada etapa. Los teléfonos no pararon de sonar la noche anterior. Hubo conatos para desconvocar, la prudencia antes que el peligro, el seco asfalto ciudadano antes que el camino mojado. Pero los intentos de movilización para quedarse no triunfaron. De todas formas, las huestes estaban diezmadas y, a día de hoy, tampoco nadie ha investigado las causas de tantas bajas se supone que justificadas: enfermedades, miedos, compromisos, aversiones a la nieve y a sus efectos colaterales. Mucho autocar para poco personal. Quien no vino se perdió comprobar la gran nevada y saber para qué sirven las polainas.
Polainas
Ante la alerta dada, hubo tiendas que agotaron las existencias de tal protección. Fueron pocas personas las equipadas pero las lucieron y bien. Nada más llegar a las inmediaciones de Ca la Nasia (recuérdese una comida de Navidad memorable aquí, con nieve a la puerta), el autocar parecía emular el casi “triunfal” paseo motorizado por Mont-Rebei, se veía que avanzaba “hacia el infinito y más allá”. No paraba y ya casi estaba en medio de un estrecho camino lleno de chopos. Cuando lo hizo, de pronto hubo quienes se agacharon y empezaron a tirar de correas, cintas y presillas. Luego hicieron un discreto desfile de modelos y mostraron polainas a cincuenta euros el par. Pero hubo otro que no llegó a mostrar su diseño más artesanal. Venía provisto de cinta aislante para proteger los pantalones en caso de necesidad. Y si hacía falta usaba también el papel de aluminio del bocadillo como refuerzo. Dos modelos distintos para no mojarse con la nieve. Pero, al final, unos y otros, o sea, todos, notaron las humedades en los bajos. La nieve les mojó los pies en el tramo final. Hasta se vio el espectáculo de los más ortodoxos con los tobillos y las canillas empapadas por el sudor de la polaina. Van, la quitan, la guardan y luego viene la necesidad no cubierta.
Chupitos
La primera parada fue en una curva con nieve a los lados. Mientras se consumaba el acto de la manduca, se efectuaron algunos estudios sociológicos, más profundos a medida que los chupitos pasaban a la sangre y se comprovaba su deseado efecto. El estudio más significativo fue el análisis y la clasificación grupal según fueran los motivos de la asistencia a esta etapa: había gente que vino para no caerse de los primeros puestos de la lista, la antigüedad es un grado y los galones no se pueden perder por una ausencia de este tipo, aunque la meteorología te hiciera dudar; otros vinieron por miedo a algún posible ERE temporal en GRMANIA; las ausencias decían que ya habían quedado marcadas, estigmatizadas con un no diploma u otras condecoraciones venideras. En resumen: los había convencidos de venir, los que no vinieron, los que se apuntaron y se echaron para atrás y los que, aun viniendo, intentaron convencer a otros para quedarse en casa. Como no hubo pacto, pues allí estaban. La nieve empieza a coger tonalidades diversas, los chupitos de anís del mono, los pacharanes y las botas empiezan a flexibilizar las lenguas. Dicen beber una especie de anticongelante especial para aguantar los rigores climáticos previos a la primavera. La moza más versada en alcoholes varios justificó su existencia así: “Yo vivo para dar felicidad a la gente”.
Barros
Olot, Cap Sec, el antiguo Hostal de la Vall del Bac, cal Ferrer, la antigua escuela y seguir hacia el Bosc del Quer, corrimientos de tierras en 1988 con 300 metros del camino original desaparecido, can Cortal, el coll del Salomó y Beget. Todo esto y más con barro, hielo y nieve en una etapa de las de recordar. Fue única e irrepetible. En especial porque entre las polainas y los chupitos se combatió la rigurosidad de un clima que dejaba unas imágenes inolvidables. Desde el Coll de Salomó, el Pirineo de Girona parecía una muralla pintada de blanco, con una masía de las de antes allá abajo y con falsos atisbos de Beget, pueblo que se hizo esperar. Y, en medio, había que haberse puesto de nuevo las polainas, pero como que no. Para qué. La nieve a veces ya aparecía pisada por variadas especies según huellas: antes de la horma humana, dibujos de neumáticos todo terreno, o jabalíes y hasta animales con cuernos (no humanos)
El pueblo
Hay quienes sorteaban licores a quien primero atisbara el destino final. Eran más ganas de llegar que de ser espléndidos, aunque esto siempre se ha dado. Varios anuncios falsos del esperado final no respondían más que a las ganas de levantar una estrella dorada (de vidrio). Como no podía ser menos, la subida final por Can Jeroni desembocó en la joya de un pequeño pueblo con la iglesia como su símbolo más preciado. El marco incomparable fue un restaurante de diseño, con servicio oriental bien “normalizado”, lavabo último grito en un entorno rural y sillas orientadas al sol y a la iglesia. Mientras se producía la reagrupación, el chófer venía presumiendo de una proeza: ser el primero en bajar por una carretera casi prohibida a los autocares, aunque la parte trasera guardaba las muescas de tal valentía.
Los alimentos y las bebidas se fueron compartiendo, mezclas tan diversas que a veces pueden provocar desazones posteriores. Como remate final los nuevos abuelos del grupo sorprendieron al colectivo andarín con bombones y vino pedro xeres. Todo delicioso. Tal cóctel fue tan explosivo que el camino de vuelta fue inenarrable.
De vuelta
A pesar de la bajada de temperatura cuando el sol se retiraba, aquí ocurrió todo lo contrario. Debía de ser por influencia de la frontera francesa de allí al lado, reminiscencias de cuando lo verde empezaba al otro lado de los Pirineos. Pues aquí el verdor de dentro del autocar era más que evidente. Freud y Young lo tendrían fácil para sus estudios de campo. Y, por si fuera poco, se produjo una llamada a quien tiene el tema “bajo mano”, hombre versado en teatros e interpretaciones varias. Su asesoramiento debió enervar aún más los ánimos. Cualquier frase o palabra era motivo para reverdecer el ambiente. “Voy y me pinto el ojo”, dijo una moza: probad a sacar matices y extrapolad a cualquier otra frase afín durante las más de dos horas del viaje de vuelta.
Mientras, en la zona delantera, un ilustre Grmano (que no estaba para escuchar temas “traseros”: de atrás del autocar) sufrió un desmayo que, afortunadamente, no llegó a mayores, sólo a un susto. Quizá si se hubiera colocado en esta zona trasera no hubiera perdido el conocimiento, o sí. Risas, hasta la extenuación.
Entre la nieve, los chupitos, el yantar, Beget y las polainas, pocas etapas han dado tanto de sí. Fueron muchos momentos muy bien aprovechados. Una vez más.
Y, para acabar, recurramos al actual entrenador del Arsenal, Arsène Wenger (otro hombre que, como Pep Guardiola, cuando habla “dice cosas”):
“Un famoso dicho defiende que la única forma de estar en paz contigo mismo es si transformas cada minuto de tu vida en arte”
Evaristo
Terrassa, 4 de abril de 2010
Grmanos y GRmanas
Memorable etapa, de las que permanecen en la retina. Se le pueden poner muchos adjetivos a un paisaje con la nieve como protagonista, lleno de matices, de gradaciones, sin asomo de primavera más que en algunas mentes en el camino de vuelta, el invierno en los árboles, el frío llevadero con sudores incluidos. Y con la inexperiencia a los mandos de un vehículo que apenas se sabía por dónde se dirigía al destino final. Quien ponía Baget en el GPS ni lo detectaba. Tampoco le sonaba el nombre bien escrito, él que se autotitulaba como experto en viajes internacionales. Vueltas y más vueltas para ir y para volver, quizá con la intención de observar los efectos de la gran nevada en los postes “políticamente correctos” según la empresa, pero partidos y sin electricidad por la amplia Girona.
La gran nevada provocó esa historia oculta que hay detrás de cada etapa. Los teléfonos no pararon de sonar la noche anterior. Hubo conatos para desconvocar, la prudencia antes que el peligro, el seco asfalto ciudadano antes que el camino mojado. Pero los intentos de movilización para quedarse no triunfaron. De todas formas, las huestes estaban diezmadas y, a día de hoy, tampoco nadie ha investigado las causas de tantas bajas se supone que justificadas: enfermedades, miedos, compromisos, aversiones a la nieve y a sus efectos colaterales. Mucho autocar para poco personal. Quien no vino se perdió comprobar la gran nevada y saber para qué sirven las polainas.
Polainas
Ante la alerta dada, hubo tiendas que agotaron las existencias de tal protección. Fueron pocas personas las equipadas pero las lucieron y bien. Nada más llegar a las inmediaciones de Ca la Nasia (recuérdese una comida de Navidad memorable aquí, con nieve a la puerta), el autocar parecía emular el casi “triunfal” paseo motorizado por Mont-Rebei, se veía que avanzaba “hacia el infinito y más allá”. No paraba y ya casi estaba en medio de un estrecho camino lleno de chopos. Cuando lo hizo, de pronto hubo quienes se agacharon y empezaron a tirar de correas, cintas y presillas. Luego hicieron un discreto desfile de modelos y mostraron polainas a cincuenta euros el par. Pero hubo otro que no llegó a mostrar su diseño más artesanal. Venía provisto de cinta aislante para proteger los pantalones en caso de necesidad. Y si hacía falta usaba también el papel de aluminio del bocadillo como refuerzo. Dos modelos distintos para no mojarse con la nieve. Pero, al final, unos y otros, o sea, todos, notaron las humedades en los bajos. La nieve les mojó los pies en el tramo final. Hasta se vio el espectáculo de los más ortodoxos con los tobillos y las canillas empapadas por el sudor de la polaina. Van, la quitan, la guardan y luego viene la necesidad no cubierta.
Chupitos
La primera parada fue en una curva con nieve a los lados. Mientras se consumaba el acto de la manduca, se efectuaron algunos estudios sociológicos, más profundos a medida que los chupitos pasaban a la sangre y se comprovaba su deseado efecto. El estudio más significativo fue el análisis y la clasificación grupal según fueran los motivos de la asistencia a esta etapa: había gente que vino para no caerse de los primeros puestos de la lista, la antigüedad es un grado y los galones no se pueden perder por una ausencia de este tipo, aunque la meteorología te hiciera dudar; otros vinieron por miedo a algún posible ERE temporal en GRMANIA; las ausencias decían que ya habían quedado marcadas, estigmatizadas con un no diploma u otras condecoraciones venideras. En resumen: los había convencidos de venir, los que no vinieron, los que se apuntaron y se echaron para atrás y los que, aun viniendo, intentaron convencer a otros para quedarse en casa. Como no hubo pacto, pues allí estaban. La nieve empieza a coger tonalidades diversas, los chupitos de anís del mono, los pacharanes y las botas empiezan a flexibilizar las lenguas. Dicen beber una especie de anticongelante especial para aguantar los rigores climáticos previos a la primavera. La moza más versada en alcoholes varios justificó su existencia así: “Yo vivo para dar felicidad a la gente”.
Barros
Olot, Cap Sec, el antiguo Hostal de la Vall del Bac, cal Ferrer, la antigua escuela y seguir hacia el Bosc del Quer, corrimientos de tierras en 1988 con 300 metros del camino original desaparecido, can Cortal, el coll del Salomó y Beget. Todo esto y más con barro, hielo y nieve en una etapa de las de recordar. Fue única e irrepetible. En especial porque entre las polainas y los chupitos se combatió la rigurosidad de un clima que dejaba unas imágenes inolvidables. Desde el Coll de Salomó, el Pirineo de Girona parecía una muralla pintada de blanco, con una masía de las de antes allá abajo y con falsos atisbos de Beget, pueblo que se hizo esperar. Y, en medio, había que haberse puesto de nuevo las polainas, pero como que no. Para qué. La nieve a veces ya aparecía pisada por variadas especies según huellas: antes de la horma humana, dibujos de neumáticos todo terreno, o jabalíes y hasta animales con cuernos (no humanos)
El pueblo
Hay quienes sorteaban licores a quien primero atisbara el destino final. Eran más ganas de llegar que de ser espléndidos, aunque esto siempre se ha dado. Varios anuncios falsos del esperado final no respondían más que a las ganas de levantar una estrella dorada (de vidrio). Como no podía ser menos, la subida final por Can Jeroni desembocó en la joya de un pequeño pueblo con la iglesia como su símbolo más preciado. El marco incomparable fue un restaurante de diseño, con servicio oriental bien “normalizado”, lavabo último grito en un entorno rural y sillas orientadas al sol y a la iglesia. Mientras se producía la reagrupación, el chófer venía presumiendo de una proeza: ser el primero en bajar por una carretera casi prohibida a los autocares, aunque la parte trasera guardaba las muescas de tal valentía.
Los alimentos y las bebidas se fueron compartiendo, mezclas tan diversas que a veces pueden provocar desazones posteriores. Como remate final los nuevos abuelos del grupo sorprendieron al colectivo andarín con bombones y vino pedro xeres. Todo delicioso. Tal cóctel fue tan explosivo que el camino de vuelta fue inenarrable.
De vuelta
A pesar de la bajada de temperatura cuando el sol se retiraba, aquí ocurrió todo lo contrario. Debía de ser por influencia de la frontera francesa de allí al lado, reminiscencias de cuando lo verde empezaba al otro lado de los Pirineos. Pues aquí el verdor de dentro del autocar era más que evidente. Freud y Young lo tendrían fácil para sus estudios de campo. Y, por si fuera poco, se produjo una llamada a quien tiene el tema “bajo mano”, hombre versado en teatros e interpretaciones varias. Su asesoramiento debió enervar aún más los ánimos. Cualquier frase o palabra era motivo para reverdecer el ambiente. “Voy y me pinto el ojo”, dijo una moza: probad a sacar matices y extrapolad a cualquier otra frase afín durante las más de dos horas del viaje de vuelta.
Mientras, en la zona delantera, un ilustre Grmano (que no estaba para escuchar temas “traseros”: de atrás del autocar) sufrió un desmayo que, afortunadamente, no llegó a mayores, sólo a un susto. Quizá si se hubiera colocado en esta zona trasera no hubiera perdido el conocimiento, o sí. Risas, hasta la extenuación.
Entre la nieve, los chupitos, el yantar, Beget y las polainas, pocas etapas han dado tanto de sí. Fueron muchos momentos muy bien aprovechados. Una vez más.
Y, para acabar, recurramos al actual entrenador del Arsenal, Arsène Wenger (otro hombre que, como Pep Guardiola, cuando habla “dice cosas”):
“Un famoso dicho defiende que la única forma de estar en paz contigo mismo es si transformas cada minuto de tu vida en arte”
Evaristo
Terrassa, 4 de abril de 2010
Sexta etapa del GR 83, entre Planes d'Hostoles y Olot
Resbalones volcánicos a bajo cero
Grmanos y GRmanas
La corazonada del día empezó con buenos principios. ¡Mira que resulta descorazonador esperar, esperar y esperar a que llegue el autocar y que no se presente! El corazón empieza a latir y las pulsaciones parecen adelantarse a un posible despiste de uno de tantos conductores como se han dado a conocer. Pero no, los buenos presentimientos se cumplieron. Tres cuartos de hora antes de la salida allí estaba, relajado, sin saber a dónde ir, despreocupado de la ruta, sin más sistemas de navegación que sus gruesos dedos, el ojo avizor y dejarse llevar por quien buenamente le orientara qué carretera coger. Ni se inmutaba, el pulso constante, mínimas preocupaciones, velocidad adecuada y sobresaltos los menos. No parecía necesitar pruebas de esfuerzo, sus latidos no le debían delatar anormalidades coronarias, a juzgar por las formas (aunque a lo mejor la fiesta iba por dentro).
Preparativos
No cabe duda de que hay padres espirituales que, mientras confías tus huesos al que va conduciendo delante, ellos te van preparando el camino hacia otras edades. Mira que dicen que es difícil afrontar “el fluir del río de la vida”. Pues aquí es fácil porque “quien a buen árbol se arrima...” Y hay quienes se protegen de lo que vaya a venir con los consejos de quien de los menesteres de las próximas edades sabe porque se las trabaja y debe vivir bien con sus cuidados.
Viendo a la tercera edad se aprende y se descubre en lo que uno también caerá. Ellos también tienen su corazoncito, sus toques eróticos, incluso hasta hablan de encumbrados ex-presidentes que se dedicaban a volar en aviones preparados al efecto lujurioso y, después de tanta práctica oral también en despachos ovales, va y le sorprende un infarto. Al parecer, ya hace tiempo que las válvulas no le iban, pero otros músculos sí. Con lo que la conversación también discurría hacia los derroteros pecaminosos de padres espirituales de verdad que caen en los placeres de la carne, o sea, acelerones sanguíneos muy humanos que no respetan ni la edad ni las creencias ni la tonsura. A lo que el padre espiritual ficticio sentencia y justifica: “Picha tiesa no cree en Dios”. Pero los chinos, que ahora también demuestran ser muy listos, ya lo dijeron en uno de sus proverbios: “Hay que escuchar a la cabeza, pero dejar hablar al corazón”. Pues a ello vamos.
Tierras
También se aprende en estos caminos cuando se juega a la confusión de los sonidos, tu oído como ya no capta bien todos los matices tiene que interpretar más de la cuenta para adivinar el objeto de la charla. Sin Sonotone ya empieza a ser complicada la vida. Por ejemplo, una moza va y dice: “Para encontrar uno joven y bueno, tiene que ser difícil y caro” y añade: “A mí los de l'Empordà me entran bien” Para resumir: “ Mejor que los envejecidos, me gusta más la chispa de los jóvenes” . Y aún pregona gustos más germánicos: “También me gustan mucho los de la cuenca del Rhin”.
No cabe dudar a lo que se refería. No, no era aquello que te hace ser incrédulo en Dios. Más fácil, aún. Hablaba de vinos y de sus gustos. Por cierto, afirmaba que un buen vaso es bueno para el corazón, órgano que también transmite: “La boca pronuncia lo que el corazón apunta”. Al final ella acabó acudiendo a mayores graduaciones que le produjeran más efectos beneficiosos.
El camino parecía discurrir por terrenos estudiados desde la infancia. Era aquel juego de la imaginación en que el profesorado se empeñaba en que adivinaras que hace miles de años allí había un volcán. Y tú no lo veías porque la televisión podía más que el profe. Los árboles ocultaban aquellas explosiones terribles de las películas. Pues allí estaba el personal. Con los pies con sobrepeso por culpa del barro acumulado. Con varias iglesias y ermitas, Cogolls, una ermita que funcionó como castillo y antiguo templo pagano llamada Sant Salvador de Puig-Alder, que ahora es un refugio para caminantes. Un entorno que anuncia que el parque volcánico de la Garrotxa se aproxima. No sin antes cruzar una tierra arada que desemboca en una casa como si del Rastro madrileño se tratara.
Los latidos aumentan a medida que los resbalones volcánicos verifican la inestabilidad del terreno. Zapatillas bien protegidas por capas y capas de restos de pasadas erupciones mientras el pausado discurrir por entre frondosas masas de bosque hace que las distancias entre grupos sean más que alargadas.
Las masías aisladas entre restos de cráteres parecían estampas de épocas a punto de pasar página. Aquellos animales cuidados por personas ya mayores eran símbolos de un presente ya pasado. Parecían adornos bucólicos de un paisaje aderezado por altiplanos, ermitas y esa placidez previa a la entrada en la gran aglomeración de hayedos sin hojas. Todo en un ambiente plomizo, enmascarado por los colores grises y marrones de la naturaleza en reposo. No era un disfraz de carnaval, era el invierno que mantenía la temperatura constante: a bajo cero. Lástima que uno de nuestros Grmanos no pudiera asistir a este paisaje invernal, siguiendo indicaciones de reposo de galenos cardiólogos. Siempre hay que hacer caso a quienes tienen el corazón entre manos.
Latidos
A pesar de las pérdidas en caminos fáciles pero con marcas enmascaradas, aquellas tierras volcánicas se presentaban tentadoras como para someterse a otros ritmos al final del recorrido. Olot significaba el final, pero también la reflexión , la puesta en común de sentimientos, la celebración de cambios, la valoración de frutos cosechados tras muchos pasos en amorosa compañía. Atravesar la capital de la Garrotxa descubrió fábricas de embutidos, zonas industriales y una sorpresa no imaginada por quien procede de las antípodas. Allí, al final, antes de entrar, ella observó que esos animales que viven a 3.000 km. de su lugar de nacimiento, aquí se ofrecían ya puestos en el plato. El bar destino final presumía de ofrecer carne de canguro. O sea, un gran salto de estos marsupiales hasta trasladarse congelados a tierras famosas por sus chacinas y derivados del cerdo.
El intenso frío y el anuncio de los primeros copos de nieve se combatieron con los calores artificiales y con la demostración efectiva de los resultados de otros calores ya muy consolidados. El reservado para la ocasión acogió a un personal ávido de postres, cavas y demostraciones de lo que el corazón es capaz de hacer. Y allí, en aquel ambiente tan expectante, él hizo una confesión en público a corazón abierto. Hay que descubrirse ante nuestro mejor contador de cuentos, que esta vez no nos sorprendió con uno de los suyos. La prueba del corazón no engaña y si se declama en público, es sinceridad compartida. Fueron entrañables momentos donde lo evidente se vistió de amor emocionado y bien escrito.
Hace unos años nadie pensaría en que tantos sudores y caminos iban a dar lugar a que una experta en corazones ajenos tuviera su “corasón partío” entre un experimentado y veterano Grmano y un niño que también le ha cambiado la vida. Esta vez no le quedó más remedio que ocuparse en serio de su propio corazón y descubrir por qué latía más fuerte. El 1 de enero de 2008 pasó algo, el pasear perros sacó a paseo otras sensaciones, todo se consolidó y aquí están las pruebas en la frecuencia cardíaca de ella mientras oía las palabras de él, se percataba de la glosa escrita por quien pasaba los sentimientos por el tamiz de la filosofía y, al final, veía el audiovisual tan bien compuesto por quien sin estar, también estaba allí.
Los dulces y los brindis consagraron una sobremesa en honor a ellos, aunque el electrocardiograma de ella se predecía más que alteradoen aquellos momentos. Y, para rematar la jornada, qué mejor que hacerlo con esa bebida que dicen que es muy buena para mantener el tono cardíaco: el whisky. Los chupitos debían tener propiedades medicinales, a tenor de los tragos repetidos y de los efectos posteriores. Una moza llegó a declarar que los mejor de los GR es el camino de vuelta en el autocar. No es extraño.
Y para todos los que ya gozamos de veteranía, ese mismo día 13 de febrero el nutricionista José María Ordovás, en EL PAÍS, nos dejaba un buen consejo:
“La fórmula de la longevidad es acostarse cada noche con la idea de que al día siguiente se tiene una misión”
Nota:
(No cabe duda de que tantos motivos fueron más que suficientes para que uno haya recurrido en tantas ocasiones a la palabra “Corazón” y sus efectos en esta epístola. En homenaje a ella, a sus amores y a sus cumpleaños)
Terrassa, 4 de marzo de 2010
Grmanos y GRmanas
La corazonada del día empezó con buenos principios. ¡Mira que resulta descorazonador esperar, esperar y esperar a que llegue el autocar y que no se presente! El corazón empieza a latir y las pulsaciones parecen adelantarse a un posible despiste de uno de tantos conductores como se han dado a conocer. Pero no, los buenos presentimientos se cumplieron. Tres cuartos de hora antes de la salida allí estaba, relajado, sin saber a dónde ir, despreocupado de la ruta, sin más sistemas de navegación que sus gruesos dedos, el ojo avizor y dejarse llevar por quien buenamente le orientara qué carretera coger. Ni se inmutaba, el pulso constante, mínimas preocupaciones, velocidad adecuada y sobresaltos los menos. No parecía necesitar pruebas de esfuerzo, sus latidos no le debían delatar anormalidades coronarias, a juzgar por las formas (aunque a lo mejor la fiesta iba por dentro).
Preparativos
No cabe duda de que hay padres espirituales que, mientras confías tus huesos al que va conduciendo delante, ellos te van preparando el camino hacia otras edades. Mira que dicen que es difícil afrontar “el fluir del río de la vida”. Pues aquí es fácil porque “quien a buen árbol se arrima...” Y hay quienes se protegen de lo que vaya a venir con los consejos de quien de los menesteres de las próximas edades sabe porque se las trabaja y debe vivir bien con sus cuidados.
Viendo a la tercera edad se aprende y se descubre en lo que uno también caerá. Ellos también tienen su corazoncito, sus toques eróticos, incluso hasta hablan de encumbrados ex-presidentes que se dedicaban a volar en aviones preparados al efecto lujurioso y, después de tanta práctica oral también en despachos ovales, va y le sorprende un infarto. Al parecer, ya hace tiempo que las válvulas no le iban, pero otros músculos sí. Con lo que la conversación también discurría hacia los derroteros pecaminosos de padres espirituales de verdad que caen en los placeres de la carne, o sea, acelerones sanguíneos muy humanos que no respetan ni la edad ni las creencias ni la tonsura. A lo que el padre espiritual ficticio sentencia y justifica: “Picha tiesa no cree en Dios”. Pero los chinos, que ahora también demuestran ser muy listos, ya lo dijeron en uno de sus proverbios: “Hay que escuchar a la cabeza, pero dejar hablar al corazón”. Pues a ello vamos.
Tierras
También se aprende en estos caminos cuando se juega a la confusión de los sonidos, tu oído como ya no capta bien todos los matices tiene que interpretar más de la cuenta para adivinar el objeto de la charla. Sin Sonotone ya empieza a ser complicada la vida. Por ejemplo, una moza va y dice: “Para encontrar uno joven y bueno, tiene que ser difícil y caro” y añade: “A mí los de l'Empordà me entran bien” Para resumir: “ Mejor que los envejecidos, me gusta más la chispa de los jóvenes” . Y aún pregona gustos más germánicos: “También me gustan mucho los de la cuenca del Rhin”.
No cabe dudar a lo que se refería. No, no era aquello que te hace ser incrédulo en Dios. Más fácil, aún. Hablaba de vinos y de sus gustos. Por cierto, afirmaba que un buen vaso es bueno para el corazón, órgano que también transmite: “La boca pronuncia lo que el corazón apunta”. Al final ella acabó acudiendo a mayores graduaciones que le produjeran más efectos beneficiosos.
El camino parecía discurrir por terrenos estudiados desde la infancia. Era aquel juego de la imaginación en que el profesorado se empeñaba en que adivinaras que hace miles de años allí había un volcán. Y tú no lo veías porque la televisión podía más que el profe. Los árboles ocultaban aquellas explosiones terribles de las películas. Pues allí estaba el personal. Con los pies con sobrepeso por culpa del barro acumulado. Con varias iglesias y ermitas, Cogolls, una ermita que funcionó como castillo y antiguo templo pagano llamada Sant Salvador de Puig-Alder, que ahora es un refugio para caminantes. Un entorno que anuncia que el parque volcánico de la Garrotxa se aproxima. No sin antes cruzar una tierra arada que desemboca en una casa como si del Rastro madrileño se tratara.
Los latidos aumentan a medida que los resbalones volcánicos verifican la inestabilidad del terreno. Zapatillas bien protegidas por capas y capas de restos de pasadas erupciones mientras el pausado discurrir por entre frondosas masas de bosque hace que las distancias entre grupos sean más que alargadas.
Las masías aisladas entre restos de cráteres parecían estampas de épocas a punto de pasar página. Aquellos animales cuidados por personas ya mayores eran símbolos de un presente ya pasado. Parecían adornos bucólicos de un paisaje aderezado por altiplanos, ermitas y esa placidez previa a la entrada en la gran aglomeración de hayedos sin hojas. Todo en un ambiente plomizo, enmascarado por los colores grises y marrones de la naturaleza en reposo. No era un disfraz de carnaval, era el invierno que mantenía la temperatura constante: a bajo cero. Lástima que uno de nuestros Grmanos no pudiera asistir a este paisaje invernal, siguiendo indicaciones de reposo de galenos cardiólogos. Siempre hay que hacer caso a quienes tienen el corazón entre manos.
Latidos
A pesar de las pérdidas en caminos fáciles pero con marcas enmascaradas, aquellas tierras volcánicas se presentaban tentadoras como para someterse a otros ritmos al final del recorrido. Olot significaba el final, pero también la reflexión , la puesta en común de sentimientos, la celebración de cambios, la valoración de frutos cosechados tras muchos pasos en amorosa compañía. Atravesar la capital de la Garrotxa descubrió fábricas de embutidos, zonas industriales y una sorpresa no imaginada por quien procede de las antípodas. Allí, al final, antes de entrar, ella observó que esos animales que viven a 3.000 km. de su lugar de nacimiento, aquí se ofrecían ya puestos en el plato. El bar destino final presumía de ofrecer carne de canguro. O sea, un gran salto de estos marsupiales hasta trasladarse congelados a tierras famosas por sus chacinas y derivados del cerdo.
El intenso frío y el anuncio de los primeros copos de nieve se combatieron con los calores artificiales y con la demostración efectiva de los resultados de otros calores ya muy consolidados. El reservado para la ocasión acogió a un personal ávido de postres, cavas y demostraciones de lo que el corazón es capaz de hacer. Y allí, en aquel ambiente tan expectante, él hizo una confesión en público a corazón abierto. Hay que descubrirse ante nuestro mejor contador de cuentos, que esta vez no nos sorprendió con uno de los suyos. La prueba del corazón no engaña y si se declama en público, es sinceridad compartida. Fueron entrañables momentos donde lo evidente se vistió de amor emocionado y bien escrito.
Hace unos años nadie pensaría en que tantos sudores y caminos iban a dar lugar a que una experta en corazones ajenos tuviera su “corasón partío” entre un experimentado y veterano Grmano y un niño que también le ha cambiado la vida. Esta vez no le quedó más remedio que ocuparse en serio de su propio corazón y descubrir por qué latía más fuerte. El 1 de enero de 2008 pasó algo, el pasear perros sacó a paseo otras sensaciones, todo se consolidó y aquí están las pruebas en la frecuencia cardíaca de ella mientras oía las palabras de él, se percataba de la glosa escrita por quien pasaba los sentimientos por el tamiz de la filosofía y, al final, veía el audiovisual tan bien compuesto por quien sin estar, también estaba allí.
Los dulces y los brindis consagraron una sobremesa en honor a ellos, aunque el electrocardiograma de ella se predecía más que alteradoen aquellos momentos. Y, para rematar la jornada, qué mejor que hacerlo con esa bebida que dicen que es muy buena para mantener el tono cardíaco: el whisky. Los chupitos debían tener propiedades medicinales, a tenor de los tragos repetidos y de los efectos posteriores. Una moza llegó a declarar que los mejor de los GR es el camino de vuelta en el autocar. No es extraño.
Y para todos los que ya gozamos de veteranía, ese mismo día 13 de febrero el nutricionista José María Ordovás, en EL PAÍS, nos dejaba un buen consejo:
“La fórmula de la longevidad es acostarse cada noche con la idea de que al día siguiente se tiene una misión”
Nota:
(No cabe duda de que tantos motivos fueron más que suficientes para que uno haya recurrido en tantas ocasiones a la palabra “Corazón” y sus efectos en esta epístola. En homenaje a ella, a sus amores y a sus cumpleaños)
Terrassa, 4 de marzo de 2010
Quinta etapa del GR 83, entre Osor i Planes d'Hostoles
En invierno también se puede dar el salto y sudar
Grmanas y Grmanos
La inauguración del año 2010 estuvo llena de oportunidades para probar platos variados, frase poco afortunada cuando se dice después de la glotonería navideña. Pero eran “otros platos” los que, en sentido figurado, pasarían por delante del personal. Qué decir de la fortaleza física del grupo, una cuadrilla altamente eficaz en etapas de fuertes subidas y bajadas. No se puede pasar por alto el poder para encaramarse y cruzar fronteras prohibidas. O qué decir de esa acomodación al ritmo bailarín de la sardana al final de la etapa, verdadero mimetismo con las tradiciones autonómicas.
Habilidades
De hecho, las habilidades físicas calentaron un ambiente propio de un invierno con sus rigores casi olvidados. Quienes se interesan más por los tiempos hechos en las carreras y a veces menos por los procedimientos, esta vez aguzaron su ingenio y memoria para dar rienda suelta a sus “habilidades” en marcha. En el autocar se contaron divertidas anécdotas, quizá precursoras de saltos posteriores. Por ejemplo, ese nadador que, en plena competición con el graderío lleno a rebosar, se tira, pierde las gafas, vuelve a cogerlas y se las pone, mientras sus competidores (de entre 70 y 80 años) le demuestran que a su edad van más deprisa en el agua que en tierra. O ese otro sujeto que, en un campeonato de España, se le suelta el bañador y ha de dedicarse a bajar tiempo y a subir la ínfima prenda en cada viraje para evitar el aireo de partes reducidas a la mínima expresión (por la acción del agua, se entiende). Y qué decir de quien pulveriza los tiempos de las carreras por asfalto pero en una fue tan veloz, con la vista tan fija en el horizonte, que no se dio cuenta de que delante de sus narices tenía una señal vertical de tráfico. El choque brutal con el apéndice nasal no le impidió luchar, una vez más, contra el cronómetro.
Visto este planteamiento inicial, cualquier empresa del camino puede ser acometida. Con estas habilidades no hay valla que se resista. Desde la salida de Osor, las cuestas iniciales pronosticaban que el perfil con dientes de sierra sobre el plano era verídico. Hasta unos perros ladraban nada más salir, quizá era una señal de advertencia canina llena de matices. Pronto la subida abre el paisaje y calienta músculos resentidos por las bajas temperaturas. La Mare de Déu del Part no era ninguna indirecta a nadie del grupo, era una ermita que predecía que después vendría el Coll de Nafré, a 610 metros. Este punto dejaba ver un amplio horizonte, con formaciones rocosas que algunos les encontraban almas gemelas. Pero la superficie a la que nos acercábamos sin duda estaba llena de agua.
Susqueda
El agua embalsada se asomaba dibujando formas diversas según hubiera aproximación o lejanía, según las curvas dejaran ver las partes o casi el todo. En bajada lo que seguro que asomaría sería la gran pared. El muro de cemento, esa obra de ingeniería que tantas polémicas creó en otras zonas, o que tantas inauguraciones pasadas recogieron los NO-DOS. Una vez cerca, las señales estaban claras: había que comer. Primero la manduca, luego el estudio de la zona y después la dicotomía entre los más estrictos seguidores de las marcas y los liberales que no les importa adaptarse al medio y respetar las normas añadidas.
Llenos los estómagos, las mentes confabulaban sobre cómo seguir el camino. Había que cruzar la pared por el acceso superior habitual. Pero una puerta metálica franqueaba el paso. Para los máximos seguidores del reglamento GR, su religión les impedía pecar contra las marcas y rodear por la carretera. Ser del sector estricto implica unas obligaciones. La solución fue evidente. Cierto retraso del grupo general y asalto a la verja, emulando la tradición de los mozos almonteños con la virgen del Rocío, el Muro de Berlín o a propiedades de ricos en momentos de necesidad. Contaban con orgullo cómo sus cuerpos se cimbreaban y ondulaban sus cinturas para que el salto de obstáculos fuera limpio. Incluso hubo un varón que dice que aprovechó su desinteresada solidaridad para intentar colocar sus manos como soporte o como empuje para amasar posaderas ajenas y femeninas e izarlas hacia lo alto. Al mismo tiempo, el resto describió una amplia curva para sortear el impedimento geográfico por un paso honroso, sin atentar a la normativa vigente. Mientras este personal se adaptaba al medio y acometía la subida desde la zona más baja, alguien con vista de lince oteaba el horizonte hacia las dos verjas prohibidas por la autoridad competente. Intentaba adivinar si aquello que colgaba de una alambrada era un escroto o no. Decía que con la edad esta bolsa masculina cada vez va más ligera, es un colgajo mayor y se balancea más, lo que pudiera dar lugar a que una púa de la verja hiciera mella en la envoltura testicular y rasgara tamañas partes. Nada, ni escroto ni lesión en el perineo ni gónadas ni otras glándulas de nadie quedaron heridas, sueltas y a la intemperie. Pasaron victoriosos ambas verjas por el arco de triunfo. Dieron el salto con soltura.
Subidas
De los 330 metros de Susqueda hubo que ascender hasta los 806 metros de Sant Martí Sacalm. Continuada subida a la que se temía, no tanto por falta de fuerzas sino por los estragos navideños en cuerpos castigados por celebrar con devoción culinaria nacimientos divinos. Una antigua pedrera enseñaba sus entrañas vacías mientras la ascensión continuaba sin parar hasta el final. A cada curva las vistas del pantano se agrandaban. De un lado pasábamos al otro. El agua en medio, allá abajo mientras otros líquidos en forma de sudor asomaban como efecto del esfuerzo. Sudores que pronto se enfriaban. Pero no. La subida no paraba. Cada uno a su ritmo. Mirar hacia arriba. Esto no acaba nunca. Otra vuelta. El pantano cada vez más grande. O sea, subimos sin parar. Y allá abajo estábamos hace un momento. O sea, hemos subido más. Y más sudor. Fíjate, restos de nieve. O sea, antes el agua líquida del pantano, ahora las gotas de sudor que se evaporan o bajan por la frente, ahí el agua sólida y blanca a los lados del camino. La pista parece no tener final. Se corona arriba pero sigue subiendo. Pronto se adivina el poblado disperso de Sant Martí Sacalm. Casa de pagès, ovejas, vacas. Vida animal. Y, como un faro marino, allá arriba está la Mare de Déu del Far. No, no se trata de seguir subiendo. Llegados a este punto, bajemos.
Temas digitales
La bajada era seguida, mojada y con cuidado. Piedras que resbalaban. Ese musgo verde tan peligroso si se pone la zapatilla de goma encima. Si todo lo que sube baja, bajemos. Pero antes, los primeros tuvieron un pensamiento digital. Se imaginaron cómo iría nuestro rapsoda con su dedo. Intuían cómo lo iría ajustando al suelo, un movimiento para acá, otro para allá. Ahora lo levanto. Luego lo acomodo. Que no tropiece con una piedra. Que no me lo toque nadie. El dedo saltarín de un lado a otro dentro de la bota se comportó tan bien que le dejó llegar por sus propios medios. Luego también se supo que otro atleta tuvo que enfrentarse con su uña rebelde. Otro dedo retando a su propietario. Pudo el dueño. Días después, lo trasladó a tierras alicantinas y lo sometió a una media maratón. Y ahí está con la gratificación: un tiempo brillante. Todo gracias al esfuerzo y al buen comportamiento del dedo.
Redimir penas
El cruce con la vía verde del carrilet hacia Girona anunciaba el final. Bicicletas y cazadores esperaban al acabar en Les Planes D'Hostoles, a 350 metros. Poco a poco el grupo se juntó y el autocar trasladó al personal al meollo del pueblo de Anglès. A ese sitio donde en diciembre hubo comida navideña pero ahora tocaba otra versión más apegada al entorno. El sitio escogido estaba en el centro del pueblo. Una feria multiétnica y multiproducto era el marco incomparable de la ambientación posnavideña e invernal. Junto al bar, en la misma plaza, una cobla tocaba sardanas. Como cuando la valla, aquí también hubo división: una parte del personal comió fuera y disfrutó con el ameno sonido de las sardanas, mientras se formaban corros de gente que bailaba. Otros se refugiaron en el interior, en un bar añejo, de los historiados, el bar Gubau.
Llegados a los postres, el plan parecía sacado de la película “El Golpe”: con amplia sonrisa el afortunado encargado de la lotería devolvía el dinero jugado, asesorado por su ayudante de campo. Lejos, observaba la escena el recaudador de la paga mensual por derechos a salir de excursión. Él veía la cara de felicidad del personal, cómo introducían en sus carteras el reintegro de la lotería. ¡Ay, infelices, ignorantes! Cuando el reparto llegó a su fin, se levantó el recaudador y su ayudante y atacó a los bolsillos. ¡Qué poco duran las alegrías en casa de los pobres! Aquellos billetes fueron a parar a quien de temas bancarios sabe mucho. Pero las cifras no cuadraban. Inmediatamente se formó un sanedrín de crisis en una mesa. Repasaban cifras, se estrujaban los sesos para averiguar dónde estaban los veinte euros que faltaban. Hubo incluso intervención especial de expertos fiscales y auditores.
Mientras, el grupo del exterior estaba realizando una labor que nunca seremos capaces de agradecerles. Imbuidos por el hilo musical de la sardana en directo mientras comían, se lanzaron al ruedo y bailaban con gran soltura de movimientos. En realidad, GRMANIA tenía una deuda con Anglès y ellos estaban redimiendo las penas. Aquella promesa navideña de cantar sólo villancicos en catalán se incumplió con creces en el restaurante Ca L'Elisa. Por tanto, había que saldar la deuda, redimir aquella afrenta con la cultura del país y con el incumplimiento de la palabra dada. Ésta era la mejor ocasión para hacerlo. Y se hizo. Y también se descubrió que quien más sabía bailar sardanas era porque en su juventud este baile le sirvió para no se sabe qué con un amor platónico.
Con la lección aprendida, con la deuda saldada, con el orgullo del deber cumplido y con la mirada hacia el frente (hacia el autocar, claro), llegó el momento de partir. Pero antes cada persona tuvo un detalle con el pueblo hermano de Haití. Ahora fue un acreditado bancario quien recaudó los donativos y los ingresó donde corresponde. Fue algo más que un detalle para cerrar. Un buen momento para recordar aquella frase de Kevin Kelly:
“Nadie es tan inteligente como todos a la vez”
Terrassa, 30 de enero de 2010
Grmanas y Grmanos
La inauguración del año 2010 estuvo llena de oportunidades para probar platos variados, frase poco afortunada cuando se dice después de la glotonería navideña. Pero eran “otros platos” los que, en sentido figurado, pasarían por delante del personal. Qué decir de la fortaleza física del grupo, una cuadrilla altamente eficaz en etapas de fuertes subidas y bajadas. No se puede pasar por alto el poder para encaramarse y cruzar fronteras prohibidas. O qué decir de esa acomodación al ritmo bailarín de la sardana al final de la etapa, verdadero mimetismo con las tradiciones autonómicas.
Habilidades
De hecho, las habilidades físicas calentaron un ambiente propio de un invierno con sus rigores casi olvidados. Quienes se interesan más por los tiempos hechos en las carreras y a veces menos por los procedimientos, esta vez aguzaron su ingenio y memoria para dar rienda suelta a sus “habilidades” en marcha. En el autocar se contaron divertidas anécdotas, quizá precursoras de saltos posteriores. Por ejemplo, ese nadador que, en plena competición con el graderío lleno a rebosar, se tira, pierde las gafas, vuelve a cogerlas y se las pone, mientras sus competidores (de entre 70 y 80 años) le demuestran que a su edad van más deprisa en el agua que en tierra. O ese otro sujeto que, en un campeonato de España, se le suelta el bañador y ha de dedicarse a bajar tiempo y a subir la ínfima prenda en cada viraje para evitar el aireo de partes reducidas a la mínima expresión (por la acción del agua, se entiende). Y qué decir de quien pulveriza los tiempos de las carreras por asfalto pero en una fue tan veloz, con la vista tan fija en el horizonte, que no se dio cuenta de que delante de sus narices tenía una señal vertical de tráfico. El choque brutal con el apéndice nasal no le impidió luchar, una vez más, contra el cronómetro.
Visto este planteamiento inicial, cualquier empresa del camino puede ser acometida. Con estas habilidades no hay valla que se resista. Desde la salida de Osor, las cuestas iniciales pronosticaban que el perfil con dientes de sierra sobre el plano era verídico. Hasta unos perros ladraban nada más salir, quizá era una señal de advertencia canina llena de matices. Pronto la subida abre el paisaje y calienta músculos resentidos por las bajas temperaturas. La Mare de Déu del Part no era ninguna indirecta a nadie del grupo, era una ermita que predecía que después vendría el Coll de Nafré, a 610 metros. Este punto dejaba ver un amplio horizonte, con formaciones rocosas que algunos les encontraban almas gemelas. Pero la superficie a la que nos acercábamos sin duda estaba llena de agua.
Susqueda
El agua embalsada se asomaba dibujando formas diversas según hubiera aproximación o lejanía, según las curvas dejaran ver las partes o casi el todo. En bajada lo que seguro que asomaría sería la gran pared. El muro de cemento, esa obra de ingeniería que tantas polémicas creó en otras zonas, o que tantas inauguraciones pasadas recogieron los NO-DOS. Una vez cerca, las señales estaban claras: había que comer. Primero la manduca, luego el estudio de la zona y después la dicotomía entre los más estrictos seguidores de las marcas y los liberales que no les importa adaptarse al medio y respetar las normas añadidas.
Llenos los estómagos, las mentes confabulaban sobre cómo seguir el camino. Había que cruzar la pared por el acceso superior habitual. Pero una puerta metálica franqueaba el paso. Para los máximos seguidores del reglamento GR, su religión les impedía pecar contra las marcas y rodear por la carretera. Ser del sector estricto implica unas obligaciones. La solución fue evidente. Cierto retraso del grupo general y asalto a la verja, emulando la tradición de los mozos almonteños con la virgen del Rocío, el Muro de Berlín o a propiedades de ricos en momentos de necesidad. Contaban con orgullo cómo sus cuerpos se cimbreaban y ondulaban sus cinturas para que el salto de obstáculos fuera limpio. Incluso hubo un varón que dice que aprovechó su desinteresada solidaridad para intentar colocar sus manos como soporte o como empuje para amasar posaderas ajenas y femeninas e izarlas hacia lo alto. Al mismo tiempo, el resto describió una amplia curva para sortear el impedimento geográfico por un paso honroso, sin atentar a la normativa vigente. Mientras este personal se adaptaba al medio y acometía la subida desde la zona más baja, alguien con vista de lince oteaba el horizonte hacia las dos verjas prohibidas por la autoridad competente. Intentaba adivinar si aquello que colgaba de una alambrada era un escroto o no. Decía que con la edad esta bolsa masculina cada vez va más ligera, es un colgajo mayor y se balancea más, lo que pudiera dar lugar a que una púa de la verja hiciera mella en la envoltura testicular y rasgara tamañas partes. Nada, ni escroto ni lesión en el perineo ni gónadas ni otras glándulas de nadie quedaron heridas, sueltas y a la intemperie. Pasaron victoriosos ambas verjas por el arco de triunfo. Dieron el salto con soltura.
Subidas
De los 330 metros de Susqueda hubo que ascender hasta los 806 metros de Sant Martí Sacalm. Continuada subida a la que se temía, no tanto por falta de fuerzas sino por los estragos navideños en cuerpos castigados por celebrar con devoción culinaria nacimientos divinos. Una antigua pedrera enseñaba sus entrañas vacías mientras la ascensión continuaba sin parar hasta el final. A cada curva las vistas del pantano se agrandaban. De un lado pasábamos al otro. El agua en medio, allá abajo mientras otros líquidos en forma de sudor asomaban como efecto del esfuerzo. Sudores que pronto se enfriaban. Pero no. La subida no paraba. Cada uno a su ritmo. Mirar hacia arriba. Esto no acaba nunca. Otra vuelta. El pantano cada vez más grande. O sea, subimos sin parar. Y allá abajo estábamos hace un momento. O sea, hemos subido más. Y más sudor. Fíjate, restos de nieve. O sea, antes el agua líquida del pantano, ahora las gotas de sudor que se evaporan o bajan por la frente, ahí el agua sólida y blanca a los lados del camino. La pista parece no tener final. Se corona arriba pero sigue subiendo. Pronto se adivina el poblado disperso de Sant Martí Sacalm. Casa de pagès, ovejas, vacas. Vida animal. Y, como un faro marino, allá arriba está la Mare de Déu del Far. No, no se trata de seguir subiendo. Llegados a este punto, bajemos.
Temas digitales
La bajada era seguida, mojada y con cuidado. Piedras que resbalaban. Ese musgo verde tan peligroso si se pone la zapatilla de goma encima. Si todo lo que sube baja, bajemos. Pero antes, los primeros tuvieron un pensamiento digital. Se imaginaron cómo iría nuestro rapsoda con su dedo. Intuían cómo lo iría ajustando al suelo, un movimiento para acá, otro para allá. Ahora lo levanto. Luego lo acomodo. Que no tropiece con una piedra. Que no me lo toque nadie. El dedo saltarín de un lado a otro dentro de la bota se comportó tan bien que le dejó llegar por sus propios medios. Luego también se supo que otro atleta tuvo que enfrentarse con su uña rebelde. Otro dedo retando a su propietario. Pudo el dueño. Días después, lo trasladó a tierras alicantinas y lo sometió a una media maratón. Y ahí está con la gratificación: un tiempo brillante. Todo gracias al esfuerzo y al buen comportamiento del dedo.
Redimir penas
El cruce con la vía verde del carrilet hacia Girona anunciaba el final. Bicicletas y cazadores esperaban al acabar en Les Planes D'Hostoles, a 350 metros. Poco a poco el grupo se juntó y el autocar trasladó al personal al meollo del pueblo de Anglès. A ese sitio donde en diciembre hubo comida navideña pero ahora tocaba otra versión más apegada al entorno. El sitio escogido estaba en el centro del pueblo. Una feria multiétnica y multiproducto era el marco incomparable de la ambientación posnavideña e invernal. Junto al bar, en la misma plaza, una cobla tocaba sardanas. Como cuando la valla, aquí también hubo división: una parte del personal comió fuera y disfrutó con el ameno sonido de las sardanas, mientras se formaban corros de gente que bailaba. Otros se refugiaron en el interior, en un bar añejo, de los historiados, el bar Gubau.
Llegados a los postres, el plan parecía sacado de la película “El Golpe”: con amplia sonrisa el afortunado encargado de la lotería devolvía el dinero jugado, asesorado por su ayudante de campo. Lejos, observaba la escena el recaudador de la paga mensual por derechos a salir de excursión. Él veía la cara de felicidad del personal, cómo introducían en sus carteras el reintegro de la lotería. ¡Ay, infelices, ignorantes! Cuando el reparto llegó a su fin, se levantó el recaudador y su ayudante y atacó a los bolsillos. ¡Qué poco duran las alegrías en casa de los pobres! Aquellos billetes fueron a parar a quien de temas bancarios sabe mucho. Pero las cifras no cuadraban. Inmediatamente se formó un sanedrín de crisis en una mesa. Repasaban cifras, se estrujaban los sesos para averiguar dónde estaban los veinte euros que faltaban. Hubo incluso intervención especial de expertos fiscales y auditores.
Mientras, el grupo del exterior estaba realizando una labor que nunca seremos capaces de agradecerles. Imbuidos por el hilo musical de la sardana en directo mientras comían, se lanzaron al ruedo y bailaban con gran soltura de movimientos. En realidad, GRMANIA tenía una deuda con Anglès y ellos estaban redimiendo las penas. Aquella promesa navideña de cantar sólo villancicos en catalán se incumplió con creces en el restaurante Ca L'Elisa. Por tanto, había que saldar la deuda, redimir aquella afrenta con la cultura del país y con el incumplimiento de la palabra dada. Ésta era la mejor ocasión para hacerlo. Y se hizo. Y también se descubrió que quien más sabía bailar sardanas era porque en su juventud este baile le sirvió para no se sabe qué con un amor platónico.
Con la lección aprendida, con la deuda saldada, con el orgullo del deber cumplido y con la mirada hacia el frente (hacia el autocar, claro), llegó el momento de partir. Pero antes cada persona tuvo un detalle con el pueblo hermano de Haití. Ahora fue un acreditado bancario quien recaudó los donativos y los ingresó donde corresponde. Fue algo más que un detalle para cerrar. Un buen momento para recordar aquella frase de Kevin Kelly:
“Nadie es tan inteligente como todos a la vez”
Terrassa, 30 de enero de 2010
viernes, 1 de enero de 2010
Cuarta etapa del GR 83, entre Sant Hilari Sacalm y Osor
Resistir para celebrar
Grmanos y Grmanas
“Resistir es vencer”, era la pintada que recibió a un grupo tan variopinto como éste en Sant Hilari Sacalm. Acostumbrados a otras épocas de alto voltaje reivindicativo, la frase tan actualizada debía responder no a cambios políticos sino a preocupaciones ambientales. No querían la línea de muy alta tensión. Por eso había que resistir. Aunque, si de resistencia hablamos, el actual autocar sometió al personal a un frío invernal dentro del habitáculo. Claro que hubo que resistir el aire frío, la ventilación inoportuna, los intentos de calentar el ambiente. Y qué mejor que entretener la mente colectiva con disquisiciones variadas que focalizaran los fríos hacia cuestiones candentes.
En la parte de atrás un grupo se lanzó al ruedo (nunca mejor dicho) de si corridas sí o no. Como que de unas todos estaban de acuerdo se pasó a las otras. Y aquí hubo quienes creyeron que Cataluña es diferente, va un paso más allá y debe prohibir tamaña aberración. Otros estaban en contra de tamaño espectáculo pero estaban en contra también de tantas prohibiciones como cada vez hay. Del ardor dialéctico se pasó a pedir consultas y más consultas, referendums y lo que haga falta. Y más en la zona donde estamos, casi con las urnas aún calientes de independencia. Llegados a este punto, se solicitó también hacer otra consulta sobre si los pájaros domésticos deben estar dentro de la jaula o no. O si los billetes de Félix Millet deben estar dentro de una caja fuerte o se debería abrir y esparcirlos urbi et orbe. También se hubiera podido debatir ese caso que honra a Grmania, quizá de los únicos en esta comunidad autónoma: ese Grmano seguidor de un galáctico y “christiano”club de fútbol que fue un entusiasta organizador de una consulta independentista (para que ganara el sí, por supuesto). Puestos a acoger, que vengan cuantas saharauis quieran. Aquí cabemos todos.
De pie
El camino fue un puro trámite en días previos al invierno. Amplia superficie, sin dificultad. Un paseo tranquilo, calmado, justificable por el estado de la naturaleza y por las celebraciones finales. Mucho personal, un hito en las cifras de afluencia de esta hermandad. Mientras, el infiltrado observador, perteneciente a grupos paralelos muy serios y bien organizados (casi cuadriculados), notaba los movimientos del personal. Su escepticismo era evidente. Como si pensara en a dónde iba esta gente y qué se traían entre manos en momentos anteriores a la Navidad (llamadas ahora “fiestas de invierno” por las máximas autoridades educativas catalanas). Pero este sujeto se debería convencer luego que las apariencias engañan. Y así debió quedar cuando los actos del público comensal le demostraron que, con aparente poco orden pero sí con mucho concierto (buenos maestros/as de juergas tenemos), se articuló una jornada memorable, de las que hacen historia. A pesar de intercambios de impresiones divergentes en regalos y otros temas (necesarios para ver mejor la realidad), el programa de actos siguió un ritmo marcado casi “en ningún sitio”. Anarquía organizada con un sabor muy agradable .
El frío apretaba, la desolación invernal aclaraba el paisaje, al fondo el Canigó nevado, camino despejado, el sol se cotizaba al alza. Paisajes abiertos, tranquilidad, campechanía, relajación, pocos kilómetros, ninguna dificultad, suave subida, bajada hasta el final.
El desayuno también marcó otro hito. Transcurrió de pie, muy poco personal en tierra. Y una parte del suelo era una pura capa de látex usado. Restos de placeres condenados por ligas antiabortistas, puritanos al uso y censores de los buenos momentos de la carne.
Celebraciones
Subida. En la parte de arriba se desechó llegar aún a lo más alto. Para qué. Se iba a lo que se iba, para qué dar rodeos y hacer cundir el camino. Tranquilidad, animales sueltos, perros sujetados para evitar lances, pista forestal plana, relajación general hasta Osor. Un vistazo a la iglesia, autocar y a comer en Ca L'Elisa, en Anglès. Gran ambiente, el personal dio la sensación de satisfacción. Una parte del sector femenino anotó cierta evolución de la lascivia a la gula. Habrá que tenerlo en cuenta. La animación subió de tono, el cava personalizado completó el efecto acumulado de los alcoholes anteriores. El equipo de animación fue excelente (“Todo esto lo hacemos por ellos”, se sinceró el gran animador a la salida). Quien buscó el local se hacía cruces. La promesa previa que casi le juró al dueño para que nos acogiera se hizo añicos. Le había prometido que se cantarían villancicos en catalán. No parece que el Asturias patria querida, el vino de Asunción y el todos queremos más le molestara en absoluto. Hasta no nos cobró los cafés y ofreció repetir de todos los platos. Visto lo cual, se contempla volver en otras ocasiones.
Después de jornadas como ésta y de tantos años pasados en agradable compañía con todos vosotros y vosotras, permitidme cerrar el año con un texto antológico de Mario Benedetti, poeta y escritor uruguayo que murió este año que pronto acaba:
Primero que todo
Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace en menos tiempo de lo esperado.
Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.
Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.
Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo, entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.
Me gusta la gente que al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente; a éstos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no fallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente que trabaja por resultados. Con gente como esa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido.
Mario Benedetti
Terrassa, 23 de diciembre de 2009
Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
Grmanos y Grmanas
“Resistir es vencer”, era la pintada que recibió a un grupo tan variopinto como éste en Sant Hilari Sacalm. Acostumbrados a otras épocas de alto voltaje reivindicativo, la frase tan actualizada debía responder no a cambios políticos sino a preocupaciones ambientales. No querían la línea de muy alta tensión. Por eso había que resistir. Aunque, si de resistencia hablamos, el actual autocar sometió al personal a un frío invernal dentro del habitáculo. Claro que hubo que resistir el aire frío, la ventilación inoportuna, los intentos de calentar el ambiente. Y qué mejor que entretener la mente colectiva con disquisiciones variadas que focalizaran los fríos hacia cuestiones candentes.
En la parte de atrás un grupo se lanzó al ruedo (nunca mejor dicho) de si corridas sí o no. Como que de unas todos estaban de acuerdo se pasó a las otras. Y aquí hubo quienes creyeron que Cataluña es diferente, va un paso más allá y debe prohibir tamaña aberración. Otros estaban en contra de tamaño espectáculo pero estaban en contra también de tantas prohibiciones como cada vez hay. Del ardor dialéctico se pasó a pedir consultas y más consultas, referendums y lo que haga falta. Y más en la zona donde estamos, casi con las urnas aún calientes de independencia. Llegados a este punto, se solicitó también hacer otra consulta sobre si los pájaros domésticos deben estar dentro de la jaula o no. O si los billetes de Félix Millet deben estar dentro de una caja fuerte o se debería abrir y esparcirlos urbi et orbe. También se hubiera podido debatir ese caso que honra a Grmania, quizá de los únicos en esta comunidad autónoma: ese Grmano seguidor de un galáctico y “christiano”club de fútbol que fue un entusiasta organizador de una consulta independentista (para que ganara el sí, por supuesto). Puestos a acoger, que vengan cuantas saharauis quieran. Aquí cabemos todos.
De pie
El camino fue un puro trámite en días previos al invierno. Amplia superficie, sin dificultad. Un paseo tranquilo, calmado, justificable por el estado de la naturaleza y por las celebraciones finales. Mucho personal, un hito en las cifras de afluencia de esta hermandad. Mientras, el infiltrado observador, perteneciente a grupos paralelos muy serios y bien organizados (casi cuadriculados), notaba los movimientos del personal. Su escepticismo era evidente. Como si pensara en a dónde iba esta gente y qué se traían entre manos en momentos anteriores a la Navidad (llamadas ahora “fiestas de invierno” por las máximas autoridades educativas catalanas). Pero este sujeto se debería convencer luego que las apariencias engañan. Y así debió quedar cuando los actos del público comensal le demostraron que, con aparente poco orden pero sí con mucho concierto (buenos maestros/as de juergas tenemos), se articuló una jornada memorable, de las que hacen historia. A pesar de intercambios de impresiones divergentes en regalos y otros temas (necesarios para ver mejor la realidad), el programa de actos siguió un ritmo marcado casi “en ningún sitio”. Anarquía organizada con un sabor muy agradable .
El frío apretaba, la desolación invernal aclaraba el paisaje, al fondo el Canigó nevado, camino despejado, el sol se cotizaba al alza. Paisajes abiertos, tranquilidad, campechanía, relajación, pocos kilómetros, ninguna dificultad, suave subida, bajada hasta el final.
El desayuno también marcó otro hito. Transcurrió de pie, muy poco personal en tierra. Y una parte del suelo era una pura capa de látex usado. Restos de placeres condenados por ligas antiabortistas, puritanos al uso y censores de los buenos momentos de la carne.
Celebraciones
Subida. En la parte de arriba se desechó llegar aún a lo más alto. Para qué. Se iba a lo que se iba, para qué dar rodeos y hacer cundir el camino. Tranquilidad, animales sueltos, perros sujetados para evitar lances, pista forestal plana, relajación general hasta Osor. Un vistazo a la iglesia, autocar y a comer en Ca L'Elisa, en Anglès. Gran ambiente, el personal dio la sensación de satisfacción. Una parte del sector femenino anotó cierta evolución de la lascivia a la gula. Habrá que tenerlo en cuenta. La animación subió de tono, el cava personalizado completó el efecto acumulado de los alcoholes anteriores. El equipo de animación fue excelente (“Todo esto lo hacemos por ellos”, se sinceró el gran animador a la salida). Quien buscó el local se hacía cruces. La promesa previa que casi le juró al dueño para que nos acogiera se hizo añicos. Le había prometido que se cantarían villancicos en catalán. No parece que el Asturias patria querida, el vino de Asunción y el todos queremos más le molestara en absoluto. Hasta no nos cobró los cafés y ofreció repetir de todos los platos. Visto lo cual, se contempla volver en otras ocasiones.
Después de jornadas como ésta y de tantos años pasados en agradable compañía con todos vosotros y vosotras, permitidme cerrar el año con un texto antológico de Mario Benedetti, poeta y escritor uruguayo que murió este año que pronto acaba:
Primero que todo
Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace en menos tiempo de lo esperado.
Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.
Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.
Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo, entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.
Me gusta la gente que al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente; a éstos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no fallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente que trabaja por resultados. Con gente como esa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido.
Mario Benedetti
Terrassa, 23 de diciembre de 2009
Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
domingo, 13 de diciembre de 2009
Tercera etapa del GR83, entre Riells Viabrea y Sant Hilari Sacalm
Si bebes, camina con orientación
Grmanos y GRmanas:
No hay como las cosas bien organizadas y cuando tocan. O sea, que un autocar llegue a la hora se agradece. Y que, cuando pones pie en el destino, un selecto grupo de azafatos y azafatas te reciba a pie de plataforma con gustosos detalles, se agradece aún más. Todo con un orden y una puntualidad que provocó ciertos ánimos algo disolutos al pasar del verlo al degustarlo. Cada vez hay más motivos para celebrar algo, Y también es un detalle que las celebraciones se compartan cada vez más. Una ilustre Grmana quiso compartir la nueva década de forma dulce y tentadora. Como durante el verano una empresa chocolatera dice que no vende sus productos, la anfitriona debió buscar las primeras cosechas del otoño y el personal comprobó cómo la publicidad a veces no engaña: “inconfundible, incomparable: ¿qué haría yo sin él?” (está claro: es su marido). Los bombones bien perfumados por dentro con variados licores, los cafés y las botellas de espirituosos, todo el conjunto creó un ambiente tan agradable y dicharachero que se extendió a lo largo de la etapa. La orientación se resintió. Quizá quienes asuman ser guías del camino debieran pasar por un control previo de la composición de la sangre en vena.
Búsqueda
Una pareja se perdió. Así de claro. Y durante bastante rato. Parece que no habían bebido demasiado. Lo que estaba claro es que hacía tiempo que no se veían. Y se perdieron. Seguían marcas pero debían ser contrarias, porque llegaron al punto de origen. Mientras, las unidades de transmisión no perdieron el contacto con ellos. Al final, esperaban en la plaza de Arbúcies, rodeados por pancartas que anunciaban alguna independencia, mientras grupos de interculturales llenaban el espacio público. La anchura de un camino con árboles de ribera permitió disfrutar de los colores del otoño y pisar las hojas caídas. Alcornoques, encinas, álamos y chopos que irían cambiando a medida que se dejaban los 487 metros de Riells y se llegaba a las cercanías de Sant Climent, a 680 metros, con los restos de una ermita. La altura propiciaba buenas vistas llenas de cortinas de niebla que dibujaban otra realidad de una naturaleza disimulada por este manto meteorológico. Una subida tensó los ánimos, quemó alcoholes y recordó que se había de parar para lo de las fuerzas. Mientras la comida importaba para unos, la búsqueda de los perdidos era fundamental para una minoría. En estas situaciones, las dudas humanitarias asaltan por momentos a algunas mentes. En fin, la bota debe curarlo casi todo.
Tres zonas naturales: Parc Natural del Montnegre.Corredor, parque natural del Montseny y Les Guilleries. Cazadores, buscadores de setas y Grmanas que buscan disimulados lugares para sus quehaceres fisiológicos. Mientras los de la escopeta otean, ellas los vigilan: parece ser que no quieren ser “cazadas” in fraganti.
Plan E
La subida, después del alto en el camino, condujo a un bosque caducifolio que se iba despojando de su vestidura a causa del viento. Las hojas cubrían la carretera y daban trabajo a dos operarios que pulían el asfalto otoñal con maquinaria diversa. Alguien miraba si ambos pertenecían al Plan E, pero no se veía ningún cartel de esos que inundan el Estado y que cada uno vale 1200 euros: “Obra ejecutada por el ayuntamiento de Riells, Plan español para el estímulo de la limpieza continua de las carreteras en otoño”. No, dijeron ser pagados por el ayuntamiento y su cometido debía ser vigilar la caída de hojas y perseguirlas hasta el cubo de la basura. Debían ser más rápidos que el viento. La lustrosa carretera debía ser para facilitar el acceso a un complejo hotelero apto no para todos los públicos. Allí otros seguían abrillantando las carpas, zona de piscina, fuentes y jardines varios. Ceremonias civiles a un lado y lo demás, al otro. Una Grmana dijo haber comido allí y bien. Y aquí, más camino, subida continuada hasta descubrir las primeras casas de Arbúcies.
Heroínas anónimas
Nunca tendrán un monumento. No saldrán en los diarios. Se las olvidará. No importa. Ella, de Can Callís, es una heroína. Sola, atiende a su padre y a su madre, ambos en silla de ruedas. Y se levanta pronto, atiende tierras y animales, hace vino y pone cara de felicidad. Cuando alguien le habla de la ley de dependencia se ríe. Echa de menos cuando aún tenía más fuerzas. Derrocha vitalidad. No se queja en público. Y cada día hace comidas de las de antes. Parece feliz.
Buena entrada en Arbúcies, el pueblo de las carrocerías de los autocares, con referendums a la vista (“¡son pocos pero hacer un ruido...!” dijo alguien), plaza porticada, cerca el castillo de Montsoriu, con una fuente accionada por un curioso mecanismo. El pueblo donde se fraccionó el grupo, el autocar fue, vino y volvió. Fue el sitio donde los que no siguieron se perdieron un buen trozo en subida con un paisaje de La Selva sublime (“el paisaje es maravilloso si hubiera tiempo para mirarlo”, alegó un Grmano al llegar a Sant Hilari).
Pasar por la piedra
La guía oficial así lo dice. Transcripción. En este recorrido del Gr está la “piedra de Serrallonga”, una piedra plana donde dicen que el famoso y legendario bandido “pasó por la piedra”...¿a quién? Al propietario de una masía. La subida era continua, fuerte, apta para poner a prueba las fuerzas finales de caminantes que echaban de menos antiguas etapas como ésta. Joanet, un núcleo en medio del camino. Los bosques dejaban ver los perfiles de una perspectiva formada por las montañas del Montseny. Cerca, allí al lado, los abetos cultivados para ser vendidos en la próxima feria de Espinelves. Muchos abetos que dieron paso a Can Faustino, un criadero de caballos. Y, después, al castillo d'En Roca, una mansión situada en un promontorio ya dentro de Sant Hilari. El destino final estaba cerca, aunque no para todos.
Recibimientos
Allí se daba la bienvenida con aplausos a los que llegaban por el GR. Mientras un distinguido Grmano te recibía con la habitual jarra de cerveza (¡qué detalle!), había responsables expectantes. La escena era curiosa: en una mesa al sol, el coordinador abría la caja recaudadora, bajo la atenta mirada de una inspectora de Hacienda que hacía tiempo no aparecía por estos lares. Quien llegaba era abordado por el cobrador de la etapa, aunque no hubiera empezado ni a comer. Despojado el interfecto de sus dineros, caía en manos del nuevo lotero, el cual le transmitía ilusiones del tipo ¿y si cae aquí?.
Mientras, una pareja se guiaba por el walki para llegar. “sigue las marcas y llegarás al bar la Báscula”. Consulta sobre si iba bien o no. “No te preocupes, tú sigue adelante”. No aparecía el bar del toldo rojo. Consulta. “Tú sigue, no te preocupes”. La pareja, con rostro preocupado, debía recordar la añorada etapa andorrana por la Vallmadriú. Pasan el pueblo, continúan, preguntan a alguien y dan marcha atrás para encontrar el destino final. Enfado lógico.
No obstante, aun siendo ella víctima de tal confusión, agradecer su invitación a cava. Otro aniversario. Felicidades a ambas. Alegría por la vida que continúa. Podría ser un Viva la Vida cantado por rostros que emocionan (mirad sus caras).
Viva la vida y viva la solidaridad, según el budismo:
“Yo soy uno pero los demás son muchos”
Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
Terrassa, 28 de noviembre de 2009
Grmanos y GRmanas:
No hay como las cosas bien organizadas y cuando tocan. O sea, que un autocar llegue a la hora se agradece. Y que, cuando pones pie en el destino, un selecto grupo de azafatos y azafatas te reciba a pie de plataforma con gustosos detalles, se agradece aún más. Todo con un orden y una puntualidad que provocó ciertos ánimos algo disolutos al pasar del verlo al degustarlo. Cada vez hay más motivos para celebrar algo, Y también es un detalle que las celebraciones se compartan cada vez más. Una ilustre Grmana quiso compartir la nueva década de forma dulce y tentadora. Como durante el verano una empresa chocolatera dice que no vende sus productos, la anfitriona debió buscar las primeras cosechas del otoño y el personal comprobó cómo la publicidad a veces no engaña: “inconfundible, incomparable: ¿qué haría yo sin él?” (está claro: es su marido). Los bombones bien perfumados por dentro con variados licores, los cafés y las botellas de espirituosos, todo el conjunto creó un ambiente tan agradable y dicharachero que se extendió a lo largo de la etapa. La orientación se resintió. Quizá quienes asuman ser guías del camino debieran pasar por un control previo de la composición de la sangre en vena.
Búsqueda
Una pareja se perdió. Así de claro. Y durante bastante rato. Parece que no habían bebido demasiado. Lo que estaba claro es que hacía tiempo que no se veían. Y se perdieron. Seguían marcas pero debían ser contrarias, porque llegaron al punto de origen. Mientras, las unidades de transmisión no perdieron el contacto con ellos. Al final, esperaban en la plaza de Arbúcies, rodeados por pancartas que anunciaban alguna independencia, mientras grupos de interculturales llenaban el espacio público. La anchura de un camino con árboles de ribera permitió disfrutar de los colores del otoño y pisar las hojas caídas. Alcornoques, encinas, álamos y chopos que irían cambiando a medida que se dejaban los 487 metros de Riells y se llegaba a las cercanías de Sant Climent, a 680 metros, con los restos de una ermita. La altura propiciaba buenas vistas llenas de cortinas de niebla que dibujaban otra realidad de una naturaleza disimulada por este manto meteorológico. Una subida tensó los ánimos, quemó alcoholes y recordó que se había de parar para lo de las fuerzas. Mientras la comida importaba para unos, la búsqueda de los perdidos era fundamental para una minoría. En estas situaciones, las dudas humanitarias asaltan por momentos a algunas mentes. En fin, la bota debe curarlo casi todo.
Tres zonas naturales: Parc Natural del Montnegre.Corredor, parque natural del Montseny y Les Guilleries. Cazadores, buscadores de setas y Grmanas que buscan disimulados lugares para sus quehaceres fisiológicos. Mientras los de la escopeta otean, ellas los vigilan: parece ser que no quieren ser “cazadas” in fraganti.
Plan E
La subida, después del alto en el camino, condujo a un bosque caducifolio que se iba despojando de su vestidura a causa del viento. Las hojas cubrían la carretera y daban trabajo a dos operarios que pulían el asfalto otoñal con maquinaria diversa. Alguien miraba si ambos pertenecían al Plan E, pero no se veía ningún cartel de esos que inundan el Estado y que cada uno vale 1200 euros: “Obra ejecutada por el ayuntamiento de Riells, Plan español para el estímulo de la limpieza continua de las carreteras en otoño”. No, dijeron ser pagados por el ayuntamiento y su cometido debía ser vigilar la caída de hojas y perseguirlas hasta el cubo de la basura. Debían ser más rápidos que el viento. La lustrosa carretera debía ser para facilitar el acceso a un complejo hotelero apto no para todos los públicos. Allí otros seguían abrillantando las carpas, zona de piscina, fuentes y jardines varios. Ceremonias civiles a un lado y lo demás, al otro. Una Grmana dijo haber comido allí y bien. Y aquí, más camino, subida continuada hasta descubrir las primeras casas de Arbúcies.
Heroínas anónimas
Nunca tendrán un monumento. No saldrán en los diarios. Se las olvidará. No importa. Ella, de Can Callís, es una heroína. Sola, atiende a su padre y a su madre, ambos en silla de ruedas. Y se levanta pronto, atiende tierras y animales, hace vino y pone cara de felicidad. Cuando alguien le habla de la ley de dependencia se ríe. Echa de menos cuando aún tenía más fuerzas. Derrocha vitalidad. No se queja en público. Y cada día hace comidas de las de antes. Parece feliz.
Buena entrada en Arbúcies, el pueblo de las carrocerías de los autocares, con referendums a la vista (“¡son pocos pero hacer un ruido...!” dijo alguien), plaza porticada, cerca el castillo de Montsoriu, con una fuente accionada por un curioso mecanismo. El pueblo donde se fraccionó el grupo, el autocar fue, vino y volvió. Fue el sitio donde los que no siguieron se perdieron un buen trozo en subida con un paisaje de La Selva sublime (“el paisaje es maravilloso si hubiera tiempo para mirarlo”, alegó un Grmano al llegar a Sant Hilari).
Pasar por la piedra
La guía oficial así lo dice. Transcripción. En este recorrido del Gr está la “piedra de Serrallonga”, una piedra plana donde dicen que el famoso y legendario bandido “pasó por la piedra”...¿a quién? Al propietario de una masía. La subida era continua, fuerte, apta para poner a prueba las fuerzas finales de caminantes que echaban de menos antiguas etapas como ésta. Joanet, un núcleo en medio del camino. Los bosques dejaban ver los perfiles de una perspectiva formada por las montañas del Montseny. Cerca, allí al lado, los abetos cultivados para ser vendidos en la próxima feria de Espinelves. Muchos abetos que dieron paso a Can Faustino, un criadero de caballos. Y, después, al castillo d'En Roca, una mansión situada en un promontorio ya dentro de Sant Hilari. El destino final estaba cerca, aunque no para todos.
Recibimientos
Allí se daba la bienvenida con aplausos a los que llegaban por el GR. Mientras un distinguido Grmano te recibía con la habitual jarra de cerveza (¡qué detalle!), había responsables expectantes. La escena era curiosa: en una mesa al sol, el coordinador abría la caja recaudadora, bajo la atenta mirada de una inspectora de Hacienda que hacía tiempo no aparecía por estos lares. Quien llegaba era abordado por el cobrador de la etapa, aunque no hubiera empezado ni a comer. Despojado el interfecto de sus dineros, caía en manos del nuevo lotero, el cual le transmitía ilusiones del tipo ¿y si cae aquí?.
Mientras, una pareja se guiaba por el walki para llegar. “sigue las marcas y llegarás al bar la Báscula”. Consulta sobre si iba bien o no. “No te preocupes, tú sigue adelante”. No aparecía el bar del toldo rojo. Consulta. “Tú sigue, no te preocupes”. La pareja, con rostro preocupado, debía recordar la añorada etapa andorrana por la Vallmadriú. Pasan el pueblo, continúan, preguntan a alguien y dan marcha atrás para encontrar el destino final. Enfado lógico.
No obstante, aun siendo ella víctima de tal confusión, agradecer su invitación a cava. Otro aniversario. Felicidades a ambas. Alegría por la vida que continúa. Podría ser un Viva la Vida cantado por rostros que emocionan (mirad sus caras).
Viva la vida y viva la solidaridad, según el budismo:
“Yo soy uno pero los demás son muchos”
Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
Terrassa, 28 de noviembre de 2009
sábado, 7 de noviembre de 2009
Segunda etapa del GR 83, entre Collsacreu y Riells
Café, copa y aguas...(de La Tordera)
GRmanos y GRmanas:
Nos han convencido de que esta crisis galopante está en nuestras vidas (o nuestras vidas ya estaban en crisis desde antes de estos momentos), pero lo que uno nunca se imaginaba es que una etapa de un GR sirviera para negociar la continuidad de un puesto de trabajo. Así. Tal cual. Llegar tarde dos días un autocar ocasionó algo más que preocupaciones grmanas por la ya casi habitual impuntualidad de empresas subcontratadas.
Esta vez la tardanza derivó en amenazas de despidos. O sea, GRMANIA puede llegar a poner a un trabajador en la calle. (“¡Es que es muy fuerte!” que dirían los modernos jóvenes deslenguados tipo pijo). El conductor fue avisado de que cuando llegara a la empresa tendría la carta de despido. Mientras los comensales levantaban frías jarras de cerveza, hubo quien tuvo que llamar al dueño de Moyano, al jefe de la empresa de autocares, hablar con el conductor, negociar con los tres por separado, pactar para evitar un parado más (y van...). Así es la vida. Ni en las etapas de GR hay descanso. La promesa fue que el incidente no tenía tanta importancia a nivel laboral y que el trabajador seguiría al volante. Se desconoce si “del dicho al hecho hay un trecho”. O no. Tampoco se sabe si el autocar llegará puntual al próximo GR.
Café
Hay Grmanos que cuando cumplen años y encima acaban una maratón saltan en su seno de tanto gozo que cargan con desayunos para calentar motores. La parada primera en boxes fue un despliegue de gustosillas sugerencias para echar al gaznate. Los termos con el café, los bombones y galletas variadas y los “magnos” licores fueron un lujo que se agradece a quien con tanto esfuerzo corrió muchos kilómetros. Los principios del camino pintaban bien. No fueron “las gotas” las que parecían motivar un espejismo a lo lejos. Aquel ser humano con antena era una imagen real. Allí, en la urbanización de Collsacreu, estaba él acompañado de una antena que parecía un pendón y un aparato conectado a esas modernas guías llamadas satélites. Al joven, de pocas palabras, le costó explicar algo a los discípulos que querían aprender. Seguro que, si hubiera probado algo “magno”, su lengua sería más ágil. Dijo estar cartografiando el terreno con tecnología GPS.
Los caminos eran amplios y con buenas vistas. Una vez superada una urbanización a caballo de dos vertientes de la sierra litoral, el mar se dejaba ver por un lado y toda la sierra del Montseny por otro. El otoño y el día soleado y tranquilo predecía que mucha humanidad se movería por los caminos. Los motores de los quads rugían con prisa, para verse parados luego en un restaurante. Aguerridos jóvenes hacían cabriolas con sus bicicletas en fuertes subidas, “sacando pecho” cuando notaban que eran mirados. Los cestos y sus amos perseguían pequeñas castañas o setas de difícil adquisición. Coches aparcados con sujetos de los que sacan el chándal a pasear para estas labores o para ir a comprar el periódico, el pan y el tortell los domingos de guardar. Basura en el bosque de quienes confunden el paisaje con una inmensa papelera. Y en medio, las huestes de GRMANIA seguían andando entre castaños jóvenes que ya se tiñen de amarillo, rojizos frutos del madroño, las erizadas protecciones de las castañas por los suelos y el Turó de l'Home, les Agudes y el Matagalls al fondo. Allí, al lado, pegado en una pared, un significativo cartel que, leído con detenimiento, dice más de lo que pone: “Se ofrece muchacha joven española responsable para limpieza”.
Cruces
La vida discurre por conversaciones variadas. O esa filosofía para entender el fin de las personas, cuando llega la hora de que el acabar es llegar a puerto sin ser un naufragio. El trote por entornos sombríos y tranquilos permite distanciarse de lo cotidiano aunque se hable de ello, reírse de la mediocridad aunque mañana se caiga en ella, encarar nuevos proyectos aunque luego queden aparcados en el baúl de los recuerdos. De eso se trata el caminar en grupo. Y también parar y comer. El lugar elegido casi que aún conservaba huellas de pisadas anteriores. En sus cercanías se cruzaba el GR 5, el GR 92 y el GR 83. Sant Martí de Montnegre gozaba de buena salud, su ermita acogía a comensales distribuidos en círculo y provocaba significativos comentarios. Nuestro rapsoda se preguntaba cómo a menudo las paradas se hacen al lado de construcciones religiosas. Y él mismo completó la duda: “A la sombra de la Santa Madre Iglesia, con el alma cargada de pecados”. Allí volvieron a aparecer los dulces y los licores, las delicias de los postres compartidos, las botas y los botes de cerveza.
Entornos
El Montnegre andando ofrece rincones desconocidos para ese gran público que rodea este parque natural. El olor a humo anuncia aisladas masías que aún perviven habitadas. Otras ya son restos de la arquitectura rural. Asoman cultivos otoñales que esperan su recolección. O, en medio de un camino, el tractor cargado de madera. O esa sierra que quiebra el silencio mientras trocea árboles caídos. Anchos y plácidos caminos sin dificultad que, en un momento dado, desembocan en un turbador ruido muy bien identificado. Al fondo asoma cemento, un gran panel electrónico informativo y vehículos que no paran de pasar en ambas direcciones. Es una autopista, ésa que tantas veces se ha pasado. El camino del norte o del sur. Las habituales señales del GR 83, con flechas y el cartel de “Al Canigó” se han cambiado por la rapidez, por la velocidad. Debajo del puente que cruza esta rápida vía hay concentración de personal para el momento cumbre de la etapa.
Pasos
Allí al lado había agua. Era un río muy femenino. Era La Tordera, tan suave, tan diferente en su nombre. Así como la autopista se franqueó por debajo, el caudal de agua hubo que cogerlo por en medio. Primero, dudas y búsqueda de puentes. Ni a la izquierda ni a la derecha se oteaba nada parecido. No quedaba más remedio que probar el agua que bajaba del Matagalls y de Les Agudes. Por tanto, manos a los cordones, buena estabilidad, correcta situación de las extremidades y limpieza de zonas muy bajas. Hubo tres velocidades de paso: la exprés, la tranquila y la mecánica. La rápida fue quien no se descalzó y cruzó a gran velocidad. Al parecer, fue debido a que ella ya había dicho que pensaba comprar unas nuevas botas y a éstas las castigó con mojadura integral. El grueso del pelotón fue tranquilo per a velocidad diversa. Las posturas y los equilibrios eran diversos: zapatillas que colgaban del cuello, bastones lanzados como flechas, pantalones arremangados que caían hacia el agua, cuidados con movimientos bruscos, máquinas de fotos expectantes a la caza de posibles y no deseables caídas (casi siempre se ríe uno de lo malo que le pasa a los demás), ella con la mochila de la que pendían “alas” de corcho. Y él varios metros más abajo que seguía buscando un puente.
Mientras el personal observaba cómo los pies habían mejorado de color, nuestro “salvado de las aguas” en una tapa anterior desistió del intento. Quería preservar su organismo de anteriores neumonías almerienses. Evitaba pasar, y eso que la primera fila del otro lado era ocupaba por algunos “paparazis” expectantes. Optó por descalzarse y, como no quedaba más remedio, afrontar el agua con más equilibrio que en otros momentos históricos, no escorarse y salvar el tipo como el resto del personal. Y en ésas estaba cuando acudieron dos vehículos oficiales en su ayuda. Hay tantos y por todos los lados que, en esta ocasión, los dineros del contribuyente se invirtieron en salvar posibles resfriados a uno que cotiza a Hacienda. Por tanto, pasó el agua bien escoltado y en vehículo todo terreno. Se descalzó pero no se mojó. No obstante, las malas lenguas sospechan que, con las nuevas normas de intervención de los equipos de salvamento, quizá le llegue alguna factura por los servicios prestados. Pero, en este caso, no hubo negligencia ni falta de equipación adecuada. Sólo se echó de menos obra pública, o sea, un puente (sin comisiones de por medio).
Copas
Llegados a Riells Viabrea, había que buscar el lugar escogido por el conductor. Desde primera hora de la mañana parece que quiso recompensar al grupo de alguna forma. No se sabe por qué pero acertó a la primera cuando a buena hora anunció que ya nos tenía reservado el bar. Con este detalle hubiera sido suficiente como para salvarle del despido. Por el camino hubo quien cogió prestados kakis de un árbol. Otros, parodiando este buen tiempo que en algunos sitios llaman “el veranillo del membrillo”, vieron un árbol cargado y le ayudaros a liberarse de algunos frutos.
El lugar elegido para la comida era muy apropiado para seguir con temas acuáticos: bar La Piscina, terraza con vistas a esta masa de agua y un hecho sin precedentes muy publicitado por las mozas. Dijeron que por primera vez veían más cola en los lavabos de hombres que de mujeres. Un hecho histórico. Alegaron los sujetos que esperan el turno para la micción que las próstatas tenían ciertas similitudes o actos reflejos. Aunque hubo quien dijo: “Eso es utilizar la ciencia para ocultar el vicio”.
Enormes jarras, abundante cerveza y las copas de cava para celebrar el aniversario de un ilustre Grmano que tuvo este significativo y vituperado detalle. Y el preciado líquido a la temperatura adecuada. Él y su familia siempre han sabido mucho de vinos, aceites, arroces y cavas.
Con un tiempo soleado, la temperatura interna y externa en sus justos grados, preparados para afrontar la noche con el regalo de una hora más, podemos dejar la crónica con un juego de palabras publicitario que nos puede hacer pensar:
“Lo que se ve, es una visión de lo invisible”
Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
Terrassa, 29 de octubre de 2009
GRmanos y GRmanas:
Nos han convencido de que esta crisis galopante está en nuestras vidas (o nuestras vidas ya estaban en crisis desde antes de estos momentos), pero lo que uno nunca se imaginaba es que una etapa de un GR sirviera para negociar la continuidad de un puesto de trabajo. Así. Tal cual. Llegar tarde dos días un autocar ocasionó algo más que preocupaciones grmanas por la ya casi habitual impuntualidad de empresas subcontratadas.
Esta vez la tardanza derivó en amenazas de despidos. O sea, GRMANIA puede llegar a poner a un trabajador en la calle. (“¡Es que es muy fuerte!” que dirían los modernos jóvenes deslenguados tipo pijo). El conductor fue avisado de que cuando llegara a la empresa tendría la carta de despido. Mientras los comensales levantaban frías jarras de cerveza, hubo quien tuvo que llamar al dueño de Moyano, al jefe de la empresa de autocares, hablar con el conductor, negociar con los tres por separado, pactar para evitar un parado más (y van...). Así es la vida. Ni en las etapas de GR hay descanso. La promesa fue que el incidente no tenía tanta importancia a nivel laboral y que el trabajador seguiría al volante. Se desconoce si “del dicho al hecho hay un trecho”. O no. Tampoco se sabe si el autocar llegará puntual al próximo GR.
Café
Hay Grmanos que cuando cumplen años y encima acaban una maratón saltan en su seno de tanto gozo que cargan con desayunos para calentar motores. La parada primera en boxes fue un despliegue de gustosillas sugerencias para echar al gaznate. Los termos con el café, los bombones y galletas variadas y los “magnos” licores fueron un lujo que se agradece a quien con tanto esfuerzo corrió muchos kilómetros. Los principios del camino pintaban bien. No fueron “las gotas” las que parecían motivar un espejismo a lo lejos. Aquel ser humano con antena era una imagen real. Allí, en la urbanización de Collsacreu, estaba él acompañado de una antena que parecía un pendón y un aparato conectado a esas modernas guías llamadas satélites. Al joven, de pocas palabras, le costó explicar algo a los discípulos que querían aprender. Seguro que, si hubiera probado algo “magno”, su lengua sería más ágil. Dijo estar cartografiando el terreno con tecnología GPS.
Los caminos eran amplios y con buenas vistas. Una vez superada una urbanización a caballo de dos vertientes de la sierra litoral, el mar se dejaba ver por un lado y toda la sierra del Montseny por otro. El otoño y el día soleado y tranquilo predecía que mucha humanidad se movería por los caminos. Los motores de los quads rugían con prisa, para verse parados luego en un restaurante. Aguerridos jóvenes hacían cabriolas con sus bicicletas en fuertes subidas, “sacando pecho” cuando notaban que eran mirados. Los cestos y sus amos perseguían pequeñas castañas o setas de difícil adquisición. Coches aparcados con sujetos de los que sacan el chándal a pasear para estas labores o para ir a comprar el periódico, el pan y el tortell los domingos de guardar. Basura en el bosque de quienes confunden el paisaje con una inmensa papelera. Y en medio, las huestes de GRMANIA seguían andando entre castaños jóvenes que ya se tiñen de amarillo, rojizos frutos del madroño, las erizadas protecciones de las castañas por los suelos y el Turó de l'Home, les Agudes y el Matagalls al fondo. Allí, al lado, pegado en una pared, un significativo cartel que, leído con detenimiento, dice más de lo que pone: “Se ofrece muchacha joven española responsable para limpieza”.
Cruces
La vida discurre por conversaciones variadas. O esa filosofía para entender el fin de las personas, cuando llega la hora de que el acabar es llegar a puerto sin ser un naufragio. El trote por entornos sombríos y tranquilos permite distanciarse de lo cotidiano aunque se hable de ello, reírse de la mediocridad aunque mañana se caiga en ella, encarar nuevos proyectos aunque luego queden aparcados en el baúl de los recuerdos. De eso se trata el caminar en grupo. Y también parar y comer. El lugar elegido casi que aún conservaba huellas de pisadas anteriores. En sus cercanías se cruzaba el GR 5, el GR 92 y el GR 83. Sant Martí de Montnegre gozaba de buena salud, su ermita acogía a comensales distribuidos en círculo y provocaba significativos comentarios. Nuestro rapsoda se preguntaba cómo a menudo las paradas se hacen al lado de construcciones religiosas. Y él mismo completó la duda: “A la sombra de la Santa Madre Iglesia, con el alma cargada de pecados”. Allí volvieron a aparecer los dulces y los licores, las delicias de los postres compartidos, las botas y los botes de cerveza.
Entornos
El Montnegre andando ofrece rincones desconocidos para ese gran público que rodea este parque natural. El olor a humo anuncia aisladas masías que aún perviven habitadas. Otras ya son restos de la arquitectura rural. Asoman cultivos otoñales que esperan su recolección. O, en medio de un camino, el tractor cargado de madera. O esa sierra que quiebra el silencio mientras trocea árboles caídos. Anchos y plácidos caminos sin dificultad que, en un momento dado, desembocan en un turbador ruido muy bien identificado. Al fondo asoma cemento, un gran panel electrónico informativo y vehículos que no paran de pasar en ambas direcciones. Es una autopista, ésa que tantas veces se ha pasado. El camino del norte o del sur. Las habituales señales del GR 83, con flechas y el cartel de “Al Canigó” se han cambiado por la rapidez, por la velocidad. Debajo del puente que cruza esta rápida vía hay concentración de personal para el momento cumbre de la etapa.
Pasos
Allí al lado había agua. Era un río muy femenino. Era La Tordera, tan suave, tan diferente en su nombre. Así como la autopista se franqueó por debajo, el caudal de agua hubo que cogerlo por en medio. Primero, dudas y búsqueda de puentes. Ni a la izquierda ni a la derecha se oteaba nada parecido. No quedaba más remedio que probar el agua que bajaba del Matagalls y de Les Agudes. Por tanto, manos a los cordones, buena estabilidad, correcta situación de las extremidades y limpieza de zonas muy bajas. Hubo tres velocidades de paso: la exprés, la tranquila y la mecánica. La rápida fue quien no se descalzó y cruzó a gran velocidad. Al parecer, fue debido a que ella ya había dicho que pensaba comprar unas nuevas botas y a éstas las castigó con mojadura integral. El grueso del pelotón fue tranquilo per a velocidad diversa. Las posturas y los equilibrios eran diversos: zapatillas que colgaban del cuello, bastones lanzados como flechas, pantalones arremangados que caían hacia el agua, cuidados con movimientos bruscos, máquinas de fotos expectantes a la caza de posibles y no deseables caídas (casi siempre se ríe uno de lo malo que le pasa a los demás), ella con la mochila de la que pendían “alas” de corcho. Y él varios metros más abajo que seguía buscando un puente.
Mientras el personal observaba cómo los pies habían mejorado de color, nuestro “salvado de las aguas” en una tapa anterior desistió del intento. Quería preservar su organismo de anteriores neumonías almerienses. Evitaba pasar, y eso que la primera fila del otro lado era ocupaba por algunos “paparazis” expectantes. Optó por descalzarse y, como no quedaba más remedio, afrontar el agua con más equilibrio que en otros momentos históricos, no escorarse y salvar el tipo como el resto del personal. Y en ésas estaba cuando acudieron dos vehículos oficiales en su ayuda. Hay tantos y por todos los lados que, en esta ocasión, los dineros del contribuyente se invirtieron en salvar posibles resfriados a uno que cotiza a Hacienda. Por tanto, pasó el agua bien escoltado y en vehículo todo terreno. Se descalzó pero no se mojó. No obstante, las malas lenguas sospechan que, con las nuevas normas de intervención de los equipos de salvamento, quizá le llegue alguna factura por los servicios prestados. Pero, en este caso, no hubo negligencia ni falta de equipación adecuada. Sólo se echó de menos obra pública, o sea, un puente (sin comisiones de por medio).
Copas
Llegados a Riells Viabrea, había que buscar el lugar escogido por el conductor. Desde primera hora de la mañana parece que quiso recompensar al grupo de alguna forma. No se sabe por qué pero acertó a la primera cuando a buena hora anunció que ya nos tenía reservado el bar. Con este detalle hubiera sido suficiente como para salvarle del despido. Por el camino hubo quien cogió prestados kakis de un árbol. Otros, parodiando este buen tiempo que en algunos sitios llaman “el veranillo del membrillo”, vieron un árbol cargado y le ayudaros a liberarse de algunos frutos.
El lugar elegido para la comida era muy apropiado para seguir con temas acuáticos: bar La Piscina, terraza con vistas a esta masa de agua y un hecho sin precedentes muy publicitado por las mozas. Dijeron que por primera vez veían más cola en los lavabos de hombres que de mujeres. Un hecho histórico. Alegaron los sujetos que esperan el turno para la micción que las próstatas tenían ciertas similitudes o actos reflejos. Aunque hubo quien dijo: “Eso es utilizar la ciencia para ocultar el vicio”.
Enormes jarras, abundante cerveza y las copas de cava para celebrar el aniversario de un ilustre Grmano que tuvo este significativo y vituperado detalle. Y el preciado líquido a la temperatura adecuada. Él y su familia siempre han sabido mucho de vinos, aceites, arroces y cavas.
Con un tiempo soleado, la temperatura interna y externa en sus justos grados, preparados para afrontar la noche con el regalo de una hora más, podemos dejar la crónica con un juego de palabras publicitario que nos puede hacer pensar:
“Lo que se ve, es una visión de lo invisible”
Evaristo
http://afondonatural.blogspot.com
Terrassa, 29 de octubre de 2009
domingo, 11 de octubre de 2009
Etapa 1 del GR 83, entre Collsacreu y Mataró
Lujos (in)necesarios con toques chumbos
Grmanos y GRmanas:
Iniciar una nueva temporada senderista es uno de esos lujos necesarios a partir del mes de septiembre. Tras casi tres meses llenos de actividades diversas, el reencuentro pudo haber significado un pleno histórico pero no. Las cifras parecían una declaración de buenas intenciones, como si de un año o curso nuevo se tratara. Algo de eso debió adivinar quien se encarga de los carruajes y... lo nunca visto. Un lujo innecesario. Autocar de dos pisos y 80 plazas. Parecía un autobús de uso turístico, un papa-móvil o uno de esos escenarios para pasear los ídolos pentacampeones. Los más aventureros, los amantes de emociones cercanas al balanceo, los que antes iban al “gallinero” en los cines, quienes querían ver el mundo de forma más amplia: escalera de caracol y arriba. Abajo quedó un personal más sosegado, propenso a tocar temas culturales y de cualquier otra categoría. Por allí se paseó Lisbet Salander, gozó de grandes admiraciones entre quienes devoraron las casi tres mil páginas de su fallecido autor. También estuvo presente la catedral de Vitoria, por aquello de los pilares de la tierra. Aunque también los hubo que, más pegados a la realidad, consultaban el libro del GR 83 y conducían al novel conductor hacia el nuevo destino.
Por tierras diferentes
En Mataró ya se ojearon playas donde lucir abdominales y bronceados con (y mejor sin) marcas del bañador. Una ciudad tan textil para bañistas que dejaron en casa prendas tan escasas de telas como aquellos tangas ya históricos. Pronto los aires del interior venían cargados de perfumes reivindicativos. La carretera adquiría altura mientras las pancartas de nuevos presidentes, las banderas esteladas y las pintadas diversas anunciaban que se iba a tener el honor de atravesar el pueblo que ya muchos sabían colocar en el mapa sin recurrir a Google Maps. Hasta hubo quienes intentaban adivinar cuál era la piedra independentista que causó roturas falangistas. Así como antes estos pueblos servían de protección ante ataques por mar, ahora lo nuevo parece ser que sopla de tierra hacia todos los confines.
A 360 metros
Desde estas alturas se veía un panorama prelitoral con ribetes marinos. La urbanización de Collsacreu fue el inicio de un tranquilo recorrido hacia el preciado baño y la jarra bien fría, servida por un histórico amante de las Harley-Davison al borde del mar. De salida, los ánimos se preparaban para un recorrido no exigente, por pistas y cuesta abajo. Un territorio cercano al santuario del Corredor, la font del Mal Pas, Sant Martí de Mata, Sant Miquel de Mata, Parque Natural del Montnegre-Corredor, el Mataró agrícola, la ermita de Sant Simó y la playa. Pero quienes quisieron bañarse tuvieron que hacer una operación de dos en uno. Presionar una mochila para que quepa el atuendo de baño, envuelto entre el bocadillo, la ensalada,el repuesto de ropa interior (o no), la toalla y demás enseres para retozar honestamente en el agua. Por su aspecto los conoceréis a esos seres que ven una boya en el agua y quieren conquistarla.
Joyas
Los amplios caminos propiciaron una diversidad humana relacionada con la gran urbe de abajo. Era sábado y tocaba deporte. Bicicletas de gran valor, atuendos casi con tejidos inteligentes, multicolores, fibras en cuerpos con ganas de subir. La fiebre deportiva se acompañó con algunos vehículos motorizados que sorteaban al personal como podían. Eso sin faltar vigilantes del Parque de diversos uniformes, pero todos empujados por combustibles fósiles.
Y allí en medio del camino, a menudo aparecía él. Solitario, de tonalidades rosáceas tirando a rojizas, a merced de cualquier neumático o zapatilla. Anunciaba que el otoño estaba allí, que cerca vivía el resto de su familia, que se podía recolectar y comer. Aquel madroño solitario era la joya de la estación meteorológica, tan frágil e ingenuo como para tener que sortear peligros diversos, depositado en medio del camino. Pero él no engañaba. Si lo cogías no te sorprendía con “regalos” envenenados. No era como otros que llegarían más tarde, tan carnosos ellos, tan grandes, tan simbólicos, tan a la mano (nunca mejor dicho). Su pequeñez, esfericidad y suave rugosidad exterior contrastaba con la grandiosidad tan perversa de ese otro fruto tan mediterráneo, tan engatusador, al que “como panal de rica miel” algunos grmanos acudieron y fueron víctimas de sus encantos en forma de espinas finas y frágiles, de 2 a 3 mm de longitud. Días después aún buscan con la lupa y espíritu detectivesco alguno de sus restos, bien en los dedos o en el fondo del paladar. Y qué decir de esos otros frutos, engordados y a punto de caer de los árboles de la denominación Quercus. Una de esas bellotas, al final del camino, flotaba en el mar, solitaria, presta a ser cogida para averiguar qué mano la depositó en el agua. Allí estaba, a merced de esas olas que mecían las carnes pasadas por agua del personal.
Celebraciones
Diversas flechas blancas en el suelo amenizaban el paso con la incógnita de la dirección y el motivo. Parecían inducir a cierta confusión a quienes bajaban con ganas de ambiente marino. Pronto los sentidos y la memoria se pusieron atentos al dato. Al día siguiente pasaría por allí una carrera por el Alzheimer. Seguro que con tantas flechas las pérdidas serían mínimas. En caso contrario, la celebración memorística sería bien hallada. Y si de eventos próximos se trata, hay alguien que ya afila los dientes con próximos viajes australes. Y aunque el motivo sea un casorio atrasado, dice el sujeto que ya no será como antes. A pesar del frío del ambiente exterior, no cree que pase demasiado tiempo en la habitación. Pero eso pertenece a la intimidad.
Paseos chungos
La etapa discurría sin sobresaltos. Tanta monotonía de paisaje mediterráneo necesitaba de algún aliciente juguetón. Las viñas sólo tenían hojas, los interculturales plantaban nuevas cosechas de hortalizas mientras la nativa les miraba, los huertos ya sólo eran ramas que pedían limpieza, tal quietud fue alterada por esas plantas procedentes de América, traídas por los indianos de algunas casas de más abajo, extendidas por Europa. Parecían una tentación al borde del camino, con sus frutos abiertos, excitantes, con finos pelillos casi invisibles. Los más precavidos no se dejaron tentar por la manzana prohibida y pasaron de largo. Seguro que no recordaban que las culturas prehispánicas usaban su jugo para combatir las fiebres, o que las pencas asadas aliviaban dolores. Los higos chumbos, en este caso, fueron más bien chungos.
Los que alargaron la mano se podían dividir en varias subespecies: quienes eran del sur, conocían el procedimiento, protegían la mano, llevaban navaja y degustaban el fruto con sumo cuidado; quienes, siendo del sur, se lanzaron sin protección a la planta para coger de una vez cuantos fueran capaces los cinco dedos; y los que no entendían nada del tema por ser del norte, cogieron uno protegidos por un pañuelo de papel y lo apretaron para que no se cayera.
El degustador con fruición quiso que sus papilas gustativas contactaran al máximo con esos jugos tan medicinales. Vio, tocó, abrió, degustó y se relamió. Pero el supuesto placer se convirtió en dolor. Pronto notó su lengua adornada por graciosos pelillos, clavados en todas partes, difíciles de dejarse ver por mucho que se relamiera o intentara cazarlos a dedo limpio. Porque estos apéndices también se adornaban con tan diminutos piercings. Con tanto sitio al que atender, el hecho se convirtió en broma y se diseñaron posibles estrategias para deshacerse de tan fino aguijones. Que si dar la mano, que si besos íntimos bien restregados, lavados bucales, pinzas con mucha paciencia. Y hasta las musas se debieron dar por aludidas, tanto que pusieron en marcha las mejores y más literarias neuronas. El evento dio lugar a una producción poética de gran calidad.
El otro individuo también degustó el fruto y después vino la penitencia. Por todos los sitios había huellas de pelusa blanca bien clavada. Enfocaba bien las lentes progresivas pero nada. Se las quitaba y menos. Las situaba a la altura de la punta de la nariz y podía cazar algo. Las yemas de los dedos no estaban para teclear letras. Sólo quedaba suspirar por pinzas de precisión y gran paciencia. Ni el agua del mar fue un remedio.
Días después ambos sujetos parece ser que fueron capaces de desprenderse de tan graciosa capa. Recordarán la medicina del higo chumbo con todas sus propiedades.
Playas
Los barrancos, ermitas y campos de cultivo dieron paso al frente marítimo de Mataró. Había sed de playa y de otras cosas. Después del encuentro entre los despistados y los que siguieron las marcas, la playa ofrecía alternativas. O refugiarse en el bar L'Espigó, o bañarse o fotografiarse en el monumento al GR 83. La alternativa fue hacer todo con libre albedrío.
Primero, las fotos delante de aquel monumento al GR 83. No tenía nada que ver con aquel otro que iniciaba el GR 1, los restos del puerto griego en la rada de Sant Martí d'Empúries. Éste, moderno, a merced del viento cargado de arena, hierros que saludaban a quienes empezaban el camino o acogían a quienes lo finalizaban. Fotos, posturas, disparos automáticos, píxels para la posterioridad.
El amante de las Harley Davison recibió al personal en la arena. Mostró sus múltiples tatuajes, su servicio con cervezas bien frías,un aspecto que denotaba mucha historia detrás. En un momento tranquilo dijo ser uno de los cuatro que iniciaron el amor y la estética que estos mitos norteamericanos de dos ruedas imponen. Antes eran los auténticos. Ahora se veía demasiado acompañado por disfrazados de fin de semana que, bajo la apariencia propia del estilo Harley, esconden muchos beneficios económicos a fin de mes. Pero estaba contento porque su bar abría todo el año, ofrecía conciertos de música, congregaba a parroquianos de la tribu motera y, sobre todo, cerraba por las noches. Huía de las sombras para buscar otras.
Quienes se midieron en las olas lucieron morenos estivales, textiles diversos y tabletas abdominales no comparables con la foto del verano. Nadie le hacía sombra a aquel de la foto en Cerdeña, español hasta la médula, fotografiado con una musculatura casi exagerada. Dijo que su secreto era hacer dos mil abdominales diarias, tener entrenador personal y ocupaciones de alto calado y mayores beneficios. Para más señas, sus recuerdos políticos y su profundidad de pensamiento siguen haciendo historia. El personal nadó, encontró la bellota, la cogió, la pasó. Unos llegaron a la boya. Otros se ducharon y lucieron sus prestaciones y “cajas de herramientas” al natural. Al final se reintegraron al amparo del excelente anfitrión, que sacó jarras y jarras exuberantes, allí al lado del mar. Un lujo necesario, apetecible, saludable.
Dicho lo cual, uno podría imaginarse acompañado por ése que pedía perdón a las señoras por no levantarse en la tumba, Groucho Marx. Seguro que en momentos tan chungos llenos de pelillos y, con la genialidad que le caracterizaba, podría repetirnos en voz alta dos consejos que este plumilla se aplica:
“ No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo”
“ Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente”.
Evaristo
Terrassa, 6 de octubre de 2009
http://afondonatural.blogspot.com
Grmanos y GRmanas:
Iniciar una nueva temporada senderista es uno de esos lujos necesarios a partir del mes de septiembre. Tras casi tres meses llenos de actividades diversas, el reencuentro pudo haber significado un pleno histórico pero no. Las cifras parecían una declaración de buenas intenciones, como si de un año o curso nuevo se tratara. Algo de eso debió adivinar quien se encarga de los carruajes y... lo nunca visto. Un lujo innecesario. Autocar de dos pisos y 80 plazas. Parecía un autobús de uso turístico, un papa-móvil o uno de esos escenarios para pasear los ídolos pentacampeones. Los más aventureros, los amantes de emociones cercanas al balanceo, los que antes iban al “gallinero” en los cines, quienes querían ver el mundo de forma más amplia: escalera de caracol y arriba. Abajo quedó un personal más sosegado, propenso a tocar temas culturales y de cualquier otra categoría. Por allí se paseó Lisbet Salander, gozó de grandes admiraciones entre quienes devoraron las casi tres mil páginas de su fallecido autor. También estuvo presente la catedral de Vitoria, por aquello de los pilares de la tierra. Aunque también los hubo que, más pegados a la realidad, consultaban el libro del GR 83 y conducían al novel conductor hacia el nuevo destino.
Por tierras diferentes
En Mataró ya se ojearon playas donde lucir abdominales y bronceados con (y mejor sin) marcas del bañador. Una ciudad tan textil para bañistas que dejaron en casa prendas tan escasas de telas como aquellos tangas ya históricos. Pronto los aires del interior venían cargados de perfumes reivindicativos. La carretera adquiría altura mientras las pancartas de nuevos presidentes, las banderas esteladas y las pintadas diversas anunciaban que se iba a tener el honor de atravesar el pueblo que ya muchos sabían colocar en el mapa sin recurrir a Google Maps. Hasta hubo quienes intentaban adivinar cuál era la piedra independentista que causó roturas falangistas. Así como antes estos pueblos servían de protección ante ataques por mar, ahora lo nuevo parece ser que sopla de tierra hacia todos los confines.
A 360 metros
Desde estas alturas se veía un panorama prelitoral con ribetes marinos. La urbanización de Collsacreu fue el inicio de un tranquilo recorrido hacia el preciado baño y la jarra bien fría, servida por un histórico amante de las Harley-Davison al borde del mar. De salida, los ánimos se preparaban para un recorrido no exigente, por pistas y cuesta abajo. Un territorio cercano al santuario del Corredor, la font del Mal Pas, Sant Martí de Mata, Sant Miquel de Mata, Parque Natural del Montnegre-Corredor, el Mataró agrícola, la ermita de Sant Simó y la playa. Pero quienes quisieron bañarse tuvieron que hacer una operación de dos en uno. Presionar una mochila para que quepa el atuendo de baño, envuelto entre el bocadillo, la ensalada,el repuesto de ropa interior (o no), la toalla y demás enseres para retozar honestamente en el agua. Por su aspecto los conoceréis a esos seres que ven una boya en el agua y quieren conquistarla.
Joyas
Los amplios caminos propiciaron una diversidad humana relacionada con la gran urbe de abajo. Era sábado y tocaba deporte. Bicicletas de gran valor, atuendos casi con tejidos inteligentes, multicolores, fibras en cuerpos con ganas de subir. La fiebre deportiva se acompañó con algunos vehículos motorizados que sorteaban al personal como podían. Eso sin faltar vigilantes del Parque de diversos uniformes, pero todos empujados por combustibles fósiles.
Y allí en medio del camino, a menudo aparecía él. Solitario, de tonalidades rosáceas tirando a rojizas, a merced de cualquier neumático o zapatilla. Anunciaba que el otoño estaba allí, que cerca vivía el resto de su familia, que se podía recolectar y comer. Aquel madroño solitario era la joya de la estación meteorológica, tan frágil e ingenuo como para tener que sortear peligros diversos, depositado en medio del camino. Pero él no engañaba. Si lo cogías no te sorprendía con “regalos” envenenados. No era como otros que llegarían más tarde, tan carnosos ellos, tan grandes, tan simbólicos, tan a la mano (nunca mejor dicho). Su pequeñez, esfericidad y suave rugosidad exterior contrastaba con la grandiosidad tan perversa de ese otro fruto tan mediterráneo, tan engatusador, al que “como panal de rica miel” algunos grmanos acudieron y fueron víctimas de sus encantos en forma de espinas finas y frágiles, de 2 a 3 mm de longitud. Días después aún buscan con la lupa y espíritu detectivesco alguno de sus restos, bien en los dedos o en el fondo del paladar. Y qué decir de esos otros frutos, engordados y a punto de caer de los árboles de la denominación Quercus. Una de esas bellotas, al final del camino, flotaba en el mar, solitaria, presta a ser cogida para averiguar qué mano la depositó en el agua. Allí estaba, a merced de esas olas que mecían las carnes pasadas por agua del personal.
Celebraciones
Diversas flechas blancas en el suelo amenizaban el paso con la incógnita de la dirección y el motivo. Parecían inducir a cierta confusión a quienes bajaban con ganas de ambiente marino. Pronto los sentidos y la memoria se pusieron atentos al dato. Al día siguiente pasaría por allí una carrera por el Alzheimer. Seguro que con tantas flechas las pérdidas serían mínimas. En caso contrario, la celebración memorística sería bien hallada. Y si de eventos próximos se trata, hay alguien que ya afila los dientes con próximos viajes australes. Y aunque el motivo sea un casorio atrasado, dice el sujeto que ya no será como antes. A pesar del frío del ambiente exterior, no cree que pase demasiado tiempo en la habitación. Pero eso pertenece a la intimidad.
Paseos chungos
La etapa discurría sin sobresaltos. Tanta monotonía de paisaje mediterráneo necesitaba de algún aliciente juguetón. Las viñas sólo tenían hojas, los interculturales plantaban nuevas cosechas de hortalizas mientras la nativa les miraba, los huertos ya sólo eran ramas que pedían limpieza, tal quietud fue alterada por esas plantas procedentes de América, traídas por los indianos de algunas casas de más abajo, extendidas por Europa. Parecían una tentación al borde del camino, con sus frutos abiertos, excitantes, con finos pelillos casi invisibles. Los más precavidos no se dejaron tentar por la manzana prohibida y pasaron de largo. Seguro que no recordaban que las culturas prehispánicas usaban su jugo para combatir las fiebres, o que las pencas asadas aliviaban dolores. Los higos chumbos, en este caso, fueron más bien chungos.
Los que alargaron la mano se podían dividir en varias subespecies: quienes eran del sur, conocían el procedimiento, protegían la mano, llevaban navaja y degustaban el fruto con sumo cuidado; quienes, siendo del sur, se lanzaron sin protección a la planta para coger de una vez cuantos fueran capaces los cinco dedos; y los que no entendían nada del tema por ser del norte, cogieron uno protegidos por un pañuelo de papel y lo apretaron para que no se cayera.
El degustador con fruición quiso que sus papilas gustativas contactaran al máximo con esos jugos tan medicinales. Vio, tocó, abrió, degustó y se relamió. Pero el supuesto placer se convirtió en dolor. Pronto notó su lengua adornada por graciosos pelillos, clavados en todas partes, difíciles de dejarse ver por mucho que se relamiera o intentara cazarlos a dedo limpio. Porque estos apéndices también se adornaban con tan diminutos piercings. Con tanto sitio al que atender, el hecho se convirtió en broma y se diseñaron posibles estrategias para deshacerse de tan fino aguijones. Que si dar la mano, que si besos íntimos bien restregados, lavados bucales, pinzas con mucha paciencia. Y hasta las musas se debieron dar por aludidas, tanto que pusieron en marcha las mejores y más literarias neuronas. El evento dio lugar a una producción poética de gran calidad.
El otro individuo también degustó el fruto y después vino la penitencia. Por todos los sitios había huellas de pelusa blanca bien clavada. Enfocaba bien las lentes progresivas pero nada. Se las quitaba y menos. Las situaba a la altura de la punta de la nariz y podía cazar algo. Las yemas de los dedos no estaban para teclear letras. Sólo quedaba suspirar por pinzas de precisión y gran paciencia. Ni el agua del mar fue un remedio.
Días después ambos sujetos parece ser que fueron capaces de desprenderse de tan graciosa capa. Recordarán la medicina del higo chumbo con todas sus propiedades.
Playas
Los barrancos, ermitas y campos de cultivo dieron paso al frente marítimo de Mataró. Había sed de playa y de otras cosas. Después del encuentro entre los despistados y los que siguieron las marcas, la playa ofrecía alternativas. O refugiarse en el bar L'Espigó, o bañarse o fotografiarse en el monumento al GR 83. La alternativa fue hacer todo con libre albedrío.
Primero, las fotos delante de aquel monumento al GR 83. No tenía nada que ver con aquel otro que iniciaba el GR 1, los restos del puerto griego en la rada de Sant Martí d'Empúries. Éste, moderno, a merced del viento cargado de arena, hierros que saludaban a quienes empezaban el camino o acogían a quienes lo finalizaban. Fotos, posturas, disparos automáticos, píxels para la posterioridad.
El amante de las Harley Davison recibió al personal en la arena. Mostró sus múltiples tatuajes, su servicio con cervezas bien frías,un aspecto que denotaba mucha historia detrás. En un momento tranquilo dijo ser uno de los cuatro que iniciaron el amor y la estética que estos mitos norteamericanos de dos ruedas imponen. Antes eran los auténticos. Ahora se veía demasiado acompañado por disfrazados de fin de semana que, bajo la apariencia propia del estilo Harley, esconden muchos beneficios económicos a fin de mes. Pero estaba contento porque su bar abría todo el año, ofrecía conciertos de música, congregaba a parroquianos de la tribu motera y, sobre todo, cerraba por las noches. Huía de las sombras para buscar otras.
Quienes se midieron en las olas lucieron morenos estivales, textiles diversos y tabletas abdominales no comparables con la foto del verano. Nadie le hacía sombra a aquel de la foto en Cerdeña, español hasta la médula, fotografiado con una musculatura casi exagerada. Dijo que su secreto era hacer dos mil abdominales diarias, tener entrenador personal y ocupaciones de alto calado y mayores beneficios. Para más señas, sus recuerdos políticos y su profundidad de pensamiento siguen haciendo historia. El personal nadó, encontró la bellota, la cogió, la pasó. Unos llegaron a la boya. Otros se ducharon y lucieron sus prestaciones y “cajas de herramientas” al natural. Al final se reintegraron al amparo del excelente anfitrión, que sacó jarras y jarras exuberantes, allí al lado del mar. Un lujo necesario, apetecible, saludable.
Dicho lo cual, uno podría imaginarse acompañado por ése que pedía perdón a las señoras por no levantarse en la tumba, Groucho Marx. Seguro que en momentos tan chungos llenos de pelillos y, con la genialidad que le caracterizaba, podría repetirnos en voz alta dos consejos que este plumilla se aplica:
“ No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo”
“ Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente”.
Evaristo
Terrassa, 6 de octubre de 2009
http://afondonatural.blogspot.com
domingo, 21 de junio de 2009
Etapa 23 del GR1, entre el Noguera Pallaresa i Corçà
Casi nos pasa de todo
Grmanos y Grmanas
La última etapa de la temporada fue “un regalo”. Pocas veces como en esta ocasión GRMANIA se atrevió a tanto y caminó tan poco. No obstante los deportes de aventura estuvieron al alcance de la mano, con o sin ruedas, con o sin agua. Y por poco un grupo hace bajada en caída motorizada. Menos mal que lo que no fueron kilómetros se completaron con suculentas informaciones muy reservadas, continuación de las iniciadas en la etapa anterior. Pasen y lean.
Novedades blancas
Las personas que se quedaron en casa, que fueron muchas, se perdieron grandes descargas de adrenalina y nunca disfrutarán del placer de la incógnita de la busqueda del tiempo perdido por la avería de un carruaje. Las del alba serían cuando el de los anillos nos presenta a su Dulcinea: un vehículo de 50 plazas, de un blanco inmaculado que esconde 11 años de atascos por Madrid y que, en una semana de estancia en Cataluña, se presentó en sociedad dinamitando el motor de arranque. Pero eso se descubrió más tarde. Amplitud aparente, muecas de alegría del conductor y sonrisas de complicidad.
Desvío a la izquierda
La capital de La Noguera, Balaguer, quedó a un lado en medio de campos aún verdes y las típicas fragancias de los animales de la zona. Hubo que girar a la izquierda y aquí empezó uno de los capítulos de la aventura. El embrague avisó con su típico olor a chamusquina que nos iba a dar una alegría. Tanto fijarse en blanco vehículo, en el anillado conductor e ignorar la existencia de esta pieza. Pues no. Me quemo y se acabó. Y en éstas se produce un continuo mete-saca del jefe: velocidad adentro y afuera. Pero no había empuje. O sea, la cosa no avanzaba. Operación repetida hasta la saciedad. Que no. Mientras, la cara del buenhombre se torcía y empezaba a jurar para sus adentros. Ya sin solución aparente, llamó a los mecánicos que tenía en los boxes de Terrassa y le prometieron un vehículo de cortesía. Señaliza bien en varios metros a la redonda, siempre jurando en arameo, y, en lontananza, aparece un coche de las autoridades del uniforme, versión país catalán.
La conversación no se oyó pero alguien se ofreció a traducir las palabras: decía con él les hablaría con esa fluidez y claridad que le caracteriza, con esas aspiraciones de letras y con esa dicción muy respetable, mientras ellos se afanarían en los dictados del conseller Saura: tomarle declaración en la lengua de Pompeu Fabra. O sea, un cruce de lenguas que no evitaría las dos horas de espera. Otra mente muy bien pensante pronosticó que la cosa no pasaria a mayores. Intuyó que a aquellas horas la autoridad ya había reservado un abundante desayuno a la brasa en algún sitio y, por trámites de circulación, no se podía enfriar. Con lo que dejaron a nuestro estimado más solo que la una...y jurando su suerte.
Alivio
El tiempo que sed ebía invertir en la espera se dedicó a buscar un paraje para atender los placeres del estómago. Hasta llegar al lugar hubo quienes cazaron grillos, alguien encontró un ave muerta (el mismo de quien descubrieron después que para su primera comunión le regalaron una boina con pico y tamaño enfado aún le dura). Al lado de unas grandes balas de paja se relajó la espera con botas, manchas de vino en la camiseta y alguien que decía que la nicotina engrasa los ejes de las neuronas. Por eso en la comida y paella final los puros con nostalgias castristas de gran calidad y precio ejercen una gran labor terapéutica entre sus incondicionales.
Plan B
Invertidas dos horas en la espera y en los condumios, en lontananza apareció otra diligencia con el servicio de asistencia mecánica. Traspaso de bolsas y la ruta siguió hacia un supuesto punto de salida. La subida prevista se resolvió sobre ruedas. Por tanto, el camino quedaba expedito para bordear Àger, observar desde dónde dónde se lanza tanto parapente, ver su elevada iglesia e imaginar cómo viviría en este pueblo Gaspar de Portolà, gobernador de California entre 1767 y 1770, y fundador de San Diego y Monterrey.
Como que la dificultad era relativa, la llegada del trozo caminando hasta Âger transcurrió sin problemas, mojada en la parte final. Pero allí estaba la carpa de un cámping. Representó el gran paragüas salvador de la exigua multitud. Al lado, el autocar. Y dudas. Qué hacer. Ideas: acabar aquí la etapa, llegar hasta Corçà al bar habitual, llegar a Corçà e ir a pie a La Pertusa, ir corriendo desde Àger a Corçà.
La solución fue salomónica: el grupo más lanzado fue al trote y el resto en autocar.
A contracorriente
Lo nunca visto. Increíble. Para recordar. Alguien iba dormido al final y, cuando despertó se encontró con un autocar que se adentraba en el estecho de Mont-Rebei. Lo imposible ahí. Carretera estrecha para un vehículo y por allí se desplazaba el autocar. Las ramas dibujaron rayas en la carrocería. Las ruedas traseras pegaban en los lados al tomar una curva. Nadie vino de frente para que hubiera áun más aventura, Y todo por confundir un aparcamiento con otro o por la comodidad de aproximarse al máximo. La Pertusa fue el destino conquistado por algunos mientras el peligro acechaba.
Marcha atrás hasta encontrar un espacio donde dar la vuelta. Autocar en pendiente, al borde del precipicio. Marcha atrás. No entra. El vehículo avanza. Tres espectadores en primera fila. De nuevo. marcha atrás. El autocar, para adelante. Otra vez parada. Vuelta a intentarlo. Ya a un palmo del precipicio. Las caras, de cera. Al tercer intento responde la máquina, las ruedas traseras dejan su traza en la tierra blanda pero se sale. Por poco se puede contar la terrible experiencia. Sin duda, el momento más peligroso e inolvidable para tres personas del grupo. Algo evitable e incomprensible. Como para tener en cuenta. La Pertusa en autocar no vale tamaño peligro.
Segundo capítulo
El dueño del bar de Corçà debió anotar los datos del conductor para sus anales. Alucinaba ante tamaña irresponsabilidad. Pero sirvió las cervezas y, quien no vivió la experiencia, como si ésta no hubiera existido.
Menos mal que la sabiduría no tiene límites y menos en temas sexuales.
Al acabar el ágape, este plumilla fue ampliamente documentado por quien de esto sabe. Se trataba de completar el dossier sobre la salud sexual de personas que se mueven en una franja de edad parecida al público de GRMANIA.
Primer filtro
Si en el capítulo anterior se trató el tema hombres, se ha de hacer honor a la conquista de la igualdad de sexos (y nunca mejor dicho). Pero la publicación del estudio tiene ciertos peligros. Lo más fácil hubiera sido la censura. Como hoy con Internet no se consigue tapar nada (mirad a Berlusconi y sus destapadas velinas), el informe se va a publicar pero con filtros. Aprovechemos Internet para que cada uno lea lo que quiera, avance, se quede, se autocensure. Pero que nadie acuse al mensajero de no haber advertido. (Si quieres y te atreves, pasa aquí abajo al segundo filtro bajo tu responsabilidad)
Al final de todo, amigo o amiga, además de desearte lo mejor hasta la próxima temporada, recuerda lo que decía aquel clásico:
“ La realidad es invisible”
Terrassa, 18 de junio de 2009
Segundo filtro
El sexo, tal cual: una realidad que nos persigue
La tercera juventud de la población cada vez dura más. Pero la edad también hace mella entre las personas adultas. La dureza y consistencia corporal se torna flacidez con impedimentos diversos, mejor o peor disimulados.
Las modas y los personajes famosos provocan a menudo toques de extrema juventud o falsas adolescencias entre franjas de edad con muchos tintes en sus canas. No hace falta recurrir a las “velinas” berlusconianas o a las amazonas gadafianas, ni a los efebos para consuelo de algunos tonsurados o damas aún de buen ver. La realidad nos persigue hasta en esas zonas medias del cuerpo con las que no hace tanto se afirmaba la potencia, la prepotencia o la capacidad de engendrar, procrear y conseguir que haya más placer general o más personal en el redil.
Ante tantos bulos como circulan, mejunges variados para elevar las potencias vía correo electrónico y toques de viagras o cremas diversas, se impone la humildad, hacer una genuflexión ante las autoridades médicas y oír su oráculo para salir de dudas.
Como estos temas, en la niñez, gozaban del interrogante lascivo dado por la calificación moral del momento, ahora quizá haya que cubrirlos también con un velo para no herir adultas sensibilidades. No tanto debido a pensamientos adolescentes sino porque cuesta oír la crudeza de la medicina más contrastada. Por temor, quizá, a sentirse retratados.
Si, llegados a este punto, los esquemas mentales se cree que no digerirán bien las investigaciones médicas, ante el temor a sentir fotografiados los bajos como si de un daguerrotipo se tratara, mejor es dejarlo. Que nadie muestre sus vergüenzas en público. Pero que tampoco nadie se avergüence de la publicación de esa realidad que, con la edad, nos persigue.
Si lo tienes claro, clica y enfréntate al estudio más completo sobre el funcionamiento de la sexualidad en esa franja de la vida en que, más pronto o más tarde, a todos nos pasará por la piedra. Si no lo tienes claro, no avances más, apaga y vámonos,
Tercer filtro
Sexo ni puro ni duro
Para evitar suspicacias, los datos que vienen a continuación están avalados por mentes con muchos sexo dentro. O sea, estudiosos que se han dedicado (en alma seguro que sí, en cuerpo quizá también) a profundizar en los misterios de esas glándulas que manda la cabeza pero que a veces se dejan llevar ellas solas.
Lo que viene a continuación es palabra de Becker, Judith V y Kavoussi y de Richard J. Todos los anteriores se completan con eminencias tales como Talbot, JA, Hales, RE y Youdofsky de The Americab Psychiatric Press (Chicago-USA), quienes, en su “Tratado de Pisquiatría” reflejaron lo que corre por dentro cuando alguien cree que el placer mencionado no tiene trasfondo. Todos ayudados por Kaplan y Sadock, que escribieron otro “Tratado de Psiquiatría”, de William &Wilkins, Baltimore, Maryland (USA).
Con tanta materia gris desplegada en tamañas investigaciones psiquiátricas, este Grmano ha tenido que acudir a su traductor particular para descifrar estos temas. Además de repartir cohibas castristas y desmenuzar placeres gastronómicos, el psiquiatra J. A. se ofreció a poner “en roman paladino” tanto estudio y responder a la eterna pregunta: “ A esta edad, ¿qué me pasa, doctor?”. Para no ser acusado de plagio, este plumilla hace las veces de psiquiatra y paciente y os lo explica así:
“Pues mira, Grmano, el otro día te sorprendí con una estadística que podía causar estragos entre la masculinidad de GRMANIA. Y cuál no sería mi sorpresa que os veo hoy escrutando (palabra que no se relaciona con escroto) palabras, maneras y comportamientos del personal. Aunque somos pocos en esta etapa, parece ser que ya hay serios aspirantes a situarse entre los 8 que nos tocan con la d. e. (no digo la disfunción por temor a que alguien se moleste en sus entrañas: ya los ha habido y se piden disculpas). Y también están fichados los tres presentes en el carruaje que se les aprecian formas muy normales en otros pero ocultas en estos.
Me solicitaste los estudios femeninos. Te dije que eran igual de crudos que los masculinos. Como psiquiatra que soy, creo que hace más daño no ver la realidad que conocerla. Pero, por si acaso, establezcamos el
Cuarto filtro o barrera.
Quien se la salte, que abra los ojos, discuta, se informe y si encuentra algo mejor.... no siga leyendo.
Pues bien, en estas franjas de edad, tres de cada diez mujeres adultas padecen “fr..g..d.ed”. Para quien no deletree o entienda mejor los términos médicos: “anorgasmia”. Es imposible creer algunas aberraciones de ciertas mentes que traducen esto a lo bestia. Hasta deberían acudir a algún psiquiatra quienes piensen en...... (no, las barbaridades mejor no decirlas....bueno, no censuremos) o sea, quienes interpreten como una tragedia que, si de cada 10 cuatro ni lo intentan y, se supone que de las que lo intentan, de cada 10, tres no lo consiguen, dicen esos depravados mentales: “apaga y vámonos”. Tamaño juicio nunca lo dirían esas eminencias anteriores, las cuales ayudarían siempre a hombres y mujeres a interpretarse.
Claro que, entre la psiquiatría, ya encasillan también a aquellos varones que no se conforman sólo con descubrir tantos hombres diferentes como hay entre los de su especie. Algunos van más allá y se sienten pecadores en el diván del psiquiatra. A menudo se oyen flagelarse ante el experto así: “sólo pensamos en lo mismo y es verdad; somos unos salidos, y es verdad; y somos unos bocazas, y también es verdad”.
Siguiendo con la cruda realidad, aquí se impone el
Quinto filtro o barrera
Dejamos a un lado la singularidad masculina y pasamos a la traducción de los sesudos estudios de arriba, avalados por tratados y cerebrines varias, entre el público femenino, en una muestra de 19 mujeres de edades ya conocidas (todo según americanos made in USA). La estadística es temible, la gran mentira una vez más, qué duda cabe (¡a la hoguera con ella!, y más si no nos gusta): 5,7 mujeres serían fr..g...as ( o sea, 5 de hecho y una que finge muy bien) (¡a la hoguera otra vez!); las autoridades en la materia han profundizado en el deseo sexual inhibido: 7,6 es la cifra, interpretada como que 7 que nada y una que se esfuerza (estas crudas cifras antes no aparecían ni en La Codorniz o el Hermano Lobo, y mira ahora: primero los hombres y después las mujeres, ambos retratados: eso pasará en USA, ¿dónde sino?) Profundizan también en el lesbianismo y ellas y ellos (o sea, los autores USA de los manuales) dicen que son 3,8: tres declaradas y una a punto de declararse.
En resumen
Que no, que no puede ser verdad. Cómo entender que, entre tanta jovialidad, deportividad, actividad, amabilidad, si aplicamos tales baremos, de 38 personas sólo habría 8 que, bueno, se comportarían de otra manera. Pero sólo de momento y hasta que no salga a la luz algún otro estudio en que les haga ser iguales que los demás. Porque, como decía aquel sabio, “la realidad es invisible”.
Grmanos y Grmanas
La última etapa de la temporada fue “un regalo”. Pocas veces como en esta ocasión GRMANIA se atrevió a tanto y caminó tan poco. No obstante los deportes de aventura estuvieron al alcance de la mano, con o sin ruedas, con o sin agua. Y por poco un grupo hace bajada en caída motorizada. Menos mal que lo que no fueron kilómetros se completaron con suculentas informaciones muy reservadas, continuación de las iniciadas en la etapa anterior. Pasen y lean.
Novedades blancas
Las personas que se quedaron en casa, que fueron muchas, se perdieron grandes descargas de adrenalina y nunca disfrutarán del placer de la incógnita de la busqueda del tiempo perdido por la avería de un carruaje. Las del alba serían cuando el de los anillos nos presenta a su Dulcinea: un vehículo de 50 plazas, de un blanco inmaculado que esconde 11 años de atascos por Madrid y que, en una semana de estancia en Cataluña, se presentó en sociedad dinamitando el motor de arranque. Pero eso se descubrió más tarde. Amplitud aparente, muecas de alegría del conductor y sonrisas de complicidad.
Desvío a la izquierda
La capital de La Noguera, Balaguer, quedó a un lado en medio de campos aún verdes y las típicas fragancias de los animales de la zona. Hubo que girar a la izquierda y aquí empezó uno de los capítulos de la aventura. El embrague avisó con su típico olor a chamusquina que nos iba a dar una alegría. Tanto fijarse en blanco vehículo, en el anillado conductor e ignorar la existencia de esta pieza. Pues no. Me quemo y se acabó. Y en éstas se produce un continuo mete-saca del jefe: velocidad adentro y afuera. Pero no había empuje. O sea, la cosa no avanzaba. Operación repetida hasta la saciedad. Que no. Mientras, la cara del buenhombre se torcía y empezaba a jurar para sus adentros. Ya sin solución aparente, llamó a los mecánicos que tenía en los boxes de Terrassa y le prometieron un vehículo de cortesía. Señaliza bien en varios metros a la redonda, siempre jurando en arameo, y, en lontananza, aparece un coche de las autoridades del uniforme, versión país catalán.
La conversación no se oyó pero alguien se ofreció a traducir las palabras: decía con él les hablaría con esa fluidez y claridad que le caracteriza, con esas aspiraciones de letras y con esa dicción muy respetable, mientras ellos se afanarían en los dictados del conseller Saura: tomarle declaración en la lengua de Pompeu Fabra. O sea, un cruce de lenguas que no evitaría las dos horas de espera. Otra mente muy bien pensante pronosticó que la cosa no pasaria a mayores. Intuyó que a aquellas horas la autoridad ya había reservado un abundante desayuno a la brasa en algún sitio y, por trámites de circulación, no se podía enfriar. Con lo que dejaron a nuestro estimado más solo que la una...y jurando su suerte.
Alivio
El tiempo que sed ebía invertir en la espera se dedicó a buscar un paraje para atender los placeres del estómago. Hasta llegar al lugar hubo quienes cazaron grillos, alguien encontró un ave muerta (el mismo de quien descubrieron después que para su primera comunión le regalaron una boina con pico y tamaño enfado aún le dura). Al lado de unas grandes balas de paja se relajó la espera con botas, manchas de vino en la camiseta y alguien que decía que la nicotina engrasa los ejes de las neuronas. Por eso en la comida y paella final los puros con nostalgias castristas de gran calidad y precio ejercen una gran labor terapéutica entre sus incondicionales.
Plan B
Invertidas dos horas en la espera y en los condumios, en lontananza apareció otra diligencia con el servicio de asistencia mecánica. Traspaso de bolsas y la ruta siguió hacia un supuesto punto de salida. La subida prevista se resolvió sobre ruedas. Por tanto, el camino quedaba expedito para bordear Àger, observar desde dónde dónde se lanza tanto parapente, ver su elevada iglesia e imaginar cómo viviría en este pueblo Gaspar de Portolà, gobernador de California entre 1767 y 1770, y fundador de San Diego y Monterrey.
Como que la dificultad era relativa, la llegada del trozo caminando hasta Âger transcurrió sin problemas, mojada en la parte final. Pero allí estaba la carpa de un cámping. Representó el gran paragüas salvador de la exigua multitud. Al lado, el autocar. Y dudas. Qué hacer. Ideas: acabar aquí la etapa, llegar hasta Corçà al bar habitual, llegar a Corçà e ir a pie a La Pertusa, ir corriendo desde Àger a Corçà.
La solución fue salomónica: el grupo más lanzado fue al trote y el resto en autocar.
A contracorriente
Lo nunca visto. Increíble. Para recordar. Alguien iba dormido al final y, cuando despertó se encontró con un autocar que se adentraba en el estecho de Mont-Rebei. Lo imposible ahí. Carretera estrecha para un vehículo y por allí se desplazaba el autocar. Las ramas dibujaron rayas en la carrocería. Las ruedas traseras pegaban en los lados al tomar una curva. Nadie vino de frente para que hubiera áun más aventura, Y todo por confundir un aparcamiento con otro o por la comodidad de aproximarse al máximo. La Pertusa fue el destino conquistado por algunos mientras el peligro acechaba.
Marcha atrás hasta encontrar un espacio donde dar la vuelta. Autocar en pendiente, al borde del precipicio. Marcha atrás. No entra. El vehículo avanza. Tres espectadores en primera fila. De nuevo. marcha atrás. El autocar, para adelante. Otra vez parada. Vuelta a intentarlo. Ya a un palmo del precipicio. Las caras, de cera. Al tercer intento responde la máquina, las ruedas traseras dejan su traza en la tierra blanda pero se sale. Por poco se puede contar la terrible experiencia. Sin duda, el momento más peligroso e inolvidable para tres personas del grupo. Algo evitable e incomprensible. Como para tener en cuenta. La Pertusa en autocar no vale tamaño peligro.
Segundo capítulo
El dueño del bar de Corçà debió anotar los datos del conductor para sus anales. Alucinaba ante tamaña irresponsabilidad. Pero sirvió las cervezas y, quien no vivió la experiencia, como si ésta no hubiera existido.
Menos mal que la sabiduría no tiene límites y menos en temas sexuales.
Al acabar el ágape, este plumilla fue ampliamente documentado por quien de esto sabe. Se trataba de completar el dossier sobre la salud sexual de personas que se mueven en una franja de edad parecida al público de GRMANIA.
Primer filtro
Si en el capítulo anterior se trató el tema hombres, se ha de hacer honor a la conquista de la igualdad de sexos (y nunca mejor dicho). Pero la publicación del estudio tiene ciertos peligros. Lo más fácil hubiera sido la censura. Como hoy con Internet no se consigue tapar nada (mirad a Berlusconi y sus destapadas velinas), el informe se va a publicar pero con filtros. Aprovechemos Internet para que cada uno lea lo que quiera, avance, se quede, se autocensure. Pero que nadie acuse al mensajero de no haber advertido. (Si quieres y te atreves, pasa aquí abajo al segundo filtro bajo tu responsabilidad)
Al final de todo, amigo o amiga, además de desearte lo mejor hasta la próxima temporada, recuerda lo que decía aquel clásico:
“ La realidad es invisible”
Terrassa, 18 de junio de 2009
Segundo filtro
El sexo, tal cual: una realidad que nos persigue
La tercera juventud de la población cada vez dura más. Pero la edad también hace mella entre las personas adultas. La dureza y consistencia corporal se torna flacidez con impedimentos diversos, mejor o peor disimulados.
Las modas y los personajes famosos provocan a menudo toques de extrema juventud o falsas adolescencias entre franjas de edad con muchos tintes en sus canas. No hace falta recurrir a las “velinas” berlusconianas o a las amazonas gadafianas, ni a los efebos para consuelo de algunos tonsurados o damas aún de buen ver. La realidad nos persigue hasta en esas zonas medias del cuerpo con las que no hace tanto se afirmaba la potencia, la prepotencia o la capacidad de engendrar, procrear y conseguir que haya más placer general o más personal en el redil.
Ante tantos bulos como circulan, mejunges variados para elevar las potencias vía correo electrónico y toques de viagras o cremas diversas, se impone la humildad, hacer una genuflexión ante las autoridades médicas y oír su oráculo para salir de dudas.
Como estos temas, en la niñez, gozaban del interrogante lascivo dado por la calificación moral del momento, ahora quizá haya que cubrirlos también con un velo para no herir adultas sensibilidades. No tanto debido a pensamientos adolescentes sino porque cuesta oír la crudeza de la medicina más contrastada. Por temor, quizá, a sentirse retratados.
Si, llegados a este punto, los esquemas mentales se cree que no digerirán bien las investigaciones médicas, ante el temor a sentir fotografiados los bajos como si de un daguerrotipo se tratara, mejor es dejarlo. Que nadie muestre sus vergüenzas en público. Pero que tampoco nadie se avergüence de la publicación de esa realidad que, con la edad, nos persigue.
Si lo tienes claro, clica y enfréntate al estudio más completo sobre el funcionamiento de la sexualidad en esa franja de la vida en que, más pronto o más tarde, a todos nos pasará por la piedra. Si no lo tienes claro, no avances más, apaga y vámonos,
Tercer filtro
Sexo ni puro ni duro
Para evitar suspicacias, los datos que vienen a continuación están avalados por mentes con muchos sexo dentro. O sea, estudiosos que se han dedicado (en alma seguro que sí, en cuerpo quizá también) a profundizar en los misterios de esas glándulas que manda la cabeza pero que a veces se dejan llevar ellas solas.
Lo que viene a continuación es palabra de Becker, Judith V y Kavoussi y de Richard J. Todos los anteriores se completan con eminencias tales como Talbot, JA, Hales, RE y Youdofsky de The Americab Psychiatric Press (Chicago-USA), quienes, en su “Tratado de Pisquiatría” reflejaron lo que corre por dentro cuando alguien cree que el placer mencionado no tiene trasfondo. Todos ayudados por Kaplan y Sadock, que escribieron otro “Tratado de Psiquiatría”, de William &Wilkins, Baltimore, Maryland (USA).
Con tanta materia gris desplegada en tamañas investigaciones psiquiátricas, este Grmano ha tenido que acudir a su traductor particular para descifrar estos temas. Además de repartir cohibas castristas y desmenuzar placeres gastronómicos, el psiquiatra J. A. se ofreció a poner “en roman paladino” tanto estudio y responder a la eterna pregunta: “ A esta edad, ¿qué me pasa, doctor?”. Para no ser acusado de plagio, este plumilla hace las veces de psiquiatra y paciente y os lo explica así:
“Pues mira, Grmano, el otro día te sorprendí con una estadística que podía causar estragos entre la masculinidad de GRMANIA. Y cuál no sería mi sorpresa que os veo hoy escrutando (palabra que no se relaciona con escroto) palabras, maneras y comportamientos del personal. Aunque somos pocos en esta etapa, parece ser que ya hay serios aspirantes a situarse entre los 8 que nos tocan con la d. e. (no digo la disfunción por temor a que alguien se moleste en sus entrañas: ya los ha habido y se piden disculpas). Y también están fichados los tres presentes en el carruaje que se les aprecian formas muy normales en otros pero ocultas en estos.
Me solicitaste los estudios femeninos. Te dije que eran igual de crudos que los masculinos. Como psiquiatra que soy, creo que hace más daño no ver la realidad que conocerla. Pero, por si acaso, establezcamos el
Cuarto filtro o barrera.
Quien se la salte, que abra los ojos, discuta, se informe y si encuentra algo mejor.... no siga leyendo.
Pues bien, en estas franjas de edad, tres de cada diez mujeres adultas padecen “fr..g..d.ed”. Para quien no deletree o entienda mejor los términos médicos: “anorgasmia”. Es imposible creer algunas aberraciones de ciertas mentes que traducen esto a lo bestia. Hasta deberían acudir a algún psiquiatra quienes piensen en...... (no, las barbaridades mejor no decirlas....bueno, no censuremos) o sea, quienes interpreten como una tragedia que, si de cada 10 cuatro ni lo intentan y, se supone que de las que lo intentan, de cada 10, tres no lo consiguen, dicen esos depravados mentales: “apaga y vámonos”. Tamaño juicio nunca lo dirían esas eminencias anteriores, las cuales ayudarían siempre a hombres y mujeres a interpretarse.
Claro que, entre la psiquiatría, ya encasillan también a aquellos varones que no se conforman sólo con descubrir tantos hombres diferentes como hay entre los de su especie. Algunos van más allá y se sienten pecadores en el diván del psiquiatra. A menudo se oyen flagelarse ante el experto así: “sólo pensamos en lo mismo y es verdad; somos unos salidos, y es verdad; y somos unos bocazas, y también es verdad”.
Siguiendo con la cruda realidad, aquí se impone el
Quinto filtro o barrera
Dejamos a un lado la singularidad masculina y pasamos a la traducción de los sesudos estudios de arriba, avalados por tratados y cerebrines varias, entre el público femenino, en una muestra de 19 mujeres de edades ya conocidas (todo según americanos made in USA). La estadística es temible, la gran mentira una vez más, qué duda cabe (¡a la hoguera con ella!, y más si no nos gusta): 5,7 mujeres serían fr..g...as ( o sea, 5 de hecho y una que finge muy bien) (¡a la hoguera otra vez!); las autoridades en la materia han profundizado en el deseo sexual inhibido: 7,6 es la cifra, interpretada como que 7 que nada y una que se esfuerza (estas crudas cifras antes no aparecían ni en La Codorniz o el Hermano Lobo, y mira ahora: primero los hombres y después las mujeres, ambos retratados: eso pasará en USA, ¿dónde sino?) Profundizan también en el lesbianismo y ellas y ellos (o sea, los autores USA de los manuales) dicen que son 3,8: tres declaradas y una a punto de declararse.
En resumen
Que no, que no puede ser verdad. Cómo entender que, entre tanta jovialidad, deportividad, actividad, amabilidad, si aplicamos tales baremos, de 38 personas sólo habría 8 que, bueno, se comportarían de otra manera. Pero sólo de momento y hasta que no salga a la luz algún otro estudio en que les haga ser iguales que los demás. Porque, como decía aquel sabio, “la realidad es invisible”.
domingo, 17 de mayo de 2009
Etapa 22 del GR1, entre el Pont de Muntanyana y Corçà
Amplitud de miras por estrecheces naturales
Grmanos y Grmanas
El juego de contrarios siempre ha suscitado fascinación entre propios y extraños. Pasa lo mismo con aparentes incompatibilidades que, luego, son más armónicas de lo que aparentan.
Podríamos preguntarnos si se puede dar a la vez lo estrecho con lo amplio, lo largo con lo corto, lo alto con lo bajo, la rapidez con la lentitud, el perderse con el orientarse, el vivir en pecado o en gracia de...
Lo que es indudable es que entre este personal tan andarín predomina más la amplitud de miras que la estrechez mental.Veamos.
Menos, más amplios
La descoordinación de las subcontrataciones entre empresas de conducción de viajeros hizo posible un hito histórico: desde Cornellà llegó uno de los mejores autocares usados hasta hoy, con dos ejes atrás, 65 asientos y uno de esos conductores que son profesionales de los de verdad. 29 personas allí acomodadas, tan amplias ellas, con un pasillo tan largo que le provocó a un ilustre andarín decir que servía para empezar a calentar el cuerpo, correr a lo largo con ejercicios de abdominales en la parte de atrás. Potencia en el motor, manos expertas, ida y vuelta en un tiempo récord. Sin GPS instalado, de sobra sabía que pararía al lado del único bar abierto a aquellas horas en Pont de Muntanyana, a 535 metros de altitud, un sitio donde abrevan el primer café las almas que son trasladadas a Lourdes. Pero, debido a la afamada lentitud del dueño, parece que esperaban que llegara antes un milagro que un café. Y sin GPS ya había escogido el bar en Corçà para la vuelta, o sabía que su vehículo nos recogería allí donde dijéramos, por muy estrecha que fuera la carretera. También hubo un viaje doble por la carretera de Martorell, con una precisión en las curvas y una destreza dignas de admiración. Los cuerpos se acomodaron en asientos no demasiado cómodos, distancias prudentes y cabezadas muy oportunas.
Puentes colgantes
Llegados al punto de inicio del camino, la bajada del autocar parecía contra-natura. La puerta de atrás era tan ancha que hubo Grmanos que subieron y bajaron varias veces, como si esperaran que les pusieran una alfombra roja. Un lujo de dimensiones. Y un puente hecho en tiempos guerreros que limita dos comunidades autónomas. O sea, se prestaba a ese maquiavélico juego que tantas muertes ha provocado en el mundo, y todo por un trozo de tierra de más o de menos: de aquí para atrás, Aragón; un paso más allá, Catalunya. Fronteras, líneas, rayas, franjas, límites, palmos. Puentes que luego volverían a aparecer para ser movidos a merced de paseantes, un balanceo sobre el precipicio, el vértigo aliviado por los pasamanos, el vacío controlado por la estructura metálica. Aquí, el paso sobre el Noguera Ribagorçana a modo de frontera natural. Allá, más ríos con el principio de la estrechez con el agua al fondo.
Amapolas y otros verdores
La primavera en todo su esplendor con la amapola que tiñe de rojo la monotonía del verde, muy bien alimentado por tanta lluvia. Ahí están, como si se prestaran para esa foto, para ese cuadro impresionista, símbolo también de la levedad de una existencia floral con los días muy contados. El camino sigue al río y muestra uno de esos letreros oficiales que justifican obras, presupuestos o, quizá, comisiones. “Arranjament i millora del camí entre....” decía lo que quedaba de la inscripción oficial. Casualidades de las preocupaciones lingüísticas hicieron que un grupo de Grmanos demostraran su honda preocupación por la lengua. Si la gran María Moliner les hubiera escuchado, ya tendría otra duda resuelta en su famoso diccionario. Demostraban que la palabra “metáfora” era un juego de contrarios que se prestaba a confusión: “met-a-fora”: cómo meter a fuera, se preguntaban. No les cabía en la lógica. O se mete hacia dentro o se saca hacia fuera, insistían. Y todo mientras pasaban por debajo de “millora del camí entre...” (a dintre o a fora). El verde les debía estimular a deconstruir las palabras.
Infiltrados
Asistir pocos no significaba que no hubiera infiltrados. Destacó un ilustre excursionista que, por primera vez, “se bautizaba” en GRMANIA. Pronto cundieron sospechas muy fundadas, al ser éste un destacado directivo de un centro excursionista hermano y amigo. Se pensó que podía ser la voz de su amo, que pasaría informes secretos sobre la forma de entenderse de este personal. Otros creyeron que todo respondía a una estrategia del jefe Grmano. Sospechaban que acudió a él para evitar pérdidas repetidas, lo trajo y lo situó siempre en las primeras posiciones, bien pertrechado con variadas tecnologías, con paso muy firme y rápido, conectado en todo momento con él. Después se supo que ambos se preferían en las guardias para evitar fuegos. Y que el más veterano le escuchaba en sus explicaciones, no sólo hablaba. La valoración final del infiltrado fue excelente, con dotes de paso ligero, muy bien entrenado, con buen humor y gran camaradería. Puede ser el principio de una gran amistad Grmana.
Estrecheces en desfiladeros
El desayuno fue un acopio de fuerzas, con intercambio de lugares destacados en la gastronomía estatal. No cabe duda que el arreglador de la psique domina también esos rincones en que la chistorra es buena, el vino es excelente o las tapas son mejor que el colesterol adjunto. Él, que sabe tanto de los rincones del alma como de los del estómago, más tarde sorprendió a quien lo escuchó con un informe estadístico preocupante. El camino siguió acercándose a la parte estrecha. La fila de andarines era muy alargada. Las ondas de los walkis solicitaban reagruparse, se pedían aclaraciones por dónde discurriría el camino, hasta que la masa turista condujo a todos por el mismo sitio. Por abajo mejor que por arriba, si todos iban por allí...Poco a poco lo esperado llegaba. El río tan abajo, la torre de vigilancia, la ermita, el camino y la primera parada para la foto. Se pisaba territorios bancarios, propiedad de una caja de ahorros. Se dedicaba a invertir en activos no inmobiliarios, al estilo de algunos bancarios estadounidenses. Había comprado todo un desfiladero que servía para atravesar el Montsec, con pendientes de hasta 500 metros. Con un camino cercano al agua construido en 1024, ahora en desuso por la construcción del de uso turístico en 1982. En total son 600 las hectáreas protegidas, con una garganta que hace aún más impresionante al desfiladero.
Piedras
Difícil agruparse para retratarse. El ritmo es tan diverso que cuesta inmortalizarse juntos. Mientras, un grupo regresó a la infancia y empezó calentar el brazo con tiros de ráfagas de piedras para saber quién era capaz de cruzar el río a cantazos. Tal deporte provocó uno de esos debates que encubren un gran poso cultural. Se empezó a profundizar en la posición del brazo, en el empuje que debe llegarle a la piedra, en los diferentes estilos de lanzamiento, en ver quién la mandaba más lejos. De ahí se pasó a tratar a fondo el lanzamiento de la jabalina: posición del cuerpo, sistemas de lanzado, efectos en los animales objetivo. Y se acabó el tema con la jabalina como deporte olímpico. O sea, en un estrecho desfiladero pronto se trazó una mínima aproximación a la historia de la humanidad a partir de una piedra. Mientras, hubo también alguna idea para evitar que un empresario se apuntara a la moda del ERE de turno para su empresa. Decía que se podría resolver si a ese sujeto se le invita a pasear por aquí y, en un paso muy elevado, se le sugiere si se atreve a ello bajo pena de accidente imprevisto.
El estrecho dejaba entrever lo ancho, el vacío, la barandilla protectora, las aguas allá abajo, el otro camino más cercano al río, la cueva en lo alto, las aves rapaces más altas y los buitres expectantes. Más fotos, cada uno al borde de su (no) miedo: encima del asiento, al lado de las rocas, cogidos del pasamanos, pegados al interior de la senda o descubriendo lo que hay abajo por el filo de la navaja.
Normalidades
Ya en continuo ascenso, los rostros humanos eran variopintos. Un paseo por tipos diversos, con estéticas acordes con la experiencia en salidas por la montaña. Cuerpos variados, pieles blanquecinas, estéticas diversas, objetivos comunes. Recorrer Mont-Rebei, que te esperen al otro lado, presumir de ser capaz de... El camino propició un encuentro multitudinario. Grupos de personas que debían venir muy puestas en Pompeu Fabra salían a la naturaleza, aunque la lengua real los delataba. Venían de excursión, de jolgorio de fin de curso en un centro de esos que “normalizan”. Una alumna del otro lado del charco se mofaba cuando decía que “las normalizaban” . Su nivel de la lengua de Verdaguer era muy aceptable, prueba de que gastarse el presupuesto así debe ser más rentable que hacerlo en embajadas, o en ayudas a lenguas americanas muy minoritarias quedicen que luchan contra el idioma de siempre.
El encuentro lingüístico sirvió para darle a la lengua, saludar a conocidos y estirar aún más el grupo. La continua ascensión acabó cerca del aparcamiento donde llamaba la atención un coche con esquís. Era normal que estuvieran allí. Se preparaban para encararse hacia el Aneto, el destino final de un reto.
El grupo era de Sitges y contaban a quien les interrogó que lo espectacular ocurrió el año pasado en agosto. Lo provocaron ellos. En la iglesia de Sant Sebastià, la más llamativa de la antigua Subur, apareció el mismo coche con la baca llena de esquís en uno de los días más calurosos de agosto. Se arremolinaron más curiosos al lado de los esquís que para ver disimulando tanto taparrabos o no tapa.....de las playas cercanas. Consiguieron que en la liberal Sitges para asombrar a la gente se tenía que recurrir a provocaciones como ésta. Las otras ya son la normalidad. Al final, el grupo dijo que querían que el pueblo se enterara de que iban a conseguir un reto con esquís en un glaciar de los Alpes. Luego, el mismo coche estaba en el bar de Corçà, al lado del autocar.
Parejas
Mientras se juntaba el grupo, la avanzadilla inicial fue a ver la ermita románica de La Pertusa. Y no para dar tres vueltas y conseguir casarse. Ardua tarea con los precipicios que había. Antiguamente debía ser la prueba de fuego para aguantar después con la relación. Amplias vistas de la parte final de un río que pronto se controlaría en el pantano de Canelles. Quizá fue por la tradición de la ermita, el caso es que un Grmano anunció allí que, a pesar de vivir en pareja y con hijos, en noviembre se casaría. E iría de viaje de novios a La Patagonia. Decía que ya estaba asqueado de tanto tiempo viviendo en pecado. Una situación y un viaje que alentó a una ilustre Grmana que en otros tiempos probó los placeres matrimoniales. Como ahora estaba libre de vínculos escritos, dijo que sólo se volvería a casar si alguien le ofreciera un gran viaje de bodas. Pero no dio las vueltas a la ermita. O ese otro Grmano que pronosticó larga vida al contrato matrimonial, sencillamente porque como casi no se ven no se desgastan. Lo que da de sí una ermita. Dicho lo cual, algunos otros varones se detuvieron en apreciar la amplia calidad humana de algunas mujeres que se dirigían al desfiladero. No obstante, comentar que, según sorprendentes estadísticas, hubo tres que sólo miraron a hombres. Todo se aclarará a continuación. Amplitud de miras o de miradas en un paisaje humano carente de estrecheces.
Estudios estadísticos
La comida en Corça sirvió para acabar con las existencias de una marca de cerveza, ésa que nos descubre en su publicidad que en este país los negocios empiezan en una servilleta. Y para cambiar la fisonomía del bar: todas las mesas cambiaron de posición para adaptarse a los nuevos inquilinos, muy sedientos por los esfuerzos y sudores para llegar ya a la parte ancha del recorrido. Todo el ágape transcurrió con esa normalidad habitual en una familia bien avenida hasta que se produjo una revelación que merece la pena reflejar aquí.
Una de las características de esta hermandad es respetar y alabar la profesionalidad del respetable. Y, como ya se entra en esa franja de edad en que lo que diga mi médico va a misa (o a donde sea), cuando quien lo revela es el psiquiatra del grupo, los pabellones auditivos (aun sin sonotones) prestan la máxima atención y se orientan hacia sus palabras. Pues bien, el estudio médico, avalado por las principales autoridades en la materia, dice que entre los hombres de esta franja de edad que forman parte de GRMANIA toca que haya ocho con disfunción eréctil y tres que sean gays. Por tanto, habrá que empezar o a salir del armario o a detectar pruebas para identificar a los que fallan en el levantamiento.
Este plumilla le apeló al psiquiatra a la igualdad de sexos y le solicitó que, para otra ocasión, revele qué dicen las estadísticas sobre el sector femenino en esta edad. Prometió informar sin medias tintas.
Como aquí nunca se descarta nada, ni tampoco se proclama que “de este agua no beberé”, recordemos las palabras de un clásico como Heráclito a modo de conclusión:
“Lo único permanente es el cambio”
Evaristo
Terrassa, 16 de mayo de 2009
http://afondonatural.blogspot.com
Suscribirse a:
Entradas (Atom)